jueves, diciembre 17, 2015

miércoles, diciembre 16, 2015

Producciones Kim Jong-Il presenta…, de Paul Fischer


Atendamos al subtítulo de este libro: "La increíble historia verdadera de Corea del Norte y el secuestro más osado de la historia". Estamos ante una obra de no ficción para la que el autor, Paul Fischer, ha hecho eso que se les da de maravilla a los norteamericanos: rebuscar entre los archivos, entrevistarse con cientos de personas, leer toda la documentación posible, analizar todos los libros sobre el tema, verse películas y documentales y darle forma casi novelística a una historia real. Aunque los hechos fueron célebres en su día, cuando se descubrió el pastel, yo no los conocía. Y la historia me ha parecido asombrosa. Es como una película de espías y dictadores, pero sucedió de verdad.

¿Y qué es lo que cuenta Producciones Kim Jong-Il presenta…? Cuenta que, cuando Kim Jong-Sung colocó al frente del Ministerio de Propaganda de Corea del Norte a uno de sus hijos, Kim Jong-Il, éste puso en marcha una maquinaria de lavado de cerebros del pueblo a través del cine. Jong-Il, cinéfilo empedernido, uno de esos tipos con una colección privada y espectacular de películas, creía que el cine podía transmitir los valores adecuados a los ciudadanos. El problema es que su cinematografía era deleznable. En cambio, sus vecinos de Corea del Sur contaban con un director que había cosechado premios y éxitos de taquilla: Shin Sang-Ok, que solía trabajar con su mujer (y posteriormente ex mujer, hasta que volvieron a casarse), la estrella Choi Eun-Hee. Los hombres de Jong-Il secuestraron a ambos, por separado. Primero trataron de persuadirlos para que adoraran a sus líderes, padre e hijo. Como no funcionó, Shin Sang-Ok estuvo prisionero durante unos años. Tras doblegarlos, tanto el cineasta como la actriz supieron que la única salida consistía en rodar películas exitosas para el ministro y escaparse en cuanto pudieran. Años después lo lograrían, pero para entonces la carrera de Sang-Ok ya no remontó, en Corea del Sur no se tragaron la historia del doble secuestro y el director se convirtió, en sus últimos años, en alguien lastrado por la amargura.

La historia, como se puede ver, es asombrosa. Y Paul Fischer, con su dominio de la estructura, convierte el libro en uno de esos reportajes de no ficción que uno devora incluso aunque pueda conocer el desenlace. Hacia el final de la lectura me quedó un poso amargo, quizá parecido al que sintió el cineasta poco después de su fuga: porque Shin Sang-Ok fue ejemplo de las vueltas que puede dar la vida, de cómo de ser una promesa puedes pasar a ser una celebridad, y luego un prisionero al que torturan, y después alguien que obtiene de nuevo el éxito (pero un éxito forzado, impuesto) al convertirse en la marioneta de una dictadura, y más tarde un fugitivo incapaz de rehacer su identidad y su carrera. En sus dos últimos años de vida incluso dejó de hablar: apenas dijo un puñado de palabras. Pero, según parece, algunas de las películas que rodó en Corea del Sur siguen siendo dignas. Un fragmento:

En Corea del Norte, el cine siempre había tenido un fin: inculcar las ideas correctas a la población. A diferencia del cine que se hacía en la Unión Soviética, visto como una herramienta para "ilustrar" a las masas, el cine norcoreano no pretendía educar, informar o mejorar el conocimiento que tenía la población de la lucha de clases a lo largo de la historia o de la importancia de la igualdad y la propiedad colectiva. Sobre todo en tiempos de Kim Jong-Il, el objetivo que perseguía el cine era inculcar en el pueblo los valores más importantes del régimen: que el Líder Supremo, Kim Il-Sung, era el hombre más importante que jamás había existido; que no había mayor virtud que la lealtad hacia su persona y hacia la "familia" nacional, y que no había raza más pura, virtuosa y valiosa que el pueblo coreano. Solamente un coreano podía ser Líder Supremo, el Sol de la Humanidad, y dado que el Líder Supremo era el Primero de Todos los Coreanos, todo lo que no fuera obediencia ciega hacia su persona era sinónimo de traición a la patria, a la raza y a la propia sangre. Seguirlo, sin embargo, significaba acceder al Paraíso de los Trabajadores.


[Turner Libros. Traducción de Ferran Esteve]

Youth: otros 2 carteles



Cartel de La corrispondenza


Mahana: primer cartel


lunes, diciembre 14, 2015

Un detective en Babilonia, de Richard Brautigan


No sé si he dicho ya en este blog que llegué tarde a Richard Brautigan. Cuando empecé a interesarme por su obra (a partir de Una mujer infortunada, que publicó Debate), ya era difícil encontrar sus novelas (en Anagrama) en las librerías. Por eso este rescate de Blackie Books, que incluye libros inéditos en España, me gusta tanto: nos ofrece la posibilidad de tener en casa la Biblioteca Brautigan, en tapa dura y con ediciones de lujo. De modo que no me pierdo uno. Y además me lo paso en grande con sus obras.

En esta novela encontramos a un personaje, C. Card (el detective del título), que se mueve entre dos mundos: los que atañen a la realidad y a la fantasía. En la realidad es un tipo que arrastra la mala suerte consigo, que no tiene un centavo en los bolsillos, que debe dinero a su casera… en suma, un pobre diablo. En sus fantasías viaja a Babilonia, donde es un hombre exitoso, rodeado de mujeres y de posibilidades, y de gestas propias de héroe… en suma, un triunfador. Al comienzo del libro, el investigador acaba de aceptar un caso, pero ni siquiera tiene balas para su pistola, ni dinero para comprarlas. La novela sigue sus pasos mientras va de aquí para allá, en una brillante parodia de la novela de detectives.

Brautigan utiliza capítulos cortos y muchos diálogos, que le confieren el ritmo preciso a la narración, rica en locuras y en disparates. Lo de menos es la trama. Lo que importa es cómo cuenta Card lo que le sucede. Cómo ve el mundo: con ironía, a pesar de sus múltiples infortunios. Aquí van dos ejemplos:

Mi patrona me resultaba una amenaza mayor que los japoneses. Todo el mundo temía que aparecieran los japoneses en San Francisco y comenzasen a subir y bajar las colinas en tranvía, pero yo me habría enfrentado a una división entera si así hubiese podido quitarme a mi patrona de encima, créanme.
-¡Dónde diablos está mi alquiler, granuja! –me gritaba desde lo alto de las escaleras, donde se encontraba su apartamento. Siempre llevaba una bata suelta que cubría un cuerpo que habría ganado el primer premio en un concurso de belleza para bloques de cemento–. ¡El país está en guerra y usted no paga ni su maldito alquiler!
Tenía una voz que hacía que Pearl Harbor pareciese una canción de cuna.
-Mañana –le mentía yo.
-¡Mañana una mierda! –contestaba gritando.

**

El sargento Rink estaba examinando muy cuidadosamente un abridor de cartas.
Levantó la vista.
-Qué agradable sorpresa –dijo.
-¿Para qué necesitas un abridor de cartas? –dije, entrando en materia–. Ya sabes que leer no es una de tus aficiones.
-¿Sigues vendiendo fotos porno? –dijo, sonriendo–. ¿Felicitaciones de Tijuana? ¿Aquellas de las damas amantes de los perros?
-No –dije–. Demasiados policías me pedían muestras. Me dejaron sin stock.    


[Blackie Books. Traducción de Kosián Masoliver]

Cartel de Anesthesia


Próximamente: Ciudad en llamas


De Garth Risk Hallberg. En Random House.

How to Be Single: 5 carteles






Joy: 2 carteles



viernes, diciembre 11, 2015

El árbol, de John Fowles


Mis comentarios sobre este ensayo se pueden leer en Playtime. Aquí os dejo varios extractos del libro:

Escabullirme entre los árboles era como desaparecer en el mismo cielo.

**

Es evidente que de niños no vemos cómo son en realidad nuestros padres, y no hay momento mejor para comprender lo que hay de falible en ellos que las ocasiones en que se equivocan y se muestran desvalidos, esa situación ineludible que nos hace poner las cosas del pasado en su sitio.

**

No hay frutos para aquellos que no podan. No hay frutos para aquellos que cuestionan el conocimiento ancestral. No hay frutos para aquellos que se esconden en árboles inexplorados, no tocados por la mano del hombre. No hay frutos para los traidores a la causa humana.

**

Mucho antes de que se inventaran las lentes y las cámaras de cine, ya teníamos los límites clavados en nuestros ojos y en nuestra mente, tanto en nuestra manera de percibir las cosas como en nuestro modo de analizar lo que percibimos: una interminable secuencia de planos cortos y un posterior salto de montaje. La perpetua necesidad de encuadrar y editar toda esa ingente materia prima que nos rodea.

**

Lo que está en verdadero peligro no es tanto la naturaleza como nuestra actitud hacia ella.

**

No es el poco saber lo que genera necesariamente la ignorancia; saber demasiado, o querer saber demasiado, puede producir el mismo resultado.

**

No planifico la escritura de mis novelas mucho más de lo que suelo planificar mis paseos por el bosque.

**

Y ese es el motivo principal por el que encuentro una clara analogía entre los árboles, el bosque, y la prosa de ficción. Todas las novelas son también, de alguna manera, un ejercicio consciente de búsqueda de la libertad, y lo son incluso cuando en esas novelas se niegue la existencia de dicha libertad.


[Impedimenta. Traducción de Pilar Adón]

Cartel de Grimsby


The Legend of Tarzan: primer cartel


En Playtime: John Fowles


El árbol: aquí

Próximamente: Roth desencadenado


De Claudia Roth Pierpont. En Random House.

Más carteles de Zoolander No. 2



jueves, diciembre 10, 2015

The BFG: primer trailer


Steven Spielberg + Roald Dahl + Walt Disney: aquí

Star Wars: The Force Awakens: 6 carteles







miércoles, diciembre 09, 2015

El periodista deportivo, de Richard Ford


Por fin he empezado a leer la trilogía de Frank Bascombe (El periodista deportivo, El Día de la Independencia y Acción de Gracias) escrita por Richard Ford, lectura que llevaba aplazando desde hace años. Recordemos que acaba de publicarse en Anagrama Francamente, Frank, el libro de relatos de Ford sobre el mismo personaje.

El periodista deportivo del título es Frank Bascombe, un hombre que dejó de escribir, como los escritores reales y ficticios que tanto le gustan a Enrique Vila-Matas, y aceptó el trabajo de colaborador en una revista de deportes. Richard Ford nos adentra en la vida de este hombre cuando ya se ha divorciado de su mujer y ha perdido a uno de sus hijos, cuando ha aceptado esa pequeña derrota de cambiar la literatura por el periodismo de provincias, cuando es un tipo que en realidad va a la deriva, en esa especie de trayectoria errática que tanto apasiona a los lectores norteamericanos (y también a mí). Es una novela sobre el desencanto, sobre aceptar unos caminos para renunciar a otros, sobre cómo unas elecciones morales o vitales pueden romper nuestra agradable rutina, dando al traste con la vida en familia.

La fuerza del libro está no en lo que le ocurre a Bascombe, sino en la voz narrativa que utiliza Ford. Es la voz narrativa de ese viejo lobo de tierra que está de vuelta de todo, que sabe bastante porque ha recibido muchas hostias y cometido algunos errores, esa voz que nos calma porque, probablemente, el hombre que hay detrás de ella está más jodido que nosotros. Y eso, de algún modo, nos consuela. En la novela hay muchas frases para apuntar y enmarcar. Termino ya y os dejo con unas cuantas:

A veces no nos hacemos adultos hasta que sufrimos una gran pérdida. Es como si la vida se convirtiera en una gigantesca ola que se nos llevara, engulléndolo todo.

**

Si hay otra cosa que se pueda aprender del periodismo deportivo es que en la vida no hay nada trascendental. Las cosas siempre vienen y se van, y eso es ley de vida. Todo lo demás es una mentira de la literatura y por eso fracasé como profesor y por eso metí mi novela en el cajón y no volví a sacarla de allí.

**

Lo que todos queremos en realidad es llegar a ese punto en el que el pasado ya no nos diga nada acerca de nosotros mismos y podamos seguir adelante.

**

Para que la vida sea más soportable y para evitar la tentación de volarse la tapa de los sesos hay que tener un mínimo sentido del decoro.

**

La verdad es que no tenía nada más que escribir, y no me da vergüenza confesarlo. Si hubiera más escritores que lo reconocieran, el mundo se ahorraría un montón de libros malos, y muchos hombres y mujeres podrían disfrutar de una existencia más feliz y productiva.

**

Durante un año conseguí continuar así, no sé cómo. Luego dejé de escribir.
No sé exactamente por qué dejé de escribir.

**

Todos tenemos un pasado. Las cosas nos salen bien o nos salen mal. Algo nos lleva a donde estamos. El pasado es algo único y totalmente intransferible. Para mí, el pasado no vale nada.

**

¿Cuál es la medida real de la amistad?
Voy a decírselo a ustedes. Es la cantidad de tiempo que uno desperdicia con las desgracias y calamidades del otro.

**

No hay nada tan alentador como saber que en alguna parte, una mujer que te gusta está pensando en ti y sólo en ti. Pero no hay nada tan hiriente como que ninguna mujer piense en ti. O peor todavía, que una mujer haya dejado de pensar en ti por culpa de tu estupidez. Es como mirar por la ventanilla de un avión y descubrir que la tierra ha desaparecido. No hay otra soledad que se le pueda comparar.

**

A mitad de camino de la vida suceden y se sufren muchas cosas: tus padres pueden morir (aunque los míos murieron hace años), tu matrimonio puede transformarse o incluso terminar, un niño puede sucumbir, tu profesión puede empezar a parecerte vana. Puedes perder toda esperanza. Cualquier cosa puede hundirte. En cambio, es difícil decir cuál es la causa, ya que, en un sentido muy importante, todo es causa de todo.

**

El éxito no sigue una línea recta hasta la cumbre. A veces las cosas no salen como uno quería y entonces hay que cambiar de enfoque. Pero no tienes que pararte y desanimarte cuando van mal dadas. Eso sería lo peor. Si me hubiera parado cuando las cosas me iban mal, me habría ido al carajo.



[Anagrama. Traducción de Isabel Núñez y José Aguirre]

Cartel de I Saw the Light


Zoolander No. 2: nuevos carteles



lunes, diciembre 07, 2015

Próximamente: Las manos de los maestros I & II


De J. M. Coetzee. En Random House.

William McIlvanney (1936 - 2015)


viernes, diciembre 04, 2015

En Playtime: Ryan Boudinot


Planos del otro mundo: aquí.


Banner de The Hateful Eight


Planos del otro mundo, de Ryan Boudinot


En breve colgaré el enlace a mi comentario sobre esta fascinante novela en Playtime, el suplemento del diario El Plural. De momento, y como es habitual, dejo aquí algunos extractos:

-[…] Sabes cómo funciona Bionet, ¿verdad?
-En realidad no. Tengo un implante provisional, más o menos. Sé que los de Urgencias recibirán una llamada por GPS si tengo un ataque al corazón.
-Exacto, así arrancó básicamente Bionet. Durante años la gente implantó chips en sus perros y gatos para que si estos salían por patas la Protectora de Animales pudiera leerlos y obtener un domicilio y un teléfono. En resumidas cuentas, así comenzó la cosa. Luego, cuando el mogollón de nacidos tras la Segunda Guerra Mundial empezó a meterse en asilos, a unos pocos se les implantó un chip con archivos que incluían sus historiales médicos completos. Mejor que llevar un brazalete con toda la información grabada a cincel. Posteriormente hubo otra oleada de innovación y estos implantes, aún extraordinariamente toscos para los niveles actuales, fueron conectados en línea mediante los rudimentarios sistemas inalámbricos y el Internet de la época. Era bastante fácil monitorizar la frecuencia cardíaca y transmitir los datos vía Internet. Luego, como has dicho, los implantes se mejoraron con software de ubicación geográfica y control de constantes vitales y ahora te atropella un camión y dos segundos después tu cuerpo llama a una ambulancia por ti. Bionet ha salvado vidas. Por eso quería ponerte al corriente. Ahora mediante los implantes podemos descargar hormonas, encimas y antígenos a distancia y poner nuestro sistema inmunitario a disposición de otras personas.

**

-[…] Llevamos años colocando en las cabezas de voluntarios implantes que les hacen oír voces en otros idiomas, captar transmisiones telefónicas, emisoras de radio. Hemos estado tratando de conectar los lóbulos frontales con Internet para que todos puedan llegar a convertirse en su propia Wikipedia o, más bien, compartir su Wikipedia con otros a quienes hayan permitido su acceso.

**

¿Y si tus pensamientos pudieran transmitir información sobre tu cuerpo a un servidor externo?

**

Señala cualquier época y te mostraré plagas, guerra, esclavitud, genocidio. Hasta los supuestos buenos tiempos estuvieron teñidos de oscuridad. No hay ninguna época de catástrofes y hostias porque la catástrofe se ha dedicado desde siempre a repartir hostias. Recibir hostias está en la naturaleza del ser humano. Y aun así, como sea, aguantamos. Y poco a poco la vida mejora. Menos mujeres mueren en un parto. La esclavitud es abolida. Los niños ya no tienen que trabajar en fábricas. La expectativa de vida aumenta…

**

En lugar de preguntar en qué clase de mundo vives, es hora de preguntar qué clase de mundo quieres.


[Pálido Fuego. Traducción de José Luis Amores]

Próximamente: La noche de los muertos vivientes


De John Russo. En Hermida Editores.

Joy: 2º cartel


The Nice Guys: primer cartel


miércoles, diciembre 02, 2015

Reflexiones sobre morir y vivir, de Mark C. Taylor


Con el subtítulo "Notas de campo desde otra parte", Mark C. Taylor, espléndido autor norteamericano del que antes de publicarse aquí este libro no tenía noticia, construye una especie de mapa autobiográfico que parte desde el momento en que está a punto de morir y, milagrosamente, vuelve a la vida. Esa circunstancia, esa tregua, le empuja a valorar las cosas desde otros puntos de vista. Su estado es el de un enfermo crónico (diabetes, cáncer, etc), el de un hombre que ha resurgido y quiere narrar los aspectos más importantes de su vida.

La estructura del libro (a medio camino entre el ensayo filosófico y la autobiografía que no renuncia a las imágenes) es la propia de un diccionario. Taylor va eligiendo palabras y desarrolla lo que cada una de ellas evoca o le trae a la memoria.

Estamos ante una obra apasionante, tanto por esa estructura que le confiere un ritmo perfecto, como por las reflexiones y los aforismos que el autor va soltando, además de toda esa carga emocional que imprime a lo que cuenta sobre la familia, la literatura, las amistades, la enfermedad, el vacío, la creatividad, el fracaso… Es una especie de diario que debe leerse poco a poco, cogiéndolo de vez en cuando para disfrutar de una o dos entradas y luego dejarlo reposar. Aquí se puede acceder a las primeras páginas. Y aquí van unos pasajes: 

Reflexiones sobre morir y vivir es el diario de viaje de toda una vida. Después de un viaje así, nada, absolutamente nada, es lo mismo. Todo debe volver a considerarse y a evaluarse. La familia, los amigos, los adversarios, los colegas, los valores, las ideas, el trabajo, el juego, el éxito y el fracaso ya no son lo que antes parecían ser. Las cosas jamás vuelven a la normalidad porque el eje del mundo se desplaza, aunque sea solo muy ligeramente, y lo que se considera normal cambia. Incluso cuando el diagnóstico es bueno, la recuperación total sigue siendo un sueño ocioso. El problema, como sospeché durante un tiempo, no es encontrar un remedio, sino aprender a vivir con la imposibilidad de curarse.

**

La vida se vive hacia delante pero se comprende hacia atrás.

**

Nada sella más la muerte que las preguntas que no puedes hacer a los que se han ido.

**

En un mundo en el que la velocidad es sagrada, ralentizar es revolucionario.

**

Cuando reduces la velocidad y te tomas tiempo para reflexionar, te das cuenta de que la velocidad en general es tan destructora como creadora. El pensamiento serio nunca puede hacerse deprisa.

**

Un día te levantas y te das cuenta de que tienes más libros en la cabeza que tiempo para escribirlos.

**

Aunque siempre es singular, la última vez se repite sin fin. A veces lo sabes, pero la mayoría de veces no. La última oportunidad, la última clase, el último libro, el último baile, la última risa, la última vez que haces el amor, la última vez que ves a tu hija o a tu hijo, la última cena. La última lección que mi madre me enseñó –no una vez, sino dos– fue la importancia de la última vez.

**

Una vez que he leído un libro, no puedo deshacerme de él, incluso si sé que nunca lo abriré de nuevo. El transcurso de mi vida puede leerse en los libros que ocupan mis estanterías: me he convertido en lo que son. Nadie más –ni las personas más cercanas a mí– comprende la historia, y sé que, cuando muera, mi biblioteca, y con ella yo, se dispersará más allá del recuerdo.

**

El escritor verdadero busca obsesivamente la frase que hará que su vida valga la pena.

**

La escritura que importa no consuela ni tranquiliza, sino que implacablemente nos convierte en lo que nos aleja.

**

La obsesión que permite –no, requiere– escribir es tanto una maldición como una bendición. Los escritores ordinarios enfrentados a una página en blanco temen que las palabras no lleguen; los escritores obsesionados temen no parar nunca. Día y noche, noche y día, las palabras no dejan descansar al escritor. Llegan cuando quieren y donde quieren, desplazando los otros pensamientos e interrumpiendo el sueño que nunca es plácido.

**

Cuando sufres una enfermedad crónica, las cosas nunca vuelven a ser normales; de hecho, finalmente te das cuenta de lo que hacía tiempo que sospechabas: no existe algo así como lo normal. La enfermedad nunca se va, nunca la reducen del todo, nunca termina. Las cosas son siempre imposibles de dominar y nunca las mantenemos bajo control. Y aun así debemos seguir adelante. La enfermedad crónica nos enseña que el desafío que la vida plantea no es encontrar un remedio, sino aprender a vivir con la imposibilidad de la curación.  

**

Tratar con una enfermedad crónica te hace ir a lugares en los que nunca has estado y te obliga a hacer cosas que nunca imaginaste que harías.

**

Nada, absolutamente nada, te prepara para las palabras: "Lo siento, tienes cáncer". Por más tiempo que haga que has previsto esta noticia, por más amablemente que se haya dicho, el mundo se detiene en el momento en que el mensaje llega. El futuro, que nunca es seguro, de repente aparece en blanco: de inmediato quedan suspendidos los planes, los proyectos y los programas. Una relación rota nunca reparada, un libro casi completado que queda inacabado, una nieta que no ha nacido y nunca se conocerá.

**

Un amigo es la persona que se queda cuando todo el mundo se ha ido. Sabe cuándo llamar y cuándo no llamar porque está suficientemente cerca para comprender el valor de la distancia. Aunque puedan pasar semanas, meses, a veces años entre las conversaciones y las visitas, cuando los amigos reconectan, parece como si el tiempo no se hubiese movido.

**

A veces, en momentos de crisis, aquellos que esperas que llamen no lo hacen, y aquellos de quien no lo esperas llaman. Cuando las cosas se estabilizan, es importante recordar quién estuvo allí y quién no.


[Ediciones Siruela. Traducción de Mar Rosàs Tosas]

Otros 2 carteles de Macbeth



Tercer cartel de Zoolander No. 2


Trumbo: nuevo cartel


martes, diciembre 01, 2015

Próximamente: La lucecita


De Antonio Moresco. En Anagrama.