Hace 2 horas
martes, abril 02, 2013
viernes, marzo 29, 2013
Hud, el salvaje, de Larry McMurtry
Quizá ya lo comenté en la reseña de La última película, el otro libro de Larry McMurtry que publicó Gallo Nero, pero tiene uno la sensación de que sus personajes habitan un mundo reducido que se desmorona. Algunos de esos personajes quieren salir del pueblo o la granja en la que viven; a otros les gustaría hacerlo, pero envejecerán o morirán antes de lograrlo; y luego están quienes se amoldan al terruño, a una vida cuya emoción más fuerte es acudir de vez en cuando a un rodeo o a una feria de ganado.
Anoto que el título original es Horseman, Pass By: en la película protagonizada por Paul Newman lo cambiaron por Hud; en España la rebautizaron como Hud, el más salvaje entre mil; y el libro, aquí, se acorta como Hud, el salvaje. El protagonista de la novela, sin embargo, es Lonnie, quien hace de narrador y vive en una granja con sus abuelos, su tío Hud y una sirvienta negra. Lonnie es un adolescente y teme a Hud, un tipo que siempre está a la defensiva, que suelta frases maliciosas y cargadas de veneno. Cuando comienza la narración el abuelo Homer recibe una noticia de ese mundo que empieza a desmoronarse: una de las vacas de su ganado ha muerto sin motivo aparente y quizá se deba a una enfermedad; de ser así, las autoridades sanitarias tendrán que sacrificar a toda la manada. Lonnie se encuentra entre varios cruces de caminos: está secretamente enamorado de la sirvienta, pero ella no le hace caso; está atrapado en una rutina que consiste en madrugones, ganado y cosechas; adora a su abuelo pero odia a Hud.
Lo más destacable de la novela, además de ese retrato de los ganaderos y de los cowboys de los años 50, es la composición de Hud, un hombre violento y furioso, alguien que sólo abre la boca para provocar o para decir maldades, tal vez porque él, en el fondo, también se encuentra atrapado en una vida sin un futuro prometedor. He encontrado algunos paralelismos entre ambas novelas: las dos comparten la misma población texana: Thalia; cada una tiene a un personaje inolvidable y manipulador, es decir, Hud y Jacy; si en La última película quedaba un cine que termina cerrando, en Hud, el salvaje, publicada con anterioridad en USA, ese cine continúa activo. Os dejo con dos frases del libro y, más abajo, un extracto: Las cosas han salido torcidas. Hay tanta mierda en este mundo que, por mucho cuidado que uno le ponga, tarde o temprano acabas metido en ella. / Poco importarían el ataúd y el maquillaje cuando estuviera a dos metros bajo tierra.
Me sentía ajeno a todo el mundo, ajeno a mí mismo también, allí tumbado sobre una lona en medio de un pastizal de vehículos. Solamente alcanzaba a oír la melodía, pero con eso bastaba: aquella canción se amoldaba a la perfección a esa noche, a la comarca y a mi estado de ánimo. Las pocas historias que los bailarines tenían que contarse ya quedaban dichas en las arrastradas letras de canciones como aquella; y su modo de vida, las pocas cosas que habían vivido y conocido, residían en esa melodía triste y estridente. A la gente de ciudad tal vez le costara creer que existieran personas tan simples como para nutrirse de tales sentimientos; pero ellos no podrían entenderlo. Allí tumbado, mientras pensaba en todo lo que me evocaba la canción, hallé algo de sosiego. Lo poco que me sabía de la letra me recordaba a Hud y a Lily por aquello del aspecto salvaje de la vida; pero, más aún, me hacía pensar en Hermy, en Buddy y en el resto de muchachos que conocía. Todos ellos buscaban algo más y sin embargo parecían obtener cada vez menos; buscaban emociones fuertes o una chica a la que cortejar, y acababan pisoteados por un toro o tirados en una cuneta. Ansiaran lo que ansiaran, al final tenían que pasarse sin ello. Terminó la canción y empezó otra, que también acabó, y entonces me levanté y volví a la oscura pista de rodeo para desatar al potro y llevármelo a su establo. Tal vez volviera luego para bailotear un poco yo también.
[Traducción de Regina López]
miércoles, marzo 27, 2013
Los artistas, de Javier Cánaves
En realidad, más que la gloria, o ya no la gloria (tan
vacía y escurridiza), sino un reconocimiento prolongado, cierto estatus que te
permita pasar por escritor, alguien que, si bien sabe que no podrá vivir
exclusivamente de sus palabras, tiene la seguridad de que sus libros serán
publicados, reseñados, comentados por sus amigos y por los que no son sus
amigos; en realidad, decía, más que este sueño de seudo-profesionalidad, uno
termina aspirando a la comodidad, una comodidad más o menos satisfecha, sin
reproches, casi humilde, o esto te empeñas en creer. En este sentido, te dices
que eres hijo de tu tiempo, pero resulta tan difícil darle la espalda a
aquellos sueños en los que te veías dando brillantes discursos en salones
repletos, firmando libros en centros comerciales, liderando nuevos y polémicos
movimientos estéticos. Cerrabas los ojos y podías leer tu nombre en los
principales suplementos culturales del país. Incluso te llegaste a imaginar
siendo entrevistado en televisión por algún intelectual mediático, la corbata
algo suelta, la sonrisa ladeada, en uno de esos programas que se emiten pasadas
las doce de la noche. Y por qué no soñar con la adaptación al cine de alguno de
tus relatos. Colaborar en el guión, codearte con actores, tal vez tener un
pequeño papel. ¿Y si un grupo de moda musicaba alguno de tus poemas? Pero
pensar este tipo de cosas, tan inconfesables tan cerca de los treinta y cinco,
no ayuda si lo que se pretende es tener un alto concepto de uno mismo, una
apariencia de dignidad de puertas adentro.
Herencia
Dolor de mandíbula
de morder hacia dentro.
Cicatrices que el agotamiento provoca
en los brazos
-también el vientre una sola vez-.
Cansancio,
palabra oleaje,
turbia, agua sucia.
Ella dice:
"Todo lo que tienes lo heredaste
de las putas de tu padre".
Y nada más.
Sentir esa antigua herencia
tan arraigada
que te perfora
y quizá explica
cierta marca entre las piernas
u hostilidad en el rostro.
Atada pues de por vida
a la miseria y las ratas
pero nunca a la mansedumbre.
Ana Vega, Asturcones. Treinta y un poetas de Asturias, de Varios Autores
de morder hacia dentro.
Cicatrices que el agotamiento provoca
en los brazos
-también el vientre una sola vez-.
Cansancio,
palabra oleaje,
turbia, agua sucia.
Ella dice:
"Todo lo que tienes lo heredaste
de las putas de tu padre".
Y nada más.
Sentir esa antigua herencia
tan arraigada
que te perfora
y quizá explica
cierta marca entre las piernas
u hostilidad en el rostro.
Atada pues de por vida
a la miseria y las ratas
pero nunca a la mansedumbre.
Ana Vega, Asturcones. Treinta y un poetas de Asturias, de Varios Autores
lunes, marzo 25, 2013
El ladrón de peras, de Felipe Zapico
ESPERANZA DE VIDA
Unas vidas se agotan casi antes de comenzar
otras van tan deprisa
que uno casi
no se entera de su fin.
Algunas esperanzas no tienen vida
muchas vidas no tienen esperanza.
El color de las recetas
alarga la monocronomía
de algunas vidas.
Hay aparatos ortopédicos del alma
que ayudan
a
dilatar la cosa
a que dure
como las pilas del conejito.
Hay vidas que se apagan
hay vidas que se arrastran
hay vidas
que no sabemos
que hacen aquí.
Hay vidas que se fueron
pero están
tan cerca
que su aliento a veces te roza la nuca.
**
CONSEJOS CONTRA LA GRIPE HUMANA
No beses
si no amas.
No des la mano
si no sientes afecto.
No des la espalda
ni a tu padre.
**
POESÍA INDIGNADA
Primero nos engañaron (y nos engañamos)
después nos pidieron sacrificios
y más sacrificios
a continuación cambiaron gobiernos con
elecciones de excepción;
donde la cosa no les ha queda como quieren
están dando golpes de estado
aparentemente incruentos
incluso avalados por
presidentes comunistas.
Un golpe de estado, de estados
que nos pondrá de cara
a la pared
que nos pondrá de rodillas
que nos pondrá
la tarjeta bancaria
entre los labios
para pagar
y
sobre todo
callar.
XIII. Parque de Ferrera
Verdaderamente es suave
la hierba para que aquí mismo
los perros devoren la garganta
a las niñas bajo la desvelada luz
de la luna.
Y si no, vendrán borrachos
a enlentecer con canciones su trompa,
a quemar con los dedos
la inmensa barbarie.
Un hombre fuma y vigila todo esto,
su rostro ha brillado un segundo
mientras la brasa arde.
Ese soy yo
hace muchísimo tiempo
que emborrona en el cuaderno cosas.
Empieza a hacer frío
pero ya ni lo siento,
al amanecer le falta el viajante
que bosteza ahora y estornuda.
Luis Miguel Rabanal, Asturcones. Treinta y un poetas de Asturias, de Varios Autores
la hierba para que aquí mismo
los perros devoren la garganta
a las niñas bajo la desvelada luz
de la luna.
Y si no, vendrán borrachos
a enlentecer con canciones su trompa,
a quemar con los dedos
la inmensa barbarie.
Un hombre fuma y vigila todo esto,
su rostro ha brillado un segundo
mientras la brasa arde.
Ese soy yo
hace muchísimo tiempo
que emborrona en el cuaderno cosas.
Empieza a hacer frío
pero ya ni lo siento,
al amanecer le falta el viajante
que bosteza ahora y estornuda.
Luis Miguel Rabanal, Asturcones. Treinta y un poetas de Asturias, de Varios Autores
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