viernes, marzo 06, 2009

Memoria de Georges el amargado, de Octave Mirbeau


Aquella noche, en aquella cárcel abyecta donde había de todo, asesinos, vagabundos, ladrones, borrachos, tuve la revelación súbita de que la sociedad cultiva el crimen con incansable perseverancia y que lo cultiva mediante la miseria. Diríase que sin el crimen la sociedad no podía funcionar. Sí, en realidad, las leyes que dicta y las penas que aplica son tan sólo el caldo de cultivo de la miseria. La sociedad quiere miserables porque necesita criminales para apuntalar su dominación, para organizar su explotación. Y comprendí que quien haya sido empujado una sola vez al crimen por la necesidad de vivir, no podrá salir jamás del crimen, jamás, jamás. La sociedad le hundirá en él cada día, cada hora, más hondo, más profundamente. Es como un paseante que va por la orilla de un río, y él le tira piedras y más piedras para que desaparezca para siempre en las tinieblas del agua.
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Creo que Georges L., el hombre gris y cenizo que escribe estas memorias, es un personaje olvidado que merecía la justicia que le ha hecho Impedimenta al publicar este libro de Octave Mirbeau, fina pluma a quien también corresponde la base literaria que sirvió a Luis Buñuel para Diario de una camarera. Georges se mira al espejo y se detesta. Pero aún odia más a su mujer. Y a unos padres que lo trataron mal. Pero Georges tiene una fuerte capacidad de abstracción: se refugia dentro de sí mismo, en sus pensamientos, y ahí pasa su existencia. Sólo despierta de su letargo cuando, sospechoso de asesinato, pasa unas horas en la cárcel. Uno de esos personajes en la línea de Bartleby o Jean Dézert. En breve, un artículo sobre el tema.