lunes, noviembre 21, 2011

Un dios salvaje (Roman Polanski)



En Sueños de un seductor, tanto en la obra de teatro original como en la película, hay un personaje secundario (el amigo de Woody Allen) que siempre está llamando por teléfono, apartándose de la acción principal y las conversaciones para asegurarse de que sus colegas de trabajo puedan localizarlo (en esa época la gente no tenía móviles y el personaje recurre a los teléfonos fijos). Dicha situación acentuaba el tono de comedia de la historia de Woody Allen. 

En Un dios salvaje, tanto en la obra de teatro original como en la película, este recurso sirve para acentuar la tensión (y también proporciona, en la película, excelentes toques de humor): cada vez que Christoph Waltz se retira para hablar por el móvil, interrumpe la charla y a los demás personajes se les crispan los nervios. Y dicho recurso se hace más patente en la película porque vemos al actor moverse de allá para acá y la cámara, a menudo, lo acompaña hasta el rincón. Me ha parecido necesario comentarlo porque es uno de los ejes sobre los que se sostiene la obra: el tipo que antepone sus obligaciones laborales a sus obligaciones familiares da pie a que lo juzguen.

Totalmente fiel al texto original y con cuatro actores en estado de gracia (Kate Winslet, Christoph Waltz, John C. Reilly y Jodie Foster, aunque ésta última no puede evitar su tendencia al histrionismo en los últimos minutos de la película), la dirección de Roman Polanski logra que sintamos la tensión, que estemos con esos personajes en la misma casa, que riamos y nos estremezcamos con la desolación de los protagonistas, esos dos matrimonios que ponen en tela de juicio conceptos como la culpa, la responsabilidad, el castigo, la ley o la violencia. Ácida, divertidísima. Alto voltaje en sólo 79 minutos. Aunque, para mi gusto, el último plano resulta algo complaciente.

Cartel de The Expendables 2

Segundo cartel de Detachment

Un dios salvaje, de Yasmina Reza



Hemos tenido que esperar a que Roman Polanski rodara una película sobre esta obra de teatro para que alguien, en este caso Alba Editorial, publicara el texto original. Se trata de una historia que me interesaba mucho, pues en la infancia fui testigo de un episodio parecido. Primero os cuento el argumento: un niño de 11 años pega a otro; los padres de ambos se reúnen para solucionar el conflicto de manera pacífica; la charla acaba en enfrentamiento a varias bandas. Y ahora os cuento lo que yo viví, muy resumido: en el colegio, mi hermano pegó a un alumno; sus padres se reunieron para hablar con los míos a la salida de ese colegio; los hombres casi se pegan.

De modo que lo que plantea Yasmina Reza en esta obra absorbente, repleta de tensión, es universal: dos críos se pelean, o uno agrede al otro, y entonces los padres y las madres tratan de arreglarlo, y al final lo estropean porque el hombre lleva dentro un semillero de violencia o, como dice uno de los personajes, estamos gobernados por un dios salvaje (aunque yo no creo en dioses, la frase me gusta). Lo que impera en muchos casos es la ley de la selva. Y ése es uno de los temas que plantea la autora. Ya en la obra Arte uno de los personajes pronunciaba una frase vital para el teatro: Tú has creado las condiciones del conflicto. En el teatro que me gusta siempre hay un conflicto. A partir de ahí, todo se desborda, todo se embarulla y todo se desmorona. Lo más interesante de Un dios salvaje, además de los dardos que se lanzan los protagonistas y de cómo Reza los retrata sin apenas acotaciones, es el cruce de trifulcas entre ellos. Los personajes son Michel & Veronique y Alain & Annette. Pues cada matrimonio discute entre sí, y discute con el otro, y entre las dos parejas se multiplican las acusaciones. La autora se aparta de lo políticamente correcto para ofrecernos sentencias que a veces duelen. Un fragmento:

ANNETTE: Si tú no sientes remordimientos, ¿por qué pretendes que nuestro hijo los sienta?

MICHEL: Voy a seros sincero, estoy hasta los mismísimos de todas estas disquisiciones estúpidas. Hemos querido ser simpáticos con vosotros, hemos comprado flores, mi mujer me ha presentado como un tipo abierto, progresista… pero la verdad es que tengo muy poco control sobre mí mismo, soy un auténtico visceral.

ALAIN: Todos lo somos.

VERONIQUE: No, no. Lo siento, no todos somos viscerales.

ALAIN: Vale. Tú, no.

MICHEL: Claro que no, darling, tú no, tú eres una mujer que se encuentra en lo más alto de la escala evolutiva, tú no te permites ni un solo desliz.

VERONIQUE: ¿Por qué me agredes?

MICHEL: No te agredo. Al contrario.

VERONIQUE: Sí, me agredes. Y tú lo sabes.    


[Traducción de Jordi Galcerán]

Otros carteles de In Time



domingo, noviembre 20, 2011

Trailer de Rampart


La Folie Baudelaire, de Roberto Calasso



De este libro, a ratos ameno y a ratos plomizo, pero siempre interesante y bien escrito, me ha interesado sobre todo el primer apartado, que es el que más se centra en Charles Baudelaire, uno de los malditos por excelencia. También el último de los capítulos. En medio, Calasso divaga y habla de pintores y de cuadros. Lo mejor de todo es como concilia citas, fotografías, anécdotas, historia y reproducciones de cuadros (respetando el color). Tengan cuidado porque, insisto, a veces es muy denso; no mentiré si digo que algunos tramos me han aburrido; como no soy intelectual, puedo permitirme decir estas cosas. Del primer apartado:

Para quien está rodeado y como atormentado por la desolación y el agotamiento, es difícil encontrar algo mejor que una página de Baudelaire. Prosa, poesía, poemillas en prosa, cartas, fragmentos: todo sirve. Pero, si es posible, prosa. Y, dentro de la prosa, aquella sobre los pintores. Quizá sobre los pintores hoy ignorados, de los que apenas se conoce el nombre y las pocas palabras que Baudelaire les ha dedicado. Lo observamos en su flânerie, en medio de una masa bullente, y tenemos la impresión de que un nuevo sistema nervioso se está superponiendo al nuestro y lo somete a frecuentes, mínimos golpes y heridas. Así una sensibilidad torpe y árida se ve constreñida a despertarse.


[Traducción de Edgardo Dobry]

Próximamente: Las españolas del metro Pompe


De François-Marie Banier. En Libros del Silencio.

Trailer de 21 Jump Street


Nuevos carteles de Hugo





viernes, noviembre 18, 2011

Cult movies. Películas para llevarse al Infierno, de Vicente Muñoz Álvarez



Muchos colegas del gremio (entre ellos José Ángel Barrueco, autor del epílogo a esta edición y cinéfilo empedernido) me han sugerido desde entonces compilar esas reseñas en un libro, animándome a ello, y aquí está, tres años después, el resultado: una guía de películas imprescindibles para llevarse al Infierno, abordadas desde la fascinación y el arrebato (que diría el maestro Iván Zulueta).
No son, en cualquier caso, las que yo considero las cien mejores películas de la historia (que requerirían otra lista aparte), sino las que, por una u otra razón, desde mi punto de vista, se merecen realmente el calificativo de “películas de culto”.
Tanto en la literatura como en el cine (y en todos los demás ámbitos creativos) me interesan las obras que cuestionan el mundo en que vivimos, que remueven las vísceras y las conciencias, que aceleran la sangre y el corazón, mostrando sin filtros éticos ni políticos la realidad (sin duda violenta y cruel) que el hombre ha creado.
[De la introducción de Vicente Muñoz Álvarez]

**

LOS AMANTES DE MONTPARNASSE
Jacques Becker (1958)

Descorazonadora, reivindicativa y real como la vida perra, Los amantes de Montparnasse (también conocida como Montparnasse 19), de Jacques Becker, es un biopic de los últimos días del maestro Modigliani en París, desde que conoce a la musa de su vida y sus cuadros, Jeanne Hébuterne, hasta su prematura muerte (treinta y seis años) y vergonzoso expolio artístico.
Que nadie es profeta en su tierra ya lo sabíamos, pero la frialdad con que Becker retrata el negocio (podrido) de la pintura y del arte pone los pelos de punta, en especial a los que nos dedicamos devotamente al mundo de la creación.
Un convincente Gérard Philipe en el papel de Modi y una beatífica Anouk Aimée en el de Jeanne (junto a un detestable Lino Ventura –memorable la secuencia en la que planea como un buitre sobre el pintor moribundo– y una magnética Lilli Palmer como secundarios de lujo), además de una fotografía antológica y una dirección sobria y rotunda, hacen de esta cult movie olvidada un verdadero tesoro para cinéfilos coleccionistas.

**

EL ASESINO DE MUÑECAS
Miguel Madrid (1975)

Psicotrónica, ultrabizarra y de culto donde las haya, El asesino de muñecas, de Miguel Madrid, es una de las películas más negras y extrañas del cine español de todos los tiempos, un híbrido inclasificable y marciano, fascinante y casposo, transgresor y absolutamente recomendable (y desde cierto punto de vista moderno).
A caballo entre el thriller psicopático y el cine de autor, entre el slasher y el arte y ensayo, El asesino de muñecas narra la historia de un muchacho inadaptado, travestido inocentemente por su madre de niño, con una morbosa obsesión por las muñecas y los maniquíes (curiosa fijación, por cierto, en los filmes de terror de la época).
Una envolvente y psicodélica banda sonora, un repertorio delirante de muñecas siniestras, un actor principal, David Rocha, que (nunca mejor dicho) se sale, perversiones de todo género y tipo, la siempre sensual Helga Liné (musa indiscutible del gótico setentero) y un montón de secuencias y planos enloquecidos convierten esta película casi olvidada en obra cumbre del fantaterror hispano.
Aunque la crítica (oficial) la destrozó en su día, no cabe duda de que, en su línea, estamos ante un largometraje inolvidable de culto, arrebatador y atípico por los cuatro costados.
Para ver buen Cine (en mayúsculas), nos quedamos con Trier, Peckinpah, Kubrick, Scorsese, Bergman, Fuller, Huston, Truffaut, Fellini, Buñuel, Coppola, etcétera, pero para los días dislocados y extraños alabadas sean estas joyitas.

**

CRUMB
Terry Zwigoff (1994)

Inolvidable (por lo bizarro y marciano) documental sobre la vida y milagros de Robert Crumb, uno de los dibujantes de cómic más influyentes de la escena underground norteamericana de las últimas décadas, creador de personajes inmortales de viñeta como el gato Fritz o Mr. Natural, con los que muchos crecimos.
Dirigida por Terry Zwigoff y producida por David Lynch, Crumb es una de las películas más curiosas y extrañas que he videado en los últimos tiempos, en especial por el retrato desquiciado que el director nos ofrece de la familia Crumb, Robert, sus dos hermanos y su madre, que parecen salidos de un viaje tragicómico de LSD, desquiciados, geniales e inadaptados, paradigma perfecto del fin del sueño americano.
Los fans del dibujante disfrutarán de lo lindo con esta cult movie alucinada, que desvela muchas de las obsesiones y claves de su vida y su obra, remontándose a su infancia y adolescencia y revolviendo sin pudor en sus complejos y traumas.
Un tesoro para los amantes de la contracultura y el cómic subterráneo del pasado siglo, y por supuesto para los incondicionales de Robert Crumb.


[Esta edición contiene, además de los textos y la introducción de Vicente Muñoz Álvarez, los pictogramas de Julia D. Velázquez (abajo, de muestra, uno de ellos), las ilustraciones de Miguel Ángel Moreno, la película en dvd Gritos en el pasillo, de Juanjo Ramírez, y el epílogo de un servidor]


Nuevo cartel de Goon

Próximamente: Hotel Desafío


De Iñaki Estévez. En Bohodón Ediciones.

Ayer: regalos y compras






jueves, noviembre 17, 2011

Tristessa, de Jack Kerouac



Enamorarse de una yonqui cuando uno no es adicto a las drogas y, por tanto, una y otro habitan dos mundos mentales muy diferentes, debe ser una de las más amargas clases de amor no correspondido. Y eso es lo que le ocurre al narrador de este libro, el propio Jack Kerouac: está enamorado de quien no debe, de la mexicana Tristessa, amiga del Indio y de Old Bull, sumidos todos ellos en un México donde casi podemos oler la decadencia de los cuartos que habitan y el hedor infecto de las cantinas en las que recalan los desesperados. Novela poética, con influencias del budismo que tanto le interesó a Kerouac, desprende (como ya se intuye en su título) un halo de tristeza y de melancolía (somos dos fantasmas vacíos de luz, dos espectros en un viejo edificio encantado, diáfanos, precisos, idos: llega a decir el narrador), lo que, junto a su valor histórico (las vivencias de su autor en México), convierte al texto en uno de los libros más sugerentes de la Generación Beat. La edición, estupenda, incluye ilustraciones y un póster desplegable, obra de Daniel Orviz; la traducción es de Daniel Ortiz. Extractos:

Pasan los taxis, los maleantes trazan planes en la oscuridad, las putas chasquean los dedos ofreciéndose en la noche a jovencitos que pasan y las toman al vuelo del brazo para perderse juntos en la multitud de la Casbah mexicana hacia los cuartos de la calle mayor de las putas, el flequillo caído sobre los ojos, borrachas, morenas de piernas largas vestidas de amarillo, se exhiben y menean las caderas, agarran a los chicos por la solapa y suplican –ellos se tambalean–, los polis pasan de largo como figurines invisibles bajo el manto de las aceras.

**

La pobre Tristessa continúa ahí contándome sus penas, lo corta que anda de dinero, su enfermedad, de lo mal que se sentirá por la mañana y creo captar por un instante en sus ojos un sombrío gesto de aceptación hacia mí como amante –Sólo había visto llorar una vez a Tristessa, enferma con el mono, a orillas de la cama de Old Bull, como una plañidera rezando novenas en los bancos traseros de la iglesia. Ahora se frota los ojos y señala el cielo, “Si mis amistades no me pagan” dice mirándome fijamente, “mi señor lo hará, y de sobra”.  


[Traducción de Daniel Ortiz Peñate]

Próximamente: Los placeres del condenado


De Charles Bukowski. En Visor Libros.

George Harrison: Living in the Material World



El martes pasado vi en el cine este documental de 3 horas y 35 minutos de duración en el que Martin Scorsese homenajea a George Harrison y, por añadidura, a The Beatles (su historia ocupa la mitad del metraje). Y se nota por dónde van los intereses musicales del director (algo ya evidente en los soundtracks de muchas de sus películas), porque no duda en meter planos de archivo, fotos y material audiovisual de Jimi Hendrix, Mick Jagger, Eric Clapton y Bob Dylan, entre otros.

Decía que Scorsese homenajea porque en ningún momento vemos algún lado oscuro de Harrison; primero, vale, porque produce Olivia Harrison, su mujer; y segundo porque, por todos los testimonios recogidos, es obvio que Harrison fue un tipo con un corazón de oro, alguien que se hacía querer. En el documental participan en las entrevistas: Eric Idle, Terry Gilliam, Paul McCartney, Ringo Starr, Tom Petty, Jane Birkin, Eric Clapton, Yoko Ono y Phil Spector (impagable su facha actual de figurón: peluca o pelo teñido de rubio, exceso de maquillaje, voz de cazalla, traje a rayas y una libélula de plata en la solapa), entre otros. También incluye abundantes entrevistas de archivo del propio George Harrison.

Aparte de la brillantez natural de Scorsese para ofrecernos un montaje en el que se van mezclando canciones célebres, material de archivo y múltiples fotografías y escenas de películas y demás documentos, el recorrido por todos esos años de música y desenfreno resultan fascinantes. Se ha criticado a Scorsese por no prestar demasiada atención al sexo y a las drogas en la vida del músico: yo creo que basta con sugerirlo, y él lo hace, tampoco es plan de forzar las cosas, sobre todo cuando, insisto, detrás del proyecto está la familia. Yo salí encantado del cine, satisfecho, y se me pasaron rápido las tres horas y media.     

Cartel de The Iron Lady

miércoles, noviembre 16, 2011

Tangram, de Juan Carlos Márquez


En cierta ocasión, mientras me tomaba un respiro en una terraza del Barrio Latino de París, una niña sentada a una mesa cercana sostenía en su regazo un cachorro de pastor alsaciano. Pues bien, el perro no paró de gruñirme durante la media hora escasa que permanecí en el lugar. Sé que es bastante habitual que los perros gruñan y ladren (difícilmente puede esperarse que hagan otra cosa distinta), pero allí había más de veinte personas y, mientras gruñía, el perro tenía los ojos clavados en mí. Es más, en cuanto me levanté, el chucho saltó encorajinado del regazo de la niña y, de no haberlo tenido ésta bien sujeto por una correa, a buen seguro se hubiera lanzado a por mí. Dos semanas después, una noche muy calurosa, asesiné a un pobre viejo en los Campos Elíseos; le reventé la cabeza con una piedra mientras él bebía agua de una fuente. A los pocos días dieron las imágenes del funeral por televisión: cuando vi a la niña del perro (esta vez sin perro) echándose encima del ataúd, casi se me escarcha la sangre.

**

Lloramos por hambre, por sed, por enfermedad; pero también lo hacemos para que nos hagan carantoñas o nos tomen en brazos. El resto de nuestras vidas –y disculpen de antemano la síntesis perversa– es sólo un aprendizaje para sustituir ese llanto de partida por otros reclamos: empatía, belleza, seducción, etcétera. Ese periodo posterior de aprendizaje es, sin embargo, frustrante, casi baldío, porque la mayoría no llegamos a encontrar nada tan convincente como ese llanto primigenio de bebé.

Próximamente: Cuando la lluvia no te alcanza


De Eva Márquez. En Bohodón Ediciones.
En breve saldrá a la venta el nuevo poemario de Eva Márquez. Tengo varias razones para querer leerlo:
1. Eva y yo tuvimos una etapa de amistad, otra de batalla y, finalmente, una de paz y reconciliación. Fue ella la que dio el primer paso para desenterrar el hacha porque las mujeres son, siempre, las que nos enseñan las lecciones a nosotros. Tanto ella como Ada Menéndez me escribieron para darme un poco de consuelo cuando ocurrió lo de mi madre. Ellas tuvieron ese detalle conmigo. Lo agradecí.
2. Este libro gira en torno a la hermana de Eva, atrapada en una enfermedad a la que está venciendo. Ella es la que aparece en la cubierta y en la contracubierta. Conozco esa enfermedad. Me interesan todos los puntos de vista, todos los libros que lo traten.
3. Antes de su publicación, la autora nos pidió permiso, a mí y a mis hermanos, para incluir las fotografías de dos cuadros de nuestra madre. Y, por supuesto, se lo dimos. Creo que ambas hermanas han sido muy valientes, afrontando juntas y de frente el tema del dolor.