viernes, mayo 22, 2015

En Playtime: Gil Scott-Heron


El buitre: aquí.

Cartel de Durant's Never Closes


Cartel de I Dream Too Much


Batkid Begins: 2 carteles



jueves, mayo 21, 2015

El buitre, de Gil Scott-Heron


Antes de mi reseña en Playtime, aquí van unos fragmentos de esta novela (que cuenta con un prólogo de nuestro compañero Daniel Bernabé):

En nuestra zona, el distrito de Chelsea, tenemos fama de hacer fiestas salvajes. Cuando tenía quince o dieciséis, había una banda por cada manzana, y una chavala por cada pandillero. Las peleas entre bandas eran corrientes y sangrientas, pero pocas veces mortales. Era una oportunidad perfecta de salir por ahí y pelearse a cadenazos sin arriesgarse demasiado a ser el protagonista de un funeral el domingo. Pero resultó ser una moda pasajera. A medida que los miembros de las bandas fueron creciendo, el territorio y las mujeres se fueron convirtiendo cada vez más en una seña de identidad y orgullo. Era algo a lo que poder aferrarse.

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Era una ley no escrita. Cuando un hombre le pone precio a la cabeza de otro, se la está buscando con toda una comunidad, esos van a ser en adelante sus enemigos. A mí me habían pillado poniéndole precio a la cabeza de Isidro, y ahora estaba probando de mi propia medicina. Había cazarrecompensas buscándome. La recompensa era el aplauso de la comunidad latina. El principal elemento a mi favor era la falta de pruebas.

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-Un disturbio es la dramatización violenta de la desesperación que vive el pueblo negro en los Estados Unidos –dije yo–. Llega un momento en el que no se puede aguantar más. Después de llevarse tantos palos en sentido literal y figurado, llega un momento en que a uno no le importa lo que le pueda pasar. Pensad en un grupo de hermanos parados en una esquina. Delante de la tienda del hombre blanco. Llevándose las manos a los bolsillos vacíos. Antes de que te des cuenta, están cogiendo lo que quieren ellos solos.
-Lo que suele pasar es que todo el mundo va ciego –dijo un hermano– y se ponen a reventarlo todo.
-La embriaguez es la ruina de la razón. Es una vejez prematura. Una muerte temporal –citó I. Q.
-No es necesariamente porque la gente esté borracha –dije–. Para mí el ingrediente principal no es el alcohol, sino la frustración. Si combinas la frustración con la oportunidad, tienes una situación emocional explosiva. Los negros están hartos de que los expriman y se aprovechen de ellos. También de que los infravaloren. Lo único que hace falta es una chispa que prenda la mecha.
-Solo los que se complacen en la esclavitud son verdaderos esclavos –volvió a citar I. Q.
-Dentro de las comunidades que explotaron el verano pasado y que pueden volver a explotar en cualquier momento hay mucha infelicidad. Lo que quizá haga el alcohol es apaciguar las cosas un tiempo. Yo no me creo que los amotinados estuvieran borrachos. Eran hombres a los que se les había negado el derecho a ser hombres, a los que llevaban tratando como salvajes trescientos años, y que de repente vieron claro que nadie podía impedirles coger lo que quisieran. Era gente que ya había visto que la ley solo funciona en beneficio del hombre blanco.

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La gente siempre está con el cuento de que se recoge de lo que se ha sembrado en forma de amigos, y los coleccionan como si fueran cupones de descuento del supermercado pensando en el día en que les llegue la hora. Sin embargo, la realidad es que no se puede confiar en los amigos como en uno mismo. En esta vida, estás completamente solo desde el momento en que te sacan del vientre de tu madre empapado y chillando. Y no estás menos solo cuando empieza a caer la tierra encima de la caja que contiene lo que una vez fuiste. Tus amigos no van a estar ahí dentro contigo. Te podrán recordar una semana o así, tu nombre podrá aparecer en la conversación de vez en cuando, tu mujer podrá vestirse de luto, pero al cabo de un tiempo todo el mundo se va a olvidar de ti, los vecinos van a dejar de cotillear para ver qué hace tu mujer y ella va a empezar a acostarse con otro. El mismo hueco que llenabas con amigos lo cubrirá la tierra y desaparecerá a medida que la hierba tapa tu lápida y tu epitafio.

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Era impresionante todo lo que se podía aprender sobre la vida que llevaba la gente y sobre la realidad cotidiana de la que trataban de escapar viéndola. La televisión era la corriente que encendía a Estados Unidos porque el país entero estaba estrangulado por la rutina, los horarios cuadriculados y el anonimato que conlleva el no ser más que una cifra y vivir como un autómata programado para existir y nada más.  


[Hoja de Lata. Traducción de Antonio Vallejo Andújar]

Cartel de Pawn Sacrifice


Próximamente: Hambre de realidad


De David Shields. En Círculo de Tiza.

Just Jim: 2º cartel


Cartel de Adam Jones


miércoles, mayo 20, 2015

La vuelta al mundo, de Juan Francisco Ferré


Del epílogo:
Este libro del autor nace de la conjunción de un deseo irrealizable y un curioso desafío.
El deseo: expresar con escasos medios la totalidad inabarcable del mundo contemporáneo.
El desafío: escribir un relato diario, al menos, durante cuarenta días (entre julio y septiembre de 1998) hasta completar, montado en una alucinante máquina de ficción, la vuelta al mundo en homenaje irónico a Julio Verne.

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La primera vez sucedió dentro de la taza del váter y no sentiste ningún reparo en tirar de la cisterna. Te divirtió entonces descubrirlo allí al fondo, anegado en repugnantes heces y alzando apenas los bracitos en demanda de socorro, la monda cabeza una canica sin facciones ni órganos, excepto tal vez un orificio diminuto por el que expelía un grito imperceptible, algo parecido al chirrido monocorde de un grillo, acallado enseguida por el brusco caudal de agua. No necesitabas preguntar de dónde venía, su procedencia era tan evidente como incoloro el tono de lo que no sabías si llamar piel o sólo envoltorio, manchada transparencia en todo caso.

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Tú sales de ninguna parte y te encaminas hacia ninguna parte, como corresponde a quien vive en un agujero tapizado de plástico y cajas de cartón y se aprovisiona de víveres y de toda clase de materiales por los alrededores de la autopista, plagada de urbanizaciones y de naves industriales y estaciones de servicio y hasta un vertedero en el escogido vecindario. Esta mañana sales como siempre en tu búsqueda inagotable de tesoros llovidos del otro mundo. Si el cielo está azul o gris, o llueve o nieva o graniza, a ti te da igual, tienes trabajo que hacer y no puedes dormirte, tus compañeros más despabilados se llevarían los preciados trofeos. Cuanto menos tienes más necesario se hace su mantenimiento.

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Cuando vives en un agujero todo se vuelve agujero para ti, todo se ahueca y vacía de sustancia, quizá el revolcarte siempre entre los residuos de los demás, viviendo de lo que otros apartan de su lado, rodeada de desechos, quizá eso te haya enseñado muchas otras cosas, pero sobre todo que la vida ofrece tantas caras como perspectivas y a ti te ha tocado conocer el punto de vista de lo ínfimo, el reverso más humillante, sin salida aparente.


[Pálido Fuego]

Cartel de Away


El desconocido: primer cartel


martes, mayo 19, 2015

Próximamente: Trabajo sucio


De Larry Brown. En Dirty Works.

Oh, Blanca Navidad…, de David Sedaris


Cuando Mondadori publicó a todos los autores de la entonces denominada The Next Generation, traté de comprar casi todas sus obras; por suerte muchas de ellas salieron en bolsillo. Aunque hubo libros que se me escaparon por falta de dinero o de oportunidad de encontrarlos por ahí, pillé a los más importantes: David Sedaris, Chuck Palahniuk, David Foster Wallace, Michael Chabon, George Saunders, Jonathan Lethem, Rick Moody… Y los voy leyendo poco a poco, cuando me acuerdo o cuando me entran ganas.

De David Sedaris (autor de relatos, no de novelas, por lo que yo sé) me encantaron los cuentos de Mi vida en rose. Sedaris tiene un don para hacer gracia, para ser liviano y divertido sin ser frívolo. Ahora que acaba de salir su nuevo libro, también en Mondadori: Cuando te envuelvan las llamas, he rescatado de mi biblioteca este volumen que contiene seis relatos.

Es un volumen irregular, no tan espléndido como Mi vida en rose. Para empezar, la edición española tiene la que probablemente sea la cubierta más horrenda de mi biblioteca. El título en castellano es ridículo: Oh, Blanca Navidad… frente al original Holidays on Ice. El primer cuento, "Crónicas de Santaland", retrata el tiempo en que el propio autor se disfrazó de elfo en uno de esos trabajos temporales de Navidad; y es bastante bueno. Los cuatro siguientes, en cambio, no me parece que estén a la misma altura (aunque no son malos, ni mucho menos). Pero el último, "Navidad significa dar", me parece una auténtica joya y es el texto que hace que el libro merezca la pena de verdad. En una de las historias cómicas de Movie 43, la protagonizada por Halle Berry y dirigida por Peter Farrelly, una pareja jugaba a "verdad o atrevimiento" en su primera cita, e iban un paso más allá en cada desafío, haciendo auténticas locuras que sólo pueden tener cabida en la ficción. Este relato es algo del mismo estilo. Pero aquí son las dos familias de ricos de un barrio quienes tratan de superarse entre ellos porque les come la envidia y siempre quieren ser más que el vecino; así, llevarán el desafío hasta alcanzar consecuencias propias de chiflados, y ya irreversibles. Si encontráis por ahí el libro, no os perdáis el primer y el último relato. 


[Debolsillo. Traducción de Toni Hill]

Les anarchistes: 6 carteles







Cartel de La tête haute


Eden: 2 carteles



lunes, mayo 18, 2015

Próximamente: Maldito desde la cuna


De William S. Burroughs Jr. En Dirty Works.

Felt: 2 carteles



Mi nueva primavera, de Kobayashi Issa


Sexta entrega de la colección "Maestros del Haiku" (hablamos de la quinta la semana pasada). Esta vez con una selección de poemas de Kobayashi Issa. No sé si he señalado en algún otro post el gran trabajo que hace el traductor de esta colección, Fernando Rodríguez-Izquierdo: además de seleccionar los haikus y traducirlos, incluye una introducción donde nos habla un poco de la vida y la obra de cada autor, y comenta cada poema, e incluso aclara el significado de algunos términos japoneses. Aquí van unos haikus del libro:

Cambio de ropa;
y, con todo, hay piojos
de mis viajes.

**

Al hacernos viejos,
nuestra sola proeza
será quemar mosquitos.

**

De estar padre aún presente,
¡qué gozada ver juntos
–al alba– prados verdes!

**

La vida urbana:
aun retirar la nieve
cuesta un dinero.

**

Flores y luna;
cuarenta y nueve años
de andar sin rumbo.


[Satori Ediciones. Traducción de Fernando Rodríguez-Izquierdo y Gavala]

American Ultra: primeros carteles



Próximamente: Para que no te pierdas en el barrio


De Patrick Modiano. En Anagrama.

Cartel de Manglehorn


Maggie: nuevos carteles





Set Fire to the Stars: 2 carteles



jueves, mayo 14, 2015

Lejos del mundanal ruido, de Thomas Hardy


Por muchos clásicos que uno haya leído, siempre queda algo pendiente por ahí (demasiado, en mi caso). Yo no había leído a Thomas Hardy, salvo algún que otro cuento suyo, creo. Me daba pereza, pese a las fascinantes películas basadas en sus obras (véanse, por ejemplo, Tess, El perdón o Jude el oscuro). Y, dado que dentro de un par de meses se estrenará el filme basado en Lejos del mundanal ruido, decidí empezar por aquí. Existe otra adaptación de los 70 que no recuerdo haber visto.

Lejos del mundanal ruido es maravillosa. La edición de Alba es exquisita: tapa dura, buena traducción, letra grande, formato enorme, cubierta de indudable gusto… y un precio muy caro. Pero merece la pena. Me he ventilado sus 580 páginas como si en la vida (literaria) no existiera otro asunto. Es uno de esos novelones a la antigua usanza, con sus toques de folletín, con sus personajes bien trazados, con sus magníficos diálogos, con sentencias para subrayar, con su estructura envidiable… Leyéndola, he sentido lo mismo que cuando devoraba, no sé, Los miserables, Grandes esperanzas o El Conde de Montecristo, por citar unas pocas. La misma grandeza, el mismo entusiasmo en el lector. Por eso es un clásico, claro, no voy a descubrir la pólvora a estas alturas...

En la novela seguimos las evoluciones de Bathsheba Everdene, una mujer fuerte, independiente, revolucionaria para su época, que se ve cercada por tres hombres en el campo, "lejos del mundanal ruido" de la ciudad: un pastor que acaba trabajando para ella, un hacendado con un lado oscuro y un joven sargento que guarda algunas sorpresas en la manga. La novela, ya lo habrán adivinado, te parte el corazón un par de veces, como suele suceder en esta clase de historias. Si adoras los clásicos, un consejo: no te la pierdas. Un par de citas de esta joya:

Se observa en el hombre enamorado una fuerza de la que carece cuando es libre; pero hay en el hombre libre una amplitud de miras que en el enamorado es inútil buscar. Semejante desviación responde necesariamente a la estrechez; y aunque el amor enriquece las emociones, también disminuye la capacidad. 

**

Era muy extraño para aquellas dos personas, que se conocían bastante bien, sentirse cohibidos e incómodos por el hecho de encontrarse en un lugar distinto y en circunstancias distintas. En el campo, o en casa de ella, nunca habían sentido vergüenza; pero ahora que Oak era el anfitrión, sus vidas parecían retroceder hasta los días en que eran dos desconocidos.


[Alba Editorial. Traducción de Catalina Martínez Muñoz]

Próximamente: Capricho de la reina


De Jean Echenoz. En Anagrama.

Trailer de The Intern


Crimson Peak: nuevo cartel


miércoles, mayo 13, 2015

Próximamente: Dogma


De Lars Iyer. En Pálido Fuego.

En la ceniza escribo, de Akutagawa Ryünosuke


Quinta entrega de la colección "Maestros del Haiku", que publica la editorial Satori con un cuidado exquisito y de cuyas anteriores entregas ya hemos ofrecido algunos de esos pequeños poemas. En esta ocasión es el turno de Akutagawa (el autor de Rashomon, no lo olvidemos), un gran observador de la naturaleza, que a juzgar por esta antología estaba obsesionado con las luces y las sombras del entorno, prestando mucha atención al alba, al crepúsculo, a la luna…:

En la ceniza escribo
un nombre de mujer,
al calor del brasero.

**

Dejando atrás
nubes y flores, dejo
–sin pena– amores. 

**

Ciruelos de Shonan
ya en flor, ¿acaso estáis
aguardando mis versos?

**

Va amaneciendo;
se oye cómo resbala
por la hiedra el rocío.


[Satori Ediciones. Traducción de Fernando Rodríguez-Izquierdo y Gavala]

Cartel de Soaked in Bleach


The Tribe: 2 carteles