domingo, diciembre 22, 2019

El zafarrancho aquel de via Merulana, de Carlo Emilio Gadda



A estas alturas, todo el mundo lo llamaba don Cebón. Era el comisario Francesco Ingravallo, destinado a la brigada móvil: uno de los más jóvenes y, quién sabe por qué, envidiados funcionarios de la sección investigativa: ubicuo en cualquier caso, omnipresente en todo asunto tenebroso. De estatura mediana, bastante rechoncho de figura, o tal vez algo achaparrado, de cabello negro y tupido y encrespado, que le salía del medio de la frente casi como para resguardar las dos protuberancias metafísicas del hermoso sol de Italia, tenía cierto aire somnoliento, andares pesados y descoyuntados, maneras algo aleladas, como alguien que lucha con una digestión laboriosa: vestido como los enjutos honorarios estatales le permitían vestirse, y con una o dos manchitas de aceite en la solapa, casi imperceptibles sin embargo, algo así como un recuerdo de la colina de Molise.

**

A la mañana siguiente los periódicos dieron la noticia de lo ocurrido. Era viernes. Los cronistas y el teléfono habían estado dando la tabarra toda la noche: tanto en via Merulana como más abajo, en Sante Stefane. De este modo, por la mañana, el gran chaparrón. "Horrendo crimen en via Merulana", gritaban los voceadores, con sus paquetes de periódicos entre las rodillas de la gente: hasta las doce menos cuarto. En las páginas de crónica, dentro, un titular en negrita a dos columnas; pero, a continuación, sobrio y bastante despegado, venía el parte: una columnita apenas, esmirriada, diez líneas hasta el remate, "la investigación prosigue sin pausa": y arguna otra palabreja, pa contentá: de estricta marca neoitálica. Ay, los buenos tiempos ya pasaos… en los que por un rasgao de mandolina de una maritornes en plaza Vittorio, se soltaba un rollo de media página de largo. La moralización de la Urbe y de toda Italia a la vez, er concepto de una mayor austeridad civil, se abría camino por aquel entonces.

**

Quien está convencido de tener razón a la fuerza, ni se le pasa por la cabeza carecer de ella en derecho. Quien se reconoce genio, y faro de las gentes, incapaz es de sospechar que no pasa de cabo de vela moribunda, o asno cuadrúpedo.

**

La Zamira, dado que de ella se trataba, tan desgreñada y harapienta, una escoba en la mano, a la que precedía pertinente amasijo de hogareñas lanas y rastrojos y de porquería indefinible, acogió a los dos tipos con la salivosa lubricidad de la sonrisa profesional y la falsedad pueblerina de la mirada. La resultante mueca, lívida por la ventana con la blancura incierta del tiempo y luego iluminada por un repentino dardo del sol, pretendió despachar como muy agradable tan desagradabilísima visita.

**

Allí no le resultó nada difícil, dado el optimismo en popa que lo iba empujando entre el arremolinarse de las mujeres, cargadas de colmas redes o de capachos, frondosas de brócolis, no le fue difícil reconocer por la descripción de la Ines, y ya desde unos pasos de lejos al tipejo, al gentil cornetín que le hacía al caso. Estaba erguido, detrás del mostrador, ¡con dos ojos!, lo más opuesto, en ese momento, al miedo y la timidez que había decantado la Ines, y con la melena bien espesa y cargada de unto toda de un lado: en compañía de la abuela, se encontraba. En la cima, cayendo un poco sobre la frente, las hebras del cabello se habían rizado como escarola tras el caprichoso retoque del peine, o como el tumbo de una ola de mareta cuando un instante la rebulle antes de disponerse a desistir, y abandona el ruedo finalmente. 


[Sexto Piso. Traducción de Carlos Gumpert]

Cartel de Disturbing the Peace


Color Out of Space: 2 carteles



Próximamente: Instantáneas



De Claudio Magris. En Anagrama.

The Woman in the Window: primer cartel


Trailer de Tenet


Misbehaviour: 2 carteles



miércoles, diciembre 18, 2019

Eisejuaz, de Sara Gallardo



Yo soy Eisejuaz, Éste También, el del camino largo, el comprado por el Señor. Paqui está aquí. Ya sale el sol. Ya sale el tren. La campana del tren, la campana del franciscano. El último tramo del camino de Eisejuaz empezó. El auto del reverendo sale para Salta porque es la fiesta de los gringos noruegos; los hijos se ponen corbata de moño para la fiesta y son como cría de gallina. "Hoy es tu cumpleaños, Lisandro –decían– y pasado mañana la fiesta del noruego". Pero Eisejuaz no puede volver con los noruegos. Ya terminó el segundo y el tercer tramo de su camino.

**

Pero yo dije:
-No voy a comer. No necesito nada. Me mordí la lengua solamente.
Y en mi corazón decía al Señor: "¿Por qué pasó esto?". Era de día, y todo lo veía como de noche. Forzaba los ojos, y veía oscuro. Miraba, y veía negro. El alma ya se quería escapar. No había sitio para ella, vacía como estaba. Sin fuegos, sin hamacas, sin casas para los mensajeros del Señor lista para irse, no había sitio para ella en el mundo sin los ángeles que atan al mundo.

**

Paqui habló solo. Y lo oí, sentado afuera en la casa.
-Hijo de perros, bestia hedionda, ¿quién te creés que soy? Mataco inmundo, vagabundo, por los caminos sin camisa, con un palo en la mano. Salvaje. Pobre corazón, pobre Paqui viejo querido, cómo te ves, dónde quedaste. Y aquel traje de hilo, a viejo llorón hablando de tus hijos, cobráselo a tu abuela, viejo llorón. Y el traje marrón cruzado, con chaleco rayado. ¿Por qué tienen que llamarme traidor ustedes, hijos de ratas, si no quedó ninguno para contar la historia? Paqui, Paqui querido; mataco hijo de mil perros.
Entré, me senté cerca del fuego. Y lo miré.

**

Les dije:
-¿Creen que Eisejuaz no sufre? Es jefe, y no nació para ser jefe. Ha visto al espíritu que lo habita y conoció su nombre, pero sus hermanos están fuera de ese nombre. Y las razones de esto no las sabemos.
Uno de ellos:
-No comprendemos todas tus palabras pero comprendemos cómo nuestra vida se ha vuelto mala.
Yo les dije:
-¿A dónde irán los piojos del hombre que muere? Ya su cabeza se enfría. Ya huyen, turbados y perdidos, sin saber a dónde van. Ciegos corren por el polvo, ajeno, enemigo, que no los recibe. Angustiados, no saben a dónde los guía su corazón. Buscan nuevo calor, allí se meterán, sin elegir. Si hay piojos en aquel lugar, malo será el encuentro. Si quieren vivir allí, se harán insoportables. Lavados, morirán, unos y otros. Ciegos y turbados han corrido, sin saber a dónde ir. Su cría bajo la tierra, con aquel hombre muerto, olvidará el calor y los mensajeros de la vida. Los gusanos serán sus compañeros, y su recuerdo se perderá. Así digo a mis hermanos matacos y también a los tobas: ¿a dónde iremos, ahora que el monte se ha enfriado? A los chahuancos, a los chiriguanos, a los chaneses y a todos digo: ¿adónde iremos? No hay lugar para nosotros ni allá ni acá. Allá el ruido de los blancos termina con nuestro alimento. Y aquí nos alimentamos de peste y de miseria.
 
**

Dije:
-Ha terminado nuestro tiempo y el de todos los paisanos. Ahora cada cual debe vivir como pueda. Por qué nos ha tocado nacer en estos tiempos, no lo sabemos. Todos los hombres tenemos la ceguera como triste herencia.


[Malas Tierras]

Cartel de Three Christs


Próximamente: Juicio a Satán



De Ray Russell. En Alba Editorial.

This Changes Everything: 2 carteles



A Quiet Place: Part II: primer cartel


martes, diciembre 17, 2019

Aberración estelar, de Gilbert Sorrentino



Se podría decir que el chico ha quedado detenido en un momento de felicidad, si bien las fotografías, por excluirlo todo salvo la décima de segundo en que se toman, mienten siempre. Aun así las miramos, las urgimos a que nos entreguen sus verdades; en ésta uno querría poder ver atrapado para siempre en los ojos del chico el reflejo del fotógrafo, para saber si esa sombra irregular, que mancha la gravilla junto al cobertizo donde se mantiene fresca la leche, la arroja Louis Stellkamp, el propietario de esta granja, para ver no sólo lo que hay detrás del chico, sino lo que hay frente a él. Tal vez las tumbonas están vacías.

**

Querido "ex Tony":

Te escribo sólo para saludarte y decirte la pena que me da ver que has terminado por perder el poquito pelo que tenías. Si estás preguntándote cómo es que sé esto que sepas que me remito a una foto que vi en el
Brooklyn Eagle en la que salías tú con la gorda de tu putilla y cuando digo gorda quiero decir Gorda, y un mick borracho metido a político corrupto todos posando juntos más anchos que largos en algún evento en el hotel St. George. ¿Qué era, el Baile anual de Alcohólicos Anónimos o como sea que lo llamen? Tu nueva mujer, je je, parecía que se hubiera zampado unas cuantas albóndigas antes de llegar.

**
¿Qué pensaba de John McGrath, el padre de Marie?
Lo consideraba un obstáculo para cualquier "entendimiento" que pudiese alcanzar con Marie. Estaba en lo cierto al hacerlo.


.
¿Cuáles eran algunos de los términos despreciativos que el señor McGrath utilizaba contra Tom?
En diversas circunstancias y momentos, se sabe que John McGrath había dicho: diosecito de hojalata, parche en el culo de un hombre, más falso que un billete de tres dólares, don Arrogante, sacacuartos, figurín manirroto, ¿dos mil plazos?, bigote de macarroni, nuestro héroe conquistador, incapaz de conservar a una mujer, buscafaldas, nada bueno, puñetero galán imbécil, pedo en mitad de una ventolera, donjuán, otra historia triste y nada más que estupideces y problemas. 


.
Volvamos brevemente al dos plazas de Tom (o dos mil plazos): ¿por qué un vehículo mundano como éste causaba tal efecto en la gente?
Transmitía independencia y al diablo las preocupaciones, libertad y golferío juvenil. Así pues resultaba atrayente para la libido femenina y despertaba la envidia masculina y el temor a la cornamenta.

**

Que vas a hacer lo que te dé la puñetera gana. ¿Es eso lo que me estás diciendo, Skip?
Tengo derecho a vivir
un poco, Papá.
¿Vivir? ¿Es ésta la
vida de la que hablas?
Ay, Papá.
Ando por ahí como el último mono, valgo menos que un puñetero pedo en una ventolera.
Tienes a tus amigos. No es que…
Mis amigos. Muy bonito que digas eso mientras te pones en evidencia delante de todo el mundo. Andas tan ocupada que estás tuerta de un ojo y ciega del otro.
Amigos. Pantalones-caídos Sapurty. Ach der Kaiser Louis. No es capaz ni de quitarse de encima la peste a estiércol. ¿Mis amigos? ¿El sujeto ese, Copan? Por Dios, si es un milagro que no se coma también los platos.


[Underwood Editorial. Traducción de Ce Santiago]

Cartel de Ordinary Love


Próximamente: Una vida sin fin



De Frédéric Beigbeder. En Anagrama.

Cartel de Troop Zero


Monos: 4 carteles





lunes, diciembre 16, 2019

Furtivos, de Tom Franklin



Me largué del Sur hace cuatro años, en cuanto cumplí los treinta, para asistir a la escuela de posgrado de Fayetteville, Arkansas, donde entre yanquis transplantados y gente del oeste me di cuenta de lo afortunado que había sido por haberme criado en este lugar, en estos bosques sureños, entre cazadores furtivos y narradores de historias. Me consta, por supuesto, que la mayoría de la gente considera Arkansas como parte del Sur, pero no es mi Sur. Mi Sur (el que no he sido capaz de expulsar de mi sangre ni de mi imaginación, el Sur donde transcurren estos relatos) es la zona baja de Alabama, frondosa, verde y llena de muerte, los condados boscosos que se extienden entre los ríos Alabama y Tombigbee.
[…]
Vuelvo a donde la vida muere con lentitud y cazo historias como un furtivo. Cazo como un furtivo porque quiero recuperar los senderos antes de que sea demasiado tarde, antes de que retumben los últimos camiones madereros y las viejas y oscuras costumbres queden taladas para siempre.

[De "Introducción: Años de caza"]

**

Bienvenidos a Shubuta.
Echad un vistazo. Tractores abandonados consumidos por el kudzu. Terreno llano, sol alto y distorsionado, campos secos. Junto a la carretera, en un solar de tierra, unos niños estrábicos se encorvan sobre un círculo de canicas polvorientas, inmóviles, como en una fotografía. Una señora negra con un cesto de ropa vacío camina en sentido contrario al tráfico. Hay coches resplandecientes y casas construidas sobre bloques de cemento. Saco otra lata del hielo, abro la pestaña y dejo que la cerveza se deslice por mi garganta.
Esto es lo que pienso: morir en el hospital, no por el forro. Si hay que largarse hay que hacerlo violentamente, con un poco de honor: rescatando a un bebé de la vía del tren y que el tren te lleve por delante. Cubriendo con tu cuerpo una granada de mano en pleno combate y salvando a once compañeros. Algo así. La pistola en la cabeza es siempre una opción, pero se necesita añadir un toque creativo.

[Del relato "Shubuta"]

**

Son inteligentes, las chicas de Ned. Leen novelas. Agentes inmobiliarias, asistentes legales o universitarias.
¿Y dónde las encuentra?
Es rico. Son ellas las que lo encuentran a él.
Habré hecho lo del barco con Ned en cuatro ocasiones, pero no soy rico. Es más, soy pobre. No me afeito pero bebo en exceso y a veces, por la tarde, me dedico a lanzar fruta mohosa por las ventanas de la casa que Ned me alquila por ciento cincuenta al mes, aunque no me acuerdo de la última vez que le pagué. Ned comprende. Compra revistas Playboy, las hojea una vez y luego me las da. En eso consiste ser rico.
Y en esto ser pobre: tu mujer te deja porque no puedes encontrar trabajo por la sencilla razón de que no hay trabajo que encontrar en ninguna parte. Vacías el tarro de centavos de la repisa de la chimenea para comprar cigarrillos. Detestas contestar el teléfono porque siempre son malas noticias. Cuando tus amigos te invitan a salir, no sales. Pasado un tiempo, dejan de invitarte. Les debes pasta y en ocasiones te la piden. Les dices que verás lo que puedes rascar.
Que es lo siguiente: nada.

[Del relato "La balada de Duane Juárez"]

**

Esther tenía cincuenta años. Se había casado dos veces y tenía seis hijos que se habían ido y sentían rencor hacia ella. Tuvieron que extirparle el útero en una operación que aún seguía pagando. Ahora vivía sola y la mayor parte del tiempo bebía, también en soledad. A no ser que se quedasen dormidos en la camioneta en mitad del bosque, los chicos Gates se pasaban a verla tras una noche de trabajo. Esther les preparaba un café bien cargado y les alimentaba con huevos fritos muy salados y salchichas. Algunas mañanas, como las de hoy, tendría la mirada perdida, cogería a Kent del cuello de la camisa, lo conduciría al piso de arriba, lo vería cerrar la puerta del cuarto de baño y escucharía los ruidos que haría al bañarse.
Ella sonreía sabiendo que esas eran las únicas ocasiones en que se bañaba.

[Del relato "Furtivos"]


[Dirty Works. Traducción de Javier Lucini]

Cartel de Pink Wall


Top Gun: Maverick: nuevo trailer