jueves, diciembre 07, 2006

Aquel grupo salvaje (La Opinión)

En aquellos tiempos en los que en mis bolsillos sólo había arañas tejiendo sus trampas, tuve que recurrir mucho a la Biblioteca Pública y a la Biblioteca Municipal de Zamora. Cada vez que sacaba un libro, y éste me gustaba, anotaba su título y su autor en una lista. La lista fue aumentando, envejeciendo, rasgándose por el uso frecuente y el tiempo. De vez en cuando la pasaba a limpio a otro folio. Un día me cansé de registrar tantos títulos. El último folio quedó en algún cajón y me dije que, en lo sucesivo, quizá me topara con esos libros, pero que no debía preocuparme tanto. Me gustaba, en las bibliotecas, coger prestados los volúmenes de la extinta Editorial Thassàlia. Se trataba de novelas negras, duras, de personajes implacables y diálogos que cortaban como navajas de barbero. Tres autores incluidos en Thassàlia me llamaron la atención, entonces: el norteamericano Jerome Charyn, el brasileño Rubem Fonseca y el exiliado en Francia, y también norteamericano, Marc Behn. Me llevé en préstamo varios de sus libros, pero no recuerdo haberlos leído todos. No me suenan las frases de Behn, pero sí sus argumentos. De Fonseca leí algunos relatos. Pero quien me fascinó fue Charyn, uno de los grandes autores de novela negra, a la altura de James Ellroy y Elmore Leonard, e incluso puede que mejor que ellos.
Han transcurrido demasiados años desde entonces, pero esos autores deambulaban por algún resquicio de la memoria, a la espera de ser incluidos en mi propia biblioteca. Por azar, en los tenderetes de la Cuesta Moyano y sus casetas repletas de joyas y de baratijas encontré un puesto en el que vendían los libros de Thassàlia a precio de saldo. Pude llevarme unos cuantos a casa, a un euro la pieza. Títulos de este trío, Charyn, Fonseca, Behn, y otro más de un autor casi inédito en España, Joe R. Lansdale. Como sé que todavía existen tres o cuatro lectores fieles al género negro y de suspense, quisiera dar unas breves pinceladas sobre ellos.
Jerome Charyn. Han reeditado varias obras suyas. Quizá sea el escritor más fácil de encontrar en librerías, de entre el grupo mencionado. Su biografía cuenta que es hijo de emigrantes judíos rusos y polacos y que se crió entre las bandas del Bronx. Así que figúrense. Sus novelas son una montaña rusa. “Ojos azules”, “Las chicas de María”, “Llamado Paraíso”, cualquiera de ellas es recomendable. De Fonseca sólo he leído relatos, pero en alguna parte cuentan que este autor dijo que un escritor debe tener el coraje de mostrar lo que la mayoría de la gente teme decir. Escritor, guionista, crítico de cine, abogado, policía, lector compulsivo (la leyenda dice que lee un libro al día): su biografía es jugosa, pero él huye de las entrevistas como si fueran la peste. Sus libros abordan la corrupción, la violencia, la escatología, el crimen. De Marc Behn acabo de leer “No pretendas saber más”, novela coral e inclasificable por la que se pasean forenses necrófilos, asesinos en serie, lesbianas, policías, fantasmas, yonquis y ninfómanas. Es un autor de culto y, hoy, poco conocido en España. Aún no sé si esa novela me ha gustado. Su estilo seco es bueno, pero creo que no estamos preparados para leer la rara mezcla de géneros y personajes dispares que él cultiva. Y luego está Lansdale. De él cogí “Mucho mojo”. Aquí tradujeron, también, “Cuando el río suena”. Lansdale es autor del cuento en el que se basa esa delicia de serie b titulada “Bubba Ho-Tep”. “Mucho mojo” es un gran libro, macabro y humorístico: la historia de dos colegas (un perdedor heterosexual blanco y un homosexual negro) que hallan el esqueleto de un niño en una casa. Thassàlia juntó a un auténtico grupo salvaje.