sábado, febrero 16, 2019

Bruno Ganz (1941 - 2019)


viernes, febrero 15, 2019

Versos de ocasión, de Eduardo Margaretto y Eva Mascarell


las manos siempre en los bolsillos


abrí la puerta en hora oscura, cuando la llave cierra todos
los secretos

las ideas decadentes que llegan de muy lejos la ceniza de
mis recuerdos

sábanas baratas que guardo en un cajón las sombras de mi
alma.

conocemos los dos las palabras que a otros dijimos que
otras dijeron,

ya no son nada, ya no es nada entre nosotros, y para no
delatarnos para

no mirar nunca más a nadie estamos muriendo nosotros
también,

ni más ni menos como ellos.

tus amores fríos, mi risa triste, la paz que jamás
encontraremos bajo el cielo

que cae a plomo sobre unas olas de mármol que se
pierden en el confín

de la distancia, la nuestra, una distancia que se despega
cuando empieza a llover

y me preguntas si aún guardo aquella foto en la que te cogía de la mano.


y cuando te dije que sí, con voz entrecortada como hoja de
un almendro,

tú me dijiste es todo lo que tienes de mí… es todo lo que
tendrás de mí,

y aunque en la radio sonaba Rimmel como inquebrantable
amigo del desastre

me refugié en la feria de un ayer oxidado que se había
quedado sin reloj


en mi memoria llevo tu imagen sin arrugas el rumor de un
juramento

palabras que se mueren de noche cuando te desatas los
zapatos

la rabia y la poesía perdida en el camino que me devuelve
a una mañana

que me robaron cuando nací solo como otros nacen
llorando. y no hablamos

porque ya sabemos cómo se arrastra la vida para custodiar
los recuerdos

porque tú no te has quedado no te has ido ya no me
hablas no sonríes


y yo, en la puerta, con las manos siempre en los bolsillos.


**

elegía ante el cadáver de mi novia (I)
a Olga R. Roig

que la deje me dicen
que va a morir
que me vaya
que no puedo hacer nada


fiebre alta neumonía galopante repentinos ataques de
ceguera

se ha quedado sin linfocitos grita la mujer de blanco
morfina suero

no funcionan los inhibidores de no sé qué coño de
enzimas

donde había dudas y ciertas esperanzas aparecen de
improviso

ruinas escombros equilibrios hechos trizas emociones
devoradas


que salga me dicen
después


después
al final del pasillo del clínico
la veo en una silla de ruedas
al fondo
es la muerte que ha llegado


ciega, la cabeza ladeada las tetas
como colgajos de leche cuajada
y yo mirando alucinado
ahí estaba ya la muerte
¿Por qué la hizo esperar tanto?


[Associació Mar de Fora]


The Professor and the Madman: 2º cartel


Próximamente: The King. Bienvenidos al universo literario de Stephen King



De Varios Autores. En Errata Naturae.

Cartel de Ma


Yesterday: 2 carteles



Long Shot: primer cartel


martes, febrero 12, 2019

Michael Cimino, de Pilar Carrera



Circunstancias como estas nos llevan a preguntarnos si, finalmente, todo el frenesí y la acción no son sino ritos de paso hacia un silenciamiento que emerge de la contradicción y la lucha, del exceso ornamental y la proliferación de materia, de los rescoldos de la guerra, líbrese o no en el frente. Qué sea lo que contemplen, lo que hayan descubierto quienes han vuelto de su particular infierno, qué pase por su cabeza, no lo sabemos exactamente. Si pensamos en la función de la ausencia, en la mayoría de los relatos cinematográficos la muerte de un personaje, por ejemplo, suele ser el desencadenante de nuevas acciones que la justifican en términos diegéticos. Nunca suele ser un fin en sí misma. Si la ausencia destruye a un personaje, su razón, en términos de relato, es esa destrucción que se hace manifiesta y presente; si le sirve de enseñanza y propicia el cambio, el objetivo de la misma es lo que se construye o genera a partir de ese cambio. La diferencia, en las películas de Cimino, es que los personajes se instalan en la ausencia; ni son destruidos por ella ni tienen voluntad de superarla y trascenderla reduciéndola a una cuestión de recuerdo y olvido, a una función ritual. Eso es también lo que, en el fondo, nos resulta desconcertante y un poco inquietante en el cine de Cimino. Sus personajes habitan las ruinas sin adoptar ni el gesto museístico, ni el del maldito, ni intentando reconstruir de nuevo sobre ellas el orden inicial u otro orden. Ni viven para el recuerdo, ni lo "funcionalizan" como enseñanzas para la vida, ni intentan sublimar la ausencia en modo alguno. Dejan que la contradicción les habite.

**

Las películas de Cimino se estructuran, por tanto, de acuerdo con un sistema de "correspondencias" que organizan el material fílmico a través de  un dispositivo de reconocimientos, semejanzas y variaciones que estructura sus relatos en términos prácticamente musicales. Si a esto sumamos el peso del elemento coreográfico y coral a nivel intradiegético, podríamos concluir que sus películas están tan cercanas de la ópera como del cine.

**

En lo que Cimino innova y sobre lo que trabaja es sobre las modalidades de recepción, activando una manera de enfrentarse a la narración en la que el espectador no tiene más remedio que rondar la historia como un flâneur, sin atisbar nunca ningún centro dorado ni descubrir la morada del Minotauro. Cimino no quiere sedentarios que entren en el relato y se acomoden en él, sólo nómadas que lo frecuenten sin intentar apropiárselo. La experiencia del relato que surge de aquí tiene claras implicaciones, no solo narrativas, sino también culturales y, por supuesto, políticas. "Inventar una nostalgia por un pasado que nunca existió", esa es, según Cimino, la función del cine. También la premisa de un relato interminable e indómito.



[Ediciones Cátedra]

En Aleteia: Green Book



Teen Spirit: primer cartel


domingo, febrero 10, 2019

Albert Finney (1936 - 2019)


De un castillo a otro, de Louis-Ferdinand Céline



Éste es uno de los libros más viscerales, más desquiciados, de Céline: primera parte de una trilogía, consiste sobre todo en una diatriba, en un alegato contra todo y contra todos. Si en su obra maestra, Viaje al fin de la noche, la narrativa ocupaba el primer lugar, junto a esas sentencias que se han hecho famosas, aquí, por el contrario, lo que importa no es contar, narrar, sino despotricar, desgañitarse, saltar de un tema a otro, caer en digresiones que el propio autor reconoce, mientras nos cuenta su estancia en un castillo al que ha ido a parar con su mujer y otros colaboracionistas allí hacinados, tras la victoria de los aliados en la Segunda Guerra Mundial. A pesar de la locura que impera en el libro, es divertidísimo, a veces incluso el lector pierde el hilo (y Céline también: él mismo lo va señalando), pero no importa: lo principal es asistir a esta vomitona alucinada y llena de resquemor. Cuatro fragmentos de muestra:

Para hablar sinceramente, así, entre nosotros, termino peor que empecé… No es que empezara demasiado bien… nací, repito, en Courbevoie, Sena… lo repito por centésima vez… después de muchas idas y venidas termino muy mal… son cosas de la edad, me dirás… ¡cosas de la edad!... ¡entendido! A los sesenta y tres y pico es extremadamente difícil volver a situarse… rehacer una clientela aquí o allá. ¡Me olvidaba de ti! Soy médico… confidencialmente, de tú a tú, la clientela de un médico no sólo depende de la ciencia y de la conciencia… sino también, antes que nada, por encima de todo, del encanto personal… ¿encanto personal pasados los sesenta años?... puede uno servir de maniquí, de pieza de museo… ¿tal vez?... ¿interesar a algunos maníacos buscadores de enigmas?... pero ¿a las mujeres? ¿el carcamal de veintiún botones, perfumado, maquillado, lacado?... ¡Espantajo! Clientela o no clientela, medicina o no medicina, dará asco… ¿si está forrado de oro?... pase… ¿tolerado? ¡hum! ¡hum!... ¿pero el canoso pobre?... ¡al cubil! Escuchad a los clientes, en las aceras, en los grandes almacenes… se trata de un joven colega… "¡Oh, sabes, querida!... ¡Querida!... ¡Qué ojos! ¡qué ojos, ese doctor!... ¡en seguida comprendió mi caso!... ¡me ha dado unas gotas! ¡mediodía y noche!... ¡qué gotas!... ¡ese joven doctor es una maravilla!..." Pero aguarda que te llegue el turno… ¡que hablen de ti!... Cascarrabias, desdentado, ignorante, gargajoso, jorobado…

**

Una vez intercambiados nuestros puntos de vista, querellas, contraquerellas, iba a visitar a los enfermos… en el mismo Castillo, un piso, otro… tres, cuatro, cada mañana… conocía los lugares, bien… los pasillos y las tapicerías, las salidas verdaderas, las falsas… bien… las escaleras de caracol, a través de artesonados y viguetas… escondrijos y sombras como para hacerse apuñalar, verdaderamente, ¡mil veces!... ¡y desecarse durante siglos!... ¡tú dirás! ¡los Hohenzollern no se privaban!... ¡expertos en trampas mortíferas, pasillos basculantes!... ¡y de cabeza al hoyo!... ¡Danubio! ¡zambullida!... la dinastía, madre de Europa, piénsalo un poco, ¡salía a razón de mil crímenes diarios! ¡y durante once siglos! ¡carajo! ¡y Barba Azul con sus seis gachís en el armario! ¿qué pensaba fundar con ellas?... estaba lucido, yo, con mis niños a base de zanahorias, ¡y aún quejándome de que se depauperaban!

**

¡Dios mío, qué agradable sería guardar todo esto para uno mismo!... no decir una palabra, no escribir más, que te dejen en paz… uno iría a terminar sus días en cualquier sitio a la orilla del mar… ¡no en la Costa Azul!... el mar verdadero, el océano… ya no tendrías que hablar con nadie, totalmente tranquilo, olvidado… pero ¿y la manduca, majo?... ¡trompetas y baúl!... ¡el alambre y los trapecios, viejo clown! ¡y a brincar! ¡más alto! ¡te están esperando! el público sólo pide una cosa: ¡que te rompas la crisma!

**

…cuando uno llega a cierta edad, y más después de ciertas experiencias, sólo desea una cosa: ¡que te dejen paz!... mejor todavía: ¡que te den por muerto!



[RBA Editores. Traducción de Carmen Kurtz]

Pet Sematary: otros 2 carteles



Cartel de The Wedding Guest


viernes, febrero 08, 2019

Incendios, de Richard Ford



No tenía intención de contarle a mi padre nada de aquello, y quería que ella lo supiera, pero no quería ser el último en hablar. Porque si decía algo, cualquier cosa, mi madre guardaría silencio como si no me hubiera oído, y yo tendría que vivir con mis palabras –fueran cuales fueren– tal vez para siempre. Y hay palabras –palabras importantes– que uno no quiere decir, palabras que dan cuenta de vidas arruinadas, palabras que tratan de arreglar algo frustrado que no debió malograrse y nadie deseó ver fracasar, y que, de todas formas, nada pueden arreglar.

**

-Tu vida no es lo que tienes, cariño, o lo que consigues. Es aquello a lo que estás dispuesto a renunciar. Es un proverbio viejo, lo sé. Pero es cierto. Uno necesita tener algo a lo que renunciar, ¿de acuerdo?
-¿Y si no quieres renunciar a nada? –pregunté.
-¡Oh, pues buena suerte! No tienes más remedio, cariño –dijo. Me sonrió y volvió a besarme–. En eso no se puede elegir. Tienes que renunciar a muchas cosas. Es la norma. Es la primera norma en todo.

**

Estábamos solos en Great Falls. Éramos forasteros. Sólo nos teníamos a nosotros mismos para responder por nuestras personas si venía una mala racha y las cosas se ponían contra nosotros como en aquel momento.

**

-Uno no puede elegir a su padre –me dijo. Sonreía; con la mano aún en mi hombro, como si compartiéramos una broma secreta–. El mío era un hijo de perra. Un redomado hijo de perra.


[Anagrama. Traducción de Jesús Zulaika]

Pet Sematary: tercer cartel


Us: nuevo cartel


miércoles, febrero 06, 2019

Malos días, de Victoria Pelayo Rapado



En ese instante y cuando aún faltaban dos horas para la cita, a los dos los asaltó la misma idea. Durante veinticinco años ambos habían sido conscientes del paso del tiempo y ahora, cuando se acercaba el momento de verse, pensaron en cómo ese tiempo se habría posado en el otro. Habían tenido oportunidad de contemplar imágenes mutuas, pero hoy, al fin, y cara a cara, verían los estragos de la edad. Con detalle podrían escudriñarse, mirarse en un espejo. Uno se encontraría con un hombre mayor que él mismo cuando dejaron de verse, y el otro descubriría que su padre, anciano ya, nunca volvería a ser el padre protector que habitaba en sus recuerdos.
Se verían en la casa del padre, tus piernas son más ágiles que las mías, le había dicho a su hijo cuando vio que titubeaba en el momento de concretar el lugar. Eso lo convenció. Eso y la curiosidad. Nunca en todos los años transcurridos había dejado de preguntarse cómo sería la casa de su padre. Rechazó las ocasiones para visitarlo, dejó pasar los meses y los años preguntándose cómo sería la nueva morada en lugar de aceptar alguna de las invitaciones que recibió, excusándose siempre, no ante él, con quien no había vuelto a hablar, sino ante sí mismo para justificar su ausencia y no reconocer que quizá, sólo quizá, estaba equivocado.

[Del relato "Preparativos"]

**

Los colegios son codiciosos. A veces la maldad se concentra alrededor de un nido, y los nidos tienen muchas formas, una de ellas, de colegio. Tantos inocentes juntos despiertan la codicia de personas que no pueden tener cerca el regalo que es un niño, con sus sonrisas, sus palabras, su mirada, su cariño. Cuando los otros padres veían a las niñas rubias, Alba y Blanca, lindas y listas, agarradas a la mano de una estragada madre envejecida a sus veintipocos años, torcían la boca en un gesto de repugnancia ante el desatino de la naturaleza. Y es que, con las niñas a su lado, el deterioro de Franca se hacía más ostensible; como si todo el candor, belleza y gracia de Alba y Blanca se avivaran a su lado intensificando la diferencia.

[Del relato "Llámame Franca"]

**

La primera corneta resonó de súbito, señal de ponerse en marcha. Se calzó los viejos mocasines confortables de todos los años. El dolor de cabeza había desaparecido del lado izquierdo, pero seguía golpeando la sien derecha en una especie de tic nervioso que hacía palpitar la vena de la frente. Comprobó en el espejo cómo la vena subía y bajaba. Presionó con el dedo hasta que este se puso rojo, luego cogió el caperuz y lo anudó alrededor del crucifijo. Nadie debía cubrirse hasta el momento de la salida. El teléfono, mudo desde hacía horas, fue a parar a un bolsillo de su pantalón, junto con las llaves de casa. En la calle, cofrades, turistas y vecinos caminaban hacia la iglesia para ver "bailar" el Cinco de copas. Se sintió ridículo y disfrazado. Percibía las miradas clavadas en él, aunque la realidad era que nadie se fijaba, la mayoría caminaba en la misma dirección y muchos, cofrades como él, vestían igual hábito y acudían a la llamada de su congregación.
Añoró la pequeña mano de Fátima dando calor a la suya. Añoró sus pasos precipitados junto a los suyos. Añoró su charla inagotable cuando caminaban. La añoró.

[Del relato "Noche sin pasión"]


[De la Luna Libros]

Cartel de Burning Men


Próximamente: El coro de medianoche



De Gene Kerrigan. En Sajalín Editores.

Cartel de The Boy Who Harnessed the Wind


Shaft (2019): primer cartel


lunes, febrero 04, 2019

Lo raro y lo espeluznante, de Mark Fisher



¿Qué es lo raro? Cuando decimos que algo es raro, ¿a qué tipo de sensación apuntamos? Quisiera plantear que lo raro es un tipo de perturbación particular. Conlleva la sensación de algo erróneo: una entidad rara o un objeto que es tan extraño que nos hace sentir que no debería existir, o que, al menos, no debería existir aquí. Pues si tal entidad u objeto está aquí, las categorías que hasta ahora nos han servido para dar sentido al mundo dejan de ser válidas. Al fin y al cabo, no es que lo raro sea erróneo, sino que nuestras concepciones deben de ser inadecuadas.

**

¿Qué es exactamente lo espeluznante? ¿Por qué es importante pensarlo? Como sucedía con lo raro, lo espeluznante merece ser, por derecho propio, un tipo particular de experiencia estética. Aunque esta experiencia la desencadenan formas culturales particulares, no surge de ellas. Se podría decir, en vez de eso, que ciertos cuentos, ciertas novelas o ciertas películas evocan la sensación de lo espeluznante, si bien esta sensación no es un constructo literario o fílmico.

**

La sensación de lo espeluznante es muy diferente a la de lo raro. La manera más sencilla de comprenderla es pensando en la oposición (con un gran carga metafísica) –quizá la oposición más fundamental de todas– entre presencia y ausencia. Como hemos visto, lo raro se constituye por una presencia –la presencia de lo que no encaja–. Lo raro, en algunos casos (aquellos que obsesionaban a Lovecraft), viene marcado por una presencia exorbitante, algo que rebosa y sobrepasa nuestra capacidad de representación. En cambio, lo espeluznante, se constituye por una falta de ausencia o por una falta de presencia. La sensación de lo espeluznante surge si hay una presencia cuando no debería haber nada, o si no hay presencia cuando debería haber algo.


[Alpha Decay. Traducción de Núria Molines]

Cartel de The Wild Pear Tree


Scary Stories to Tell in the Dark: primer cartel


viernes, febrero 01, 2019

Dick Miller (1928 - 2019)


En Playtime / El Plural: Robert Coover



El origen de los brunistas: aquí

Trailer de Us


Greta: 2º cartel


El origen de los brunistas, de Robert Coover


Todo el día masticando asfalto grasiento con el coche para nada. Por el camino pasó un montón de canteras, blancas de nieve, y eso le deprimió aún más. No sólo se cargaban el campo, sino que además significaban menos empleos, y empleos que él no sabía desempeñar. Y encima ahora hablaban de quemar las vetas de carbón para sacar gas: soltó una maldición y dio un palmetazo contra el volante. "¡Vamos, Dios! ¡Sácame de esta!", dijo en voz alta. Vince siempre había imaginado a Dios como un viejo bastardo duro y moreno que vivía a todo plan, tenía un brazo largo y elástico, hablaba italiano de la calle, daba a los hijos de perra su merecido y, por alguna razón inexplicable, tenía un cariño peculiar por Vince. Su visión no había cambiado mucho, aunque estaba empezando a sospechar que quizá Dios le había metido a él entre los hijos de perra.

**

Preocupación: de hecho, ¿qué noche en West Condon termina sin preocupaciones? Ciertamente, el Domingo de Pascua previo al profetizado fin del mundo no es una excepción. La preocupación es el temor universal templado por la esperanza, prolepsis del placer y el dolor por igual, y tan intrínseca de la condición humana, que la humanidad ha sido definida por ella alguna que otra vez. Y así, esta noche, a los padres les preocupan sus hijas, a las esposas sus maridos, a los ministros sus rebaños, a los médicos sus pacientes, a los brunistas cómo se enfrentarán al Fin, a los escépticos la verdad, al alcalde el bochorno y la vergüenza y las próximas elecciones, a los empresarios el desplome y a los mineros el desempleo, a los hijos sus envejecidos padres, y a todos los habitantes de West Condon les preocupa una que otra vez, a menos que duerman como benditos delante de la tele, su salud o su virilidad o su peso o su período o su felicidad o cuándo y cómo van a morir.  


[Pálido Fuego. Traducción de José Luis Amores]

Cartel de A Vigilante


Ash Is Purest White: 2 carteles