sábado, diciembre 15, 2007

Noticias: Vicente Muñoz Álvarez


Hoy, en El Mundo - La Crónica de León, nuestro amigo Vicente habla de sus nuevos proyectos, entre los que están Hank Over. Entresaco algunos párrafos y luego pongo el link directo, para quien quiera leer el reportaje al completo:
-Sobre El merodeador, novela recomendadísima por David González:
Es una especie de diario sobre los diez años que me pasé viviendo en casas deshabitadas de pueblos leoneses; pero ojo, no tiene nada que ver con la literatura rural leonesa. Yo venía del mundo urbano y nocturno, de modo que me retiré pensando en un 'retiro creativo' que luego se convirtió (como digo en el libro) en una cárcel de sombras; y es que quien ha vivido siempre en la ciudad y de repente se encuentra solo en un lugar apartado experimenta una estremecedora sensación de soledad.
-Sobre Marginales y Monstruos y prodigios:
Esta obra está más en la línea de la literatura gótica. En este caso las ilustraciones serán de Mik Baró. Además, acaba de salir un librito de bolsillo (de 20 ó 30 páginas) titulado Monstruos y prodigios, que es un extracto de aquel Marginales.
-Sobre Hank Over:
Se publicará en abril y se lanzará en toda España; se puede echar un vistazo en hankover.blogspot.com, y lo bueno es que tenemos más de un centenar de visitas todos los días.
Link: aquí.

“Ratardón”

Parece que las ratas están de moda. Ese animal que nos despierta tanto asco cuando lo vemos asomar entre las basuras de la calle o recorrer una acera en las sombras para ir a refugiarse a la alcantarilla, ocupa hoy un lugar preferente en ciertos ámbitos. No la rata como tal, claro, sino lo que inspira: novelas, ensayos, películas o actos de protesta. Es curioso que un ser tan odiado y perseguido se convierta en un emblema de la cocina, la literatura o la crítica política, como veremos ahora.
Unos meses atrás la película sorpresa de las carteleras de medio mundo fue “Ratatouille”, una obra maestra del dibujo animado en la que una rata, Remy, aprende los secretos de la cocina y se guía, además, por su insuperable olfato. Una rata en París con ansia de nuevos sabores y de conocimientos. Fue un taquillazo y seguro que la edición en dvd se venderá como pan caliente estas navidades. Como también se venderá otra sorpresa no menos agradable: la novela “Firmin”. Su autor es Sam Savage, un hombre de barbas blancas y rostro cansado en el que se resumen experiencias quizá no muy agradables. Este caballero ha escrito su primer libro después de pasar por varios oficios. Un libro con mucho éxito de crítica y de ventas. Savage nos habla de la literatura, de sus gustos, de los clásicos, de los rumbos inesperados que toma la vida, y lo hace con el recurso de un personaje llamado Firmin, una rata que devora libros (dos acepciones: los lee y se los come) y que narra lo que ve en una librería y en la vivienda de un escritor en horas bajas. Pero es que, más allá del asco, de la repulsión y de todo lo demás, la rata es un ser muy interesante. Lo que han hecho en el cine y en la literatura es otorgarle cualidades de genio y hábitos propios de humano, quitarle su papel de bicho proscrito y colocar otros focos sobre su lomo. Los focos de la ficción, que siempre vuelven posible lo imposible. Decía que es un ser muy interesante, y para eso léanse el libro “Ratas”, de Robert Sullivan, que he recomendado aquí una o dos veces. Es el resultado de la labor de investigación que llevó a cabo el autor en un callejón de Nueva York. Observó a las ratas y anotó sus costumbres, y otros comportamientos interesantes que nos desvelan que son más inteligentes de lo que pensamos, y que allá donde hay un hombre siempre anida cerca una rata. Las ratas aparecen de cuando en cuando, también, en los telediarios, cuando nos muestran esos restaurantes norteamericanos de comida rápida en los que las cámaras (y los comensales) han descubierto manadas enteras de roedores que van allí a ponerse las botas.
Por si fuera poco, la rata es el símbolo que han elegido en Comisiones Obreras de Madrid para protestar contra el alcalde, Alberto Ruiz Gallardón o, como dirían en “Muchachada Nui”: “el de las cejacas”. Al de “las cejacas” lo anda persiguiendo ahora una sindicalista disfrazada de rata. Se propone perseguirlo y acompañarlo a los actos públicos en los que el alcalde asome el hocico; perdón, el morro. La rata protesta por “la privatización de distintos servicios municipales”. La rata es una mosca cojonera. Se hace llamar “Ratardón”, mezcla de rata y de Gallardón (explicación que sobraba: cualquiera entiende el chiste). El alcalde podrá tomárselo mal, salvo que piense en Remy y en Firmin, que le han añadido otro enfoque a los roedores. A mí me gustaba más el anterior personaje que persiguió al alcalde de Madrid: “Vampirón”, un muñeco de trapo que se le parecía mucho. Pero si nos obligaran a escoger un bando a punta de pistola, si nos forzaran a elegir entre Ruiz Gallardón o Esperanza Aguirre, yo sería de Gallardón: siempre debemos elegir, de entre dos males, el menor.

viernes, diciembre 14, 2007

Libro de jaikus, de Jack Kerouac

En Los Vagabundos del Dharma, la novela de Jack Kerouac, el personaje Japhy Ryder (trasunto de Gary Snyder) dice: Un auténtico haiku tiene que ser tan simple como el pan y, sin embargo, hacerte ver las cosas reales. Ambos cometidos, simpleza y realidad, se cumplen de sobra en este compendio de haikus (o jaikus) de Kerouac. En esos versos cortos y ágiles recibimos sensaciones, olores, paisajes, vistazos al mundo, héroes, estaciones del año, merodeos felinos...
Creo que este libro hay que leerlo, y asumir sus reglas del juego, tras la lectura de Los Vagabundos del Dharma. Me parece imprescindible, porque en casi todos los jaikus late el retiro espiritual de Kerouac en las montañas. Esa novela recoge ya las características que luego hemos leído aquí: silencio, bosques, montañas, nieve, viento, lluvia, hojas, flores, insectos. Mientras devoraba el libro, he sentido que Kerouac me desvelaba las imágenes en forma de jaikus que había anotado allá arriba, en la montaña. Aunque los versos que más me gustan son los que el poeta obtiene de la observación de sus gatos, os dejo con el que quizá más me ha impactado:
El sonido del silencio
........es toda la enseñanza
Que recibirás

Nominaciones a los Globos de Oro



Las nominaciones deparan más de una sorpresa.
La lista completa: aquí.

Mañana, en Madrid

Este sábado, a las 21:00 horas, lectura y presentación del poemario La alambrada de mi boca, de Ana Pérez Cañamares. En el Bukowski Club (San Vicente Ferrer, 25). Ana también leerá algunos poemas inéditos.

Trivial

Masoquista que es uno, pongo un telediario a la hora de cenar. En seguida se me llevan los demonios. Compaginan noticias triviales y noticias que a uno le exasperan. En primer lugar sale Pedro Almodóvar. A mí Almodóvar me cae bien y me gustan algunas de sus películas. Pero ha alcanzado ese punto del famoso (como Britney Spears, como Paris Hilton, como Penélope Cruz) en el que cualquier cosa que diga o haga tal celebridad es relevante, y merecedora de aparecer en todos los noticiarios; aunque se hurgue la nariz. La noticia es la siguiente: Almodóvar ha recopilado un disco que recoge las canciones que han aparecido en sus películas. De verdad, ¿esto es una noticia? Lo digo porque, por si alguien aún no lo sabe, todos los meses aparecen en el mercado antologías o discos recopilatorios de la música de las películas de tal o cual director o de tal o cual actor. Todos los meses: la antología de Julio Medem, la de Quentin Tarantino, las de John Williams, las de Ennio Morricone, las de John Debney, las de Maurice Jarre. Podríamos seguir enumerando hasta completar el artículo y aun así nos faltaría espacio para continuar. Hay discos que incluso recopilan los temas más célebres de los filmes de los actores: de Humphrey Bogart o de Clint Eastwood. La verdadera noticia, sin embargo, la suelta luego Almodóvar, durante la presentación del recopilatorio: su próxima película entrará en breve en preproducción.
Continúa el telediario. Nos informan sobre un calendario de azafatas desnudas. Como sabrán a estas alturas, una de las modas de nuestros días es despelotarse para un calendario benéfico. A mí esto me parece de maravilla por varias razones: desnudarse es un acto de libertad; no veo nada malo en el desnudo, sino todo lo contrario; así todos, hombres y mujeres, podemos disfrutar de los desnudos de ambos sexos, cada cual el género que prefiera; estos calendarios de moda despiertan más nuestro morbo porque en sus páginas sale en cueros gente normal, y con ello me refiero a que no gastan silicona ni les precede la fama. Hasta ahí bien, y además el propósito es recaudar fondos para la beneficencia, lo cual duplica el valor del acto. Pero en la noticia no sólo dicen que las azafatas de no sé dónde se han desnudado para un calendario con causas benéficas, sino que la Federación de Consumidores ha denunciado a la compañía aérea y que al Instituto de la Mujer también le ha parecido mal. Al parecer, y según ellos, el calendario es discriminatorio y ofrece una imagen sexista, y representa a esas mujeres como “objetos sexuales”. En estos tiempos sucede, además, que el desnudo del hombre en la publicidad y en las campañas está bien visto, y cuando ahora lo hace la mujer es sexista, machista o una agresión a su imagen. Ver para creer. ¿Y qué me dicen de los universitarios de Barcelona que también se han desnudado? ¿Y de los bomberos? ¿Y de ese grupo de madres de Salamanca que han salido en paños menores? O los demás colectivos que se han decidido por ese reclamo. Si lo miramos así, todos los calendarios podrían ser considerados discriminatorios. Para colmo, las azafatas ni siquiera están desnudas por completo: salen en bikini. Recomendaría a quienes protesten que se dejen de chorradas, porque en el mundo funcionan peor otros asuntos.
Una noticia trivial, que sobra, y una noticia que me enfureció (siempre hay gente escandalizada por los desnudos femeninos) bastaron para abandonar el telediario, para dejar de verlo. Por cierto: antaño nos censuraban el desnudo por la represión y la dictadura. Hoy lo hacen para ser políticamente correctos y tranquilizar conciencias. Pero el resultado es idéntico: meter tijera, prohibir, censurar.

jueves, diciembre 13, 2007

Los relatos de John Fante


Los relatos de John Fante están recogidos en este libro, que ayer me llegó al buzón. De vez en cuando, intentaré leerlos como están, o sea, en inglés. Y mientras tanto rezo para que Anagrama los traduzca algún día. Echando un vistazo al índice, he visto que Fante dedica unas palabras a su legendaria novela Pregúntale al polvo. Os copio un párrafo que aclara bastante sobre el título:
So I call my book Ask the Dust because the dust of the East and Middle West is in these streets, and it is a dust where nothing will grow, a culture without roots, a frantic grasping for entrenchment, the empty fury of lost hopeless people frenzied to reach an earth that cannot ever belong to them. And a misguided girl who thought the frenzied ones were the happy ones, and who tried to be one of them.

Una cerveza de nombre Derrota, de Eusebio Ruvalcaba

Eusebio Ruvalcaba escribe desde las vísceras. Con furia, con grandeza, sin darnos un respiro. Su escritura tiene ciertas influencias de autores que se dieron a la bebida, como Bukowski o Lowry. Él mismo asegura, en este libro misceláneo, que es adicto al alcohol, a las mujeres y a la velocidad.
Una cerveza de nombre Derrota contiene textos breves acerca de esos temas mencionados, y otros tantos: la literatura, la música, la paternidad... Libro, pues, trenzado de enseñanzas, de aforismos, de confesiones, de fracasos y de recuerdos. Algunos temas pueden herir la sensibilidad de los políticamente correctos, pero Ruvalcaba es honesto y escribe con el corazón y con los huevos. Podría copiar un montón de fragmentos de este autor fiero y nacido en Jalisco, pero sólo puedo escoger uno por razones de tiempo y espacio, y creo que éste servirá de ejemplo:
Lo más extraordinario que le puede pasar a un hombre es tener un hijo. Y si no lo tiene, no pasa nada; salvo por una cosa: ese hombre nunca pondrá el pie en el último peldaño del sufrimiento. Porque nada duele tanto como las desdichas que un hijo puede ocasionar. Los demás dolores –la pérdida de los padres, la muerte del hermano, del amigo, de la mujer– son de dar risa.

No se puede estar en todo

No se puede estar en todo. El mes pasado me perdí unos cuantos eventos. Y lo curioso del asunto es que, o bien eran de entrada gratuita, o bien me habían conseguido invitaciones. Primeramente, mis primos consiguieron invitaciones para el espectáculo de humor de Faemino y Cansado, aquí en Madrid. Una entrada gratis para ver a este par de grandes cómicos no es algo que nos toque a diario. Faemino y Cansado dieron invitaciones sin saber que, a última hora y por culpa de unos conciertos, les cambiarían de local. Con el cambio de sala para el espectáculo se anularon las invitaciones para el primer club. Ya no valían. Y nos quedamos sin poder ir. Algunos de mis amigos han intentado varias veces comprar localidades para Faemino y Cansado y no lo han conseguido. Es difícil porque suelen llenar.
Me hubiera gustado ir a ver a mis colegas de Los Sinsong tocar en el Ávalon Café de Zamora, pero para ese mismo día ya teníamos entradas para ver a los Arctic Monkeys. En el Ávalon (garito del que, si no me he informado mal, hoy es el aniversario, y por tanto la fiesta nocturna de celebración) también tocó Cianuro, en acústico; yo iba a sus conciertos de antaño y hubiera estado bien volver a escucharlos. Este directo fue a mitad de puente, y en los puentes evito viajar: hay demasiado tráfico para que merezca la pena desplazarse, y ya tendré mi ración de atascos y horas en la carretera cuando empiecen las navidades y vuelva a la provincia que me vio nacer, “la tierra del pan y del vino”. Hace poco Luis Antonio Herrero presentó, también en Zamora y en la Sala Berlín, su libro de relatos “Quemando las puertas del cielo”. Aunque no nos conocíamos, el autor me escribió un correo, poniéndome al corriente de la presentación e invitándome a ir. Fue a mitad de semana. Y el problema sigue siendo el mismo: viajar a mitad de semana y regresar a Madrid al día siguiente me supone unos cuantos incordios y aplazamientos de mis tareas. En mi ciudad también estuvo Antonio Gamoneda para dar una conferencia. Y a mí me da la impresión de que todo lo bueno (conciertos, presentaciones, conferencias) se da cita en mi ciudad precisamente cuando yo no estoy. Lo cual en el fondo me agrada, porque significa que la ciudad palpita y acaso esté un poco más viva que cuando me fui de allí. Otro de los eventos que me he perdido, pero no hubo manera de poder ir, fue el estreno en Madrid de la obra del amigo Daniel Pérez, “Alicia atraviesa el espejo”. Daniel me hizo llegar invitaciones, pero más o menos a la hora del estreno me surgió un compromiso familiar. Una pena haberme perdido la obra. Estas cosas, ya digo, duelen el doble cuando te han invitado y pierdes la oportunidad. Es posible que me deje en el tintero algún que otro evento del mes pasado. Con tantos conciertos, presentaciones, estrenos y demás espectáculos acaba uno loco e incluso llega a equivocar las fechas.
La mayoría de las citas anteriores están relacionadas con mi ciudad. Y ahora, aprovechando la coyuntura, quiero hacer hincapié en una cuestión. No sé en la actualidad, pero cuando vivía allí uno no siempre se enteraba de los actos, o se enteraba demasiado tarde. No siempre era fácil. Tenías que encontrarte en la calle a algún conocido que, de casualidad, te informara de que se celebraba tal o cual concierto, o que se presentaba tal o cual libro. Otro de los sistemas era pasear por el centro de la ciudad e irte fijando en los escaparates de las pastelerías y de las tiendas de ropa y demás comercios. Sólo así, viendo los carteles anunciadores, te enterabas de la programación. Espero que esto haya mejorado.

miércoles, diciembre 12, 2007

En primicia: Denise Duhamel

Bartleby Editores, David González y Dagmar B. unen fuerzas y el año que viene nos presentarán el libro Afortunada de mí/Lucky me (aún inédito en USA), de la autora Denise Duhamel.
Quienes, como yo, hayan leído los poemas de Duhamel que aparecen en la recomendable La diferencia entre Pepsi y Coca-cola: Antología de Poesía Contemporánea Norteamericana, saben de antemano lo que esta poeta es capaz de hacer. Aguardamos el poemario con ansia.

El rostro de Savage


A un tipo con esta catadura hay que leerlo. Conoció muchos oficios y, supongo, pocos beneficios. También me atrajo Firmin por eso.

Firmin, de Sam Savage

Dudaba si comprarme este libro, la historia de una rata que lee libros. Luego recordé lo mucho que había disfrutado con otra historia con la que tiene algunos puntos en común: la película Ratatouille. Y no he salido defradudado de su lectura, sino todo lo contrario.
Firmin es un roedor que nace en el sótano de una librería de Boston. Al principio se alimenta del papel de los volúmenes, pero pronto desarrolla otras capacidades propias de los humanos y empieza a interesarse por la literatura, el cine y las mujeres. Deja de comer libros para leerlos. En la librería observa al dueño, Norman Shine, pero más tarde se interesará por Jerry Magoon, un escritor bohemio de ciencia-ficción de serie B a quien el fracaso y la soledad arrastran a un pozo existencial. Magoon vive encima de la tienda y sobrevive como puede. Firmin, en su proceso de aprendizaje, se lee toda clase de libros, sin importarle el género o la extensión. De ese modo aprende a conocer al hombre y la derrota del mundo.
Hay que leer Firmin, subtitulado Aventuras de una alimaña urbana, como lo que es, un sabroso cuento que supone, a la vez, un homenaje en toda regla a la literatura. Una declaración absoluta de amor a los libros y a las películas. Mientras lo leía, imaginaba la historia como un largometraje de dibujos animados, con más sombras que luces y mucha carga psicológica.
Pero esta novela es aún más. Cuando uno llega al final, tras la aceptación de la rata entre las diferencias que hay entre la realidad y la ficción, y lee la nota del autor (aclarando que la librería existió, y que la plaza donde transcurre la obra también fue destruida, y demás pormenores), sabe que la rata es un alter ego de Sam Savage. Que su aprendizaje estuvo en los libros y en las películas. Que quizá se sintió un bicho raro. Que tal vez fue un día ese escritor fracasado. Y esta suma de factores, y la prosa seductora de Savage, hacen muy recomendable esta lectura. Dentro de unos años, cuando hayan rodado una película y el escritor haya muerto, es posible que se convierta en un clásico.

El retorno de las bandas

Leo el siguiente titular: “Led Zeppelin vuelve después de treinta años”. Algo que, naturalmente, me place. Nunca debieron separarse, pero es algo con lo que ni ellos ni nadie pudo luchar: John Bonham se ahogó con su propia vomitona, una de esas muertes por drogas o alcohol o depresión que conduce al suicidio y con las que se despiden tantos músicos. Yo he seguido un poco la carrera en solitario del vocalista Robert Plant, que cada vez está más amanerado, pero que sigue teniendo una voz privilegiada. En solitario es menos rockero, y las canciones suelen ser más melódicas. Cuando digo que he seguido su carrera en solitario me refiero a que, en el pasado, escuché un par de discos, y en especial me gustó “No Quarter”, para el que aunó fuerzas con otro de los grandes de Led Zeppelin, el guitarrista Jimmy Page.
Led Zeppelin vuelve. Como todos en el mundo de la música, incluso Axl Rose, que lleva años o siglos posponiendo su nuevo disco. Todos lo dejan un día. Se muere un miembro de la banda, o se hacen mayores y cambian el mundo de las guitarras por la apertura de un negocio, de un restaurante, o de una productora, o de una discográfica, o, si no terminaron amasando millones, se buscan un trabajo de ocho horas. Todos se van y todos vuelven. Las bandas nunca vuelven al completo, claro. Siempre hay enfados, disputas, abandonos, hartazgo, y sobre todo la muerte, que deja cojos a muchos grupos. Pero al final sobreviven. Se reúnen después de años sin verse, se cuentan las canas y las arrugas, hacen recuento de sus trayectorias, dan recuerdos para las respectivas familias, se abrazan, toman unas cervezas (algunos puede que hayan dejado el alcohol, y se conformarán con pedir una tónica o un zumo), lo hablan, recuerdan con una sonrisa los buenos viejos tiempos y deciden volver a los escenarios, regresar a la carretera, soltarse la coleta, liarse la manta a la cabeza, satisfacer a sus fans, que han envejecido con ellos, componer algunos temas nuevos y tocar en directo los clásicos. Todo esto ya nos lo mostró nuestro amigo Manuel Sanabria en su película “Sinfín”, pero es verdad. Es así. Las bandas vuelven. Envejecidas. Cansadas. Con mil historias en la mochila. Quizá han perdido por el camino la frescura y la juventud pero, qué demonios, aún les queda fuelle y, lo que es mejor, cosecharon energía y experiencia.
Vuelven las bandas. Quizá nunca se fueron. Sólo estaban ahí, agazapadas, tomándose un respiro, ahorrando fuerzas, reclutando otras experiencias, como el matrimonio, las deudas, la paternidad, la caída al pozo y el ascenso a la superficie. Vuelven todos. Y, si no lo crees, echa un vistazo a tu alrededor. Vuelve The Cure, para cuyo directo del año que viene ya tengo entradas. Vuelven los Hombres G, que a mí jamás me gustaron ni me gustarán. Vuelven los Héroes del Silencio, cuyos temas tanto me hicieron bailar cuando los pinchaban en Pagos Al Contado. Vuelven Los Ronaldos, cuyas canciones ponía yo en el bar de mis padres, allá en una década lejana. Vuelven las Spice Girls, para desgracia de nuestros oídos. Vuelven The Police, Nacha Pop, The Who, Eagles, Stewart Copeland y tantos otros que pierdo la cuenta. En Zamora han vuelto por la puerta acústica los chicos de Cianuro, que tienen un buen puñado de canciones de mi juventud. El año pasado estuvieron a punto de juntarse de nuevo, en nuestra ciudad, los componentes de Mary Jane, y aún rezo para que algún día lo hagan. Y volvieron The Rolling Stones y los disfruté en el mejor concierto que he visto jamás. Nos gustan los regresos. Al público le gustan las pausas, los abandonos, los descansos, y luego los retornos. La caída y el ascenso. La búsqueda del pasado.

martes, diciembre 11, 2007

Primer cartel de Indiana Jones IV


Bartleby, el escribiente, de Herman Melville

Tengo debilidad por este relato. Quien lo ha leído una vez, no lo olvida jamás. ¿Quién no recuerda la frase del copista Bartleby? Preferiría no hacerlo. Un hombre gris, joven, delgado, abúlico, sereno, misterioso, que no hace nada, que se niega a todo, que un día decide plantarse. Preferiría no hacerlo no sólo se clava en la mente de los personajes que le rodean, sino también en la del lector.
Conocíamos la traducción de Jorge Luis Borges, y ahora Nórdica Libros nos ofrece otra oportunidad de saborear esta joya: ilustraciones de Javier Zabala y nueva traducción de Mª José Chuliá García. El ilustrador capta, a la perfección, la pasividad y la desolación de Bartleby. La traductora aporta pequeñas variaciones al texto.
Todos conocemos la historia. Transcurre en Nueva York. El narrador es un hombre que necesita copistas para su bufete. A su oficina llega Bartleby, un joven trabajador que ofrece, no obstante, una resistencia pasiva. Se niega a cambiar su situación. Se niega a obedecer, a moverse, a charlar, a abandonar el edificio. Si el personaje es inolvidable, no resulta menor el abogado, que es quien narra la historia, y que se estremece y atormenta al no poder luchar contra un hombre solitario contra el que de nada sirven la fuerza, el diálogo o el soborno. Como dijo Borges, Bartleby prefigura a Kafka. Si no lo has leído nunca, no sé a qué esperas. Si ya conoces otras versiones, deberías leer ésta.
[Primeras páginas: aquí]

Mañana, en Barcelona


Presentación de Relatos de Kolimá, de Varlam Shalámov, a cargo de Jorge Semprún. Con las intervenciones de Josep Ramoneda y Ricardo San Vicente, traductor de la obra.
Miércoles, 12 de diciembre, a las 19:30 h., en el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona.

Mañana, en Valencia


Recital de poesía de Arturo Méndez Cons y Safrika.
Miércoles, 12 de diciembre, a las 20:00 h. en el Café Cultural L´Ermità (antes Café del Temps), en la Calle Obispo Don Jerónimo 5, paralela a C Caballeros y cerca de la Plaza de la Virgen, en Valencia. En la foto, Safrika, una de las colaboradoras de Hank Over.

Los cuatrocientos golpes

Pues no, hasta ahora no había visto este clásico, triste y desesperanzador. Siempre lo he ido aplazando y anoche, por fin, me di cuenta de la razón: algunos aspectos de la película semiautobiográfica de Truffaut me recuerdan un poco a mi propia infancia (malas notas, castigos, novillos, pequeños hurtos, broncas de mi padre, maestros coléricos); por fortuna, y al contrario que en el filme, yo contaba con el apoyo de mi madre. Porque Antoine Doinel, el niño, es abandonado por sus padres en un reformatorio. Descarnado retrato de un personaje que crece a fuerza de recibir hostias. El gran Truffaut nunca deja indiferente.

Mañana, en Madrid


Presentación de Noviembre, de Gustave Flaubert.
El acto será presentado por José Manuel Losada (profesor de Literatura Francesa, UCM), Olalla García (traductora de Noviembre) y Enrique Redel (editor de Impedimenta).
Miércoles, 12 de diciembre, 19.30 h —Salón Paul Guinard— INSTITUT FRANÇAIS DE MADRID. Marqués de la Ensenada, 12, Madrid. (Metro Colón)

Cuesta Moyano

Hasta ahora no había logrado ver abiertas todas las casetas de la Cuesta Moyano. Cuando me acercaba hasta allí, fuera por la mañana o por la tarde, siempre estaban cerrando. Me daba tiempo a ver el muestrario de apenas media docena de casetas y, a medida que avanzaba, a mi paso los libreros cerraban sus puestos. A pesar de los carteles que, en cada caseta, indican el horario de apertura al público, los libreros de allí ponen el candado en cuanto ven que hay pocos compradores, que llueve o que ya han vendido lo suficiente. El sábado conseguí ver todas las casetas abiertas y esas mesas, llenas de saldos y ofertas, que colocan en hileras frente a los barracones.
El viernes pasado, siguiéndole la pista a un libro, me condujo a la página web de uno de los puestos de la Cuesta Moyano. Sin esperanzas, dirigí mis pasos allí. Le pregunté al dueño de la caseta y me dijo que los ejemplares catalogados en la página web nunca estaban en la librería. Pero no había problema: lo traería a la mañana siguiente. Podría recogerlo el sábado. Abrirían durante toda la mañana. Quizá porque era festivo, o quizá porque los sábados hay más afluencia de paseantes, compradores y curiosos, el caso es que me encontré el espectáculo agradable de la Cuesta Moyano llena de gente, con las mesas repletas de libros viejos y raros y unas ofertas increíbles. Por ejemplo, uno de estos muestrarios ofrecía libros en inglés a unos treinta céntimos, o así: no recuerdo la cifra exacta, pero era inferior a los cincuenta céntimos. Tenían preparado el libro que había pedido y, ya que estábamos allí, aproveché la oportunidad. Me di un garbeo por las mesas. Compré libros a un euro. Entre ellos, uno de Elmore Leonard que llevaba un tiempo buscando: “Out of sight”, de la que rodaron una película, “Un romance muy peligroso”. Un euro. Edición de bolsillo y en perfectas condiciones. También encontré una novela algo ajada de Kenneth Fearing, un autor de género negro que me había recomendado el poeta Karmelo C. Iribarren. No tenían exactamente “El gran reloj”, que era el que quería, pero por un euro me llevé otra de sus obras. De la Cuesta Moyano se va uno con olor a polvo y a tinta en los dedos. Con los ojos cansados de registrar minuciosamente cada hilera de libros y de leer los títulos, los autores y los precios de venta.
Esa mañana de sábado, y también la víspera, la noche del viernes, había cuajado en Madrid una niebla espesa que me reconfortó mucho. Soy hombre de nieblas. Cuando hay niebla, mi ánimo mejora. El viernes corría por la ciudad un aire helado y húmedo y una gasa de niebla que, juntos, me trajeron a la memoria y a las manos y a los pies el ambiente invernal de Zamora. El viernes por la noche coincidimos unos cuantos en nuestro veredicto, al salir a la calle: “Hace un tiempo propio de nuestra provincia”. Me recordó a mi tierra en invierno y en Navidad: cuando uno sale por la tarde a hacer un recado y se le congelan las manos y la nariz y no ve un carajo entre la espesura de la niebla, y la humedad y la helada, a pesar de todo, le hacen sentirse bien, como si ese clima fuera muy saludable para el cuerpo y para el espíritu. Helado, pero contento. Y la mañana del sábado, mientras rebuscaba con ojos de cazador de letras entre los cajones y el revoltijo de ejemplares de segunda mano de la Cuesta Moyano, no fue muy diferente. Estuvimos un buen rato entre los libros. Al poco tiempo, las manos y los pies dolían por culpa del frío. Pero los libros abrigan, y aún más la compañía, y ese fue quizá mi paseo más agradable y enriquecedor por la Cuesta Moyano.