domingo, noviembre 10, 2019

Siete miedos, de Selvedin Avdić


Pasé nueve meses en la cama. No estaba enfermo, me sentía bien. Físicamente, quiero decir. O al menos no mucho peor que de costumbre… Simplemente, no lograba encontrar un motivo lo bastante sólido para abandonar la cama. Podía quedarme horas tumbado bocarriba y observar cómo un rayo de sol se abría paso a través de una rendija de la persiana. Oía el borboteo en las cañerías, las voces del vecindario ahogadas en las paredes, el chirrido del mecanismo del ascensor, las patas de las palomas que se deslizaban por el alféizar chapado de la ventana… Miraba fijamente al techo, comía pastas de té migadas en agua… Dormía… Y eso era todo. Era todo lo que hacía y quería hacer en aquellos días. No era feliz.

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Si no creyera en la reencarnación, en una nueva oportunidad, estoy convencido de que la depresión me asfixiaría. Porque, ya lo he dicho, la vida me parece muy dura desde que vivo solo y he comprendido que nunca nada será tan bello como antes. Que no existe psicología, consejo, tentación, hechizo, magia negra, que puedan hacer que vuelva a ser feliz con mi mujer.

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He encontrado en un cuaderno mi antigua lista de miedos. La confeccioné hace varios años, por pura diversión, después de haber leído en un periódico el consejo de un psicólogo que afirmaba que en la lucha contra las diversas fobias lo más importante era admitir su existencia. Mi lista tenía siete miedos:
-El miedo a la muerte
-El miedo a la enfermedad
-El miedo a la pobreza
-El miedo a los reptiles
-El miedo al agua grande
-El miedo a las alturas
-El miedo a que me entierren vivo

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Hoy he añadido a la lista un miedo más: el miedo a la soledad.
Estoy asustado. El psicólogo aquel no tenía razón. Los miedos son como los vampiros, aparecen cuando los nombras demasiado.


[Sajalín Editores. Traducción de Luisa F. Garrido y Tihomir Pištelek]

Trailer de The Invisible Man



Fantasy Island: primer cartel


viernes, noviembre 08, 2019

Stephen Dixon (1936 - 2019)


jueves, noviembre 07, 2019

Una habitación propia, de Virginia Woolf


Cuanto podía ofreceros era una opinión sobre un punto sin demasiada importancia: que una mujer debe tener dinero y una habitación propia para poder escribir novelas; y esto, como veis, deja sin resolver el gran problema de la verdadera naturaleza de la mujer y la verdadera naturaleza de la novela.

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Las mujeres no escriben libros sobre los hombres, hecho que no pude evitar acoger con alivio, porque si hubiera tenido que leer primero todo lo que los hombres han escrito sobre las mujeres, luego todo lo que las mujeres hubieran escrito sobre los hombres, el áleo que florece una vez cada cien años hubiera florecido dos veces antes de que yo pudiera empezar a escribir.

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Más que nada, viviendo como vivimos de la ilusión, quizá lo más importante para nosotros sea la confianza en nosotros mismos. Sin esta confianza somos como bebés en la cuna. Y ¿cómo engendrar lo más de prisa posible esta cualidad imponderable y no obstante tan valiosa? Pensando que los demás son inferiores a nosotros. Creyendo que tenemos sobre la demás gente una superioridad innata, ya sea la riqueza, el rango, una nariz recta o un retrato de un abuelo pintado por Rommey, porque no tienen fin los patéticos recursos de la imaginación humana. De ahí la enorme importancia que tiene para un patriarca, que debe conquistar, que debe gobernar, el creer que un gran número de personas, la mitad de la especie humana, son por naturaleza inferiores a él. Debe de ser, en realidad, una de las fuentes más importantes de su poder.

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Pero lo que sigo recordando como un yugo peor que estas dos cosas es el veneno del miedo y de la amargura que estos días me trajeron. Para empezar, estar siempre haciendo un trabajo que no se desea hacer y hacerlo como un esclavo, halagando y adulando, aunque quizá no siempre fuera necesario; pero parecía necesario y la apuesta era demasiado grande para correr riesgos; y luego el pensamiento de este don que era un martirio tener que esconder, un don pequeño, quizá, pero caro al poseedor, y que se iba marchitando, y con él mi ser, mi alma.

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Realmente, pensé, guardando las monedas en mi bolso, es notable el cambio de humor que unos ingresos fijos traen consigo. Ninguna fuerza en el mundo puede quitarme mis quinientas libras. Tengo asegurados para siempre la comida, el cobijo y el vestir. Por tanto, no sólo cesan el esforzarse y el luchar, sino también el odio y la amargura. No necesito odiar a ningún hombre; no puede herirme. No necesito halagar a ningún hombre; no tiene nada que darme.

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Además, dentro de cien años, pensé llegando a la puerta de mi casa, las mujeres habrán dejado de ser el sexo protegido. Lógicamente, tomarán parte en todas las actividades y esfuerzos que antes les eran prohibidos.


[Austral. Traducción de Laura Pujol]

Cartel de The Truth (La vérité)


Trailer de The Banker


Wendy: primer cartel


Omero Antonutti (1935 - 2019)


The Personal History of David Copperfield: 6 carteles







domingo, noviembre 03, 2019

Sobre hielo, de Peter Kurzeck




Primero un invierno de lluvia, y después de nieve. Cuando empezó el año 1984, después de la separación, de un día para otro me quedé sin nada. Ni casa, ni una imagen de mí, ni siquiera el sueño me quedaba. Se acabó y se acabó. Según parece, uno vuelve a empezar su vida cada pocos años, y desde el principio. En medio de la catástrofe, como si se hubiera caído del mundo.

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Había empezado un libro nuevo. Mi tercer libro. Aún no tenía título. Pronto haría cinco años que había dejado de beber. Ni un trago, y tampoco nada de drogas. Era como si, aparte de escribiendo, sólo pudiera aguantar mi vida caminando o conduciendo. En aislamiento. Entrada la noche me veo, junto a una turbia lámpara, contemplando mi último par de zapatos, descalzo. Cansado y con los hombros caídos. ¿Qué voy a decirles a los zapatos? Agotados. ¡Los zapatos están agotados! ¿Qué es lo que ha ido mal en tu vida para que estés aquí, helado, en el silencio de la medianoche, y hables con tus zapatos?

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Escribía todos los días. Escribía para permanecer. ¡Para poder seguir en mí y en el mundo todos los días!

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Cuando estoy desanimado la realidad está mal sincronizada, o no lo está en absoluto. La realidad o lo que nos venden como realidad.

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Una tarde. En una ocasión de la tienda a casa. Desde la tienda de antigüedades. ¿Hace poco, o tiene que haber sido hace mucho tiempo? ¿En una vida anterior? ¿En una ocasión y una y otra vez? Cansado del trabajo a casa o a la guardería (en cada camino escribes en la cabeza un libro para ti), a la ciudad, a la biblioteca, aquí y allá. Mientras caminas, los ojos cerrados, apenas un instante los ojos cerrados y ya te has ido. Dormido, hundido. Todavía los espejos, las entradas de las tiendas y los escaparates. Cada detalle se convierte en escritura.

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Máquina de escribir. Bloc de notas. Manuscrito. Escribir. Sentarse y escribir y no volver a cruzar una palabra con nadie. Nada de correo, no dejarse distraer. Ni una sola interrupción hasta que hayas terminado el libro. Y enseguida a seguir con el próximo, o mejor aún todos los libros en este. Como si tu vida fuera un largo y único día.

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Sin casa, sin trabajo, sin dinero, sin expectativas, y con mi tercer libro empezado. El amor perdido. Mi hija no está junto a mí. La mesa y la cama, prestadas. Y la máquina de escribir, comprada hace poco con el anticipo de mi primer libro y llevada a casa los dos juntos, Sibylle y yo.


[Jus Ediciones. Traducción de Carlos Fortea]

The Painted Bird: 2 carteles



Cartel de The Song of Names


jueves, octubre 31, 2019

Maya Deren, de Carlos Tejeda



Hay una cita de la cineasta Maya Deren, recogida por mi compadre Carlos Tejeda en este libro breve y ameno y esclarecedor, que me parece deslumbrante: Lo que particularmente me entusiasmó del cine era su capacidad mágica para hacer que hasta los conceptos más imaginarios pareciesen reales. Resume, en unas pocas líneas, la esencia del cine. Antes de leer esta monografía, yo no sabía nada de Maya Deren, o no lo recordaba, y he sabido que fue pionera del cine underground, venerada por artistas de la talla de David Lynch y Anais Nïn (con la que mantuvo amistad y luego rivalidad) y objeto de estudios y retrospectivas. Su filmografía oficial, si descontamos todo aquello que rodó pero no estrenó ni le dio forma, ocupa poco más de 1 hora de metraje, y se puede ver en YouTube: suelen ser cortos en los que no hablan, y en los que lo onírico y lo simbólico juegan un papel fundamental.

El libro de Carlos Tejeda, que también se ocupó de monografías sobre Andrei Tarkovski y Jim Jarmusch (la de éste último, escrita junto a otro de mis compadres: Hilario J. Rodríguez), es riguroso e informativo y en unas 130 páginas analiza a Maya Deren, sus influencias y sus trabajos, sus símbolos y el poder embrujador de sus imágenes. Está dentro de la colección "Mujeres en la Historia" que publicó El País y, aunque salió en los kioscos, seguro que aún podéis encontrarlo.


[Prisanoticias Colecciones]

Cold Brook: 2 carteles



Little Women: 3 carteles




martes, octubre 29, 2019

Recordando a Beckett, editado por James y Elizabeth Knowlson


Hay libros cuyas traducciones sólo podemos conseguir gracias a que en países como Argentina se ocupan de ello. Supongo que obedece a que no interesan comercialmente en España… Uno de estos casos es este volumen, cuyo subtítulo dice: "Entrevistas inéditas a Samuel Beckett y testimonios de quienes le conocieron". Para el lector de Beckett, que suele ser un fanático no sólo de su obra sino también de la persona (yo mismo lo soy, aunque aún no me haya leído todos sus libros, que hace tiempo compré), es una publicación que tiene mucho interés, aunque tampoco sea tan necesaria como la biografía que aquí publicó La Uña Rota, escrita por Anthony Cronin. Quizá lo más admirable sean las abundantes imágenes que incluye el volumen, así como los testimonios del propio Beckett, que siempre dejó frases admirables incluso en las conversaciones con sus amigos y en los comentarios que iba soltando en entrevistas o encuentros. Hay algunas contribuciones que interesan ya sólo por el nombre del elegido para hablar de Beckett: por ejemplo J. M. Coetzee, Paul Auster, Edward Albee, Jessica Tandy & Hume Cronyn, Anthony Minghella o Raymond Federman. Un libro, sobre todo, para mirarlo y guardarlo como un fetiche. 


[Editores Argentinos. Traducciones de Elina Montes y Milita Molina]

Frankie: 2 carteles



Ford v. Ferrari: nuevo cartel


Robert Evans (1930 - 2019)


lunes, octubre 28, 2019

Fin de guardia, de Stephen King



Tercera y última parte de la Trilogía de Bill Hodges, tras Mr. Mercedes y Quien pierde paga, que ya comentamos en este blog. Como apunté en el texto breve sobre el segundo de los libros, no se puede contar mucho de la trama si los lectores no han leído los dos primeros. Baste decir que, dado que Stephen King (creo que ya lo escribí aquí o en algún otro sitio) es un catalizador de los terrores contemporáneos desde hace décadas, y que, si en las otras entregas nos sumergía en temas como el terrorismo y los accidentes y las agresiones automovilísticas, esta vez toca el suicidio: el suicidio de los jóvenes que ven su futuro negro, pero también el de quienes, por vejez o enfermedad, tampoco ven otra salida a sus vidas. Aunque en esta novela es "una voz" la que les convence para que pongan fin a todo: dicha voz proviene de la mente del asesino del primer título de la trilogía, con el que los protagonistas aún no han zanjado del todo las cuentas. Hay, además, una cuestión que planea por la novela como una sombra, y que acaba surgiendo en las últimas páginas: lo injusto que resulta que alguien contraiga una enfermedad mortal y que luche por su vida mientras otros, en cambio, sanos y jóvenes, optan por quitarse la suya. Dejo aquí un fragmento:

No ha conseguido distribuir más que una cantidad limitada de Zappit –y por Dios, una parte considerable de la remesa era defectuosa–, pero los adolescentes son criaturas gregarias, y las criaturas gregarias mantienen vínculos mentales y emocionales. Esa es la razón por la que los peces forman bancos, y las abejas, enjambres. La razón por la que las golondrinas regresan cada año a Capistrano. En la conducta humana, por eso se hace "la ola" en los estadios de fútbol y de béisbol, y por eso los individuos se confunden en medio de una multitud sencillamente porque la muchedumbre está ahí.
Los chicos adolescentes se ponen los mismos pantalones holgados y se dejan el mismo asomo de barba por miedo a que se los excluya del rebaño. Las adolescentes adoptan los mismos estilos de vestimenta y se vuelven locas por los mismos grupos musicales. Este año toca We R Your Bruthas; no hace mucho eran 'Round Here y One Direction. Tiempo atrás eran New Kids on the Block. Las modas se propagan entre los adolescentes como el sarampión, y de vez en cuando una de esas modas es el suicidio.


[Plaza & Janés. Traducción de Carlos Milla Soler]

Cartel de 21 Years: Quentin Tarantino [QT8: The First Eight]


Quisiera no haber visto del hombre...

Quisiera no haber visto del hombre, la primera vez que entró en el almacén, nada más que las manos; lentas, intimidadas y torpes, moviéndose sin fe, largas y todavía sin tostar, disculpándose por su actuación desinteresada. Hizo algunas preguntas y tomó una botella de cerveza, de pie en el extremo más sombrío del mostrador, vuelta la cara –sobre un fondo de alpargatas, el almanaque, embutidos blanqueados por los años– hacia afuera, hacia el sol del atardecer y la altura violeta de la sierra, mientras esperaba el ómnibus que lo llevaría a los portones del hotel viejo.

Juan Carlos Onetti, Los adioses

Trailer de Adopt A Highway



sábado, octubre 26, 2019

Invierno / El río, de Rick Bass


INVIERNO

Hace exactamente un año Errata Naturae publicaba Invierno, una especie de diario donde el escritor Rick Bass fue consignando los pormenores de su estancia en una zona de Montana, en un valle rodeado de bosques y montañas. Se fue con su novia, a finales de los años 80, buscando un lugar donde poder retirarse para que ella pintara y él escribiera. En aquel lugar los inviernos son terribles, con temperaturas bajo cero que hacen que la leche de una taza se congele si uno sale a dar un pequeño paseo con la bebida en la mano, con la amenaza de los hielos y de las nieves y de los animales salvajes. Pese a ello, Bass comienza a amar ese invierno tan áspero, tan cruel (¿puede ser cruel la naturaleza?). Escribe, sí, pero también tiene que dedicar gran parte de su tiempo a conseguir leña para preparar un fuego y calentarse ambos, y esto implica salir a buscarla, cortarla, acarrearla en el vehículo, emplearse a fondo físicamente para que nunca les falten reservas. La tarea le agota.

Su compañera, Elizabeth Hughes, hizo los dibujos que salen en el libro. Así el volumen, este diario que transmite serenidad al lector, queda completo: letras e ilustraciones que nos muestran un territorio inhóspito y salvaje, pero al mismo tiempo de una pureza tal que no sorprende que tantas personas se retiren a los bosques. Pero no nos engañemos: la aventura de Bass y Hughes incluye el frío, a menudo el miedo y la inseguridad, el temor a ser sorprendidos por un oso, las leyendas que cuentan los escasos lugareños sobre el Bigfoot, el temor a los aludes, la sensación de quedar incomunicados, la falta de recursos del mundo contemporáneo… Hacia el final, los padres del autor los visitan y Bass senior le dice a su hijo que le nota cambiado. Éste, al principio, no quiere reconocerlo, pero luego admite: Pero mi padre tenía razón. He cambiado. […] Mi corazón también ha cambiado. Tengo menos prisa.

Un fragmento:

Me estoy alejando de la raza humana. No quiero sonar grosero, pero me está gustando. Me asusta un poco darme cuenta de lo mucho que me gusta. Es como si bajaras la vista para mirarte las manos y vieras que está brotando el pelaje. No es tan malo como podría pensarse.


[Errata Naturae. Traducción de Silvia Moreno Parrado]

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EL RÍO

Resulta muy interesante, justo tras leer Invierno, que es no ficción, que es autobiográfico, adentrarse en los tres relatos de El río (que acaba de publicar Volcano Libros) y rastrear entre sus páginas la experiencia del autor ahora pasada por el filtro de la ficción. Algunos de los detalles que Bass nos señalaba en Invierno, como el manejo de la motosierra o las descripciones de los ríos y de los peces, aparecen aquí y allá en algunos pasajes, en algunos momentos, de estos tres relatos. El denominador común siempre es el agua, ríos por los que los personajes van y vienen, cruzan y se bañan, ejes alrededor de los que gravitan los cambios, los hallazgos, sus vidas…

-"Mahatma Joe" es la historia de un predicador que llega a un valle de Montana y logra acabar con una celebración anual: los Días Nudistas en los que todo el mundo iba por el pueblo sin ropa. Años después, Mahatma Joe Krag sigue sin haber convertido a la gente al cristianismo, sigue sin haber cambiado las cosas como él quería, y entonces descubre algo que le motiva: junto a "su esposa y criada, Lily", cultiva en secreto y por la noche unos cuantos terrenos para enviar lo cosechado a los niños hambrientos de África. Mientras tanto, una mujer que suele bañarse desnuda en el río, los observa en secreto…

-"Pruebas de campo" es un extraño relato que comienza con una imagen que parece surgida de la mitología griega: dos hermanos descubren a una especie de coloso que, nadando por el río a contracorriente, tira de una barca que contiene estatuas de hierro. El individuo va desnudo y lleva una cuerda atada a la cintura para arrastrar la chalupa. Los hermanos se hacen amigos de este insólito Hércules y el hombre se vuelve una especie de miembro nuevo de la familia: incluso la madre sospecha que se trata de un hijo que perdió, que ha vuelto a sus brazos. También es el río el marco en el que se desarrolla parte de la historia.

-"El río" trata sobre River Platte, título original del libro, y de cómo un ex jugador de fútbol va a dar una charla muy bien pagada al campus donde trabaja un amigo de los viejos tiempos. El antiguo deportista lleva dentro una herida reciente: su novia se ha ido de casa y no sabe con certeza si ella volverá o si se ha ido para siempre. Se produce entonces el choque entre el reencuentro con el pasado y la inseguridad sobre el futuro. Los colegas de su viejo amigo, algunos de ellos poetas, le invitan a participar en una pesca nocturna que tiene mucho de ritual y de celebración de hermandad. Esta parte, donde el río vuelve a simbolizar el tiempo y sus servidumbres, recuerda (y puede que sea un homenaje velado) a una obra que a mí me gusta mucho y he leído un par de veces: El río de la vida, la gran novela de Norman Maclean que aquí publicaron en Muchnik y en Libros del Asteroide. Aquí va un fragmento de este relato:

Es una noche lenta. Están en el río, con el agua hasta la cintura, en mitad de la oscuridad, al borde del canal hondo. El agua borbotea y salpica, levanta un aire fresco que les baña la cara, presionando contra sus piernas, como tratando de arrastrarlos. Ellos lanzan sus moscas una y otra vez al corazón del canal, al pliegue, no dicen nada, solo los cuatro, esperando y mirando fijamente la cabaña vacía al otro lado del río, el lado escarpado. Las moscas se quedan un segundo flotando sobre sus cabezas en el lance trasero, esas diminutas moscas amarillas mezcladas con las estrellas, antes de que las lancen hacia delante, a flotar en el río y luego ir a la deriva, cabalgando el torrente alocado  del centro del río, esperando a que el viajero cabeza de acero las atrape. Los hombres, al otro extremo del fino sedal, miran fijamente la cercana oscuridad de las aguas negras y rápidas, a la espera de sentir la sacudida del hombro, el tirón como de electrocución que les dice que cebo, pez y hombre están conectados.


[Volcano Libros. Traducción de Esther Cruz Santaella]
 


Judy & Punch: 2 carteles



Próximamente: Baila con Lobos / El Camino Sagrado



De Michael Blake. En Valdemar.

Doctor Sleep: 2 carteles



Cartel de Richard Jewell


Queen & Slim: 2 carteles



martes, octubre 22, 2019

Vida metropolitana / Breve manual de urbanidad, de Fran Lebowitz



De Vida metropolitana:

No soy una persona insensible. Creo que todo el mundo debería tener ropa de invierno suficiente, alimentación adecuada y un techo digno. Creo, sin embargo, que, de no ser que se porten de una manera aceptable, deberían quedarse en casa bien arropaditos y bien comidos.

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No existe quizá, para aquellos a quienes afecta, momento de la vida tan desagradable, tan antipático, tan categóricamente insoportable como la adolescencia. Y por mucho que su trato resulte una experiencia poco grata para prácticamente todos cuantos se relacionen con él, nadie sufre una conmoción mayor que el propio quinceañero. Tras doce buenos años de halagos ininterrumpidos, no se halla en absoluto preparado para hacer frente a las duras consecuencias que una inadecuada apariencia personal entraña.

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La democracia es un concepto interesante, e incluso laudable, que, comparado con el del comunismo, que es demasiado soso, o con el del fascismo, que es demasiado inquietante, se presenta sin duda como la forma de gobierno más apetecible. Esto no quiere decir que no tenga también sus inconvenientes: el principal radica en esa deplorable tendencia a hacer creer a la gente que todos los hombres han sido creados iguales. Y, aunque a la gran mayoría le basta con echar una mirada a su alrededor para comprobar que difícilmente se da el caso, aún son muchos los que siguen convencidos de ello.


[Tusquets Editores. Traducción de Alberto Cardín]


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De Breve manual de urbanidad:

En otras palabras, todo el mundo habla de las personas, pero nadie hace nada por ellas.

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Ahora bien, la naturaleza, no puedo por menos que reconocerlo, tiene sus entusiastas, pero en términos generales no me busquéis entre ellos. Para decirlo con franqueza, no me cuento entre aquellos que quieren volver a la tierra; me cuento entre aquellos que quieren volver al hotel. Tal estado de espíritu se debe, por lo menos en parte, al hecho de que la naturaleza y yo tenemos muy poco en común. No vamos a los mismos restaurantes, no nos hacen reír los mismos chistes, ni, lo que es más importante, vemos a las mismas personas.

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-Mira, el año pasado gané cuatro mil dólares con las cosas que escribí –dije–. Este año me han ofrecido dos sumas de seis cifras por cosas que no he escrito. Está claro que he planteado mi carrera de forma equivocada. Resulta que no escribir, no sólo es divertido, sino enormemente rentable. Llama a ese tipo del cine y dile que tengo varios libros no escritos. Tal vez tantos como veinte.
Encendí otro cigarrillo y, después de toser un rato, acepté la realidad.
-Bueno, pongamos diez, en cualquier caso. Juguemos fuerte.  


[Tusquets Editores. Traducción de José Luis Guarner]



Marriage Story: nuevo cartel


Nick Tosches (1949 - 2019)


Adopt a Highway: 2 carteles



A Beautiful Day in the Neighborhood: 2º cartel