viernes, julio 25, 2014

miércoles, julio 23, 2014

Próximamente: Al borde del camino


De Seumas O'Kelly. En Sajalín Editores.

Greba

-Hay tres cosas que saben a derrota –me dijo mi amigo en el interior del campo improvisado en el estadio de Slavonski Brod, donde fueron encerrados más de tres mil croatas y musulmanes que, empujados por una fuerza invisible, habían buscado refugio en el estado vecino, Croacia–: son el hambre, la sed y la vergüenza. Nos darán comida y agua –continuó Greba, mientras nos uníamos a una larga fila de personas rotas y agotadas ante el camión de Cruz Roja que distribuía raciones del ejército americano–, pero me temo que la vergüenza nos sobrevivirá.
Cuando escuché aquellas palabras, me aparté de la cola y permanecí largo tiempo bajo el abrasador sol de julio.
Algo amargo y salado me corría por el rostro. Me consuelo diciéndome que no era más que el sudor. Al menos, eso me atrevo a esperar.
Campamento de Slavonksi Brod, Croacia, julio de 1992


Velibor Čolić, Los bosnios

Reestreno de Los cazafantasmas


Skye McCole Bartusiak (1992 - 2014)


Álex Angulo (1953 - 2014)


James Garner (1928 - 2014)


Johnny Winter (1944 - 2014)


sábado, julio 19, 2014

Salinger, de David Shields & Shane Salerno


Pocos libros me han provocado tantos sentimientos contradictorios como esta biografía. Me parece, al mismo tiempo, una obra imprescindible y a la vez despreciable. Pero me explicaré. Es evidente que J. D. Salinger siempre se negó a que otros escribieran su biografía. Pese a su oposición y a su lucha, se publicaron unas cuantas biografías cuando estaba vivo. La de David Shields y Shane Salerno va más allá, es más provocadora: es la bio que menos le hubiera gustado a Salinger porque incluye un montón de fotografías, de fragmentos de sus relatos inéditos (o sólo publicados en revistas), de cartas y de extractos de cartas (el propio Salinger logró, judicialmente, que en una de esas biografías no metieran párrafos de su correspondencia). Y además contiene secretos, aspectos oscuros o borrosos del escritor, e incluso respuestas a algunos enigmas. De todas las biografías sobre Salinger, es ésta la menos respetuosa con él (creo que era más respetuosa la de Kenneth Slawenski, que recomendé en este blog hace tiempo), la que más agrede su intimidad o lo que fue su intimidad.

Al mismo tiempo, sin embargo, es fascinante. Siempre y cuando sientas por su obra la misma veneración que siento yo. Siempre que te magnetice esa personalidad huidiza, esquiva, que Salinger se encargó de propagar. Y es fascinante porque los biógrafos miran debajo de la alfombra y sacan detalles que no se conocían. Porque antes yo sólo había visto tres o cuatro fotos del autor de Franny & Zooey y El guardián entre el centeno. Y aquí nos damos un festín: de imágenes, de pasajes inéditos, de anécdotas.

Esta biografía te depara la misma sensación que ver un cadáver: no quieres verlo, pero no puedes dejar de mirar. Hay algo que no les perdono a Shields y a Salerno, y es que citen sólo una vez a Slawenski y además ataquen su libro (Slawenski no sólo escribió una biografía estupenda, también es un tipo amable, educado, con el que antaño intercambié un par de correos porque me escribió para darme las gracias por recomendar su libro). Por otro lado, se trata de una biografía oral, hecha de declaraciones, de entrevistas, de fragmentos, de confesiones, de retales... y a mí me entusiasman esta clase de biografías.

Este Salinger, como digo, me enseña cosas que yo no conocía. Por ejemplo, que El guardián entre el centeno recibió elogios de William Faulkner e incluso de Samuel Beckett, quien le comentó a un amigo: ¿Has leído El guardián entre el centeno? […] A mí me ha gustado muchísimo, lo que más me ha gustado en mucho tiempo. Pese a las malas críticas que algunos de sus libros tuvieron y a la mala prensa que se ganó por su carácter de hombre que se esconde, fue una de esas pocas personas en el mundo a las que la fama les importa una mierda. Leamos lo que el propio Salinger dijo, declaración que encontramos en este volumen: El hecho de no publicar da una paz maravillosa. Publicar supone una invasión terrible de mi privacidad. Me encanta escribir. Pero escribo solamente para mí mismo y por placer.

Puede que Salinger fuera uno de los últimos autores puros, auténticos, que quedaban (junto a Thomas Pynchon, Don DeLillo o Cormac McCarthy), en el sentido de ser escritores que procuran mantenerse lejos de las cámaras y del famoseo, tipos que no matarían por una reseña en los suplementos de moda (algo frecuente, por ejemplo, en nuestro país, donde todo se mide con el mismo rasero: si el escritor aparece o no en Babelia o El Cultural). Os dejo con unos cuantos extractos del libro, del que he disfrutado como un niño:

Citado por MICHAEL CLARKSON:

-Bueno, lo entiendo –me dijo [Salinger]–, pero es que me estoy amargando. No sabe cuántas veces he pasado por esta situación en los últimos veinticinco años, ya estoy harto. ¿Sabe usted cuántas veces he oído esa misma historia, una y otra vez? Viene gente de todas partes: de Canadá, de Sacramento, de Europa… Vino una mujer de Suiza, creo, que se quería casar conmigo. Una vez me cogió un tipo en un ascensor y me tuve que escapar. Yo no les puedo decir nada a esas personas que los ayude con sus problemas. –Hizo una pausa–. Nada que diga un hombre puede ayudar a otro. Cada cual tiene que buscarse la vida. De cara a usted, solamente soy el padre de un muchacho. Ya ha visto a mi hijo bajar por el camino. Yo no estoy aquí para ayudar a la gente como usted a resolver sus problemas. No soy profesor ni vidente. No soy psicólogo. Es posible que en mis relatos plantee preguntas sobre la vida, pero no pretendo saber las respuestas. Si quiere usted preguntarme alguna cosa sobre escritura, puedo decirle algo. Pero no soy psicólogo, soy narrador.
Y prosiguió:
-No puedo darle una moneda mágica que se pueda poner usted debajo de la almohada para que cuando se despierte por la mañana se haya convertido en escritor de éxito. Intentar enseñar a escribir a alguien es como si un ciego guía a otro ciego. Si se siente usted solo, la escritura presenta beneficios terapéuticos. Yo le sugiero que lea a muchos escritores. No escriba sucesos reales. Mezcle sus experiencias. Planee sus relatos con meticulosidad. No tome decisiones precipitadas y no se agobie demasiado con los críticos y toda su locura psicoanalítica.
[…] 
-Se ha escondido usted de sus fans y ha dejado de publicar.
-Ser un escritor público interfiere con mi derecho a la privacidad. Escribo solamente para mí mismo.
-¿No quiere compartir sus sentimientos en el papel con la gente?
-No –me dijo. Y me acuerdo de que me apuntó con el dedo como si fuera una pistola–. Es así como los escritores se meten en problemas. –Y me dijo que lamentaba ciertas cosas de su carrera literaria. Dijo que la de escritor es "la profesión más demencial". Que pensaba que los críticos analizaban demasiado su obra.

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EBERHALD ALSEN: Cuando Salinger muestra su desprecio hacia Hollywood y el cine, no hay que interpretar en absoluto que odia el cine como forma de arte. De hecho, poseía una colección enorme de películas.

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MICHAEL SIVERBLATT: […] A [Gordon] Lish le interesa la literatura como infección […].

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JEAN MILLER: Una de las cosas que le preocupaban de El guardián entre el centeno era que normalmente los libros tenían éxito un año y luego la gente se olvidaba de ellos. Y entonces sufrías una presión constante para escribir otro. Creo que eso lo ponía nervioso porque no estaba seguro de que fuera a ser capaz de escribir otro libro, de tener tema para otro libro; tal vez quería volver a los relatos.

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JEAN MILLER: […] Pero su mudanza no quería decir que se hubiera vuelto un ermitaño. Simplemente no quería estar con escritores. Y ciertamente no quería ser el centro de todas las conversaciones de Nueva York. Me dijo que la ciudad estaba llena de parásitos de la literatura y que él no quería tener nada que ver con ellos.

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JEAN MILLER: […] Desde que había tomado la decisión de escribir, ya no era un hombre libre. Ni siquiera podía darse una vuelta en coche por el campo sin que las palabras le pesaran y lo oprimieran, mientras que un hombre de negocios se podía ir a dar una vuelta en coche por el campo y desconectar. Cuando él viajaba, en realidad no estaba viajando. Simplemente se estaba llevando su máquina de escribir a otro punto geográfico.

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JOHN UPDIKE: La celebridad es una máscara que se te come la cara. En cuanto eres consciente de ser alguien, de que la gente te mira o te escucha con interés especial, dejas de recibir estímulos de los demás, y el artista se vuelve ciego y sordo por culpa del exceso de animación. Uno puede o bien ver o bien ser visto.

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ALEX KERSHAW: Siendo muy joven escribió un libro que se convirtió al instante, o casi, en un clásico. Y fue considerado uno de los más grandes de su generación. Y él se dio la vuelta y dijo: "Pues mira. ¿Y qué? La vida es más que eso".

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J. D. SALINGER: Estoy harto de que me cojan por banda en los ascensores, de que me paren por la calle y de gente que se mete en mi propiedad privada. He dejado mi posición bien clara desde hace treinta años. […] Quiero que me dejen en paz, completamente en paz. ¿Por qué no puedo vivir tranquilo?

 
[Seix Barral. Traducción de Javier Calvo]

Trailer de The Skeleton Twins


Próximamente: Así empieza lo malo


De Javier Marías. En Alfaguara.

Zdravko S.

Tras haber hecho prisionero a su vecino musulmán Osman, de setenta y cinco años, el combatiente serbio Zdravko Spasojević, llamado Zdravko el Serbio, lo paseó como a un oso atado por la ciudad destruida.
El viejo musulmán debía cantar canciones de los chetniks para los serbios borrachos.
Cada vez que se equivocaba, le daban una paliza.
Cuando, por algún milagro, acabaron por liberarlo, el viejo Osman estaba roto, agotado; tenía la voz cascada de tanto cantar.
Su rostro conservó durante mucho tiempo la huella de las botas serbias, pues le golpeaban a patadas.
Modriča, Bosnia-Herzegovina, junio de 1992


Velibor Čolić, Los bosnios

Annabelle: primer cartel


Trailer de God Help the Girl




Cartel de Get on Up


jueves, julio 17, 2014

Ansia / 4.48 Psicosis, de Sarah Kane


Sarah Kane se suicidó a los 28 años. Su calvario en vida no dista mucho del de, por ejemplo, David Foster Wallace: estaba asfixiada por las depresiones. Sin embargo, imagino que ella arrastró aún desórdenes mentales más graves, pues, mientras Foster Wallace pudo apartar el tema de sus obras (aunque a menudo citaba la depresión y el suicidio en muchos de sus libros), en cambio Sarah Kane construyó su obra en torno a ese eje: el de las enfermedades mentales, la violencia y la paranoia. Escribió pocas obras y en esta edición de Losada (traducida en 2006) se reúnen las dos más significativas: Ansia y 4.48 Psicosis (la segunda hace referencia a la hora en que suele haber más suicidios nocturnos porque ya se han terminado los beneficios de los medicamentos para paliar las angustias). Después de escribir esa obra, se mató. Copio lo que cuentan en Wikipedia: Tras terminar el texto, Sarah Kane intenta suicidarse tomando 150 pastillas antidepresivas y 50 somníferos, pero es encontrada a tiempo y trasladada al King's College Hospital. Tres días después, durante unas horas en que estuvo sola, se ahorca en el baño con los cordones de sus zapatos.

Conseguir un ejemplar me ha costado bastantes pesquisas porque está agotado y descatalogado, pero un vendedor particular me lo vendió por 5 euros mediante uno de esos portales de compraventa en internet. En este volumen (insisto: dos obras teatrales) encontramos sendos textos en los que Kane rompe las reglas y a veces se aproxima a la obra de Samuel Beckett (influencia reconocida por ella misma). Apenas hay acotaciones, sólo frases dispersas de personajes a la deriva. Su escritura es visceral, rotunda, hiere al lector, lo descoloca… es el resultado de cómo las personas ven el mundo a través de unas existencias marcadas por el dolor y la ansiedad. Copio unas cuantas frases sueltas (como el texto está traducido en Argentina, he cambiado los argentinismos para que el lector español no se pierda):

De ANSIA:

A. No soy lo que soy, soy lo que hago.

**

C. Odio estas palabras que me mantienen viva.
     Odio estas palabras que no me dejan morir.

**

C. No me llenes el estómago si no eres capaz de llenarme el corazón.

B. Me llenas la cabeza como sólo alguien que está ausente puede hacerlo.

M. Raciocinio debilitado, disfunción sexual, angustia, jaquecas, nerviosismo, insomnio, agitación, náusea, diarrea, comezón, temblores, sudor, tics.

C. De eso sufro ahora.

M. Está bien.

B. No importará.

A. No importa.

C. Sacrifícame como a un perro o échame simplemente a patadas.

A. Nadie sobrevive a la vida.

C. Y nadie puede saber cómo es la noche.

**

A. Lo que a veces confundo con éxtasis es simplemente ausencia de dolor.


De 4.48 PSICOSIS:

El Doctor No Sé Qué y el Doctor No Sé Cuánto y el Doctor Vaya a Saber, que está de paso y que le pareció bien venir a joder también un poco. Ardiendo en tibio túnel de congoja, mi humillación se completa cuando me sacudo sin razón y me tropiezo con las palabras y no tengo nada que decir sobre mi "enfermedad" que de todos modos sólo consiste en saber que nada tiene sentido porque me voy a morir. Y estoy estancada en esa suave voz psiquiátrica de la razón que me dice que hay una realidad objetiva en la cual mi cuerpo y mi mente son uno solo. Pero no estoy aquí y nunca he estado. El Doctor No Sé Qué anota y el Doctor No Sé Cuánto ensaya un murmullo compasivo. Observándome, juzgándome, oliendo el terrible fracaso que rezuma mi piel, mi desesperación aferrada con uñas y dientes y mi pánico que todo lo devora empapándome mientras boquiabierta me horrorizo ante el mundo y me pregunto por qué todos sonríen y me miran sabiendo en secreto de mi dolorosa vergüenza.

**

¿Crees que es posible que una persona nazca en la época equivocada?

(Silencio.)

Mierda. Mierda. Mierda por rechazarme al no estar nunca, mierda por hacerme sentir una mierda, mierda por desangrarme todo el amor y toda la vida que tenía, mierda mi padre por hacerme mierda la vida para siempre y mierda mi madre que no se fue a la mierda y lo abandonó, pero sobre todo, mierda Dios por hacerme amar a una persona que no existe,
MIERDA MIERDA MIERDA.

**

De acá a diez años todavía va a estar muerta. Cuando yo ya viva con la idea, cuando esté tratando de adaptarme, cuando pasen unos días en los que ni siquiera piense en eso, ella todavía va a estar muerta. Cuando yo sea una viejita que vive en la calle y me olvide de cómo me llamo ella todavía va a estar muerta, todavía va a estar muerta, esta mierda
             se

                   acabó

                            y tengo que resistir sola

**

No hay una sola droga en la tierra que pueda hacer que la vida tenga sentido.


[Editorial Losada. Traducción de Rafael Spregelburd]

Sin City: A Dame to Kill For: 2 carteles más



Próximamente: La marca del editor


De Roberto Calasso. En Anagrama.

Calvary: 2 carteles



Trailer de Laggies


Ibro

El gitano Ibro se ganaba la vida vendiendo papeles viejos y botellas vacías. Poseía una desvencijada carretilla y varias generaciones de habitantes de Modriča lo habían oído, por la mañana, soltar su famoso: "¡Transportes de todo tipo! ¡Cargamos a muertos y vivos!". Vivía en una extraña choza, en una calle cercana al Centro de Salud. Tenía una mujer sordomuda y un hijo retrasado de unos quince años. El 17 de mayo, cuando el ejército serbio entró definitivamente en Modriča, el gitano Ibro se negó a huir, pese a ser musulmán. No mostraron piedad alguna con él. Los soldados serbios le cortaron el cuello, como a su mujer y a su hijo y, como en "tiempos de los turcos", plantaron las cabezas sobre las estacas de la empalizada que rodeaba la casa. Según nos contaron los testigos, en el patio había, sobre la mesa, una botella de raki y café recién hecho. Para dar la bienvenida a los militares, si venían.
Modriča, Bosnia-Herzegovina, junio de 1992


Velibor Čolić, Los bosnios

Horns: 2º cartel


Trailer de Last Weekend




The Equalizer: nuevo cartel


martes, julio 15, 2014

Rituales cotidianos, de Mason Currey


Mason Currey admite en el prólogo de este libro (que creció y se desarrolló a raíz de un blog del autor) que está escribiendo sobre detalles triviales de la vida de muchas personas. Pero eso no le resta interés, e incluso profundidad, ya que si escarbamos en el conjunto de las rutinas de los artistas que consigna Currey hallaremos una verdad absoluta: la vida es así, consistente en pequeños pasos y en repeticiones que van configurando una identidad y una obra. Cualquiera que lleve años madrugando para escribir (o para pintar o para componer) y ajustándose a un horario para trabajar, un horario sin jefes ni subordinados, como es mi caso, tendrá que leer este libro. Puede que hace una década no me hubiera interesado, pues entonces me importaban las obras pero no las vidas de los autores, pero hoy es distinto: cada vez me interesan más las rutinas de los artistas, sus vicisitudes y sus predilecciones, sus días malos y sus noches de insomnio… por eso cada año compro más biografías de cineastas y de escritores y de algún actor.

Uno de los grandes atractivos del libro es que reúne un montón de citas, referencias, extractos de cartas y fragmentos de entrevistas. A cada artista (porque, aunque predominan los escritores, hay lugar para directores de cine, músicos o científicos) le dedica una breve entrada que antaño funcionó como post. De ese modo saciamos nuestra curiosidad sobre si tal o cual poeta escribían por la noche o si madrugaban para ponerse ante el papel, sobre las manías y las costumbres de unos y otros, sobre cómo afrontan la creación y si optan por las musas o por el trabajo duro.

Ahí van unos cuantos nombres que aparecen en el índice: Thomas Wolfe, Ingmar Bergman, Gustave Flaubert, Ann Beattie, Tom Stoppard, Samuel Johnson, James Joyce, Samuel Beckett, Sylvia Plath, John Cheever, David Lynch, James Dickey, Franz Schubert, Charles Dickens, Edward Abbey, Knut Hamsun, Carson McCullers, Jean Stafford, Alice Munro, Jerzy Kosinski, Stephen King, Marilynne Robinson, Jonathan Franzen o Bernard Malamud. Ciento sesenta y pico (no los he contado: me fío de lo que pone en la contracubierta). Copio algunas citas de cuatro de los autores de los que Currey habla:

W. H. Auden: 

La rutina, en un hombre inteligente, es signo de ambición.

Un estoico moderno sabe que el camino más seguro para disciplinar la pasión pasa por disciplinar el tiempo: decide lo que quieres o debes hacer durante el día, hazlo siempre exactamente a la misma hora cada día, y la pasión no te dará ningún problema.

**

Philip Roth:

Escribir no es un trabajo duro, es una pesadilla.

Extraer carbón es un trabajo duro. Esto es una pesadilla […]. Hay una tremenda incertidumbre que es inherente a esta profesión, un nivel constante de duda que te sostiene de algún modo. Un buen médico no está en conflicto con su trabajo; un buen escritor entabla una batalla con su obra. En la mayoría de las profesiones hay un comienzo, un medio y un final. Con la escritura, siempre se está volviendo a comenzar. Dado nuestro temperamento, necesitamos esa novedad. Hay mucho de repetición en este trabajo. De hecho, una habilidad que todo escritor necesita es la capacidad de permanecer inmóvil en esta ocupación profundamente desprovista de acontecimientos.

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William Gass:

‘¿Cómo comienza su día?’. ‘Oh, salgo un par de horas a tirar fotos’, dijo. ‘¿Qué es lo que fotografía?’. ‘Las partes oxidadas, abandonadas, olvidadas, oprimidas de la ciudad. Inmundicia y deterioro, sobre todo,’ dijo él en un tono ligero, como quitándole importancia con un gesto de la mano. ‘¿Usted hace eso todos los días, fotografiar cosas inmundas y deterioradas?’. ‘Casi todos los días’. ‘¿Y luego escribe?’. ‘Sí’. ‘¿Y eso no le parece inusual?’. ‘A mí no me lo parece’.

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David Foster Wallace:

Las cosas o van bien o no van bien […]. Ahora estoy trabajando en algo y no acabo de lograr que salga. Naufrago y naufrago. Y cuando estoy naufragando no quiero trabajar, de modo que me invento un draconiano: ‘Muy bien, esta mañana trabajaré desde las siete y treinta hasta las ocho y cuarenta y cinco con un descanso de cinco minutos’… toda esa basura barroca. Y después de diez o doce o, en fin, en algunos libros, hasta cincuenta intentos, de pronto aquello simplemente comienza a fluir. Y una vez que empieza no requiere esfuerzo alguno. Y de hecho la disciplina que hace falta entonces es la de estar dispuesto a dejarlo y de recordar que ‘Oh, tengo una relación que cuidar, tengo que hacer las compras o pagar estas cuentas’ y esas cosas. De modo que no tengo absolutamente ninguna rutina, porque las veces que intento crearme una rutina son las veces en que la escritura me parece fútil y autoflagelante.


[Turner Ediciones. Traducción de José Adrián Vitier]

Trailer de 20,000 Days on Earth


Nadine Gordimer (1923 - 2014)


Cartel de Libertador