jueves, mayo 03, 2012

Los Vengadores



Desde que empezaron a circular los carteles y los trailers de esta película pensé de inmediato en no ir a verla. De alguna manera me chirriaba: para que tantos superhéroes juntos funcionen en el cine el director debe ser muy hábil (algunos títulos de la saga X-Men, por ejemplo, merecen la pena). Y no tenía ganas de arriesgarme. En cuanto se estrenó, sin embargo, me llegaron críticas favorables: el filme, dirigido por Joss Whedon (ahí están Buffy, Ángel, Toy Story…), había satisfecho las expectativas de cinéfilos y fanáticos del cómic, y gustado a gente de cuyos gustos suelo fiarme (escritores, críticos, poetas, etcétera).

Así que fui a verla no muy convencido. Y salí encantado. Me lo pasé durante dos horas y veinte como un niño en una matinal. Aunque no llegue a los niveles de Christopher Nolan (su saga de Batman es algo muy difícil de superar), o de Richard Donner y su Superman, Los Vengadores se sitúa, para mí, en una zona donde están esas impecables adaptaciones de cómic que, no obstante, no alcanzan la categoría de obras maestras (hueco reservado a los directores que acabo de citar, junto a los que habría que poner Batman vuelve y El protegido y quizá alguna más), y entre las que coloco a Spiderman 2, X-Men o Watchmen, por mencionar unas pocas. No son obras maestras, pero tampoco les hace falta.

Lo más elogiable (y difícil) del trabajo de Whedon ha sido su habilidad para que los superhéroes no se eclipsen entre sí, para que no se note la lucha de egos entre los actores, para que siempre estén por encima del superhombre el personaje y sus sentimientos. Toda la batalla final, que alterna varias acciones a la manera del mejor George Lucas, es ejemplar. Y cuenta con un reparto de altura, del que cabría destacar el partido que le sacan Tom Hiddleston, Mark Ruffalo y, especialmente, ese ladrón de cámara que es Robert Downey Jr., siempre capaz de merendarse al resto del reparto. Y dejo para el final la baza que más me ha gustado: el saludable humor que destila la película, demostrando de nuevo que las risas y el espectáculo son una combinación explosiva.