viernes, octubre 07, 2005

Sinfín (La Opinión)

El miércoles por la noche me invitaron al preestreno en Madrid de “Sinfín”, la segunda y muy esperada película de Manuel Sanabria y Carlos Villaverde, quienes lograron poner en pie hace años “La fiesta” mediante apenas un puñado de euros y mucha ilusión y voluntad. Se proyectó en la sala más grande de Kinépolis, abarrotada de fans, de famosos y de zamoranos. Había músicos (los de La Sonrisa de Julia y Los Sinsong, entre otros), productores de cine (Andrés Vicente Gómez) y de música (Nigel Walker), actores que aparecen en la película (Armando del Río, Nancho Novo, Javier Aller, Jorge Sanz, Carlos Iglesias, “El Sevilla”, Dani Martín y la escultural Ana Álvarez) o que no aparecen en ella (algunos actores de “La fiesta”, o Janfri Topera, al que recordarán por “El milagro de P. Tinto” y “La gran aventura de Mortadelo y Filemón”). También vi otros rostros más o menos célebres a los que no fui capaz de asignar un nombre. Pero, sobre todo, fue indiscutible el apoyo zamorano a la película, el calor de quienes son de la misma tierra, el soporte de la juventud.
“Sinfín”, a mi juicio, no defrauda las expectativas. De entrada, su banda sonora es un lujo: una sabia combinación de lo viejo y lo nuevo, con temas de Los Secretos, Loquillo, Nancho Novo, Los Rodríguez, Alaska, Los Sinsong, Dani Martín, Nacha Pop o Nacional Siete (su vocalista es el zamorano Eleuterio Fernández, “Lito”). El filme gusta porque sus directores, como advertimos en su anterior película, aportan frescura y savia nueva al cansado cine español. Entretienen, homenajean, divierten, tejen diálogos donde brillan el humor y la nostalgia. Nos hablan de los problemas de la gente que habita el peligroso filo entre la juventud y la madurez, esos hombres y mujeres que soportan el lastre del pasado y no pueden librarse de él. “Sinfín” es uno de los retratos más poderosos y verdaderos del mundo de la música, de lo que ocurre en los camerinos, en los ensayos, en la carretera: asuntos plagados siempre de rencillas, alegrías y sinsabores, polémicas y juergas. Manu Sanabria lo sabe bien porque lo ha vivido en persona, con su banda Los Sinsong. Acaso la mejor descripción sea la que ha aportado Novo a los medios: “Cuenta la historia de esa gente que se lo ha currado mucho en el mundo de la música y lo único que ha conseguido es sobrevivir, algo que no tiene nada que ver con Operación Triunfo”. Supone, por otra parte, un divertimento escuchar los diálogos de los personajes más humorísticos (los de “El Sevilla” y Javier Aller), y atender a los numerosos cameos: en ciertas escenas salen los protagonistas de “La fiesta” y zamoranos como Oscar Llorente, Raúl Delgado, Héctor Rojo, Eleuterio Fernández... Armando del Río, con su interpretación de hombre solitario de mirada herida, es la gran sorpresa de un reparto en el que cojea Dani Martín.
Pero no se dejen engañar: quien sólo sepa ver este atractivo envoltorio de buenas canciones, divertidos cameos, chistes y actores famosos, no habrá visto las verdaderas intenciones de sus autores. “Sinfín” esconde más de lo que parece. Es, en el fondo, el retrato de una generación dolorida por la edad, por los cambios, por las jóvenes caras que irrumpen con vigor en la música y en la vida y le arrebatan su puesto: recordemos que relata el regreso de una banda de cuarentones a quienes lidera un jovencito. Es el espejo de las segundas oportunidades y los amores perdidos, de la soledad y del peso insoportable del pasado. Es una película en la que la nostalgia sacude en el estómago, un cuento agridulce, amargo, cuya tristeza ha sido compensada con el humor, para que se nos deshaga un poco el nudo de la garganta.