lunes, noviembre 15, 2010

Hoy, en Madrid


Breve historia del culo, de Jean-Luc Hennig


Este repaso a la historia del culo resulta divertido, refrescante e ilustrativo (y se podría completar con los relatos que mi paisano J. M. Lebrero publicó en su libro Culos). Desde los culos mostrados por la pintura y el cine hasta su importancia en el devenir de ciertos acontecimientos, pasando por la sodomía, el beso, la tortura anal (capítulo muy estremecedor, por cierto) o su evolución desde que el hombre empieza a caminar sólo sobre dos patas. No quiero extenderme más porque el siguiente fragmento es largo; se trata del origen de una de las famosas escenas de 8 y medio, esa obra maestra:

A Fellini también le gustaba elogiar la culidad de la mujer. La mujer-culo, decía, “es una epopeya molecular de la feminidad, una divina comedia conducida siguiendo la anatomía femenina”. Eso no es una maldad por su parte, como se ha creído, puesto que él los amaba así, monstruosos, deformes, desabridos, colgantes. Los colgantes, por ejemplo, con sus oscuras pantorrillas velludas, que cuando se ponían a horcajadas en las bicicletas y rebosaban sobre el sillín como frutas en una cesta, “hacían que brillaran –dice Fellini– con un centelleo de reflejos deslumbrantes, los culos más hermosos de la Romaña”. Fue a la orilla del mar, cuenta a José Luis de Villalonga, donde tuvo por primera vez la revelación de la mujer. Tenía ocho años. En aquella época, una mujer enorme, blanca y sucia vivía sola en una especie de choza que se había construido en la playa. Por las noches, se entregaba sobre la arena a los pescadores que tenían el coraje de acercársele. Le pagaban permitiéndola que rebuscase en el fondo de sus barcas los restos de las sardinas minúsculas que en Rimini llaman saraghine, así que la llamaban la Saraghina. Por cuatro perras, se arremangaba lentamente su amplia falda harapienta y mostraba durante algunos segundos un trasero inmenso, pálido, que hizo soñar a generaciones de chavales. Por el doble de precio, la Saraghina se daba la vuelta. Pero también a veces saltaba como una bestia furiosa, gritando y blasfemando.
La
Saraghina tenía una cabeza leonina, ojos achinados y una boca grandísima y como de goma con la que hacía muecas. Olía mucho a pescado, a las algas que se enredaban en su cabellera, junto con el petróleo y el alquitrán de las barcas. Tenía sobre todo un cuerpo de leopardo y un trasero vasto como el mundo. Y un día, la Saraghina se puso a cantar para él. Una rumba. Tenía voz de niña. Un hilillo de voz muy puro, muy claro, muy tierno. Y aquel día, Fellini descubrió el pecado.


[Traducción de José Miguel González Marcén]

Trailer de Battle: Los Angeles


Otra de extraterrestres: en este link.

Viscerales / 11. Ana Pérez Cañamares


Si has leído los poemas o los relatos de Ana, sabrás que siempre se desnuda en ellos y se desangra y vuelca su dolor, el “alfabeto de cicatrices” que la vida le va dejando en el alma y en la piel. Ella escribe desde el corazón y desde las tripas, y gracias a esa mezcla (y a su talento como escritora) su obra suele ser adictiva.
Ha publicado el libro de relatos En días idénticos a nubes (reeditado en 2009) y los poemarios La alambrada de mi boca y Alfabeto de cicatrices. Está incluida en numerosas antologías de narrativa y de poesía: Qué mala suerte tengo con los hombres, Cuentos para leer en el metro, Historias de amor y desamor, Por favor, sea breve: Antología de relatos hiperbreves, Lavapiés, Maldito amor mío, Escritos disconformes, Qué nos han hecho, Allegro nada moderato, Versus, 12. Rounds, Bukowski Club 06-08. Jam Session de Poesía, Resaca / Hank Over. Un homenaje a Charles Bukowski, 23 Pandoras, Mujeres cuentistas, Poesía Capital, La manera de recogerse el pelo: Generación Blogger y El Tejedor en… Madrid.
Blog: aquí.

Teaser de Pirates of the Caribbean: On Stranger Tides


La túnica sagrada


Decían de Victor Mature que era el peor actor del mundo. En esta película tenía su punto, aunque estaba al lado de Richard Burton y eso son palabras mayores. La túnica sagrada era el típico título que siempre se reestrenaba en Semana Santa.

domingo, noviembre 14, 2010

Luis García Berlanga (1921 - 2010)


Buen karma, mal karma

Las buenas noticias siempre acarrean unos cuantos palos de la vida. Razón: aquí.

Carlos Edmundo de Ory (1923 - 2010)


Otro cartel de Blue Valentine


La noche del cazador


La única obra de Charles Laughton como director. Para mí es una obra maestra, o al menos roza la maestría. No me canso de verla desde que se reestrenó en el cine, en mi ciudad. He escrito mucho sobre ella. Siempre descubro aspectos nuevos, en cada revisión. Inolvidable.

Cartel y trailer de The Eagle


El trailer se puede ver en este enlace.

sábado, noviembre 13, 2010

Payback y Payback: Straight Up - The Director's Cut



De Payback existen dos versiones. Se trata de una historia que me encanta: primero vi la adaptación de John Boorman (A quemarropa, con Lee Marvin); más tarde leí el libro, pulp auténtico (de Richard Stark, pseudónimo de Donald E. Westlake); luego vi la nueva adaptación (con Mel Gibson); y ahora he revisado ésta última y unos días después he visto el montaje del director.

El espectador de a pie, salvo si es un cinéfilo de verdad, no suele fijarse en el montaje de una película. Y para mí es uno de los grandes ejes de cualquier filme, tan importante o más que el guión. Un buen montador es capaz de convertir rollos de mierda en una gran peli. Y viceversa. Veamos los dos montajes de las dos versiones de Payback con Mel Gibson (aviso: contienen spoilers).

Payback (1999) empieza con un tipo (Porter: Mel Gibson) al que le sacan varias balas del cuerpo. Narra ciertos acontecimientos con la voz en off. Hay algo de humor en la unión de esa voz y de la banda sonora, muy de los 60. Al final, Porter llega a lo más alto de la organización que le debe dinero: allí le espera Bronson (Kris Kristofferson). Porter, tras una secuencia en la que lo torturan, desmonta la empresa, se larga con el dinero y mata hasta al apuntador. Un final muy comercial, muy de Hollywood, para una película que a mí me gustaba bastante. Pero… el protagonista no era tan canalla como decían en la publicidad. Era un montaje impuesto al director.

Payback: Payback: Straight Up - The Director's Cut (2006) carece de la voz en off. Ya no sabemos quién o cómo curó a Porter tras el tiroteo. La música es parecida, pero es menos alegre, menos ligera: resulta, pues, más sombría. Se han eliminado escenas de la primera versión y se incluyen algunas nuevas y más violentas: como ésa en la que Porter se da de hostias con su mujer, algo que recuerda a La huida de Sam Peckinpah, y que en estos tiempos sería un escándalo. Pero la auténtica sorpresa llega al final, en los últimos 15 minutos, cuando sabemos que Porter es más cabrón de lo que parecía en el primer Payback. Kristofferson ya no aparece. Bronson es sólo la voz de una mujer a la que nunca veremos. El final es más amargo, más realista, menos de Hollywood. Aconsejo ver ambas. Puede que sea mejor la segunda. Me gusta el personaje, me gusta la historia, me gusta Porter. Y me maravilla comprobar cómo se puede hacer una peli tan distinta sólo con el montaje.

Próximamente: El cuarteto de Whitechapel


De Daniel Sánchez Pardos. En Ediciones del Viento.

Pez de Plata


Pez de Plata, nueva editorial asturiana, se estrena en las librerías con Dejemos el pesimismo para tiempos mejores, de Diego Medrano. Desde aquí les deseamos mucha suerte en esta nueva andadura.

El color del dinero


Recomendábamos aquí, el otro día, la novela en que se basa. Buena película de Scorsese, con un cartel poco agradable a la vista. Aunque sigo prefiriendo El buscavidas.

viernes, noviembre 12, 2010

Punto omega, de Don DeLillo


La última novela de Don DeLillo es tan precisa, tan milimétricamente perfecta que casi asusta. Es más parecida a Cosmópolis que a El hombre del salto, y yo prefiero Cosmópolis. Se origina tras una experiencia del propio autor: un día entró en el MOMA y allí proyectaban Psicosis a la velocidad adecuada para que la película durase 24 horas. Aquello le permitió reflexionar sobre el tiempo, sobre cómo vemos las cosas a la velocidad normal y no somos capaces de identificar ciertos detalles que escapan al ojo; le sirvió para escribir una novela sobre dos hombres y una mujer en el desierto, recluidos en una cabaña, allá donde el tiempo “es ciego”, no parece avanzar, transcurre a otro ritmo, lejos de las ciudades. Ese tiempo muerto o ciego hace que uno sea capaz de lograr una introspección total que podría llevarlo al punto omega, es decir, el punto más alto de la consciencia.

DeLillo descompone el tiempo del mismo modo que el artista conceptual del MOMA descompuso Psicosis en fotogramas sin sonido y sin música, como no los hay en el desierto que habitan los personajes, donde el protagonista puede sentir el silencio incluso en las piedras. En 157 páginas hay espacio para otros temas: la guerra de Irak y cómo los estrategas adoptan otra realidad para la que no existen los mapas; el acto creativo en el cine, con ese personaje obsesionado con rodar un documental, un hombre al que la obsesión consume hasta la delgadez: Como. Pero toda la energía, todos los alimentos que ingiero los absorbe la película –le dije–. Al cuerpo no le llega nada; la diferencia entre la naturalidad del desierto y la artificialidad de las ciudades; las obsesiones de la pantalla que uno puede acabar haciendo suyas… Y, sobre todo, la muerte y el pasado: La infancia es vida perdida y reclamada segundo por segundo. No quiero desvelar más porque al lector le esperan unas cuantas sorpresas si está atento a los pequeños detalles que enlazan esa especie de prólogo y de epílogo con el resto de la narración. Aconsejo leer el análisis, siempre lúcido y revelador, de Vicente Luis Mora:
en este post. Ahí van unas cuantas perlas del libro, en traducción magnífica de Ramón Buenaventura:

La verdadera vida no es reducible a palabras habladas ni escritas, por nadie, nunca. La verdadera vida ocurre cuando estamos solos, pensando, sintiendo, perdidos en el recuerdo, soñadoramente conscientes de nosotros mismos, los momentos submicroscópicos. Lo dijo más de una vez, Elster, de más de un manera. Su vida ocurría, dijo, cuando estaba ahí sentado mirando una pared vacía, pensando en la cena.
**
Yo casi lo creía cuando me decía tales cosas. Decía que hacíamos eso todo el tiempo, todos nosotros, llegamos a ser nosotros mismos por debajo del fluir de los pensamientos y las imágenes apagadas, preguntándonos ociosamente cuándo moriremos. Así es como vivimos y pensamos, sepámoslo o no. Son los pensamientos sin clasificar que tenemos mientras miramos por la ventanilla del tren, pequeñas manchas apagadas de pánico meditativo.
**
Cuanto menos había que ver, más se esforzaba y más veía. Ahí estaba la cuestión. Ver lo que hay, finalmente mirar y saber que está uno mirando, sentir el paso del tiempo, estar vivo a lo que ocurre en los más pequeños registros del movimiento.
**
Las ciudades se construyeron para medir el tiempo, para apartar el tiempo de la naturaleza. Hay una interminable cuenta atrás. Cuando retiras todas las superficies, cuando miras dentro, lo que queda es el terror. Esto es lo que se supone que la literatura debe curar. Los poemas épicos, los cuentos para dormir.
**
Si lo revelas todo, si desnudas todos tus sentimientos, pidiendo comprensión, pierdes algo fundamental para tu noción de ti mismo. Necesitas saber cosas que los demás no saben. Lo que los demás no saben es lo que te permite conocerte a ti mismo.
**
En el cine el rostro es el alma.


[Traducción de Ramón Buenaventura]

Viscerales / 10. Javier Esteban


Javier Esteban fue uno de los primeros nombres que se nos ocurrieron a la hora de elaborar la antología: la ferocidad que destila su bitácora, El noble arte de hacer enemigos, lo convirtieron en candidato ideal. Sus relatos son una muestra evidente de su habilidad con las frases, a las que alarga hasta límites increíbles, y de su talento para la narrativa.
Escritor (y poeta casi secreto), trabaja como periodista para la agencia Europa Press. Ha colaborado, con relatos y poemas, en diversas publicaciones: “Ariadna”, “Eldígoras”, “Realidad Literal”, “Qi”, “La Plaza Humana”, “Los Noveles”, “Letralia”, “Margen Cero”, “Parnaso”, “Artifex Tercera Época”, “Bar Sobia”, “La Rosa Profunda”, “La Bolsa de Pipas”, “Dulce Arsénico” y “Cuadernos del Matemático”. Junto a María Isabel Rodríguez, Jezabel Rodrigo y Felideus participó en la obra colectiva Siembra de Tinta (III Premio de Narrativa Mago Merlín de la Editorial Celya). Acaba de publicar El Principio Antrópico.
Blog: aquí.

Pobreza

Cuando eres pobre y estás hambriento
y quieres a tu perro,
compartes con él tu comida.
No hay amor como el suyo.
Cuando eres pobre y estás hambriento
y tu perro se pone enfermo,
no puedes permitirte llevarlo
al veterinario.

Así que tienes que verlo cada vez más enfermo,
ver cómo tose sangre y llora toda la noche.
No puedes pagar para mandarlo a dormir suavemente.
Así que tu tío se pasa gratis por casa
y le pega a tu perro dos tiros en la cabeza
y lo entierra en el vertedero del pueblo.


Sherman Alexie, Diez pequeños indios

Cartel de Jane Eyre


Hoy, en Logroño



Presentación del libro La niña de las naranjas, de Adriana Bañares.

Ciudadano Kane


Cartel del famoso Jano para una obra maestra. Hace años que no la veo. Ciudadano Kane es al cine lo que Ulises a la literatura, y a mí me entusiasmaron ambas obras. Aunque he de reconocer que con la película de Welles que más disfruto es Sed de mal.

jueves, noviembre 11, 2010

Próximamente: Pampanitos verdes


De Óscar Esquivias. En Ediciones del Viento.

Dino De Laurentiis (1919 - 2010)


Copia certificada


En Antes de amanecer, película de Richard Linklater con la que han relacionado el nuevo trabajo de Abbas Kiarostami, hay un momento en el que Julie Delpy propone a Ethan Hawke que interprete a otra persona: que haga el papel de amiga mientras ella le cuenta que ha conocido a un hombre en el tren; luego, se intercambian los papeles y Delpy hace de amigo de Hawke. En Copia certificada esto sucede en el momento en que la dueña de un café cree que Elle (Juliette Binoche) está casada con el escritor James Miller (William Shimell), a quien en realidad acaba de conocer en un pueblecito de la Toscana. Desde ese instante ambos aceptan esos papeles, el de marido y mujer, y a partir de entonces la película da un giro (y es más llevadera: al principio me aburrió un poco) y empiezan a salir a la luz los problemas conyugales, los trapos sucios y los viejos errores. Intuimos que ambos tienen o han tenido matrimonios infelices. Lo que parece un filme sencillo se convierte entonces en algo más complejo: el escritor ha ido a Italia a presentar su último libro, un ensayo en el que trata de averiguar si, en el arte, es mejor el original o una buena copia: y cuando ambos aceptan simular que están casados, es decir, se transforman en copias de sus antiguas parejas, el espectador empieza a plantearse el mismo interrogante: ¿Es mejor la copia o el original?

Viscerales / 09. Estelle Talavera Baudet


Es filóloga, editora y diseñadora. Master en creación narrativa por la Escuela Contemporánea de Humanidades, así como en Edición por Santillana Formación. Ha colaborado con numerosas editoriales. Ha publicado el poemario 27 paraguas, y participado en varias antologías: Estrella Fugaz, Letras de Seda, Los cuentos de nunca acabar, Vinalia Trippers. Plan 9 del Espacio Exterior y El Tejedor en… Madrid, entre otras. También colabora en prensa y en diversas revistas literarias: Abc, Culturamas… En breve publicará su segundo poemario: Ciudad de elefantes.
Estelle es heredera de los posos viajeros y literarios de la Beat Generation, nosotros hemos leído la narración de algunos de sus viajes en los blogs y nos gustan. Además, fue la encargada de dar a conocer en España a la generación Off-Beat, mediante la colección Beautiful Books de la editorial El Tercer Nombre.
Blogs:
aquí y aquí.

Esta noche, en Madrid


Presentación del nuevo (y muy recomendable) poemario de Isabel García Mellado, Cómo liberar tigres blancos. A las 21:00 horas en Le Salón d' Apodaca (C/ Apodaca, 1).

La memoria familiar



Estas dos fotos son las que comento en el artículo de abajo, publicado en El Adelanto de Zamora, como cada jueves (y miércoles). El de arriba es mi abuelo paterno; la de abajo, mi abuela materna.

Rastros familiares

Recuperar la memoria familiar es un trabajo tan duro como otro cualquiera, y además nadie te paga por ello. No estoy buscando mis raíces, no me refiero a mí. Pero hay otros que sí lo hacen. Se dedican a ello en sus ratos libres. Hacía tiempo que no iba al dentista. Por su sillón, tarde o temprano, todos pasamos: las bocas, igual que el resto del cuerpo, se deterioran por muchos cuidados que uno tenga. El dentista al que acudo en Madrid es pariente mío y nació en Zamora. Nunca sé a ciencia cierta qué grado de parentesco nos une. Tampoco lo pregunto. Siempre he creído que era un primo lejano. Cuando entro, y mientras él despliega los aparatos necesarios en la bandeja, empezamos a hablar de nuestros parientes. Entonces me cuenta que anda enfrascado en reconstruir el árbol genealógico de la familia. Gracias a un programa llamado “Family Tree”, que no conozco, es más sencillo disponer las ramas y organizar los vínculos. Me pide alguna fotografía antigua para añadirla a la colección y prometo buscar las tres o cuatro que guardo en mis archivos y enviárselas. Al salir de la consulta me dice que espere, y me trae un cd donde ha grabado el árbol, aún a medio reconstruir porque le faltan algunos flecos. En casa, lo abro y lo miro. La intrincada red de vínculos es fascinante y entonces veo mi nombre por allí. También encuentro una fotografía de mi abuelo paterno, cuando era joven y parecía una estrella, con el pelo hacia atrás, en bucles, y un bigotillo a lo Clark Gable. El árbol me servirá para averiguar cosas que desconozco, links familiares y datos que ignoraba. Pocas cosas tan loables en una familia como que uno de ellos haga la labor de detective de la sangre y de los lazos.
Es más sencillo cuando la historia te es dada. Tras la visita al dentista tropiezo con un artículo de Nick Tosches cuya traducción publicó Página/12. A Tosches la historia no le vino dada. En ese texto, titulado “Al final del arco iris”, el autor nos cuenta que vio una de las fotos que Windows incluye entre los fondos de escritorio (búsquenla en las “Propiedades de pantalla” de su pc), una imagen bucólica conocida como “Otoño”, y no cejó en sus investigaciones hasta saber quién la había hecho y qué rincón del planeta inmortalizaba dicha imagen. Tosches hizo de detective, aunque sus pesquisas no guardaran relación con la memoria familiar.
Dos días después de leer dicha historia, encuentro otra que me atañe. En el Muro de Facebook de uno de mis primos de Zamora veo que acaba de colgar una foto en blanco y negro. Una estampa magnífica en la que aparecen el Puente de Piedra, el río Duero, una barca en el agua y una mujer en la orilla, como si estuviera lavando la ropa. La imagen tiene cierta bruma que no sé si es un efecto de la foto o si, aquel día en que fue tomada, esa niebla zamorana que tanto me gusta emboscaba la ciudad. Mi primo añade un comentario. Dice que la foto fue tomada por el fotógrafo Quintas en los años 40, y que la lavandera que puede verse es nuestra abuela materna, y que posteriormente el fotógrafo pidió permiso a mis abuelos para reproducirla en un calendario, y que ni ellos sabían de la existencia de esa imagen. Vuelvo a estremecerme al ver el perfil griego de mi abuela materna en esa postal, como me estremecí al redescubrir la juventud de mi abuelo paterno en el árbol genealógico. Ni siquiera tengo que desgastarme en agotadoras búsquedas, como Nick Tosches. Las historias me son dadas. Y me estremezco tratando de imaginar sus manos frías sumergidas en las heladas aguas del Duero, en una época de miseria y hambruna. Bendita memoria familiar.


El Adelanto de Zamora / El Norte de Castilla

Hoy, en Madrid



Presentación de Poetas guerreros. En el Centro Hispano – Centroamericano. Calle Fray Ceferino González, 4. No sé aún la hora del evento. Si me entero, la añadiré aquí.

Hoy y mañana, en Barcelona


La Costa de los Mosquitos


Recuerdo cuando su estrenó: fue un fracaso comercial y crítico. Y, sin embargo, para mí es una de las mejores películas de ambos: tanto de Peter Weir como de Harrison Ford. Durante un tiempo me obsesionó la historia, compré la novela de Paul Theroux, la leí, casi la analicé, luego vi la adaptación, tras el estreno coloqué el cartel en la pared de mi cuarto... No está editada en dvd en España. Por eso hace poco la compré en Francia, aunque la copia tenga subtítulos en inglés. Harrison Ford, por cierto, no ha vuelto a arriesgarse tanto eligiendo un papel. [Actualización: gracias a Miguel Sanfeliú me he enterado de que hace poco salió una edición en dvd en España].

miércoles, noviembre 10, 2010

El color del dinero, de Walter Tevis


A finales de los 80 compré esta novela (ahora reeditada y con nueva traducción), que continuaba la historia de Fast Eddie Felson en El buscavidas. Tras leerla, se estrenó la película de Scorsese y, aunque las dos son notables, de la novela sólo tomaron el título, el nombre del personaje y el ambiente de los torneos. Quiero decir que los personajes de Tom Cruise, la Mastrantonio y Turturro no existen. Como Richard Price es un gran guionista, hizo un texto con sólo unos pocos materiales. Por eso considero que hay que leerla si has visto la película: porque es un complemento. Aquí, Felson tiene 50 años y ha perdido su toque y se reúne con su viejo enemigo de partidas de billar: Minnesota Fats, que tampoco reaparecía en la de Scorsese. Felson ha cambiado mucho y ahora debe jugar en los torneos en vez de en los billares infectos, si quiere salir adelante y ganar dinero. He vuelto a leerla, en esta nueva traducción, y aquí os dejo un diálogo de la misma:

-Me contuve todo el tiempo que estuve casado y dirigiendo una sala de billar. Me quedé sentado viendo mucha televisión. No sirvió de nada.
Ella abrió los ojos, cansada.
-Tal vez no.
-No sirvió de nada en absoluto. Martha y yo no hicimos nada. Bebíamos demasiado y comprábamos cosas para la casa y de vez en cuando teníamos una pelea. Yo iba a la sala de billar todas las mañanas y cepillaba las mesas y ponía tiza nueva y en un momento vi que tenía cincuenta años –Aplastó la colilla del cigarrillo en el cenicero que había junto al sillón–. No hay muchas cosas que sepa hacer. No sé si podré volver a jugar al billar lo bastante bien para ganar dinero; e incluso aunque consiga dinero suficiente para comprar otra sala de billar, no sé si eso es lo que quiero. Será más de lo mismo.
Ella lo estaba mirando.
-No estás quemado. Aunque esto salga mal, encontrarás cosas que hacer.
Él la miró.
-Nómbrame dos.


[Traducción de Rafael Marín]

Viscerales / 08. Alfonso Xen Rabanal


Es miembro fundador de Vinalia Trippers. Es autor de La cámara de niebla y Limpieza de bajos (que va posteando en el blog de Generación.net). Está incluido en las antologías Tripulantes. Nuevas aventuras de Vinalia Trippers, Hank Over. Un homenaje a Charles Bukowski, Poemash Especial Raúl Núñez y Vinalia Trippers. Plan 9 del Espacio Exterior, estas dos últimas coordinadas junto a Vicente Muñoz Álvarez.
Lo consideramos el autor visceral por excelencia. La idea de esta antología surge, en parte, de su libro La cámara de niebla: una auténtica vomitona, donde se da rienda suelta a una voz surgida de las tripas y de la conciencia y donde las palabras fluyen arrasando todo a su paso.
También es conocido como “Bufa” y “Xen Vinalia”.
Blogs:
aquí y aquí.

Hoy, en Madrid




Presentación del poemario Ovejas esquiladas, que temblaban de frío en La Buena Vida. A las 20:00 horas. Con la participación del autor, Gsús Bonilla, y las intervenciones de Marta Sanz, Valentina Trio y Ana Pérez Cañamares. [Nota: aunque figura en el cartel, finalmente Carlos Salem no podrá asistir].

Acaba uno agotado

Si uno quiere vivir tranquilo y sin sobresaltos y sin cabreos en este país, será mejor que no encienda la televisión y así no vea los telediarios, que a veces resultan tan dañinos como los llamados programas basura: unas veces me hastían por los lugares comunes de las noticias redactadas (agobiadas de muletillas) en algunos de estos informativos; otras, porque resumen el estado en el que está España, y ahora no hablo de la crisis, sino en términos generales. Dos o tres días de programas e informativos bastan para que a uno le parezca un país cansino que avanza en algunos aspectos pero retrocede en otros muchos. Entre las decisiones políticas, la tontería de unos cuantos y las ganas de transformar cosas innecesarias, acaba uno agotado. Literalmente.
En este país se lapida a los vivos y se loa a los muertos. Ha ocurrido días atrás con Paco Marsó. Yo no sé si Marsó era un buen tipo o no, ni me interesa saberlo porque no me importa. Sólo digo que hace tiempo, tal vez un año, haciendo zapping, topé con un par de programas en los que a Marsó le daban cera por todas partes, no recuerdo ahora qué le llamaron, tal vez de todo menos “guapo”, y de sinvergüenza para arriba. La impresión que me llevé es que, probablemente y si no mentían en las labores de documentación, el productor era una mala bestia, un lastre para su familia. Un año después, Paco Marsó fallece. Sus restos estaban aún calientes cuando vi otro par de programas (tal vez fueran los mismos en los que habían arrastrado su nombre por el fango) en los que ensalzaron su figura. Tuve la impresión de que estaban hablando de un hombre santo y a la vez artista, una mezcla de Gandhi y David O. Selznick, el mítico productor de “Lo que el viento se llevó”. Un lavado de cara, muy oportuno ahora que se celebraba el funeral. Sigo insistiendo en que no sé si fue un buen tipo o no, ni me importa. Lo que ofende es que sólo hablen bien de uno cuando la palma. “¡Qué grande era! Fue el mejor de los hombres”, suele decirse de quien fallece. Sé que es difícil encontrar el equilibrio, y también sé dónde no está: en la televisión.
Un incordio de este país consiste en obligarnos durante años a aprender ciertas reglas para, una vez aprendidas como nos aprendimos el catecismo en la infancia, cambiarlas por otras. En la RAE proponen que ya no se haga la distinción entre “sólo” y “solo”. Con lo que a algunos nos costó aprender a diferenciarlo en las escuelas… Tuve un profesor que me dio una regla infalible y la he seguido a rajatabla. A algunos les vendrá bien: no encontrarán ustedes un libro de Mondadori con el “sólo” así escrito. Lo de la “y” convertida en “ye” me parece una chorrada monumental, un intento por igualarnos a los hispanoamericanos. En este tema estoy de acuerdo con uno de los editores con los que colaboro: Eduardo Riestra, de Ediciones del Viento. Eduardo ha dicho en Faro de Vigo, a propósito del tema: “Sigo haciendo cosas que la Academia recomienda hace tiempo no hacer y, por el momento, seguiré acentuando `sólo´ en situaciones de ambigüedad”. Y me gusta aún más lo que añade: “En literatura, las formas dependen mucho de cada autor y el lenguaje es del pueblo y no de la Academia; si un autor decide acentuar una palabra que ya no se haga, lo respetaré”. Por mi parte, seguiré escribiendo “guión” y “truhán” y “sólo” (en los casos requeridos). Si luego los editores de los libros y de los diarios quieren cambiarlo, que lo hagan si no pueden evitarlo; no será con mi aprobación, aunque lo respete. Lo peor del tema es que, en el futuro, acabaremos obligados a escribir en lenguaje de sms…


El Adelanto de Zamora / El Norte de Castilla

Cartel de Hall Pass


Lo nuevo de los Farrelly.

Chinatown


Elegante, clásica y estilosa, fue elegida hace poco por Observer y The Guardian como la mejor película de todos los tiempos, algo que me parece un poco injusto porque desbancaría, por ejemplo, a El padrino. En cualquier caso, es una de las obras más perfectas de Polanski.

martes, noviembre 09, 2010

Pic, de Jack Kerouac


En Ediciones Escalera se han propuesto recuperar la obra narrativa de Jack Kerouac, uno de mis escritores de cabecera. Pic, publicada póstumamente, es un cambio de registro en el estilo, aunque no en el fondo. El narrador es Pictorial Review Jackson, alias Pic, un niño negro de 10 años que da tumbos por el mundo junto a su hermano. De modo que los protagonistas están en ruta y en perpetuo movimiento, como lo estuvieron Kerouac y Cassady. Del sur al norte y del este al oeste. Se puede leer como una especie de cuento juvenil, una de esas narraciones de aprendizaje. La prosa, muy bien traducida por Daniel Ortiz, depara una lectura placentera, como siempre en Kerouac. Y además muchos de los pasajes narrados son autobiográficos; lo he descubierto leyendo una reseña de Antonio Bordón. Dice: “Sí, Jack Kerouac ha vuelto, sólo que ahora se llama Pic y es negro”. Un fragmento:

Hacía frío allí a la intemperie, pero nos sentíamos tan a gusto como si estuviéramos en casa. A cada rato me asaltaba la preocupación de no encontrar una cama ni un hogar cuando llegáramos a Californy, tenía miedo por Sheila, miedo a enfermar por el camino, a cansarme más de lo que ya estaba, miedo de llegar a lugares más oscuros y peligrosos, pero allí estaba Slim para hacerme olvidar el camino y las preocupaciones aún por venir. “Ésta es la única manera de vivir” decía, “basta con no morir. Yeeppa, ha habido ocasiones en las que hubiera querido morir, pero estoy decidido a aguantar lo más posible, ahora que estoy contigo y quiero estarlo mucho tiempo. Dios mío, ni siquiera me asusta este frío en los pies, mientras pueda seguir caminando con ellos. Señor, ya sé que me lanzaste al mundo sin dieron pero a cambio me concediste el derecho a quejarme. ¡Yuju! Quejarme levantando la mano izquierda pues de tanto hacerlo la derecha se me acabará cayendo. Aunque al fin y al cabo tengo un bebé en camino, sólo habrá que esperar un poco más, luego ver qué nos depara Californy esta vez y arriesgar, arriesgar como ahora mismo y mirar hacia adentro y a mi alrededor y seguir jugándomela aquí, allá, hasta hallar el modo correcto, cuidar de ti, chico, oh Señor”. Slim se pasaba el día hablándole así a Dios. Llegamos a conocernos bien y siempre podíamos hablar de cualquier cosa, el otro en cambio sólo escuchaba.


[Traducción de Daniel Ortiz]

Viscerales / 07. Inma Luna


Inma ha publicado los poemarios Nada para cenar, El círculo de Newton y De ronda en ronda, antología itinerante de poetas españoles en México (junto a Uberto Stabile y Antonio Orihuela) y el libro de relatos Las mujeres no tienen que machacar con ajos su corazón en el mortero.
Ha participado en diversas antologías, entre ellas: El Cuentacuentos, antología de cuentistas españoles, Cuentos desterrados, 23 Pandoras. Poesía alternativa española, Qué mala suerte tengo con los hombres, La manera de recogerse el pelo. Generación Blogger, Os dias do Amor. Um poema para cada dia do ano, Voces del extremo.
En los textos de Inma Luna siempre hay ferocidad y ternura a partes iguales. Es en uno de sus blogs (aún no había abierto su nueva bitácora cuando le pedimos colaboración) donde encontramos la semilla visceral: auténticas confesiones en directo, párrafos desgarradores e intimistas que indican que, aunque ella diga ser periodista, es escritora.
Blogs: aquí y aquí.

The Town


Segundo trabajo de Ben Affleck como director, tras la buena recepción crítica de Adiós, pequeña, adiós. Aunque no es tan redonda como aquella, The Town no está nada mal, pese a los constantes altibajos: la película se dispara cada vez que salen Jeremy Renner, Jon Hamm o Blake Lively, y pierde consistencia e interés cuando sólo están Ben Affleck y Rebecca Hall. En las escenas de acción se nota la influencia de Heat, algo que el propio Affleck reconoce con orgullo en alguna entrevista. Hay secuencias emocionantes y otras un poco aburridas. Son los secundarios citados los que le dan sentido a la película. Las mejores escenas están protagonizadas por dos de estos secundarios de lujo: Chris Cooper, encerrado en prisión; y Pete Postlethwaite, quien interpreta a El Florista (impresionante el momento en que, mientras arregla un manojo de flores, amenaza al protagonista contándole una historia del pasado). Lo que es evidente es que Affleck tiene más talento como director que como actor, y que sus trabajos, por fortuna, están más próximos a Sidney Lumet que a Michael Bay.




Carteles de Jolene



Basado en un relato de E. L. Doctorow.

Casablanca


Me parece que nunca llegué a tener el cartel de Casablanca. Una pena porque éste, en concreto, es una maravilla, quizá el mejor de todos los que he visto.

lunes, noviembre 08, 2010

Dog Soldiers, de Robert Stone


Dog Soldiers comienza en Saigón y luego traslada la acción a los Estados Unidos, donde entre baretos, moteles y paisajes áridos un hombre y una mujer huyen con varios kilos de heroína traída de Vietnam. John Converse es un periodista en zona de guerra. Con él y su cargamento de droga empieza la novela para, en torno a la página 90, transferirle el protagonismo a Ray Hicks, un ex soldado con alma de samurai americano que acaba huyendo por EE.UU. junto a la mujer de Converse. Extraordinarios personajes, por cierto. En esa huida el lector conoce una Norteamérica profundamente afectada por “una edad oscura”, por un futuro que se prevé apocalíptico tras los combates en Vietnam. América ha vuelto a perder su inocencia y entre sus calles y sus desiertos anidan la locura, la droga y la violencia. Al igual que en Acorralado, los veteranos que regresan no son bienvenidos. En un pasaje del libro, Converse dice que algunas personas hacen cosas sin saber por qué las hacen y ese es el objetivo (absurdo) que los soldados defendieron en Vietnam. En algunos momentos esa mochila con heroína se convierte en una metáfora del mal (y de la guerra que se libró en Vietnam), en una pesada carga para quien la lleva, como Frodo y Sam cuando trasladaban el anillo a Mordor, una carga que unos cuantos codician y que sólo acarrea dolor y problemas.

Resulta increíble que se haya tardado tanto tiempo en publicar en España este libro de Robert Stone, un autor venerado por Don DeLillo, Jonathan Lethem, James Ellroy, Michael Herr, Tobias Wolff, Ken Kesey, John Banville, Wallace Stegner o Rodrigo Fresán (autor del extenso e ilustrador y competente prólogo). Lo ha editado Libros del Silencio y es como un regalo absoluto para el lector, y te encantará si te gustan las películas de los Coen y de Peckinpah. Leamos un trozo:

Al final, para un hombre como es debido, para un samuráis, no hay demasiadas cosas que merezca la pena desear. Pero hay algunas. Y al final, si un hombre como es debido aún necesita una ilusión, elige la más valiosa y se compromete con ella. Esa ilusión podía consistir en esperar el día en que una mujer estuviera en sus manos. En estar con ella y estremecerse en el mismo momento.
Si dejo esto, pensó, seré viejo: no quedarán más que fantasmas, resacas y dulces recuerdos. A la mierda, pensó, haz lo que sientas. Ésta es la ola. Ésta es la ola que debo montar hasta que se estrelle.
Contempló la circulación de la tarde, en dirección al sur.
¡Da igual, vete!
Pensarlo le hizo sonreír. Buen zen. Pero el zen era para los viejos.


[Traducción de Mariano Antolín e Inga Pellisa]

Viscerales / 06. Karmelo C. Iribarren


Los poemas de Karmelo Iribarren, lacónicos, limpios y contundentes, no se andan por las ramas: van al grano pero siempre mediante la sugerencia, dejando entre líneas el significado. El poema inédito de Viscerales es una de las escasas muestras poéticas de nuestro libro. Es autor de los poemarios Bares y noches, La condición urbana, Serie B, Desde el fondo de la barra, Ola de frío y Atravesando la noche. Su poesía completa (hasta 2005) se compiló en Seguro que esta historia te suena. Y La ciudad, en 2002, reeditada y ampliada en 2008, es una antología de su obra. Publicó dos poemarios enfocados a los lectores juveniles e infantiles: El tamaño de los sueños y Versos que el viento arrastra. Participa en varias antologías, entre ellas Poesía vasca contemporánea, Poemas para cruzar el desierto, Resaca / Hank Over. Un homenaje a Charles Bukowski y Poesía para bacterias.
No tiene web ni blog, pero puede verse un perfil suyo en la página de la Cátedra Miguel Delibes: aquí.

Cartel de Hobo with a Shotgun


Con Rutger Hauer. Parece serie B. Me gusta.

Taxi Driver


Éste era uno de los carteles que solían decorar las paredes de mi cuarto, viviera donde viviera. La imagen de Travis Bickle caminando, solitario, por una calle de Nueva York, es mítica. Es una de las películas más perfectas de Martin Scorsese y uno de los afiches más atractivos de la historia del cine.

Hoy, en Madrid