lunes, mayo 29, 2017

Padre e hijo, de Larry Brown


Se anudó los cordones y se puso en pie para peinarse. Ya no le quedaba mucho negro, algún que otro mechón. Sin darte cuenta te hacías viejo. Se preguntó a dónde habría ido a parar todo ese tiempo. Como la guerra. Tan lejana y tan próxima. No parecía posible que hubiese pasado tanto tiempo, dejándole así. Lo que pensabas hacer mañana acababa por ser lo que tenías que hacer hoy. Podías pasarte toda la vida cagándola y al parecer eso era precisamente lo que él había estado haciendo.

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-¿Cómo va su pierna? –dijo el chico–. Le da problemas, ¿no?
-Va bien la mayor parte del tiempo. A veces tengo que usar un bastón, pero me las arreglo bastante bien casi siempre. Salgo y camino con regularidad, intento mantenerla en forma. Cuando te haces viejo como yo todo comienza a desmoronarse.

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Toda esta gente se sentiría unida durante un cierto número de horas o días de la manera en que solo una gran tragedia puede originar. Y luego sus vidas tendrían que seguir adelante y la pérdida se desvanecería para todos salvo para los que vivían en aquella casa. Se despertarían cada mañana junto a esa pérdida, se acostarían con ella cada noche. Se infiltraría en sus comidas, al hacer el amor, al sacar la basura. Hasta la cosa más ínfima la convocaría. Se iría haciendo cada vez más mortecina al cabo de mucho tiempo, pero nunca se iría del todo ni se clausuraría como al cerrar una puerta. Eso era lo que le resulta insoportable.

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Se preguntó cuándo aprendería la gente a no tocarle las pelotas. Siempre había alguien con ganas de tocarle las pelotas y ya estaba más que harto. Estaba hasta las mismísimas pelotas. No podías dejar que la gente te avasallara. Porque acabarían por pensar que podían hacerlo cuando se les antojase y no dejarían de hacerlo a no ser que tomases cartas en el asunto.


[Dirty Works. Traducción de Javier Lucini]

Cartel de Logan Lucky


viernes, mayo 26, 2017

Denis Johnson (1949 - 2017)



La habitación de las ahogadas, de Álex Portero


i


Alguien cree que la muerte se puede reparar.
Jorie Graham


Abandonada la idea de la voz gótica, veo partir mi propia vida a lomos del último bisonte. Crece una polifonía en algún punto de mi cerebro como un tumor de origen angélico que acaricia y mata. Solo sirvo para devorar juncos y allanar el camino a deidades que nada quieren decirme, soy algo bestial que canta con voz clara, semiótica desechada, semilla suspendida en hielo perpetuo, un hada con la cabeza abierta.

Las niñas ya no pintan runas sobre mi piel con los dedos mojados en la sangre de sus padres y lo echo de menos, han abandonado el bosque ante el avance de las telarañas y los desdentados. Han perdido la voluntad para seguir imaginando mi topografía y darle forma.

Danzo alrededor de la hoguera sin compañía –y sin fuego– como demostración de debilidad, como celebración de la estupidez, danzo con la insistencia terminal propia de las mentes atormentadas y los cuerpos exhaustos. Aquí me encuentro, soplando un cuerno contra el catabático, tiritando y soñando con la inanición y el sarmiento, rezando al espíritu de la ceniza para que se lleve la peste y las mantecas que me visten, girando alrededor de un agujero húmedo que no guarda memoria de las brasas. 

He olvidado las plegarias y las ha cubierto el musgo, puede que me siente a escuchar crecer mis uñas hasta que sean garras y pueda rascar la superficie verde de las piedras, quiero enfebrecer buscando relieves que me devuelvan la lengua de mi madre. Para entonces quizás quede algún espacio donde quepa la esperanza, donde pueda guardarse un pétalo fresco que cuente mi historia con sus nervaduras, ojalá no hayan desaparecido los augures si este día llega, ojalá queden vivas brujas de las flores o druidas de ojos nublados que no hayan enloquecido. Ojalá exista alguien que quiera recordarme.

**



xxi


El hombre de blanco se lleva el índice a los labios y tira del hilo que todo lo calla.
Yo golpeo las paredes hasta hallar la pauta
y comunicarme con claridad en el idioma de los nudillos y las lágrimas.

Nadie escucha.
Nadie entiende el significado de los garabatos rojos que adornan mis nalgas.
Nadie sabe.
De la imponente cantidad de dolor necesaria para escribir poesía.

También llevo el pecado de Eva clavado en la garganta,
el muerto que me da nombre os impide verlo,
pero lo llevo.
Conozco la rutina del potro y nunca me acuerdo de contarla,

sobrevuelo la noche de las cansadas
y deposito cornezuelo en los párpados de las que quieren olvidar su juventud.

En todo lo que escribo se percibe la vibración del Leteo,
todo es agua subterránea,
todo es corriente furiosa con la palabra
miseria depositada en los meandros,
todo es historia pasada y herida abierta,
todo es pulsión de locura o muerte.

He llegado al fin de las metáforas.
Y no quedan familiares a los que exigir luto, escándalo y tragedia.

He llegado al fin de las metáforas.
Y no encuentro la respiración adecuada para evitar la mordedura de la memoria.

He llegado al fin de las metáforas.
Y las niñas aplauden desde lejos mientras llueve sobre mi tumba.

He llegado al fin de las metáforas.
Y sigo sin querer escuchar las últimas palabras de los agonizantes.

He llegado al fin del poema.
Y no reconozco como mía una sola palabra escrita.

He llegado al fin del poema.
Y solo quedan trazos en la ceniza para decir, de forma convincente, adiós.

[Harpo Libros]

Cartel de Dean


Megan Leavey: 2 carteles



jueves, mayo 25, 2017

Cartas al padre Flye, de James Agee


El verdadero veneno que lo conduce a uno al borde del suicidio (y que cualquier pensamiento positivo contrarrestaría) es el odio a sí mismo. Al menos ha sido así en mi caso. Y una de las cosas más crueles de ese odio es que, conscientemente, condensa y refuerza el desprecio que uno siente por sí mismo. Pero esto es pura palabrería porque, como le digo, ya he salido del pozo y no creo que tarde mucho en reponerme completamente. De ser así, no tengo motivos para temer una nueva recaída en mucho tiempo.

[Extracto de una carta de 1932]

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Si fuera tan quijotesco como me siento a veces, dejaría el trabajo hoy mismo. Y mañana me moriría de hambre o me quedaría sin ideas. No se me ocurre cómo resolver el problema: no sé cuál sería el camino más sencillo. Y aunque lo supiera, no sé si querría seguirlo. Si tuviera tanta confianza en mi talento como ganas de escribir, todo sería mucho más sencillo, pero mi confianza es variable y a menudo nula. Aun así, nunca disminuye lo bastante como para plantearme renunciar a escribir.

[Extracto de una carta de 1933]

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Si me lo pudiera permitir, estaría encantado de dejar que alguien de confianza me sometiera a alguna clase de cirugía cerebral, pero lo que de verdad me haría ilusión sería madurar un poco y evitarme este tipo de inquietudes. Entretanto, he cumplido treinta años y he perdido irremisiblemente todos los trenes que hubiera debido tomar.

[Extracto de una carta de 1939]


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Me quedaré aquí hasta mediados o finales de enero trabajando en un guión con John Huston: La reina de África, basado en la novela de C. S. Forester. Si no hay contratiempos podría ser una película fabulosa y si se tuerce, de lo peor de la cartelera. Creo que acabará siendo buena, puede que muy buena, pero no maravillosa ni pésima. En todo caso estoy disfrutando el trabajo: hemos abordado el guión como una comedia de enredos con un trasfondo de procacidad, tratando de hilvanar toda clase de cosas extraordinarias: poesía, misticismo, realismo, romance, tragedia…

[Extracto de una carta de 1950]


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Sé que Mia vive sumida en una tristeza crónica a causa de la angustia que siente por mí, por mis trastornos cardiacos y por lo poco que cuido de mi corazón. Estoy sin trabajo y sin dinero. La única forma que tengo a mano de mejorar mis perspectivas es el alcohol, pero debo extremar la moderación (en realidad, no debería probar ni gota). La única vía alternativa de escape es trabajar tanto como pueda…
Al diablo con todo.

[Extracto de una carta de 1951]

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Desde el último jueves del año pasado padezco ataques cardiacos frecuentes. Los periodos de calma duran uno o dos días en el mejor de los casos; en el peor, llego a tener ocho ataques al día, y son dolorosísimos. Por fortuna, siempre logro controlarlos con píldoras de nitroglicerina, así que espero que no tengan que volver a hospitalizarme. Desde luego, veo regularmente al médico, y la semana que viene tengo programada una visita con el mejor cardiólogo de Nueva York.

[Extracto de una carta de 1955]

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Más allá de esto hay poco que contar, salvo que tengo la sensación de estar a punto de morir: me ha invadido una lentitud atroz en todos los sentidos, y muy especialmente en lo que respecta al trabajo.

[Extracto de una carta de 1955]


[Jus Ediciones. Traducción de Alex Gibert]

Trailers de Spider-Man: Homecoming




Mal de pierres: 2 carteles



miércoles, mayo 24, 2017

Próximamente: Siguiendo los pasos del hombre que se fue


De David González. En Canalla Ediciones.

Teoría del ascensor, de Sergio Chejfec


Terminada la lectura y a punto de cerrar el libro aún ignoramos de qué se ha tratado. Estas breves líneas no van aclarar el punto. Si alguna enseñanza o advertencia sostiene a la historia se muestra mejor como misterio, o como presencia insegura, que como certeza. Y también se podría decir que, en cualquier caso, enigma o evidencia, están muy bien disimuladas. Como ocurre por lo general, la palabra "enseñanza" alude a cosas diferentes que no ha sido intención de la lectura, y acaso tampoco del libro, considerar.

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Escuchado en la mesa contigua del bar en el que esperé a MF: "Quisiera volver a mi casa y no salir más. No solamente no salir más, sino tampoco contestar el teléfono –que por otra parte ya casi no suena–, ni atender el timbre, y, sobre todo, no leer el correo electrónico, olvidarme de Facebook y de Twitter, de Whatsapp y de Reddit. Aborrezco Linkedin, Instagram, Skype, todas. Quisiera borrarme de todo estoy y permanecer así durante largo tiempo, hasta que todos quienes me conocen se olviden de mí. Y una vez que eso ocurra, me gustaría empezar a vivir de otro modo: tomaría mi casa como mi escondite principal, la puerta que nadie asociaría conmigo. Empezaría un definitivo periodo de vida furtiva. No por nada en particular, sólo porque sería el único consustanciado con mi secreto profundo. Es lo más parecido que encuentro a la idea de cortar con mi propio sujeto: que las acciones, al no ser electrónicas y por lo tanto resulten difícilmente legibles, dejen de estar asociadas a mí".

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Uno sabe, se supone, cómo llega a una lengua. Pero no sabe cómo se quedará en ella.


[Jekyll & Jill]

martes, mayo 23, 2017

Roger Moore (1927 - 2017)


lunes, mayo 22, 2017

En Playtime / El Plural (con Israel Paredes y Paloma Fidalgo): 9 recomendaciones literarias


Próximamente: Opiniones contundentes [reed.]


De Vladimir Nabokov. En Anagrama.

The Dark Tower: otros 2 carteles



Sexo, exilio y rock and roll, de Ali Eskandarian


¿Queda espacio para los artistas en esta ciudad saturada de fantasmas? Me duele la cabeza y me siento otra vez mareado. Soy un inmigrante inmerso en cláusulas de inmigración, sin dientes de tiburón con que arrancar un jugoso pedazo de carne americana para mí. Los sueños americanos rebotan por mi cerebro cansado, pero no se adhieren a sus viscosas paredes. ¿Dónde están todas las canciones? ¿Dónde está la poesía? Ahora es diferente y tú lo sabes. Cambia con los tiempos siempre cambiantes, muchacho, y nunca te inquietes, repito una y otra vez con un vaso de whisky escocés con hielo en la mano.

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Créate una piel de rinoceronte y aguarda con paciencia. No puedes ser un artista y esperar nada de este mundo. Ni dinero, ni reconocimiento, ni un cambio de estatus. Si quieres sobrevivir, debes olvidar todo eso y continuar. Es absurdo marchitarse y morir, la muerte vendrá muy pronto por sí sola, no te apures. Busca la fértil tierra aluvial de tu mente, planta, cosecha. Las estaciones irán desfilando como todo lo demás. Olvida la dura realidad de este mundo físico y sigue adelante. Eso es lo que hay. Si rascas bajo la superficie, solo encontrarás mugre.

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Ahora cada uno está solo en el mundo. He logrado entristecer a Allison otra vez y ya no se puede hacer otra cosa que dejarla con tristeza. Me prendería fuego a mí mismo si así pudiera hacerla cambiar de humor, pero eso no serviría sino para crear más problemas. Debemos alejarnos de todo. Correr a las montañas y empezar de cero.


[Malpaso Ediciones. Traducción de Santiago del Rey]

The Glass Castle: primer cartel


How to Talk to Girls at Parties: primer cartel



jueves, mayo 18, 2017

Chris Cornell (1964 - 2017)


En Aleteia: Ya no me siento a gusto en este mundo





Ingrid Goes West: primer cartel


Matadero Cinco, de Kurt Vonnegut


Mira, Sam, si este libro es tan corto, confuso y discutible, es porque no hay nada inteligente que decir sobre una matanza. Después de una carnicería sólo queda gente muerta que nada dice ni nada desea; todo queda silencioso para siempre. Solamente los pájaros cantan.
¿Y qué dicen los pájaros? Lo único que se puede decir sobre una matanza; algo así como "¿Pío-pío-pi?"
Les he enseñado a mis hijos que jamás tomen parte en matanza alguna bajo ningún pretexto, y que las noticias sobre el exterminio y la derrota de sus enemigos no deben producirles ni satisfacción ni alegría.
También les he inculcado que no deben trabajar en empresas que fabriquen máquinas de matar, y que deben expresar su desprecio por la gente que las cree necesarias.

**

La anciana casi no tenía voz, de manera que Billy tuvo que pegar su oreja derecha a los apergaminados labios para oírla. Evidentemente tenía algo muy importante que decir.
-¿Cómo…? –empezó. Y calló. Estaba demasiado cansada. Esperaba no tener que terminar la frase, confiaba en que Billy lo haría por ella.
Pero Billy no tenía ni idea de lo que quería decir.
-¿Cómo… qué, madre? –preguntó.
Ella tragó saliva con dificultad, e incluso derramó alguna lágrima. Después reunió toda la energía que quedaba en su decrépito cuerpo, incluida la de las puntas de los dedos de los pies, y al fin pudo acumular la suficiente para murmurar la frase completa.
-¿Cómo me he vuelto tan vieja?

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Aun cuando no se movieran, los vagones del tren de Billy estaban completamente cerrados. Nadie podía salir de ellos hasta llegar al final de su destino. Para los guardas que paseaban arriba y abajo, cada vagón se había convertido en un organismo único que comía, bebía y evacuaba a través de los respiraderos. Incluso hablaba y, a veces, gritaba a través de los mismos. Por ellos entraban agua, rebanadas de pan moreno, salchichas y queso, y salían mierda, orina y vocerío.
Los seres humanos que allí había hacían sus funciones evacuadoras en cascos de acero que luego pasaban a los que estaban en los ventiladores para que los vaciaran. Billy era un vaciador. Aquellos seres humanos se pasaban también las cantimploras llenas de agua que les entregaban los guardas. Y cuando les llegaba la comida, aquellos seres humanos se tranquilizaban tanto que una maravillosa ola de confianza los invadía a todos. Y la compartían.

**

El pelotón caminó dando rodeos, gasta dirigirse definitivamente hacia la verja del matadero de Dresde. Una vez dentro se dieron cuenta de que allí no había movimiento. La razón era que la mayoría de animales con pezuñas de Alemania habían sido ya muertos, comidos y excretados por seres humanos, en especial soldados. Así era.
Los americanos fueron conducidos al quinto edificio del matadero. Era un bloque de cemento de un solo piso, con puertas corredizas en las partes delantera y trasera, que fue construido para alojar a los animales que iban a ser sacrificados. Ahora serviría como vivienda a un centenar de prisioneros de guerra americanos sin hogar. Estaba provisto de literas, un lavadero y dos estufas. Detrás había una letrina formada a base de un tablón agujereado y varios cubos debajo.
Sobre la puerta del edificio había un número inmenso. Era el número cinco. Antes de que los americanos entraran, el único guarda que hablaba inglés les recomendó que se acordaran de su nueva dirección para el caso de que se perdieran en la gran ciudad. La dirección era: "Schlachthof-fünf". Schlachthof significa matadero. Fün, el viejo y querido número cinco.


[Anagrama. Traducción de Margarita García de Miró]

Battle of the Sexes: primer cartel