martes, diciembre 11, 2018

El arte de la ficción, de David Lodge


Éste es un libro bastante célebre, al menos entre escritores, lectores de raza y editores, y yo lo tenía por casa, sin leer, desde hacía mucho tiempo. Con prólogo de Eloy Tizón, representa una utilísima muestra de la faceta ensayística de David Lodge: aunque, más que para aprender los rudimentos del oficio o el análisis riguroso de una obra, es una celebración de la lectura, un libro sobre cómo leer y cómo la intuición puede servirnos para desentrañar los códigos implícitos en cada novela. Son textos de extensión más o menos breve (con títulos ilustrativos: "El comienzo", "El suspense", "La novela epistolar", "El monólogo interior", "La prosa retórica", "El simbolismo", "La estructura narrativa", etc) en cuya apertura siempre hay uno o varios fragmentos de obras que le sirven a Lodge para mostrar ejemplos y señalar las intenciones de cada autor (Jane Austen, Thomas Hardy, Virginia Woolf, Paul Auster, Vladimir Nabokov, Jospeh Conrad, John Fowles, Donald Barthelme, John Barth…). Y esto es lo mejor: la lectura de esos extractos que nos sirven para revisar trozos de libros que ya hemos leído o para apuntarnos aquellos que no conocíamos, y el modo en que Lodge desentraña cada párrafo y nos guía por el placer de leer. Fue publicado en los 90: por eso no encontramos autores del siglo XXI.


[Ediciones Península. Traducción de Laura Freixas] 

Philip Bosco (1930 - 2018)


Trailers de Godzilla: King of the Monsters



Captain Marvel: 2 carteles



Trailer de Avengers: Endgame


The Old Man and the Gun: 2º cartel


lunes, diciembre 03, 2018

Reacciones psicóticas y mierda de carburador, de Lester Bangs



No sé cuántos años llevaba esperando la traducción de este libro. Una de las primeras veces que supe de Lester Bangs (músico y crítico fallecido a los 33 años) fue gracias a la película Casi famosos, donde lo interpretaba Philip Seymour Hoffman con su solvencia habitual. También me llegaron noticias de él cuando Global Rhythm Press anunció la publicación de este mismo libro entre sus próximos proyectos. Como sabemos, Global cerró, pero su editor ha regresado con esta nueva editorial: Libros del Kultrum, y era de justicia que la obra elegida para abrir fuego fuese ésta, de largo título (Reacciones psicóticas y mierda de carburador) y no menos largo subtítulo ("Prosas reunidas de un crítico legendario: rock a la literatura y literatura al rock").

Un volumen de casi 600 páginas, exquisitamente editado, con traducción de Ignacio Julià y prólogo de Greil Marcus (en este blog somos fans absolutos de Marcus, de sus libros sobre Dylan, The Doors, el rock en 10 canciones o el punk asociado a las vanguardias). Volumen que contiene una selección de escritos de Bangs donde analiza discos, derriba mitos, cuenta experiencias, rememora entrevistas y cae en maravillosas y deliberadas contradicciones (por ejemplo, ese vinilo que detestaba hasta que lo oyó varias veces y aprendió a degustar su música). Y, sobre todo, actúa como el francotirador que se ganó dicha fama a pulso. En este sentido, a los admiradores de ciertas figuras sagradas del pop y del rock nos duele cómo se ceba en ellos, cómo a veces los machaca porque, reconozcámoslo, a los grandes de la música a menudo les pierde el ego y se convierten poco menos que en dioses que miran al mundo por encima del hombro. Dicho aspecto sacaba de quicio a Lester Bangs y por eso criticaba sus manías, sus caprichos de estrella y, especialmente, que en su nuevo disco no estuvieran a la altura del anterior.

¿Qué diferencia a Lester Bangs de esos críticos polvorientos y gruñones de la prensa y de esos cretinos que en sus blogs disparan contra todo el mundo, unos y otros creyéndose sucesores de Harold Bloom? Que Lester Bangs era un gran escritor, un tipo salvaje a su manera, con un estilo provocador y contundente que a mí en ocasiones me recuerda al de Hunter S. Thompson. Un tipo, además, con un bagaje exhaustivo sobre la música, que a menudo pasaba por ser ese fan herido, que se siente ultrajado, porque el disco que con tanto cariño se compró ya no contiene (según él) el oro que antaño desplegaba el artista en cuestión. Y lo que Bangs entregaba a cambio, en sus columnas para las revistas, era dinamita. Un extracto del libro:

Si no hay nada más venenoso que la intolerancia, no hay nada más patético que el complejo de culpa del progre. Me siento un gilipollas volviendo a contar la anécdota aquí, como si esperase algún tipo de expiación por algo que no puede enmendarse o como si este suceso pudiese ser noticia para alguien. En cierto modo Bob tenía razón; añadí otra porción de dolor en el mundo, eso era todo. Ciertamente, hay algo casi nauseabundo y egoísta en la exposición de tales confesiones en las páginas de periódicos como el Voice; es el tipo de cosa que contribuyó en primer lugar a la reacción del punk. Pero ilustra un hecho primario: cuán fácil y repentinamente te encuentras prisionero y asfixiado por la misma liberación del fingimiento, el dogma y la hipocreía que pensabas haber alcanzado, y, asimismo, que en ocasiones –¿habitualmente?– verás que no sabes dónde está la línea hasta que la tienes varios kilómetros por detrás en un campo minado.   


[Libros del Kultrum. Traducción de Ignacio Julià]

Cartel de Once Upon a Deadpool


Glass: más carteles




Cartel de Crypto


viernes, noviembre 30, 2018

Travesía, de Vicente Muñoz Álvarez



Ardimiento

qué campaña tan difícil, pienso, qué naufragio tan feroz, clientes que cierran, desahucios e impagos, embargos y traspasos, y bajo mis pies el suelo que se agrieta… las teclas de mi ordenador ahora mismo rugiendo, tic tac, tac tic, todo a mi alrededor rugiendo y por todas partes las grietas: nuestro mundo y esperanza y piel que se agrieta, menos mal que me queda la escritura, pienso, qué haría yo sin ella, cómo me sanaría, llegar a casa agotado y vaciarme frente a la pantalla en blanco del ordenador es mi terapia, cuéntalo, me digo, cómo arde Babilonia, cómo se hunde el planeta, jornadas de quince y más horas conduciendo y pujando maletas, cada visita un desafío, cada cliente una odisea, la debacle de este gremio, el tráfico de la ciudad, cuéntalo, me digo, expúlsalo…

**

Ulises

al fin se han terminado las noches fuera de casa y las veladas tediosas de hotel, y sólo me queda ya hacer las últimas visitas de la temporada y poner la mejor guinda que pueda al pastel… atrás quedan miles de kilómetros de carretera, ciudades, pueblos, clientes y tiendas, cada visita una odisea, cada cliente una queja, cada venta una celebración, y este gremio del calzado que se hunde y naufraga… que no acompañan las ventas, que el tiempo no ayuda, que el mal gobierno les sangra, que los impuestos les hunden, que los mercadillos les matan… ah, los clientes, mis clientes, mártires de la crisis y el tiempo, siempre peleando a la contra… pero he terminado ya las noches fuera de casa y dado los primeros paseos por mi bosque secreto, mi laberinto de ensoñación personal, disfrutando de cada paso bajo los robles y encinas y recolectando los primeros boletus de la temporada, en lugar de rodar y rodar, como llevo haciendo estas semanas, sobre las brasas del mismísimo infierno… crecen las setas, arde Babilonia, vuelvo al hogar…

**

Aquellas utópicas antologías

hubo un tiempo en el que, al menos para mí (y me consta que para algunos otros también), las ilusiones literarias fueron compartidas, nos dejamos el corazón y la piel por algunos proyectos y antologías colectivas que tuvieron más o menos fortuna y repercusión, pero que de algún modo, para bien y para mal, representaron como pocas el espíritu de una generación de escritores que tenían, o deberían y podrían haber tenido mucho en común… hubo quien lo dio todo por ellas, quien se entregó sólo a medias y quien no movió ni un dedo por los demás, quien antologó y se dejó antologar, quien compartió y fue y estuvo, y quien simplemente no, así es la literatura y todo en la vida, nada que objetar… el tiempo y la experiencia, los éxitos y los fracasos, las ilusiones y los desengaños van poniendo poco a poco todo en su lugar, personas, corazones, libros, cosas, no hace falta hacer, tras lo ya hecho, mucho más… lo importante es, por encima de los resultados, la elegancia y el gesto, el resto, por desgracia, ceniza…

**

Mal de altura

hay una cima mítica dentro de ti, que son los 50, desde la que se supone que todo debe ser serenidad y armonía, un paisaje despejado y tranquilo, pero lo que en realidad se siente al coronarla es vértigo, un horizonte encapotado y helado, que no te vengan con cuentos… otra cosa es qué sentido del equilibrio tengas tú, cómo se sujeten tus pies en la tierra y qué remedios hayas aprendido durante el ascenso para soportar el mal de altura… como dice un viejo proverbio zen que nunca olvido: cuando llegues a la cima de la montaña, sigue subiendo…


[Chamán Ediciones]

Cartel de American Hangman


Serenity: 2 trailers


Glass: 2 carteles



jueves, noviembre 29, 2018

Cándido, de Voltaire


Si uno no ha leído esta clásica novela de Voltaire, como era mi caso, la editorial Blackie Books la acaba de reeditar en un volumen de lujo: tapas duras, introducción de Julian Barnes, ilustraciones de Quentin Blake, traducción de Carlos Pujol y un elemento insólito: ¡una faja de publicidad que nos gusta y nos hace gracia! (con citas de Flaubert, Vonnegut, Calvino y Ursula K. Le Guin). Las aventuras de Cándido a través del mundo, que con gran destreza supo imitar/parodiar/homenajear John Barth en El plantador de tabaco, son siempre una fuente de placer, filosofía y regocijo. En realidad, cualquier cosa de Voltaire merece la pena: fue uno de los grandes francotiradores de la literatura. No conviene explicar mucho más: hay que leerlo sí o sí porque, aparte de la diversión que procura, es un indicativo de cómo en algunos aspectos (sobre todo en lo tocante a los humanos) el tiempo no parece avanzar. Un extracto:

Entonces, volviéndose hacia él, le dijo: "Caballero, sin duda pensáis que todo va del mejor modo posible en el mundo físico y en el moral, y que nada podría ser de otro modo, ¿no es cierto?". "No –le respondió el sabio–, la verdad es que disto mucho de pensar tal cosa: a mi entender, todo va mal en el mundo: nadie sabe cuál es su rango, ni cuál es su deber, ni lo que hace, ni lo que debe hacer, y exceptuando las cenas, en las que hay no poco regocijo y parece haber una cierta unión, todo el resto del tiempo transcurre en querellas impertinentes: jansenistas contra molinistas, el parlamento contra los clérigos, literatos contra literatos, cortesanos contra cortesanos, financieros contra el pueblo, mujeres contra maridos, parientes contra parientes; es una guerra eterna".


[Blackie Books. Traducción de Carlos Pujol]

Cartel de State Like Sleep


Artemis Fowl: primer trailer


The Aftermath: 2º cartel


Gloria Katz (1942 - 2018)


La ciudad sólo es si es contigo

La ciudad sólo es si es contigo.
Sólo son de verdad las calles
si contigo las camino. La vieja
ciudad que sobre sí misma se recuesta
sólo abre sus hechizos para el corazón
si va contigo. Quiero tu paso
junto al mío. Quiero la ciudad
como un sueño que despierta
junto a ti, en tu latido.

Santiago Montobbio, La lucidez del alba desvelada

Can You Ever Forgive Me?: 2 carteles



If Beale Street Could Talk: nuevo cartel


lunes, noviembre 26, 2018

viernes, noviembre 23, 2018

Noches insomnes, de Elizabeth Hardwick


En Navona acaban de reeditar este extraordinario libro, miscelánea de géneros, impecable de principio a fin: misma traducción, distinto prólogo, y un tipo de letra más grande, que sin duda facilitará la lectura. Con dicha reedición recordé que tenía por casa la ed. de Duomo, y por fin me puse a leerlo. Compradlo, leedlo despacio, subrayad o copiad pasajes: la prosa de Harwdick os deslumbrará. Aquí van unos extractos: 

Si pudiéramos saber qué debemos recordar o fingir que recordamos… Que bastara con tomar una decisión y, de todas las que se han perdido, volvieran a aparecer las cosas que deseamos. Y que pudiéramos cogerlas como cogemos una lata de la estantería. Tal vez. La etiqueta de una podría rezar "Rand Avenue, Kentucky", y habría quien la recordaría como real. Dentro de la lata, los porches invernales cada vez más oscuros, la rejilla del gas, el hormigueo.

**

A principios de junio hizo calor. Me fui de viaje y, naturalmente, de repente todo era nuevo. Cuando viajas, lo primero que descubres es que no existes. El polemonio en flor, de un púrpura desvaído; en la ladera de la colina, pinos fálicos. Extranjeros bajo los soportales, en las cesterías. La calima desdibujaba el contorno de las colinas. Un cielo sucio y agotador. El verano ya parecía a punto de fallecer. Pronto recogerían los botes y amarrarían los ferries al muelle.
Buscando lo fosilizado, buscando algo: personas y lugares densos y revestidos de una forma definitiva. Y en cambio, lo que hay son muchos pececillos, muchísimos, nadando libremente, temblando, atentos a escapar de la red.

**

Ella y la señorita Cramer se encuentran en la esquina y ambas se detienen unos instantes. Hace tanto viento que una botella de cerveza cae rodando a la alcantarilla. Ambas son intrépidas, se miran con amargura, con esa inviolabilidad suya, virginal y terrible, con su dolorida pureza. No son otros de tantos casos, no rellenan solicitudes ni esperan la llegada del correo. Son gladiadoras, criaturas de las trincheras acostumbradas a las calles de noche, a la inclemencia del tiempo, al dolor de las piedras y el picor de la suciedad. Durante unos pocos segundos, en la esquina se toparon una fuerza enloquecida y una resistencia espantosa, hostilidad y pesadillas, pero no aprecié señal de reconocimiento alguna. Estas dos mujeres no saben qué aspecto tienen y tampoco pueden ver sus vidas y, así, vagan en su espantosa libertad como viejos bueyes abandonados de los que nadie se ocupa.

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No se puede echar de menos durante mucho tiempo a quien no deja nada a su paso.

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Mi padre está leyendo y fumando en la habitación de al lado de la buhardilla. Puede que esté un poco borracho; es de noche. Ella se cubre los brazos con la manta y contempla la luz de la luna que se filtra a través de las cortinas de flores. Los años no parecen reales: los números no son más que palabras, cinco años, diez años, cuarenta. Podrían ser nombres, para el caso: casa, calle, garaje.
No creo que estén pensando en la juventud que perdieron. No creo que le tengan miedo a la muerte. Dudo que se pregunten si se aman o si son felices. Utilizar estas dos palabras, la una o la otra, para referirse a lo que sienten no parece muy preciso. Con todo, están vivos, llenos de opiniones, de objeciones, tal vez incluso de ideas. De todos modos, la noche es buena porque conduce al día, a los zapatos y a las medias, al café, a la monotonía y la repetición; buena, sobre todo, para ella, que quizá tenga ganas de despachar todas sus tareas de una vez.


[Duomo Ediciones. Traducción de Marta Alcaraz]

Loro: 2 carteles



Próximamente: b de birra



De Tom Robbins. En Underwood.

Cartel de L'Empereur de Paris


Stan & Ollie: 4º cartel


Trailers de The Lego Movie 2: The Second Part


domingo, noviembre 18, 2018

Shane y otras historias, de Jack Schaefer



Como todo cinéfilo sabe, Shane es el título original del mítico filme Raíces profundas. Se inspiraba en el relato homónimo (o más bien novela corta) de Jack Schaefer, que publicó Valdemar en su Colección Frontera y que vale su peso en oro. Si os gustó la película (y si os gustaron El jinete pálido, Django o Infierno de cobardes, entre otras, pues todas homenajean en mayor o menor medida al personaje de Schaefer), no os perdáis este librazo. La historia de un forastero cargado de secretos que recala en un pueblo y ayuda a los indefensos fue elegida la mejor novela western del siglo XX por la Asociación de Escritores de Western de América.

Shane es un personaje inolvidable, un tipo de una pieza que a veces suelta sentencias que dejan de piedra a sus enemigos, pero también a sus amigos:  

Y no te dejes engañar por la calma. Cuando hay ruido, sabes dónde mirar y qué ocurre. Pero si hay calma, es cuando debes andar con más cuidado.

Shane es un pistolero extraño y misterioso al que en seguida el narrador, entonces un muchacho, convierte en su ídolo. Es un hombre que va a tomar las riendas del problema al que se enfrentan los colonos del pueblo al que llega: son acosados por un ranchero para quedarse con sus tierras. Este modelo de argumento luego lo vimos en montones de películas, pero Schaefer fue (si no me equivoco) el pionero.

El volumen incluye cinco relatos más: "Cooter James", "El coup de Lanza Larga", "Ese caballo llamado Mark", "Jacob" y "Harvey Kendall" (probablemente el mejor de los cinco). Y la presentación, de Alfredo Lara López, es un lujo (como es habitual en los libros de Frontera). Shane y otras historias demuestra, una vez más, que un western bien escrito está a la altura de cualquier narración de otro género; y lo digo porque antaño la mala fama lastraba a los westerns literarios. Aquí van dos fragmentos de la primera historia:

-Llamadme Shane –dijo; luego se dirigió a mí–: Te llamaré Bob. Estuviste observándome durante un buen rato cuando me acercaba por la carretera.
No era una pregunta. Era una simple afirmación.
-Sí… –tartamudeé–. Sí, así es.
-Bien –dijo–. Me gusta. Un hombre que vigila lo que pasa a su alrededor logrará lo que se proponga.

**

Durante todo ese tiempo nadie dijo ni una sola palabra. Ninguno de ellos hubiera interrumpido a aquel hombre ni siquiera por un año de salario máximo. Shane habló y su voz atravesó la estancia en dirección a Red Marlin.
-Será mejor que te lo lleves a casa y le entablilléis ese brazo. Cuídalo mucho. Tiene los mimbres para ser un buen hombre.
Luego, volvió a olvidarlos a todos, miró a Chris y continuó hablando como si aquella figura inerte pudiera escucharle.
-Solo tienes un defecto. Eres joven. Esa es la única cosa que el tiempo siempre cura.
El pensamiento pareció dolerle, caminó hacia las puertas batientes y las atravesó saliendo a la noche.

  
[Valdemar. Traducción de Marta Lila Murillo]

Never Look Away (aka Werk ohne Autor): 2 carteles



Próximamente: No solo morir


De Ted Lewis. En Sajalín Editores.

Cartel de Santiago, Italia