lunes, diciembre 11, 2017

En Playtime / El Plural: Clive Barker



Hellraiser. El corazón condenado: aquí.

Shot Caller: 2 carteles



Hellraiser. El corazón condenado, de Clive Barker


¿Por qué entonces se sentía tan angustiado al posar la vista en ellos? ¿Era por las cicatrices que les cubrían cada centímetro del cuerpo; por la carne estéticamente perforada, rebanada e infibulada y luego empolvada con ceniza? ¿Era por el olor a vainilla que exhalaban, esa dulzura que a duras penas disimulaba el hedor que cubría?
¿O era porque, al aumentar la luz, los estudió con más detenimiento y no vio nada de alegría, de humanidad siquiera, en sus rostros mutilados, sino sólo desesperación y un apetito que le provocó unas ganas irrefrenables de vaciar los intestinos?

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Donde dos minutos antes sólo había un espacio vacío, ahora había una figura. Era el cuarto cenobita, el que no había hablado ni mostrado su rostro. No era él, podía ver ahora, sino ella. Se había quitado la capucha que llevaba, así como la ropa. La mujer que había debajo era gris pero radiante; tenía los labios ensangrentados y las piernas abiertas, dejando al descubierto el pubis elaboradamente escarificado. Estaba sentada sobre una pila de cabezas humanas en descomposición y le daba la bienvenida con una sonrisa.

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Todas las cosas se cansan con el tiempo y comienzan a buscar algún oponente que las salve de sí mismas.

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¿Cómo llegó a conocer la existencia de la caja de Lemarchand? No se acordaba. Tal vez en un bar; en los bajos fondos, de labios de un compañero de desgracias. En ese tiempo no era más que un rumor… este sueño de una cúpula del placer donde aquellos que habían agotado la satisfacción trivial de la condición humana podrían descubrir una nueva definición de goce. ¿Y la ruta hasta ese paraíso? Había varias, le dijeron: mapas de la interfaz entre lo real y lo más real todavía, dibujados por viajeros cuyos huesos se habían convertido en polvo hacía mucho tiempo. 


[Hermida Editores. Traducción de Juan Carlos Postigo Ríos]

Cartel de 7 Days in Entebbe


sábado, diciembre 09, 2017

Próximamente: El atlas



De William T. Vollmann. En Pálido Fuego.

Cartel de Lean on Pete


La coronación de las plantas, de Diego S. Lombardi


Debíamos seguir el camino de tierra, vadear el río y continuar hasta donde la huella se pierde, donde antes había un cartel que señalizaba el sendero y donde ahora no quedaba más que el poste. Teníamos las vagas referencias de pasar una lomada, una higuera, datos proporcionados por un anciano con quien nos topamos a escasos pasos de la iglesia; había indicado la dirección a seguir frunciendo los labios, acompañando el gesto con un seco movimiento de la cabeza. El sol de la tarde hacía sentir su calor con una intensidad inusitada para la primavera. Nos detuvimos en una explanada a estudiar las posibilidades, pues ninguno de aquellos senderos ocultos por la maleza se ofrecía más importante que otro; a primera vista parecían no tener el mismo destino. Saqué de la mochila una botella, di unos sorbos y se la pasé a Paula. Antes de guardarla eché un poco de agua sobre mi coronilla. Y entonces lo vi, casi junto a nosotros. El Guriburi. Así lo bautizamos luego.

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Al principio me había limitado a hojearlo, pero, poco a poco, aquel libro comenzó a depredar mi interés. El extenso manuscrito estaba encuadernado en cuero y se dividía en tres secciones escritas en castellano, diferenciándose una de otra por una carátula que, encuadrada en un sencillo tramado decorativo en tinta roja y negra, poseía la misma inscripción: "Herbolario del Lobo Liver I (II o III, según el caso)". Había una cuarta parte, no menos importante en extensión, escrita en alemán y atiborrada de diversas citas en castellano, que parecía ser una exégesis de los libros mencionados anteriormente y se titulaba "Notizen zur Bosheit der Pflanzen".

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El herbario contenía una descripción detallada de setenta y dos especies de plantas que, por su ecléctica variedad, no se limitaba a una región geográfica definida. Abarcaba, además, un sinnúmero de encantamientos para fines y usos de toda índole. El hecho de poseer una receta para mantener alejados a los agentes de la inquisición evidenciaba su antigüedad, no obstante, luego de un estudio exhaustivo, estuve seguro de que aquel texto no resultaba una mera copia, sino la reforma de una obra mucho más antigua.
El herbario carecía de criterios para catalogar las especies, dejando al margen cualquier clasificación basada en los órganos de reproducción o fructificación, restringiéndose a describir la apariencia general de la planta, sus flores, su olor, color, tamaño de las hojas y otras características similares.


[Jekyll & Jill]

I, Tonya: 2 carteles



Hostiles: 2º cartel


jueves, diciembre 07, 2017

William H. Gass (1924 - 2017)


miércoles, diciembre 06, 2017

martes, diciembre 05, 2017

Indian Creek. Un invierno a solas en la naturaleza salvaje, de Pete Fromm


Libro de culto en Estados Unidos, escrito por Pete Fromm en los 90, Indian Creek es la crónica de un joven que aceptó un trabajo de unos ocho meses en un paraje en el que las temperaturas alcanzarían los 40º bajo cero en invierno, viviendo solo en una tienda en la confluencia entre dos arroyos. Lo cuenta el propio autor en las primeras páginas:

Desde mediados de octubre hasta mediados de junio, sería responsable de dos millones y medio de huevas de salmón implantadas en un canal entre dos arroyos. La carretera más cercana se encontraba a sesenta y cinco kilómetros de distancia; la persona más cercana, a ciento quince. Si me interesaba, concluyó, sólo podía darme dos semanas para prepararme.
Cada vez prestaba menos atención a lo que me decía. Todo me parecía perfecto. Al fin iba a descubrir en qué consistía la vida de un hombre de las montañas. ¿Fantasía o realidad? ¿Infierno o gloriosa libertad? Independientemente de lo que descubriera, estaba seguro de que acabaría con algo que contar, con una historia propia.

Es importante señalar que Pete Fromm, al igual que hicieron Cheryl Strayed y Chris McCandless (véanse Alma salvaje y Hacia rutas salvajes, respectivamente), no contaba con demasiados conocimientos sobre la supervivencia en los bosques. Esta falta de preparación desemboca en tropiezos, errores y extravíos que, al final, resultan ser lo más interesante del libro. Porque, con los tres nombres citados, nombres de personas reales (Strayed, Fromm, McCandless), el lector habitual de ciudad se pone en sus pellejos: tenemos empatía hacia ellos porque a nosotros, probablemente, nos habría pasado lo mismo.

Indian Creek es una crónica sobre la supervivencia, pero también sobre la soledad. De cómo un hombre se desespera y está a punto de volverse loco porque sólo puede compartir las 24 horas del día con un perro pequeño y con los cazadores que, ocasionalmente, se acercan por la zona. Durante unos días regresa a la civilización para asistir a la boda de un amigo, pero ya nada es lo mismo: aunque necesitaba salir de la soledad, en cuanto regresa a la ciudad y a juntarse con las personas, lo único que quiere es volver a la zona forestal. Quien lea Indian Creek pensando que va a encontrar una especie de Thoreau, con reflexiones sobre la naturaleza, es muy posible que salga decepcionado. Repito que Fromm escribió un libro sobre supervivencia y sobre cómo vivir en las montañas nos hace pagar un precio alto (soledad, hambre, frío, amenaza de animales salvajes, desorientación cuando uno se aleja de los caminos…). Pero no debería ser incompatible la lectura de uno y otro. A mí, por cierto, me gustan ambos.


[Errata Naturae. Traducción de Carmen Torres García]

Phantom Thread: nuevo cartel


Trailer de Small Town Crime


Cartel de Drawing Home


viernes, diciembre 01, 2017

Los mutilados, de Hermann Ungar


Una de las novedades editoriales del otoño es la Narrativa completa de Hermann Ungar. Su aparición me hizo recordar que tenía por casa, bajo alguna de las pilas de lecturas pendientes, esta novela breve del autor, en una edición que probablemente ya no se encuentra y que compré hace años. Los mutilados es una novela de unas 200 páginas. Es un libro impactante, que fascina ya en sus primeras líneas, cuando nos adentramos en la historia de Franz Polzer, un empleado de banca rendido a las rutinas, misántropo y temeroso casi de cualquier contacto, como una especie de Bartleby de la vida. Poco a poco, el autor nos va desgranando la personalidad de Polzer con apuntes que dibujan su retrato: Pozer era incapaz de desprenderse voluntariamente de sus cosas. / Polzer sabía que no era dueño de ningún tesoro. / En sus muchos años de empleado, Franz Polzer nunca había estado en la calle a media mañana más que el domingo. / Franz Polzer nunca se sintió unido a su padre. / Después del entierro, Franz Polzer dijo a su tía que él no quería ninguno de los bienes de su padre.

Pero hay otros personajes: su amigo Karl Fanta, al que una enfermedad va aniquilando despacio, mientras le amputan miembros y se va convirtiendo en una especie de vegetal lleno de rabia y amargura; la viuda Frau Porges, la mujer que acosa a Polzer, el único huésped de su casa; Sonntag, un enfermero que antes fue matarife; Dora, la abnegada mujer de Fanta... Todos ellos van componiendo un retrato de las neurosis y de los sentimientos que acaban desembocando en tragedia. Los mutilados es, desde ya, uno de mis libros favoritos. Una pena no haberlo leído antes.

Unos extractos:

Algo se prepara, pensaba Polzer.
Algo esperaba en la oscuridad. Todo aquello debía terminar. Algo esperaba en el rincón. Quizá un asesino con un hacha. Uno no puede conocer la casa en la que habita.

**

Empezó a ocurrir lo que temía Franz Polzer. La puerta estaba abierta. Una vez perturbado el orden, el caos era inevitable. Se había producido la brecha por la que irrumpía lo imprevisto, esparciendo el miedo.
El mutilado ocupaba ahora la habitación de las fundas blancas. Por la noche se le oía gemir. Le dolían las heridas. El pus le roía la carne, y las pesadillas le atormentaban. Polzer escuchaba. En la casa estaba la muerte, esperando.

**

-¡Qué horror! –dijo Karl–. ¡Y qué horrible!
-La hermosura, Herr Fanta –respondió el enfermero–, no es cualidad apreciable en los cadáveres.


[BlackList. Traducción de Ana María de la Fuente]

Banner de Loveless


All the Money in the World: 4 carteles





martes, noviembre 28, 2017

En Aleteia: Jim y Andy




La física del futuro, de Michio Kaku


En un mundo cada vez más deteriorado, con la humanidad en proceso de destruir el planeta, este libro proporciona cierta esperanza (o al menos a mí me la ha dado). Nos ofrece un panorama, de aquí a cien años, en el que los avances en la informática, la búsqueda de nuevas fuentes de energía, la medicina, la inteligencia artificial o nanotecnología contribuirán, en mayor o menor medida, a consolidar un futuro menos peligroso, donde nuestra salud pueda ser vigilada por chips, donde los robots puedan ayudarnos a desempeñar multitud de tareas cotidianas, donde se puede frenar el envejecimiento, donde nos conectaremos a internet mediante unas lentes de contacto, donde los vehículos magnéticos ya no necesiten combustible… El autor se entrevistó con cientos de científicos y de expertos para examinar las tecnologías que pueden desarrollarse durante 100 años y que determinarán finalmente el destino de la humanidad.

Este ensayo sobre ciencia nos dice cómo serán las próximas décadas, y la lectura te deja sumido en un mundo increíble, propio de todo lo que hemos visto en las películas de ciencia ficción (esas películas de las que mucha gente salía diciendo: "Eso es imposible"). Pues bien, casi todo lo que hemos visto se va a ir cumpliendo. Pensemos en algunos avances de Blade Runner, Minority Report o La guerra de las galaxias. Muchos de los avances ya existen, pero no los conocemos porque están en pleno proceso de desarrollo, o son meros experimentos que, a falta de presupuesto, no pueden lanzarse aún a los mercados. Es un libro que cualquiera mínimamente interesado en lo que nos deparará los próximos 100 años debería leer ya mismo.


[DeBolsillo. Traducción de Mercedes García Garmilla]

Trailer de Lady Bird


Cartel de Ava


sábado, noviembre 25, 2017

El declive, de Osamu Dazai


En los libros de Osamu Dazai solemos encontrarnos con personajes torturados, gente que está cansada, que se ve sometida por la miseria o por la adicción a las drogas y/o el alcohol. Aunque el narrador cambia en esta obra, esta vez dándole el protagonismo a una mujer, en El declive encontramos los mismos sufrimientos y las mismas preocupaciones. Kazuko, la protagonista, vive con su madre y ambas tratan de adaptarse a una serie de cambios: el padre de la chica murió, del hermano (adicto al opio) no han tenido noticias desde que se fue al frente, Japón ha terminado esquilmada tras la Segunda Guerra Mundial y las dos se ven obligadas a cambiar de domicilio e irse a vivir al campo, donde la madre enferma y donde las serpientes que a veces se dejan ver por las inmediaciones les confieren malos augurios. Cuando Naoji, el hermano desaparecido, regresa, los problemas se duplicarán, sobre todo desde el momento en que Kazuko se enamora de un amigo de Naoji.

Como decía al principio, no faltan aquí los temas que obsesionaban a Osamu Dazai: la adicción a las drogas y al alcohol, el impulso de autodestrucción, el suicidio, la tristeza y la soledad… Por motivos personales y familiares me ha hecho un nudo en la garganta el pasaje en el que la chica descubre que su madre ha enfermado:

Una mañana vi algo espantoso: mamá tenía la mano hinchada. Además, últimamente desayunaba sentada en la cama y apenas tomaba una ligera sopa de arroz, a pesar de que el desayuno siempre había sido su comida favorita. No podía comer nada con un olor demasiado fuerte. Aquel día parecía que le molestaba incluso el olor de las setas que había añadido a la sopa, pues se llevó el cuenco a los labios y volvió a dejarlo en la bandeja sin haber comido nada. Fue entonces cuando me di cuenta de que tenía la mano derecha hinchada.
[…]
Mamá permaneció en silencio con los ojos entornados, como si estuviera deslumbrada. Yo quería echarme a llorar a gritos. Aquella mano no era la de mamá. Pertenecía a otra mujer. La mano de mamá era más pequeña y delgada. Una mano que conocía bien. Una mano amable. Una mano adorable. ¿Habría desaparecido para no regresar jamás? La izquierda aún no estaba tan hinchada, pero me resultaba demasiado doloroso seguir mirando a mamá. Aparté la vista y la posé en la maceta que adornaba el tokonama del dormitorio.

Es evidente (o a mí me lo parece) que el autor se desdobla en dos personajes: el torturado hermano, Naoji, y el escritor al que conoce gracias a él, Jiro Uehara. Ambos resumen muchas de las preocupaciones de Dazai. Los lectores de esta novela señalan que es triste, pero al mismo tiempo muy bella. Tal vez sea por ese toque fatalista y romántico que el autor de Indigno de ser humano solía aplicarle a sus obras. Quiero destacar también este pasaje porque es puro Dazai:

Aquellas personas estaban equivocadas. Pero quizá ellos no podían vivir de otra forma, igual que yo no podía vivir sin amor. Si es cierto que las personas venimos a este mundo con el deber de sobrevivir, no deberíamos juzgar lo que hagan los demás para alcanzar ese fin. Estar vivo. Estar vivo. Una obra colosal, agotadora e imposible de realizar. 


[Sajalín Editores. Traducción de Marina Bornas]

The Commuter: 2 carteles



Downsizing: nuevo cartel


Banner de Eric Clapton: Life in 12 Bars


miércoles, noviembre 22, 2017

Por último, el corazón, de Margaret Atwood


Buena novela de Margaret Atwood que en algunos tramos recuerda un poco a 1984 y que plantea un futuro en el que se emprende un experimento en el que cada ciudadano voluntario vive un mes en una prisión y el siguiente en una casa llena de comodidades… cada 30 días cambia esa vida: de presidiario a ciudadano de clase media y de ciudadano de clase media a presidiario. Así, dicen los responsables del invento, se nivelará la balanza y el sistema mantendrá su equilibrio. Por supuesto, los dos protagonistas del libro, la pareja formada por Stan y Charmaine, advertirán pronto que aquello se parece más a una cárcel gigante con instrumentos de control y de vigilancia que al paraíso que les habían vendido. Es estupendo cómo una mujer de casi 80 años se maneja con un lenguaje totalmente moderno, contemporáneo y repleto de humor; y además elabora una distopía que abre camino a varios temas muy importantes. Dos extractos:

Al principio les iba bien. Por aquel entonces los dos tenían empleo. Charmaine trabajaba en Ruby Slippers, una cadena de residencias y clínicas para ancianos. Se encargaba de or¬ganizar actividades para entretenerlos y toda clase de eventos –sus supervisores decían que tenía buena mano con los ancianos –y se estaba abriendo camino. A Stan también le iba bien: era uno de los ayudantes del departamento de Control de Calidad en Dimple Robotics, y se encargaba de probar el Módulo Empático de los prototipos automáticos destinados a los departamentos de Atención al Cliente. A los clientes no les bastaba con que alguien les metiera la compra en una bolsa, solía explicarle a Charmaine: querían tener la sensación de comprar de verdad, y eso incluía una sonrisa. Lo de las sonrisas era complicado; se podían convertir en muecas o expresiones lascivas, pero si dabas con la sonrisa adecuada, los clientes pagaban un poco más. Era asombroso recordar, ahora, en qué cosas gastaba dinero extra la gente en
otros tiempos.

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La ciudad gemela de Consiliencia/Positrón es un experimento. Un experimento ultra-ultraimportante; los cerebritos utilizan la palabra "ultra" por lo menos diez veces. Si sale bien –y tiene que salir bien, y puede salir bien si todos trabajan juntos–, podría ser la salvación no sólo de las zonas más castigadas de los últimos años, sino también, con el tiempo, y si desde los niveles más altos se acabara aplicando este modelo, de la nación como un todo. Acabarían con el paro y la delincuencia de un plumazo y todos los implicados podrían gozar de una nueva vida, ¿se lo imaginan?


[Ediciones Salamandra. Traducción de Laura Fernández Nogales]

Phantom Thread: nuevo cartel


Malcolm Young (1953 - 2017)


The Chinese Widow: 2 carteles



The Post: cartel francés


martes, noviembre 21, 2017

Variaciones sobre Budapest, de Sergi Bellver


Entre mis dos viajes a Budapest transcurrieron cinco estaciones, pero tuve la impresión de haberme ausentado durante solo un invierno, diría –sin mentir del todo– que con la intención de huir del peor frío, pues dejé la ciudad en la primera semana de diciembre, cuando las aguas del Danubio estaban a punto de congelarse, y regresé a mediados de marzo, mientras el río mudaba ya la piel, buscando la base de los puentes y las rocas de los muelles para deshacerse de las últimas escamas de hielo.

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Para mí, viajar tiene que ver con estar dispuesto a extraviarse, a renunciar a un plan, a no cerrar el círculo previsto y, a menudo, con hacer algo en lo que no pensabas al salir de casa. Y yo, que había llegado para visitar a una amiga, pasar unos pocos días en Budapest –sin billete de vuelta, eso sí, pero solo unos días– y reflexionar sobre una vaga idea para una historia –una novela, tal vez– que había tenido en Praga dos semanas antes, me encontré de repente sopesando la posibilidad de quedarme todo lo que fuera posible en la ciudad.

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La literatura de viajes que me interesa, insisto, o al menos la que pretendo escribir, no tiene que ver con la peripecia ni con el alarde enciclopédico, sino con el sentido de la experiencia, aunque a veces nos confunda nadar en ella, como en "una enorme corriente de agua fangosa". "Si me he puesto a filtrarla, es porque contiene reflejos, el mío entre ellos", escribió el poeta ruso. Y yo sigo aquí, en esta cocina que parece flotar en la noche húngara, con las manos y mis "nervios" sobre el teclado y un colador entre los dedos.

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A cinco minutos de ahí, en el exterior de la Casa del Terror de la calle Andrássy, encuentro una exhibición fotográfica y, de entre todas las imágenes, me fascina la mirada de grandeza y desafío que una mujer le lanza a sus carceleros. Se llamaba Katalin, no había cumplido los veinticinco años en 1956 y los soviéticos estaban a punto de fusilarla por defender la libertad de su país en las calles de Budapest. La Historia suelen escribirla los vencedores, o a veces solo quienes supieron ser más crueles o más cobardes en cada contienda, pero de vez en cuando una mirada regresa en silencio desde el pasado para recordarnos que todos podemos elegir también ser grandes y encarar el mundo por encima de nuestras miserias. Miro a los ojos a Katalin, quien apela a mi respeto desde su orilla del tiempo, y pienso en lo que repiten todavía demasiados "intelectuales": que la novela ha muerto y ya no tiene sentido contar historias. Pobres necios y cuánto parece costarles mirar y escuchar a los demás para darles voz.

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Aparte de las escenas que creo reconocer a partir de mis lecturas y de las que yo mismo busco o imagino para mi novela, la literatura está muy presente en esta ciudad. No me refiero solo al peso de la historia en sus calles o a esos libros que llevo meses leyendo y que resuenan en mí cuando las recorro, sino también al interés que demuestran la mayoría de los húngaros por los libros.


[La Línea del Horizonte Ediciones] 

Three Billboards Outside Ebbing, Missouri: 3 carteles






En Aleteia: Stranger Things 2





All the Money in the World: 2 carteles