jueves, enero 24, 2013

Trailer de The Call


La nueva película de Brad Anderson: aquí.

Trailer de Olympus Has Fallen


Con Gerard Butler, Aaron Eckhart, Morgan Freeman, Angela Bassett: , Dylan McDermott, Ashley Judd y Melissa Leo: aquí.

Trance: primer cartel


La nueva película de Danny Boyle.

martes, enero 22, 2013

Django Unchained



1 - Hay cineastas maestros con cuyas películas uno sufre, los hay con los que se asombra pero quizá se aburra, los hay muy finos en el arte del entretenimiento y el espectáculo aunque sus obras no contengan miga, los hay con demasiada miga y tan densos que uno no vuelve a ver sus películas aunque le hayan gustado. Y luego está Quentin Tarantino, que no se parece a nadie y que tal vez sea el director más revolucionario en décadas. Sus cintas despiertan fanatismos y odios por igual, y yo estoy en el primer bando (siempre lo he estado: desde que se me cayó la mandíbula viendo Reservoir Dogs en un festival de cine de mi ciudad; la película sólo se exhibió durante un día, en tres pases). Con los filmes de Tarantino disfruto de principio a fin. Son inagotables, contienen tantas referencias que cada uno de ellos (incluso cada escena) es para mí una magdalena proustiana que me empuja a mi infancia, a ese eterno cine de barrio de mi memoria, el cine de mis abuelos, donde consumí westerns, spaghetti westerns, cintas Z de artes marciales, terrores de serie B, thrillers y acción de baja estofa, blaxploitations, clásicos de los 60 y de los 70, noirs, erotismos de saldo e incluso obras de Kubrick, Fellini o Peckinpah. Porque, aparte de esas referencias, en Tarantino todo es disfrutable: la selección de canciones y tracks instrumentales, los actores que suelen participar en estado de gracia, los diálogos, la estructura narrativa, la fotografía y el montaje, las largas secuencias de tensión, los breves estallidos de violencia, el olfato cinéfilo para remezclar las referencias y convertirlas en algo nuevo… Y su sentido del riesgo: poner flamenco en una lucha a lo samurái, rap en un western (o un southern, como QT ha denominado a su última película), música de duelos en una cinta bélica…    

2 - Por esas y otras razones se entenderá que me vuelva loco con cada una de sus películas (y me gustan todas casi por igual). No sólo las analizo y las disfruto, sino que paso días y noches pensando en ellas. Vi el viernes Django Unchained en un cine de versión original y no dejo de pensar en ella desde entonces.

3 - En primer lugar por su cóctel de referencias y de guiños y de homenajes (cito algunos: El búfalo blanco, Shaft, Lo que el viento se llevó, evidentemente Django y sus secuelas e imitaciones, El gran silencio, los tres Sergio’s [Leone, Corbucci y Sollima], Mandingo, Le llamaban Trinidad, Dos mulas y una mujer, Ennio Morricone, Forajidos de leyenda, Bonanza, Alexandre Dumas, Infierno de cobardes…) y todos los cameos de viejas glorias y/o de secundarios antaño célebres (el Ted Neeley que encarnó a Jesucristo Superstar, los antiguos villanos de los 80 James Russo y James Remar, el Russ Tamblyn de Siete novias para siete hermanos, Don Johnson, Franco Nero, Jonah Hill, Bruce Dern, Robert Carradine, Tom Savini, la Zoe Bell de Death Proof, sus habituales colaboradores James Sparks y Michael Bowen…), que a mí me entusiasman y que me devuelven a esas películas  de mi infancia.    

4 - En segundo lugar, por la solidez del guión y de los diálogos. Sus personajes se caracterizan por las largas parrafadas, por parlamentos y frases que el cinéfilo acaba aprendiéndose. Por momentos antológicos en los que se combinan el homenaje, la parodia y la crudeza (la burla del Ku Klus Klan es algo que jamás habíamos presenciado). Si no gana el Oscar, será una de las mayores injusticias de los últimos tiempos. Guión al que acompaña una dirección que no deja de sorprender.

5 - En tercer lugar, por las interpretaciones de los actores. En un primer nivel, para mí, están Christoph Waltz, Samuel L. Jackson y Leonardo DiCaprio. En el segundo, Jamie Foxx, Kerry Washington y Don Johnson. Pero si tuviera que elegir una sola actuación, me quedaría con la de DiCaprio porque hace algo que nunca le habíamos visto hacer: convertirse en un asqueroso y despreciable cabrón que mete miedo con la mirada aunque carezca de las dimensiones físicas de su antagonista.

6 - En cuarto lugar, por la estructura en, digamos, tres actos. El primero es el más divertido (y el que parece preferir el público), que toma el modelo de las películas de viaje y de colegas. El segundo transcurre en las propiedades del personaje de DiCaprio, y es el más reposado y, para mí, el mejor. El tercero abarca un montón de tiroteos y de sangre y de locura. Me quedo con el segundo porque es ahí donde Tarantino incluye una de las cumbres de su obra y una de sus señas de identidad: toda la tensión que genera la presencia de Calvin y sus hombres, una tensión que puede cortarse con cuchillo y que sabemos que explotará en algún momento (como ocurría, por ejemplo, en la discusión de Rubio, Blanco y Rosa en Reservoir Dogs; en el momento de la libreta de Kurt Russell en Death Proof; en la cafetería de Pulp Fiction; en la charla que mantienen Samuel L. Jackson y Robert De Niro en la furgoneta de Jackie Brown; en la cervecería de Inglourious Basterds; en numerosos momentos de Kill Bill I y Kill Bill II; e incluso en la apuesta final de su segmento de Four Rooms). En esto Tarantino es el gran maestro. Y esa tensión, por si fuera poco, la suelen crear los diálogos y nunca desemboca en lo que cree el espectador que va a ocurrir. En el cine de Tarantino suele suceder lo inesperado.

7 - En quinto lugar, por su lectura justiciera y revanchista. QT sabe que no puede cambiar la Historia y que ésta suele ser cruda y despiadada. Pero en el cine sí puede hacerlo por su condición de arte libre y de caja de sueños. Por eso, si en Basterds nos mostraba a judíos que cortaban cabelleras a los nazis, aquí da otro paso arriesgado y nos presenta a negros que se liberan (real y metafóricamente) de sus cadenas y ponen orden entre esclavistas, negreros y negros sumisos a los blancos. El cine es capaz de eso y de mucho más. QT parece decirnos: en el pasado, negros y judíos las pasaron putas, pero en mis películas tienen manga ancha para tomarse la revancha. Django Unchained convierte El anillo de los nibelungos (la leyenda la cuentan en la película) en un western en el que un héroe negro trata de sobrevivir a la esclavitud y a la violencia para rescatar a su amada, un hombre que aprende a dominar el revólver y la lengua en una demostración de fuerza e inteligencia. Por todas esas razones, ya digo, para mí es una película perfecta que, como el resto de su obra, veré varias veces en el cine y luego compraré en dvd y analizaré cuantas veces sea necesario.    





Descansen en paz


Fernando Guillén (1932 - 2013)



Michael Winner (1935 - 2013)



Evan S. Connell (1924 - 2013)



Patty Shepard (1945 - 2013)

Trailer de The East



Memorias de un poeta metido a editor. 1996/2004. Los pasos inciertos, de Kepa Murua


Conozco las trampas editoriales, el mundo fenicio de la crítica, la calidad de algunos autores; conozco el valor de mi poesía, la lucha con Kepa Murua el editor; y no sé cómo ni por qué, pero tengo ganas de dejarlo, de abandonarlo todo.

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13 de junio
No se debiera temer a la irrupción de los más jóvenes en el mundo de las letras. No creo que este mundo cultural sea un coto cerrado sin más y tampoco pienso que se deba defender con razones de supervivencia, esas que afirman que se debe potenciar solo lo de uno para que otro no le sustituya; lo que se ha dado en llamar “la sociología literaria” y donde se podría incluir el mundo de la edición y de la crítica. Si dentro de diez o veinte años siguiera en este mundo, por ejemplo, me gustará conocer a los más jóvenes, a los nuevos escritores o editores, estoy seguro de ello. No solo podría aprender algunas cosas de todos ellos, juntos o por separado, sino que podríamos rejuvenecer con su compañía y puntos de vista.

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15 de septiembre
Los premios literarios, los más importantes, no sirven para nada en especial. Sirven para los políticos, para la prensa, para los miembros del tribunal, para la crítica, para el editor que los convoca; sirven para robar autores, “secuestrarlos” porque se dejan seducir; sirven para confundir al personal; sirven para que los ingenuos caigan en sus redes enviando sus manuscritos; sirven, como intuyo, para todo, menos para la literatura.

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En realidad, cuando la sociedad se asusta, lo primero que elimina es la cultura.

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3 de julio
A otros, con menos, les hacen un monumento. Pero, pase lo que pase, siempre es preferible el anonimato, pues solo así puedes mirar a tus anchas.
Por la tarde, Karmelo C. Iribarren me regala su nuevo libro, La ciudad. Se ve que es una antología bien pensada, al milímetro diría yo. Aprecio en su mundo sabiduría, experiencia, presencia en detalles secundarios, poesía directa y sin tapujos. Me habría gustado escribir Algunas noches, el miedo.

viernes, enero 18, 2013

Amor




Amor es una de esas películas sencillas en apariencia (dada su puesta en escena y la aparición de muy pocos actores), pero con numerosos detalles que revelan la eficacia y el talento de Michael Haneke en la dirección. El prólogo ya nos plantea un enigma: las autoridades irrumpen en una casa que, al parecer, apesta, y encuentran a una anciana muerta en la cama; nosotros, los espectadores, sabemos que en el mismo piso debería haber un hombre, el marido, pero no está, o la cámara no lo muestra. La pregunta que queda es: ¿dónde está el anciano?

Tras ese prólogo, Haneke nos enseña la vida rutinaria de un matrimonio de ancianos burgueses: se arreglan, van a un concierto, toman una copa, cenan… su existencia es pacífica y agradable. Pero en seguida, igual que los bomberos irrumpen en su casa en las primeras escenas, la enfermedad irrumpe en sus vidas y se cuela en el hogar, lo que significa, como en cada enfermedad degenerativa, que todo va a mutar, desde la disposición de las habitaciones (sobrecoge ese plano fijo en el que dos operarios colocan la cama electrónica de hospital, modelo de cama que conozco bien porque dos mujeres de mi familia pasaron sus últimos días en una similar) hasta las rutinas de los ancianos (ahora ya no hay ritual para irse al teatro o a un concierto: ahora el ritual consiste en cómo apañárselas ambos, con la mujer medio paralizada y el hombre teniendo que acostarla, cambiarle los pañales o facilitarle los movimientos por el piso).

En su notable crítica para el número de enero de Dirigido Por, Israel Paredes apunta, entre otras cosas, lo siguiente: Sí, Amor puede llegar a producir rechazo. Y en este rechazo encontramos gran parte de lo que Haneke busca con su propuesta, evidenciar que entre gran parte de la sociedad europea (y cuanto más burguesa, todavía más) la vejez se ha convertido en una suerte de tabú del que nadie quiere hablar. Porque Amor no sólo habla de la enfermedad en el último tramo de la existencia de una persona (encarnada con naturalidad por Emmanuelle Riva, que logra algo muy difícil: parecer una enferma de verdad en sus reacciones, mostrándose irascible o estimulando nuestra piedad, dependiendo de la situación), sino que también nos habla de la dificultad de ser viejo (y ahí entra el espléndido Jean-Louis Trintignant, sobre quien recae el peso de la película y cuya interpretación es de Oscar aunque no lo hayan nominado: un viejo que se mueve despacio, que está cada vez más solo, al que le cuesta horrores incluso capturar a una paloma que se cuela en casa).

Y todo esto lo filma Haneke con esos planos fijos que son característicos en su obra, como si fuera un voyeur que quizá disfrute del espectáculo de la decadencia, o que simplemente nos planta ahí para que digamos: Es la vida, no hay máscaras ni mentiras, es lo que sucede cuando iniciamos el declive. En ocasiones, incluso, parece que estemos ante una película de terror. Un peliculón, pues, se mire por donde se mire (aunque, eso sí, bastante duro, como suele ser el cine de este cineasta). Cierro con estas palabras de Israel Paredes, en la misma revista: Haneke muestra cómo la enfermedad es rápida aunque morirse es sumamente lento, algo que el cine normalmente ha olvidado o soslayado convenientemente



Este sábado, en Madrid


Menos joven, de Rubén Martín Giráldez



Ha llegado la hora –y esto es muy importante, niños– de que conozcáis las singulares prácticas educativas de aquel hombre al que nos referiremos en adelante como “el padre de Bogdano”, que suena a personaje de canción para saltar a la comba hasta morir o hasta estar preparado para jugar a otra cosa. Lo cierto es que el padre de Bogdano se dedicaba a cruzar libros como quien cruza perros de raza. Me explicaré: arrancaba las cubiertas de grandes obras de la literatura, separaba con cuidado la página de derechos, y a veces incluso la dedicatoria de aquellos escritores geniales; entonces, con las fundas de piel recién obtenidas de, por ejemplo, Los papeles póstumos del club Pickwick retapaba el cuerpo paginoso de, por ejemplo, la novela Raíces: vestía así una obra que hablaba de la captura y los días del esclavo Kunta Kinte y su posterior saga familiar con las letras en relieve y las guardas de justificado prestigio heráldico destinadas a Dickens. El padre llamaba a este método “educación híbrida”.