jueves, diciembre 01, 2011

Daniel Day-Lewis en el papel de Lincoln


Foto de rodaje de Lincoln, que dirige Steven Spielberg.

Novedades Bartleby Editores


Isabel Bono: Pan comido.


Angelina Gatell: Cenizas en los labios.

Trailer de Catch .44


Agitadoras. Nº 28


Ya está en la red el número de diciembre. Entre otros muchos contenidos, incluye una reseña de las Cult movies de Vicente Muñoz Álvarez. En Agitadoras.

Nuevo cartel de Sherlock Holmes: A Game of Shadows

miércoles, noviembre 30, 2011

El otro mundo, de Hilario J. Rodríguez


No sé cómo, regresé de Chicago convertido en escritor aunque allí no había escrito una sola línea además de las críticas de cine que comenzaron a encargarme Dirigido por, Imágenes de actualidad y Abc. Sólo recuerdo que me había ido a aquella ciudad para sobrevivir. Quizás haya dado en algunas ocasiones la excusa de que quería convertirme en escritor y, para conseguirlo, necesitaba ir a América; lo cierto es que me fui a Chicago porque mi vida en España había comenzado a resquebrajarse.

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Yo no sabía qué tipo de escritor era, ni siquiera sabía si de verdad era un escritor o simplemente alguien pretendiendo serlo. Comencé a escribir en serio el día que comprendí que jamás me sentiría a gusto en ningún sitio. Vivía en Extremadura, entre personas tan distintas a mí que ni yo las entendía ni ellas me entendían. Antes me había conformado con leer, pero eso ya no era suficiente. Mi única posibilidad era escribir y hacerlo bien, todo lo bien que pudiese. Eso aumentó el peso de mis responsabilidades, me hizo sentir más inseguro.

Próximamente: Que nadie se mueva


De Denis Johnson. En Mondadori.
Nota: el año pasado dimos noticia de la próxima publicación de esta novela de Denis Johnson, el autor de la extraordinaria Hijo de Jesús, entre otros libros. Y ya está aquí la cubierta. Con traducción de Javier Calvo.

Nuevo cartel de John Carter

martes, noviembre 29, 2011

Hoy, en Madrid



Muerte y vida de Bobby Z, de Don Winslow


Dos de las novelas de Don Winslow publicadas en España tras la extraordinaria El poder del perro, a saber, El invierno de Frankie Machine y Muerte y vida de Bobby Z (tengo Salvajes aún pendiente de lectura), son menos ambiciosas, más modestas que su libro más célebre, pero igual de contundentes. En Bobby Z se aborda el tema del doble, como apunta Rodrigo Fresán en el prólogo: Tim Kearney debe suplantar a Bobby Zacharias y casi acabará creyendo que es él. Con una prosa afilada, que va al grano y abunda en diálogos, esta novela se devora en un par de sentadas y así comienza:

Así es como Tim Kearney consigue convertirse en el legendario Bobby Z.
Tim Kearney logra convertirse en Bobby Z afilando una placa de matrícula hasta dotarla del filo de una navaja y rajando con ella la garganta de un enorme Ángel del Infierno llamado Stinkdog, matándolo al instante y haciendo que un agente de la DEA llamado Ted Gruzsa se lleve una alegría al instante.
-Así será mucho más fácil convencerlo –dice Gruzsa cuando se entera, en referencia a Kearney, por supuesto, ya que, a esas alturas, ya no es posible convencer de nada a Stinkdog.


[Traducción de Eduardo G. Murillo]

Jack Kerouac en Ediciones Escalera

Visitas de la culpa

No es un ladrón ni el hielo que se agrieta, pero me desvelan sus ruidos en el tejado.
Cuando anochece, una mujer camina sobre nuestros techos de cinc. Con pasos lentos, a veces acelerados por algún acceso de ira, recorre las cubiertas, y sus sonidos regulan mi vigilia. Para los habitantes de las casas contiguas, esos pasos tienen el ritmo sosegador del agua que choca contra un acantilado.
De día permanece silenciosa en un escondite. Como a los pájaros, le subimos restos de comida, y yo le echo migas de insomnio. Al alejarnos, vemos su sombra proyectada sobre los adoquines.
Desconocemos su rostro y su idioma, y los vecinos la llaman por el nombre de una amante perdida. Esperan su regreso nocturno con mayor esperanza que quienes ofrecen unas flores a los muertos más recordados.


Francisco Javier Irazoki, Los hombres intermitentes

lunes, noviembre 28, 2011

Ken Russell (1927 - 2011)

Purgatorio



Ayer estuvimos en el Matadero, viendo Purgatorio, la obra de Ariel Dorfman que protagonizan Viggo Mortensen y Carme Elías. Disfrutamos mucho. Los dos actores, a mi juicio inmensos, permanecen sobre el escenario, solos, sin intermedios y sin más compañía y atrezzo que una cama, una mesa y dos sillas, durante dos horas menos cuarto. Me parece un lujo poder ver a una estrella como Mortensen en los escenarios de Madrid, hablando en español (con acento argentino: algo que a algunas personas les ha sorprendido; a mí no, ya había escuchado muchas de sus entrevistas en España). A Viggo lo critican a menudo por sus acentos. No estoy de acuerdo. Se trata de un actor capaz de mudar no sólo el tono, sino la voz, de una película a otra, de una película a un escenario. Si no me creen, escuchen el acento sombrío que se curran en Un método peligroso. O las diferencias entre su Alatriste y su Aragorn. Me parecía increíble que el mismo tipo que la víspera había visto en el pellejo de Freud en la peli de Cronenberg fuera el mismo actor que tuvimos a menos de un metro de distancia (estábamos en primera fila, en la parte frontal del escenario). Parecía otra persona completamente distinta, con otra voz, otros rasgos, otros movimientos... Si eso no es un actorazo, no sé qué puede serlo. 



Próximamente: Miguel Gila, vida y obra de un genio


De Juan Carlos Ortega y Marc Lobato. En Libros del Silencio.
Un libro multidisciplinar que incluye una entrañable biografía, material inédito del humorista —poemas, obras de teatro, monólogos— y un CD con sus grandes éxitos. Con la colaboración especial de: Malena Gila, Josema Yuste, Juan Marsé, Luis del Olmo, Javier Cansado, Luis M.ª Ansón y Lluís Bassat. Y el prólogo de Forges.

El paraíso de las gallinas, de Dan Lungu



Mi reseña sobre esta novela (divertida y muy recomendable) apareció en el nº 7 del suplemento El Cuaderno. Así que, en este post, me limito a dejar un fragmento del libro:

Os parecerá increíble, o igual diréis que estoy majara, pero hasta pena me daba de no ser una gallina. Tenía la sensación de que me habría gustado estar en sus circustancias, de gallina. ¡A saber por qué! Lo mismo fue el café sobre el estómago vacío… Pero en ese momento habría dado lo que fuera para que me saliera el plumón primero y las plumas luego, para acurrucarme al calorcito de la gallina clueca, para picotear, en mi pequeñez, la harina salpicada de agua, para que alguien cuidara de mí como una gallina clueca, para refugiarme cuando tronara, corre que te corre, bajo un ala de verdad, lejos de todo. Me habría encantado echarme una cabezadita con el pico entre las plumas, que todo y todos me la trajeran floja, que nadie me diera la tabarra y que no me hiciera falta la maldita pensión. Dejar de pagar el teléfono, la luz, el gas, el agua y el cable. Dejar de ir a votar. No exaltarme con las noticias. ¿Pero es que no veis lo maravillosa que es la vida de las gallinas?


[Traducción de Francisco José Marina Bravo]

El Cuaderno








Ayer empezó mi colaboración con el nuevo suplemento de La Voz de Asturias: El Cuaderno. Se trata de un suplemento cultural en el que predominan firmas de prestigio entre las que me siento honrado de estar. Mis colaboraciones serán esporádicas; calculo que habrá una o dos al mes. De arriba abajo, todas las portadas que han salido hasta ahora. El de ayer fue el nº 7, que incluye mi reseña sobre la novela El paraíso de las gallinas (del escritor rumano Dan Lungu). De momento, sólo se puede leer en papel (bajo estas líneas, una captura de mi texto). Y, de momento, El Cuaderno cuenta con perfil en Facebook y en Twitter. Desde aquí, mi agradecimiento al equipo, y especialmente a Jaime Priede.

domingo, noviembre 27, 2011

Un método peligroso


La primera sensación que tuve, justo en los créditos finales de Un método peligroso, y a pesar de las solventes interpretaciones del trío de protagonistas y de la sobria dirección de David Cronenberg (uno de mis directores favoritos), fue que me había sabido a poco. Que faltaba algo. Que el filme no era tan contundente como yo esperaba.

En las horas sucesivas, en cambio, estuve dándole vueltas a la película, desmenuzando sus hilos narrativos, analizando la precisión de su mecanismo interno. Y llegué a la conclusión de que, en realidad, es uno de los trabajos más personales y arriesgados del director canadiense. En Un método peligroso todo está bien medido, todo es contención, empezando por los actores; los enormes Viggo Mortensen y Michael Fassbender aportan la frialdad analítica y la moderación expresiva que requieren sus personajes, Freud y Jung, respectivamente; el calor y la pasión los aporta Keira Knightley, especialmente al principio, con su personaje “distorsionado” por la histeria. Se trata de una película que esconde más de lo que muestra, que sugiere en vez de enseñar, que sienta las bases de la ruptura entre aquellas dos mentes del psicoanálisis, que anuncia lo que vendrá (la sangre, la catástrofe, los totalitarismos y las guerras mundiales) mediante sueños y premoniciones y una tensión latente en los modos de ser de sus protagonistas. Algún crítico ha hablado, con acierto, de la teoría del iceberg de Hemingway.

D. C. ha construido un filme de tono teatral (no olvidemos que una de sus fuentes es la obra dramática de Christopher Hampton), contenido y preciso, con dos de los más grandes actores de nuestro tiempo y una actriz que demuestra que, bien dirigida, sabe dominar a su personaje. Los sueños, las pasiones reprimidas, lo prohibido, la culpa, el castigo, la locura y sus límites… Todos ellos son temas que Cronenberg ya había tratado, y que vuelve a tratar aquí de forma sutilísima. A pesar de sus logros, Un método peligroso me parece inferior a Una historia de violencia y Promesas del este. Pero, haga lo que haga David Cronenberg, siempre despide maestría y toques siniestros.     


Los hombres de mi almohada, de Noelia Jiménez


La apoteosis del iNovio llega cuando te regala el iPad. “¡Por Steve Jobs y todos los santos! –piensas–, ¡qué pedazo de novio tengo! ¿Cómo se ha podido gastar esta pasta en mí?, y le besuqueas mientras, entre beso y beso, veneras la pantallas sin tocarla demasiado, no vaya a ser que tus huellas dactilares mancillen pronto la virginidad inmaculada de ese oscuro objeto de deseo.
Pasada la euforia inicial de los dedos que van y vienen, haciendo moverse el mundo a su antojo –al menos el escaso trocito de mundo que cabe en las 9,7 pulgadas que pugnan por ser una ventana con vistas al universo–, vuelves a los cariñitos, a los besitos en el cuello, a la mano sobre su espalda, a las travesuras por debajo de su pantalón… y al desencanto de escuchar eso de “Va, cari…, que estoy trabajando”, mientras sospechas que la erección que intuyes bajo su vientre no es producto de tus provocaciones, sino de que ha encontrado en el foro de macqueros un nuevo gadget que llevarse al iPhone. “¿Por qué no coges el iPad un ratito? ¿Has probado ya todas las aplicaciones que recomendaban en esa revista que te compré?” Y todo sin despegar los ojos de la pantalla de su MacBook Pro, claro.
Con razón el simbolito de Jobs es una manzana. Si la pruebas te envenenas. Y lo peor es que ellos han empezado a enarbolarla como forma de darle la vuelta a la tortilla. Nos la dan a probar para expulsarnos de su paraíso. Como si, no sé cuántos siglos después, Adán quisiera reescribir la Biblia y hubiera encontrado el pecado perfecto para convertir a Eva en penitente perpetua: una manzana que cambia la piel rojiza y brillante por formas tan irresistibles y fondos tan resistentes que no hay manera de decirles no.
Y nosotras, encantadas como estamos de que por una vez en la vida la tecnología se convierta en moda y deje de ser solo un revoltijo de cables para friquis, ni siquiera nos damos cuenta de que la manzana ya está mordida. ¡Ilusas!


Trailer de My Week With Marilyn