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miércoles, enero 09, 2019

El capitalismo, la ansiedad, el monstruo

todo decadente y ardiendo estos días, este planeta maravilloso y podrido, podrido o maravilloso, según lo mires y veas, pregúntatelo… vuelvo de Zamora ahora, y mis clientes mártires de la crisis, rotos y angustiados, dicen que el barco se hunde, que el comercio naufraga, que el mundo agoniza, y kilómetros y kilómetros y tiendas y carretera, tantos kilómetros y tiendas y carretera, la tierra como una laguna y esa laguna, a su vez, como espejo y reflejo de lo que somos, selección natural, bella y bestia, el progreso, el capitalismo, la ansiedad, el monstruo…

Vicente Muñoz Álvarez, Travesía

viernes, septiembre 14, 2018

Todo el mundo nace, pero nadie recuerda cómo...

Todo el mundo nace, pero nadie recuerda cómo. La muerte sobreviene como el nacimiento, pero tampoco sabemos de qué modo. Nuestra experiencia última, al igual que la primera, es conjetural. Nos movemos entre dos oscuridades. […] Consideremos, pues, que las personas empiezan la vida con una experiencia que olvidan y la terminan con otra que imaginan pero no pueden comprender. Estas son las criaturas que el novelista se propone presentar como personajes de sus libros; éstas u otras parecidas que sean plausibles. Al novelista se le permite recordar y comprender todo, si le conviene. Conoce toda la vida oculta. ¿En qué momento después de su nacimiento tomará a los personajes? ¿Hasta qué punto los seguirá antes de la tumba? ¿Qué dirá o hará sentir respecto a estas dos extrañas experiencias?

E. M. Forster, Aspectos de la novela

viernes, mayo 04, 2018

De La investigación

El orden matemático del mundo no es sino nuestra plegaria dirigida a la pirámide del caos. Fragmentos de vida sobresalen en todas direcciones, fuera de los significados que hemos establecido como únicos, pero ¡no queremos, no queremos verlo! Mientras, lo único que existe es la estadística. El hombre racional es el hombre estadístico. ¿Será hermoso o feo el niño? ¿Le proporcionará placer la música? ¿Padecerá cáncer? El juego de dados decide acerca de todas estas variables. La estadística está ya presente en nuestra propia concepción: extrae al azar pegotes de genes a partir de los que serán creados nuestros cuerpos, es ella la que sortea nuestra muerte. La habitual disposición estadística toma decisiones respecto a todo (si encontraré a una mujer a la que amar, si alcanzaré la longevidad). Por tanto, ¿acaso también acerca de si seré o no inmortal? ¿Puede que se convierta en copartícipe de alguien a ciegas, por casualidad, de cuando en cuando, de igual modo que la belleza o la invalidez? Por lo tanto, si no existe un curso inequívoco de los acontecimientos; si la desesperación, la belleza, la alegría y la fealdad no son más que obras de la estadística, entonces nuestro conocimiento se fundamenta en esa estadística. Lo único que existe es un juego a ciegas, la eterna creación de fórmulas fortuitas. Un número infinito de Cosas se burla de nuestro afán por el Orden. Buscad y encontraréis; al fin y al cabo siempre encontraréis lo que os corresponde mientras busquéis con fervor, dado que la estadística no descarta nada, lo hace todo posible, tan solo más o menos probable. En cambio, la historia es la plasmación de los movimientos brownianos, es una danza estadística de partículas que no dejan de soñar en un mundo terrenal distinto…


Stanislaw Lem, La investigación

miércoles, febrero 08, 2017

Furores íntimos

Antes, o sea todos estos últimos años con mi marido, respondíamos al tonto cliché de que la mujer nunca tiene ganas y el hombre quiere siempre y en cualquier lugar. Pero una vez que se habían tocado los botones precisos, pensaba para mí: ¿por qué nunca se me ocurre la idea de hacerlo? ¿Por qué no lo seduzco, por qué tiene que ser siempre él quien me seduzca a mí? Para mi marido era bastante humillante llevarse calabazas constantemente y tener que ser siempre él el iniciador de nuestra actividad sexual. Discutíamos mucho. Yo mentiría si dijera que tenía ganas de sexo. Ni una sola vez las tuve. Sólo colaboraba para hacerle un favor y porque sabía que, de lo contrario, nuestra relación se iría al garete. Todos lo sabemos: si en la cama la cosa ya no funciona, el que todo se vaya al garete sólo es cuestión de tiempo. De eso estoy firmemente convencida. Pero en cuanto la parálisis inicial estaba superada, yo me ponía a cien. Y después siempre decía: "¿Por qué no me recuerdas cuánto me divierto? Si lo hicieras, no me haría tanto de rogar". 
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. Charlotte Roche, Furores íntimos

martes, abril 05, 2016

El crítico N y la actriz X...

El crítico N y la actriz X son amantes. La noche de su beneficio. La pieza es lamentable y execrable la actuación, pero N se ve obligado a hacer elogios. Escribe, sucintamente: "La pieza y la dama que aquí honramos han obtenido un gran éxito. Más detalles, mañana". Después de releer estas últimas palabras, él da un suspiro de alivio. Pero al otro día cuando va a casa de X, ella le abre la puerta, se deja abrazar y besar y llegado el momento dice, con expresión sardónica: "Más detalles, mañana".

Anton Chéjov, Cuaderno de notas

martes, julio 21, 2015

Personae

Si uno recibe alguna noticia trágica se da cuenta en el instante de que los mismos ambientes donde se ha sentido cómodo se transforman en instrumentos de la tortura más vil.
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Sergio De La Pava, Personae

jueves, junio 04, 2015

Vías paralelas

Después de cenar ven juntos la televisión. Apenas hablan y si lo hacen nadie deduciría de ello una conversación. Después se acuestan, se desean buenas noches con un beso en la frente y duermen. Hasta la tarde siguiente, ya al anochecer, no se volverán a ver.
Se diría que todos estos años juntos otorgan la conformidad a su matrimonio, pero en realidad siempre ha sido así. Sus vidas son dos raíles de tren, vías paralelas.
Nunca
llegarán
a encontrarse.


Esteban Gutiérrez Gómez, Mi marido es un mueble

jueves, enero 15, 2015

Mudanzas: Volver a los libros


Volver a un libro se parece a volver a las ciudades que creímos nuestras, pero que en realidad hemos y nos han olvidado. En una ciudad, en un libro, recorremos en vano los mismos caminos, buscando nostalgias que ya no nos pertenecen. No se puede volver a encontrar un lugar tal como se dejó. Encontramos, en todo caso, mitades de objetos entre el debris, incomprensibles notas al margen que tenemos que descifrar para volver a hacer nuestras.

Valeria Luiselli, Papeles falsos

viernes, diciembre 12, 2014

No soy simplemente esto

Dentro de esta vida hay una vida. Que llena las lagunas. Entre los espacios hay algo. Yo soy distinto de esto. No soy simplemente esto, soy más. Yo tengo algo más, a lo que no sé cómo acceder. Fuera de mi alcance hay algo más que pertenece al resto de mí. No sé cómo llamarlo, ni cómo acceder a ello. Pero está ahí. Soy más que lo que conoces. Lo que pasa es que es un espacio demasiado extraño para cruzarlo. No puedo acceder ahí, pero sé que hay un ahí al que acceder. Al otro lado es donde está la libertad. Ojalá pudiera acordarme de cómo era la luz en aquel espacio antes de que tuviera ojos para verla. Cuando tenía papilla en vez de ojos. Cuando rezumaba tejidos. Hay algo en el espacio entre lo que sé y lo que soy, y lo que llena ese espacio es eso que yo sé que no se puede describir con palabras.


Don DeLillo, La Estrella de Ratner

lunes, noviembre 24, 2014

On Being Ill

Cabría esperar que se hubieran dedicado novelas a la gripe; poemas épicos, a la fiebre tifoidea; odas, a la neumonía; elegías, al dolor de muelas. Pero no; con escasas excepciones –De Quincey intentó algo parecido en El comedor de opio; debe haber uno o dos libros sobre la enfermedad dispersos en las páginas de Proust–, la literatura procura sostener por todos los medios que se ocupa de la mente; que el cuerpo es una lámina de vidrio plano por el que el alma ve directa y claramente y, salvo por una o dos pasiones, como deseo y codicia, es nulo, insignificante e insistente. Mas lo cierto es todo lo contrario. El cuerpo interviene todo el día, toda la noche; se embota o agudiza, se embellece o se marchita; se vuelve cera en el calor de junio, se endurece como sebo en la oscuridad de febrero. La criatura de su interior solo puede mirar por el cristal –sucio o sonrosado; no puede separarse del cuerpo como la vaina de su puñal o de un guisante ni un momento; ha de seguir el interminable desfile de cambios completo, frío y calor, bienestar y malestar, hambre y saciedad, salud y enfermedad hasta que llega la catástrofe inevitable; el cuerpo se desmorona y el alma se libera (dicen). Pero no existe registro de todo este cotidiano drama del cuerpo. 


Virginia Woolf, De la enfermedad

sábado, noviembre 22, 2014

La madre

La chica escribió un cuento. "Sería mucho mejor si escribieras una novela", dijo su madre. La chica construyó una casa de muñecas. "Sería mucho mejor si fuera una casa de verdad", dijo la madre. La chica hizo un cojín para su padre. "¿No hubiera sido más útil un edredón?", dijo la madre. La chica excavó un pequeño hoyo en el jardín. "Sería mucho mejor si excavaras uno grande", dijo la madre. La chica excavó un gran hoyo y, dentro, se echó a dormir. "Sería mucho mejor si te durmieras para siempre", dijo la madre.


Lydia Davis, Cuentos completos

jueves, noviembre 13, 2014

Noir


La ciudad como dolor de tripas. La pesadilla urbana como expresión de la vida misma y vil de los órganos internos. Los siniestros borborigmos del vientre. Por qué construimos las ciudades así. Por qué las queremos como son incluso cuando están sucias. Porque son sucias. Llenas de orines, de escupitajos. Sin sentido y funestas. Con eso podemos sintonizar. Ahí va un principio: el cuerpo siempre está enfermo. Incluso cuando se encuentra bien, o eso cree. Células que devoran células. Todo se reduce a digestión. O indigestión. Lo que en la ciudad llamamos corrupción. Devoradores que devoran lo devorado. Sobre todo en la tumultuosa oscuridad. Es una horrible lucha a muerte en la que todo el mundo pierde. ¿Ciudades trazadas a cuadrícula? La cuadrícula sólo es un revestimiento. Como el papel milimetrado. La ciudad misma, por dentro, es toda bucles y curvas exasperantes. Desbordantes de violenta vacuidad. Con frecuencia has cavilado sobre eso, en especial después de cenar en el Star Diner. Reflexionabas aquella noche sobre eso cuando recobraste un remedio de conciencia. Reflexionar no es la palabra. Tu zarandeado cerebro, con su caparazón aporreado, era incapaz de reflexionar. Parecía más un sueño sin imágenes sobre el dolor y la ciudad. Casi sin imágenes. Te pasaban a través de un viejo proyector de cine. Tus entrañas laberínticas llenas de crímenes estaban a la vista en alguna parte. Tus ruedas dentadas se bloqueaban en el engranaje, desgarrándose. Tus pensamientos se bloquearon en el mecanismo. Fundido en negro.


Robert Coover, Noir

martes, noviembre 04, 2014

Fragmento del relato "Corte"

El hombre de la habitación de al lado se está muriendo de tanto fumar. A mi izquierda hay una mujer que no sabe que mañana a las ocho van a extirparle la mitad de las tripas. Al otro lado del pasillo hay un chico que lleva un año en coma y, cada dos horas, exactas, grita mami, mamá, mamá. A uno de los lados de él hay un hombre que intentó suicidarse y al que, según oí decir a su mujer en el pasillo, aún tienen que amputarle la pierna. En la habitación que sigue a la suya hay una mujer a la que ningún especialista sabe qué le pasa, salvo que pierde peso a un ritmo increíble. Incapaz de comer. Después, incapaz de hablar. Pasó de ser corpulenta a pesar treinta y cinco kilos y creen que no durará más de una semana. No se permite ninguna visita, dice en su puerta. Me siento tan ridículo en este piso… Con solo un par de pólipos benignos para que me extirpen y un poco de miedo, aunque puede que me agarre algo peor por estar cerca de tanta gente triste y tantas malas noticias. ¿Sería posible cambiar a un piso menos enfermizo?


Stephen Dixon, Calles y otros relatos

miércoles, julio 23, 2014

Greba

-Hay tres cosas que saben a derrota –me dijo mi amigo en el interior del campo improvisado en el estadio de Slavonski Brod, donde fueron encerrados más de tres mil croatas y musulmanes que, empujados por una fuerza invisible, habían buscado refugio en el estado vecino, Croacia–: son el hambre, la sed y la vergüenza. Nos darán comida y agua –continuó Greba, mientras nos uníamos a una larga fila de personas rotas y agotadas ante el camión de Cruz Roja que distribuía raciones del ejército americano–, pero me temo que la vergüenza nos sobrevivirá.
Cuando escuché aquellas palabras, me aparté de la cola y permanecí largo tiempo bajo el abrasador sol de julio.
Algo amargo y salado me corría por el rostro. Me consuelo diciéndome que no era más que el sudor. Al menos, eso me atrevo a esperar.
Campamento de Slavonksi Brod, Croacia, julio de 1992


Velibor Čolić, Los bosnios

sábado, julio 19, 2014

Zdravko S.

Tras haber hecho prisionero a su vecino musulmán Osman, de setenta y cinco años, el combatiente serbio Zdravko Spasojević, llamado Zdravko el Serbio, lo paseó como a un oso atado por la ciudad destruida.
El viejo musulmán debía cantar canciones de los chetniks para los serbios borrachos.
Cada vez que se equivocaba, le daban una paliza.
Cuando, por algún milagro, acabaron por liberarlo, el viejo Osman estaba roto, agotado; tenía la voz cascada de tanto cantar.
Su rostro conservó durante mucho tiempo la huella de las botas serbias, pues le golpeaban a patadas.
Modriča, Bosnia-Herzegovina, junio de 1992


Velibor Čolić, Los bosnios

jueves, julio 17, 2014

Ibro

El gitano Ibro se ganaba la vida vendiendo papeles viejos y botellas vacías. Poseía una desvencijada carretilla y varias generaciones de habitantes de Modriča lo habían oído, por la mañana, soltar su famoso: "¡Transportes de todo tipo! ¡Cargamos a muertos y vivos!". Vivía en una extraña choza, en una calle cercana al Centro de Salud. Tenía una mujer sordomuda y un hijo retrasado de unos quince años. El 17 de mayo, cuando el ejército serbio entró definitivamente en Modriča, el gitano Ibro se negó a huir, pese a ser musulmán. No mostraron piedad alguna con él. Los soldados serbios le cortaron el cuello, como a su mujer y a su hijo y, como en "tiempos de los turcos", plantaron las cabezas sobre las estacas de la empalizada que rodeaba la casa. Según nos contaron los testigos, en el patio había, sobre la mesa, una botella de raki y café recién hecho. Para dar la bienvenida a los militares, si venían.
Modriča, Bosnia-Herzegovina, junio de 1992


Velibor Čolić, Los bosnios

jueves, mayo 22, 2014

Días de ruta

llueve sin descanso en la tierra estos días mientras, tienda tras tienda, voy cubriendo la ruta, recogiendo humildemente migajas e intentando convencer a mis clientes de que compren este modelo o aquel, navegando a la deriva en la furgoneta y peleando contracorriente para sobrevivir dignamente al naufragio… pero ellos, mis clientes, agachan la cabeza y contienen a duras penas su rabia, me hablan de enfermedades, penurias y miedos, de lo mal que está la cosa y de que no acompañan las ventas, de lo que les ha sobrado de la campaña anterior y de que están al límite de sus posibilidades y fuerzas… o me comentan, para variar, las noticias destacadas del día: Nacho Vidal y la mafia china, el desliz de la selección frente a Francia, el inminente rescate europeo o la ineficacia de las medidas que toma el Gobierno… y yo asiento imperturbable y digo a todo que sí, no tengo ganas ni fuerza para discutir, sólo quiero terminar cuanto antes la ruta y entregarme a la piel suave de mi compañera y al arte no remunerado de la ensoñación…

es un mundo
extraño

me digo

pero el amor
es más fuerte

el amor
es más fuerte


Vicente Muñoz Álvarez, Días de ruta

jueves, diciembre 19, 2013

Pink

-Así es, Jack –digo–, sube a la cima de una montaña y grita “¡Arte!”. Pero para el gran público, el cine es un pedazo transitorio y fungible de diversión barata que nos llama la atención un instante y luego es cruelmente destruido como el cachorro que tiramos al agua para que se ahogue porque nos hemos cansado de jugar con él. Una vez que la gente ha visto la película, adiós muy buenas. ¿Cuántas veces has dicho: “Esa ya la ha visto”? Lo cual significa casi siempre: “No quiero volver a verla”. Quizá fue estupendo la primera vez, pero nadie está seguro de poder perder el tiempo en revisiones. La gente valora mucho su tiempo e intenta ahorrarlo. Sea cual sea el significado de ahorrar tiempo.
Gus Van Sant, Pink

viernes, diciembre 06, 2013

Orugas

Colgaban en forma de sogas serpenteantes de carne segmentada: gordas y espinosas, cubiertas de moho reluciente. Algunas eran tan grandes como mi antebrazo. Otras eran lo bastante pequeñas para metérsete por el oído. Yo nunca las había visto de tantos colores. Las hojas de los árboles estaban todas comidas, llenas de esqueletos que se enroscaban y estiraban el cuello en pleno verano. Aquellos que habían intentado hacer frente al granizo y lo habían conseguido ahora no salían de casa y tenían las pieles llenas de lesiones en forma de huellas de dientes. Los tanques de bronce patrullaban la ciudad. Existía preocupación nocturna acerca de qué comer. Uno se lo imaginaba todo infestado. Aparecían bichos acurrucados hasta en la última grieta: entre las sábanas, en el horno. Había noches en que yo me arrancaba a mordiscos los bultos de las uñas. Oí hablar de un viejo que había quedado enterrado en su sótano. Oí hablar de jovencitas ahogadas mientras dormían. Quistes de grasa y nódulos incrustados y tumores de lodo rojo. No había piel que estuviera a salvo. No había noche que resultara sencilla. La tasa nacional de suicidios se cuadriplicó. Se ilegalizó la venta de aspirinas, cuerdas y cuchillas de afeitar. Aparecieron otras tácticas menos limpias: una noche un centenar de personas se tiraron al vacío desde un hotel situado en un rascacielos. La gente se empezó a preguntar qué quería _____. Las ondas radiofónicas se llenaron de predicadores: cómo arrepentirse, qué nos podía salvar, a quién había que mirar, qué había que pensar. De noche prácticamente se podía oír el murmullo de nuestras oraciones: mil millones de bocas balbuceantes juntas para sí mismas. Entretanto, a aquellas alturas, las ciudades ya estaban cubiertas de crisálidas, carpas de seda que cubrían carreteras enteras y casas enteras. Nuestra puerta principal ya estaba sellada por panales de abejas. Cada vez que algo se movía crujían los capullos. Esperamos. Parpadeamos en la noche. Al final, el gran desvelamiento: diez mil millones de mariposas zumbando bajo el sol, haciendo tanto ruido al aletear que no te dejaban pensar.


Blake Butler, El atlas de ceniza

jueves, agosto 08, 2013

Y a veces las personas...

Y a veces las personas llegaban a hacerse daño de verdad. Y si no se herían entonces, terminarían hiriéndose más tarde: que el otro se niegue a hacer el amor o que te abandone duele, como duele ser uno el que abandona e intenta olvidar a la otra persona. El cuerpo siempre recuerda.

Ann Beattie, Retratos de Will