domingo, septiembre 15, 2019

El libro más peligroso, de Kevin Birmingham



Subtitulado James Joyce y la batalla por el Ulises, este volumen publicado por Es Pop Ediciones es uno de los trabajos actuales más interesantes y exquisitos sobre el entorno literario. Un libro, me atrevería a decir, de lectura obligatoria para todos aquellos que nos dedicamos a esto: la escritura, la edición, la traducción, la venta en librerías…, porque habla de la libertad de expresión y del lenguaje, de una obra que rompió moldes, que revolucionó el panorama de las letras y puso en marcha un proceso asombroso de juicios y prohibiciones. De cómo Ulises fue escrito y concebido, publicado por entregas, censurado, perseguido, pirateado, prohibido, confiscado e incluso quemado.

Uno de los aspectos más notables es que su autor nos presenta a Joyce como un hombre enfermo, obsesionado y doliente, y a Sylvia Beach como la auténtica heroína de la historia: no en vano, además de abrir Shakespeare and Company, la mítica librería de París, publicó Ulises contra viento y marea. El resultado, como digo, me parece apasionante, repleto de vínculos de amistad y de rencor entre escritores, de pequeños detalles sobre las dificultades de edición y de publicación de aquella novela que hizo historia mediante la polémica, el escándalo y su contenido revolucionario (como bien expresa el autor), pero tampoco faltan detalles de otras obras de Joyce ni de capítulos esenciales de su biografía. Yo no he leído el James Joyce de Richard Ellmann y no sé si lo leeré porque el acercamiento que hace Birmingham me parece ya ejemplar. Ulises, en cambio, sí lo leí hará unos 15 años (en la edición de José María Valverde), pero tras El libro más peligroso me gustaría releerlo, aunque ya en otra traducción. Veremos. De momento, aquí van unos extractos:

"No puedo escribir sin que alguien se ofenda", concluía [Joyce], y si se hubiera visto obligado a redactar sus cuentos de otra manera, no se habría tomado la molestia.

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El problema más práctico para la familia era que Joyce seguía fervorosamente entregado a la escritura a pesar de que su carrera, a la que para entonces había dedicado más de diez años, apenas le reportaba beneficio alguno. Aunque Joyce había empezado a labrarse cierto reconocimiento, la posibilidad de ganarse la vida como escritor seguía pareciendo en aquel momento tan remota como el primer día.

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El mosaico federal de leyes antiobscenidad tuvo efectos perversos. Un hombre era libre de visitar un burdel, pero si se le ocurría escribir un relato sobre su visita, podía ir a la cárcel; las palabras inmorales pasaron a ser más punibles que los actos inmorales. Un oficinista que enviase por correo un libro obsceno se enfrentaba a una sentencia más dura que el autor, el editor y el vendedor del libro, porque la Ley Comstock no pretendía controlar las librerías. Pretendía controlar la cadena de distribución más poderosa de la nación.

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La letra impresa era el medio a través del cual una idea penetraba en el flujo de la cultura, y las prohibiciones literarias se aseguraban de que la cultura nunca absorbiera conceptos y argumentos peligrosos. Como las prohibiciones eran nebulosas (la censura nunca fue tan simple como una lista de palabras impublicables), su influencia sobre la cultura acabó siendo escalofriantemente amplia.

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Ulises era revolucionario porque no se limitó simplemente a solicitar un margen ligeramente más amplio de libertad. Ulises exigía una libertad absoluta. Se llevó por delante los silencios. Las amenazas de un soldado enfurecido en Nighttown ("¡A ese malnacido cabrón le retuerzo el maldito puto gaznate!"), las exigencias imaginadas por Molly ("lame mi mierda") y la desagradable imagen que del Mar Muerto tiene Bloom ("el gris y hundido coño del mundo"), eran variaciones de una misma declaración: que a partir de aquel momento no volvería a haber pensamientos inexpresables, ninguna restricción a la manifestación de las ideas. Por eso, poner por escrito la palabra fuck era más que una travesura juvenil. "Joyce lo expresa todo… ¡todo!", se maravilló Arnold Bennett. "El código ha quedado hecho añicos". Ulises hacía que todo fuera posible.

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Para muchas personas, entre ellas aquel bachiller estadounidense, simplemente poseer Ulises era un acto de rebelión. Pasarlo a través de aduanas era un crimen. Imprimirlo, venderlo y distribuirlo conllevaba penas de cárcel. Cualquier agente que colaborase en la importación de incluso una sola copia de Ulises podía recibir una multa de cinco mil dólares y una pena de hasta diez años de cárcel. El riesgo generaba devoción; tu relación con un libro cambia cuando te ves obligado a esconderlo de tu Gobierno. 

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Censurar un libro es fácil. Únicamente requiere aumentar los riesgos de publicarlo de forma que al editor le acabe pareciendo un riesgo excesivo, y publicar libros ya es de por sí una empresa quijotesca.


[Es Pop Ediciones. Traducción de Óscar Palmer Yáñez]

Cartel de The Lighthouse


Rambo: Last Blood: nuevo cartel


Trailer de Memory: The Origins of Alien





Paradise Hills: 2 carteles



Próximamente: Paciente X


De David Peace. En Armaenia Editorial.

Jay and Silent Bob Reboot: 2º cartel


Into the Labyrinth (L'uomo del labirinto): 2 carteles



Cartel de Radioactive


viernes, septiembre 06, 2019

Algo en la sangre, de David J. Skal


Ya hemos hablado por aquí en un par de ocasiones del trabajo preciso y exhaustivo de David J. Skal, autor de los celebrados Monster Show y Hollywood gótico: la enmarañada historia de Drácula (me falta por conseguir su biografía sobre Tod Browning, aquí traducida por la Filmoteca Española, pero es difícil de encontrar). Algo en la sangre es su biografía sobre Bram Stoker, publicada por Es Pop Ediciones hace ya un par de años. El libro consta de algo más de 600 páginas y es bastante voluminoso, por eso he tardado tanto en decidirme a empezarlo.

Se trata de una biografía que no sólo gustará al fan de Bram Stoker, sino también a los interesados en Oscar Wilde, en Dublín y Londres, en los rumores sobre Jack el Destripador, en el impacto que tuvo Drácula en el cine y en la literatura (fundamentalmente, aunque también en la música o la televisión), en los entresijos del teatro y las publicaciones por entregas, pues Skal no sólo se limita a la figura de Stoker: su recorrido abarca la sociedad de entonces, el marco político y cultural de entre finales del siglo XIX y principios del siglo XX. A menudo, más que contarnos las intimidades del escritor, lo que le importa sobre todo a Skal es seguir la pista de todo aquello que le condujo a escribir historias de terror, obras espeluznantes que aún siguen activas en el mercado y que han alcanzado una popularidad que no se agota: sus lecturas, los libros que consultaba en la biblioteca, las influencias en su bibliografía, y su sumisión a Henry Irving durante los años en los que le sirvió de ayudante y secretario en el Teatro Lyceum. Puede que el dato (al menos para mí) más asombroso sobre Stoker sea la enfermedad que le tuvo postrado en cama durante siete años de su infancia: una situación que, sin duda, le marcaría para siempre.

La edición española, traducida por Óscar Palmer, constituye un objeto de veneración: no sólo porque está en tapa dura, también por la cantidad de fotografías (las del cuadernillo central incluso están en color), de bocetos, de cubiertas, de pinturas clásicas, de imágenes del cine… que incluye, además de las páginas finales de notas, bibliografía e índice onomástico (algo que, para mí, es esencial durante las consultas durante y después de la lectura, y que muchas ediciones españolas se saltan cuando trasladan ciertos ensayos extranjeros al castellano).

Una inmensa biografía, en suma, y el complemento perfecto de Hollywood gótico, que también fue publicado por Es Pop.


[Es Pop Ediciones. Traducción de Óscar Palmer]

Los años más bellos de una vida: 2 carteles



Gretel and Hansel: primer cartel


Jojo Rabbit: 2 trailers



Cartel de The Sound of Silence


martes, septiembre 03, 2019

Próximamente: La cadena fácil



De Evan Dara. En Pálido Fuego.

lunes, septiembre 02, 2019

Joker: 3 carteles y trailer oficial







Grandes novelas, de H. G. Wells


Ya hace tiempo que compré este volumen y acaban de reeditarlo con una cubierta parecida (pero sin la zona gris de fondo de los títulos). Me resultaba increíble no haber leído estas ya clásicas novelas y, sin embargo, haber visto desde niño un par de versiones cinematográficas de cada título (o puede que más, ya que en algunos casos toman la idea, el modelo de Wells, pero luego hacen su propia versión, caso de The Hollow Man, la película de Paul Verhoeven).

Aquí se reúnen sus historias más famosas: La máquina del tiempo, La isla del doctor Moreau, El hombre invisible y La guerra de los mundos. La importancia de estas obras es enorme tanto en el cine como en la literatura y en la televisión (e incluso en la radio, si recordamos la emisión de Orson Welles de la historia de la invasión extraterrestre). Máquinas del tiempo, extrañas criaturas, mutantes de laboratorio tras ser cruzados con animales, un hombre que descubre la invisibilidad, una invasión agresiva de marcianos… Cada una de estas novelas te hace regresar a la infancia, poblándote la cabeza de situaciones imposibles, de seres extraños y peligrosos, de individuos que descubren su maldad interior, de mundos en los que cualquier cosa puede suceder, desde viajar al futuro hasta ver cómo los seres de otro planeta tratan de masacrar a los terrícolas.

Quizá, de las cuatro, mi favorita sea El hombre invisible. Me parecen lecturas esenciales y no sé por qué razón no las leí cuando era un chaval… Claro que, entonces, proliferaban las películas, las adaptaciones juveniles y las versiones recortadas para cómic. Y a mí me faltaba por adentrarme en la semilla, en la base de donde surgió todo. De la cabeza de un genio: por lo menos en imaginación. Si no las conocen, láncense a por este compendio, ahora que lo han reeditado (y que cuenta, además, con un estupendo prólogo de Jacinto Antón).


[RBA. Traducciones de Raquel Herrera y Pilar Ramírez Tello] 

Cartel de The Two Popes


Próximamente: Revolucionarios



De Joshua Furst. En Impedimenta.

Cartel de La vérité


Terminator: Dark Fate: 2 carteles



Trailer de Lucy in the Sky



lunes, agosto 26, 2019

A Hidden Life: primer cartel


Zeroville: 2 carteles



Trailer de Underwater



Marriage Story: 2 carteles



El despertar, de Kate Chopin


Por primera vez reconocía los nuevos signos de la pasión que había experimentado primero siendo una niña, luego una adolescente y finalmente una mujer adulta. Pero darse cuenta de esto no mitigó el ardor y la pujanza de la revelación, no se sintió amenazada por ningún malestar que pudiera trastornarla. El pasado no significaba nada para ella, no tenía ninguna lección que pudiera interesarle. Y el futuro era un misterio en el que nunca se aventuró. El presente mismo ya estaba cargado de significado, era suyo, y la torturaba con la dolorosa convicción de que había perdido lo que fue solo suyo, de que se le había negado eso que su nuevo ser apasionado reclamaba a voces, en su despertar.

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Había días en los que era muy feliz sin saber por qué. Feliz de estar viva, de respirar; cuando todo su ser era uno con la luz del sol, los matices de las sombras, los aromas, la lujuriosa tibieza de un perfecto día sureño, entonces le gustaba caminar sola por sitios apartados y desconocidos para ella. Descubrió así muchos rincones en los que el sol invitaba a la modorra y al sueño. Descubrió que le gustaba estar sola, y soñar, y que no la molestaran.
Otros días se sentía triste sin saber por qué, cuando no merecía la pena estar alegre o animada, viva o muerta, cuando la vida no le parecía más que un grotesco sinsentido y los seres humanos, gusanos sin más objetivo que luchar inútilmente contra la aniquilación final. Esos días no podía trabajar, ni inventar historias que le acelerasen el pulso y calentaran la sangre.


[Mármara. Traducción de Esther García Llovet]

Cartel de Dolemite Is My Name


Cartel de The King


Antlers: primer cartel


Próximamente: Érase un río



De Bonnie Jo Campbell. En Dirty Works.

Trailer de Motherless Brooklyn



Cartel de The Report


En Aleteia: Big Little Lies [2ª temp.]



Star Wars: The Rise of Skywalker: nuevo trailer


3 banners de It: Chapter Two




domingo, agosto 11, 2019

Un día más en el paraíso, de Eddie Little



Eddie Little (1955 – 2003) es uno de esos tipos que vivieron al filo de la navaja, saltándose las leyes y entrando y saliendo de reformatorios y prisiones, pero que luego fueron capaces de convertirse en escritores y volcar su rabia y su sabiduría en narraciones absorbentes, plagadas de ritmo y de retratos sin censura de la violencia más brutal. La historia de Little no parece muy distinta de la de Edward Bunker, autor éste que alabó Un día más en el paraíso. Sólo que Eddie Little no pasó de la escritura de dos novelas porque murió poco después de publicar la segunda: a los 47 años, de un ataque al corazón.

Quizá Un día más en el paraíso les suene o les resulte familiar a los lectores, como me ocurrió a mí: porque Larry Clark la adaptó en 1998 en un largometraje protagonizado por James Woods, Melanie Griffith, Vincent Kartheiser y Natasha Gregson Wagner, y que en España rebautizaron como Al final del edén. Yo no he visto la película, y de momento no pienso verla: aunque me interesa Larry Clark, y aunque James Woods es uno de los grandes, físicamente no se parece ni de casualidad a Mel, el mentor y amigo del protagonista y narrador, Bobbie.

Con la novela, traducida con estilo y finura por el compadre Javier Lucini, me lo he pasado de miedo porque es un pelotazo. Me recuerda un poco a un par de libros de atracos de Bunker, y también a Drusgtore Cowboy (otro novelón, escrito por James Fogle y publicado por Sajalín, y del que ya dimos cuenta en este blog o en algún otro sitio), es decir, gente que perpetra robos y asaltos a mano armada, que se droga hasta caer inconsciente, que trapichea como puede, que vendería a su madre por un par de dólares y por un pico, que acaba metiéndose en encrucijadas imposibles de sortear porque la vida callejera del fuera de la ley que no tiene dónde caerse muerto es así: el final suele ser la cárcel o el cementerio, la celda o el ataúd. También me recuerda la narración de Little, por aquello de la historia de amor que involucra a dos yonquis, a la novela de culto Candy (la del australiano Luke Davies), que aquí publicaron Planeta y Círculo de Lectores y que no hay manera de que alguien reedite.

Suelen ser historias crudas, crueles, que van al grano, y que no se ahorran momentos que te dejan seco, pasajes inesperados que resuelven de la misma manera que, ahora en el cine, resuelven Quentin Tarantino o los Hermanos Coen: ya saben, esos giros que sorprenden y que uno ni se imaginaba. La mayor habilidad de Eddie Little como escritor está en los diálogos: largos, fluidos, repletos de tacos, de lecciones del lumpen, de frases que en el cine quedan de lujo en boca de los grandes… En Un día más en el paraíso encontramos a Bobbie, un adolescente, y a su novia, Rosie, que se juntan con una pareja de más edad y más experiencia, la formada por Syd y Mel, quienes van a enseñarles a desvalijar cajas fuertes y a mantener una dieta saludable de sueño y vitaminas porque, si uno va a participar en un atraco sin comer ni dormir, todo se va a la mierda. Aquí van dos extractos:  

-No sé, tío, tendré que pensármelo, ¿sabes? Esto me tiene algo confuso. Si ellos no son el puto enemigo, ¿quién cojones es el puto enemigo?
-Los gilipollas, chaval. Los gilipollas son el puto enemigo. La gente que pone en peligro tu vida, la gente que hace leyes estúpidas y luego son los primeros en no cumplirlas…, los idiotas que ilegalizaron los narcóticos…, algunos de los comemierdas con los que tenemos que tratar, esos son el enemigo. Seres humanos que actúan como chacales, negros que odian a los blancos y paletos blancos que odian a los negros…, los putos vaqueros que odian a los indios. Una panda de gilipollas. Ya me entiendes.

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El mundo entero se desmorona a mi alrededor. No hay nada sólido, la gente se muere, todo cambia. No hay nada a lo que poder agarrarse y tengo la sensación de estar deslizándome por el filo de una cuchilla. Sé que está demasiado afilada para notar el corte y que en el momento menos pensado me rebanará en dos mitades.



[Sajalín Editores. Traducción de Javier Lucini]

Trailer de The Lighthouse


Rambo: Last Blood: 3 carteles