lunes, enero 14, 2008

El año de Brolin

Tengo la impresión de que a Hollywood y al sistema de estudios, e incluso a los propios espectadores, les entusiasma la biografía del actor medio que asciende al cielo de la fama con su primera o segunda película y luego desciende al infierno del anonimato, sobreviviendo entre trabajos basura y telefilmes de ínfima calidad, hasta que un día, tal vez diez o veinte o treinta años después, alguien lo rescata y regresa al primer plano de la actualidad y empieza a incorporarse a los repartos de obras estimables y a cosechar premios. Uno de estos rescatadores de viejas glorias que andaban perdidas en el fango, no haría falta decirlo, es Quentin Tarantino. Experto en recuperar a intérpretes como John Travolta, David Carradine, Pam Grier, Robert Foster o Eric Stoltz.
Las series de la televisión norteamericana suponen un adecuado refugio para volver a levantar cabeza. Gracias a ellas, actores que triunfaron en los años ochenta y que se han pasado dos décadas trabajando en subproductos (salvo algunas excepciones), han resucitado. Actores como Rob Lowe, recuperado en “El ala oeste de la Casa Blanca”, Patrick Dempsey, en “Anatomía de Grey”, Anthony Michael Hall, en “La zona muerta”, o Jon Cryer, en “Dos hombres y medio”, por mencionar unos cuantos, viven hoy un período de recuperación. El cine también abre sus puertas, de vez en cuando, a gente que estaba de capa caída.
De todas estas resurrecciones, la que me ha embargado de felicidad es la de un actor cuya primera película reventó las taquillas para convertirse, con el tiempo, en un título de culto. Yo la reviso de vez en cuando, porque me devuelve el entusiasmo y la fe en la aventura juvenil. El actor es Josh Brolin y la película se titula “Los Goonies”. Aun a riesgo de ser llamado pelmazo, insistiré en que debe verse alguna vez en versión original, pues el doblaje le robaba parte de su gracia y convertía a los actores infantiles en bobos. Y es que no hay nada más insoportable que el doblaje de un niño, por lo general hecho por mujeres que impostan la voz y, por tanto, acaban poniendo tono afeminado a los chavales. Fue el primer papel de Josh Brolin, hijo de ese galán para las señoras llamado James Brolin (y al que, por cierto, acaban de recuperar en un papel secundario en “La sombra del cazador”). Interpretó al hermano mayor, a Brand Walsh, que usaba una cinta alrededor del pelo y vestía pantalones superpuestos, en el colmo de lo ochentero. Desde entonces, apenas lo hemos visto aparecer en unos pocos títulos, y ni siquiera su presencia era demasiado notable: “Flirteando con el desastre”, “Mimic”, “El hombre sin sombra”, “Melinda y Melinda”. Ha sido gracias a Robert Rodríguez, otro director con olfato para el rescate de estrellas apagadas, por quien el mundo ha vuelto a fijarse en él. En “Planet Terror” se convierte en una de las sorpresas: un médico de voz ronca que chupa un termómetro y que recela de la infidelidad lesbiana de su mujer, y que maneja las jeringuillas como sólo saben hacerlo en el cine de terror de serie B. Luego ha trabajado con Paul Haggis en “En el valle de Elah”, que aún no hemos visto por aquí, y con Ridley Scott en “American Gangster”. Son papeles secundarios, pero golosos. Su personaje inmoral y corrupto de “American Gangster” es una bomba, y, aunque no haya sido nominado a los Globos de Oro, sabemos que su interpretación está a la altura de las de Russell Crowe y Denzel Washington: no en vano, el tío que más miedo y repugnancia da en este filme es él, que encarna al detective Trupo. Los hermanos Coen le han dado un papel protagonista en “No es país para viejos”. Y su próximo trabajo será a las órdenes de Gus Van Sant.

domingo, enero 13, 2008

Carta y poema de Milan Richter


Hace aproximadamente un mes, merodeando por una librería del barrio, di por casualidad con este libro, El silencio de los árboles en Hyde Park (La Poesía, Señor Hidalgo). No conocía a su autor. Leí, de pie, un poema. Me bastó para comprarlo. Y su lectura me apasionó, como dije en esta entrada. Lo recomendé a unas cuantas personas y, por suerte, me hicieron caso. Ayer, Ana Pérez Cañamares contaba que el autor le había escrito para agradecerle la inclusión de varios poemas en su blog. Y yo, esta mañana, al levantarme y abrir el correo, me encuentro con una carta del propio Richter en la que, en inglés, me agradece que colgara dos poemas suyos.
Esto es una LECCION para nosotros, los españoles. Y lo digo porque estamos acostumbrados a no agradecer a los demás que hablen o promocionen nuestros textos. Y a no recibir misivas de agradecimiento cuando nosotros citamos a los demás (salvo algunos casos: ellos saben quiénes son). Y ahí tenemos a Milan Richter, un poeta extraordinario y con la suficiente humildad como para escribirnos. Para dar las gracias. Debemos aprender de él.
Como hizo Ana, creo que lo justo es colgar otro poema de Richter:
MUNDO EN BLANCO Y NEGRO

En la pantalla del televisor en color
dan una película para aquellos que vivieron
tiempos que más valdría olvidar
o no recordar a malas.

«Ponnos el color», pide mi hija de seis años.
«Es una película antigua», le explico.
«Entonces yo era pequeño como tú
y los colores aún no existían.
Los árboles, la hierba, la gente, los coches
eran blancos, negros o grises.
El color lo inventaron más tarde…»

Ese instante de horror hasta que comprende
que bromeo.
Ese instante de horror al pensar que en la infancia
me faltaban el verde, el azul, el rosa.
Y que, igual que en esa película,
hasta la sangre de los inocentes corría negra.

Pero basta salir a la ciudad y ver
a la gente con trajes grises, camisas blancas,
caras sin color, mirada negra,
el humo de las chimeneas gris como ceniza,
el negro de los periódicos, y en ellos
las partes en blanco…

Across the Universe


Ayer vi esta película, nominada al Globo de Oro en la categoría de Mejor Comedia o Musical, y me pareció una MARAVILLA. Un musical ambientado en los 60-70 en el que los actores sólo cantan canciones de The Beatles. Como quiero extenderme sobre algunos pormenores de la misma, os emplazo a un artículo de la próxima semana.

Recuerda que eres mortal

Mira, muchacho, deja que te diga algo. Quema la noche hasta la madrugada, sal por ahí hasta que te revienten las costuras y necesites una semana para recuperarte. Eres joven y necesitas soltar la energía atrapada en el cuerpo. Es lógico. Todos lo hemos hecho. Algunos lo seguimos haciendo. Toma unas copas, baila, farfulla, diviértete cuanto quieras sin molestar a terceros. Pero no conduzcas un coche cuando el don de la ebriedad te acompaña. El primer perjudicado eres tú. Sí, yo también he pasado por eso, y sé de sobra que te sientes inmortal. Pero no lo eres. Recuerda que eres mortal, decían no sé dónde. Sólo tienes un pellejo. No puedes mudarlo igual que las serpientes ni posees las siete vidas de un gato. Solemos olvidarlo, pero siempre estamos en la cuerda floja: a un lado, la vida; al otro, la muerte. A la carretera le encanta cobrarse pellejos jóvenes y bebidos. Necesita sangre. Así que no le des el placer. Que se alimente sólo de besos de neumático. Puede que suene paternalista, pero no lo es. Tampoco es un consejo en términos estrictos, sino un recordatorio de tu existencia mortal.
Sí, también lo sé: a veces, con la sangre empapada de alcohol, uno se siente invencible, capaz de heroicidades sin cuento. Pero es una tontería. Si te vieras desde fuera, acercándote al vehículo mientras haces eses en el camino y procuras mantener el equilibrio, verías la estupidez que estás a punto de cometer. Es una experiencia que no necesitas. Mejor que te la cuenten otros. Te la cuento yo, si te place. Vamos allá. Una noche de mi adolescencia, haciendo autostop en las carreteras de Sanabria, nos recogieron dos tipos. Después de subirnos, comprobamos que una curda monumental lastraba sus lenguas. Iban ciegos. Antes de protestar o atrevernos a rogarles que se detuvieran para que bajáramos, el conductor se salió del asfalto y el coche bajó por la cuneta y quedó encallado entre el polvo y las jaras. Salimos en silencio, con los corazones en la garganta y dolor en las cervicales. Abandonamos a los dos borrachos a su suerte. Fue nuestro castigo silencioso. Proseguimos caminando por la carretera, sabiendo que habíamos salvado el pellejo de milagro. Otra noche, hace un montón de años. Iba con un tipo por nuestra ciudad y quiso coger su vehículo para acercarnos a una discoteca. Él estaba bastante más perjudicado que yo, y se empeñó, a mitad de camino, en que le sustituyera al volante. No hubo manera de convencerlo. Fue la primera y única vez en la vida que lo hice, y conduje tan aterrorizado, tan tembloroso, tan despejado por la responsabilidad de ponerme al mando que íbamos casi parados. Juro que las viejas y las tortugas podrían habernos adelantado sin esfuerzo. Y no bromeo. Ahora puede parecer gracioso, pero no lo es. Aún me culpo en secreto por dejarme convencer para hacer aquella estupidez. Nosotros llegamos a buen puerto, pero otros no lo han hecho. Nunca volvimos a hacerlo. No volveremos a caer en el error.
No lo olvido: saliste con el coche y, cuando empezabas la juerga, estabas sobrio y ahora debes regresar a tu barrio o a tu pueblo a tu ciudad-dormitorio y estás ebrio. Haz como mis amigos: abandona el coche donde lo aparcaste, pide un taxi, o vuelve a casa a pie. Sí, está lejos, no hay ganas de caminar, te sientes cansado y tienes sueño, pero son pequeños inconvenientes, una ínfima moneda de cambio para poder seguir viendo los amaneceres. Al día siguiente puedes regresar a por el vehículo. Te reirás de todo eso y tendrás el consuelo de no haberte jugado el gañote a la ruleta rusa. Mírame a mí: en la ciudad en la que vivo vuelvo en taxi, en bus, en metro o a pie. Pero no me la juego. No seas vago. Camina. Disfruta de tus pies. Disfruta de la vida.

sábado, enero 12, 2008

Quimera. Enero 2008


Copio y pego las palabras de Vicente Muñoz Álvarez en Hank Over:
El número 290 de la revista Quimera, de enero de 2008, contiene un extenso dossier sobre Nuevas tecnologías narrativas, coordinado por nuestro hermano Vicente Luis Mora. Eloy Fernández Porta, también hijo de Satanás, se encarga de la sección poética, titulada Real Time. Poéticas de la tecnología y el consumo, donde podréis encontrar, entre otros, poemas de varios antologados en Hankover: Sergi Puertas, David González, Vicente Muñoz Álvarez, Manuel Vilas, Agustín Fernández Mallo y el propio Vicente Luis Mora. El dossier de Eloy se estructura en dos grandes secciones, Epifanías mediáticas y Eros exmachina, subdivididas a su vez en epígrafes tan atractivos como La pulsión publicista, Replicantes, Máquinas deseantes o Cibercuerpos. Una sorprendente e innovadora selección poética y un botón de muestra de las últimas voces y propuestas de actual poesía española. Imprescindible !!!

Siete años


Tal día como hoy, pero de hace 7 años, se publicó en este periódico mi primer artículo diario, en la sección Escrito en el viento. Llevaba publicando columnas semanales desde mayo del año 2000 y el día 12 de enero de 2001 empezó mi rutina diaria. Desde entonces, sólo he faltado un par de semanas: las que necesité para trasladarme a Madrid. Y aquí seguimos.

In Memoriam



Pepín Bello (1904 - 2008) y Angel González (1925 - 2008). La primera foto es del diario El Mundo. La segunda, del diario El País.

Sin cortes

Aún no he contado el desenlace de mis tribulaciones con la conexión a internet y los múltiples errores para navegar. Mi experiencia quizá pueda servirle a alguien de ejemplo a seguir. En diciembre, y durante un par de semanas, los fallos de conexión se hicieron tan frecuentes y tan largos que actualizar un blog podía ocuparme entre una y dos horas. Tiempo arrojado a la basura. Además de los nervios propios de una mala navegación. Cualquiera que haya tenido problemas con internet sabe de lo que hablo. La conexión va y vuelve, las páginas se abren despacio, es un suplicio tratar de ver una noticia o atender el correo electrónico. Un amigo me dijo que la clave no consistía en cambiarse de empresa proveedora, sino en dar la paliza a los encargados del número de averías que figura en la página web de la empresa a la que le has contratado el servicio. Cuantas más llamadas, mejor. Cuanta más brasa, mejores resultados.
Así lo hice y, por fin, y tras varias semanas de tortura y de llamar varias veces, y de la revisión por parte de los técnicos de la conexión desde la central hasta mi domicilio, y de asegurar que no había problemas de recepción entre ambos, ya que el teléfono fijo jamás ha dado problemas, conseguí que un técnico fuera a casa. Si la avería no es por tu culpa, no cobran la visita. Por tu culpa quiere decir: haber conectado mal los cables, o tener el ordenador hecho un cacharro (hace años me ocurrió, cuando vivía en Zamora: se estropearon los ventiladores por no limpiarlos cada cierto tiempo y la conexión no funcionaba, ya que el pc se calentaba en exceso y carecía de fuerza para la navegación), o cualquier otra circunstancia similar. Como no parecía ser el caso, enviaron a un técnico justo el día en que me iba de viaje a mi tierra. Aquella mañana, previa a las vacaciones del personal, le habían adjudicado un montón de reparaciones y supervisiones, porque luego todo el mundo se pira a su provincia y se toma un descanso y no quiere saber nada, y el muchacho me llamó varias veces por teléfono. Al otro lado sonaba la voz de un tipo amable, educado, cordial. Se disculpó por no estar a la hora y al final llegó unos minutos después de marcharme de viaje. Como quedó un familiar en el piso, pudo abrirle la puerta y atenderle. El técnico, al parecer, vio rápido el problema y su solución. El router estaba hecho un asco. Estropeado. A punto de morir. Así que lo cambió por otro. La visita no la cobran, pues uno no tiene la culpa de la fecha de caducidad de las máquinas que utiliza, pero te cargan el precio del router nuevo en la factura si ha pasado el tiempo de la garantía del viejo aparato.
No pude probar este nuevo modelo de router hasta principios de este año. La navegación, ahora, es una maravilla. Cumple los requisitos de velocidad y conexión sin fallos que prometía la publicidad. Va como una bala. La clave está en conseguir que los encargados de supervisar las averías den un repaso a todo, desde las conexiones de la central hasta la conexión del barrio y del domicilio, es decir, comprobar si no hay incidencias en la línea, en tu edificio y las calles próximas, sin olvidar la visita a casa. Disfruto estos días de internet como hacía mucho tiempo que no disfrutaba. Por fin puedo aprovechar una de las ventajas del reproductor iTunes. Quienes manejen este programa, sabrán que incluye numerosas emisoras de radio. Están clasificadas por géneros. Antes, cuando me conectaba, se cortaba la música cada cinco minutos. Ahora no hay cortes, y escribo mientras escucho un poco de todo: una emisora con música iraní, un programa yanqui con éxitos de los años setenta, una emisora inglesa con temas pop de los sesenta. Casi un paraíso.

Sergio Martín, Premio Larra de Periodismo


Mi colega Sergio Martín acaba de darme una grata noticia, que copio de la web de la Asociación de la Prensa de Madrid:
Premio Larra –que se otorga al periodista menor de 30 años que más se haya distinguido durante el año– a Sergio Martín, de Radio Nacional de España, por su excelente trabajo como reportero y sus destacables intervenciones diarias en la cadena pública radiofónica.
Sergio colabora actualmente en la versión radiofónica de España Directo de Mamen Asencio y en Las Mañanas de Radio 1 de Olga Viza. El Día de Reyes fue uno de los dos locutores que retransmitieron en directo la Cabalgata para Televisión Española.
Mucho ha llovido desde aquel programa literario de Radio Universidad de Salamanca, en el que hacía Salto de página y Jorge García y yo éramos sus invitados cada semana. De todo esto hablaremos en extenso en un próximo artículo. La foto se la tomamos hace poco, en la fiesta de Nochevieja, en Zamora. ¡Enhorabuena, Sergio!
[Noticia completa: aquí]

viernes, enero 11, 2008

La abadesa de Castro. Una crónica italiana, de Stendhal


Este fue el tipo de amor que supo inspirar a Elena, con apenas diecinueve años, Julio Branciforte. Era uno de sus vecinos, pobre en extremo. Vivía en una miserable vivienda construida en la montaña, a un cuarto de milla de la ciudad, en medio de las ruinas de Alba y sobre el borde de un precipicio de ciento cincuenta pies de altura, tapizado de vegetación, que circunda el lago. Esta casa, que lindaba con la umbría y magnífica espesura del bosque de Faggiola, fue demolida más tarde, cuando se construyó el convento de Palazzuola. El pobre joven no poseía más que su aspecto vivaz y ágil, y la despreocupación no fingida con la que sobrellevaba su mala fortuna.

Sin título

Zapatitos de tacón,
maquillaje de bruma
bajo los neones,
lujo de harapos
sobre las pieles,
pesadillas de noches largas
arrojando cocaína,
cuerpo de suceso amargo
en los periódicos:
joven prostituta de trece años
es encontrada muerta
en una pensión apartada
a causa de una sobredosis
de vida.

Herme G. Donis, La Venganza del Inca. Antología de poemas con cocaína (Edición de David González)

Tendencias

Durante la cena, en mitad de la conversación, surgió el tema del nuevo libro electrónico. Lo cual condujo a cada cual a opinar sobre la muerte o la supervivencia del libro de papel. Yo dije que el libro de papel terminará desapareciendo, pero no es algo que me agrade. Lo sustituirá el Kindle o algún modelo similar o más perfecto. Creo que nosotros no lo veremos, pero es el futuro, aunque no sea un futuro que nos entusiasme. Alguien replicó que el libro de papel le gusta a todo el mundo, que puede olerse, que se pueden palpar sus páginas, llevarse a la cama o al servicio, etcétera, y que, por tanto, mientras hubiera defensores (como yo), el libro como tal jamás moriría. Mi respuesta fue que el proceso sería simple: con el tiempo, poco a poco, dejarían de editar libros de papel para sustituirlos por las nuevas tecnologías, y entonces sólo sería posible comprarse las novedades y las reediciones en otros formatos. Es lo que ha ocurrido siempre. Las empresas dejan de fabricar vinilos y no nos queda más remedio que pasarnos al compact; dejan de fabricar cintas de vídeo y tenemos que comprar dvd; dejan de fabricar máquinas de escribir y tenemos que optar por el ordenador. Y en ese plan. Son cambios que nos escandalizan y contra los que nos rebelamos durante un tiempo, pero al final toca claudicar y aceptar lo que viene. Con las redes de intercambio y la piratería, el compact disc también morirá, y para su fin no falta mucho, me temo. Los cambios no siempre traen beneficios estéticos para el consumidor.
Nuestro anfitrión introdujo una variante en la charla. Dijo que, a pesar de tanta tecnología, de tantas maneras de comunicarse, de tanto mensaje de móvil, chat, messenger, correo electrónico y demás parafernalia, la comunicación se estaba reduciendo. Le pedimos que nos lo explicara, porque no lo entendíamos. Argumentó bien: antaño, por ejemplo, nos escribíamos cartas; cartas de papel, a mano, con su sobre y su sello; la carta había sido sustituida casi por completo por los correos electrónicos, por el e-mail, pero en estos correos no se vertían tantas palabras, ni tanta información, como en las antiguas misivas. Por lo general, dijo, los correos electrónicos son cada vez más breves. Algunos son, incluso, telegramas digitales. Las cartas que solíamos enviarnos entre nosotros, cuando cada uno estudiaba en una ciudad distinta, eran abundantes y los sobres llegaban gruesos y muy nutridos de información y vivencias. Pensé en ello. Era cierto. Ahora existen modos más rápidos y fáciles de comunicarse, pero se han perdido datos por el camino. Hemos perdido cantidad y quizá, con ello, calidad. Debemos reconocer que no es lo mismo una carta manuscrita de cuatro o cinco folios que un e-mail que contenga apenas unas líneas. Tal vez la única ventaja es que, en la actualidad, todos aprendemos a sintetizar, a resumir.
Por mi parte, y esto no es una acusación, acostumbro a escribir unos correos electrónicos largos e incluso llenos de digresiones (de sobra lo saben varios amigos y lectores). Creo que es la deformación que me queda, pero no por el trabajo diario, sino porque hace años mantenía correspondencia con un montón de gente, y mis cartas no eran precisamente breves. Las respuestas que recibo, sin embargo, no son tan extensas, ni mucho menos, salvo en unos pocos y felices casos aislados. Así que ahora intento resumir, casi siempre sin lograrlo. Luego el anfitrión soltó otra verdad: estábamos perdiendo la costumbre de escribir a mano. En los centros de enseñanza se utiliza cada vez más el teclado. Eso hará que, de aquí a unos años, un chaval sólo sea capaz de escribir con un bolígrafo su nombre y poco más.

jueves, enero 10, 2008

Fotos de Choke (Asfixia)





Imágenes de la adaptación de la novela de Chuck Palahniuk, Choke (Asfixia). El resto, aquí.

La pornografía, Valencia, Lenny, Polanski y otros entusiasmos, de Kenneth Tynan

Que Kenneth Tynan era un gran articulista, y una pluma ácida, lo revela el texto El día que Antonio Ordóñez se la jugó, recogido en esta antología de ensayos y artículos: no me gusta el toreo ni me interesa, pero Tynan logró engancharme con la descripción de una corrida de beneficencia en los años 70.
Esa capacidad para contar aspectos y detalles de mundos ajenos no es menor en los demás textos incluidos aquí: artículos sobre la literatura erótica y pornográfica, el director Roman Polanski, la actriz Marlene Dietrich, el comediante Lenny Bruce (aprovecho para recomendar la película Lenny, con un inmenso Dustin Hoffman) y sobre Valencia, una ciudad a la que Tynan regresaba de vez en cuando, y por la que sentía amor y odio, que es la relación que debe sentir uno con las ciudades que venera; en el texto sobre Valencia hay una anécdota que revela el carácter de la España de finales de los 60, cuando Tynan se queja del elevado precio de la factura de sus consumiciones en un bar, y el dueño llama a la policía y lo acusa de meterse con España y con Franco. En fin, una lectura amena y reveladora de los años 60-70, con una portada pop de los primeros tiempos de Anagrama.

76

Recibo un correo electrónico de una mujer cuyo blog tengo linkado, pero cuya identidad no voy a desvelar. Entre otras cosas, me escribe: “Creo que usted logra algo nada corriente: una escritura sencilla y natural que no renuncia a lo profundo y lo incisivo”. Le respondo de inmediato para agradecérselo, y vuelvo a hacerlo aquí, dado que es la definición más certera que he leído sobre mis propósitos en la escritura diaria. Una frase que me ha estremecido.

Más Grageas



Marcelo Luján ha empezado a colgar en su blog algunos de los cuentos hiperbreves que recoge esta antología publicada en Argentina, y de la que ya hablamos en ocasiones anteriores. Entre ellos ha colgado el mío, Currículum, una breve ficción que podéis leer, como digo, en su blog. Gracias, Marcelo, una vez más.

Rompe la baraja

¿Recuerdas los objetivos que te habías propuesto cumplir hace un año? Empezó enero y estabas dispuesto a lograr una serie de requisitos. No me digas cuáles son, el tema es lo de menos. Todos albergamos algún propósito, aunque sea secreto. Puede tratarse de conquistar a esa chica que ves a diario en la cafetería donde desayunas antes de entrar a clase, o de dejar tu hábito de fumador, o de empezar con el deporte, o de beber menos en las noches de sábado, o de cambiar de trabajo, o incluso de ser más comunicativo con los de tu entorno. Hay miles de ejemplos, así que no importa lo que te propusieras. Lo más seguro es que no lo lograras. O que sólo lograras una o dos de esas diez metas que doce meses atrás te habías propuesto alcanzar.
Bueno, no pasa nada, hombre. No te desanimes. Siempre hay tiempo para segundas oportunidades. Acaba un año y uno repasa mentalmente lo que ha conseguido y lo que no, y esa retahíla de deseos que casi nunca cobraron la forma ruda pero agradable de la realidad. Una y otra vez, por Navidad, probablemente te digas: “Es definitivo: este año empiezo a ir al gimnasio. Y voy a aprender idiomas”. Y aplazas ambas metas. Hoy estás cansado. Mañana no te apetece. Al tercer día te surge algo y no puedes ir a apuntarte a ese gimnasio o a esa escuela de idiomas o lo que sea. Al cuarto día te regañas en silencio y juras que, antes de dos semanas, habrás empezado a cumplir. Pero llega el fin de semana. Y vuelves a estar cansado. O no tienes ganas. Sea como fuere, lo aplazas. Y entonces llega la Semana Santa. Sin darte cuenta, como si la fecha estuviera agazapada a la vuelta de la esquina y no la hubieras visto aparecer. Después de esa fecha y las vacaciones y el cansancio posterior, probablemente habrás olvidado ya tus propósitos. Volverás a recordarlos quizá en verano, cuando sea tarde o estés bañándote en el mar o en un lago. En otoño, te dices. En otoño dejo de fumar. En otoño voy a la autoescuela. En otoño me apunto a clases de guitarra. Y, salvo que tengas mucha fuerza de voluntad, en otoño vuelves a olvidarlo. Te atrapan las navidades y luego te preguntas a dónde se ha ido el tiempo, como se lo preguntaba ese autor norteamericano al que lees de vez en cuando; o al que, tal vez, nunca hayas leído. En cualquier caso, te preguntas lo mismo. Y eso es lo que, al fin y al cabo, también se preguntan los que, al contrario que tú, cumplieron sus propósitos de Año Nuevo y ahora van por la segunda o tercera ronda.
Insisto en que no debes desanimarte. Cada año que empieza es una segunda oportunidad. Cada día de tu vida debe ser un festín. Aunque tengas días malos. Eso ya no importa. No importa si los días son buenos o malos. Lo importante es que los tengas, que los vivas, que los bebas hasta la última gota. Como dicen en “House”, lo más importante no es el amor, sino el oxígeno. Pero conocemos casos de gente célebre que se quedó sin amor, y entonces se le acabó el oxígeno. Se marcharon al otro barrio muy rápido, en pos de quien les daba aliento para vivir. En fin, volvamos al principio. No cumpliste. Pero da igual. Vuelve a plantearte otros objetivos. Si eres incapaz de hacer realidad los que te proponías hace un año o dos, abandónalos entonces. Empieza de cero. Abre nuevos caminos, fija nuevas metas. Rompe la baraja y comienza otro juego. Como cuando estás aburrido ante el ordenador y juegas con la máquina al Solitario: si te van mal las cosas, abandonas la partida y la reinicias. Esta es la buena, te dices. Ahora va en serio. Es mi turno. Ya no es sólo un juego.

miércoles, enero 09, 2008

Avance de Coraline


Ya se puede ver una escena de Coraline, adaptación de la novela del mismo título de Neil Gaiman, que tengo por ahí y que espero leer un día de estos. Su director es Henry Selick, el mismo de Pesadilla antes de Navidad. Link: aquí.

Navegando a solas por la habitación, de Billy Collins

Billy Collins es un poeta singular, dotado de gran inventiva e imaginación, que nos sorprende en cada verso: te asombra dónde empiezan sus poemas y dónde terminan. Ya lo demostró en Lo malo de la poesía y otros poemas. Su capacidad de observación arranca en el entorno cotidiano (un sendero, un catálogo de Victoria's Secret, su trabajo al teclado, el sabor de un cigarrillo, sus alumnos, un sombrero, la nieve...), pero luego da un giro y ahí añade una pincelada de fantasía y de humor. Digamos que es un poeta alegre, que parece ligero pero es profundo. Navegando a solas... es una antología. La ha traducido Eduardo Moga y contiene poemas que abarcan varias páginas. Os dejo con uno de los más breves:
INTRODUCCIÓN A LA POESÍA

Les pido que cojan un poema
y lo sostengan al trasluz,
como una diapositiva de colores,

o que peguen la oreja a su colmena.

Les digo que suelten un ratón en el poema
y que lo vean buscar la salida,

o que entren en la habitación del poema
y palpen las paredes en busca del interruptor.

Quiero que hagan esquí acuático
en la superficie del poema
y saluden al nombre del poeta que está en la orilla.

Pero lo que quieren hacer
es amarrar al poema a una silla
y torturarlo hasta que confiese.

Empiezan dándole con una manguera,
para averiguar lo que quiere decir en realidad
.

75

2008: no espero nada de este año. Aunque nunca se sabe.

Ejercicios de rapiña

Fuimos a dar una vuelta por el centro. Era el segundo festivo y pensé que la gente estaría harta de ver tiendas y de gastar el dinero. Me equivoqué. El centro estaba tan populoso como cualquier otro día navideño. Luego dicen que hay crisis y que si la cuesta de enero y que no sé cuál, pero el personal continúa comprando a saco, con crisis y sin ella, con rebajas o sin ellas. No estoy habituado a presenciar la rapiña de los compradores durante las rebajas. Y la presencié en El Corte Inglés y en un par de comercios más.
En El Corte Inglés comprobé el comportamiento bárbaro de la mayoría de los compradores. Arrasan con todo. No les importan las consecuencias. Revuelven los cajones. Tiran los productos al suelo. Caen las cosas y no las recogen. Te empujan con el codo al pasar. Dejan objetos en las estanterías que no les corresponden, simplemente porque se han arrepentido en el último momento de llevar ese o aquel artículo y lo abandonan donde pillan, o tal vez porque hacen cuentas de camino a la caja y advierten que no les alcanza el presupuesto. Es un comportamiento que incluso los monos superarían. No hay civismo. Falta educación. Parece como si algunas personas hubieran sido educadas en un establo. El panorama en la planta de calzado de este edificio era desolador, casi tan apocalíptico como estuvo el metro. Cajas desperdigadas por ahí. Zapatos dispersos por todas partes. La gente se prueba los zapatos y no los devuelve al estante o a la caja. Los deja en el suelo, de lado. Los deposita encima de los asientos. Rebusca entre los anaqueles y, cuando el calzado se cae y queda en los pasillos, no se molesta en recogerlo. Sacan el papel de estraza o el cartón que los mantiene firmes y también los abandonan en el suelo. He visto innumerables papeles, cartones, cajas y botas y zapatos diseminados por ahí. Las dependientas no dan abasto. Pero la mayoría de los compradores no piensa en ellas y le importa un huevo que tengan que ir recogiendo lo que ellos tiran y abandonan y cambian de sitio. En pocos minutos, uno ya está agobiado. Se le cansan los ojos de ver gente. Compramos un par de mudas y salimos pitando de allí. En otros comercios, el espectáculo es parecido. Las alarmas suenan cuando unos entran y salen. En ocasiones excepcionales son personas que camuflan alguna prenda y les ha salido mal, y, las más de las veces, son compradores a los que no han quitado bien el chip tras sus compras en Fnac, así que los vigilantes les piden el recibo y examinan el interior de las bolsas.
En los libros no hay rebajas, así que el interior de Fnac no está tan aturdido de curiosos y de compradores como lo estuvo en días pasados, en los que era imposible curiosear entre las páginas de un libro y concentrarse en la lectura sosegada de algún pasaje. Menos mal que no hay rebajas en estos productos, porque entonces vendrían a arrasar también aquí. Se llevarían los best-seller al peso. En días anteriores, y aunque no hubo rebajas, observé el mismo comportamiento de los ciudadanos respecto a los libros, que para mí son objetos sagrados. La gente se acercaba a las pilas de novedades y dejaba la rectitud de las torres de volúmenes convertida en una S. Y se arrepentía en el último momento y dejaba libros de bolsillo en las mesas de los libros de gran formato, libros de gran formato encima de las películas, libros de música en la pila donde estaban los de cine. Uno podía pensar, al ver esa forma de mancillarlos (ni los best-seller al uso se merecen ese trato), que había pasado por allí una manada de bisontes. Pero no. Sólo eran personas: físicamente lo parecían.

martes, enero 08, 2008

Próximamente: lo nuevo de Junot Díaz


Hace año y medio, David González me recomendó el libro de Junot Díaz, Los Boys. No fue fácil conseguir un ejemplar. Me gustó mucho y, a mi vez, lo recomendé. En breve, Mondadori publicará la traducción de su nueva obra, la aclamadísima La maravillosa vida de Oscar Wao.
Quien quiera ir haciendo boca, debe leer el sabroso texto que Frank Báez nos ofrece en el último número de Hermano Cerdo sobre este libro de Junot Díaz. Os dejo con un fragmento y, al final, el link directo:
Armada como si se tratara de una biografía, The Brief Wondrous Life of Oscar Wao narra la no tan corta vida de Oscar y su familia dominicana ambientada tanto en la República Dominicana como en los Estados Unidos. Aunque puede calificarse como novela posmoderna, novela de la diáspora, novela histórica, novela urbana, biografía novelada, metanovela, novela negra, novela de ghetto, es al mismo tiempo una novela inclasificable. Una novela en forma de ballena capaz de tragarse todo lo que encuentra a su paso. Una novela que como un ascensor se abre y se cierra para dejar entrar y salir personajes históricos mezclados con artistas pop actuales, adolescentes en fuga, prostitutas, gringos racistas, orcos, chivatos, cocainómanos, nerds de los ghettos, narcotraficantes, policías corruptos, bailarinas exóticas, campesinos sin cara, tirapiedras, criaturas mitológicas, superhéroes, taxistas evangélicos, chinos de Baní, conspiradores, asesinos, e incluso el mismo dictador Trujillo en persona. [Texto completo: aquí]

Interview



Remake de la película de Theo Van Gogh, quien fuera asesinado en 2004, y a quien Buscemi homenajea: le dedica el filme e introduce dos guiños (el muchacho que pide un autógrafo se llama Theo, y el camión contra el que choca el taxi en el que viaja Buscemi es de la empresa Van Gogh). El actor dirige esta cinta independiente en la que hay un duelo interpretativo entre su personaje, un periodista desencantado, y el de la explosiva Sienna Miller, una actriz exitosa de serie B. Ambos juegan al gato y al ratón y se atacan y entrevistan mutuamente. Dura hora y media, pero los dardos que ambos se disparan y las heridas que se hacen dejan en el espectador esa inquietud propia de las antiguas películas basadas en obras teatrales. No es necesario destacar la solvencia del siempre eficaz Buscemi, así que la sorpresa vuelve a ser Sienna Miller, como ya lo fuera en Factory Girl. Su personaje es un regalo envuelto en imposturas. Un filme venenoso y entretenido.

Citas. 70

La condición esencial para escribir poesía es la voluntad de hacerlo; pero sólo se tiene esa voluntad cuando se está contra la pared, cuando la vida parece haber perdido todo su encanto y sólo resta podredumbre y carroñería. Sólo entonces el poeta advertirá que de su pluma escurren palabras verdaderas y no meros artilugios que sólo sirven para limpiarse el culo.

Eusebio Ruvalcaba, Una cerveza de nombre Derrota

74

2007: año de ilusiones rotas. No publiqué los libros que esperaba publicar. No arrimaron el hombro quienes pensé que lo harían. La farra nocturna dejó de ser lo que era. Aposté casi siempre a caballo perdedor. Empecé a romper tradiciones. Decidí cortar algunos vínculos. No estuve a la altura de mis propósitos. No fui lo que esperaba. No logré mis metas. Quizá pienses que el año fue una mierda, pero te equivocas porque la tengo a ella y su presencia me llena y me alivia. Y sigo luchando.

Suciedad

Madrid es, en líneas generales, una ciudad sucia. Al menos, una de las ciudades más sucias que uno conoce. Supongo que la culpa se puede achacar a un alto porcentaje de sus habitantes. A diario compruebo cómo arrojan papeles, bolsas y paquetes vacíos de tabaco a las aceras. Cómo rompen litronas contra el suelo. Cómo orinan entre dos coches, o echan la vomitona, o dejan que sus perros defequen sin recogerlo ellos después, o abandonan en la calle muebles y váteres rotos. A estas alturas, además, se permite que, en los rastros y mercadillos, los vendedores dejen las aceras atosigadas de basura, de bolsas de plástico, de envoltorios, de cajas de zapatos, de maderas inservibles, de perchas rotas; pero esto es extensible a un montón de ciudades y pueblos, dado que todos hemos visto el estado en que quedan las calles tras la celebración de mercadillos, o sea, como si hubiera pasado por allí la marabunta. Si la capital es sucia, imaginen, si no lo han visto ya, el aspecto del metro en las últimas semanas, como consecuencia de la huelga de limpieza.
Cuando se publiquen estas líneas, la red subterránea estará limpia, dado que los trabajadores han alcanzado un acuerdo y se comprometen a asear el metro en las próximas veinticuatro horas. Estuve en mi tierra durante casi todas las navidades, y por tanto no presencié el punto álgido de mierda que llegaron a acumular los pasillos del metro. El día veinte de diciembre tomé el metro por última vez en el año, y ya los desperdicios acumulados eran notables. De regreso a la ciudad, a comienzos de este año, cuando entré en el metro aún quedaba mucha basura en las esquinas. Pero supongo que habían contratado a alguien para quitar de en medio los desechos más grandes, dado que la intención era que los ciudadanos usaran el metro en el Día de Reyes, y había que mejorar la imagen y la higiene.
No voy a entrar en valoraciones, ya que, aunque la mayoría de las huelgas entorpezcan nuestras actividades cotidianas, a uno le agrada que los colectivos se apoyen, luchen juntos, se defiendan entre ellos y estén de acuerdo. Pienso, por ejemplo, en los taxistas, en estos trabajadores de la limpieza y en los guionistas de Hollywood. Ojalá en otros oficios hubiese tanta unión. Tal vez las cosas cambiarían de manera radical. No entraré en debates. Sólo me gustaría contar, a quien no lo viese, el aspecto sórdido y apocalíptico que alcanzó el metro en esos días. Era digno de ver. A la acumulación cotidiana de desperdicios (envoltorios, periódicos gratuitos, folletos de publicidad, latas de refresco) se añadieron las protestas de los propios trabajadores en huelga, que se manifestaron manchando las paredes y soltando por los pasillos una lluvia de papeles diminutos, y se añadió el desbordamiento de las papeleras, como si estuvieran empachadas de tragar basura, y se añadió la habitual falta de higiene de muchos de los usuarios del metro. Así, en el suelo de los vagones se veían periódicos retorcidos, manchas resecas de bebidas y otros residuos. En las escaleras se acumulaban más papeles, bolsas, paquetes, botellas, latas. En las esquinas no era raro ver alguna pota, soltando sus efluvios ácidos por el pasillo. El escenario apocalíptico recordaba a “1997. Rescate en Nueva York”, a “Soy leyenda” y a otras cintas en las que las ciudades se han transformado y sólo quedan escorias y hombres refugiados en las sombras. Si esto hubiera ocurrido en Nueva York, más de cuatro directores de cine y alguno de televisión habrían filmado escenas de los pasillos, vagones y escaleras del metro para luego incorporarlas a un filme de argumento apocalíptico.

lunes, enero 07, 2008

Notas a pie de vida, de Pablo Casares

Este poemario es uno de los pocos libros que pude leer en días pasados. Ya recomendé otro título de Pablo Casares, Fingiré que estoy de paso. Y este que nos ocupa no se queda atrás en calidad y contundencia. Son poemas breves, en los que la mujer ocupa un lugar preferente: ya sea la amada, la chica que abandona al poeta o esa extraña a la que observamos en un café hasta que llega su novio. Pero, además, hay espacio para que oigamos el latido de la vida, la vida en la urbe, la vida en soledad, la vida en el hogar mientras afuera golpea la lluvia en los cristales. Pero dejemos que sea la voz del poeta la que hable (este poema se abre con una cita de Stevenson que dice "Deja que tu alma / ancle en alguna bahía"):
LOS MARES DEL SUR

Los Mares del Sur
no se encuentran
en un reportaje
del National Geographic,
ni en los folletos
de una agencia de viajes,
ni en los libros de Stevenson,
Conrad o London.

Es en el trópico
de tu cuerpo
donde se encuentran
las aguas turquesas
los eternos atardeceres
y las complejas
colonias de coral.

Donde estés tú
estarán los Mares del Sur.

Asfixia, de Chuck Palahniuk


Portada de uno de los libros de los que hablo en el artículo de abajo, o en enlace directo: aquí.

Mundo Palahniuk

Imaginen a un tipo cuya vida está a la vez tan hueca de sentido y tan llena de lujo que, para variar, apuesta por la adicción al dolor y sólo se siente vivo cuando le parten la cara o cuando él se la rompe a otros. Imaginen a gente que sabotea la vida de los demás meándose en las sopas que sirven en los restaurantes o tirando abajo las esculturas. Imaginen a un fulano que está tan enganchado al sexo que disfruta mientras una mujer le mete bolas chinas en el ano, y luego se le quedan dentro y no va a Urgencias. Imaginen a ese mismo hombre simulando que se ahoga durante las cenas para que alguien lo salve y, a partir de ahí, dependa de él y le preste dinero y se sienta adicto a la heroicidad. Imaginen a un bañista cuyo culo queda atrapado en la rejilla de succión de una piscina, perdiendo así los intestinos. Imaginen que existe un evento llamado el Festival del Testículo, y un individuo extraño asiste a una edición y lo cuenta en una crónica. Imaginen que ese mismo hombre está obsesionado con la soledad, la comunicación y las adicciones al sexo, al dolor, a la dependencia que crea en los demás, a los grupos de autoayuda, entre otros muchos temas, y lo refleja en su obra. Ese tipo raro tiene un nombre y una profesión: Chuck Palahniuk, escritor.
Estoy muy lejos de ser un experto en su obra, dado que sólo he leído unos pocos libros suyos. Las locuras mencionadas en el primer párrafo pueden encontrarse en títulos como “El club de lucha”, “Asfixia”, “Fantasmas” o “Error humano”. A estas alturas, y tras leer “Asfixia” (en breve se estrenará la adaptación cinematográfica), aún no sé si Palahinuk me encanta o me repugna. Yo creo que ambas, aunque suene descabellado y paradójico. Me gusta su estilo. Esa capacidad para enganchar al lector con frases cortas e impactantes, dignas de la leyenda de una camiseta pop. Esa habilidad para escarbar en el lado oscuro del ser humano contemporáneo y sacar a flote la suma de sus adicciones, debilidades y perversiones. Su manera de indagar en las leyendas urbanas y convertirlas en eje de sus historias, como si todas pudieran ser ciertas y el mundo estuviera repleto al cien por cien de gente paranoica y rara. Es un autor que sabe crear morbo. Que inocula en el lector una curiosidad malsana que se va saciando página a página. Habla de cosas de las que pocos se atreven a hablar. Mete el dedo en la llaga y luego se lo mete en el ano y nos deja absortos y asqueados. Pero, por el contrario, si en una página me fascina y me atrae, en la siguiente me repugna, me molesta. Y, cuando estoy asqueado de la suma de asuntos escatológicos y sexuales, vuelve a engancharme en la página siguiente. Creo que es la razón por la que Palahniuk tiene tantos admiradores y tantos detractores. Si entran en cualquier foro donde el personal habla de sus obras, leerán un montón de opiniones opuestas entre sí.
Mientras decido si comprar o no su última novela traducida en España, “Rant”, sobre un asesino en serie, le doy vueltas estos días a la célebre “Asfixia”. La sinopsis que encontramos en la contraportada del libro no dice ni la mitad de lo que esta historia significa. Hay un protagonista que, como digo, se ahoga en los restaurantes para que alguien le salve el pellejo y, a partir de ahí, le tome cariño y le haga regalos y le envíe dinero. Hay una madre que enseña a su hijo los códigos ocultos en los mensajes que salen de los altavoces de los aeropuertos, los supermercados y las grandes empresas. Hay un segundo individuo que recoge piedras y se las lleva a casa para liberarse de la culpa de la masturbación y dejar huella. Hay una búsqueda de sentido en una sociedad absurda. Dicen que, a Palahniuk, o lo amas o lo odias.

domingo, enero 06, 2008

Viaje a Darjeeling / Hotel Chevalier



Tras la irregular, aunque divertidísima, The Life Aquatic, ese genio llamado Wes Anderson, responsable de Academia Rushmore y Los Tenembauns (una de mis películas favoritas de los últimos tiempos), vuelve con fuerza e ingenio en sus dos nuevos trabajos: The Darjeeling Limited y el cortometraje que encabeza este filme, Hotel Chevalier, una pieza indispensable sobre el desamor en París, que puede verse de forma independiente pero que funciona como prólogo a la película.


Hotel Chevalier nos proporciona algunas claves sobre la película. Y, más en concreto, sobre uno de los personajes, esos hermanos excéntricos que siempre terminan creando un caos. En esta historia, Jason Schwartzman y Natalie Portman se reencuentran en una habitación del hotel del título.


The Darjeeling Limited reúne al personaje de Jason Schwartzman con sus dos hermanos mayores, interpretados por Owen Wilson y Adrien Brody. Los tres se reúnen en la India para recuperar su relación, buscar a su madre e iniciar un viaje espiritual. Con una banda sonora de lujo, Anderson alumbra una película divertida, colorista, marciana, entusiasta, con familias que parecen salidas de las obras de Salinger y algunos momentos que se convertirán en clásicos.


En todo caso

En todo caso
ven a la cita
hay tantas
cosas que aclarar
mirarnos a los ojos
compartir
la carga

En todo caso
no hay forma de evitarlo
lo más difícil
está por venir
nos espera
la púa y la espina
la grava del Gólgota

En todo caso
digámonoslo todo
retiremos la piedra
destapemos la frialdad y las sombras
y que lo que ha sido

su último suspiro.

Ryszard Kapuściński, Poesía completa

Atracones de caspa

Estamos en el siglo XXI pero, en algunos aspectos y en lo que atañe a España, no lo parece en absoluto. Y esta vez me voy a referir a la imagen televisiva que se ofrece durante la Navidad. Como en estas fechas amordazan a las series y programas de calidad, lo cual me place porque, al final, he pasado más tiempo del que pensaba en las calles y en los bares de mi tierra, y los sustituyen por películas infantiles y carromatos de bazofia, apenas me he molestado en asomarme a la televisión. De vez en cuando, eso sí, ponían algo digno: “Evasión en la granja” o “Bad Santa”. En la tele es donde se comprueba si las películas han superado la prueba del tiempo. Unos minutos del bodrio “Armageddon” me sirvió para constatar que es aún más mala de lo que creía o recordaba. Más mala que el sebo frito.
En mis andanzas por los bares, ya fuera de tapeo o para tomar un café o para beber una copa, a veces miraba al televisor. No había nada bueno. Las cadenas se conforman con poner refritos e imágenes sacadas del baúl de los recuerdos para contarnos lo mejor y lo peor del año y sacar a los fallecidos. No contentos sus responsables con eso, te bombardean cada poco con reportajes especiales sobre las mejores galas de Nochevieja del año. Lo que supone kilos y kilos de caspa. Un resumen de los tontos, las marujas y los garbanceros que han salido bailando, cantando o presentando las doce campanadas, o tratando de divertir a esas familias que se quedan en Nochebuena y Nochevieja en casa, viendo la televisión, cuando estarían mejor jugando a las cartas o incluso durmiendo. En cada ocasión en que he mirado a la pantalla de televisión y he visto estos resúmenes, se me ha caído el alma a los pies. Uno cree que recuperará el alma, por así decirlo, en las nuevas ediciones: en las nuevas presentaciones de las uvas, en las galas de Nochevieja y cosas así. Pero no. Uno es un iluso. Porque, mientras en la cena del último año y diez minutos antes de que dieran las campanadas, saltábamos de una cadena a otra como si nos quemáramos, el panorama era similar. Tú coges alguna gala o alguna presentación de campanadas de este año, y la comparas con la de hace diez años, y en general es lo mismo. Caspa. Sabor añejo. Hedor a rancio. No sabría decir lo que es, pero algo falla. Parece como si no avanzáramos en el tiempo, como si los presentadores estuvieran cansados, como si ni ellos mismos se creyeran lo que nos están contando. Tampoco debe ser fácil su tarea, creo yo.
No me refiero, ya digo, a los programas creativos (no los vi, pero cuentan que la calidad acompañó a “Muchachada Nui” y el “Ciudadano Kien” de José Mota), sino a los refritos de las galas de baile, a las horteradas que nos toca tragar un año sí y otro también, a los presentadores con capa y a las presentadoras con caspa. En los noventa enchufabas la televisión en Nochevieja y salía la Pantoja dando la turra. A finales de los noventa, lo mismo. Ahora, en pleno siglo XXI, y en pos del final de su primera década, pones la televisión y, ¿qué obtienes? Lo mismo de hace siglos, pero con arrugas. La Pantoja, Los Manolos, Bertín Osborne, Manolo Escobar, Chiquito de la Calzada, Ramón García. Joer, qué país. Leo por ahí que, al menos, hubo dos o tres cantantes que merecieron la pena entre esta marabunta de viejas glorias. Les juro que era ver la tele y creer que me había subido en el DeLorean de Doc Brown para retroceder veinte años en el tiempo. Luego salen expertos diciendo que tenemos que tomar sopas y verduras para cuidar el estómago tras los atracones de carne y champán de estas fechas. Pero hay que tener más estómago para ver la tele en Navidad.

sábado, enero 05, 2008

Próximamente: Poesía completa de Kapuscinski



Bartleby nos ofrecerá en breve la obra poética completa de Ryszard Kapuscinski, el genial autor de maravillas como Ébano. Se trata de una primicia mundial, dado que se publica en un único tomo toda su poesía en edición bilingüe. He tenido acceso al prólogo de Abel A. Murcia Soriano, y os dejo con este fragmento que explica los propósitos de la edición:

Esta Poesía completa publicada ahora por Bartleby Editores recoge por primera vez toda la obra poética conocida de Ryszard Kapuściński y se convierte así en la edición más extensa en cualquier lengua –incluida la polaca– jamás publicada. Así, quedan reunidos en español los treinta poemas de la edición polaca de Notes (Bloc de notas) –1986–, dos poemas de la edición bilingüe italiana de Taccuino d’appunti (Bloc de notas) –2004–, los cincuenta y cinco de la edición polaca de Leyes naturales –2006– y, finalmente, siete inéditos, escritos en 2006, que por gentileza de Alicja Kapuścińska, viuda del escritor, cierran la edición española de noventa y cuatro poemas.

Backlist


Otra buena noticia: Planeta abrirá un sello dedicado a los clásicos, Backlist. Entre las recuperaciones, curiosamente está un libro que quería desde hace meses y es difícil de encontrar (salvo que uno pague entre 30 y 45 euros en Iberlibro): Elogiemos ahora a hombres famosos, cuya portada americana encabeza estas líneas. Copio el fragmento de la noticia, aparecida en El País, ya que se rescatan otros títulos:
En ese caldo de cultivo, Backlist (en inglés, libros de fondo de un autor) desembarcará con tres líneas, alimentadas en parte del fondo más literario de los sellos del Grupo Planeta. La primera será de autores de la primera mitad del siglo XX, que mezclará ficción y ensayo, con 15 títulos al año y a 23 euros. Ahí estarán James Agee (Elogiemos ahora a hombres famosos), Isaac Babel (Diario de 1920) y J. A. Cronin (La ciudadela). Una segunda línea de ediciones lujosas recuperará parte de la mítica Clásicos Universales de Planeta (Dante, Gógol...), a 30 euros; y una tercera se basará en esos volúmenes gruesos con diversas obras de un autor (toda la narrativa de Borges; dietarios de Pla...), a 45 euros. [Noticia completa: aquí]

Mercado en Puerta de Toledo

Por estas fechas, desde que comienzan las vacaciones de Navidad hasta el Día de Reyes, inclusive, se celebra un mercado medieval en el Centro Comercial de Puerta de Toledo. En Madrid. Para hacerse una idea, está junto al entorno del Rastro, y me queda a unos diez minutos de casa, a pie. El Centro Comercial es laberíntico. Su entramado y sus bifurcaciones en pasillos y diversas plantas y escaleras parecen surgidos de “Dentro del laberinto”. Uno trata de recorrerlo y nunca está seguro de haberlo visto todo. De vuelta a esta ciudad de humo y ruido, paso por allí un par de veces. Tengo una razón para estas visitas: entre los vendedores del mercado medieval hay gente de Zamora. Me alimentan de historias. A ese tipo le robaron el dinero de la recaudación, una noche, y además le pisaron las tartas caseras que elabora y vende. En esa cafetería hay un camarero a quien el jefe ha dicho, en público, que va a echar estos días: es un camarero facha, misógino, medio loco y se sospecha que pederasta; cada día me cuentan una nueva historia sobre ese tipejo: que si persigue a los niños, que si acosa a las mujeres, que si se clava las uñas en la cabeza y se hace heridas, que si alguien le partió la cara. Los vendedores se llaman, entre ellos, como su disfraz y su profesión indican: El Herrero, La Escultora, El Cetrero, La Bailarina, El Pastelero.
Decía que hay gente zamorana, y de eso quiero hablar. Por ejemplo, una pareja de Benavente a la que conocí la otra tarde, y de quienes ya tenía abundantes referencias: Oscar Maniega y Mónica Iglesias. Ambos son cetreros. Su puesto, a las puertas del Centro Comercial, en la calle, donde pelan frío y el humo de la brasa del tenderete de chorizos los envuelve continuamente, concita todas las miradas. Allí tienen a sus criaturas, a algunos de sus seres más queridos, a los que miman y ponen nombres: lechuzas, búhos, águilas, halcones, etcétera. Observar los movimientos de la lechuza me trajo gratos recuerdos: hace décadas tuvimos en casa un ejemplar con aires de “Papillón” (quiero decir que se fugó de su enorme jaula en varias ocasiones). Oscar me habló de su amistad con Aurelio Pérez, quien fuese colaborador de Félix Rodríguez de la Fuente. Quizá el nombre de este cetrero de Benavente les resulte familiar: fue el encargado de la campaña de control de palomas que el Ayuntamiento de esta ciudad puso en marcha hace unos meses. La segunda tarde en la que hablamos, mientras yo admiraba las patas de las aves de presa, se obstinó en calzarme el guante de cetrero, y luego me puso al búho hembra sobre la mano. Yo retiré la cara un poco, porque esos picos y esas garras tan afiladas me dan mucho respeto. Me embargó una sensación difícil de describir, excitante, con el búho allá encima, mirándome. Cuando lean estas líneas, espero haberme hecho algunas fotos con estas aves en el puño.
En uno de los puestos está otra zamorana. Y a ésta la conozco bien porque es mi madre. En el mercado medieval vende camisetas pintadas a mano por ella misma. El año pasado, también en Puerta de Toledo, una directiva de “Sé lo que hicisteis…” le compró varias prendas, y la presentadora se las ha puesto una o dos veces para la emisión del show. Hace meses vimos por ahí, en los desfiles, a modelos con camisetas de horcas y alambradas iguales a las que había ideado mi madre. Copiadas, vaya. El diseñador era David Delfín. Pero el mundo es un pañuelo: esta semana estuvo en el puesto de ella un ex colaborador de Delfín. Se presentó. Ella le dijo: “Este diseño me lo ha copiado Delfín”. El hombre admitió el plagio de su ex jefe. Así funcionan los jetas y los poderosos. A otros, en cambio, sólo nos queda la verdad.

viernes, enero 04, 2008

American Gangster


Cuando Ridley Scott quiere, construye grandes películas como ésta. American Gangster, con sus policías honestos, sus mafiosos vendedores de heroína y sus policías corruptos, no es sólo un vibrante filme que conecta con las mejores obras de su hermano Tony Scott, sino un certero retrato de los 70, con Vietnam, Ali, Nixon, los pelucones afro, las patillas y los pantalones de campana al fondo. El reparto deja sin aliento, porque a los gigantes Russell Crowe y Denzel Washington se une un montón de gente: Josh Brolin, Carla Gugino, Ted Levine, Joe Morton, Cuba Gooding Jr., Armand Assante, Jon Polito, John Hawkes y raperos como RZA y Common.

Fiesta de Nochevieja

No sé con certeza cuántos años llevamos organizando una fiesta privada de Nochevieja. Calculo que siete o tal vez ocho años. No se trata de uno de esos locales vacíos. No se trata de un garaje. No es una nave sin barra ni servicios. Todo lo contrario. Es un bar con las dimensiones adecuadas. Alquilamos un bar y compramos las bebidas, los hielos, los vasos de plástico, la comida que se sirve a las cuatro de la madrugada, el cotillón y los adminículos de broma. Algunos años nos hemos disfrazado. A veces hemos sorteado regalos entre los asistentes. Nunca hubo problemas y aquellas fiestas siempre emitieron buenas vibraciones.
Una vez se le ocurrió a alguien llevar unos cuantos artículos de broma y dio en el clavo. Dan mucho juego. Pelucas de distintos colores y peinados, caretas de goma, gafas especiales, matasuegras, sombreros, gorros de Papá Noel, lapiceros para pintarse el bigote y la raya de los ojos, vestidos y cualquier chorrada que se nos ocurriese. Una de las particularidades de esta fiesta era que invitábamos a los padres a visitarnos. Y, cuando los lográbamos convencer, insistíamos para que se tomaran algo y se quedaran allí toda la noche, disfrutando del evento. Así, la fiesta ha sido una mezcla de amigos, primos, hermanos, parejas, madres, padres y nuevas adquisiciones. Un jolgorio familiar y amistoso: ¿se puede pedir más? Proliferaban los reencuentros, los bailes, las presentaciones, las danzas colectivas, las fotografías, las conversaciones. Sobre todo, las conversaciones y los gracejos. Además, al organizarla nosotros, evitábamos la trampa que hacen en algunos garitos, en Nochevieja: servir garrafón y echar el cierre antes de lo acordado. También la música era buena y variada. En suma, una de esas fiestas que uno nunca quiere que acaben. Los años se notan porque la gente, sin embargo, se cansa y se va a casa antes del cierre. Unos cuantos de los asistentes son padres recientes. Si la fiesta se celebrara dentro de unos años, no lo dudo: acabaríamos juntándonos tres generaciones. Abuelos, padres e hijos: ¿se puede pedir más? Antes de empezar esta etapa gloriosa para festejar la entrada del nuevo año, solíamos ir a otros garitos. He estado en muchos lugares, antaño y en la misma fecha: garajes, pubs, bodegas, naves de dos pisos. Pero nunca salí conforme. Esa es, al menos, mi experiencia. Aparte de los familiares, solían visitarnos amigos y conocidos a mitad de nuestra fiesta. Gente que no pensaba salir de farra, pero aceptaba pasar a saludar y tomarse una copa. Gente que tenía que trabajar a la mañana siguiente y también aceptaba entrar durante un rato. En fin, una fiesta emblemática y, desde mi experiencia, inolvidable.
Pero, como suele decirse, los tiempos cambian. Empieza a notarse el cansancio. Las cosas no son exactamente iguales. Empieza a notarse la edad. Unos cuantos quieren romper la tradición y probar otras fiestas, y no les culpo. Otros han optado por cambiar de ciudad en esa noche, y saborear nuevos aires. No se puede culpar a nadie de querer abrir horizontes. No se puede culpar a nadie de los cambios. Este año se percibió que casi todo el mundo tiene otros intereses. Se ha notado que el personal mira sólo por sí mismo. La fiesta, desde tiempos remotos, la organizamos entre unos pocos. Solemos ser los mismos. Y eso cansa. La organización cansa. Las compras, también. Prepararlo todo al detalle para que no haya quejas, agota. Estar en tensión porque la mitad de los posibles asistentes aún no ha pagado la entrada que financia el alquiler y las bebidas también estresa. Por eso, esta fiesta ha sido la última que organizamos. La próxima Nochevieja será una incógnita.

jueves, enero 03, 2008

RESACA en el DIARO DE LEÓN


Diario de Léon. Jueves, 3-1-08
El escritor leonés Vicente Muñoz lidera un homenaje literario a Charles Bukowski.
Entre los poetas y novelistas destacan Agustín Fernández Mallo, Raúl Núñez y Hernán Migoya.
SOBRE EL ALCOHOL SOBRE LAS MUJERES SOBRE LA GENTE
El libro, «Hankover», que aparecerá en el mes de abril, cuenta con la participación de 37 autores.

Aparecerá en el mes de abril publicado por la editorial Mondadori. Han sido muchos meses de trabajo en los que incluso han contado con la colaboración de la viuda de Charles Bukowski, Linda, para lograr que este tributo saliera adelante. Al final, han sido 37 los autores que han unido su esfuerzo literario a esta obra coral en la que el hilo conductor de los poemas e historias es el leit motiv de la creación de este autor relacionado con la generación beat, creador de lo que se dio en llamar realismo sucio, poeta tardío, nihilista, machista y homófobo que, sin embargo, consiguió hacer de la vulgaridad un vehículo audaz con el que revelar al lector la fugacidad y trascendencia vital. El libro lleva por título Hankover, haciendo con ello un guiño a las resacas (en inglés hangover) y borracheras) durante las que Bukowski escribió la mayoría de su obra (él mismo manifestaba que nunca había escrito un poema completamente sobrio). El proyecto, que pusieron en marcha Patxi Irurzun y el leonés Vicente Muñoz Álvarez (a punto de publicar su próximo libro, El merodeador ), nació como un intento de rendir tributo a uno de los autores que más influencia ha ejercido en la poesía del presente. «Charles Bukowski fue un flechazo inmediato, un amor a primera vista, acostumbrados a las soporíferas lecturas que durante nuestra adolescencia nos habían recomendado o impuesto», destaca Vicente Muñoz. Además de los dos autores mencionados, el libro cuenta con la participación de escritores como Agustín Fernández Mallo, el autor de Nocilla dream, el fallecido Raúl Núñez, Kutxi Romero, solista de Marea, Hernán Migoya, autor de Todas Putas, o el leonés Nacho Abad. La obra comenzó a fraguarse como un concurso homenaje. Sin embargo, rápidamente Vicente Muñoz cambió de rumbo e ideó un puuzle de historias con el denominador común del autor de Se busca una mujer. El escritor leonés explica que la mayoría de las líneas temáticas de la obra bukowskiana han sido desarrolladas en este libro: las mujeres y el sexo, la violencia doméstica, la filosofía del bar, la locura y la muerte, las resacas y, por supuesto, las borracheras. «Ahora bien, cada autor lo ha hecho desde su visión personal, su estilo y punto de vista. Todos los aquí congregados tenemos una deuda con Hank, pero cada cual la ha interpretado o saldado a su modo», precisa.
Texto completo: aquí.
Gracias, v.

Rock de carretera

Mi tierra me dio la bienvenida con un directo y podríamos decir que me despidió con otro. La primera noche que, en Navidad, puse el pie en Zamora, actuaban en el Café Marlene, un santuario de estrellas de cine en blanco y negro, junto a la Plaza Mayor, los restos de Cianuro, que ahora se llaman Un Poquito de Cianuro. Mítica banda zamorana, con rock de carretera y algunas canciones en las que no falta la nota humorística, dado su talento para la parodia y para versionar a su modo los clásicos: pueden comprobarlo con sus versiones de “Purple Rain” y “Born in the USA”. En acústico, los dos miembros que han decidido continuar, Víctor Montero y Alfonso Martín, nos hicieron recordar el pasado, los ochenta, cuando nosotros íbamos a sus conciertos ataviados con cuatro rasgos de rocker que hoy, al recordarlo, me avergüenzan un poco: llevábamos pañuelos al cuello y en la muñeca, los pantalones pintados con nuestros dibujos a rotulador y, algunos, incluso tupé y gomina. Casi hacia el final del acústico, uno de mis colegas, Iñaki Martínez, fue invitado a subir al diminuto escenario para cantar con ellos el “Johnny B. Goode” de Chuck Berry. Después, Iñaki soltó una frase de “Regreso al futuro” que, me parece, sólo advertí yo (no es por echarme flores, pero tuve que explicar su procedencia a quienes estaban conmigo): la que Marty McFly dice tras tocar “Johnny B. Goode” para el público de 1955. La evocación del pasado en manos de Cianuro, con su himno “Nacido en la tierra del pan y del vino”, no tuvo resonancias ñoñas. Me refiero a que nos llevaron al pasado sin caer en la tristeza. Dijeron que no habían ensayado, pero eso daba igual. Lo importante es que lo pasamos bien.
Si ese fue el directo al que asistí el primer viernes, no fue menos evocador de la década de los ochenta el concierto que vi el segundo (y último) viernes: La Guardia, en el Ávalon Café. Sólo asistieron tres componentes, pero tocaron su rock propio de banda sonora de una road movie con alegría y sin caer en falsas nostalgias y sin ceder a la sensiblería. Inyectaron mucho nervio en el escenario. Por ahí, entre el público, se contaba que algunas personas habían venido de otras ciudades sólo para asistir al concierto. El revival está de moda, no hay duda. Ya lo dijimos en este espacio una vez y no vamos a insistir en ello. Hacía siglos que no escuchaba un tema de La Guardia. Entré en el bar pensando que no sabría reconocer más de una canción y me equivoqué. Casi todas me sonaban: “Cuando brille el sol”, “Mil calles llevan hacia ti”, etcétera. También hubo ocasión de versionar temas de otras bandas, como el “Mueve tus caderas” de Burning.
Resulta que en estos conciertos siempre nos encontramos los mismos. El público suele ser una extraña mezcla de gente de mi generación, provista ya de canas y arrugas incipientes, y gente de generaciones más frescas, que conocen lo antiguo. Y digo “antiguo” porque corren tiempos en los que todo parece pasado de moda en cuanto transcurren dos años. Pero no se lo crean, es sólo un invento del consumismo. Estaría bien que, en lo sucesivo, a estos directos de los que todavía se puede disfrutar en ciertos garitos zamoranos, asistiera más público, y no sólo los que vamos siempre. No soy amigo de dar consejos, que cada cual haga lo que quiera o le acomode, pero a los conciertos se debe asistir siempre que uno tenga oportunidad. Aún recuerdo con dolor cuando un tipo me pidió que fuese con él a ver a Nirvana a Madrid, y yo dije: “No, quizá en otra ocasión”. Y no la hubo porque Kurt Cobain se pegó un tiro. A veces pasa eso y a veces las bandas se disuelven, sin más. Y te lo pierdes.

miércoles, enero 02, 2008

Nuevas fotos de Indiana Jones





Un vacío en la niebla

Cada vez que me pierdo en la niebla recuerdo a mi amigo Alfonso X. Rabanal y su nervuda bitácora, “Crónicas para decorar un vacío en la niebla”. Pero he sido un amante de la bruma desde tiempos remotos. En Madrid es raro encontrar estos bancos de niebla densa que emboscan las calles de Zamora. Unos días antes de Navidad nos envolvió la bruma en la urbe madrileña y todo el mundo me contaba que aquello no era habitual. La niebla pertenece (o debería pertenecer) por derecho propio a las ciudades pequeñas y a los pueblos. La niebla en las ciudades populosas y con altos índices de criminalidad, como Madrid, es un vivero de ladrones y malhechores, se convierte en el refugio de quienes se camuflan entre las sombras para hacer de las suyas. Pero en un sitio pequeño, con tendencia entre sus habitantes a no salir a la calle en días laborables más allá de las diez de la noche, abriga y reconforta. En días pasados hemos tenido un frío siberiano que propiciaba los catarros y los resfriados y una niebla tan espesa que llegábamos a casa con el pelo mojado.
La niebla de mi ciudad me recuerda, ahora, a una fecha concreta. Fue hace varios años. Trabajaba en la redacción de este periódico. Mi cargo hacía que siempre fuera el último en abandonar el edificio. La hora de salida dependía del trabajo de cada jornada. Si el periódico tenía muchas páginas, o incluía suplementos y especiales, cerrábamos en torno a las dos de la madrugada. A veces salíamos antes y, a veces, mucho después. Si aquel día el diario era delgado y no llegaban noticias de última hora (esas noticias que desbaratan la plantilla que trazan los jefes), a la una y media estabas fuera. En cualquier caso, y es lo que quiero contar, al salir otro trabajador y yo a la calle, no había señales de vida en la ciudad, salvo la sombra huidiza de dos o tres gatos que, fieles a su condición noctámbula, se aventuraban por callejones sumidos en la niebla. Imagínense. Un lunes de octubre, o un martes de noviembre, en Zamora, a las dos de la madrugada, con las calles congeladas y una niebla que impedía reconocer el entorno. Íbamos a casa despacio, charlando, sin prisas aunque fuera tarde y pareciese que estábamos solos en la ciudad. Luego el colega de trabajo se desviaba hasta su casa y a mí me quedaban unos cuantos minutos de caminar por callejuelas sombrías, solitarias, silenciosas. Vivía por aquel entonces en un piso de Puerta Nueva, y les aseguro que, en mi caminata hasta allí, apenas topaba con una o dos personas. Algún tipo que cerraba su bar, o alguno de esos solitarios que pasean de noche, o alguien que salía de ver una película de tres horas de duración y volvía a su casa. Pero, generalmente, no encontraba rastros de vida humana. Al día siguiente comentábamos en la redacción algo sobre el paisaje, y sobre la espesura de la niebla que se había apoderado de la provincia, y creo que yo era uno de los pocos, o tal vez el único, al que subyugaba ese paisaje.
La niebla de mi ciudad, a la que tanto venero, es sólo para paseantes y personas que se van a casa de madrugada, a pie. No es una niebla, claro, que facilite la conducción o el trabajo a la intemperie. Para algunos, la niebla es “una putada”. Lo entiendo. Sobre todo cuando conduces y no ves el camino. La niebla se ha apoderado muchas noches de esta ciudad, en navidades. Por fortuna, es una bruma apacible, conciliadora. No es la niebla de John Carpenter ni la niebla de Stephen King, ambas atiborradas de monstruos y pesadillas, ni la que cobija a un montón de criminales y malhechores. Hay un vacío en ella, pero no es un vacío metafórico sino real porque, cuando cae, todo el mundo desaparece. Y facilita la reflexión.