viernes, septiembre 04, 2009

No hay truco

En “Majareta”, un divertido libro de artículos del extravagante director John Waters (un volumen difícil de encontrar, por cierto), éste cita una película de artes marciales titulada “Los maestros mutilados”. No sé si llegó a estrenarse en España. Sospecho que no, aunque el cartel me suena. En los foros de internet es más conocida por su título inglés: “The Crippled Masters”. De ella dice Waters que es “(…) un honesto filme de kárate con dos héroes, uno sin brazos, el otro sin piernas”. Durante la infancia y parte de la adolescencia vi muchísimas películas malas de karatekas. A mí me procuraron siempre más diversión que las comedias de Pajares y Esteso. Luego, en los 90, hubo una temporada en que, durante los fines de semana, ya fuera en horario matinal o nocturno, en algunos canales de televisión solían pasar varios de estos bodrios. Siempre que daba con una veía unos minutos, aunque fueran las cuatro de la madrugada. Actores pésimos y desconocidos, jóvenes con peluca gris y un par de arrugas para interpretar a ancianos, taberneros con verrugas faciales del color y el tamaño de una ciruela pasa, un malo malísimo y un protagonista que se hacía duro tras recibir cientos de palizas y ser torturado por su maestro. Un disfrute, vaya. El mejor remedio para una depresión o una de esas tardes duras y grises de domingo.
Pero, a pesar de la cantidad de morralla del género que he visto, ignoraba la existencia de “The Crippled Masters”. Y en internet es un título de culto. Jordi Costa, una enciclopedia cinematográfica ambulante, quizá el hombre mejor informado de cine y cultura popular de este país, también la citó en una de sus críticas para El País. Para las películas que ni siquiera queremos ver enteras (las de artes marciales ya no las veo de principio a fin, salvo las de Bruce Lee, que todavía me gustan), tenemos la ventaja de YouTube. En este canal hay colgados varios archivos de vídeo sobre estos “maestros mutilados”. He visto alguna escena, el combate final y dos trailers, que no tienen desperdicio porque son de lo más cutre que me he tragado nunca. En estos trailers nos lo cuentan todo. Los malos queman con ácido las piernas de un tipo, a la altura de las rodillas, y luego se las pisotean para romper los huesos. A otro le cortan los brazos con una espada. Cuando los brazos caen, se nota que son de goma. Incluso creo que los dedos rebotan al estrellarse contra el suelo. La escena es terrible, de puro cómica. Pero en el resto no hay truco: los protagonistas están mutilados de verdad. Antaño no podían servirse de ordenadores y efectos especiales para borrar las piernas digitalmente, como sucede en “Forrest Gump”. Aquí, los héroes son cojos y mancos auténticos. No hay truco, igual que no lo hubo en “Freaks”. El hombre sin piernas se maneja saltando sobre las manos. El hombre sin brazos posee un pequeño muñón en el hombro izquierdo, que le permite agarrar a sus enemigos o sujetar una vara y apalear a sus enemigos.
El final es aún más sórdido y delirante: durante la última lucha, el tío sin piernas se encarama a la espalda del tío sin brazos (no sé cómo lo hace) y así se transforman en un solo hombre dotado de cuatro extremidades y dos cabezas que vence al villano. Aconsejo buscar un par de escenas en YouTube y echarse unas risas. Los mutilados son máquinas de pelear, por cierto. Luchan mejor que Chuck Norris. Yo, mientras tanto, sigo buscando por ahí una película de mi adolescencia: “El samurai del diablo”, uno de los mayores bodrios que he visto jamás. Pero ni siquiera encuentro el título original. La fotografía de aquel filme era tan cutre que me daba la impresión de haber visto celuloide recién salido de una lavadora.