martes, agosto 21, 2012

Tony Scott (1944 - 2012)



Tony Scott escribió una nota de suicidio, la dejó en su despacho y se subió a su coche. Condujo hasta un puente de la zona portuaria de Long Beach, en Los Ángeles. Abandonó el vehículo, trepó por la verja de tres metros y se arrojó hacia una muerte segura. Lo vieron algunos testigos. La policía identificó el cadáver y los rumores empezaron a dominar la red. Dijeron que padecía un tumor inoperable en el cerebro. Ahora su viuda lo ha desmentido: dice que estaba sanísimo. Con su fallecimiento hemos perdido a uno de esos directores de la cofradía de los "placeres culpables". Todos hemos disfrutado en alguna ocasión de alguna de sus películas (o de varias), aunque los críticos siempre le dieran palos. He visto muchos de sus filmes un montón de veces; algunos me los aprendí de memoria. Otros los aborrecí. Y un par de películas suyas fueron una influencia notable en mis libros: es el caso, por ejemplo, de Amor a quemarropa, que inspiró pasajes de Vivir y morir en Lavapiés.

La muerte de Tony Scott me ha pillado en mi tierra, sin posibilidad de conexión a internet hasta hoy mismo, y me ha sacudido, como suelen hacerlo los suicidios de Hollywood y los fallecimientos rodeados de circunstancias misteriosas o incomprensibles. No he podido anunciar aquí la noticia ni escribir al respecto. Y me gustaría comentar algo sobre sus películas, a modo de homenaje.


Descubrí El ansia gracias a mi madre. Como todas las de Scott, la vi en el cine. Vampiros, mujeres lesbianas y David Bowie: una combinación ganadora. No he vuelto a verla, y espero que mantenga su poder de seducción.





Confieso ahora que Top Gun me tuvo fascinado. Es comprensible: yo tenía 14 años. A las chicas que a mí me gustaban sólo les gustaba Tom Cruise. Compré la BSO (curiosamente, la estuve escuchando sólo unos días antes de la muerte de Scott), me aprendí los diálogos, tuve envidia de los protagonistas. No quería ser piloto, sino tener su estilo, su chulería: la clase de Cruise, Val Kilmer y compañía. No veo el filme desde hace años. Temo que me decepcione.





También me obsesionó un poco Superdetective en Hollywood II. No eran tan buena como su predecesora... sin embargo, fue una secuela digna. Recuerdo que Eddie Murphy lucía más cool que en Beverly Hills Cop I. Estuve loco por el cartel durante unos años e incluso me compré la BSO, llena de tracks ochenteros. 





¿Y qué decir de Revenge? Una película repleta de altibajos narrativos, pero con algunas secuencias que me volvían loco: sobre todo desde el momento en que el personaje de Kevin Costner trama su venganza. La primera mitad, lo admito, era un pastel de merengue. Pero a partir del momento en que apalizaban al protagonista y se llevaban a la chica a un prostíbulo, Tony Scott nos metía en una de sus habituales montañas rusas. 

 


True Romance (Amor a quemarropa): creo que es indiscutible que fue su mejor película, inspirada en un guión de Tarantino. No sé cuántas veces la he visto, cuántas he escuchado la BSO, cuántas he recitado los diálogos ante mis atónitos amigos (en especial el monólogo de Gary Oldman, imprescindible en VO). El duelo verbal entre Walken y Hopper, la paliza que Arquette recibe de Gandolfini, la aparición fugaz de Kilmer poniendo la voz a Elvis, el colocón de Brad Pitt... Amo esta película. Sigo viéndola de vez en cuando, y me sigue gustando.

No olvido las demás películas... Días de trueno tuvo su punto en su momento, pero no era Top Gun. El último boy scout es un divertimento especial, sobre todo con ese Bruce Willis sucio y herido y malhablado. En Marea roja también me enganchó, gracias a Gene Hackman y a Denzel Washington; pero no era El submarino, mi obra favorita sobre el tema. Odié Fanático; y Enemigo público me pareció del montón. Spy Game, Domino y Asalto al tren Pelham 1, 2, 3 son irregulares y se dejan ver por sus actores; cumplen, pero no me volvieron loco. Me dio pereza ir a ver Dèjá Vu e Imparable y son las dos únicas películas que me faltan de su filmografía. Creo que, en los últimos años, Scott se estaba estancando. Sin embargo... entre 1996 (después de Marea roja) y 2010 (estreno de Imparable) dejó una joya: El fuego de la venganza. Un filme brutal, violentísimo y extremo, con un Denzel Washington espléndido. Por estas películas lo recordaremos. Películas para divertirse, para emocionarse, nada que ver con las filmotecas.



Zamora mola mucho

 
zamora mola mucho
 
había un bar llamado ximeno
con una ensalada de aúpa
pero ximeno murió
no sé qué habrá ahora
 
de zamora:
las piernas de viriato
el vino bajoz
el merendero "pelambres"
 
te pones allí, miras la otra orilla
y, qué ves?
la primera imagen de la peli "el sur"
cuando dice "vivíamos en una pequeña ciduad del norte"
milagros del cine
 
besos
 
 
Isabel Bono, en un correo electrónico que me acaba de enviar

Cuarto cartel de Machete Kills


lunes, agosto 20, 2012

Rock of Ages



Rock of Ages es la adaptación cinematográfica de un célebre musical inspirado en las canciones del rock duro de los años 80. La película, dirigida por alguien que sólo parece aceptar proyectos de encargo, supone un agradable entretenimiento y quizá sea el filme con más altibajos que he visto en años. Lo explico a continuación:

Puntos bajos del largometraje. El germen de la historia es típico: una chica de pueblo que recala en la gran ciudad, que quiere ser cantante y empieza como camarera (recordemos, por ejemplo, El Bar Coyote, entre otras) y que encuentra a un chaval que atraviesa las mismas circunstancias. La pareja (Julianne Hough y Diego Boneta) es aún más sosa de lo que cabría esperar, y su único cometido es el de enganchar a la audiencia adolescente. Cantan correctamente, pero les falta oficio y carisma. Cuando acaparan las escenas en las que sólo aparecen ellos dos, uno roza el bostezo, se incomoda porque quiere que pasen a otra cosa y nos ofrezcan otra ración de las estrellas secundarias, que es donde reside el magnetismo del filme, su gracia y su acierto. En una escala del 1 al 10, del tedio a la diversión, dicha pareja está en torno al 2 (principalmente, no os voy a engañar, porque ella está muy buena, aunque sea una Barbie).

Puntos álgidos del largometraje. Pero entonces, cuando más nos aburrimos, llega lo accesorio. Y lo accesorio tiene nombres de stars en el pellejo de los secundarios: dos cachondos Alec Baldwin y Russell Brand (impagable su versión a dúo de “I Can't Fight This Feeling”); una Catherine Zeta-Jones a punto de explotar de sexo reprimido (ver cuando canta y baila en la iglesia, junto a otras beatas); un Paul Giamatti canalla y consciente de su disfraz (el bigote postizo que lleva ya nos revela que la película es una gran broma autoconsciente de serlo); sin olvidarnos del magnetismo y la fuerza de Malin Akerman, aquel bello descubrimiento de Watchmen, ni de Bryan Cranston, que aporta su carisma.

Lo mejor. Sin duda la estrella de la función es Tom Cruise. Vaya por delante que nunca me pierdo una película suya (lo mismo me ocurre con todos los actores que empecé a seguir en los 80 o a finales de los 70). Cruise, a mi juicio, suele ofrecer tres tipos de interpretaciones: las flojas o directamente malas (Jerry Maguire, La tapadera, Valkiria…), las buenas o simplemente correctas (Nacido el 4 de julio, Minority Report, Collateral, La guerra de los mundos…) y las sublimes (Magnolia, Tropic Thunder, Austin Powers: Miembro de Oro…). En esta última categoría entra su papel en Rock of Ages, es decir, la de sus cameos y sus papeles secundarios, donde se suelta la melena, se ríe de sí mismo y explota su talento. Lo sublime de su personaje y de su trabajo no es sólo la transformación (atípica en una estrella de su calibre) en una especie de sosias de Axl Rose con toques de Steven Tyler, sino que Cruise hace algo parecido a lo que hizo en Magnolia (y Rock… incluye un par de homenajes a aquella película): crear a un tipo que utiliza su fama, su indumentaria y su máscara (en este caso: el pañuelo, las gafas, el pantalón de cuero, el lujo, etc.) para encubrir un gran dolor, una pérdida que lo ha convertido en alguien despreciable para quienes miran más allá de los focos y que revelará su verdadera cara hacia el final. Ese equilibrio entre la parodia y el dolor merece algún premio. Uno de los momentos álgidos es cuando canta su versión del “Wanted Dead or Alive” de Bon Jovi. Mi favorito es el dueto erótico que mantiene con Malin Akerman a los sones de “I Want to Know What Love Is”.

Los primeros momentos señalados (coñazo total, con la pareja protagonista) se alternan con los otros números musicales (divertidísimos, y con el poder de la nostalgia que acarrea el revival de los 80 en quienes éramos adolescentes en esa década). En cuanto a los diálogos: a veces combinan el chiste malo o sonrojante con ciertas perlas, como cuando la rubia le dice a Tom Cruise: “Cuando murió mi hámster, tu música me ayudó a superarlo”. Es en toques como ésos donde vemos que el director ha apostado por parodiar su propio musical de amor. No esperéis Grease o Jesucristo Superstar, pero os garantizo algunos ratos de diversión.  

Cartel de The Hypnotist


La nueva película de Lasse Hallstrom.

Reencontrados


Cada semana acumulo libros: los que compro, los que me regalan, los que encuentro tras años de búsqueda, los que me pasan los amigos escritores, los que necesito para documentarme, los que me envía gente a la que no conozco o me los hacen llegar por intermediarios… Esa frecuencia me empuja a montar pilas o torres de volúmenes, y unos van ocultando a otros con rapidez. No es raro que, en agosto, sea ya incapaz de encontrar en mi biblioteca un libro comprado o recibido en junio. No es broma. De hecho, hay obras que quiero leer, y que sé que tengo, y no consigo dar con ellas en la maraña de títulos. Lo peor es que, a veces, esos volúmenes que quedan atrapados bajo otros son lecturas mediadas. Hace unos días me dio por revisar varias pilas de ésas; no sé cuántas habría, tal vez unas ocho o nueve torres de unos veinticinco libros cada una. Y encontré títulos que ya debería haber leído y otros que tenía a medio leer. Tres de ellos figuran aquí abajo, para que conste en acta.  

El poema del hombre muerto, de Fernando Bolzoni



LXIV

Perpetua desolación
En la perturbación tintineante
En el Jesús descrucificado
En sus bolsillos monedas
Una de cada país
Alaridos en el aire
Sabe que el demonio está cerca
El demonio le vigila
Obsesionado con su visita
Ingresa en un pabellón psiquiátrico
Solo las pastillas le olvidan
Y el único milagro es
No saber quien es.

**

CVII

Amanecí con la demencia detrás de los ojos
Sobrevolando las nubes
Recorriendo las profundidades de la tierra
Con mi enrevesado pensamiento
Tragué todo el agua de los océanos
Y lo escupí sobre las estrellas
Donde aprendimos a vivir
Y donde dejamos de morir
Para nada. 

**


PervertiDos. Catálogo de parafilias ilustradas, de Varios Autores




Manos, pechos, ojos
[Eduardo Moga]

Las manos amasaban minuciosamente los grandes pechos de mi mujer: oprimían sus estribaciones de pétrea gelatina, pellizcaban los bulbos rosados que los coronaban, se emborrachaban de su piel lustral, desquiciada por el peso. Luego, apresándolos por debajo, los envolvían como a calabazas maduras, y los besaba, los mordía, los besaba.
Y yo, sentado en un rincón del dormitorio, con las piernas cruzadas, lo contemplaba todo, sintiendo cerca ya el orgasmo.

**

La presencia por la ausencia, de Sofía Serra Giráldez




LA LUZ DE TU CAMISA

No me atrevo a decirte cuánto te echo de menos,
cómo me sostienen enjaezadas bajo mis pupilas estas pestañas que se anudan ya a tu gesto,
común beso sobre tu húmeda frente,
soñando bajo tu verbo que los días no terminan,
ni alumbran vistosas las farolas hasta que tu mirada se posa sobre el nombre escrito
en verso de la compañera que ocupa tu camastro.
¿Hablamos?

Servimos bajo el mismo mantel la leña que nos hogara,
alumbramos nuestra piel levemente indispuesta,
suscitada por la caricia invisible de tu mano
sobre la mía y mi espalda.
Pienso, bebiendo bajo tu cuello, que no querría más luz
que la que desprende tu camisa.


Trailer de The Oranges


Cartel de 10 Years


Trailer de Bullet to the Head


Dos iconos de los 80 se unen. 
Walter Hill dirige a Sylvester Stallone: aquí.

viernes, agosto 17, 2012

Paul Thomas Anderson, de José Francisco Montero



Existen algunos puntos de contacto entre el argumento de Magnolia y la biografía de Anderson, lo que sin duda potenció su implicación emocional en este trabajo. Mientras Anderson escribía el guión, sufrió de cerca las consecuencias del cáncer: el 6 de febrero de 1997 murió su padre debido a un cáncer pulmonar, y Anderson le cuidó sus últimos días de vida. Tan sólo dos días después falleció, también por cáncer, el actor Robert Ridgley, amigo del director y que ya actuó en The Dirk Diggler Story, así como en Sydney y Boogie Nights.

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En el retrato del niño prodigio que finalmente se rebela al trato que recibe de los adultos –no sólo de su padre sino también de los que forman parte del concurso– es apreciable, como ha reconocido Anderson, la influencia de algunos cuentos cortos de J. D. Salinger, recogidos en los volúmenes Nueve cuentos (1953), Franny y Zooey (1961), Levantad, carpinteros, la viga maestra (1963) y Seymour: Una introducción (1963), en que se ocupa de los problemas de los hermanos Glass –o de otros niños prodigiosos como el protagonista de Teddy, cuento perteneciente a la primera colección señalada–, brillantes y extremadamente sensibles y que de niños participaron en un concurso radiofónico de características similares al que aparece en la película, llamado Es un niño sabio.

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La conexión que existe entre escribir desde las entrañas y escribir a partir de la música es evidente en la secuencia Wise Up de la película. Había llegado al final del monólogo de Earl antes de morir y estaba tratando de encontrar una manera de avanzar en la emoción, pero me había atascado. Hasta que, mientras borraba y borraba en el ordenador, escuché a Aimee Mann cantando Wise Up. Empecé a escribir con la canción, sin pensar nada más que en la letra. El curso natural de las cosas era hacer que todos los personajes la cantaran, y que la cantaran tal como la sentían […] Fui lo suficientemente estúpido o lo insuficientemente cobarde como para no borrar una vez que terminé de escribirlo. Y, antes de que me diera cuenta, ya estaba filmándolo. Sólo quiero agregar que me alegro de haber sido tan inconsciente.
[…]
Para confirmar, además, la carga emocional implícita en la misma, hay que considerar que está situada inmediatamente después del momento en que Phil le administra la morfina líquida al moribundo Earl Partridge, probablemente el instante del filme más emotivo para Anderson, habida cuenta de su obvia vinculación con la reciente muerte por un cáncer de su padre.

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En la representación que ha construido sobre sí mismo Frank Mackey, el papel del disfraz resulta fundamental: en sus extravagantes seminarios, en los que escenifica un machista ritual que mezcla, por un lado, un hortera sentido del espectáculo y, por otro, las estrategias para la creación de un carismático liderazgo propias de un telepredicador, viste algo parecido al disfraz de un superhéroe. De hecho, antes de iniciar la entrevista, le dice a Gwenovier: “Soy como un superhéroe, soy Batman, soy Superman”. No es casual que esto lo diga, premonitoriamente, mientras se desviste y se cambia de ropa, es decir, mientras se quita el disfraz: en efecto, la entrevista con la periodista, al revelar ésta todas las mentiras con que ha fabricado su historia familiar, va a suponer el desvelamiento de lo que hay tras la apariencia engañosa que ofrece a los demás –mientras se desviste Frank Mackey se queja a la periodista de que no estén filmando, aún inconsciente de que la representación está a punto de llegar a su fin–.

**

Las novedades aportadas por Pozos de ambición respecto a su obra previa son muy notables, revelándose como un verdadero salto adelante en la evolución creativa de su autor, y constituyéndose en una obra de madurez, a pesar de la juventud de su director, dentro de su trayectoria: ya no es la obra del niño prodigio del cine norteamericano, mimado por la crítica internacional y muy consciente de su talento, sino la obra del cineasta con una carrera importante a sus espaldas, pero que no por ello se ha acomodado sino que, todo lo contrario, sigue afrontando su trabajo desde una actitud de búsqueda de nuevos caminos, asumiendo riesgos muy considerables.   


Harry Harrison (1925 - 2012)


Compré dos o tres libros de Harry Harrison hace un montón de años. Y pospuse su lectura una y otra vez. Ayer falleció y yo aún no he leído esos libros. En una de sus novelas se inspiró Cuando el destino nos alcance (Soylent Green).

Próximamente: Soy tu hombre. La vida de Leonard Cohen


De Sylvie Simmons. En Lumen.

For Ellen: trailer


Carteles de Seven Psychopaths









                                                    Y el trailer: en este enlace.

jueves, agosto 16, 2012

EE.UU. / IMAX / Septiembre


La contabilidad privada de Christie Malry, de B. S. Johnson



Hace algún tiempo hablé aquí de Los desafortunados, la poco conocida novela de B. S. Johnson que publicaron en España y que, por suerte, Libros del Silencio reeditará el año que viene. Johnson desmontaba la narración al uso (su novela consistía en varios cuadernillos, que podían leerse de forma independiente), lo que le valió la admiración de muchos autores de prestigio, entre ellos Samuel Beckett, Anthony Burgess y Julian Barnes (y John Lanchester, que firma el prólogo).

En La contabilidad privada de Christie Malry también se aparta de lo convencional, y entre burlas y humor fino, nos narra las peripecias de un hombre que un día decide hacer un balance de cuentas por cada situación que vive. Él mismo afirma:

-Todo débito debe tener su correspondiente crédito –explicó Christie–. Tal vez cada daño deba tener su correspondiente beneficio. La extensión podría llamarse “Contabilidad Moral por Partida Doble”. Al comernos estas aceitunas gordales, que nos hacen mucho bien, estamos impidiendo que se las coman otros; lo que para ellos es indudablemente malo.

Una novela dotada de una comicidad efectiva, con acotaciones en las que se habla del propio texto o en las que Malry conversa con el narrador, pero que, como en Los desafortunados, no duda en introducir la sombra de la enfermedad y de la muerte; también, como en aquel libro, esa muerte proviene del cáncer. Os dejo con el inicio:

Christie Malry era una persona ingenua.
No le había llevado mucho tiempo comprender que el dinero no constaba en su origen; que por lo tanto tendría que procurárselo de la mejor manera posible; que procurárselo con métodos que la sociedad consideraba delictivos acarreaba sanciones desagradables (y para él inaceptables); que había otros métodos que la sociedad (algo arbitrariamente) no consideraba delictivos; y que probablemente el recurso más práctico para él fuera situarse cerca del dinero, o al menos cerca de quienes lo ganaban. De modo que había resuelto convertirse en empleado bancario.
Ya les he dicho que Christie era una persona ingenua.


[Traducción de Marcelo Cohen]

Citas. 136


Ninguna carrera decente se ha basado jamás en el público y uno aprende a seguir adelante sin precedentes y sin miedo.
F. Scott Fitzgerald, El Crack-up

The Flying Swords of Dragon Gate: cartel y trailer


Cartel de Marked Man


Trailer de Anna Karenina


Con Keira Knightley, Jude Law, Aaron Taylor-Johnson, Kelly Macdonald, Matthew Macfadyen, Ruth Wilson, Domhnall Gleeson, Alicia Vikander, Olivia Williams y Emily Watson: aquí.

Cartel de The Last Stand


Vuelve el Schwarzenegger más macarra.

martes, agosto 14, 2012

En el patio, de Malcolm Braly



Malcolm Braly fue uno de los reclusos de Folson y San Quintín y, como otros autores reinsertados en la vida civil y en la literatura, escribió sobre su experiencia en las cárceles. Sin embargo esta novela, admirada por Truman Capote y Kurt Vonnegut, con epílogo del reputado Jonathan Lethem, se aparta de lo convencional en algunos aspectos. Para empezar, la narración está escrita en tercera persona. No se centra en un protagonista con el que los lectores, de algún modo, puedan identificarse, sino que hay un reparto coral, son varios los personajes a los que sigue el autor, y cada cual es más despreciable, más raro, más canalla que el resto… Por eso la impresión es extraña durante la lectura de esta novela, trenzada con precisión y con la sabiduría de quien se ha comido muchas horas tras los barrotes.

Como en una especie de Short Cuts o Vidas cruzadas de las penitenciarías, la narración alterna a todos esos reclusos y nos va ofreciendo un cuadro de la vida en la cárcel, de cómo se reparte el poder, de cómo unos muerden el polvo y otros sobreviven, de cómo unos esquivan a quienes quieren cogerles el culo y otros, reacios a la práctica homosexual, acaban medio enamorados de los reclusos que van de chicas. Ignoro si Braly utiliza motes reales o si se los inventó para el libro; en cualquier caso, me asombra la riqueza y la originalidad de los apodos de los personajes: Hielo, Caramelito, Sociedad Rojo, Palo, Gasolino, Flaco Higiénico… Para un análisis riguroso, recomiendo no perderse el epílogo de Lethem. Un fragmento:

Hielo se levantó y se dirigió a los barrotes. Extendió los brazos y los agarró con las manos, quedando de manera inconsciente en la pose clásica asociada a todos los presos, pero en la suya no había desesperación alguna, ni súplica ni desafío: los agarraba con la misma rutina que el que viaja a trabajar en autobús se coge al agarradero para no caerse. Sintió el repentino impulso de mirar hacia las estrechas franjas de luz, y se quedó contemplando los neones parpadeantes, y los fríos fluorescentes azules que marcaban el discurrir de una autopista oculta. Con esa conciencia aguzada le pareció extraño, un monstruo creado por su propia percepción, pensar en la gente que iba en los coches que pasaban por la autopista, extranjeros en una tierra lejana, solo a una milla de distancia. Aquello le recordó la primera vez que pasó de un estado a otro, de Arizona a California, cuando su madre lo llevó al oeste con la esperanza de encontrar a su padre.


[Traducción de Damià Alou]

Trailer de Grandes esperanzas


Próximamente: ¿Eres mi madre?



De Alison Bechdel. En Mondadori.

How I Spent My Summer Vacation: nuevos carteles


Vacaciones en el infierno es el título español de la nueva película protagonizada por Mel Gibson, de la que ya colgamos en este blog algunos carteles. En Estados Unidos primero se tituló How I Spent My Summer Vacation, y luego lo cambiaron por Get the Gringo. En aquel país se estrenó sólo en iTunes, supongo que por la mala fama que acompaña a Gibson. Pero en el mercado internacional, para nuestra fortuna, se estrenará en cines. En España será en octubre. Y yo no me la perderé.


Trailer de Deadfall


Con Eric Bana, Olivia Wilde, Charlie Hunnam, Sissy Spacek y Kris Kristofferson: aquí.

lunes, agosto 13, 2012

El dictador



A una película sin auténticas pretensiones políticas (The Dark Knight Rises; algo que incluso ha admitido el propio director) se le han buscado lecturas políticas de diversa índole, mientras que a la película con más pretensiones políticas de la temporada (El dictador) pocos le han hecho caso, ignorando esas lecturas, tal vez porque su envoltorio de comedia ha llevado al público a no tomarla en serio. Ocurrió algo parecido con Machete: su factura de largometraje de serie B con toques de gore y un reparto insólito que mezclaba lo más alto con lo más bajo hizo creer al público que se trataba de una chorrada, de un divertimento de su director, cuando en realidad era una de las películas con más contenido político que hemos visto en los últimos tiempos.

Viendo el tráiler de El dictador uno podría pensar, erróneamente,  que Sacha Baron Cohen y su director Larry Charles sólo arrean palos a las dictaduras de Oriente Medio. Y no es así: su crítica abarca los Estados Unidos y China, entre otros países, e incluso a las celebridades de Hollywood (resulta sano ver cómo algunos actores y actrices se han prestado a colaborar en la broma). Y no ahorra palos para lo políticamente correcto. En este sentido, véase la ácida sátira en torno a la tienda de alimentos del personaje de Anna Faris: en su local hay lavabos para lesbianas, los trabajadores que contrata pertenecen a las minorías estigmatizadas (mutilados, inmigrantes con problemas, etc), y ella misma es incapaz de discernir al dictador que hay dentro de ese tipo al que acoge en su establecimiento porque tiene el cerebro lavado con lo correcto. En una secuencia de la película el General Aladeen, camuflado como un ciudadano normal (guiño a El príncipe y el mendigo), decide tomar las riendas de la tienda de productos macrobióticos e imponer la disciplina (que no la dictadura) entre sus empleados, que se habían acostumbrado a robar, a trabajar poco y a no ordenar los productos. Por el contrario, el personaje de Faris acaba imponiendo algo de sentido común (que no democracia) al general. El resultado es una película que destruye la comedia romántica de amor al presentarnos a una pareja imposible: la dictadura y la democracia, encarnadas ambas por Baron y Faris.

El dictador, aunque es una comedia bastante bruta y divertida y constituye una afilada crítica política, se diferencia de las anteriores películas de Baron Cohen y Larry Charles en dos aspectos: ya no hay falso documental, sino ficción pura; y los dardos, puesto que muchos de ellos atañen a las dictaduras y a otros sistemas de gobierno, ya no hacen tanta pupa como en las anteriores entregas. Si en Borat y Bruno a veces se nos congelaba la sonrisa en la boca, ahora sólo podemos tener complicidad con sus autores cuando le están dando un repaso a los autoritarismos. Tampoco es la obra maestra que algunos críticos han querido ver: el director se limita a colocar la cámara aquí y allá y a cumplir sin alardes (y, aunque no lo crean, en la comedia también hay que ser muy hábil con la cámara: véase ese largo plano secuencia de Peter Sellers en el cuarto de baño de El guateque, algo que sólo hacen los grandes como Blake Edwards).  Por cierto: impecable ese discurso final que, como muchas ya han señalado, conecta la película con El gran dictador de Chaplin.   

Abbott espera, de Chris Bachelder



Alguien que me recomienda buenas lecturas me pasó las galeradas de esta novela, con la que me he divertido mucho (Libros del Asteroide la publicará en otoño). En cierta manera me ha recordado a esa película de los 80, Mr. Mom (penosamente bautizada aquí como Las locas peripecias de un señor mamá), en la que a Michael Keaton se le venía la casa encima al encargarse de sus hijos y de las labores domésticas. El protagonista de la novela, Abbott, está casado, es padre de una niña de dos años y su mujer está a punto de dar a luz a un segundo hijo: durante los tres meses previos a ese día en que nacerá el nuevo cachorro, Abbott afronta las cuitas relacionadas con su situación. Chris Bachelder, dotado de un humor fino y de una prosa ligera, ha sabido captar los tonos agridulces de la paternidad, toda esa serie de alegrías y desastres que confluyen al mismo tiempo en las vidas de quienes se convierten en padres. Un par de extractos:

Como tantos otros antes que él, Abbott descubre, después de casado, que el matrimonio es una lucha (clínicamente, una negociación) por ver cómo se reparte el Mal Humor. Un matrimonio, sobre todo un matrimonio con hijos, no puede funcionar bien si ambas partes andan de mal genio; por lo tanto, el Mal Humor es un privilegio del que no pueden gozar los dos cónyuges a la vez. ¿A quién se le permite estar de Mal Humor? Esto se convierte en una lucha cotidiana. En una Unión Perfecta, el Mal Humor se distribuye de forma ecuánime, como el cuidado de los niños o las tareas domésticas. Hay una custodia compartida del Mal Humor. Si un cónyuge se pasa todo un fin de semana rezongando, el otro puede hacerse cargo del Mal Humor entre semana. Si uno de los dos se encuentra abatido durante el desagradable período que va del día de Navidad al de Año Nuevo, el otro puede reclamar para sí el de Acción de Gracias, Pascua y el Cuatro de Julio. Sin embargo, en un matrimonio normal, uno de los miembros de la pareja tiende a adueñarse de ese estado de ánimo de forma desproporcionada.

**

Es casi imposible imaginar que uno puede no estar ahí para ver cómo crecen sus hijos. Parece fácil imaginarlo, pero si los imaginas sin ti, lo imaginas como si siguieras observando detrás de un árbol o dentro de un armario con la puerta entreabierta.


[Traducción de Ismael Attrache]

Próximamente: Los reyes de lo cool



De Don Winslow. En Mondadori.

Noah: primera imagen


Darren Aronofsky dirige esta película sobre Noé. En el reparto: Russell Crowe, Jennifer Connelly, Anthony Hopkins, Ray Winstone, Douglas Booth y Emma Watson.

Carlo Rambaldi (1925 - 2012)


Cartel de The Revenant


Al Freeman Jr. (1934 - 2012)


Red Dawn: cartel y trailer


Remake de aquel Amanecer rojo de los 80: aquí.

Mel Stuart (1928 - 2012)


viernes, agosto 10, 2012