miércoles, septiembre 28, 2011

Vivir y morir en Lavapiés: contracubierta


Una vez escribí que las ciudades se dividen en cintura para arriba y cintura para bajo. Según ese mapa sentimental, Lavapiés ocupa la ingle izquierda de Madrid, de la que me declaro desconcertado y orgulloso habitante ocasional. Pero, ¿cómo contar el barrio más poliédrico de una ciudad que tiene mil caras? ¿Cómo explicar un barrio cuyas calles son arroyos con afluentes de todas las naciones, un barrio que algunas noches se siente república y otras se proclama el Montmartre de Madrid, un barrio que solo puedes amar odiándolo un poco y todo lo contrario?
Hasta ahora, nadie lo había hecho con tanta pericia como José Ángel Barrueco en este libro, revolviendo las piezas del puzzle para convertirlas en teselas de un mosaico narrativo donde la ficción y la realidad se parecen tanto que cuesta diferenciarlas y no apetece intentarlo. Porque los personajes -con y sin nombre- reconocibles de inmediato, se cruzan con otros que se intuyen cuando caminas el barrio y levantas la vista hacia sus escuetos balcones que apenas alcanzan a enjaular las historias que enmarcan. 
Amo Lavapiés. Odio Lavapiés. Y después de leer este libro, lo conozco un poco mejor. 

CARLOS SALEM


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Las camas calientes, las reyertas rutinarias, las luces de la golfemia y el neón del Carrefour. Todo ello está en esta novela brusca y precisa, deslenguada y frontal, que viene con acordes de rock callejero y trae noche desmadejada y, con ella, la trama del barrio y sus recovecos. Hay candor en estas páginas y hay mafia, hay pícaros de acera, de mansión y de internet, y resuenan aquí y allá la voz del ganapán y la risa del descastado. Cuadro de costumbres y esbozo del natural, pero también género negro, y pulso narrativo de relato policial: con una sopesada combinación de estos ingredientes, José Ángel Barrueco ha construido una historia que se parece mucho a la épica urbana de nuestros días.

ELOY FERNÁNDEZ PORTA


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Modo de empleo: empiece por el inicio, despójese de prejuicios, acérquese a Lavapiés de vez en cuando, no haga de todo esto un juego de buenos y malos. Disfrute de un cóctel de fragmentos literarios de intenso sabor.

DAVID REFOYO