viernes, septiembre 14, 2018

Demian Ortiz: Perdidos. Un lugar para encontrar [90 Disparos Fotográficos a la Literatura Española]



Ya a la venta. 
Editorial Olifante: aquí. También en la web de Harpo Libros.



Operation Finale: nuevo cartel


Los hombres me explican cosas, de Rebecca Solnit


Los hombres me explican cosas, a mí y a otras mujeres, independientemente de que sepan o no de qué están hablando. Algunos hombres.
Todas las mujeres saben de qué les estoy hablando. Es la arrogancia lo que lo hace difícil, en ocasiones, para cualquier mujer en cualquier campo; es la que mantiene a las mujeres alejadas de expresar lo que piensan y de ser escuchadas cuando se atreven a hacerlo; la que sumerge en el silencio a las mujeres jóvenes indicándoles, de la misma manera que lo hace el acoso callejero, que este no es su mundo. Es la que nos educa en la inseguridad y en la autolimitación de la misma manera que ejercita el infundado exceso de confianza de los hombres.

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No existe razón alguna que sea buena (y sí muchas malas) por las que las universidades empleen más tiempo en decirle a las mujeres qué han de hacer para sobrevivir a los depredadores que en decirle a la otra mitad de sus estudiantes que no sean predadores.

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Caminar por la calle puede ser una forma de compromiso social, incluso de acción política cuando caminamos de común acuerdo, como hacemos en las revueltas, en las manifestaciones y las revoluciones, pero también puede ser un camino que induzcan al ensueño, a la subjetividad y a la imaginación, una especie de dueto entre el empujar e interrumpir del mundo exterior y el flujo de imágenes y deseos (y temores) de nuestro interior. A veces, pensar es una actividad exterior y física.

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La peor de las críticas es aquella que busca tener la última palabra y dejarnos al resto en silencio; la mejor es la que abre un intercambio inacabable.

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Las mujeres tienen miedo todo el rato de ser violadas y asesinadas, y puede que sea más importante hablar de esto que el proteger las zonas de confort de los hombres. O dicho de otra manera, en palabras de alguien que en la red se presenta como Jenny Chiu: "Seguro que #NoTodosLosHombres son misóginos y violadores. Pero ese no es el punto a tratar. Pero sí que lo es el que #TodasLasMujeres viven con miedo a los que sí que lo son".

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Como señala Astra Taylor en su nuevo libro The People's Platform, el discurso de la libertad de opinión es utilizado para proteger el discurso del odio, es en sí mismo un intento de privar a otros de su libertad de habla, para atemorizarlos en silencio.

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El lenguaje es poder. Cuando transformas la "tortura" en "técnicas de interrogatorio mejoradas", o a los niños asesinados en "daños colaterales", rompes el poder del lenguaje de verbalizar significados, de hacernos ver, sentir y preocuparnos. Pero funciona en ambos sentidos. Puedes utilizar la fuerza de las palabras para enterrar los significados o para excavarlos.


[Capitán Swing. Traducción de Paula Martín] 

Todo el mundo nace, pero nadie recuerda cómo...

Todo el mundo nace, pero nadie recuerda cómo. La muerte sobreviene como el nacimiento, pero tampoco sabemos de qué modo. Nuestra experiencia última, al igual que la primera, es conjetural. Nos movemos entre dos oscuridades. […] Consideremos, pues, que las personas empiezan la vida con una experiencia que olvidan y la terminan con otra que imaginan pero no pueden comprender. Estas son las criaturas que el novelista se propone presentar como personajes de sus libros; éstas u otras parecidas que sean plausibles. Al novelista se le permite recordar y comprender todo, si le conviene. Conoce toda la vida oculta. ¿En qué momento después de su nacimiento tomará a los personajes? ¿Hasta qué punto los seguirá antes de la tumba? ¿Qué dirá o hará sentir respecto a estas dos extrañas experiencias?

E. M. Forster, Aspectos de la novela

Cartel de Hal


Guido Ceronetti (1927 - 2018)


Ser poeta es tener una moneda...

Ser poeta es tener una moneda
que puede ser luz o ser paloma
entre los dedos. Ser poeta es dejarla olvidada
o que siga libre su camino, su tintineo,
su vuelo, su destino. Ser poeta no tiene reglas,
ni horarios, ni prefijos. Ser poeta es uno de los destinos
que puede serle dado al hombre en este mundo.
Ha de ser fiel a él, y así nombrarlo y registrarlo.
Ha de dejarse mecer como viento por la vida
y llevar las palabras adonde ella le dirija.
Ser poeta es tener el alma repleta de noche,
por ella habitada y partida, y con su oscura luz
atravesarla y traspasaryla, para darle nombre.
Ser poeta es una pura forma de ser hombre.

Santiago Montobbio,
La poesía es un fondo de agua marina

Cartel de Captive State


miércoles, septiembre 12, 2018

Una vida en palabras. Conversaciones con I. B. Siegumfeldt, de Paul Auster



Tenemos aquí 400 aprovechables páginas de conversaciones entre I. B. Siegumfeldt y Paul Auster, dedicando cada capítulo a un libro. En la primera parte, los escritos autobiográficos; en la segunda, las novelas. De esta manera, la experta y entrevistadora saca todo el jugo posible al autor porque ha analizado y estudiado cada libro en profundidad. A mí estas conversaciones me han dado una dimensión que conocía poco de Auster: el escritor proporciona muchas de las claves de sus libros, señala aquellos escasos pasajes autobiográficos que va introduciendo en sus ficciones, cuenta anécdotas reveladoras, reflexiona sobre la escritura… Lo cierto es que yo leí muchos de sus primeros libros, pero sólo uno de los últimos (Diario de invierno) y, gracias  a estas entrevistas, me apetece leer algunas de las obras que tengo en casa pero que aún no he abierto. Copio algunas de las reflexiones de Auster:

PAUL AUSTER: […] Creo que, en torno a los cinco o seis años de edad, llega un momento en que a uno se le ocurre una idea y es capaz, simultáneamente, de decirse a sí mismo que es a él a quien se le está ocurriendo esa idea. Ese desdoblamiento sucede cuando empezamos a reflexionar sobre nuestro propio pensamiento. Una vez que se es capaz de eso, es posible contarse a sí mismo la propia historia. Todos mantenemos una ininterrumpida narración en nuestro interior sobre quiénes somos, y la seguimos desarrollando todos los días de nuestra vida.

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P. A.: Es un libro sobre un hombre solo en una habitación, concretamente yo mismo. Lo que ocurre cuando uno está solo es que se da cuenta de que está habitado por otros. Otros te habitan y existes como individuo únicamente por tu relación con los demás. No me refiero exclusivamente a la familia y los amigos. También me refiero a las personas cuyas obras has leído. Forman parte de quién eres. En determinado momento, comprendí que ese libro sobre la soledad tenía que ser, en cierto sentido, una obra colectiva. Por eso cito tan libremente a otros autores, porque forman parte de las conversaciones internas que se desarrollan en el personaje autobiográfico de A. hablo con ellos, y ellos hablan conmigo.

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P. A.: […] De lo que hablamos aquí es de la ambigüedad. Supongo que lo que trato de decir es que a veces la vida parece como si fuera una novela, "una extensión de lo imaginario". Las coincidencias suceden de forma tan imprevista, parecen gritarnos tan fuerte delante de nuestras narices, que pensamos que deben tener su sentido. Las cosas ocurren de maneras tan extrañas que queremos atribuirles algún significado metafísico. Bueno, pues por más tentado que esté de creérmelo, lo que estoy diciendo en ese párrafo es que no me lo creo. Es muy extraño que la realidad se parezca a la ficción, pero no pueden interpretarse ambas cosas del mismo modo. Caería uno en la locura si empezara a interpretar la realidad como si fuera una novela. Más adelante, cuando seguí reflexionando sobre este asunto, llegué a denominarlos "la mecánica de la realidad". El azar creará pautas. Y parecerá que esas pautas poseen significado, pero son arbitrarias.

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P. A.: […] Comoquiera que sea, tenemos que dar cabida a las cosas que no entendemos. Tenemos que vivir con los puntos oscuros. No hablo de la aceptación pasiva, quietista, de las cosas, sino más bien de la comprensión de que hay cosas que no vamos a saber.

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P. A.: […] Todos tenemos que poner orden en el caos de nuestra vida cotidiana, todos tenemos que hallar un medio que nos evite caer en la locura.

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P. A.: […] Lo que tiene prioridad sobre cualquier otra cosa debe ser aquello que tratas de pintar o el objeto que intentas describir. El material que quieres captar en el lienzo o en el papel de escribir. La forma se encontrará por sí sola. Si hay belleza, no será porque te has esforzado en crear algo bello. Sino porque has procurado penetrar en lo que estás haciendo. Lo que implicaría que el proceso es más importante que el resultado, y, sin embargo, como artista tienen que interesarte los resultados. Así que escribes con las tripas, escribes con el inconsciente, pero al mismo tiempo no es pura ferocidad. No todo es impulso. Hacerlo bien conlleva mucha cantidad de arte y oficio. Por eso es por lo que los escritores pasan tanto tiempo puliendo frases y párrafos. En esencia, escribir es volver a escribir.

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P. A.: Me fascina la porosidad entre lo inventado y lo real; la intersección entre diversas esferas imaginarias.


[Seix Barral. Traducción de Benito Gómez Ibáñez] 

Cartel de Beautiful Darkness


Banner de Happy New Year, Colin Burstead


Cartel de Aquarela


lunes, septiembre 10, 2018

Próximamente: La caja de botones de Gwendy



De Stephen King & Richard Chizmar. En Suma de Letras.

Hombre lento, de J. M. Coetzee



El impacto le alcanza por la derecha, brusco y sorprendente y doloroso, como una descarga eléctrica, y le hace salir disparado de la bicicleta. "¡Tranquilo!", se dice a sí mismo mientras vuela por los aires (¡vuela por los aires sin ninguna dificultad!) y, en efecto, nota que los miembros se le relajan obedientemente. "Como un gato –se dice a sí mismo–: rueda por el suelo y luego ponte de pie de un salto, listo para lo que pase a continuación". La palabra "raudo", poco habitual, también asoma en el horizonte.
[…]
Se queda tendido en el suelo, en paz. Hace una mañana espléndida. La caricia del sol es agradable. Hay cosas peores que relajarse por completo y esperar a recuperar las energías. De hecho, puede que haya cosas peores que echarse un sueñecito. Cierra los ojos. El mundo se inclina bajo él y da vueltas. Pierde el conocimiento.

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Volviendo a la pierna, la pierna que recibió el golpe, al final él (el doctor Hansen) y sus colegas no han podido salvar la rodilla. Tuvieron una discusión exhaustiva y la decisión fue unánime. El impacto –más tarde le enseñará las radiografías– fue directo a la rodilla y hubo un componente añadido de rotación, así que la articulación quedó al mismo tiempo hecha pedazos y retorcida. En una persona más joven tal vez habrían intentado una reconstrucción, pero una reconstrucción de las características requeridas implicaría toda una serie de operaciones, una detrás de otra, durante más de un año, tal vez dos años, con una probabilidad de éxito de menos del cincuenta por ciento, así que, dadas las circunstancias y teniendo en cuenta su edad, se consideró mejor cortar la pierna por encima de la rodilla, dejando un buen trozo de hueso para una prótesis.  

**

[…] »Pero tal vez lo estoy malinterpretando por completo. Tal vez lo que usted anda buscando no es un amor correspondido. O tal vez su búsqueda de amor encubre una búsqueda de algo muy distinto. ¿Cuánto amor necesita alguien como usted después de todo, Paul, hablando objetivamente? ¿O alguien como yo? Nada. Nada de amor. Los viejos como nosotros no necesitamos amor. Lo que necesitamos es que nos cuiden: que alguien nos coja la mano de tanto en tanto cuando empezamos a temblar, que nos preparen una taza de té y nos ayuden a bajar las escaleras. Que alguien nos cierre los ojos cuando llegue el momento. Los cuidados no son amor. Los cuidados son un servicio que cualquier enfermera que se gane el sueldo puede proporcionar, siempre y cuando no le pidamos más.

**

-Hubo una vez en que todo esto fue nuevo –dice, haciendo exactamente el mismo gesto con la mano que ha hecho antes Drago–. Todo lo que hay en el mundo fue nuevo alguna vez. Hasta yo fui nuevo. En el momento de nacer, yo era lo último y lo más nuevo que había sobre la Tierra. Luego el tiempo empezó a hacer mella en mí. Igual que hará mella en ti. El tiempo te consumirá, Drago. Un día estarás sentado en tu bonita casa nueva con tu guapa nueva esposa y tu hijo se volverá hacia vosotros y os dirá: "¿Por qué sois tan anticuados?". Cuando llegue ese día, espero que recuerdes esta conversación.


[DeBolsillo. Traducción de Javier Calvo] 

The Ballad of Buster Scruggs: primer cartel


Trailer de At Eternity's Gate



En Aleteia: Alpha






The House with a Clock in its Walls: 2 carteles



viernes, septiembre 07, 2018

Burt Reynolds (1936 - 2018)


Un pedigrí, de Patrick Modiano


A veces me basta con leer un párrafo aislado de un libro, o una simple frase, para ir corriendo a una librería a buscarlo. Me ha sucedido con este breve libro de Patrick Modiano, escritor al que, ignoro la razón, me daba pereza leer (puede que sea porque tiene obra abundante y nunca he sabido por dónde empezar): leí el siguiente párrafo en las redes sociales de la editorial Dirty Works, e imagino que lo pondría Javier Lucini:

[Queneau] Me había hablado de un western en el que salía una pelea sin cuartel entre unos indios y unos vascos. La presencia de los vascos lo intrigó mucho y le hizo mucha gracia. Acabé por descubrir de qué película se trataba: El desfiladero de la muerte. La sinopsis lo dice claramente: indios contra vascos. Me gustaría ver esa película, en recuerdo de Queneau, en un cine que hubieran olvidado derribar, en lo más recóndito de un barrio perdido. La risa de Queneau. Mitad géiser y mitad carraca. Pero no se me dan bien las metáforas. Era, sencillamente, la risa de Queneau.

Y es que ahí se condensaban la mayoría de mis intereses: el cine, la literatura, la memoria, cierto toque poético nacido de la fantasía y de la imaginación (la frase Me gustaría ver esa película, en recuerdo de Queneau, en un cine que hubieran olvidado derribar, en lo más recóndito de un barrio perdido). Modiano me ganó con este parrafito, me hizo de los suyos, o al menos eso espero. Un pedigrí es un censo frío, casi notarial, y muy documentado, de los padres del autor y de los primeros 20 años de vida del propio Modiano: un tiempo en el que era un chiquillo no muy querido por sus padres (de ahí esa frialdad en la escritura), en el que los famosos se cruzaban en sus vidas, en que los rostros iban y venían y el azar desplegaba situaciones insólitas y encuentros inesperados. Son poco más de 120 páginas y, como escribió Miguel Sánchez-Ostiz, encierra las claves de la obra modianesca. Un par de extractos:

Escribo estas páginas como se levanta acta o como se redacta un currículum vitae, a título documental y, seguramente, para liquidar de una vez una vida que no era la mía. Sólo es una simple y fina capa de hechos y gestos. No tengo nada que confesar ni nada que dilucidar y no siento afición alguna por la introspección ni por los exámenes de conciencia. Antes bien, cuanto más oscuras y misteriosas seguían siendo las cosas, más me interesaban. E intentaba incluso hallarle un misterio a aquello que no tenía ninguno.

**

Y van sucediéndose acontecimientos mínimos que le resbalan a uno sin dejarle demasiadas huellas. Uno tiene la impresión de que todavía no puede vivir su vida de verdad y de que es un pasajero clandestino. Me vuelve el recuerdo de algunos retazos de esa vida de contrabando.


[Anagrama. Traducción de María Teresa Gallego Urrutia]

Cartel de At Eternity's Gate


Banner de Rosie


La continua derrota de los días...

La continua derrota de los días
se dibuja en mi frente y pesa
sobre mi corazón hundido. Todo son espinas.
Y eso que procuro vivir como quien
en todo momento volviera de un alba limpia,
esparcir aire entre lo oscuro, respirar
debajo del mundo como un niño,
guardar aún entre mis pasos algún calor,
recuerdo o pan antiguo y vivo
que la infancia o el vivir más dulce
recordara. Pero no lo consigo. Me pierdo,
me hundo, me disgrego. Todo son espinas
y este lodo que sepulta
los posibles sentidos de los días,
la continua derrota, la sombra hosca,
la fiera agazapada que nos asalta en cualquier calle
mientras la vida que pudiera ser y no se logra
dice su adiós último. Nada se cumple
o, según se mire, todo se ha cumplido. No sé
por qué lo escribo. Acabo de escribir otro poema
diciendo lo mismo. Borges esperaba que se le permitiera
plagiarse a sí mismo. Pero no se trata de esto
sino que poco hay que decir o es todo
siempre sobre las sombras de igual modo
repetido. Adiós, sombra y olvido. Pero
es verdad: no sé por qué lo digo.
Al decirlo o al callarme
de igual modo me despido.

Santiago Montobbio, Los soles por las noches esparcidos

Halloween (2018): 2 carteles



martes, septiembre 04, 2018

Próximamente: C



De Tom McCarthy. En Pálido Fuego.

The Favourite: 2 carteles



El periodista y el asesino, de Janet Malcolm


La catástrofe que sufre el individuo entrevistado no es simplemente una cuestión de poco halagadora semejanza o falsa interpretación de sus ideas; lo que le duele, lo que lo encona y a veces lo empuja a extremos de venganza es el engaño de que ha sido objeto. Al leer el artículo o el libro en cuestión, ese individuo debe afrontar el hecho de que el periodista –que parecía tan cordial y simpático, tan agudo para comprenderlo, tan notablemente coincidente con su visión de las cosas– nunca tuvo la menor intención de colaborar con él sino que en todo momento se proponía escribir su propio artículo. La disparidad entre lo que parece ser la intención de una entrevista mientras ésta se desarrolla y lo que realmente resulta de ella es siempre un choque para el sujeto entrevistado.

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La tesis del libro, que queda sepultada por episodios como el que acabamos de citar, es la de que existe una clase de malhechor llamado psicópata, que de ninguna manera parece anormal o diferente de las otras personas pero que en realidad padece "un grave trastorno psiquiátrico", cuyo síntoma principal es la apariencia misma de normalidad con la cual se disimula el horror de su desarreglo. En efecto, detrás de "la máscara de cordura" no existe un ser humano real, sino que se trata tan sólo  de un simulacro de ser humano.  

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Lo que da al periodismo su autenticidad y su vitalidad es la tensión que hay entre la ciega entrega de la persona entrevistada y el escepticismo del periodista.

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¿Por qué el autor de un género goza de más privilegios que el autor de otro género?
La respuesta es: porque el autor de ficción está autorizado a gozar de mayores privilegios. Él es el dueño de su propia casa y puede hacer en ella lo que se le antoje; hasta puede derribarla si se siente inclinado a ello (como se sintió inclinado Roth en Las vidas de Zuckerman). Pero el autor de obras no ficticias es sólo un inquilino que debe atenerse a las condiciones de su contrato de arrendamiento, el cual estipula que debe dejar la casa –cuyo nombre es La Realidad– tal como la encontró.

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Toda obra de ficción se sustenta en la vida, así como toda obra no ficticia se sustenta en el arte.


[Gedisa Editorial. Traducción de Alfredo Báez]

Suspiria: otros 2 carteles



Cartel de Garry Winogrand: All Things are Photographable


viernes, agosto 31, 2018

Drugstore Cowboy, de James Fogle



No hay ningún cinéfilo al que no le suene (o que no haya visto alguna vez) la película de Gus Van Sant protagonizada por Matt Dillon y Kelly Lynch y en la que intervenía William S. Burroughs en un breve papel: Drugstore Cowboy. Lo que quizá no tantos recuerden es que estaba basada en una novela de culto de James Fogle cuya traducción llevábamos años esperando. Y por fin está aquí, gracias a Sajalín Editores: la única novela que James Fogle logró publicar. Fogle fue un delincuente en toda regla: ladrón, adicto a las drogas, atracador de farmacias, con temporadas en reformatorios y más tarde en prisiones… Es evidente que, aunque esté narrada en tercera persona y el protagonista se llame Bob Hughes, se trata de un álter ego; y probablemente introdujera bastantes dosis de ficción, pero esto es lo de menos: lo importante es que estamos ante un libro áspero e impactante, escrito por alguien que, sin ser un literato, tiene la destreza justa de los autores norteamericanos que logran proezas narrativas contándote anécdotas sencillas, como el momento en que un tipo entra en una cafetería de noche para tomar algo o las conversaciones entre un grupo de drogadictos.

Con 35 años, Bob da palos en las farmacias para asegurarse la dosis diaria. Le acompañan su chica, Diane, y otra pareja más joven, la que forman Rick y Nadine como aprendices y cómplices de los dos primeros. La vida de Bob y sus compinches consiste en el día a día, e incluso él tiene su propio código de honor y de conducta: hay cosas que jamás haría y traiciones que nunca querría cometer. Pero cuando dos agentes de policía le pisan los talones para tratar de pillarlo con las manos en la masa, Bob intuye que las cosas empezarán a ponerse difíciles, hasta el punto de intentar desintoxicarse.

La traducción del libro, además, viene a cargo de Juan Carlos Postigo, del que ya he leído algunas otras traducciones y que le aporta al texto en español esa fluidez característica de la narrativa norteamericana del siglo XX. Os lo pasaréis en grande con esta novela, está en esa línea de Candy o Fat City en la que los perdedores acaban por tocarnos el corazón: una historia sin concesiones repleta de detalles de autenticidad. Aquí van el inicio y un fragmento posterior: 

Bob estaba echado en el asiento trasero del coche pensando en las distintas maneras de robar farmacias. Las había probado todas, con los establecimientos abiertos o cerrados; eso daba igual, lo importante era la técnica. Muchos de los trabajitos de Bob eran pura inspiración. Aquello no se leía en ninguna novela negra ni se veía en las series de policías que ponían en televisión. No, era demasiado bueno para eso, demasiado personal. Bob pensaba que reunía las cualidades necesarias para escribir un libro, si es que un día lograba estar sentado en un mismo lugar el tiempo suficiente para hacerlo. Se titularía Guía de farmacias para drogatas o algo por el estilo. Y en ella, el lector curioso encontraría delirios de grandeza, perlas de creatividad, arte, y sí, incluso poesía como Dios manda.

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A Bob no le preocupaban los problemas del mundo exterior. De hecho, nunca leía el periódico ni escuchaba la radio, ni en modo alguno se interesaba por lo que ocurría al otro lado de los muros de la cárcel. La prisión era todo su mundo, y lo único que le interesaba eran sus problemas, sus escándalos y su tráfico de narcóticos.
Durante los primeros encarcelamientos de Bob no se ofrecían programas de rehabilitación. Se consideraba que un drogadicto estaba perdido y que no valía la pena perder tiempo con él. Todo el mundo sabía que los yonquis no se recuperaban, y que todos y cada uno de ellos serían capaces de arrancarle el corazón a su madre por un pico más.


[Sajalín Editores. Traducción de Juan Carlos Postigo]

The Sisters Brothers: nuevo cartel


Crowdfunding Liberoamericanas: 100 poetas contemporáneas


Antología de jóvenes poetas contemporáneas de América Latina, Portugal y España. 
Más datos: aquí y aquí.

White Boy Rick: 2 carteles



Próximamente: Dar la cara


De Larry Brown. En Dirty Works.

Cartel de The Front Runner


First Man: nuevo cartel


Neil Simon (1927 - 2018)


Roma: primer cartel


Lindsay Kemp (1938 - 2018)


Cartel de A Private War


Vicente Verdú (1942 - 2018)


The Mountain: primer cartel


Stefán Karl Stefánsson (1975 - 2018)


martes, agosto 28, 2018

Relatos de Kolimá. Volumen VI. Ensayos sobre el mundo del hampa, de Varlam Shalámov


A finales de 2017 salió, por fin, la traducción del sexto y último volumen de los Relatos de Kolimá. En Editorial Minúscula empezaron a editar estos textos, tal y como Varlam Shalámov los había concebido (antes de ello Mondadori publicó una selección de textos, pero nunca encontré ejemplares), en 2007, lo que arroja un total de 10 años de esfuerzo editorial, de apuesta de riesgo y de lucha heroica de su traductor, Ricardo San Vicente, quien incluye aquí un posfacio que supone un broche perfecto para quienes hemos ido comprando y leyendo estos volúmenes.

En este último tomo ya indica el subtítulo lo que el autor se propuso: en vez de relatar sus padecimientos y los del prójimo en los campos de trabajo de Kolimá, escribe 8 ensayos que giran en torno a los criminales en general y a los ladrones en particular, criticando de paso el modo romántico en que a veces nos los ha pintado la literatura: para Shalámov eran personas sin escrúpulos, sin moral, muy duchas en engaños, perversiones y maldades. La ventaja con la que cuenta el escritor de este volumen es que no se trata de alguien que sólo mantiene una opinión, sino que aporta ejemplos porque él se pasó años rodeado de víctimas, pero también de cabrones y sabandijas. Por eso sus ejemplos resultan iluminadores. Poco más tengo que aportar: si habéis llegado hasta aquí es porque ya conocéis los anteriores volúmenes y sólo queda insistir en que los leáis si no lo habéis hecho. Aquí va un extracto:

¿Cuál es el catecismo del ladrón? El ladrón es miembro del mundo criminal –esta es la definición: el mundo del crimen pertenece a los propios ladrones– y debe robar, engañar a los "fraier", beber, divertirse, jugar a las cartas, no trabajar y participar en las "pravilkas", es decir, en los "juicios de honor". La cárcel, si bien no es para el ladrón su casa natal, es decir, un lugar acogedor, sí es el sitio donde se ve obligado a pasar la mayor parte de su vida. Y de aquí se deriva una conclusión importante: que en la cárcel los ladrones han de disfrutar –gracias a la fuerza, la astucia, la desvergüenza o el engaño– de unos derechos no oficiales pero importantes, como son el derecho a repartirse los paquetes o los bienes ajenos, a ocupar los mejores lugares, la mejor comida, etc. Si en la celda hay unos cuantos ladrones, esto se consigue prácticamente siempre. Son justamente ellos los que se hacen con todo lo que se puede adquirir en la cárcel. Estas "tradiciones" permiten al ladrón vivir mejor que los demás en la cárcel y en el campo de trabajo.   


[Editorial Minúscula. Traducción de Ricardo San Vicente]

Cartel de Widows


Suspiria: 5 carteles