domingo, mayo 23, 2010

Nuevo cartel de Brooklyn's Finest


El valle

Recuerdos de una excursión, en el blog de Ya lo dijo...

Primer cartel de Son of No One


Dito Montiel, director de Memorias de Queens y Fighting, prepara su siguiente película con un gran reparto: Channing Tatum, Al Pacino, Ray Liotta, Katie Holmes, Juliette Binoche y Tracy Morgan.

Cartel de L'autre Monde


Sopa de ganso


No he encontrado por la red (o no tenía la resolución suficiente para traerlo aquí) el cartel español de una de las reposiciones de este clásico. Y me gustaba más que éste de arriba.

sábado, mayo 22, 2010

Segundo cartel de The City of Your Final Destination


Una noche en la ópera


Para mi gusto, la mejor película de los Hermanos Marx junto a Sopa de ganso.

Hoy, en Madrid


viernes, mayo 21, 2010

Próximamente: Staten Island


Una novela de Arthur Nersesian. En junio, en Alpha Decay. Pincha en la foto para conocer más detalles.

Con amigos como tú, de Javier Menéndez Llamazares



POR QUÉ LOS CONSEJOS NO SIRVEN DE NADA


El gran poeta A. G. me brindó en una ocasión un excelente consejo, al que yo, como es lógico, no hice el más mínimo caso; y es que los consejos, por lo general, no sirven de nada, porque uno no los entiende más que a toro pasado. Aquella vez, yo le había llevado unas cuantas cuartillas llenas de versos, y él me reconvino con severidad:
-Nunca, y entiéndelo bien: nunca, nunca deberías dejar a nadie leer un trabajo inédito.
Lo que yo pensé, claro, fue que el escritor consagrado sabía tanto de letras como de regates, y que acababa de darme un pase de pecho para librarse del joven y molesto aprendiz.
Al día siguiente, le conté mi desgracia a un amigo. Él, que como yo, también andaba enredado con los líos del escribir y el publicar, se ofreció amablemente a leer mis poemas, darme su opinión y corregir lo que hiciera falta. Le entregué los papeles, confiado.
Una semana después, coincidimos en la librería Padre Isla, en la presentación de una nueva revista de poesía.
-¿Qué tal los poemas? ¿Había mucho que corregir? –pregunté, ansioso.
-No, bueno… en realidad sólo he hecho una corrección –confesó, entregándome un ejemplar de la revista que se presentaba, abierto por la página 25.
Allí estaban mis versos. Ciento cincuenta versos de rima libre, hablando del tiempo que huye y esas cosas de poetas. Y, en efecto, tan sólo había una enmienda: en lugar de mi nombre, aparecía el suyo, Toni Martínez.
Aquella noche comenzó a fraguarse la leyenda del “poeta aullador”, también conocido en el mundillo como
Farinelli o Antonio el de los huevos, desde entonces. La broma, en total, me salió por quince mil duros –a mil por golpe, hasta que me pararon–, y dos semanas de arresto menor. Como declaré ante el juez, lo cierto es que estoy bastante arrepentido, en especial de no haber hecho caso a Gamoneda y haber inscrito la obra en el Registro de la Propiedad Intelectual, aunque de lo que de verdad me arrepiento es de no haberle dado más fuerte a Farinelli, porque luego ya no ha habido manera de volver a encontrarlo.

jueves, mayo 20, 2010

Vinalia Trippers: envía tus colaboraciones


Participa enviando tus textos al blog de Vinalia Trippers, sin olvidar el género. Más datos: aquí.

177

Me pasan una reseña de “La manera de recogerse el pelo” en el diario Gara. Lo que han hecho es calcar, copiar algunas frases de mi blog, sin indicar la autoría ni ponerlas en cursiva ni entrecomillarlas. Añaden una de su cosecha: que el libro incorpora un dvd. Y se quedan tan anchos. Y por rellenar un espacio con mis palabras (y sin mi nombre), un tío está cobrando. Así se hace el periodismo de hoy, a veces. No es el único medio que me ha hecho la misma jugada.

Más carteles de Splice



Actos para hoy en Madrid




miércoles, mayo 19, 2010

Relatos de Kolimá. Volumen III. El artista de la pala, de Varlam Shalámov



Tercer volumen de las fascinantes historias, propias y ajenas, que Varlam Shalámov relata con su prosa directa y contundente: la vida en los campos de trabajo y en los calabozos de castigo de Kolimá. Shalámov era incapaz de vender su alma, como llega a decir al final de uno de estos relatos. Así mantuvo a salvo su dignidad, a pesar de las palizas, la nieve, el frío, el hambre, el hielo, la reclusión y el trabajo duro. En estas historias reales nos cuenta cómo iban a cortar leña entre la nieve, cómo los condenados detestaban ir a los baños a limpiarse y librarse de los piojos (porque aquello suponía largas horas de espera, y más frío, y lavarse con palanganas de agua caliente a la que habían echado trozos de hielo, entre otros inconvenientes), cómo algunos hombres intentaban fugas imposibles, cómo a algunos fugitivos se les congelaban las manos y los pies y los cirujanos se los amputaban de vuelta a los barracones, cómo el hambre empujaba a algunos individuos al canibalismo, cómo las mujeres de los presos eran violadas… Hay que comprar y leer estos volúmenes. No hay excusa. Y aún faltan tres tomos más para que sigamos deleitándonos y sufriendo con Shalámov. Un trozo:

Hay dos escuelas de instructores. La primera es de la opinión de que al arrestado hay que aturdirlo, darle en la frente sin mayor dilación. Esta escuela construye su éxito sobre la base de un rápido ataque psicológico, mazazo que le permite forzar e inhibir la voluntad del detenido antes de que este recobre el equilibrio, antes de que se haga cargo de la situación y reúna las suficientes fuerzas de espíritu. Los interrogatorios de los instructores de esta escuela empiezan la misma noche del arresto. La segunda escuela cree que la permanencia en la celda no hace más que torturar, debilitar la voluntad del detenido ante cualquier resistencia. Cuanto más tiempo pase el detenido encausado antes de encontrarse con su instructor, más ventajoso resultará para este. El arrestado se prepara para el interrogatorio, el primer interrogatorio de su vida, y pone en tensión todas sus fuerzas. Pero el interrogatorio no llega. No llega en una semana, en un mes, en dos. Todo el trabajo de destruir psíquicamente al arrestado lo hace, en vez del instructor, la propia celda.


[Traducción de Ricardo San Vicente]

Tiburón


Otro cartel y otra película ya míticos. Hay un antes y un después de Tiburón en cuanto a la relación del mundo civilizado con las playas. Creo que la vi por primera vez en el gallinero del Pompeya. Es una de mis favoritas.

Cartel de Love Ranch


Desde 1998 hasta la actualidad, Joe Pesci sólo ha intervenido en una película (El buen pastor). Ahora vuelve a hacerlo con Taylor Hackford en la dirección.

martes, mayo 18, 2010

Próximamente: La Orden del Finnegans


Una canción en la memoria, de Héctor Castilla



MADRUGADA


Son casi las tres de la madrugada
en esta ciudad donde
en los parques lo columpios se mecen
y los carteles vigilan el césped,
las papeleras, los propios columpios.

Tú, cuando son casi las tres de la madrugada,
continúas más al Norte, centrada
en todas las geografías y viendo,
quizá entre demasiado humo,
susurros, caricias, besos ajenos…

Son casi las tres de la madrugada
y enciendo un cigarrillo
para creerte cerca
y te busco con la mirada
mientras intentas hallarme con la mano
en el precioso hueco
que espero a tu izquierda.

Son casi las tres de la madrugada
en esta tierra y en el viento,
en tu forma de andar y en la lluvia,
en los amantes que se pierden
sin jardines con césped que transgredir.

Son casi las tres de la madrugada
y todo el aire y todo el agua del mundo
se agrupan en las esferas convulsas
de dos relojes separados
por la definición de la palabra distancia.

Salgo del taxi…

Salgo del taxi, respiro un pedazo de cielo azul y mientras contemplo el amontonamiento de ladrillos y ventanas que se extienden frente a mí me pregunto si puede existir algún símbolo más cristalino de la enfermedad y la muerte que un hospital. A los hospitales nadie debería ir a morir, los hombres deberían morir en guarderías porque es allí donde los conduce la ternura que se levanta en torno a ellos, como una aureola, en sus últimos instantes. El pecho se me abarrota de alacranes al acceder al edificio, apenas he entrado y ya puedo olerlo, la enfermedad también tiene un aroma, vive en los hospitales y se alimenta de gestos, el llanto desconsolado de una madre al salir de la unidad de enfermos críticos, el cansancio colgado de las pestañas de un niño que durmió toda la noche junto a su hermano, el médico que diagnostica osteosarcoma o linfoma o lupus o cualquier otro insulto con la hiriente indiferencia de quien informa de los problemas del tráfico o de la subida de los precios del pescado. He aprendido a no marearme con este fastidioso hedor, lo que no podré soportar será el olor tierno de la piel de mi madre cuando ella me abrace cuatro plantas más arriba, allí no me marearé ni sentiré náuseas sino un deseo irracional de volver a su útero, regresar a la calidez de su vientre, para que así el tiempo eche a correr hacia atrás y todo comience de nuevo.


Daniel Ruiz García, Monte Gurugú (recogido en II Antología de relatos breves)