viernes, mayo 06, 2016

El merodeador, de Vicente Muñoz Álvarez


En Playtime / El Plural comento la reedición de esta novela. Unos extractos:

Se oyen pasos. Arriba se oyen pasos. En el sótano, en la galería, en el desván, en toda la casa se oyen pasos: un ligero arrastrar de pies, deslizarse a lo largo de los tabiques, en las paredes, bajo la tarima y en los techos. Pasos de animales, de obsesiones, de merodeadores o insectos, pero pasos: inequívocos e irregulares pasos en el interior de la casa. No lo parecen, a veces, como un susurro o un silbido en los tabiques, algo acuoso, una corriente de aire o el agua en la tubería, quizás, porque las casas viejas, los caserones de pueblos están llenos de extraños ruidos, inmemoriales vigas que crujen, que crepitan, ratas en el sótano y en el desván, polillas, arañas e infatigables termitas.

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Tiende uno siempre a pensar lo peor cuando en las noches de insomnio escucha esos pasos, ratas, merodeadores o insectos acechando tras los tabiques, esperando no se sabe qué ni por qué… Tiende uno siempre a pensar lo peor porque el insomnio es así, dado a fantasmagorías, creador infatigable de monstruos. Ratas corriendo, quizás, o cualquier otra cosa… niños encerrados, emparedados, llorando… manos amputadas que se abren camino… Delirios nocturnos, por supuesto, divagaciones de una mente agotada, necesitada de descanso y sueño, porque a decir verdad no pueden ser más que ratones, los causantes, ratas o ratones y sus crías, probablemente cientos, que se deslizan y arrastran por esas cámaras de aire a las que no existe acceso.

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Me trasladé de la ciudad al campo huyendo del ruido, buscando la calma, para evitar el ruido, y me encuentro con que un día tras otro, no esporádicamente sino a diario, el ruido en el pueblo es más intenso y mayor… Impensable, pues, trabajar o leer o simplemente ensoñar en el patio, pero muy difícil hacerlo también en el interior de la casa, porque el ruido atraviesa ventanas, puertas y muros hasta descentrarte de lo que estuvieras haciendo…

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Es curioso cómo la cabeza o el subconsciente o el cuerpo nos ponen sobre aviso con pequeñas señales de la proximidad del desastre. Lo he pensado muchas veces y me lo he tomado muy a pecho y en serio, porque no creo que lo que me sucedió fuera sólo fruto de la casualidad o el azar. Indicios, claves, mensajes… El mío en concreto fue aquel dedo agarrotado, el corazón de la mano izquierda, con el que me levanté una mañana de enero del año 2005.


[ACVF Editorial]

Trailer de Jia Zhangke, A Guy from Fenyang


Cartel de Urge


En Playtime: Vicente Muñoz Álvarez



El merodeador: aquí.

Próximamente: Pesadilla a veinte mil pies y otros relatos espeluznantes. Cuentos fantásticos / 2


De Richard Matheson. En Ediciones Gigamesh.

No Stranger Than Love: 2 carteles



Cartel de The Wailing


jueves, mayo 05, 2016

Cubierta y contracubierta de Vinalia Trippers: Helter Skelter


Nuevo destino, de Phil Klay


Durante mucho tiempo estuve enfadado. No quería hablar sobre Irak, así que no le decía a nadie que había estado allí. Si la gente lo sabía, si insistía, contaba mentiras.
"Había el cadáver de un moro –decía–, tendido bajo el sol. Llevaba allí días. Estaba hinchado de gases. Sus ojos eran dos cuencas. Y teníamos que retirarlo de la calle".
Entonces observaba a mi público y los evaluaba, a ver si querían que siguiera. Os sorprendería saber cuántos quieren.
"Eso es lo que hacía. Recoger restos. De las fuerzas estadounidenses, mayormente, pero a veces iraquís, incluso insurgentes".
Hay dos maneras de contar la historia. La manera divertida y la triste. A los tíos les gusta la divertida, con mucho gore y una sonrisa en los labios cuando llegas al final. A las chicas les gusta la triste, con la mirada perdida a mil metros en la lejanía mientras contemplas fijamente los horrores de la guerra, que ellos no pueden ver del todo. En ambos casos es la misma historia.
[Del relato "Cuerpos"]

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-¿Por qué le llaman "el Profesor"? –le pregunté.
-Porque era profesor –respondió quitándose las gafas y frotándolas, como para enfatizar sus palabras–, antes de que llegarais y destrozaseis este país.
Empezábamos con mal pie.
-¿Sabe? –le dije–, cuando empezó todo esto yo me opuse a la guerra…
-Habéis horneado Irak como si fuera un pastel y se lo habéis dado a Irán para que se lo coma.
Se sorbió la nariz, cruzó los brazos sobre la barriga y cerró los ojos. Yo fingí que algo en un lado de la carretera había captado mi atención. La mayoría de intérpretes nunca le dirían algo así a un norteamericano. Nos quedamos en silencio un rato.
-Istalquaal –dije al fin, en un intento de sacarlo de su mutismo–, ¿significa libertad, o liberación?
Entreabrió los ojos y me miró de reojo.
-¿Istalquaal? Istiqlal significa "independencia" –respondió–. Istalquaal no significa nada. Significa que los americanos no saben árabe.
[Del relato "El dinero como sistema armamentístico"]

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-Estoy cansado de contar historias de guerra –digo, no tanto a Jenks como al bar vacío que hay detrás de él.
Estamos en una mesa de la esquina, con vistas a la entrada.
Jenks se encoge de hombros y hace una mueca. Es difícil saber qué significa. Hay tanto tejido cicatrizal y piel arrugada ahí que nunca sé si está contento o triste o cabreado o qué. No tiene pelo, ni tampoco orejas, de modo que aunque han pasado tres años desde que le dieron, sigo sintiendo que su cabeza es algo que no debería mirar fijamente. Pero cuando hablas con un hombre hay que mirarlo a los ojos, así que con Jenks obligo a mis ojos a alinearse con los suyos.
[Del relato "Historias de guerra"]     


[Random House. Traducción de Inga Pellisa]

The Family Fang: 2 carteles



Banner de The Magnificent Seven (2016)


Microbe & Gasoline: 2 carteles



martes, mayo 03, 2016

H de halcón, de Helen Macdonald


Meses atrás (en torno a septiembre u octubre, calculo) me encargaron un par de reseñas para El Cuaderno Cultural. Hice la primera y esperé (aún no ha salido publicada, y a estas alturas dudo que la saquen porque ya no es una novedad… se le ha pasado el tiempo). No hice la segunda (H de halcón), pero leí el libro a la espera de que publicasen la primera. Como veo que los meses pasan y hay retraso, he decidido colgar aquí unos fragmentos del libro, que fue una sensación en la temporada anterior de la literatura en España. Y no me sorprende: Helen Macdonald reúne tres ejes para construir su narración autobiográfica (el dolor por la pérdida de su padre, el adiestramiento y la observación de azores y halcones, la biografía de T. H. White) y los cose de manera eficaz y sutilísima, de tal manera que H de halcón se mueve entre varios géneros con firmeza (la memoria, el ensayo, etcétera).

El resultado es un libro muy ameno, un ejemplo de cómo superar la pérdida y fijarse otros objetivos para distraer la mente y adiestrar nuestros sentimientos para seguir en marcha y no rendirse. El ave en cuestión se convierte en la metáfora del afán de superación, de la necesidad de supervivencia. El ensayo que incluye pasajes autobiográficos es ahora mismo uno de mis géneros favoritos (estos días he leído otro libro de las mismas características, también publicado por la misma editorial: El viaje a Echo Spring), un tipo de narración que se está poniendo de moda. Puede que no te importen los halcones, que pases de la cetrería o no entiendas del tema, pero Helen Macdonald logra que todo esto te interese, y que conozcas un poco la vida de White, el hombre que escribió Camelot. Dice la autora: Cuando estás todo, corres. Pero no siempre huyes de algo. A veces, sin poder evitarlo, corres hacia algo. Mis motivos son distintos a los de White, pero recorrimos el mismo camino. Aquí van más extractos: 

He aquí una palabra. Duelo. O doliente. La palabra inglesa para duelo, bereavement, procede del inglés medieval bereafian, que significa "desposeer de algo, arrebatar, aprehender, robar". Robado. Arrebatado. Todo el mundo lo sufre. Pero lo sientes sola. Por mucho que lo intentes, no puedes compartir la conmoción de la pérdida.

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[T. H. White] Se pregunta si este es el libro más importante que ha escrito. No porque vaya a hacerle rico. Sino porque va a salvarlo.

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Lo que le pasa a la mente tras una pérdida no cobra sentido hasta después. Incluso mientras veía la serie comprendí a medias que Prideaux era la figura que había escogido como padre. Pero también debería haber comprendido, en aquellas carreteras norteñas, que después de perder a un padre, la mente no solo busca nuevos padres en el mundo, sino también nuevos yos con los que amarlos.

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Hay un tiempo en la vida en que esperas que el mundo esté siempre lleno de cosas nuevas. Y luego llega el día en que te das cuenta de que no será así en absoluto. Ves que la vida se convertirá en una cosa hecha de agujeros. De ausencias. De pérdidas. De cosas que estuvieron allí y ya no están. Y te das cuenta, además, de que tienes que crecer alrededor y entre los vacíos, aunque si alargas la mano hacia donde estaban las cosas sientas esa tensa, resplandeciente opacidad del espacio que ocupan los recuerdos.


[Ático de los Libros. Traducción de Joan Eloi Roca]

Cartel de The Neon Demon


Próximamente: Cartas a Hawthorne


De Herman Melville. En La Uña Rota.

The Nice Guys: 7 carteles








lunes, mayo 02, 2016

Jenny Diski (1947 - 2016)


viernes, abril 29, 2016

Su pasatiempo favorito, de William Gaddis


Varios fragmentos de esta novela, que hoy recomiendo en Playtime / El Plural (el enlace figura en otro post, un poco más abajo):

-¿Justicia? La justicia se encuentra en el otro mundo. En éste lo que hay son leyes.

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-[…] Con todas esas charlas, viajes de promoción y demás majaderías en que se ha convertido el mercado del libro hoy en día, de lo que se trata no es de comercializar la obra sino de vender al autor en ese repugnante circo de los medios de comunicación que transforma al creador en un farsante con el delirio de publicidad y todo porque no soy un jugador de béisbol con SIDA o un perro que vive en la Casa Blanca pero sí soy demasiado viejo […]

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-Lo del periódico, lo han puesto todo al revés. ¿Es que no hay leyes para estas cosas?
-Habría que demostrar dolo. No se pueden hacer leyes contra la simple estupidez ¿no? –Empezó a frotarse enérgicamente con la toalla–. Contra las tonterías.

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-¡Yo lo sé todo sobre Silo! Sé que hubo veinte mil víctimas no treinta mil, diez mil en cada bando, todos simples reclutas no un… un enemigo bárbaro, lo ha preparado una agencia que se dedica a organizar conferencias y se lleva el cinco por ciento, se las ofrece a escritores que quieren dar charlas y lecturas y…
-Menuda estupidez. Si eres escritor lo que haces es escribir, si no ya me dirás para que aprende la gente a leer. Ese no parar de charlas y lecturas y conferencias… ¿es que son analfabetos? Se leen cosas a los niños de tres años, pero si eres escritor te quedas en casa escribiendo ¿no?

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-[…] No creerás que quiero sacar nada de este asunto ¿verdad? Pero yo he tenido una oportunidad única, la de leer tu obra. ¿Te acuerdas de cómo define Conrad su tarea, hacer sentir y sobre todo hacer ver? Y añade que quizá también ofrecer una breve visión de la verdad que al lector se le ha olvidado pedir. A eso me refiero, eso es lo que ofreces en tu obra, lo que solo tú y nadie más que tú puede hacer. Seguramente no eres consciente de cuántos envidiamos las dotes que tienes, no hay mas que ver la cantidad de malos poemas y de malos cuadros que hay en el mundo, obras de personas que no saben escribir ni pintar, hay gente que escribe no porque quiera escribir sino porque quiere ser escritor, ya puede ser mercachifle millonario, fabricante de coches, da igual, pero quiere ser escritor mientras que la obra de un escritor realmente bueno está acumulando polvo, una obra como la tuya se arriesga al fracaso porque no hay nadie lo suficientemente inteligente como para comprender sus posibilidades, para ver lo mismo que tú has visto y llevarla a un escenario, que es donde debería estar.

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-[…] ¿Sabéis una cosa que nunca he entendido en esta casa, en todo el tiempo que llevamos aquí juntos? Que nunca os veo leer. O sea con todos esos libros de la biblioteca y todas esas ideas y gente de los libros de las que estáis siempre hablando resulta que lo único que se lee aquí son los periódicos y las facturas y los crucigramas y los anuncios por correo y venga a ver la televisión pero o sea libros, lo que se dice leer libros no os veo yo que…


[Sexto Piso. Traducción de Flora Casas] 

Cartel de La bruja


Próximamente: La comedia literaria


De Catherine Meurisse. En Impedimenta.

En Playtime: William Gaddis


Cartel de Two Lovers and a Bear


Cartel de The Duel


jueves, abril 28, 2016

Nervio, de Félix Almazán Molina


MALAS RACHAS

Escribe poemas para pagar los tragos,
recorre las calles hasta dar contigo,
sabe que en las noches duermes sola,
callas, te emborrachas,
y todo ello sobre el precipicio.

Ya solo acordes fúnebres te acompañan,
le comentan que gritas por las esquinas,
que te iluminan las farolas cuando vagas ciega,
que solo el vino te da compañía.

Le hablan de la eterna promesa inconclusa
convertida en la adicta venus de la melancolía;
maldita suerte rastrera,
de tragaperras en tragaperras vas por las cantinas.

Ahora los versos solo le salen tristes,
pero no sabe rendirse a la primera,
jura que las malas rachas también pasan
y sigue soñando con ver tu sonrisa,
que no tu mueca,
aliviando el luto de este torpe poema.

**

LA MÁS TRISTE DE LAS HISTORIAS

La más triste de las historias es la de un pueblo que desata los caballos para tirar, él mismo, de la carroza de sus tiranos.

**

CAZ

El rincón donde yo habito
está plagado de grietas,
me desbordo al despertar, por ellas,
todas y cada una de las mañanas.

El vino, a la tarde,
no cura pero anestesia,
por la noche te busco
para que tapes, siquiera,
o al menos disimules,
alguna de mis fugas,
pero no llegas.

Presiento que terminaré muriendo de ausencias,
frente a este tejado de siglos,
de un síndrome aún sin nombre,
de una deshidratación anómala,
de un universo sin vínculos.


[Lastura]

Trailer de Captain Fantastic


Próximamente: El solitario del desierto


De Edward Abbey. En Capitán Swing.

It's Only the End of the World: 2º cartel


Hoy, en Madrid


Trailer de Snowden


Florence Foster Jenkins: 3 carteles




miércoles, abril 27, 2016

Repudiados, de Osamu Dazai


En "Cerezas", el último relato de este libro, dice el narrador: Ya no tenía ganas de trabajar. Lo único que quería era suicidarme, por lo que acudí directamente a un bar.

No conozco muchos autores que se hayan autodestruido tanto en el papel (y en la vida real, pues además del alcoholismo y las depresiones, Osamu Dazai logró matarse tras varios intentos fallidos). En sus obras, este escritor japonés siempre se hace daño, se acusa a sí mismo, se convierte en una especie de mártir a quien su propio dedo señala los errores que comete, las faltas de su personalidad, las taras de su conducta.

De los 9 estupendos relatos que reúne Repudiados, me quedaría con estos tres, si tuviera que elegir: "Repudiados", "En memoria de Zenzō" y "Cerezas".

En el primero de esos relatos nos cuenta la historia de cómo una pareja decide suicidarse, y los preparativos acordes con la decisión: comprar barbitúricos, viajar a la región elegida…

En el segundo, el autor acepta una invitación para juntarse con varios artistas en su tierra de origen; pese a su reticencia y a su misantropía acepta acudir al evento y codearse con los artistas de su ciudad. Pero se siente incómodo, fuera de lugar, dice que incluso su familia no quiere leer sus novelas, y se siente repudiado de una manera que comprendemos perfectamente quienes, metidos en tareas relacionadas con las letras, hemos emigrado a otras ciudades y sabemos que nadie es profeta en su tierra, etcétera. Es uno de los textos donde Osamu Dazai más se ataca a sí mismo. Me pareció bastante demoledor.

En "Cerezas", el tercero de los citados, habla de su entorno doméstico, familiar, utilizando alternativamente la primera y la tercera persona del singular, estrategia con la que logra verse a sí mismo desde fuera y desde dentro.

Admiro la fluidez de Osamu Dazai para contarnos cosas, y hacerlo en un estilo sencillo, más o menos como el que utilizaría un colega que nos contara confidencias en una taberna, a media voz. Aquí van unos fragmentos; se indica debajo la procedencia:

Soy un ser desastroso que ha recibido muchísimos golpes a lo largo de su vida. Pensé que quizá todo aquello fuese una broma de mal gusto en la que fingían que me consideraban famoso. La idea de que en aquel preciso instante pudiese haber muchísima gente riéndose de mí, apuntándome con el dedo y sacándome la lengua, me causó una gran turbación- estaba convencido de que ni una sola persona de mi pueblo había leído alguna de mis obras. Y, en el caso de que alguien lo hubiese hecho, seguramente habría leído solo las partes en las que el protagonista hacía algo desastroso, riéndose de la lástima que le producía y contándoselo luego a los demás entre carcajadas, burlándose de mí y tratándome como a la vergüenza del pueblo. De hecho, la última vez que vi a mi hermano mayor, hace cuatro años, me dijo que dejase de mandarles mis novelas a casa.
[De "En memoria de Zenzō]

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Soy un imbécil que nunca sabe portarse como es debido. Y todo por culpa del ambiente de mi tierra. Siempre que logro introducirme en ella, de la manera que sea, siento como si me quedase sin fuerzas, me pongo caprichoso y pierdo el control. Incluso me sorprendo a mí mismo de lo maleducado que puedo llegar a ser. Mi capacidad para controlar la situación se derrumba y termina desapareciendo. El corazón empieza a latirme violentamente, lo cual es muy desagradable, y siento como si se me aflojasen los tornillos, hasta que llego a un punto en el que me es del todo imposible mantener una actitud recta.
[De "En memoria de Zenzō]

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Empleo todas mis fuerzas en crear un ambiente divertido y agradable, a pesar de que por dentro sienta el corazón destrozado y un terrible dolor en el cuerpo. Por eso, cada vez que me despido de la persona con la que estoy, noto como si estuviese a punto de desmayarme. Entonces es cuando comienzo a pensar en el dinero, en la moral y en suicidarme. Bueno, en realidad es algo que también me ocurre cuando escribo. Cuando más triste estoy, más me esfuerzo por crear historias divertidas. Si lo hago es porque pienso que agradarán a los demás, pero lo cierto es que no se dan cuenta y siempre terminan criticándome por ello.
[De "Cerezas"]

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La vida es algo muy complicado. Nos encadenamos a multitud de personas y obligaciones, y, cada vez que intentamos salirnos un poco de lo establecido, todo sangra.
[De "Cerezas"]


[Sajalín Editores. Traducción de Ryoko Shiba y Juan Fandiño]

Cartel de Cell


Próximamente: Inocentes y otras


De Dana Spiotta. En Turner Libros.

Cartel de The Ticket


Trailer de Last Days in the Desert


Green Room: otros 3 carteles




Cartel de Poor Boy