viernes, diciembre 21, 2007

Apología de la literatura

Acaba de salir de imprenta “La Venganza del Inca. Antología de poemas con cocaína”, editado con lujo y preciosismo, y con selección y prólogo de David González, e incluye textos de más de sesenta autores de diversas nacionalidades. Incluso antes de su publicación la polémica acompañó al libro. El manuscrito original fue rechazado por algunos editores. Se acusó a David de insultar a los peruanos a causa del título, de hacer una apología de las drogas y de otras sandeces cuya mera enumeración ensuciaría el nombre de los poetas reunidos en la antología. Lo curioso es que nadie lo había leído, lo cual demuestra una vez más el agrio carácter del personal, dispuesto a vomitar su rencor sobre obras que ni siquiera han aparecido aún en el mercado.
Vayamos, primero, con el título. Al parecer, a la cocaína se la conoce como “la venganza del inca” porque la presencia de esta droga en los países occidentales es cada día más notable, lo cual sería una venganza por la masacre de los incas, una venganza servida en plato frío. Por los foros de la red corre una brillante frase: “La venganza del inca duerme en la hoja de coca y despierta en el cuerpo del conquistador”. En segundo lugar, basta leerse el libro (algo que, fiel a mi estilo, acabo de hacer) para corroborar que ni David, ni ninguno de los autores recogidos en el índice, hacen apología de las drogas. Lo único que señala el poeta y seleccionador es que él sí las toma, y reclama su derecho a hacerlo sin que nadie le juzgue o se entrometa en su vida y en sus hábitos. Lo único que ha hecho David, si se le puede acusar de algo, es afrontar un durísimo trabajo de búsqueda, lectura y selección de poemas. En el prólogo y en la bibliografía de las últimas páginas del libro constan los títulos con los que ha trabajado, y que no sólo atañen a la poesía, sino a otros géneros: ensayo, reportaje, novela. Incluso hay alusión a diversas noticias recogidas de los medios.
Mientras sorbía los versos de este libro, he imaginado a David en la piel de una especie de corsario literario que se lanza a un océano de libros de papel (y también digitales), buscando poemas y referencias en los que apareciera “la nieve”, con la espada entre los dientes, con los ojos cansados de la búsqueda. Después de años de bucear en los fondos bibliográficos, ha salido a la superficie y lo ha logrado alcanzando un alto nivel de poesía. Porque, él mismo lo dice, si de algo hace apología este nuevo título es de la poesía. Apología de la literatura. La excusa, en el fondo, nos da igual. Podrían ser poemas que aglutinaran el interés de los poetas por la noche, o por las flores, o por las aspirinas. Lo que importa es la selección de poetas, a través de la cual se ofrece un retrato de la huella de esta sustancia en la poesía. La selección es impresionante, y permite no sólo descubrir a poetas que no conocíamos o no habíamos leído, sino leer textos de autores inéditos en España, o no traducidos, o autores cuyos libros han desaparecido del mercado. No quiero apuntar nombres, porque no hay espacio para todos en este artículo (les emplazo al blog de David) y luego queda feo nombrar a unos y silenciar la identidad de otros. D.G. se plantea una pregunta: “¿Cuál es la presencia de la cocaína en la poesía contemporánea?” La respuesta: en los poemas. David, amigo, poeta feroz e incansable, hombre renacido de sus cenizas al que una y otra vez los bienpensantes y los vendidos tratan de empujar a la hoguera, vuelve a sorprendernos. Lo hizo con su espléndido poemario anterior, “Algo que declarar. Poesía de no ficción”. Y lo hará, espero, en su próximo libro, de título kilométrico: “No hay nada que un hombre no pueda hacerle a otro + La caza espiritual”.

jueves, diciembre 20, 2007

Portadas exquisitas


The History of Love: A Novel, de Nicole Krauss, publicada en España por Salamandra como La historia del amor.

73

Entro en una librería. Entre los saldos veo Este libro te salvará la vida, de A. M. Homes, por siete euros y en perfecto estado. No sabía si comprármelo, pero por ese precio merece la pena. Y además, al abrirlo, veo en la primera página que alguien ha escrito a mano: “Te deseo bienestar y plenitud por el resto de tu vida. Besos. Alicia”. Bien, Alicia, sea quien sea la persona a la que regalaste y dedicaste este libro, se ha desprendido de él. No merece tu amistad o tu cariño o tu piedad. Así que ese deseo de bienestar y plenitud se transmite ahora a mí, que soy el nuevo propietario del libro y cobijo tus palabras, seas quien seas.

Océano de transeúntes

Es fin de semana y salgo a la calle a hacer varios recados. A dar una vuelta y ver el ambiente. Pero como ya es Navidad a efectos prácticos, o sea, que hay luces navideñas y todo el mundo sale a comprar, me topo sin imaginarlo con el tráfago brutal de las calles del centro de Madrid en estas fechas. Por el centro, lo juro, hay auténticas oleadas de gente. Un océano de cabezas y de hombros, de gente que ha ido a comprarse una peluca o una careta a los puestos de la Plaza Mayor. Cuesta avanzar por las aceras. Se tarda el doble o el triple en cruzar una calle. La gente está desatada. No había visto tanta humanidad junta desde el último Jueves Santo en mi ciudad, o desde una de esas manifestaciones a las que acuden todos los ciudadanos de una urbe.
Noto a los transeúntes nerviosos, excitados. La culpa la tienen la publicidad, las bombillas que anuncian las navidades, la suma de neones de los edificios. Mire a donde mire, sólo veo colas. Colas para coger lotería. Para comprar tabaco. Para entrar a comer una tapa de bacalao. Para subir al autobús. Para meterse en el metro. Para ver una película en el cine. Para acceder a una tienda con ofertas navideñas. Para entrar a un museo junto a Sol. En cambio, cuando voy a ver la exposición sobre Hergé y Tintín apenas hay por allí un puñado de visitantes, muy pocos. La muestra merece la pena. Cuando uno lee el primer cómic de Tintín se dice: “Bueno, no está mal”. Entonces lee el segundo, y le pica la curiosidad y se aventura en el tercero. Y cuando uno se da cuenta Tintín ya se ha metido en su vida y uno se lee las obras completas. Eso me ocurrió hace siglos. En la muestra sobre Tintín encontramos esbozos, primeras ediciones, dibujos a pequeña y a gran escala, revistas y periódicos en los que se publicaron algunas viñetas, publicidad con la imagen del reportero y de su perro, maquetas, carteles… Los dibujos originales de Hergé están hechos con tinta china, y me enamoro del trazo de la tinta china y decido comprar el instrumental necesario para hacer mis caricaturas eventuales y sustituir el trazo del Bic negro, pero voy a una tienda y me dicen que la tinta china se ha agotado. ¿Se ha vuelto loco todo el mundo y de repente se nos antoja a todos la tinta china? Así que tendré que seguir buscando en otros comercios.
En la calle, metido de nuevo en el oleaje de cogotes y narices, se escuchan sirenas, conversaciones, música que sale de las tiendas, cláxones de los coches, frenazos del autobús, pitidos del silbato de un guardia de tráfico, un estruendo terrible que acaba desarmando la paciencia de cualquiera. En una librería veo un ensayo que acaba de publicar Anagrama: “Mutantes. De la variedad genética y el cuerpo humano”, escrito por Armand Marie Leroi. Le echo un vistazo y el autor compendia, junto a varias fotografías, los errores de la naturaleza (cíclopes, hombres lobo, gemelos unidos por el tronco) que tuvieron, además, la mala suerte de ser mostrados en circos y en carpas como atracciones de feria. Véase a este respecto el clásico “El Hombre Elefante”, que demuestra lo crueles que podemos llegar a ser los hombres. Después de comprar el libro, que llevo en una bolsa, y como si el azar me gastara una broma, me cruzo con varios freaks en la calle: hombres con deformaciones; tipos más diminutos que un enano; el chico sin brazos que pide en Sol y que, pese al frío, siempre viste una camiseta sin mangas; un individuo con las rodillas dobladas en sentido contrario, que camina a cuatro patas, como si fuera un perro; mujeres con articulaciones imposibles. Se me eriza el vello de la nuca. Me entristece y me asusta. Me muevo con dificultad entre el mar de personas, y sólo quiero volver a casa.

miércoles, diciembre 19, 2007

Cartel de Pride and Glory


Página oficial, desde la que se puede acceder al trailer.

Contraportada de Grageas


Ayer, nuestro amigo Marcelo Luján nos dio a unos cuantos autores nuestro ejemplar de Grageas. 100 cuentos breves de todo el mundo, que había traído desde Argentina. Cien autores. Cien relatos hiperbreves. Tirada de 8.000 ejemplares. Os recuerdo que mi cuento se titula Currículum. Más información: aquí.

72

Arrastro, aun tantos años después, el trauma de los toros que me aterrorizaron en la infancia. La otra noche vi una noticia en el telediario: un toro o un novillo, no sé, se había escapado en Ciudad Rodrigo. Horas después, en la cama, sufrí una pesadilla. Estaba en un pueblo. Antes de soltar a los toros para el encierro, los morlacos se escapaban. Y yo en la calle. La gente gritando. El pánico. La indefensión. El miedo. Esa maldita pesadilla que se repite.

Problemas de conexión

A estas alturas, después de los problemas de la semana pasada, estoy psicológicamente agotado. ¿Problemas? Sí, de conexión a la red. Problemas que, vistos desde fuera o desde la distancia, parecen una minucia. Pero si trabajas a diario conectado a internet y dependes de la navegación para acceder al correo, leer los periódicos, enviar los artículos y actualizar varios blogs, y no puedes navegar durante horas, al final acabas exhausto. Es una mezcla de rabia, cansancio e impotencia que incluso te roba horas de sueño y, por supuesto, tiempo. Y dinero.
De vez en cuando tengo problemas de conexión a internet. Hoy día, ¿quién no los tiene? Suelo contarlos aquí, y sé de sobra que algunos lectores se identifican con esos mismos padecimientos. El asunto empieza con breves cortes. La conexión falla después de una o dos horas de navegación. Así ocurrió el penúltimo lunes. Luego va a más. Y llega el miércoles y entonces uno sólo puede acceder durante un minuto. ¿Sabes lo que es un minuto de internet para solucionar todas las tareas pendientes? No es nada. Ese minuto es un suspiro, y tienen que transcurrir varias horas para que el router vuelva a conectarse. Entonces, como siempre, uno se propone solucionarlo. Pero no es tan fácil. Es lo que llaman “una pesadilla kafkiana”, repleta de escritura de formularios, llamadas de teléfono al número de las averías, avisos a los amigos para que te echen una mano y cosas por el estilo. Primero decides no gastar dinero y entras en la sección de averías de la página web de la compañía que te sirve la conexión a internet, y cuya tarifa pagas religiosamente cada mes. Pero eso sólo puedes lograrlo cuando al cacharro le da la gana conectarse. Rellenas el formulario. Cuentas tu problema. Esperas. No sirve de mucho. Al día siguiente vuelves a enviar otro formulario. Y por fin optas por la llamada. La llamada de teléfono al número de las averías cuesta una pasta, pero debería ser gratuito. Expones tu problema, y entonces te hacen perder más tiempo, como si fueras bobo. Compruebe que los cables están conectados. Quite el antivirus o rebaje su nivel de seguridad. ¿Tiene puesto el e-mule? Apague y encienda su router. Quizá el problema sea suyo. Y tú respondes a todo. Sí, los cables están bien conectados; y lo sé porque la conexión llega de vez en cuando. No, no es culpa del antivirus, ya probé a quitarlo temporalmente. No, no tengo el e-mule funcionando, ni ningún programa abierto. Ya he apagado y encendido el router. La llamada sirve de poco. Vuelves a telefonear al día siguiente. Y en los días sucesivos. Alguien dice: “Hemos comprobado que la señal llega bien desde la central. Debe ser culpa suya”. Te proponen enviar a casa un técnico; pero te cargan su visita como “Facturable”, lo que supone pagar cuarenta euros por la revisión. Así que dices que no, que no manden a nadie.
A la quinta llamada, o así, cuando notan lo pesado que debes ponerte para que te hagan caso, cuando en su registro de reclamaciones figurará tu e-mail y tu número de teléfono unas cuantas veces, dicen que enviarán a un técnico a la central. Aunque insisten: quizá el problema sea tuyo, de tu domicilio. Pasan las horas. Los días. Vives pegado al ordenador, suplicando por esos pocos minutos en que, casualmente, hay conexión. Llega el lunes, el de esta semana. La conexión funciona bien. Sin cortes. Te llaman varios técnicos. Quieren asegurarse de que la avería ha sido reparada. Pues sí, dices, lo que demuestra que el problema no era del domicilio, sino de la central. Un par de horas después vuelven a producirse los cortes. Te planteas cambiar de compañía, pero en todas sucede lo mismo o parecido.

martes, diciembre 18, 2007

Personajes secundarios, en Libros del Asteroide


He colgado más información sobre este libro de Joyce Johnson, Personajes secundarios (Minor Characters: A Beat Memoir), que se publicará en febrero de 2008, en Hank Over.

Citas. 68

¿Eres muy valiente?
Regular.
¿Qué es lo más valiente que has hecho?
Escupió en la carretera una flema sanguinolenta.
Levantarme esta mañana, dijo.
Cormac McCarthy, La carretera

Mañana, en Sevilla


Presentación de La Venganza del Inca (Selección y prólogo de David González). Pinchar en la segunda imagen para leer la información.

Noche de socios

La Noche del Socio de Fnac es una especie de fiesta nocturna en la que varios artistas presentan sus nuevos trabajos, se ofrece un refrigerio a los miembros y se hacen descuentos en las compras. El año pasado estaba en Londres y no pude ir. Aunque no soy socio, éstos pueden ir acompañados por una persona, así que me convertí en el acompañante. A las diez y media de la noche del viernes, cuando nos acercamos al edificio, la cola para entrar iba desde la puerta hasta unos metros del Oso y el Madroño. A pesar de todo, apenas estuvimos cinco minutos esperando. En estas situaciones suele haber unos cuantos personajes que se acercan y preguntan: “Oiga, perdone, ¿para qué es esta cola?”. En cuanto alguien les decía: “Es un concierto para socios de Fnac”, se iban. Me hubiera gustado decirle a alguno de ellos: “Mire, reparten tomates de forma gratuita”, sólo para verlo incorporarse a la cola con avidez.
Dentro del edificio suministraban champán y canapés y una agenda. En el forum iba a empezar el directo de Nacho Vegas y Christina Rosenvinge, que es una de las razones por las que quisimos ir a la fiesta. Si no han oído el disco de ambos, “Verano fatal”, no sé a qué esperan. También es muy recomendable el trabajo de colaboración de Vegas & Bunbury: “El tiempo de las cerezas”, un cd doble que no me canso de escuchar. Para cuando entramos en Fnac, la sala estaba tan llena de gente que parte del público permanecía en la escalera de acceso al forum. Tuve que conformarme con ver en las pantallas la aparición de Vegas y Rosenvinge en el escenario. Al pie de las escaleras ni siquiera se oía la música, por el tapón de gente. Para matar el tiempo dimos una vuelta por las plantas de discos, libros y películas. Era extraña la sensación de merodear por allí a medianoche. En uno de los pisos estaban firmando ejemplares el ganador y el finalista del Premio Planeta, Juan José Millás y Boris Izaguirre. Entonces vi una imagen que me devoró los higadillos, digna de cómo se entiende la cultura en este maldito país. Ante la mesa de Millás, escritor prolífico, había apenas tres o cuatro personas. Ante la mesa de Izaguirre, presentador televisivo, la cola se perdía en el horizonte. ¿Qué significa esto? Que da igual que un tipo se pase años y años consagrado a la literatura, escribiendo artículos, novelas, cuentos y reportajes, porque luego el público se lo lleva el showman de la televisión. Significa que a la gente le da igual el libro. Lo que quieren es la firma del más famoso. Si alguna vez se acercan a la Feria del Libro de Madrid comprobarán que quienes más ejemplares firman no son los escritores, sino los advenedizos. Eso es así, y no hay manera de cambiarlo.
Tras el breve directo para presentar “Verano fatal” conseguimos hacernos un hueco en la sala, sentados en el suelo, mientras salían unos espectadores y entraban otros. En la escalera, aguardando para entrar, estaba el director Nacho Vigalondo. “Los Cronocrímenes”, su primera película, se proyectará en el Festival de Sundance. Iba a ver a los de “Muchachada Nui” en la presentación del dvd de “La Hora Chanante”. Sólo por eso, por estar allí como uno más, haciendo cola, cuando su película va a verse en USA, me cayó aún mejor de lo que me caía. El equipo Chanante estaba casi al completo: Joaquín Reyes, Raúl Cimas, Carlos Areces, Julián López y Pablo Chiapella, pero faltó Ernesto Sevilla. No habían preparado nada, pero se dedicaron a improvisar, dando una lección de humor y espontaneidad, y al final cantaron “Hijo de puta”. Los fans, como dicen ellos, no quedamos decepcionados. Tras la presentación tocaba Marlango. Y salió Leonor Watling, sencilla y muy guapa.

lunes, diciembre 17, 2007

Trailer de The Dark Knight


Fingiré que estoy de paso, de Pablo Casares

Pablo Casares es uno de los tripulantes y compañeros de Resaca / Hank Over. Este poemario recibió el III Premio Zaidín de Poesía Javier Egea. Pero no nos interesan los galardones, sino la fuerza y el valor poético de estos versos, a menudo breves, mediante los que Pablo nos habla de las derrotas cotidianas, de los días grises que tiñen / el cielo de cemento.
En muchos de los poemas anida el desencuentro: un hombre solo, abandonado por su pareja, tratando de salir adelante. De sobrevivir. Pablo crea poderosas imágenes con apenas un puñado de versos, como ese poema (que colgaré otro día) en el que se queda plantado en un restaurante, y pide al camarero que le envuelva su ilusión. O el titulado Hospitales: cualquiera que haya pasado un par de noches en un hospital comprobará que el autor ha captado la atmósfera triste y vacía de estos edificios en la noche y al amanecer. O el ambiente de los cafés, y de esos lunes en los que cuesta levantar cabeza al despertarse y salir de la cama y empezar el trabajo. Los poemas de Pablo Casares se sitúan, para mí, en ese territorio de poetas que nos hablan de la vida diaria, de nuestros errores y fracasos y pequeñas alegrías. Poetas con los que uno se siente identificado muchas veces, como Vicente Muñoz Álvarez, Karmelo C. Iribarren, Ana Pérez Cañamares o David González, por citar unos cuantos autores por cuyos libros siento debilidad. A ellos se suma con derecho propio este poeta. Pero que hable él mismo:
UNA COLINA EN IOWA

Suena bien:
Un campo de trigo resplandeciendo
con toda la luz del mundo.
El cálido sonido de las espigas
mecidas por el viento.
Escindida del horizonte
una colina y en su cima una granja.
En el interior una mujer
haciendo café y por toda la casa ese olor
a pastel de manzana y canela.
En el cobertizo, junto a un viejo Ford,
un hombre acaricia a un perro.
Me acercaré.
Pediré que me alojen
por una noche.
Fingiré que estoy de paso.

Grageas. 100 cuentos breves de todo el mundo


Esta es la portada definitiva de esta antología en la que colaboro un microrrelato inédito. Se ha publicado en Argentina, el compilador es Sergio Gaut vel Hartman y esta semana espero tener el libro en la mano. Más información: aquí.

Miopía y dolor de espalda

Quienes trabajan a diario frente a un ordenador, tarde o temprano acaban padeciendo dos efectos: miopía y dolor de espalda. Esto significa que, tarde o temprano, usarán gafas correctoras para situarse delante del monitor y, si la deficiencia visual se acrecienta, incluso para otras actividades cotidianas, tales como salir a la calle o ver la televisión; significa que de vez en cuando los verás llevarse una mano a los riñones o a las regiones próximas a los omoplatos, y masajearse las carnes con suavidad mientras profieren una queja. Ay.
Al principio les oirás decir que no ven bien. Les toca forzar la vista para leer en la pantalla. Tienen una cita en la óptica. Sospechan que saldrán de allí con unas gafas de apenas dioptrías. Con el tiempo, esas gafas que sólo usan para el ordenador terminarán siendo parte de su vida, y se las pondrán más a menudo, y los cristales serán cada vez más gruesos, y tal vez los sustituyan por lentillas, que cansan menos los ojos aunque provocan sequedad. Al principio se quejarán de un dolorcillo en la espalda, nada grave, sólo una molestia. La molestia no proviene de la frecuencia con que están sentados en la silla, sino de sentarse mal, con posturas raras y la espalda torcida, en plan jorobado. Deberían enseñarnos en la escuela a sentarnos correctamente. A mantener la espalda derecha en la silla para que no se nos olvidase jamás. Una enseñanza más útil para nuestra vida que aprenderse el catecismo. Esa molestia, ese dolor tenue, se agravará con los años. Entonces los verás llevarse la mano más a menudo a la espalda. Te dirán que tienen nudos, tirones y contracturas. Que han empezado a ir al fisioterapeuta, para que les arregle la columna, y que sienten ésta como si fuera un amasijo de escombros. Otros apostarán por el deporte, para mantener en forma los músculos de los hombros y de la espalda. Tú, para entonces, llevarás el mismo camino recorrido, porque tú también trabajas en una silla, ante el ordenador, mal sentado y quemándote las pupilas con la luz abrasadora de la pantalla. Quizá usabas gafas o lentillas mucho antes del uso cotidiano de los ordenadores en este país. La mala postura, con la espalda arqueándose, será un rasgo habitual en tu vida. Siempre habrá alguien que te diga: “Ponte derecho, hombre, que pareces el Jorobado de Notre-Dame”, y tú le mirarás con sorpresa porque él o ella caminan exactamente igual de torcidos que tú.
Cada día, frente al ordenador, recordaréis que la postura es esencial. Una cosa que los médicos y los especialistas llaman “higiene postural”. Consiste en sentarse de manera correcta, en mantener la espalda derecha, los hombros echados ligeramente hacia atrás, la cabeza alta, como si os hubieran empalado con una estaca. Cada día, al empezar las tareas, os pondréis derechos, firmes, conscientes de que ese hábito saludable os rebajará los dolores de la espalda y de las lorzas. Y cada día, cinco minutos después de forzar la postura, os iréis encorvando poco a poco y sin advertirlo, igual que un hombre se hunde despacio en arenas movedizas. Media hora más tarde habréis vuelto a la postura de siempre, con una joroba pugnando por salir, con la nariz más cerca del teclado, con el tronco torcido. No sólo es que se te olvide mantener el cuerpo derecho y que la espalda tienda a relajarse, a caer, sino que todo eso se agrava porque los golpes de la vida hunden a cualquiera. Un trabajador sentado frente a los ordenadores se planta en su silla, a primera hora de la mañana, con la cabeza alta y en actitud triunfadora, y al término de la jornada parece un abuelo, el tronco como una farola y los dedos masajeándose los ojos, llenos de ardor.

domingo, diciembre 16, 2007

Carteles de The Dark Knight



The Dark Knight, la secuela de Batman Begins

Serie B, por David Refoyo

No tengo ninguna duda: David Refoyo es una de las grandes esperanzas de las letras jóvenes de este país. No tardará en publicarse su poemario Odio, que me permitió leer hace tiempo. Mientras tanto, casi a diario degustamos los textos y poemas que cuelga en su bitácora. Cualquiera de ellos es bueno, pero he elegido éste de hace unos días, porque además habla de su tierra, que también es la mía. A disfrutar:

Serie B

Me llaman Clifor aunque tú no sepas mi verdadero nombre. Esta es una de esas ciudades de no paso. No necesitas venir aquí para ir a ninguna otra parte. Aunque no sepas mi verdadero propósito. Quieres sacar tu coche y conducir por la autopista kilómetros y kilómetros escuchando The Eagles sin intención de llegar a ningún sitio concreto. Aunque no sepas que no tenemos autopistas. Tenemos embalses de agua estancada que huelen a putrefacción y muerte. Tenemos pueblos anegados por las aguas. Tenemos leyendas sobre cada pueblo cubierto de un espeso manto azul. Marrón en verano. Negro después de cada cosecha. Esta es una de esas tierras yermas donde no se puede cultivar la esperanza. Ni la fresa. Ni el plátano. Una tierra oscura, fría, lejana. Me llamas Clifor aunque no sepas mi verdadero nombre. Lo pronuncias en inglés aunque verdaderamente en esta tierra no hacen falta los idiomas. No necesitamos nada. Me llamas Clifor y eso me hace sentir dentro de un telefilm de serie B o parte de una de esas canciones de Lou Reed que tanto nos gustan. Aunque tú no sepas mi verdadero nombre y yo no sepa la ruta para escaparar de aquí. Rescátame. Las películas de serie B siempre acaban con un suicidio o un asesinato en masa. Las madres lloran en la plaza. Los políticos culpan a los videojuegos. Yo tan solo quería coger la Autopista Y llegar a un casino y casarme con una mujer alcoholizada de ojos azules a las 3 de la mañana. 50 euros por boda: música y flores a parte. Rescátame.

Un rato de diversión

Un experto acaba de asegurar que “los videojuegos no son perjudiciales para la salud”. Gran descubrimiento, oiga. Que alguien le dé una medalla. Pero eso ya lo sabíamos tú y yo. Lo sabe cualquiera que haya jugado un poco. Hace años, para relajarme media hora al día, practicaba con algún videojuego de ordenador. A veces venía a casa algún colega y jugábamos uno contra el otro. Un rato de diversión. No tiene nada de malo. El experto ha sacado las conclusiones mediante un estudio presentado en la universidad, en el que se analizan los hábitos de consumo de drogas, tabaco y alcohol entre los jugadores y los no jugadores. Los jugadores consumen menos. Esto es más o menos evidente, ¿no? Cualquiera que haya jugado delante de su ordenador, sabrá que no queda apenas tiempo para ponerse a fumar o a beber. Las manos están ocupadas en los mandos o en el teclado. Los ojos, en la pantalla. La atención, en el juego. Durante un rato te olvidas del mundo y sólo quieres seguir jugando. Que se lo digan a esas mujeres que charlan entre ellas, en un extremo de la habitación, mientras sus novios y maridos juegan a la Play en el sofá y las ningunean. También hay chicas enganchadas a esos juegos, pero tal vez en menor medida que los hombres.
Ya no empleo tiempo en videojuegos, pues mi principal prioridad es la literatura, y los devoradores compulsivos de literatura saben que esa amante exige muchas horas al día. Pero, de vez en cuando, en casa ajena y si se presenta la oportunidad y me presionan un poco, acepto jugar durante unos minutos. Los videojuegos no son nocivos, ni convierten a un chaval en un asesino en serie. No, hombre, no. Todo lo contrario, salvo que seas un perturbado, pero entonces cualquier motivación ajena, sea un juego o una novela o un tablero de rol, te conducirá al crimen no premeditado. Aún diría más: un rato a los mandos te despoja del estrés, de la mala leche, del cansancio mental. Les vendría bien, por ejemplo, a quienes conducen con frecuencia. Como sabemos, la conducción en las ciudades nos empuja a la furia, a soltar tacos encima del volante, a hacer gestos obscenos al conductor del coche de al lado, a desear bajarse del vehículo y repartir sopapos. Después de una tarde al volante subes a casa, enchufas un videojuego de esos que son políticamente incorrectos, los que en la jerga juvenil conocemos como “juegos de dar hostias”, pegas cuatro tiros al malo y descargas el malhumor. Luego estarás en forma, en paz. Deberían recomendárselo a esos maridos con tendencia a “abanicar” a sus esposas. Que, al llegar a casa, en lugar de echarles la bronca, se dedicaran a verter los malos humos del trabajo y de la jornada en un juego de fútbol, o de carreras de coches, o de persecuciones.
Además, cada vez es más frecuente que el videojuego no se practique en solitario, sino entre varios. Así hablas, compartes las carcajadas, te ríes del perdedor (o se ríen de ti). Días atrás fui a cenar a casa de unos amigos. Tras la cena, el anfitrión dijo que iba a poner la consola Wii. Juro que ni siquiera sabía qué demonios era la Wii. En principio era reticente a participar, y para mi desgracia el dueño sólo tenía juegos de deporte. Uno se coloca de pie ante la pantalla y coge los mandos. Cada movimiento del brazo se refleja en tu personaje del juego. De modo que si, juegas al tenis, mueves las articulaciones igual que si estuvieras en un partido. Me convencieron. Pasé un buen rato. Nos reímos. Al día siguiente todos teníamos agujetas. Fíjese, era como si hubiéramos practicado un poco de deporte.

sábado, diciembre 15, 2007

Ayer, por la noche




Ayer fui a La Noche del Socio de la Fnac. No pude asistir a todo, claro. Estuvieron por allí, tocando o presentando sus nuevos trabajos: Nacho Vegas y Christina Rosenvinge, los chicos de "Muchachada Nui" presentado el dvd de "La Hora Chanante", Marlango, y los del Planeta, Juan José Millás y Boris Izaguirre. Entre el público estaba el director Nacho Vigalondo, cuya película Los cronocrímenes ya tenemos ganas de ver. De casi todos ellos encontraréis enlaces en el menú de links de la derecha. Como es habitual, la semana que viene os contaré los detalles en un artículo para la prensa.