viernes, mayo 04, 2018

De La investigación

El orden matemático del mundo no es sino nuestra plegaria dirigida a la pirámide del caos. Fragmentos de vida sobresalen en todas direcciones, fuera de los significados que hemos establecido como únicos, pero ¡no queremos, no queremos verlo! Mientras, lo único que existe es la estadística. El hombre racional es el hombre estadístico. ¿Será hermoso o feo el niño? ¿Le proporcionará placer la música? ¿Padecerá cáncer? El juego de dados decide acerca de todas estas variables. La estadística está ya presente en nuestra propia concepción: extrae al azar pegotes de genes a partir de los que serán creados nuestros cuerpos, es ella la que sortea nuestra muerte. La habitual disposición estadística toma decisiones respecto a todo (si encontraré a una mujer a la que amar, si alcanzaré la longevidad). Por tanto, ¿acaso también acerca de si seré o no inmortal? ¿Puede que se convierta en copartícipe de alguien a ciegas, por casualidad, de cuando en cuando, de igual modo que la belleza o la invalidez? Por lo tanto, si no existe un curso inequívoco de los acontecimientos; si la desesperación, la belleza, la alegría y la fealdad no son más que obras de la estadística, entonces nuestro conocimiento se fundamenta en esa estadística. Lo único que existe es un juego a ciegas, la eterna creación de fórmulas fortuitas. Un número infinito de Cosas se burla de nuestro afán por el Orden. Buscad y encontraréis; al fin y al cabo siempre encontraréis lo que os corresponde mientras busquéis con fervor, dado que la estadística no descarta nada, lo hace todo posible, tan solo más o menos probable. En cambio, la historia es la plasmación de los movimientos brownianos, es una danza estadística de partículas que no dejan de soñar en un mundo terrenal distinto…


Stanislaw Lem, La investigación