viernes, octubre 09, 2015

La educación de un ladrón, de Edward Bunker


En el último capítulo de estas memorias dice Ed Bunker:

Diecisiete años, seis novelas y un montón de relatos cortos sin ver publicada una sola frase. Escribir se había convertido en la única posibilidad de escapar del cenagal de mi existencia y había perseverado en ello incluso en los momentos en que la llama de la esperanza se apagaba. Y ahora, en el mismo día y en una sola llamada telefónica, recibía la noticia de que una de las revistas más prestigiosas del país y una editorial de calidad decidían publicar mi primer ensayo y mi séptima novela.

Esto es lo que distingue al escritor auténtico del escritor falso. El primero no suele rendirse, está blindado ante los fracasos y ante los golpes. Le da igual lo que digan: él sigue escribiendo hasta que perfecciona su técnica y va logrando un estilo.

Edward Bunker pasó media vida en reformatorios, calabozos y prisiones de máxima seguridad. En la cárcel empezó a leer y a interesarse por la literatura, tratando de convertirse en escritor, fijándose en cómo lo hacían los grandes, probando una y otra vez hasta que dio con el tono adecuado. Antes y durante aquello participó en robos, en peleas, en desafíos a la autoridad... se saltó la condicional y estuvo períodos interminables en la cárcel…

La educación de un ladrón fue publicada por Alba en el año 2003. Es uno de esos libros cuya lectura fui aplazando una y otra vez, quizá porque ya he leído muchas obras que tratan el tema. Pero cada lectura llega cuando tiene que llegar. Ahora ya he devorado toda la ficción de Bunker y sus memorias deberían leerse después de todas esas novelas y relatos de presidiarios y delincuentes que reinciden. La educación de un ladrón probablemente sea su libro más aclamado, pero yo siento mayor debilidad por No hay bestia tan feroz (Bunker la consideraba su mejor obra). En su libro él jamás está del lado del sistema carcelario como método para reinsertarse. Al contrario: la conclusión que saca uno al final es que rehacerse de nuevo, enderezarse y tomas otros caminos dentro de la ley es cuestión de uno mismo. El propio Bunker es quien se obstina en leer y en intentar convertirse en escritor. Lo demás ya lo conocemos: salida de la cárcel, éxito de sus novelas, adaptaciones al cine, participación como secundario en Reservoir Dogs y en otras películas.

Lo más interesante del libro (es una impresión muy personal) no son las pendencias ni las relaciones de poder y de amistad y de enemistad entre los reclusos, sino esa manera de irse enderezando gracias a la literatura. La educación de un ladrón es la confidencia brutal y sin concesiones de un hombre que fue desde el fango hasta la gloria sin desfallecer jamás. Todo un ejemplo. Aquí van algunas frases del libro:

Si hay algo cierto sobre la mentalidad de un joven delincuente es su necesidad de satisfacción inmediata. El sitio es aquí y el momento es ahora. Retrasar la gratificación va en contra de su naturaleza.

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Nunca imaginé que tardaría diecisiete años y seis novelas antes de ver publicada una, la séptima. Perseveré porque me daba cuenta de que escribir era mi única manera de hacer algo creativo, de salir del pozo oscuro, de cumplir el sueño y descansar al sol.

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He ganado muchas peleas porque no me he rendido… y también he recibido algunas palizas por no saber dejarlo a tiempo.

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El mundo del preso es tan público, tan absolutamente desprovisto de intimidad, que al principio uno añora estar a solas. El tiempo difumina esta necesidad y, al final, se impone la actitud contraria: uno no se siente a gusto en solitario.


[Sajalín Editores. Traducción de Montserrat Gurguí y Hernán Sabaté]