viernes, febrero 03, 2012

Historia(s) del cine norteamericano, de Hilario J. Rodríguez


[Refiriéndose, en particular, a Terry Zwigoff y su Bad Santa y, en general, al cine políticamente incorrecto]: Uno demuestra su objetividad, su madurez y su inteligencia cuando puede atacarlo todo y a todos sin restricciones, cuando le dan igual las mujeres, los niños y los ancianos; cuando le dan igual los musulmanes, los católicos y los judíos; cuando no le importan las Navidades, el Ramadán o la festividad de Hanuka: cuando se le puede hablar de follar, cagar y mear, y no de hacer el amor, defecar u orinar… Cuando a cada cosa la llama por su verdadero nombre y no utiliza eufemismos para referirse a ella.

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[Refiriéndose a Ladrones de risa y a la comedia en general]: El humor siempre nos pone a prueba, porque nos obliga a cuestionar la estabilidad de nuestras creencias. Para un humorista, nada es sagrado. Por eso a veces, cuando nos sentimos agredidos, rechazamos el trabajo de muchos cómicos sin intentar entenderles, acusándolos de bobos y vulgares, de irreverentes y maleducados.

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[Refiriéndose a las secuelas, precuelas, remakes, versiones libres y otros blockbusters]: Sus imágenes tienen un profundo impacto en la gente, acostumbrándola a reconocer siempre cuanto ven porque lo han visto antes en repetidas ocasiones y a rechazar cuanto no se ajuste a los mismos moldes. Puede decirse, por consiguiente, que el cine comercial es muy cómodo (…) Sea como fuere, el cine comercial es una vía de comunicación muy importante para los seres humanos. No es ni peor ni mejor que el cine de autor. Lo que diferencia al cine comercial del cine de autor es que mientras el cine de autor mantiene a los espectadores conectados intelectualmente con el mundo, descubriéndoles cosas nuevas allí donde creían conocerlo todo, el cine comercial se conforma con mantenerlos conectados emocionalmente, liberándolos durante un rato de sus responsabilidades sociales. 


Hoy, en Zamora

Próximamente: Supermame


De Pablo Álvarez Almagro. En Pepitas de Calabaza.

jueves, febrero 02, 2012

Escritos breves, de James Joyce


Tengo en casa una vieja edición de las Epifanías de Joyce (junto a las Epifanías sin fin de Julián Ríos) y, en cuanto a la parte del primero, no había acabado de entenderla. Esta edición crítica y bilingüe, con traducción, estudio y notas de Mario Domínguez Parra (y que contiene Epifanías, Un retrato del artista y Giacomo Joyce), viene a aclarar (al menos en mi caso) la confusión de esos fragmentos e iluminaciones de la obra de Joyce. Muchos de ellos sólo pueden entenderse dentro del contexto: trozos autobiográficos que luego utilizó en sus obras posteriores, esbozos que luego aumentaría en otros libros, anotaciones y diálogos a vuelapluma… Y luego están aquellos que forman una especie de relato breve, una descripción precisa y en prosa de la vida en la ciudad, como éste, para mí uno de los mejores: 

Nubes grises han cubierto el cielo. En un cruce de tres caminos y ante una playa cenagosa, un perro grande está acostado. De cuando en cuando, eleva su hocico al cielo y pronuncia un prolongado aullido doloroso. La gente se para a mirarlo y prosigue; algunos se quedan, atraídos, puede ser, por ese lamento en que parece que escuchan la expresión de su propia tristeza, que tuvo voz una vez pero que ahora está muda, esclava del trabajo diario. Empieza a llover.

O este otro, que nos hace movernos por la ciudad irlandesa:

Débil, bajo la noche encapotada de verano, a través del silencio de la ciudad que ha pasado de los sueños a un dormir sin sueños, como un amante cansado al que ninguna caricia emociona, el sonido de los cascos sobre el camino de Dublín. No tan débil ahora, mientras se aproxima al puente; y en un momento, mientras rebasan las ventanas oscuras, el silencio se parte por sorpresa, como atravesado por una flecha. Se les escucha ahora muy lejos –cascos que brillan como diamantes en medio de la noche encapotada, apresurándose más allá de las marismas grises, inmóviles, ¿hacia qué destino –hacia qué corazón– con qué noticias?

Un retrato del artista es otro texto breve que anticipa Retrato del artista adolescente. Ya aviso que se trata de un texto difícil, complejo, que quizá no interese a quienes no sean lectores de Joyce (a mí me apasionaron Ulises y Dublineses). Arranca así:

Las características de la infancia no se reproducen generalmente en el retrato del adolescente, tan caprichosos somos, que no podemos concebir o no concebiremos el pasado más que en su férreo aspecto conmemorativo.

Por último, Giacomo Joyce es otra pieza muy corta de esta edición (muy completa y necesaria para comprender la obra joyceana). Aunque escrita en prosa, su estilo es más próximo a la poesía; es lo que más me ha gustado del libro junto a unas cuantas de las epifanías. Un fragmento:

Cadáveres de judíos yacen alrededor mío, pudriéndose en el molde de su camposanto. Aquí está la tumba de su pueblo, piedra negra, silencio sin esperanza..... El mozalbete Meissel me trajo aquí. Está detrás de esos árboles, de pie, con la cabeza cubierta frente a la tumba de su esposa suicida, preguntándose cómo ha acabado así la mujer que durmió en su cama..... La tumba de su pueblo y la suya: piedra negra, silencio sin esperanza: y todo está preparado. ¡No mueras!


[Traducción de Mario Domínguez Parra]

Wislawa Szymborska (1923 - 2012)

Próximamente: Antagonía


De Luis Goytisolo. En Anagrama.

Trailer de Silent House


Con Elizabeth Olsen: link.

Segundo cartel de Bel Ami

Agitadoras. Nº 30


Febrero: aquí.

Cartel de Bullhead

miércoles, febrero 01, 2012

Los desafortunados, de B. S. Johnson



Extraño libro. Una rareza. Un libro de culto en Inglaterra y Estados Unidos. Prácticamente desconocido en España. Ignorado. Lo celebraron autores como Samuel Beckett, Roman Polanski, Anthony Burgess y Jonathan Coe (suya es la introducción que abre el libro). Lo publicó hace años Numa Editorial y yo lo encontré en La Malatesta (Lavapiés, cerca de mi casa). Los desafortunados se presenta en una caja azul oscuro. Dentro, 27 cuadernillos, algunos de varias páginas, otros de una única página escrita por ambas caras. Ése es el libro. Con esta rareza, B. S. Johnson quiso demostrarnos cómo opera la memoria. Escribió sobre los recuerdos de su amistad con un hombre que murió de cáncer, y lo hizo desde el día en que tuvo que acudir de corresponsal a un partido de fútbol. Dado que la memoria es caprichosa y va y viene, el libro puede leerse así, saltando de aquí para allá, eligiendo una u otra parte, algo que ya hiciera Julio Cortázar en Rayuela. El autor sólo numera el primer capítulo y el último. Su consejo, en cuanto a los otros cuadernillos, es leerlos de manera desordenada. Los desafortunados contiene partes muy brillantes sobre el pasado y la enfermedad. Es una pena que Johnson sea un desconocido en este país porque este libro, en el que Johnson quiso reflejar la experiencia y la no ficción, no está nada mal. Ahí va un fragmento muy breve:

Ni cómo murió, ni de qué murió, ni mucho menos por qué murió, tiene interés alguno, para mí, sólo el hecho de que murió, que está muerto, es importante: la pérdida para mí, para nosotros.

[Traducción de Marcelo Cohen]

el salto

en saltar de un tejado

a otro:

en eso consistía la apuesta:

en saltar de un tejado

a otro:

del tejado podre de una fábrica
de escamas y esqueletos de pez al

tejado impecable del mesón del chino *:


era un tejado a dos vertientes:
sobre el caballete, en fila india:
alfonso, el hijo del de la imprenta:
pedro, el de la calle atocha:
rufino, el hermano del rata:
horacio, en el saliente:
y yo: el más pequeño de todos:

era un salto gutural: generacional:
desde una altura considerable además:
suficiente como para romperse la crisma
y dejar la vida contra cristales de botellas ro
tas:
clavos con tétanos: y astillas de las tablas
que medraban, como la mala hierba,
en los adoquines del callejón que discurría
entre la fábrica y el mesón:
alfonso y pedro se echaron atrás:
dicho de otro modo: les entró la canalera:

horacio, rufino y yo saltamos:

alfonso tiene mujer y dos hijos:
pedro también: mujer y dos hijos:

horacio saltó del caballete


al caballo

y la palmó de sobredosis hace siglos:
cuando yo apenas empezaba a drogarme:

luego de pegarle el tirón al bolso,
rufino saltó por encima de la anciana,
a la que hizo caer por las escaleras:
el ataúd ya la esperaba abajo: en el portal:


la última vez que coincidí con él,
en la segunda galería de la cárcel provincial,
hace de eso veintitrés, veinticuatro años,
aún estaba pagando por aquella muerte:

lo que trato de explicarte es lo siguiente:


aunque entonces no fuésemos conscientes de ello:
horacio, rufino y yo: los tres que saltamos,
calculamos mal la distancia y nos precipitamos

al vacío:



la caída libre
es caer, pero al menos es libre:
margaret atwood


________
* El Chino, en Gijón, es Wei Hsiao Niu, que apareció en Cimadevilla en los años veinte instalándose no en una casa normal, sino en lo que había sido Ayuntamiento de Gijón en la plaza de la Soledad. Desde entonces, esa casa se conoce como la casa del Chino y allí tenía su taller de farolillos y adornos de papel y su bar (especialidad: licor de sake y leche de pantera, o sea, leche con ginebra).


David González, No hay tiempo para libros (Nadie a salvo) 

Cartel de Bel Ami


Basado en la novela de Guy de Maupassant.

Próximamente: Dime


Treinta cuentos de Mary Robinson. En Alba Editorial.

41. Enfermedad

Sufría de insomnio. Además, empezó a debilitarse físicamente. Cada uno de los médicos que visitó le dictaminaron diagnósticos diferentes… Acidez de estómago, atonía gástrica, pleuritis seca, neurastenia, conjuntivitis crónica, fatiga cerebral.
No obstante, él conocía el origen de su enfermedad. Era un sentimiento que lo avergonzaba y al mismo tiempo le infundía temor, temor a ellos… ¡A la sociedad que él despreciaba!
Cierta tarde nublada y que amenazaba nieve, en el rincón de una cafetería, con un cigarrillo encendido en los labios escuchaba la música que brotaba del gramófono. Una melodía que extrañamente hacía vibrar todas las fibras de su ser. Esperó a que la música terminase. Entonces se acercó al gramófono para comprobar la etiqueta del disco.
La flauta mágica – Mozart
Lo comprendió al instante. No cabía duda de que Mozart, que había quebrantado el Decálogo, había sufrido. Además, quién lo diría, igual que él…
Cabizbajo, volvió a la mesa.


Akutagawa Ryunosuke, Vida de un idiota y otras confesiones

Reedición de La maleta


RBA, en su estupenda labor de reediciones de obras ya difíciles de encontrar, reedita en unos días La maleta, el mejor libro de Sergei Dovlátov. Yo compré hace años un ejemplar de saldo. Imprescindible.

Trailer de Safe



Con Jason Statham: aquí.

Segundo cartel de Friends with Kids

Trailer de Cirkus Columbia


martes, enero 31, 2012

J. Edgar


A estas alturas de su carrera, Clint Eastwood no se iba a conformar con elaborar un biopic al uso. Y su nueva película, J. Edgar, no lo es. Su retrato de J. Edgar Hoover, el primer director del FBI, pionero en algunas técnicas de rastreo e investigación, es cualquier cosa menos complaciente. Su Hoover es un hombre reprimido, dominado por su madre, homosexual, manipulador, mentiroso, retorcido, maquiavélico… Pero Leonardo DiCaprio construye con estos materiales un personaje tan complejo que logra que veamos su humanidad, aunque el espectador jamás pueda identificarse con un individuo tan negativo.  DiCaprio está fabuloso, como era de esperar. La dirección de Eastwood es, como siempre, sobria, clásica y magistral, con una fotografía que reduce los colores y envejece cada escena. Y hacia el final uno de los personajes aporta un dato que nos obliga a replantearnos cuanto hemos visto en las dos horas previas (pero no voy a desvelarlo).

Pese a esas virtudes, que no son pocas, J. Edgar carga con un par de lastres: el maquillaje de viejo del ayudante (y amor secreto) de DiCaprio resulta tan artificial que dicho personaje parece momificado y, además, contrasta con el fascinante y trabajado maquillaje de Hoover, lo cual, en conjunto, resta cierta credibilidad; y el guión contiene algunos elementos confusos, de tal manera que en un par de ocasiones el espectador no familiarizado con la historia de EE.UU. y sus mitos puede despistarse (por ejemplo: en cierta secuencia tardé en entender si estaban escuchando ilegalmente a Luther King o a JFK). Pese a ello, esta nueva obra de Eastwood perdura en tu cabeza y contiene ese ingrediente, ya apuntado, mediante el que la película, en realidad, consta de dos versiones: la que nos cuentan y la que ese personaje nos obliga a imaginar.     

Excodra. Lo real



En el número V de la revista digital y gratuita Excodra se puede leer uno de mis relatos incluidos en El hilo de la ficción, aquel que daba título al libro. Os recomiendo echar un vistazo a éste y a los números anteriores: Excodra merece la pena. Nº actual: aquí.

Cartas de la cárcel, de Louis-Ferdinand Céline


Tremendo, rabioso, visceral… Así se muestra Céline en ese volumen, que recoge las cartas que envió desde prisión a su mujer y a su abogado. En la primera mitad de cada misiva Céline se dirigía a su abogado; en la segunda mitad colaba las palabras destinadas a Lucette. Pero también se muestra como un hombre arruinado físicamente, un tipo vulnerable, jodido, resistiendo como puede a la reclusión, las dolencias, las enfermedades y, sobre todo, la incertidumbre. Unos extractos:

Sin embargo, insisto, naturalmente, siempre que sea necesario, en que en ningún momento, ni antes ni durante la guerra, fui otra cosa que un escritor en estado puro, por decirlo así, nunca periodista, nunca propagandista, nunca político, nunca militar. Francés, médico y escritor: eso es lo que fui y nada más. Ningún compromiso.
[…]
…me tildaban de anarquista desastroso y temible. Ésa era también la opinión en Berlín, ya que todos mis libros fueron prohibidos allí (incluidos los antisemitas) desde el advenimiento de Hitler.

**

¡Basta una sola palabra de mi estilo para hacer que me cuelguen! Soy un autor paradójico, burlesco, efervescente. En mí hay que transponerlo todo. ¡Yo no escribo para el Código Civil! Soy simplemente un poeta. En aquella época estaba provocando la polémica. No impedía a nadie responderme con la misma tinta y la misma violencia, ¡y no dejaron de hacerlo! Yo no obligaba a nadie a tomarme en serio ni a creerme.

**

Hay que luchar contra la desgracia con la misma rabia que ella hasta cansarla.


[Traducción de Carlos Manzano]

Próximamente: Viajes y otros viajes


De Antonio Tabucchi. En Anagrama.

Serie B

Ha aprendido a quitarse el chupete
pero le cuesta un triunfo volvérselo a poner

y gruñe desesperada
y no me deja seguir con el Serie B
de Karmelo C. Iribarren.
Me quedan una decena de poemas
para acabarlo.
Pongo unos dibujos animados en la tele,
se calma y
consigo al fin terminar el libro.
Ahora gruñe mi ego mermado

porque acabo de ver el camino
y soy incapaz
de encontrar la casilla de salida.



Jorge M. Molinero, Amplia victoria de los traseros

Hoy, en Sevilla

Cartel de The Cold Light of Day


Con Henry Cavill, Sigourney Weaver y Bruce Willis.

lunes, enero 30, 2012

No hay tiempo para libros (Nadie a salvo), de David González



flores *

…………en memoria nuestra

6 de agosto de 1945:
a las ocho y cuarto de la mañana,
hora japonesa:
un tremendo relámpago:
como una sábana de luz solar,
atravesó el cielo de hiroshima
en sentido este – oeste:
desde la ciudad hacia las colinas:

no se escuchó ninguna explosión:

luego: el crepúsculo:


¿por qué es ya de noche:

¿dónde están los demás:

mi marido está en esas cenizas:

de los 150 médicos de hiroshima:
…………75 habían muerto:

de las 1780 enfermeras de hiroshima:
…………1650 habían muerto:

de los 245000 habitantes de Hiroshima:
…………100000 habían muerto:


sobre la piel
de los cuerpos
de algunas mujeres: las formas
de las flores
estampadas en sus quimonos:


ayer, dijo un superviviente, mis zapatos
eran mi posesión más valiosa: hoy
no me importan: con un par tengo bastante:

lo sé, dijo otro: yo empecé a traer conmigo
mis libros, pero luego pensé:

no hay tiempo para libros:


la historia es hasta tal punto inhumana que no deja
escapatoria, ni siquiera para las lágrimas:
christine arnothy


________
* Este poema lo vi entre las páginas en prosa de Hiroshima, de John Hersey.

Citas. 135


Todo esto también es un atisbo de la mortalidad, porque no hay nada que nos haga pensar más en nuestra inminente extinción que el crecimiento de nuestros hijos, a quienes hay que hacer sitio, y que de hecho son el único indicio del matiz de una esperanza de inmortalidad.
Christopher Hitchens, Hitch-22

Próximamente: Col recalentada


De Irvine Welsh. En Anagrama.

Cartel de Twixt


Con Val Kilmer, Bruce Dern y Elle Fanning.

domingo, enero 29, 2012

Próximamente: Jagger


De Marc Spitz. En Alba Editorial.

julian key

a los 16
aprendí a hacer
el nudo de la corbata
rebobinando
una y otra vez
en una cinta vhs
….una escena
de richard gere
en el papel
de julian key
en american gigoló*:

sin embargo
ni sé:
ni supe nunca
hacer felices:
lo que se dice felices:
a ninguna de las mujeres
que dejaron sus vidas
en mi corazón:

y a fecha de hoy:
casi 46:
no sé ya
ni cómo se hace

el nudo de la corbata:

ya no hay caballos blancos
ni mujeres guapas en mi puerta:
georges jung



_______
* A film by Paul Schrader.

David González, No hay tiempo para libros (Nadie a salvo) 

Toda una vida, de Jan Zabrana


El escritor checo Jan Zabrana mantuvo durante gran parte de su vida un diario que alcanza las 1.100 páginas. Patrik Ourednik (de quien recomendé Europeana) hizo una especie de criba para quedarse con lo mejor y ofrecerlo en una edición a su cargo. Toda una vida se centra en los años 70 y es un compendio exquisito de sentencias, observaciones, aforismos y anécdotas. Algunas de esas notas:

Una persona es madura, entre otras cosas, cuando un buen día es capaz de asumir su fracaso, su derrota, la muerte de sus sueños, sus nadanadanada, aún en vida, aún en esta vida.

**

Uno seguramente deja de tener miedo a la muerte cuando mueren aquellos a los que quería más que a sí mismo.

**

A medida que envejezco empiezo a estar cada vez más indignado con la vida. Lo cual puede ser una buena preparación para la muerte. Estar cada vez más cabreado con la vida como tal, con la de uno mismo, con uno mismo, todo eso significa aprender a morir. Y aprender a morir, como decían los antiguos, es la verdadera tarea de un filósofo. Vaya, ni siquiera he tenido que estudiarlo en la universidad.

**

Incluso a la hora de la muerte se puede tener sensación de felicidad: ya no habrá que trabajar.


[Traducción de Fernando de Valenzuela Villaverde]

Trailer de The City Dark


El texto no niega la evidencia...

El texto no niega la evidencia: vivimos enfrentados a las pantallas. Delante de una de ellas escribo este texto; delante de otra usted lo lee. La inmensa mayoría de nosotros trabaja frente a una pantalla de un ordenador personal, y pasamos entre dos y cuatro horas de nuestro tiempo de ocio frente a otra, la del televisor. Por no hablar de las pantallas de los cajeros automáticos, las pantallas de los expendedores de billetes de metro, de los escaparates en las avenidas, de los circuitos cerrados de los autobuses urbanos, de los bares, de los gimnasios, de las tiendas, las pantallas electrónicas de publicidad en grandes ciudades, así como las pequeñas pantallas o displays de nuestros teléfonos móviles, de nuestros lectores digitales, de nuestros iPods, de nuestras agendas Blackberry, de nuestros microondas y lavadoras, de nuestros videojuegos o deuvedés portátiles, de nuestras impresoras y un inacabable etcétera. Algunas urbes como Kioto, Nueva York, Buenos Aires, Shangai, Hong Kong o Londres dan la razón a Iain Chambers cuando describe a la ciudad como una “pantalla gigante”, apelando a su capacidad audiovisual, polimórfica, polisígnica, repleta de contenidos informativos o publicitarios destinados a los ojos. Somos lo que miramos, y miramos pantallas. Esto tiene numerosas consecuencias psicológicas, metafísicas, sociológicas, políticas y artísticas que examinamos en otro lugar, porque hoy no queremos hablar tanto de la influencia de las pantallas en nuestra vida como de su influencia en nuestra literatura y en nuestro modo de leer.


Vicente Luis Mora, El lectoespectador

Más carteles de Shame

sábado, enero 28, 2012

Próximamente: Una forma de vida


De Amélie Nothomb. En Anagrama.

Amplia victoria de los traseros, de Jorge M. Molinero



EL RUIDO

la nota de suicidio no llevado a efecto
la bandera de españa
en la mesa del telediario de intereconomía]
la banderilla rezagada en el arrastre de isleño
las flores muertas en el camerino de una diva
la lluvia ácida comprada por un magnate de texas
la melodía del espectador un sábado
la L atropellada en la Coruña
la nómina de 800 euros
la soga con aspecto de cinturón
encontrado en la 524 del Ritz Carlton]
el támpax en la suite de la noche de bodas
los hielos derretidos en un vaso de cubata
utilizado como cenicero]
el pasillo de poesía vacío en la biblioteca
la inmundicia en los pasillos de telecinco
los ríos derrochados mientras esperamos
que salga el agua caliente]
la mancha de grasa en la dieta de un obeso
la sala de espera en urgencias de pediatría
los blísters de cerveza en primerísima línea de playa
la borrasca en la exigua semana de vacaciones

el ruido al cerrar la puerta cuando te marchas a trabajar
el ruido del silencio cuando no estás
el ruido inaguantable de tu ausencia

Nuevo cartel de Shame

Trailer de The Hunter


Con Willem Dafoe, Sam Neil y Frances O'Connor: link.

Banner de Shadow Dancer


Con Clive Owen y Gillian Anderson.

Félix Romeo: reediciones en bolsillo


Trailer de 28 Hotel Rooms