martes, mayo 20, 2008

Primera imagen: Viggo Mortensen en La carretera


Basada en la novela de Cormac McCarthy, que ya recomendamos aquí y aquí. Dirige John Hillcoat, autor de The Proposition (que no estaba mal, sin ser redonda); la banda sonora es de Nick Cave y Warren Ellis, igual que en el filme citado. Releeré el libro antes de su estreno en noviembre.
[Por cierto: también están en producción las adaptaciones de La oscuridad exterior y de la obra maestra Meridiano de sangre, ambas de McCarthy]

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Cartel de The Happening



The Happening. Después de la flojísima La chica del agua, M. Night Shyamalan estrena otra película; le deseamos más suerte.

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Resaca en Euskadi


El tour no se detiene. Más información, donde siempre: Hank Over.

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La última hora, de David Benioff


En 2002 David Benioff adaptó su propia novela para que Spike Lee dirigiese con buen pulso 25th Hour (bautizada en España como La última noche). Leo ahora la novela, sobre las últimas horas de un hombre antes de entrar en la cárcel y la adaptación es tan fiel que apenas encuentro alguna diferencia. Quien ya conozca la película volverá a encontrarse los mismos diálogos, situaciones y monólogos. Así que lo dejo a la elección de cada cual. Copio un sabroso pasaje:
–La primera vez que fui a la cárcel, tenía catorce años, era un chico pequeño y delgado. Tenía mucho miedo. Cuando acabé de cumplir condena, ya tenía barba. Era un hombre hecho y derecho. Volví a mi pueblo, encontré a mi madre y le di un beso. Ella se puso a gritar –Uncle Blue sonríe–. No me reconoció. He estado en tres prisiones diferentes, Montgomery, en tres países diferentes. ¿Sabes lo que aprendí?
Monty niega con su cabeza y espera la respuesta.
–Aprendí que la cárcel no es un buen lugar para vivir.
(…)
–Cuando llegues a Otisville, Montgomery, tienes que saber quién es quién. Encuentra a alguien a quien nadie proteja, un hombre sin amigos. Dale una paliza hasta reventarle los ojos. Que los demás piensen que estás un poco loco, pero que también eres respetuoso, respetuoso de la gente importante. Eres un chico atractivo. No te será fácil. Pero recuerda, yo tenía catorce años la primera vez. Y sobreviví –Asiente con la cabeza y mira fijamente a los ojos de Monty–. Hacemos lo que tenemos que hacer para sobrevivir.

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Jesucristo Superstar en España

En cuanto supe que los responsables de “Jesucristo Superstar, el musical”, que se representa estos días en un teatro de la Gran Vía, adaptarían el vestuario de los personajes a tiempos más modernos que los que aparecían en la película de Norman Jewison, con la incorporación del chándal, el cuero negro y las zapatillas de deporte, lo confieso, me negué en redondo a ir a verlo. Soy un fanático de este musical y aún más del filme que protagonizaron Ted Neely y Carl Anderson. Tenía miedo de los cambios. Miedo a encontrarme con un Jesús de Nazaret demasiado moderno, y ya lo era bastante en la obra. Unas cuantas personas intentaron convencerme: habían oído buenas críticas y su intuición les decía que el musical iba a estar a la altura. Me apeteció ir cuando uno de mis amigos zamoranos, músico para más señas, dijo que había visto la obra y era una maravilla. Su perspectiva me animó, me dio impulso. Porque “Jesucristo Superstar” es mi musical favorito, la mejor ópera rock de todos los tiempos.
Corrían los años setenta en Zamora. Yo era un crío y dormía en un cuarto anexo al salón de la casa de mis abuelos. A la hora de ir al sobre, mi tía pinchaba en un viejo equipo con tocadiscos alguno de estos lp’s: los álbumes rojo y azul de The Beatles, “La guerra de las galaxias” orquestada por John Williams y, por supuesto, la banda sonora de “Jesus Christ Superstar”. A veces abría el volumen doble de este último y me pasaba minutos observando las fotos, hechizado por la mezcla de épocas. Vi la película numerosas veces a una edad en la que ni siquiera comprendía sus anacronismos y sus intenciones revolucionarias. El filme de Norman Jewison, que tengo por ahí grabado en una vieja copia de vhs, ni siquiera está editado en España en dvd, algo que escapa a mi entendimiento porque el musical tiene muchísimos seguidores.
“Jesucristo Superstar, el musical”, en su adaptación a estos tiempos, no ha perdido un ápice de su magnetismo, de su fuerza, de su encanto. Los soldados siguen llevando metralletas, pero su vestuario es contemporáneo. Los sacerdotes no visten túnica, sino traje, corbata y sombrero. Es lo mismo, pero adecuado a nuestra época. Herodes ya no es un tipo que monta un vodevil carnavalesco en la playa, rodeado de sombrillas, sino un ilusionista con aires de presentador de music-hall, y es capaz de hacer trucos de magia mientras canta, lo cual me dejó asombrado; no suelo asistir a espectáculos de magia y, cuando veo la ilusión ante mis ojos, soy incapaz de intuir los secretos del truco. Este musical de Andrew Lloyd Weber y Tim Rice, dirigido por Stephen Rayne, es potente en la versión actual que se representa en el Teatro Lope de Vega. Como me sucede cada vez que la música o el cine me envían de vuelta a la infancia, se me puso la piel de gallina con las canciones, o al menos con mis preferidas. Aunque la banda sonora y la película de Jewison son insuperables, la adaptación española es sobresaliente. Parece que parte del reparto ha cambiado o se alterna desde su estreno, así que por eso y por razones de espacio sólo citaré la actuación del argentino Gerónimo Raunch, quien interpreta a Jesús a la perfección y cuyo tono de voz me recordó un poco a Ted Neely. Lástima que la banda sonora que venden en el teatro no recoja su intervención. Raunch alcanza niveles impresionantes, sobre todo en la oración del huerto de los olivos. O en el última acto, atado a una cruz que se eleva poco a poco por medio de cables, mientras las luces del escenario se concentran en su cuerpo torturado y crece la penumbra a su alrededor. Una estampa sobrecogedora y digna del género de terror. Muy bien, ya digo.

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102

Vamos a comprar un kebab al establecimiento de siempre. Pido alto y claro, hablando en mayúsculas, por así decirlo: “Dos kebab dobles de cordero con queso”. El hombre me sirve lo siguiente: Dos kebab sencillos de pollo sin queso. Con este tipo de pijadas y malentendidos, tan frecuentes en Madrid, no es de extrañar que un ciudadano corriente se pueda convertir en D-Fens (sí, el de “Falling Down”).

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Esta tarde, en Madrid


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lunes, mayo 19, 2008

Guía del usuario para el nuevo milenio, de J. G. Ballard


Años atrás leí dos de los libros más importantes de Ballard: Crash y El imperio del sol, ambos desasosegantes y perturbadores (o así los recuerdo yo).
Ballard vuelve a estar de moda: pruebas de ello son la publicación de Fiebre de guerra y Bienvenidos a Metro-Centre en España, la próxima exposición comisariada por Jordi Costa ("J. G. Ballard: Autopsia de un nuevo milenio"), el proyecto de Vincenzo Natali para adaptar al cine High Rise (Rascacielos), la reedición de Crash, El imperio del sol y El mundo sumergido y la próxima traducción de sus memorias Miracles of life. Shanghai to Shepperton (en septiembre).
Guía del usuario... recopila sus artículos, ensayos breves y reseñas de libros aparecidos en distintas publicaciones. Aparecen agrupados por temas: Cine, Vidas, El Mundo Visual, Escritores, Ciencia, Autobiografía, Ciencia Ficción, Generalidades. Y en ellos habla, con su habitual elegancia, de William Burroughs, Elvis, Mad Max 2, Walt Disney, la Coca-Cola, Dalí, Nathanael West, Warhol, Terciopelo azul, el futuro, el automóvil, sus años en un campo de concentración japonés (materia prima de El imperio del sol), etc.
Se podrá estar más o menos de acuerdo con sus postulados o con algunos de los temas elegidos, pero no se puede negar su grandeza como escritor y, sobre todo, sus dotes visionarias. Veamos unos ejemplos:
Por descabellado que parezca, esta transformación de nuestra vida privada con el auxilio de los sistemas de vídeo y los ordenadores domésticos ya está cerca. Los microordenadores se están instalando en miles de hogares norteamericanos, donde ofrecen videojuegos y realizan los quehaceres más simples.
Gracias a la videoteca y los inminentes milagros de la proyección holística, pronto la presencia física de los demás ya no será necesaria para nosotros. Podemos visualizar sin dificultad un futuro en el que la gente nunca se encuentre, salvo en la pantalla del televisor. La infancia, el matrimonio, la paternidad, incluso los pocos trabajos que queden por hacer, todo se llevará a cabo desde la casa.
Se está cumpliendo. Y Ballard lo escribió en 1977.

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Cartel de Coco Before Chanel


Lo cuelgo porque siempre es un placer mirar a Audrey Tautou.

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Conozcan a Chukri

Miro la fotografía que tengo de Mohamed Chukri, nacido en el treinta y cinco y muerto en el dos mil tres al ser devorado por el cáncer. La imagen muestra a un Chukri más joven que en otras fotografías célebres. Tiene la expresión un poco ceñuda. Ojeras, algo de cansancio en la mirada y mucho dolor al fondo. Es el clásico rostro de quien paseó demasiado tiempo por el infierno. Un bigote espeso, negro, y el pelo rizado y tupido, y una camisa blanca, lo emparentan con el aspecto que suelen tener los dueños marroquíes de las teterías de mi barrio. En una entrevista que ofreció al diario El País leíamos esta declaración de intenciones: “Yo estoy comprometido socialmente. Me inclino a defender a las clases marginadas, olvidadas y aplastadas. No soy Espartaco, pero creo que todas las personas tienen una dignidad que tiene que ser respetada. Aunque no hayan tenido oportunidades en la vida”. Chapeau.
Chukri creció en un entorno violento en el que tuvo que sufrir brutalidades de esta clase: la muerte de su hermano, estrangulado por su padre delante de la familia; las palizas de ese padre que también cascaba a la madre; estar medio muerto de hambre y ver cómo un pescador arroja al mar un pedazo de pan y tirarse a por él, cayendo en medio de la grasa y los excrementos que suelen flotar junto a los barcos amarrados en el puerto; prostituirse con un viejo para que le dé algo de dinero a cambio. Historias reales y sórdidas de este escritor maldito. O que, al menos, fue maldito en sus comienzos, con sus obras prohibidas en la traducción al árabe. Leamos un fragmento, lo que piensa tras dejarse hacer una felación por un tipo y recibir pasta, allá en el Tánger gobernado por España: “Mi sexo se vende por cincuenta pesetas. ¿Qué quiere decir eso? Muchas preguntas, que no sabía contestar claramente. Lo único que sabía era que había que vivir. Fumé con voluptuosidad y me acosté”. Chukri fue analfabeto hasta que cumplió los veintiún años. En sus libros, después, supo relatar con un estilo diferente y sin tapujos las historias que había vivido y las que le habían contado.
En España, Debate publicó tres libros suyos de tono autobiográfico: “Tiempo de errores”, “El pan desnudo” y “Rostros, amores, maldiciones”. Mi trabajo me ha costado, pero conseguí ejemplares de los dos últimos. Y algún día me haré con el primero. En “El pan desnudo” asistimos a la infancia y a la adolescencia del autor, algunos de cuyos pasajes he enumerado más arriba. Es un texto imprescindible de la literatura marroquí y de la senda de los escritores malditos. “Rostros, amores, maldiciones” contiene historias que Chukri vivió o le contaron. No hay afeites, todo es verdad, crudeza vivida y padecida. En “Rostros…” Chukri se pasea por los prostíbulos, por los tugurios, por los bares donde siempre está en contacto con la gente de la calle, con los desfavorecidos. De este libro escrito en forma de relatos me impactó mucho un cuento (él dijo que era desgraciadamente cierto, que le habían contado esa historia) que comienza así: “Hedi volvió de la guerra de Indochina con los brazos amputados. Sabía por qué había vuelto, pero no por qué había ido a esa guerra”. El hombre, inválido, queda al cuidado de su hijo. El sexo le arde, pero sin manos no puede aplacarse. Tampoco tiene esposa, es viudo. Y busca una mujer que conviva con él, le cuide y le calme el ansia de eyacular. Su hijo sabe que ninguna mujer le querrá así, que se casarán con él sólo para cobrar la herencia. Y el hijo toma la decisión que noquea al lector: decide masturbar a su padre. Una historia dura, muy dura, real y escandalosa. Es casi imposible encontrar libros de Chukri. Están agotados. ¿Para cuándo la reedición?

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Pixelians


Curiosa página. Vía Dadanoias.

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El comulgatorio

Es posible que no conozcas demasiado las afueras de Zaragoza:
ese mundo ambiguo, fronterizo y misterioso.
Ya no son suburbios las afueras.
Son un combate lento entre el ladrillo y la tierra,
entre el asfalto y el erial,
entre la farola y la luna.
Entre muertos y vivos.
Entre santos y pecadores.
Entre gladiadores y cristianos.

Más allá de Torrero, más lejos del Actur,
allá donde los efluvios del Carrefour terminan,
más allá de Las Fuentes,
hay un mundo de calles asfaltadas con fantasmas
que terminan en huertas sin frutos
y acequias sin agua,
de bares al lado de escombros desesperados
que dejan ciega la mirada,
bares desolados, de casetas de campo
junto a grúas recién puestas,
de albañiles tristes que hablan en rumano,
convertidos más tarde
en locos vampiros llenos de luz con baterías muy baratas,
todo es barato en este reino mío,
de neumáticos torturados,
de pequeñas tiendas que despachan pan industrial
y golosinas calientes.

Las afueras son también un reino de juventud:
allí es donde los jóvenes de treinta años tienen su futuro,
su piso y su larga deuda con los hombres viejos.
Porque los hombres viejos tienen el poder y la nada,
tienen las leyes y el dinero, y mujeres viejas, a quienes
ya no se follan -porque todo es una mentira inabarcable-
y son dueños de los techos, de las paredes,
de la domesticación del frío,
del pegajoso frío.

Allí les esperan dorados domingos para disfrutar
del salón de diecinueve metros cuadrados,
de la cocina de siete, del "dormitorio-suite" de diez,
así lo llamó el constructor el día de la firma del contrato,
de la plaza de garaje que protege del bárbaro viento
de los desmontes recién urbanizados a un Corsa del 87,
y de las magníficas vistas a la autopista de Barcelona.
Mira esas vistas, cariño,
mira ese ardor del sol contra nosotros,
mira cómo nosotros acabaremos como ellos,
como esos tipos que nos han vendido esta mierda,
cómo seremos leña roja y almas baratas,
así que deja que te lo haga todo esta noche,
es lo único que tenemos. Deja que me coma
lo que ellos no tienen: tu carne blanca y dulce
y que apague
tus gloriosas ganas de follar. Es nuestro reino.

Cuando llege el insomnio, que llegará, cuenta,
para no volverte loco, amor mío, cuenta el número
de coches que pasan
a doscientos kilómetros por hora
(provistos de aparatos
altamente sofisticados que detectan los radares
de las baratas autoridades policiales españolas)
en madrugadas tan insignificantes
como las golosinas que venden en la tienda de la esquina.

Amor mío no puedes dejar tu trabajo, amor mío
si quieres follamos hasta morir, pero por favor
no dejes tu trabajo.


Manuel Vilas, Calor

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domingo, mayo 18, 2008

Próximamente: En los sueños comienzan las responsabilidades


Célebre libro de relatos de Delmore Schwartz, publicado por Elipsis, con traducción de Miguel Martínez-Lage y prólogo de Rodrigo Fresán. O sea, una garantía y un acontecimiento. Estaremos atentos.
Que yo sepa, además, no hay libros traducidos en España de este autor. Podemos encontrar un cuento de Schwartz en el imprescindible volumen Antología del cuento norteamericano (Galaxia Gutenberg. Selección y prólogo de Richard Ford).

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Colibrí

................................................Para Tess
Vamos a suponer que digo verano,
escribo la palabra “colibrí”,
la meto en un sobre
y la llevo colina abajo
hasta el buzón. Cuando abras
la carta te acordarás
de aquellos días y lo mucho,
lo muchísimo que te quiero.


Raymond Carver, Todos nosotros

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La empresa

Quienes nunca hemos trabajado en esos altos edificios del centro que alojan cientos de oficinas donde los empleados se dejan media vida, o en esos mamotretos del extrarradio con vistas a la carretera, ignoramos cuanto sucede de puertas adentro. A mí me lo cuentan las personas que sufren esa rutina de despachos. Currantes que trabajan duro y esperan durante años por un ascenso que luego le dan a otro, a un enchufado o al sobrino del jefe. Caras que esconden la verdad, que sale a flote en las cenas de empresa y sus consecuentes borracheras. Despidos, injusticias, mamoneo, horas extras que nadie cobra, etcétera. Una cadena de mando en la que impera la ley de la selva, donde los más grandes devoran a los más pequeños o con menos poder. Pero también me lo cuentan los libros y películas que se están escribiendo y rondado en los últimos años. De tal modo que, si antes la empresa servía como telón de fondo a una historia de amor (véase “El apartamento”, esa obra maestra) o a los actos brutales de un psicópata (“American Psycho”, la novela), hoy es la protagonista de las historias sobre oficinistas y comporta un ácido retrato de lo que sucede de puertas para adentro, donde quien no sepa despedazar a los demás será el probable perdedor.
Algunas series hablan del problema en tono de comedia: “The Office” o “Camera Café” son las que se me ocurren en este momento. Meses atrás una novela tuvo un gran impacto en el mundo literario de Estados Unidos (no tanto en España, donde el lector medio está más ocupado en el Holocausto, en la guerra civil y en las tramas con templarios que en lo que nos sucede en la actualidad): me refiero a “Entonces llegamos al final”, de Joshua Ferris. Pueden encontrar la reseña que hice de dicha novela en el blog del Grupo Epi “El Lector Sin Prisas”, en febrero. Ferris también utiliza un tono desenfadado y humorístico, pero cuando menos te lo esperas te asesta un golpe. La sonrisa se congela y sentimos compasión por ese oficinista al que los demás desprecian, o por aquel otro que enloquece por culpa del estrés, la presión laboral y los problemas cotidianos. Este año, el mexicano Antonio Ortuño quedó finalista del Premio Herralde con “Recursos humanos”, una narración que, al parecer, explora el infierno laboral a través de la rebelión de uno de los empleados de una empresa.
El cine norteamericano ofreció hace tiempo “En compañía de hombres”, donde dos compañeros de oficina se dedicaban a vengarse de las mujeres. Pero creo que es en el cine español donde más ha calado el modelo norteamericano, despiadado e hipócrita, de los complejos empresariales. Ese modelo por el cual los españoles deben usar expresiones yanquis en el día a día, tales como “team building”, “casual day”, “reporting” o “conference call”. Pensemos en “Smoking Room”, la despiadada historia de los trabajadores obligados a fumar en la calle y la sublevación de varios de ellos para que les pongan una sala de fumadores en el edificio. La sala era sólo la excusa, el hilo conductor de las relaciones entre los jefes y los subordinados. Pensemos en “El método”, la adaptación al cine de la obra de Jordi Galcerán. Asfixiante y claustrofóbica, nos mostraba a un grupo de aspirantes a un puesto, encerrados en una oficina y mordiéndose entre ellos, como perros con corbata, para conseguir el codiciado empleo. Estos días se ha estrenado otro filme español con idéntica calidad: “Casual Day”. Procuren verla. Hacia el final pensé que iba a acabar bien. Pero estamos demasiado acostumbrados a los finales felices de USA. En el cine europeo no nos muestran lo que deseamos, sino lo que en verdad somos. Y eso escuece.

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sábado, mayo 17, 2008

Próximamente: La ciudad



En breve tendremos en las librerías el poemario La ciudad [Antología 1985 - 2008], de Karmelo C. Iribarren, en una reedición ampliada que incluye algunos inéditos. Me cuenta Karmelo que cree que el libro estará listo en torno a la Feria del Libro de Madrid. Será un placer leerlo.

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Citas. 80

Me fui al mercado. Una mujer extranjera pagó lo que había comprado y volvió a meter la cartera, llena de billetes, en su bolso. Me sorprendió mirándolo, y lo cogió con fuerza. Su mirada, dulce, me decía: "¿No te da vergüenza?". Me acobardé y salí del mercado. Es la miseria, señora. Los ricos tampoco tienen vergüenza: nos compran muy barato. Tal vez tú no tengas necesidad de venderte.
Mohamed Chukri, El pan desnudo

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Triste show nocturno

Para cerciorarse de la caspa en bruto que arrasa este país sólo hay que dar una vuelta por los canales de televisión en cualquier noche de viernes y sábado. Ponen tal cantidad de mierda junta que uno añora los días laborables, donde puede saciarse viendo series decentes como “House” y “Los Simpson” y el programa de “Muchachada Nui”, que sólo nos gusta a quienes somos muy fieles a Monty Python. A uno le da por quedarse en casa y, antes de meter una película en el reproductor de dvd, hace un poco de zapping. Ni siquiera sé cómo se llaman esos programas de los que hablo. Luego nos sorprende que el personal salga de farra los fines de semana, a emborracharse por ahí, y llegue a las tantas de la madrugada. Pues mire: a mí me parece más sano cogerse una cogorza en los bares, donde además te relacionas con otra gente, que quedarse el sábado en casa viendo lo que ponen. Entrevistas a varias bandas, acusaciones a los invitados, invitados que montan un escándalo para evadir las preguntas aunque estén cobrando por comparecer allí, rescates del pasado de gente que tuvo su época de gloria, preguntas que harían enrojecer a una actriz porno y cosas así.
Veo a Massiel en todas las cadenas. En una, la están entrevistando. En otra, recuerdan su éxito en Eurovisión, que no sé si fue su único éxito pero a mí me lo parece. En otra, pasan unas imágenes para recordar a los espectadores el cirio que montó en otro programa. El asunto acaba siendo cansino, oiga. En todas partes, además, Massiel responde cantando. Como queriendo volver al ruedo. Como haciéndonos ver que lo suyo es cantar y que todavía puede hacerlo en directo. Aprovechando el tirón, los presentadores e invitados de algunas cadenas se meten con los de otras cadenas. Unos días antes del boom Massiel, estos programas se ocupaban de Andrés Pajares. Ya sé que Pajares y Esteso tienen miles de seguidores, pero he de confesar que a mí sus películas no me gustaban, no me hacían mucha gracia. Sí me hacía gracia, en cambio, Ozores, con su desparpajo surrealista y chabacano. Vi algunas de esas películas (lo que antaño conocíamos como “españoladas”) sólo por Ozores, en mi infancia. Bueno, por Ozores y por la carne que mostraban las actrices, para qué nos vamos a engañar. La gente no se cree que no me hicieran reír Pajares y Esteso. Pero me alegraron la vida. ¿Y saben por qué? Porque mis hermanos reían viendo sus comedias de serie Z, y a mí cualquier razón que haga felices a mis hermanos y les mueva a reír me basta para darla por válida. El caso es que ni siquiera vi las “películas serias” de Pajares. Me las perdí todas. Y sé que debería verlas porque dicen que hizo papelones. Pajares se pasea por los platós de televisión y la monta y, en los que no se presenta, ponen el vídeo de sus últimas entrevistas o de sus últimas comparecencias o de sus últimas locuras. Dejen a Pajares en paz, hombre. Bastante tiene ahora con lo suyo.
Mi primo me habló de un programa nocturno donde el invitado se somete a preguntas íntimas sobre su vida, en presencia del polígrafo. Entre el público suelen estar la madre, el novio o la novia, etcétera. El polígrafo mide la sinceridad, se supone. Una de estas noches vi unos minutos. A una mujer, en presencia del marido y la madre, le preguntaron: ¿Utilizaste las frutas de la tienda de tus padres para tener relaciones sexuales? ¿Quieres que tu marido se alargue el pene para darte más placer? En ese plan. La familia, claro, asombrada, sin dar crédito a las respuestas. Y la gente se somete a eso para ganar dinero. Dejan que saqueen sus secretos. Menudo país.

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viernes, mayo 16, 2008

Casual Day


Gran película española, en la línea de El método y Smoking Room, que retrata las miserias y las puñaladas de los peces grandes y los peces chicos de las empresas "a lo yanqui". El "casual day" es una costumbre importada de USA. En ciertas empresas es el viernes: los trabajadores pueden acudir a la oficina con ropa informal. En otras (como en la de este filme dirigido por Max Lemcke), es el día en que la empresa lleva a los trabajadores a una casa rural para que se relajen, se relacionen entre ellos y hablen sin tapujos de lo que les molesta. Por supuesto, aquello se convierte en una ratonera: puñaladas traperas, traiciones, despidos y el convencimiento de que el nuevo modelo empresarial sólo vale para poner zancadillas mientras escalas puestos y te pierdes la vida que hay fuera de la oficina. El reparto, espléndido: Juan Diego, Luís Tosar, Estíbaliz Gabilondo, Javier Ríos, Alberto San Juan... (pincha en la imagen para ver el reparto completo), además de una intervención breve de Marta Etura.
El cine español sólo puede salir adelante de este modo: con ayuda de un guión sólido y un reparto eficaz. Estamos ante una comedia ácida y mordaz. Merece la pena.

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Carteles de The Strangers




Existen, al menos, un par de carteles más sobre esta película que me llama la atención, pero sólo cuelgo los que más me motivan. En el primero, si uno se fija y lo amplía, podemos ver el perfil de un encapuchado al fondo, entre las sombras. Dicen que está basada en hechos reales. El trailer resulta inquietante y la capucha recuerda a El orfanato. Esta es la web.

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El pan desnudo, de Mohamed Chukri


Si mal no recuerdo, este libro me lo recomendaron los siguientes autores y en este orden: David González, Antonio Pérez Morte, Patxi Irurzun y Pablo G. Bao; y por eso se lo agradezco aquí a todos ellos. Por fin, tras numerosas búsquedas y pesquisas, encontré El pan desnudo y Rostros, amores, maldiciones; es mucho mejor el primero, más descarnado, más duro, más hiriente para los personajes que lo habitan.
En El pan desnudo el escritor marroquí Mohamed Chukri cuenta su infancia y su adolescencia: un padre que lo apaliza, hermanos que se mueren, hambre y dolor, miseria y trapicheos, alcohol y drogas y sexo, prostitutas y camellos, peleas callejeras y detenciones policiales. Chukri mantiene relaciones sexuales tanto con hombres como con mujeres, pero las prefiere a ellas. No sabe leer ni escribir, pero el final de la novela anuncia que su aprendizaje está próximo. Si la infancia es el territorio donde nos formamos, Chukri se formó a base de palos y de comer mendrugos de pan que otros arrojaban al mar o a la basura.
Su estilo es directo, crudo, hosco, irregular. En un mismo párrafo encontramos saltos de tiempo y de espacio, lo cual acelera la narración, la impulsa sin dejarnos respiro. Otro día hablaremos aquí de la vida del autor.

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Una teoría sobre la caricatura

Tarde o temprano, la gente acaba pareciéndose totalmente a su caricatura, a su guiñol, a sus imitadores. Puede que al principio el caricaturista, el dibujante, el creador del muñeco y el imitador no hayan dado exactamente en el blanco, pero el tiempo se encargará de hacerlo. Tomé esta idea al ver en televisión al Rey leyendo un discurso. Hace años, cuando Manel Fuentes empezó a imitar la voz de Don Juan Carlos, pensé que no estaba mal, que hacía una imitación correcta, que ese tono nasal impostado se le parecía, pero no mucho. Ahora, un tiempo después, escuchas hablar al Rey en la tele y crees que se trata de Fuentes imitándolo: pero no, resulta que el Rey habla ya como quienes les imitan. Y esto no me lo censuren, que lo digo con todo el respeto del mundo. El imitador y el caricaturista tienen una virtud que prevalece sobre su arte a simple vista, y es que se adelantan al tiempo. Dibujan e imitan a un político o a un actor o a un monarca no como son, sino como serán en el futuro. O quizá me estoy equivocando y es la tendencia de todo hombre a imitar inconscientemente a su caricatura y no la consecuencia del tiempo. Puede que no todos los famosos que Joaquín Reyes imita en su “Celebrities” de “Muchachada Nui” se parezcan al cien por cien, pero hablaremos dentro de unos años, cuando a los imitados se les deforme un poco la cara, les salgan más arrugas y estén peor de lo suyo. Hablaremos entonces.
Miren a Aznar y a Zapatero: cada día se parecen más a sus guiñoles. Los creadores del guiñol, es cierto, también se van amoldando: le pusieron melena al muñeco en cuanto Aznar empezó a dejársela. Y ahora Aznar se parece más al muñeco que a sí mismo. El guiñol de Rajoy no se parece nada a él, pero démosle tiempo al tiempo: ya se parecerá. Cuando me daba por hacer caricaturas de mis amigos, a veces me hacía un autorretrato. En algún que otro botellón he sacado mi autocaricatura y siempre hay alguien que dice: “No te pareces”, y entonces yo pienso, o no lo pensé entonces pero lo pienso ahora: “Tranquilo, ya me pareceré”. Estoy convencido de que cada año me parezco más a mi caricatura, la que yo mismo me hice. En mis primeros trabajos para un periódico se me cabreaban mucho los entrevistados que salían en la última página porque yo era el encargado de caricaturizarlos y protestaban alegando que no se parecían un carajo. A veces veo a alguno de ellos por la calle y ahora es clavado a la caricatura que entonces le hice. Miren a las folclóricas de este país tan casposo: las imitan, las dibujan, las plagian, los humoristas se disfrazan de ellas y, unos años más tarde, ellas están calcadas a sus monigotes. El tiempo lo resuelve todo, pone las cosas en su sitio. ¿Han visto algún viejo dibujo de Jack Nicholson? Vuelvan a echarle un vistazo y busquen en Google Imágenes alguna foto del gran Jack viendo un partido: sus rasgos han alcanzado la exageración que pregonaban las caricaturas. Ambos, hombre y viñeta, han llegado a la comunión de rasgos.
También es cierto que, si el imitado o caricaturizado cambia mucho, entonces su imagen huye del dibujo. Por ejemplo: uno de mis amigos ha cambiado tanto en los últimos años (se ha quitado kilos y pelo, etcétera) que no es ni la sombra de las caricaturas que yo le hacía. Pero son casos aislados. Algunas personas pagan para que les hagan una caricatura en la plaza mayor de algunas ciudades, o en un parque cuando hace buena temperatura, y la mitad se quejan: “No me parezco nada”. No se preocupe, mujer: deje enfriar el dibujo en el cajón durante un tiempo y luego sáquelo y verá que usted y su parodia son como dos gotas de agua.

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jueves, mayo 15, 2008

Lars y una chica de verdad


Cartel de la película de la que hablo en el artículo de abajo, o en link directo: aquí.

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Busca la luz en lugar de las sombras

Algunas personas inventan su propia realidad, pero eso no significa necesariamente que estén enfermas. El protagonista de “Lars y una chica de verdad” es un tipo introvertido y alérgico al contacto físico y al cariño (Ryan Gosling, en una interpretación tan lograda como la que ofreció en “Half Nelson”), quien un buen día compra por correo una muñeca de goma y la pasea por el pueblo como si fuera una chica real, contándole a todo el mundo su pasado, sus gustos y sus orígenes. La psicóloga que empieza a tratarlo, sin que él lo advierta, decide que la situación ha sido creada por la mente de Lars para decir algo o resolver algo o afrontar un problema. Pero Lars, al contrario de lo que haría cualquier hombre que se comprara una muñeca inflable por correo, no se la cepilla. Y entonces aquí subyace una cuestión, uno de los subtextos del filme: ¿Quién está más loco: un tío que se compra una muñeca para practicar el sexo con ella y luego arrumbarla en una esquina o un tío que se compra una muñeca para pasearla por la calle como si fuera su novia? ¿Debemos creer que quien se acuesta con la muñeca está más sano de la cabeza que el que habla con ella?
El mayor atractivo de “Lars and the Real Girl” no es su conexión con Berlanga y “Tamaño natural”, sino sus paralelismos evidentes con “Don Quijote de la Mancha”. Pero en todas las críticas y reseñas que he leído de la película, a posteriori, no citaban este vínculo, este homenaje, esta inspiración para la guionista Nancy Oliver (autora de los guiones de numerosos episodios de la serie “A dos metros bajo tierra”). Tal vez sea porque dichos críticos no han leído la novela de Cervantes: podría ser. Pero la directora de la película nos ofrece un guiño, el guiño definitivo. En una escena, Lars lee un pasaje de un libro a la muñeca, como si ésta pudiera escuchar su voz. Y el libro no es otro que “Don Quijote de la Mancha”, en uno de los fragmentos en que el hidalgo cree ver a una princesa donde sólo hay una aldeana.
En la novela de Cervantes, Don Quijote crea su propio mundo. Un mundo de caballeros, princesas, gigantes, duelos y continuas aventuras. Él deforma la realidad a su alrededor. Y la mayoría de personajes, ¿qué hacen? Le siguen el juego. Le dan la razón, le llevan la corriente. En “Lars y una chica de verdad” la mujer del hermano de Lars y la psicóloga que lo trata creen que conviene darle la razón, involucrar a la muñeca en la vida cotidiana del pueblo y pedirle a la gente que hable con ella como si, en efecto, estuviera viva. Reacios al principio, los habitantes de la localidad terminan aceptando las reglas del juego. Conversan con ella, la peinan, la llevan de paseo. Y es entonces cuando surge otra pregunta en la mente del espectador: ¿Quién está más loco: el hombre que cree que una muñeca es su novia o los habitantes de un pueblo que deciden seguir la comedia? O, en palabras de Obi Wan Kenobi, el maestro Jedi: “¿Quién está más loco: el loco o el loco que sigue al loco?”. ¿Dónde se encuentran los límites? ¿Cuál es la frontera? Al principio de la cinta vemos, además, a una compañera de trabajo de Lars que está interesada en él, pero el hombre tiene problemas para relacionarse con las mujeres o con cualquiera que le ponga un dedo encima. Los últimos minutos del filme nos demuestran dónde está el problema de Lars y cómo hará para resolverlo. Es una vuelta de tuerca brillante, que dota de sentido a lo anterior. Para escribir este texto busqué alguna entrevista con el actor Ryan Gosling. Y encontré esta declaración suya: “Don Quijote siempre tiene la opción de tomar el camino equivocado, pero busca la luz en lugar de las sombras. Y algo así ocurre con Lars”.

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Seguimos: Hank Over Tour


Mal que les pese a unos cuantos, seguimos en la carretera. El programa para los próximos días es el siguiente:
Viernes 16 de mayo: Semana de Poesía de Barcelona: Lecturas de Antonio Orihuela, Ángel Guinda y Vicente Muñoz Álvarez. Palau de la Virreina. La Rambla, 99. 24 horas.
Sábado 17 de mayo: Presentación de Resaca/Hank Over en Barcelona: Librería Taifa. C/ Verdi, Nº 12. 20 h. Intervendrán: Eloy Fernández Porta, Javier Marroquín, Sergi Puertas, Hernán Migoya, José Manuel Vara y Vicente Muñoz Álvarez.
Miércoles 21 de mayo: Presentación de Resaca/Hank Over en Vitoria: Café Teatro de la Universidad. Campus de Vitoria- Gasteiz. 19 horas. Intervendrán: David González, David Murders/Mardaras y Vicente Muñoz Álvarez.
Jueves 22 de mayo: Presentación de Resaca/Hank Over en Bilbao: Elkar Megadenda. Casco Viejo. 19 horas. Intervendrán: Patxi Irurzun, David Murders/Mardaras, David González y Vicente Muñoz Álvarez.

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101

En el blog de Hank Over me encuentro el comentario de un tipo que nos llama “Panda de freaks”. Lo más divertido es que su nick es Capitán Haddock, el de Tintín. Y nos llama “freaks” a nosotros, no te lo pierdas. Así es la llamada blogosfera, donde cualquier bobo tiene su rincón. Putos aficionados…

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miércoles, mayo 14, 2008

¿Remake de Bad Lieutenant?



Acabo de leer que está en marcha el proyecto de hacer un remake de Teniente corrupto, de Abel Ferrara, que supuso una de las mejores interpretaciones de la carrera del gran Harvey Keitel. Un filme que fracasó en taquilla, que era independiente, que no se puede mejorar porque rebosa mala leche y tiene a Keitel. Por si fuera poco, dicen que el protagonista podría ser Nicolas Cage, quien pasó de ganar el Oscar a ser uno de los actores más histriónicos y malos del mundo (se salvan algunos trabajos últimos: Adaptation, El hombre del tiempo y poco más). Y aprovecho para citar a mi primo, que tiene una máxima de la que ya me fío: Cuando Nicolas Cage sale con el pelo corto, la peli no está mal. Cuando sale con el pelo largo, es mala.

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Drew Struzan


Drew Struzan es probablemente el mejor dibujante y diseñador de carteles de cine de estos tiempos. Unos ejemplos: los afiches de Regreso al futuro y secuelas, de las sagas de Indiana Jones y La guerra de las galaxias, de Los goonies, Acorralado, E. T., Blade Runner, Los locos de Cannonball... Yo no sabía su nombre, pero las paredes de mi adolescencia estuvieron cubiertas por los trabajos de este tipo. Su web: aquí.

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Citas. 79

El arte consiste sólo en tocar cada vez mejor el instrumento que se ha elegido. Esa es la diversión, y uno no deja que nadie se la arrebate, ni que lo disuada y, si se trata de un extraordinario pianista, ya puede uno vaciar toda la habitación donde esté con su piano, levantar mucho polvo y tirarle cubos de agua, que él se quedará allí tocando. Y aunque la casa se le caiga encima, seguirá tocando, y lo mismo ocurre al escribir.

Thomas Bernhard en Conversaciones con Thomas Bernhard, de Kurt Hofmann

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Casa Olivares

Había ido un par de veces a comer a las bodegas de un pueblo de Madrid, El Molar. En la capital estas bodegas son bastante célebres, más o menos lo que equivale a Zamora con las bodegas de El Perdigón. Hace unos días volvimos a comer allí. Esta vez nos metimos, previa reserva, en Casa Olivares. Si alguien decide ir alguna vez a ese pueblo, debe saber que este restaurante es de visita obligatoria. Su fama le precede. La casa data del año mil ochocientos siete. Según me explicaron, es un lugar que ha ido pasando de padres a hijos, de generación en generación, lo cual enriquece su solera, su cocina y el trato que dispensan al visitante. Llama la atención, al entrar, la cantidad de fotografías enmarcadas que se distribuyen por las primeras salas. En las paredes, en las mesas, en las vitrinas, encima de los aparadores y cómodas, hay fotos de famosos que han ido a comer allí y luego se han hecho la foto con el dueño actual, en este caso Antonio Olivares, quien nos recibió en persona e hizo demostración de su buen humor y de su amabilidad. A este restaurante suele ir el Rey. Dicen que se presenta sin avisar. En dichas fotografías vimos a un montón de famosos del mundo de la música, el cine, el folklore, el deporte y, sobre todo, la política. Predominan las apariciones de gente del PP en las imágenes: Aznar, Rajoy, Aguirre, Ruiz-Gallardón, etcétera. También hay alguna que otra foto con representantes de otras cuerdas. El problema es que había tantas que sólo me fijé en algunas, al azar.
La especialidad de la casa son los asados en horno de leña. Nosotros pedimos un menú para varias personas. No se trata de uno de esos menús flojos, de poca calidad y cantidad, que suelen servir en muchos restaurantes y bodegas, y tras los que te quedas pensando que debiste pedir a tu antojo para comer más y mejor. No, el menú de Casa Olivares es una bomba de relojería. En cuanto a calidad y en cuanto a cantidad. De entrada, te sirven unos platos de embutido: jamón serrano, lomo, queso… Después, unas cazuelas de barro que contienen diversos manjares a la parrilla: chichas, pimiento rojo, chorizo, morcilla, chistorra, lomo. A esas alturas ya has matado un poco el hambre. Y es entonces cuando, junto a las ensaladas de tomate y lechuga, llegan dos calderos casi tan grandes como los de Panorámix cuando prepara la poción mágica para los galos. Uno contiene judiones con perdiz. El otro, judías pintas con oreja. Para aderezar según el gusto, acompañan a estas legumbres de platos con guindillas en vinagre y cebolla cruda cortada en rodajas; uno se echa esas guindillas y esos pedazos de cebolla con el caldo y las legumbres y lo degusta todo junto. Conviene echarse sólo una cucharada sopera de cada caldero, para hacer hueco al segundo plato. Cada comensal elige el suyo. En la variedad está el gusto: tienen churrasco, solomillo preparado de distintas maneras, pollo asado, chuletón de buey, rabo de toro, cochinillo, etcétera. Para acompañar: vino casero, agua, gaseosa y pan. Sin olvidar el postre. Pues sale a treinta euros por persona. Y has comido para las próximas veinticuatro horas, que es lo que estuve yo sin probar bocado, en ayunas hasta el día siguiente.
Casa Olivares tiene mucha historia. En un reportaje de Abc contaban: “La familia Olivares sufrió la furia de los cañones de Napoleón Bonaparte cuando el estratega francés bombardeó las casas de El Molar, en plena Guerra de la Independencia. Hoy, el Hostal Olivares (…) sólo conserva de aquella época la puerta principal y una ventana, las dos únicas piezas que las bombas francesas no se llevaron por delante”, entre otras anécdotas. En sus orígenes fue casa de postas.

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