
sábado, noviembre 28, 2009
Carta de buenas noches
Me gustas entre otras cosas porque sabes alcanzar;
porque buscas huecos vacíos, abrazas,
porque aplastas tu magia
contra mi intento de magia
y el mundo sigue casi igual.
me gustas, entre otras cosas,
por tu exceso de excesos.
porque sabes no elegir y suave,
con las manos bien entendidas entre sí,
me recorres sin premura,
sin moldura aparente,
haciendo de mi cuerpo un sube y baja
a modo de carretera curva,
temiendo el decisivo impacto.
Es entonces cuando,
aplaudiendo el intento,
los párpados se bajan,
se besan las pieles y,
muy adentro y muy afuera,
se hace sábana cómplice el silencio.
Rafael Saravia, Desprovisto de esencias
porque buscas huecos vacíos, abrazas,
porque aplastas tu magia
contra mi intento de magia
y el mundo sigue casi igual.
me gustas, entre otras cosas,
por tu exceso de excesos.
porque sabes no elegir y suave,
con las manos bien entendidas entre sí,
me recorres sin premura,
sin moldura aparente,
haciendo de mi cuerpo un sube y baja
a modo de carretera curva,
temiendo el decisivo impacto.
Es entonces cuando,
aplaudiendo el intento,
los párpados se bajan,
se besan las pieles y,
muy adentro y muy afuera,
se hace sábana cómplice el silencio.
Rafael Saravia, Desprovisto de esencias
viernes, noviembre 27, 2009
Última salida para Brooklyn, de Hubert Selby Jr.

He vuelto a releer este libro. Entre otras razones, porque estos días publican, por fin, Réquiem por un sueño (Sajalín Editores) y quiero ver las diferencias y similitudes entre ambos. Este libro es una bomba. Áspero, crudo, retorcido, con pasajes difíciles de digerir por la violencia que describe. Selby nos retrata las vidas de varios personajes sórdidos y brutales que pululan siempre en torno al bar El Griego, y lo hace a través del enlace de seis historias en las que algunos de esos personajes reaparecen. Golfas, maltratadores, borrachos, travestíes, violadores, locas, mangantes, torneros, sindicalistas y gamberros se cruzan en torno a Brooklyn. No es el Brooklyn de las películas, ni siquiera las de la mafia: es más hostil y despiadado.
Casi todos los personajes están frustrados, quieren otra cosa: el sindicalista que detesta a su mujer y desea en secreto a los maricas; el tipo que prefiere salir de juerga y emborracharse antes que cuidar de sus hijos; el travesti enamorado de un hombre rudo; el vago que prefiere a cualquier tirada antes que a su mujer. Y esa frustración acaba degenerando en violencia, sea verbal o física.
Selby llena esta novela clásica, rompedora y polémica, de fanfarrones que pegan a sus mujeres, de gente miserable que sólo entiende el lenguaje de los puños y los insultos. Es asombroso su dominio del ritmo, según lo requiera la narración: frases breves, como telegramas; y oraciones kilométricas. En el texto se mezclan la narración, los diálogos y los pensamientos de una manera que nunca confunde y siempre sorprende.
Casi todos los personajes están frustrados, quieren otra cosa: el sindicalista que detesta a su mujer y desea en secreto a los maricas; el tipo que prefiere salir de juerga y emborracharse antes que cuidar de sus hijos; el travesti enamorado de un hombre rudo; el vago que prefiere a cualquier tirada antes que a su mujer. Y esa frustración acaba degenerando en violencia, sea verbal o física.
Selby llena esta novela clásica, rompedora y polémica, de fanfarrones que pegan a sus mujeres, de gente miserable que sólo entiende el lenguaje de los puños y los insultos. Es asombroso su dominio del ritmo, según lo requiera la narración: frases breves, como telegramas; y oraciones kilométricas. En el texto se mezclan la narración, los diálogos y los pensamientos de una manera que nunca confunde y siempre sorprende.
Hace años compré la edición de Anagrama, pero (y sé que esto a algunos les puede parecer una pijada) apenas tiene márgenes, hay poco espacio en blanco en la página y la lectura asfixia más en un texto ya de por sí asfixiante. Meses atrás compré esta otra edición, la de abajo, con pastas duras y márgenes correctos, publicada por Círculo de Lectores. La he disfrutado más ahora. Os dejo un fragmento de la historia de la prostituta Tralala:

Anduvo de un bar a otro estirándose el vestido y echándose agua a la cara de vez en cuando antes de dejar el cuarto de un hotel. Bebía sin parar y ni siquiera miraba sino que sólo decía sí, sí, qué coño, y tendía el vaso hacia el barman y a veces ni veía la cara del borracho que la invitaba y se frotaba contra su vientre o sollozaba apoyado en sus tetas; se limitaba a beber, luego a quitarse la ropa y a abrirse de piernas y luego a abandonarse al sueño o a la modorra de la borrachera. Pasó el tiempo…, meses, puede que años, quién sabe, y el vestido había desaparecido y sólo le quedaba una falda y un jersey destrozado y los bares de Broadway se habían convertido en los bares de la Octava Avenida, pero de esos bares, con sus putas, chulos, maricones y demás, pronto la echaron a patadas y el linóleo del suelo se volvió madera y luego la madera estaba cubierta de serrín y Tralala pasaba horas con una cerveza en un garito del puerto, insultando a todos los hijoputas que se la follaban y yéndose con cualquiera que la mirase o que tuviera un sitio donde tumbarse. La luna de miel se había terminado y ella seguía estirándose el jersey aunque ya no hubiera nadie que la mirase. Cuando amanecía, después de una noche pasada en un cuarto miserable con un miserable, entraba en el bar más cercano y se quedaba allí hasta la próxima oferta. Pero todas las noches enseñaba sus tetas y buscaba a alguien con pasta, despreciando a los malditos borrachos, pero los jodidos vagabundos sólo miraban sus cervezas y ella esperaba a alguien con pasta que tuviera cincuenta centavos de sobra para invitarla a una cerveza a cambio de un polvo y saltaba de tugurio en tugurio volviéndose más y más sucia y más y más miserable.
Planet 51


El miércoles me invitaron al preestreno de Planet 51 en el Kinépolis. Disfruté como un crío. Sé que parte de la crítica USA le ha dado palos a la película. Paradójicamente, uno de los aspectos que critican son los abundantes guiños a otras cintas, que era justo lo que ensalzaron en otra película del mismo guionista: Shrek. Y a mí esa tendencia me apasiona. Descubrir los homenajes y parodias de La guerra de las galaxias, Terminator, Regreso al futuro, Alien o Cantando bajo la lluvia es un disfrute, y es algo que en Los Simpson suelen hacer cada cinco minutos y a nadie le molesta. Me divertí mucho con el robot, que es la estrella del filme. Me sentí un niño en una sala llena de niños. Para ellos está enfocada esta producción, y como tal debe verse. Me parece que está muy currada a nivel técnico, que es un producto muy digno del cine español. No sé si esos críticos iban buscando frases de Shakespeare o si creen que todo el monte es Ratatouille, pero para mí supera a la mayoría de esas cintas-coñazo de dibujos con animalitos que hablan. Y, por cierto, acabo de comprobar que a Jordi Costa, de quien me fío bastante, no le ha disgustado.
Elogio del poeta: Luis Miguel Rabanal

Hoy, viernes, día 27, a las 21:00 horas, en el C.C.A.N. de León. Lectura de homenaje a Luis Miguel Rabanal, autor de Elogio del proxeneta. Con la participación de Alfonso Xen Rabanal, Alberto R. Torices, Ildefonso Rodríguez, Eloísa Otero, Félix Fernández, Víctor M. Díez, Amancio González, Jorge Pascual, Raquel Lanseros & Vicente Muñoz Álvarez. Cartel realizado por Julia Velázquez.
jueves, noviembre 26, 2009
Este sábado: estreno en Madrid de Sin Título
Presentación de Terrorizer en Bilbao
Crónicas del linfoma, de José Comas

Sigo con el capítulo de daños colaterales. Además del consumo de pastillas diario puedo asegurar que no ha pasado casi ni un día sin algún tipo de trastorno más o menos soportable. En estos momentos me encuentro en una fase de rechazo. El injerto (en la médula del donante) ataca al huésped (GVHD, las siglas en inglés). Las consecuencias de esto son todos los daños colaterales que padezco. De arriba abajo expongo la lista. Tengo conjuntivitis y veo mal, me temo que sea una catarata. La cara está renegrida y con manchas. En la boca tengo un hongo que me tiene frito. He tenido principio de neumonía. El hígado tenía un exceso de hierro que obligó a hacerme sangrías de hasta un cuarto de litro de sangre. Además, las transaminasas están por las nubes. La presión arterial oscila entre estar por los suelos y caerme o subir sin control. Del aparato reproductor ni hablar. Me canso horrores y no puedo andar más de un kilómetro y a veces me quedo sin aliento. Los riñones no funcionan del todo bien. Me dicen que tengo que beber cada día 2,5 litros de líquido, pero a duras penas bebo 1,5. La consecuencia es que a veces me tengo que levantar al baño durante la noche hasta cinco veces. De vez en cuando me dan calambres muy dolorosos en las piernas. Apenas tengo ganas de comer. Desde que empezó la enfermedad, en noviembre de 2005, he perdido veinticinco kilos. Dicen que me ha quedado un tipo muy bueno.
miércoles, noviembre 25, 2009
El verano: lo crudo y lo podrido, de Montero Glez

Hoy toca ponerse tierno como solomillo pues así lo pide el tema. Y coger la primera persona del singular y hacer con ella toda una declaración de principios. Y arrancar diciendo que, durante un buen número de noches, el cine de verano fue mi patria, algo semejante a un territorio abierto al cielo donde nada echaba en falta. Y entre cáscaras de pipa y pipas sin cáscara, servidor mamaba del pezón de la noche mientras la pantalla se llenaba de sobresaltos y tomate frito. Películas de terror y algo más que solía ser carne de hembra. Gracias a las fulanas y menganas de la época, un servidor aprendió que pone más la expectativa de la carne que la carne misma. Lección que pronto apliqué al rijoso oficio de la escritura.
Move over
Debo asegurarme
de cerrar bien
el apartamento viejo
que alquilé para ti,
para unos días,
y después también para mí
y para los dos y para más días.
Ya recogí las cosas,
ya hace rato
que cogiste la carretera.
Tomo a sorbos pausados
una cerveza
que he comprado en el bar de abajo
para beberla deambulando,
resacoso y asombrado,
por las habitaciones.
Y ante el espejo con moho del baño
me paro
y en el silencio de la boca
reaparece con recelo
la sonrisa incrédula.
Ahora queda
la revista impredecible
de las fotografías a revelar,
una lata vacía de Cruzcampo
en el lavabo
y sesenta y dos escalones
que bajaré,
despacio y solo,
- tras dos giros exactos en la cerradura -
pensando en cualquier cosa,
en el invierno inevitable,
por ejemplo,
que parece empezar.
Domingo López, Blues
de cerrar bien
el apartamento viejo
que alquilé para ti,
para unos días,
y después también para mí
y para los dos y para más días.
Ya recogí las cosas,
ya hace rato
que cogiste la carretera.
Tomo a sorbos pausados
una cerveza
que he comprado en el bar de abajo
para beberla deambulando,
resacoso y asombrado,
por las habitaciones.
Y ante el espejo con moho del baño
me paro
y en el silencio de la boca
reaparece con recelo
la sonrisa incrédula.
Ahora queda
la revista impredecible
de las fotografías a revelar,
una lata vacía de Cruzcampo
en el lavabo
y sesenta y dos escalones
que bajaré,
despacio y solo,
- tras dos giros exactos en la cerradura -
pensando en cualquier cosa,
en el invierno inevitable,
por ejemplo,
que parece empezar.
Domingo López, Blues
martes, noviembre 24, 2009
Desprovisto de esencias, de Rafael Saravia

X
Recuerda el lugar…
Cientos de ánades trayendo el frío del otoño a la mirada.
El paseo descuidado, saludo de un paso a su siguiente,
eco adelantado, lágrima a lágrima mi llegada
-¡y ya es invierno, Dios mío,
la de luz que nos comió el tiempo!-.
Es triste sentirse perdidamente viejo antes de los treinta,
achacado por los húmedos destinos
de un alma viajera que, soñadora,
no avista más que naufragios con espléndido final.
Provengo de un lugar lejano en la memoria
al que no consigo regresar despierto.
Recuerda el lugar…
Cientos de ánades trayendo el frío del otoño a la mirada.
El paseo descuidado, saludo de un paso a su siguiente,
eco adelantado, lágrima a lágrima mi llegada
-¡y ya es invierno, Dios mío,
la de luz que nos comió el tiempo!-.
Es triste sentirse perdidamente viejo antes de los treinta,
achacado por los húmedos destinos
de un alma viajera que, soñadora,
no avista más que naufragios con espléndido final.
Provengo de un lugar lejano en la memoria
al que no consigo regresar despierto.
Solas
Hace ya tiempo que nos venimos cruzando por los jardines del parque. Y también nos encontramos en los comercios obligatorios. Es ya mayor y viste cuidadosamente, con la limpieza serena que da una edad tranquila y aceptada. Nos mirábamos estos años y no nos decíamos nada. Por timidez.
Pero ayer ella no podía arrastrar el carro de la compra y la ayudé en el trayecto. Y hablamos por fin. En un par de minutos tomó la iniciativa y me contó la película de su vida: una hija muerta, la otra en paro. “Pero me ha dado un nieto. Y me deja criarlo. Estoy loca de contenta”.
Tomás Sánchez Santiago, Los pormenores
Pero ayer ella no podía arrastrar el carro de la compra y la ayudé en el trayecto. Y hablamos por fin. En un par de minutos tomó la iniciativa y me contó la película de su vida: una hija muerta, la otra en paro. “Pero me ha dado un nieto. Y me deja criarlo. Estoy loca de contenta”.
Tomás Sánchez Santiago, Los pormenores
Esta tarde, en Madrid
lunes, noviembre 23, 2009
Sarinagara, de Philippe Forest

Sarinagara es otra grata sorpresa publicada por Sajalín Editores. Del autor francés Philippe Forest no había nada traducido en España y me parece un escritor con mucha fuerza. Él define este libro como una novela, pero yo creo que no lo es. Creo que no se puede etiquetar en ningún género. Que es uno de esos libros raros y misceláneos que tanto me gusta leer ahora. Una mezcla de historia, autobiografía y especulación, de ensayo y narrativa.
.
Forest cuenta que, tras la muerte de su hija, se sumió en una fase de alejamiento. Él y su mujer trataron de poner distancia, de retirarse de los lugares que evocaban el dolor. Querían ir a sitios donde no conocieran a casi nadie. Japón fue el eje de varias visitas. Y, a partir de entonces, Forest empezó a interesarse por tres artistas, cuyas historias relata en el libro: el poeta Kobayashi Issa, el novelista Natsume Soseki y el fotógrafo Yosuke Yamahata. Los tres perdieron hijos (en el caso de los dos primeros) o fueron testigos del horror (el segundo, al ser el primero en fotografiar la destrucción de Nagasaki). El autor alterna esas tres historias, relatadas siempre en capítulos de casi dos páginas, con su propia historia, deambulando por varias ciudades: París, Kioto, Tokio y Kobe. Historias reales sobre gente que desaparece y sobre gente que necesita alejarse. El objetivo es averiguar si hay respuestas, y las hay: al final todo desemboca en la nada, pero es el amor el que ata a quien se diluye en esa nada. Lo importante es sobrevivir, es la prueba y el enigma. El título alude a un verso del poeta japonés citado. Sarinagara significa "y sin embargo".
.
Me resulta difícil elegir un fragmento, así que voy a colgar varias frases contenidas en cada una de las historias de los artistas japoneses.
De "Historia del poeta Kobayashi Issa": ¿Qué dice la poesía? Dice el perpetuo recomenzar del tiempo -y nada más-, del tiempo que desgarra, restaura, y abre una brecha en el opresivo espacio del mundo por donde se entrevé, incluso en la desesperación más negra, el sentido posible de una nueva vida. De "Historia del novelista Natsume Soseki": Sólo la mente brutal e insensible de un hombre puede creer que el nacimiento de un niño borrará la muerte de otro. De "Historia del fotógrafo Yosuke Yamahata": ¿Qué es un testigo? Alguien que ha visto -a su pesar, por azar o accidente, a pesar de todo, y sobre todo, de su deseo de estar en otra parte- y que, por haber visto, debe soportar hasta el final la vergüenza, el dolor y la culpabilidad a los que su mirada le condenaron para siempre.
Jirones de León

El viaje: cinco en un coche. Atascos e imprevistos. El aire helado de la ciudad. Nuestros reencuentros en bares y cafés. La impagable hospitalidad de Choche y Arantxa, y de Marcelo y Paula (y Chopi). La presencia de Ana, aunque sólo estuviera el viernes. El apoyo constante de M. El poema Alba, recitado a tres voces en el escenario como broche final, por tres grandes tipos: por David González en castellano, por Leo del Mar en alemán y por Marcus Versus en varios idiomas, alguno de ellos inventado. La voz de Isabel García Mellado, dulzura y terciopelo. Los versos y las bromas de Javier Das. Las conversaciones entre tapas y cervezas. Las sonrisas de Vicente Muñoz Álvarez y Julia Velázquez, en perpetua honeymoon. La aparición reconfortante de Alfonso Xen Rabanal (Bufa) y Chus. El C.C.A.N. como punto de encuentro imprescindible. El Taxman y sus ginebras con tónica. Las hamburguesas del MUSAC, again. La firma y venta de ejemplares. Los libros de Artemis. La asistencia al recital de varios colegas, muchos de ellos poetas y/o escritores: Ben Clark, Rafael Saravia, Gabriel Oca, Silvia D. Chica, y de otros que no conocí pero supe luego que estaban por allí (Raquel Lanseros, Jorge Pascual, Cecilia Quílez); nuestra gratitud hacia ellos. Nuestras caras y nombres en el Diario de León. El sostén de todos los que han anunciado el evento en sus blogs. Jirones para recordar.
Esta tarde, en Madrid
domingo, noviembre 22, 2009
El ojo de la mosca
El ojo de la mosca es una auténtica revelación. Está bien desarrollado y ocupa casi toda la cabeza. En realidad está compuesto de miles de ojitos minúsculos, facetillas, cada una hexagonal y ligeramente convexa. Cada faceta percibe sólo un punto del cuadro general, mientras la totalidad de la imagen se suma en el cerebro. De esta forma la visión del mundo de las moscas es mosaico facética. Estos insectos se suelen considerar miopes, pero ¿cabe imaginar una mirada más detallada y exhaustiva hacia el mundo? La fragmentariedad que usan como estrategia ciertos novelistas de hecho es un préstamo del ojo de mosca. Qué novela saldría si consiguiéramos que la contara una mosca…
Gueorgui Gospodínov, Una novela natural
Gueorgui Gospodínov, Una novela natural
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