miércoles, mayo 26, 2021

Trailer de Last Night in Soho

 


Aquí

Cartel de Juniper

 


jueves, mayo 20, 2021

Culo de gallina [Download Luis XIV]: qué es y por qué se titula así


Me dice uno de mis amigos que ha disfrutado mucho con mi librito breve, pero que debería explicar su contenido porque los lectores no saben qué se van a encontrar cuando lo ven en una librería. Tiene razón, así que voy a intentar resumirlo:

Hace muchos años me operaron de una fístula. Se necesitaron 2 cirugías para conseguir restablecerme por completo. El tema me obsesionó lo bastante como para buscar información al respecto.

Fue así como di con la célebre fístula de Luis XIV, El Rey Sol, que tantos quebraderos de cabeza le propició a él y a sus doctores: durante un año estuvieron sometiéndolo a recetas repugnantes, métodos disparatados, remedios caseros y cirugías brutales (recordemos que, entonces, no disponían de anestesia).

Su caso fue especial, “importante”, porque se trataba de curar a un monarca, y además absolutista. Para ello experimentaron con los fistulosos pobres e incluso perfeccionaron un bisturí (llamado “siringotomo”), que uno de los doctores convirtió en el Bisturí Real. La operación del Rey Sol acarreó algunos cambios en la medicina de la época.

Mi texto, partiendo de esta pequeña historia, contiene 2 voces narrativas:

“Culo de gallina” es la narración de aquel año de padecimiento de fístula del Rey Sol, que se inspira en la documentación encontrada en diarios, biografías, documentales, películas... El título proviene de la expresión que utilizaban los doctores cuando al bulto de marras le salía pus.  

“Download Luis XIV” es la narración incluida en las Notas al Pie, que conforman una especie de ‘making of’, con un comentarista entre pelmazo y cómico que va apostillando el texto central y añadiendo alguna pincelada propia de la experiencia del autor.  Y actúa como contrapunto.  

Los valientes que lo han publicado obedecen al pintoresco nombre de La Uña Rota.

Cartel de The Ice Road

 


Charles Grodin (1935 - 2021)

 


El desprecio, de Alberto Moravia

 

 

Me hallaba tan preocupado que, por aquellos días, en mi interior se había modificado incluso la imagen que hasta entonces tuve de mí mismo. Hasta aquellos momentos me había considerado un intelectual, un hombre de cultura y un escritor de teatro, género artístico, éste último, por el cual siempre había sentido una gran pasión y al que parecía ser arrastrado por una vocación innata. Esta imagen, que podríamos llamar moral, influía también en la física: me veía como un joven cuyas manifestaciones externas –delgadez, miopía, nerviosismo, palidez y abandono en el vestido– testimoniaban por anticipado la gloria literaria a la que estaba predestinado. Pero durante aquel tiempo, bajo la presión de crueles ansiedades, esta imagen tan prometedora y halagadora dejó paso a otra muy diferente: la de un pobre hombre atrapado en una patética y mezquina trampa, que no habiendo sabido resistirse al amor por su mujer se había metido en camisa de once varas, sin que pudiera saberse por cuánto tiempo estaría obligado aún a pelear contra la ansiedad mortificante de la penuria económica.

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En efecto, si juzgamos las artes desde el punto de vista de la expresión directa –y desde luego resulta incomprensible juzgarlas de otro modo–, el guionista es un artista que, aun dando lo mejor de sí a la película, al fin y al cabo no tiene el consuelo de saber que se ha expresado por sí mismo. De modo que, pese a su trabajo creador, no es otra cosa que un proveedor de hallazgos, de invenciones, de aciertos técnicos, psicológicos y literarios. A quien en definitiva concierne el uso de este material es al director, que lo hará según su genio y que se reservará la facultad de expresarse. El guionista, pues, es el hombre que permanece siempre en la sombra; que da sus mejores frutos en aras del éxito de los demás; y que, a pesar de que el éxito de la película depende en sus dos terceras partes de su trabajo, no verá nunca su nombre en los carteles publicitarios, donde aparecen destacados, en cambio, los del director, los actores y el productor.

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Ya que me había metido en una vía equivocada, había que recorrerla hasta el final. Mi voz sonaba exasperada al contestar:
-Me parece que no me ha entendido usted bien… Yo soy un escritor de teatro, Battista, no uno más en el oficio de guionista. Y este guión, por ser más que sea un guión bueno y perfecto, para mí no será más que un guión, algo, y permítame que lo diga francamente, que hago con el único propósito de ganar dinero… A los veintisiete años, sin embargo, tenemos eso que acostumbramos a llamar ideales, y mi ideal es escribir para el teatro. ¿Por qué no puedo hacerlo? Porque, hoy en día, el mundo está organizado de tal forma que nadie puede hacer lo que realmente le gustaría hacer, sino que por el contrario debe hacer lo que los demás quieren que haga… Porque siempre está el dinero de por medio, en lo que hacemos, en lo que somos, en lo que queremos ser, en nuestra profesión, en nuestras aspiraciones más elevadas y hasta en nuestras relaciones con las personas a las que apreciamos.

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¿Qué había sucedido en realidad en el momento justo en que me había tendido en la pequeña playa, en lo más hondo de la cueva? ¿Me había dormido y había soñado que estaba con la verdadera Emili en carne y hueso? ¿O bien me había dormido y había soñado que dormía y soñaba uno u otro de los dos sueños anteriores? Como en las cajas chinas, cada una de las cuales contiene en su interior otra más pequeña, la realidad parecía contener un sueño que a su vez contenía otro sueño, y así hasta el infinito.



[DeBolsillo. Traducción de Enrique Mercadal]


Supernova: 2 carteles

 



Cartel de Dear Evan Hansen

 


sábado, mayo 15, 2021

Godard, de Colin MacCabe

 

 

Godard se muestra tan ferozmente realista como Bazin: para Godard la fuerza del filme radica en su captación de lo real. Pero esta fuerza es siempre el resultado de un ángulo concreto, tanto si ese ángulo lo aporta la cámara como si es fruto del montaje. La realidad no se limita a presentarse ante nosotros por sí misma, sino que es captada por la articulación específica de la película. La tarea del realizador consiste en hallar la articulación que resulte más apropiada.

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[Cita escrita por Godard]: Si la dirección es una mirada, el montaje es un latido. La previsión caracteriza a ambos; pero lo que la una trata de prever en el espacio, el otro lo busca en el tiempo.

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Resnais y Marker eran mayores y habían experimentado como adultos la guerra y la Liberación: Marker trabajó en Travail et Culture con Bazin, y Resnais tuvo un papel decisivo en la formación cinematográfica de Bazin durante la guerra. Al igual que el propio Bazin, todos eran hombres y mujeres de izquierdas. Aunque habían hecho películas en los años cincuenta –Michel Marie selecciona el filme La pointe courte, de Agnès Varda (1954) como un ejemplo del nuevo tipo de producción que trajo consigo la Nouvelle Vague–, fue Hiroshima mon amour, de Alain Resnais (1959), el título que demostró que la Nouvelle Vague tenía una significación histórica y una categoría estética que hacía parecer Al final de la escapada como una cinta de adolescentes. Godard fue testigo del impacto que sufrió el grupo al comprobar que en el mundo del cine francés había algo más que “cinéma de qualité” y que hitchcockianos-hawksianos.

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Una de las características notables de la carrera de Godard es que nunca deja de hacer películas. Desde 1954, cuando realizó su primer corto, ha hecho un filme, si no más, casi cada año. La única ruptura en esta increíble productividad se da entre 1972 y 1974. Hay razones prácticas para ello. La prolongada recuperación y las frecuentes hospitalizaciones tras su accidente, la mudanza de París a Grenoble y la creación de nuevas estructuras mercantiles desempeñaron su papel.



[Seix Barral. Traducción de Vicente Villacampa]




Cartel de The River Runner

 


José Manuel Caballero Bonald (1926 - 2021)

 


The Protégé: primer cartel

 


Sweat: 2 carteles



 

martes, mayo 11, 2021

Una vida sin ti, de Jean Rhys

 

 

Una vida sin ti reúne cuatro novelas más bien breves de Jean Rhys. Es un volumen que a mí me ha entusiasmado, lleno de mujeres que beben en exceso, que suelen tener frío, que están cansadas y se sienten solas mientras pasan la vida en bares y en habitaciones de hotel. Aquí van unos cuantos fragmentos de cada libro:


De Viaje a la oscuridad:

En el cine olía a gente pobre, mientras por la pantalla se paseaban damas y caballeros con traje de noche y sonrisas tensas.

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Es curiosa esa sensación de no desear nada en la vida más que dormir, o al menos estar tumbado sin moverse. En esos momentos se oye el paso del tiempo como una corriente de agua.

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Mientras no pierda la esperanza uno es capaz de cualquier cosa, y por eso funciona el mundo, así consiguen que el mundo no pare de dar vueltas. Un poco de esperanza para todos. Un truco muy inteligente. Pero ¿qué ocurre cuando uno pierde la esperanza, cuando no puede más? ¿Qué ocurre entonces?


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De Cuarteto:

-¿Por qué estás triste?
-No estoy triste –contestó Marya en tono mecánico–. Estoy cansada.

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Estaba pensando: “Esta noche tengo que emborracharme. Tengo que beber hasta que no pueda tenerme en pie, hasta que no pueda ver”.


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De Después de dejar a Mr. Mackenzie:

-Me has sorprendido –se apresuró a decir Julia–, porque lo normal es que los demás te obliguen a pedir, ¿no crees?
-Sí –asintió Horsfield.
Se había ruborizado. Y, con voz airada, continuó:
-Te obligan a pedir y luego te lo niegan. Y después te explican por qué te lo han negado. Parece que eso les proporciona un placer muy sutil.
-¿Sutil? –dijo Horsfield–. En absoluto. Es un placer muy simple y primitivo.
-Es muy fácil criticar a quien no tiene nada.


_______

De Buenos días, medianoche:

No todos podemos ser felices; no todos podemos ser ricos; no todos podemos ser afortunados… Y todo sería mucho menos divertido si lo fuésemos. ¿No es así, señor Blank? El fondo negro es necesario para que resalten los colores bonitos. Alguien tiene que llorar para que otros puedan reír con más ganas. Los sacrificios son necesarios… Digamos que tiene usted el derecho místico a cortarme las piernas. Pero el derecho a ridiculizarme después, porque estoy tullida… ese creo que no lo tiene. Y ese es el derecho que más aprecia usted, ¿no es cierto? Le gusta poder despreciar a la gente a la que explota. Le deseo un montón de problemas, señor Blank. Para empezar, que su puñetero negocio se hunda. ¡Aleluya! ¿He dicho todo eso? Claro que no. Ni siquiera lo he pensado.

**

Fue entonces cuando tuve la brillante idea de matarme a beber. Había acumulado treinta y cinco libras de la herencia. Con eso bastaría.
Y lo intenté. Estaba harta de esas calles que transpiran un barro amarillo y frío, de gente hostil, de dormirme todas las noches llorando. Estaba harta de pensar y harta de recordar. Y ahora, whisky, ron, ginebra, jerez, vermut, vino con una etiqueta que dice: “
Dum vivimos, vivamus”… Beber, beber, beber… En cuanto estoy sobria vuelvo a beber. A veces me cuesta tragar. Algunos pensarán que tengo delirium tremens o algo parecido.     
Nada. Tengo que ser fuerte como un roble. Menos cuando lloro.

**

Todo el mundo habla de una vida feliz, pero la vida empieza a ser feliz cuando a uno ya no le importa estar vivo o muerto. Y a eso solo se llega después de mucho tiempo y muchas desgracias. ¿Y uno se queda ahí para siempre? Nunca.
En cuanto uno ha alcanzado ese cielo de indiferencia, lo sacan otra vez de allí. Hay que volver al infierno. Cuando uno ya ha muerto para el resto del mundo, el mundo suele rescatarlo, aunque solo sea para burlarse.

**

-A veces quiero llorar. Es la única ventaja que tenemos las mujeres sobre los hombres: que al menos podemos llorar.


[Debolsillo. Traducciones de Catalina Martínez Muñoz]

Mainstream: 2 carteles

 



Trailer de Venom: Let There Be Carnage

 

 

Aquí



Cartel de Stillwater

 


viernes, mayo 07, 2021

Reemplazo, de Tor Ulven

 

 

¿Por qué no ibas a hacerlo? ¿Por qué jamás se hace lo que se quiere? ¿Porque uno es normal? Uno no es normal, piensas. Uno carga en su interior un gran grito de aquello que debería haberse dicho pero que jamás se dice, piensas. Pues llámala. Pero primero tienes que comer algo; no, primero tienes que fumarte un cigarrillo, es más importante, y empiezas a hurgar en los bolsillos de los pantalones, de las chaquetas, de los abrigos, de los maletines y similares (mientras piensas que, si ella todavía viviese allí, podría haberte dicho enseguida el número exacto de cigarrillos que quedan y en qué sitio), hasta que por fin encuentras un paquete estrujado con un cigarrillo roto y dos intactos en el bolsillo del albornoz que llevas puesto, pero entonces vuelve a iniciarse la búsqueda, esta vez de unas cerillas o un mechero, y de nuevo tienes que hurgar en los bolsillos de los pantalones, de los abrigos, de los maletines y similares, además de en los tres bolsillos del albornoz, esta vez sin resultado alguno, por lo que inicias un registro más extenso de mesas, cajones, todo tipo de recovecos (como suele decirse), aunque todavía sin resultado.

**

[…] Abres la puerta con llave. La estampa de tu propio apartamento te hace recordar. Perdiste peso, dormías tres o cuatro horas cada noche, o no dormías en absoluto, experimentabas temblores y ataques de llanto, apenas tenías fuerzas para ir al supermercado, dentro de casa vadeabas entre el polvo, asearse suponía una tarea hercúlea, el cepillo de dientes pesaba como un martillo; era como si todo el peso de la desaparición y la muerte que cada vez iba haciéndose más probable reposase sobre un papel de lija que iba reduciéndote a la nada.

**

No lo dices, solo lo piensas, porque no hay nadie a quien puedas decirle algo así, sonaría patético, sentimental y autocomplaciente (porque implicaría que no has vuelto a ser feliz (y no has vuelto a serlo, pero eso no ayuda en el noble arte de la conversación), tras la ruptura con ella, que eres infeliz, que te lamentas), la típica frase de una de esas películas que hacen lloriquear a las mujeres, de una novela medio olvidada del siglo pasado, pero te lo puedes decir a ti mismo, y te preguntas cuántas personas se dicen a sí mismas, o simplemente piensan, esas palabras imposibles: En aquel momento era feliz, y jamás se le ocurre a nadie (a los otros, es decir, a los que son felices ahora, o a los que jamás han sido felices, ¿ni felices ni infelices?) que tal vez pueda ser verdad, que una vez (durante un breve instante) uno fue feliz, y que ya no lo es, jamás se les ocurre, porque este es el pecado que ellos, si hubiesen sido Santos Padres (algo que quizá, a su manera, son), habrían añadido como el octavo pecado mortal, junto a la Soberbia, la Envidia, la Ira, la Pereza, la Avaricia, la Gula y la Lujuria, en otras palabras, la Nostalgia; así es, piensas (para ti mismo, siempre para ti mismo), porque estas son las personas que van a construir el Futuro, un futuro que curiosamente les hace sentirse nostálgicos, lo ansían, lo añoran, van a producir su gran futuro en una agradable factoría de la felicidad, grande, aunque tampoco en exceso, el engranaje ya está en marcha, trabaja sin descanso, por eso uno no puede mirar atrás, donde solo queda el compost de los días, el estiércol, la mierda que no tiene otro propósito más que el de abonar el futuro.
[…]

**

No es pensar en la muerte. No, no es eso lo que siempre hace que sientas un dolor en primavera, una especie de dentera que se produce cuando uno bebe agua después de tomarse un caramelo de alcanfor, quizá ni siquiera sea dolor, sino pesar, desesperación, ¿por qué?, piensas, y continúas: por la vida no vivida; tampoco disgusto o angustia por el hecho de que en breve ya no vayas a vivir nada más (la muerte te horroriza menos cuanto mayor te haces), sino la sensación desasosegante de no haber vivido nada, de no haber tenido una vida real y, peor aún, de que ya es tarde para vivir algo, o quizá más bien de que lo que deberías haber vivido era algo diferente a lo que viviste en realidad, de que te has perdido algo, sin poder decir qué fue, y de que ahora es demasiado tarde, y de que de alguna forma toda tu vida ha sido una pérdida de tiempo, un intento fallido de jugar a la gallinita ciega. Pero lo peor quizá sea, piensas, la terrible sensación de que no podría, de ninguna forma sustancial, haber sido de otra manera, de que no te habría ayudado tomar otras decisiones, relacionarte con otras personas, vivir en otros lugares, ejercer otra profesión, ser marido y viudo de otra mujer, etcétera, de que una redistribución de todos estos factores no habría conllevado que el dolor que sientes en primavera (como ahora) fuese menor, al tiempo que, en realidad, detestas el invierno y te gusta la primavera, y por lo tanto eres feliz cuando llega. ¿Cómo puede ser?



[Malas Tierras. Traducción de Bente Teigen Gundersen y Mónica Sainz Serrano]

Cartel de Holler

 


Cartel de France

 


miércoles, mayo 05, 2021

El robo de la Mona Lisa. Lo que el arte nos impide ver, de Darian Leader

 

 

La mayoría de las cosas se vuelven más interesantes una vez que las hemos perdido. Podemos empezar a buscarlas y entonces, tal vez, darnos cuenta de su verdadero valor. De hecho, la civilización fabrica ciertos objetos –tales como los paraguas o los pañuelos– cuya función principal es perderse. Los loqueros, cuyas colecciones de paraguas aumentan constantemente, dirían que las cosas son en realidad un poco más complicadas. No nos damos cuenta del verdadero valor de un pañuelo cuando lo hemos perdido, sino que alcanza este valor porque lo hemos perdido. Lo valoramos, tal vez, porque ya no está ahí. Esto puede ser porque incluso una pérdida en apariencia trivial tiene el poder de evocar las grandes, dolorosas pérdidas de nuestra infancia.

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La cultura demanda que el campo visual se construya a partir de la exclusión de una imagen y cuando el elemento excluido regresa, perdemos las coordenadas que hacen real nuestro mundo.

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Lejos de ser máquinas captadoras de imágenes, los humanos nos vemos perpetuamente atrapados por ellas. Una imagen, o una pintura, es una máquina captadora de humanos.

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El lugar que la imagen de su persona ocupaba había cambiado, y así, la imagen perdió su punto de anclaje.
Algo similar le ocurrió a Nick Leeson, el hombre que hundió el banco Baring. A medida que la imagen de chico maravilla que trataba de mantener desesperadamente comenzó a disolverse, empezó a evitar el contacto visual con su propia imagen en el espejo. Lo que muestran estos ejemplos es cómo nuestra propia percepción visual de nosotros mismos depende en parte de cómo creemos que nos ven los demás. Cuando esta mirada cambia, nuestra propia imagen se pone en duda.

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La máscara está ahí no para expresar algo, sino para salvaguardar de una fuerza maligna.
De hecho, la palabra
máscara deriva de la palabra griega para amuleto, un objeto con una función protectora para atraer y absorber la influencia del mal de ojo. Como le dijo Francis Bacon a David Sylvester, el objetivo de la pintura es poner una trampa. En el sentido de una trampa para el ojo.
[…]
Adonde sea que dirijamos los ojos, hay algo que atrae nuestra mirada.
El arte, en este sentido, es desesperado. Como dijo Degas, la pintura “requiere tanta astucia como cometer un crimen”.

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¿Fue entonces el robo de la
Mona Lisa el crimen perfecto de la era moderna? Una pintura es robada y miles de personas se reúnen en un museo para ver un espacio vacío. El crimen parece anunciar muchas de las preocupaciones de los artistas visuales y de los escritores de las vanguardias: los poderes de la ausencia, el hueco detrás de la imagen, el vacío en el corazón de la civilización.

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La tensión entre una imagen pintada y el lugar en que esta imagen está albergada se vuelve así el sujeto mismo de la obra de arte.

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Y es cierto que el robo permitió y precipitó al mismo tiempo una nueva circulación de imágenes: la
Mona Lisa dejó su marco y desde ahí se dispersó en un panorama de medios de comunicación, desde caricaturas hasta dibujos y películas.  

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La historia del arte puede llegar a entenderse como la historia de encontrar diferentes formas de dejar algo fuera de una imagen.

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Este vacío evocado por la obra de arte es la razón por la que tenemos que pagar tanto dinero para poseer una. Cuando la gente se burla del mundo del arte, a menudo ridiculiza el hecho de que un objeto cotidiano o un acomodo de objetos adquiere un valor inmenso si lo firma la persona indicada.

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Cuando Piaget comenzó a investigar estas cuestiones, lo intrigaba un antiguo fenómeno. Habían colocado a su hijo de nueve meses en un sofá entre una colcha y una prenda de ropa. Cuando Piaget se quitó su reloj y lo puso bajo la colcha, el niño la levantó para destapar el objeto. Esto se repitió varias veces. Luego Piaget puso el reloj bajo la prenda de ropa, mientras su hijo observaba con atención. Pero en vez de levantar la prenda, el niño volvió a levantar la colcha otra vez. Aunque esto pueda interpretarse como un “error” de desarrollo, como si no fuera lo suficientemente mayor para entender la constancia de los objetos, uno podría argumentar por el contrario que el hijo de Piaget de hecho había comprendido lo más importante acerca del deseo: que hay una diferencia entre un objeto y el lugar que el objeto ocupa. Cuando levantó la colcha, ¿no sería que tenía como objetivo el lugar que ahora, debido al cambio de ubicación del reloj, se había vuelto su espacio vacío original? Estaba menos interesado en el reloj que en el lugar que ocupaba. Lo mismo, de hecho, que las multitudes que fueron a ver el espacio vacío en el Louvre.

**

Si los artistas comienzan a comportarse mal cuando se han hecho famosos, la comedia del artista como figura pública se mantiene por el esfuerzo mismo de lidiar con haberse vuelto tal figura. Después de todo, ¿cómo puede alguien mantenerse a la altura de una identidad que le ha sido dada por otros? Y en especial si esta identidad es su propio nombre, que se ha vuelto ahora una etiqueta o una marca de fábrica. El efecto de división que introduce esa clase de bautismo nunca es fácil de sobrellevar para un artista, no importa lo que te digan al respecto.


[Sexto Piso. Traducción de Elisa Corona Aguilar]

Cartel de Benedetta

 


Trailer de The Virtuoso

 

Aquí

lunes, mayo 03, 2021

Buffalo Soldiers, de Robert O’Connor

 

 

Ésta es la única novela que, por el momento (aunque ya han pasado casi 30 años), escribió su autor, el norteamericano Robert O’Connor. Una historia que fue llevada al cine hace tiempo con Joaquin Phoenix de protagonista, y que transcurre a finales de los 80 en una base del ejército estadounidense en Mannheim (Alemania), donde su protagonista, Ray Elwood, se dedica entre bambalinas a conseguir droga para los soldados: todo ello relatado en segunda persona del singular. Jay McInerney la definió como un cruce entre Trampa 22 y Menos que cero, es decir, los colocones de un grupo de personas en una ambiente castrense. Pero también hay algo de Jay McInerney en el libro: no sólo el ambiente de adictos y los trapicheos de sus Luces de neón (novela-símbolo de una época que alguien debería reeditar ya mismo), sino también esa narración en segunda persona que citábamos antes.

Cuando empieza Buffalo Soldiers, Ray Elwood está envuelto en problemas: un soldado al que dejó en una habitación para que se chutara ha muerto en extrañas circunstancias (no se sabe si fue un suicidio, un accidente o un asesinato); además, debe lidiar con Lee, un sargento recién llegado que se huele sus negocios sucios y está dispuesto a atraparlo con las manos en la droga; quiere seducir a Robyn, la hija de este hombre, de la que empieza a enamorarse; mantiene un vínculo de servidumbre asfixiante con el coronel Berman, un hombre obsesionado con su genealogía que lo tiene a todas horas de secretario para todo; y no falta la rivalidad con algunos de los soldados, que pueden ser una amenaza para su integridad.

Elwood atraviesa la novela como un tipo en la cuerda floja, alguien empujado a mantener equilibrios con los retos que le plantean los altos mandos, los yonquis que necesitan ser servidos puntualmente, los matones de la base militar y las mujeres a las que desea (antes de Robyn hay una prostituta): ese equilibrio entre angustioso y alucinado en el que se metía Ray Liotta hacia el final de Uno de los nuestros, cuando trataba de compaginar cocina, familia, droga y delitos.

Buffalo Soldiers, título que hace referencia a los “soldados bisonte” (los soldados negros que participaron en el ejército a partir de 1861), es una notable obra satírica cuya lectura resulta totalmente adictiva, y que nos conduce por lugares poco frecuentados en la ficción castrense, como en El sargento de hierro: es decir, entornos en los que los soldados están lejos de ser ese modelo perfecto de conducta que durante años nos hicieron creer. Tal vez de lo que se trate, tanto en el filme de Clint Eastwood como en la novela de Robert O’Connor, es de mostrar cómo el poder, a través de las jerarquías, trata de aplastar a quien, en la manada, se rebela; pero también cómo el desencanto mina la moral de los hombres, que acaban metiéndose en las drogas para encontrar el alivio que no les concede la vida castrense. Aquí van unos extractos:  

Estás destinado con la 57ª. en las afueras de Mannheim, Alemania Occidental. Es noviembre, y el mes de noviembre en Alemania te recuerda a la tristeza y la desesperación de una mujer caída en desgracia. Digamos también que sabemos de tu afición a la heroína. Quieres colocarte, y dos soldados de tu pelotón necesitan chutarse.

**

-Me va a costar conseguir unas citas como Dios manda de sus compañeros.
-Lo sé –dice el coronel Berman–. Yo también conocía a McCovey, ¿recuerdas? Pero te diré una cosa: no hay nada tan rápido como la muerte para mejorar la reputación de un hombre. Si hace falta, busca a gente que no lo conociese demasiado bien y saca las citas de lo que te digan ellos. Quiero que te pongas manos a la obra inmediatamente. Dale prioridad absoluta. Yo me quedo al cargo del resto.
-Sí, señor.

**

Stoney es tu mejor amigo, el mejor que podrías tener. Has descubierto que, a efectos censales, el ejército se divide en dos clases de personas: los Hijoputas y los Hijoputeados. Si hay algo que deseas fervientemente es no pasar a formar parte de estos últimos. Eso lo consigues desplegando un gran encanto, actuando con extrema cautela y repartiendo fármacos generosamente.


**

El ejército es una mierda, pero has descubierto que el mundo es aún peor. En el ejército, al menos, tienes algunas cosas bajo control.  



[Sajalín Editores. Traducción de Ana Crespo y Diego de los Santos]

Jesús Hilario Tundidor (1935 - 2021)

 


West Side Story: primer trailer

 

Aquí

Army of the Dead: nuevo cartel

 


Olympia Dukakis (1931 - 2021)

 


Cartel de The Misfits

 


martes, abril 27, 2021

Oscars 2021: lista completa

 


Aquí


domingo, abril 25, 2021

Los equilibristas, de David González

 

 

Acaba de publicarse el nuevo poemario de David González. No se vende en librerías ni en internet. Pero hay dos formas de conseguirlo: comprándoselo a la editora (edicionesraro@yahoo.es) o escribiendo un privado al perfil de su autor en Instagram (@davidgonzalezpoeta). Aquí van unos poemas:  

 

EL HOMBRE DE LA CICATRIZ  EN EL OJO


nunca una palabra amable:
nunca una de ánimo o de consuelo:
nunca un gesto de aprobación:
nunca uno de respeto, admiración o reconocimiento;
nunca uno tampoco de buena voluntad:
nunca un guiño un apretón de manos o un abrazo sentido:
nunca un aplauso o un sentimiento de orgullo:

siempre la cicatriz en el ojo:

hablo
de mi viejo
de quién si no:

siempre la cicatriz en el ojo:

no sabes tú
se indigna mi madre
lo mucho que tu padre

te quiere:


menos mal
suspiro para mis adentros
no quiero ni pensar entonces en cómo sería

si me odiase:




lágrimas de sangre:
charles bukowski:


**

MONEDA


una moneda
ya sea de oro, plata, cobre u otro metal
ofrece siempre
como sabes
dos posibilidades:

la cara
y la cruz:

y eso es lo que vengo mostrando en mi literatura
sin cortarme ni con un cristal además
desde hace más de veinticinco años:

la cara
y la cruz:

las dos caras de mi vida:

las dos
en especial la que menos me favorece:

cuando tengo que pagar con ella
cuando tengo que pagar con esta moneda

prefiero mil veces que nadie la acepte
a que me la devuelvan

por falsa:




con las muescas de los años:
serguei esenin:


**

LOS EQUILIBRISTAS


con un pie en el aire
inclinada hacia delante
Héléna
en precario equilibrio
en el noveno peldaño
de una escalera de doce

se esmera en aplicar
cinta selladora autoadhesiva
sobre el vapuleado techo
de nuestra casa en movimiento:

y mientras tanto
mis fuertes y enamoradas manos
cargan con la responsabilidad
de tener que sujetarle
la escalera en movimiento:

luego nos turnamos
y soy yo
el que guarda el equilibrio
y ella
la que me guarda a mí:

en el noveno peldaño
de una escalera de doce
siempre en precario equilibrio

el amor

con un pie en el aire:




yo oprimo mi corazón:
francis scott fitzgerald:


**

LA SED


te espero:
te sigo esperando:
te esperaré siempre:

como la sed

al agua fresca:



siento su ausencia:
Zelda Fitzgerald:



[Ediciones RaRo]

Próximamente: Reemplazo

 

 

De Tor Ulven. En Malas Tierras.

Cartel de North Hollywood

 


The Conjuring: The Devil Made Me Do It: primer cartel

 


miércoles, abril 21, 2021

Día del Libro: viernes, 23 de abril

 

Estaré firmando ejemplares de Miniaturas y Culo de gallina 

en Sin Tarima Libros (suscursal del Rastro y La Latina).

Cartel de Street Gang: How We Got to Sesame Street

 


Monte Hellman (1932 - 2021)​

 


lunes, abril 19, 2021

Norteamericanas ilustres, de Ben Marcus

 

 

Ben Marcus es uno de esos autores casi secretos (al menos en España) por los que unos cuantos sentimos devoción absoluta. De aperitivo ya tuvimos aquí su novela El alfabeto de fuego y su ensayo Por qué la literatura experimental amenaza con destruir la edición, a Jonathan Franzen y la vida tal y como la conocemos, dos obras que se salen de lo común y que establecen una tensión entre el lector y el poder de las palabras como no se había visto, quizá, desde Burroughs y sus teorías en torno al lenguaje-virus.

Analizar una novela tan compleja y tan repleta de sorpresas como Norteamericanas ilustres, que acaba de publicar Malas Tierras con traducción de Rubén Martín Giráldez, aumentando así el prestigio de un catálogo impecable, es una tarea que debería evitarse para no reventarle el libro al lector (o endosarle spoilers, como se dice ahora). Y, pese a esa advertencia, hay que contar algo para que sepa a qué atenerse…

Podríamos comentar, en líneas generales, que encontraremos 3 narradores que a veces se contradicen entre sí, que su trama gira en torno a una especie de nuevo culto, donde sus practicantes (unas cuantas mujeres norteamericanas) tratan de conseguir la quietud y el silencio: Las hembras silentistas son silentes fundamentalmente para sanar o impedir el clima, puesto que creen que el habla es la causa directa de las tormentas y debería reprimirse para siempre. El lenguaje se manifiesta en la novela como una especie de mal capaz de cambiar el viento, la conducta, el clima… Por ello, sus discípulos se someten a dietas estrictas y a ayunos intensivos, se introducen trapos en la boca para (entre otras cosas) purificar el habla, hacen beber Agua de Pantomima a los niños para “almacenar los detalles de la conducta”, se colocan Cascos de Vida Asistida…

El lector va asistiendo, perplejo y entusiasmado, a este desfile de anomalías propias de una novela fantástica o de ciencia ficción. A medida que pasa páginas, ese lector sabe que lo más importante, lo que le mantiene enganchado a esta novela, no son sólo esas invenciones extraordinarias, sino la habilidad de Ben Marcus para mezclar las palabras y obtener oraciones gloriosas, giros perturbadores, sentencias para copiar o subrayar. Su obsesión con la lengua nos empuja a nosotros, los lectores, a obsesionarnos también con el lenguaje. Es un paso más allá de la propuesta de Burroughs, y nos estimula para observar el idioma de un modo que nunca antes lo habíamos visto. Aquí, unos fragmentos de esos tres narradores:      

Soy consciente de que Ben Marcus, el improbable autor de este libro, aunque más conocido como mi antiguo hijo, pueda falsear o estructurar este preámbulo mío como le venga en gana: glosarlo, resumirlo o eliminar cada uno de mis comentarios. Él se ocupará de la última versión de esta especie de preámbulo a la historia de su familia, y yo no conoceré el resultado a menos que decida compartir conmigo cómo me desbarató y despadró a mayor gloria suya.

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Requisitos del sistema
Por desgracia, este libro está destinado a gente. Consideramos a la gente como zonas que resisten a la luz, errores del aire, dulces puntos de colisión. En el momento en que escribo esto, el mundo entero es la escena de un crimen: las personas comen espacio con sus cuerpos; deterioran la lluvia; el viento es masacrado cuando se mueven. En el caso de que una persona parara de moverse, dejaría de matar cielo y el mundo podría comenzar a recuperarse. Las mujeres que pretenden incrementar su Coeficiente de Clemencia deben seguir el ejemplo de mi madre y su cohorte trayendo una Nueva Quietud sobre sus personas. No deben continuar leyendo, dado que incluso la lectura es un espasmo vergonzoso del cuerpo.
Aunque este libro es para gente en general, va dirigido más concretamente a gente que se haya caído, que no pueda levantarse, a la que le duelan las manos y los ojos le escuezan, que tenga las extremidades cansadas por dentro, aunque los médicos no le encuentren nada malo.


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Los niños aprenden que repetir una palabra hace que pierda el significado, pero no saben por qué. Resumiendo: el clima en Norteamérica se da a través de una acumulación y una perturbación del idioma, la forma de viento más leve. Hablar es crear clima, suministrar viento a partir de una fuente humana y, por lo tanto, convertirse en el enemigo. Las hembras silentistas son silentes fundamentalmente para sanar o impedir el clima, puesto que creen que el habla es la causa directa de las tormentas y debería reprimirse para siempre.

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¿Acaso pedí yo ser la madre de Ben? No. ¿Sabía yo que estabas practicando sexo conmigo? Sí. ¿Lo disfruté? No. ¿Te animé a ello? No. ¿Acaso me di cuenta de que tus embestidas rampantes contra mi cuerpo deliberadamente inerte conducirían a un niño como Ben? No lo creo. ¿De quién es la culpa? Mía, por supuesto. ¿Se le puede echar la culpa a alguien más? A ti. ¿Quiero algo de ti ahora? No lo dudes, hijo de la gran puta.

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Si es malo y todavía no ha sucedido, ten por seguro que sucederá. Puedes contar los días que faltan. Total y absolutamente por tu cuenta y riesgo.

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No lo encarcelemos antes de darle la oportunidad de que se encarcele él.




[Malas Tierras. Traducción de Rubén Martín Giráldez]

Cartel de Truman & Tennessee: An Intimate Conversation

 


Cartel de Riders of Justice

 


Helen McCrory (1968 - 2021)​

 


The Dry: 2 carteles

 


martes, abril 13, 2021

Ya a la venta: Culo de gallina [Download Luis XIV]

 

 

Mi segundo nuevo libro. Editorial La uÑa RoTa. Copio de su web:

La historia de la fístula que gobernó el mundo.

El 15 de enero de 1686 Luis XIV despertó con una molestia aguda. Diagnóstico: quiste pilonidal sacrocoxigeo. A sus 47 años el Rey Sol había librado decenas de guerras, tanto en Europa como en su propio país, pero ninguna le resultaría tan atroz e implacable como esta que le sobrevino aquel día en la zona perianal y que lo atormentó durante un año entero.

José Ángel Barrueco relata con humor y conocimiento de causa los pormenores de una enfermedad tabú.


Sólo en papel. 10 € / 112 páginas.

Ficha en TodosTusLibros: aquí.
Ficha en La Uña Rota: aquí.
Ficha en UDL Libros: aquí.
Fragmento: aquí.

Schachnovelle: 2 carteles