miércoles, septiembre 06, 2017

"El mudo" y otros textos, de Carson McCullers



Tras disfrutar con El corazón es un cazador solitario, lo más adecuado es averiguar cómo Carson McCullers trazó el esquema de dicha novela, cómo creó a los personajes y fue orquestando el rumbo a seguir por este libro. "El mudo" era el título que había pensado para su obra más célebre, y por eso este texto se titula así. Es el más extenso de los ocho que conforman el volumen. En los restantes se ocupa de las obras de Isak Dinesen, que le fascinaron; de la escritura y de la soledad como sello característico de los norteamericanos; de la literatura sureña y de los autores rusos que siempre la conmovieron. El prólogo, además, es de Rodrigo Fresán. En conjunto es el complemento ideal para cualquiera de sus novelas. Aquí van algunas citas:

Este libro se completará en todas sus fases. No se dejará ningún cabo suelto y al final habrá un sentimiento de conclusión equilibrada. La idea fundamental es irónica, pero al lector no se le deja con una sensación de futilidad. La obra refleja el pasado pero también indica el futuro.

[Del texto "El mudo"]

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El amor es el puente que lleva del yo al nosotros y ahí surge una paradoja sobre el amor entre personas. Amar abre una relación nueva entre personalidad y mundo. El amante responde de una manera nueva a la naturaleza y quizá hasta escriba poesía. El amor es afirmación; hace que se responda con síes y provoca el sentimiento de una comunicación más amplia. El amor expulsa al miedo, y en la seguridad de esa unión encontramos satisfacción, valor. No tememos ya las sempiternas preguntas obsesivas: "¿Quién soy?" "¿Por qué soy yo?" "¿Adónde voy?", y, una vez que hemos expulsado al miedo, podemos ser sinceros y caritativos.

[Del texto "Soledad…, una enfermedad americana"]

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Tenemos miedo cuando nos sentimos solos. Y hay otro miedo especial que atormenta al creador cuando se le ataca durante demasiado tiempo.
Porque la función paralela de una obra de arte es ser comunicable. ¿Qué valor tiene una creación que no se puede compartir? La visión que resplandece en los ojos de un loco no nos sirve de nada a los demás. De manera que cuando un artista se encuentra con que se rechaza su creación surge el miedo de que su imaginación personal haya retrocedido a un estado solitario e incomunicable.

[Del texto "La visión compartida"]

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El principal activo de un escritor es la intuición; un exceso de hechos dificulta la intuición. Un escritor necesita saber muchas cosas, pero hay muchísimas otras que no necesita saber: necesita conocer cosas humanas, aunque no sean "sanas", según el adjetivo con que se las califica.

[Del texto "El sueño que florece (Notas sobre la escritura)"]


[Seix Barral. Traducción de José Luis López Muñoz]

Film Stars Don't Die in Liverpool: primer cartel


Trailer de The Snowman


Próximamente: The Peripheral


De William Gibson. En Roca Editorial.

Una: 4 carteles





Cartel de The Man Who Invented Christmas


lunes, septiembre 04, 2017

Elogio del bistrot, de Marc Augé



Cuando yo era joven, ir solo al bistrot era uno de los primeros gestos de independencia; era una manera de indicar que se empezaba a ser adulto.

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Necesitamos relaciones superficiales. Lo que le decimos a otra persona en una conversación suele ser más importante por el hecho de estar compartiéndolo con alguien que por su contenido. La importancia radica en que nos dirijamos a otra persona, aunque no se entere de nada, o la respuesta no aporte nada al interlocutor. Hay palabras que no dicen nada y se pronuncian a propósito; es el intercambio lo que importa.

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Si uno recorre con la mirada cualquier gran café parisino a mediodía, verá que se parece a una película de cine mudo: es un trozo de vida, contrastada y diversa, y además sin subtítulos, a menudo acompañada en cada proyección de una música invasiva, algo molesta y desacompasada, que no se adapta a ninguno de los escenarios que se proponen.

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El bistrot es el lugar en el que se mezclan los estilos, la tragedia y la comedia, palabras que no dicen nada y silencios que expresan mucho, risas escandalosas, tímidos suspiros y tristezas inexplicables.

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Si el bistrot es un espacio novelesco es, en primer lugar, porque propone a la imaginación fragmentos de historias que están sucediendo en ese momento, de las que quien quiera puede imaginarse los antecedentes o lo que va a suceder sirviéndose de la lógica o la fantasía.

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En un mundo que solo parece consagrarse a la instantaneidad y la ubicuidad, donde la consigna es alimentarse a toda prisa, engullirlo todo sin pensarlo demasiado, donde las grandes cadenas de alimentación se expanden por todo el planeta, la paradójica existencia de los bistrot puede pasar por una forma de resistencia.

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Escritores de todos los orígenes, caminad por París, en solitario o en pequeños grupos. Invadid la capital. Liberadnos de la costumbre. Liberadnos de nuestra pereza. Del miedo y del hastío. Liberadnos de la memoria y del olvido. Del presente y del pasado. Cread el futuro con palabras nuevas. También con ideas e imágenes. Devolvednos la capacidad de lanzarnos a la aventura. Que, estimulados por vuestra presencia, los y las responsables de los bistrot parisinos vuelvan a ser los guardianes del Templo y os ayuden a percibir lo insólito y degustar lo maravilloso cotidiano que celebraba Aragon en 1926. ¡Que cada uno de los bistrot que os encontréis sea uno de vuestros objetivos en esta guerra relámpago y que algunos den nombre, en calidad de fortalezas reconquistadas, a vuestras victorias de hoy y de siempre!


[Gallo Nero. Traducción de Delfín G. Marcos]

Three Billboards Outside Ebbing, Missouri: 2 carteles



Próximamente: Algo en la sangre: la biografía secreta de Bram Stoker


De David J. Skal. En Es Pop Ediciones.

Cartel de The Villainess


John Ashbery (1927 - 2017)


The Glass Castle: 3 carteles




viernes, septiembre 01, 2017

Apegos feroces, de Vivian Gornick


Que un libro cuente con el elogio de Jonathan Lethem suele ser, al menos para mí, una garantía. Y ya no digamos si firma el prólogo, como es el caso. Apegos feroces es el título de las memorias de Vivian Gornick, unas memorias que no son para nada al uso: no llega a las 200 páginas, no todo lo que cuenta es favorable para ella y su familia y suele partir de los paseos que se da con su madre por la ciudad para enlazar, por un lado, las conversaciones en las que a menudo acaban discutiendo y, por el otro, los recuerdos del pasado. La relación con su madre es el centro, el eje, sobre el que gravita el libro: de hecho, es un detalle que ya anuncia el título… hay apegos, pero no son de naturaleza suave, sino que incluyen el enfrentamiento, la aspereza. La relación con esa madre, aunque es levemente tóxica, al cabo también es gratificante. Ya lo comenta Lethem en la introducción y mi lectura lo garantiza: hay en algo en la manera de narrar de Gornick que hace que, a ratos, nos identifiquemos con ella y con esas tensiones familiares que no duda un segundo en relatar. Aquí van unos extractos:

Todas éramos criaturas de experiencias inmediatas, ninguna de nosotras postergaba la gratificación. Nettie decía que me estaba animando a sacarme partido para poder sacar buena tajada, pero de hecho era ella la que estaba enganchada a la práctica diaria de la seducción. Mi madre decía que necesitaba el amor para experimentar la vida en un plano superior, pero de hecho el luto por su amor perdido era el plano más alto de vida que ella había alcanzado. Todas nos entregábamos a nuestros placeres. Nettie quería seducir, mamá quería sufrir y yo quería leer. Ninguna de nosotras sabía cómo imponerse una disciplina que condujese a la consecución de una vida femenina ideal y corriente. Y, de hecho, ninguna de nosotras lo logró.

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Durante el segundo año de mi matrimonio, el espacio rectangular hizo su primera aparición en mi interior. Estaba escribiendo un ensayo, un artículo de crítica del doctorado que, sin previo aviso, había dado como fruto una idea, una idea radiante y bien definida. Las frases comenzaron a abrirse camino en mi interior, pugnando por salir, cada una moviéndose ágilmente para sumarse a la precedente. De pronto me di cuenta de que una imagen se había adueñado de mí: vislumbré con claridad su forma y su contorno. Las frases intentaban ocupar la forma. La imagen era la totalidad de mi pensamiento. En ese instante, sentí que me abría en canal. Mi interior se vació para dar cabida a un rectángulo de aire limpio y espacio despejado, que comenzaba en mi frente y terminaba en mis ingles. En el centro del rectángulo, sólo mi imagen, esperando con paciencia para depurarse. Experimenté gozo cuando supe que nada más podría igualarlo. Ningún "Te quiero" del mundo podría tocarlo. Dentro de aquel gozo me sentía segura y erótica, emocionada y en paz, a salvo de cualquier amenaza o influencia. Comprendí todo lo que necesitaba comprender para poder actuar, vivir, ser.

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Siempre hemos paseado, ella y yo. Ahora no siempre salimos a pasear. Ahora tampoco discutimos siempre. Ya no siempre hacemos las cosas que solíamos hacer. Ya no existe un siempre. Las rutinas comienzan a resquebrajarse. Ese resquebrajamiento tiene sus propios placeres y sorpresas. De hecho, "sorpresa" es ahora la palabra clave entre las dos. No podemos depender del cambio, pero sí de la sorpresa. Sin embargo, tampoco podemos depender siempre de ella. Esto nos tiene entretenidas.


[Sexto Piso. Traducción de Daniel Ramos Sánchez]

The Party: 2 carteles



Lady Bird: primer cartel


Professor Marston & the Wonder Women: 3 carteles




miércoles, agosto 30, 2017

Un pueblo de Oklahoma, de George Milburn


A los editores de Sajalín les debemos el descubrimiento y la recuperación de numerosos autores que, o bien aquí no estaban traducidos o no conocíamos, o bien estaban ya olvidados. Es el caso de Jean Stafford, de Ted Lewis, de Newton Thornburg, de Tom Kromer, de Charles Willeford, de James Ross o de Malcolm Braly, por citar sólo algunos de un catálogo impecable, del que tengo que presumir que me he leído todo y que no he encontrado aún nada malo o mediocre.

George Milburn es (o era) un escritor desconocido en España. Uno de esos tipos de vida breve (falleció a los 60 años), capaz de recorrerse el mapa de Estados Unidos en trenes de mercancías, colaborador de varias revistas con sus relatos y conocedor del éxito con su primer libro, Un pueblo de Oklahoma, éxito que sería efímero y que no le iba a acompañar en sus siguientes publicaciones.

A Un pueblo de Oklahoma se le atribuye cierto paralelismo con Winesburg, Ohio, porque ambas ofrecen historias en torno a una misma localidad, donde algunos personajes se cruzan y reaparecen en algunos relatos. Milburn reunió aquí 36 cuentos ambientados en ese pueblo a principios del siglo XX. Uno de los detalles que más me han llamado la atención es el tono de las historias, que ligeramente pueden ir variando desde las que contienen los frutos del racismo y la violencia hasta aquellas donde predomina el humor. Por aquí pululan un abogado al que llaman "defiendenegros", panaderos, forajidos, carniceros, un médico negro al que los blancos detestan, un contorsionista que está de paso, un indio bebedor que presume de saber hipnotizar, herreros, camareras, agricultores, hombres mutilados… Es una pequeña joya que no deberíais dejar escapar. Os dejo con el inicio del primer relato:

Hubo una época en que, en el pueblo, nadie solía preguntar a los forasteros por qué se habían marchado del lugar del que venían ni cómo es que habían acabado en Oklahoma. Pero eso fue al principio. Al cabo de un tiempo aquello cambió y empezó a hacerse lo contrario. De los recién llegados se esperaba que recorriesen las calles presentándose a los vecinos. Y así, mientras unos comentaban las costumbres locales, los otros hablaban de sus lugares de procedencia y de lo mucho que preferían nuestro pueblo.
John Parnell no lo hizo y por eso los vecinos desconfiaron de él desde el principio, en cuanto lo vieron colocar su placa de abogado junto a la escalera del edificio del First National Bank, se preguntaron qué estaría tramando. Pero nunca llegaron a saberlo con seguridad.


[Sajalín Editores. Traducción de Ana Crespo]

En Aleteia: Stephen King en el cine (y 2): Las mejores (o casi) películas basadas en su obra


The Greatest Showman: primer cartel


martes, agosto 29, 2017

Próximamente: Parpadeo


De Theodore Roszak. En Pálido Fuego.