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viernes, agosto 14, 2026

El eterno viaje. Cómo vivir con Homero, de Adam Nicolson

 

Compré hace años este espectacular ensayo. Pero primero quise leer Ilíada y releer Odisea (había leído una traducción antigua en la adolescencia) en las traducciones de Gredos. Luego dejé pasar un tiempo y la película de Christopher Nolan me trajo a la memoria este libro, que me ha fascinado.

Que a nadie le engañe su título español, próximo a la autoayuda: el original es The Mighty Dead: Why Homer Matters, que no tiene mucho que ver. Adam Nicolson es un escritor inglés con libros sobre historia y naturaleza (nieto, por cierto, de Vita Sackville-West). En El eterno viaje visita algunos de los lugares donde se supone que estuvo Homero, analiza y relata algunos pasajes de Ilíada y Odisea, a veces reinterpretando su significado o trayendo al frente las ideas y los análisis de otros autores, escarba un poco en los mitos y en las leyendas en torno a ambos poemas épicos, trata de enlazar con los descubrimientos y los hallazgos arqueológicos, con las distintas teorías sobre Homero, busca rastros sobre él, sobre los orígenes inciertos de los griegos… No se trata de cómo vivir con la lectura de Homero, como indica el subtítulo español, sino la importancia de ambos libros en el arte, la literatura o incluso en nuestras vidas: porque una vez que le coges el gusto a las historias sobre Aquiles y Odiseo, sobre Héctor y Penélope, siempre quieres más. Unos extractos:

En parte, la Odisea se me presentó como el relato de un hombre que navega a través de su propia muerte: el mar es mortal, las islas son mortales, visita el Hades en pleno centro del poema y quienes lo aman en su tierra natal lo dan por muerto y lo imaginan convertido en un montón de huesos blancos que se descomponen en una orilla lejana. Él busca la vida, pero no la encuentra. Cuando escucha narrar historias de su propio pasado, se le hace insoportable, se envuelve la cabeza en “el manto purpúreo” y llora por todo lo que ha perdido.

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El amor por Homero puede antojarse una enfermedad. Si uno la contrae, corre el peligro de padecerla de por vida. Homero empieza a infiltrarse en todos los recovecos de la conciencia. 

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Así, mientras la
Ilíada es un poema acerca del destino y las exigencias que ese destino impone en las vidas individuales, acerca de la inevitabilidad de la muerte y del pasado, y también de que cada uno de nosotros esté encarcelado en el interior de un conjunto de destinos, la Odisea, con la necesidad de regresar al hogar, juega constantemente con la posibilidad de un nuevo lugar y una nueva vida, con la oportunidad de revisar lo que nos ha sido dado, para que cada cual (al menos las personas más notorias) pueda oponer resistencia a ese sino. 

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Aquiles se mueve por la rabia, por su necesidad de cumplir su destino, de vengar la muerte de su amigo Patroclo. Ulises siempre anda escapando, es un hombre que ha estado en todos sitios, que lo ha visto todo y lo ha hecho todo, pero que también lo ha pensado todo, lo ha inventado todo y lo ha cambiado todo. 
Son las dos posibilidades de la vida humana. Uno puede hacer lo que su dignidad le dicte o esquivar con éxito los obstáculos que la vida le vaya poniendo en el camino. Tal es la gran pregunta que plantean estos poemas. ¿Quién será usted? ¿Aquiles o Ulises, el monumento a la obstinación y el orgullo o el embaucador escurridizo en quien nada es cierto y de quien nadie puede fiarse? ¿El héroe singular o el hombre ingenioso?  

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La
Ilíada es una imagen de lo que creemos haber sido antaño y de lo que quizá seamos mucho tiempo; la Odisea, por su parte, es una versión de lo que somos y de lo que aún podemos ser. No hay necesidad de poner fecha a estas dos perspectivas: su prospección y retrospección son dimensiones imperecederas de la condición humana.



[Ariel. Traducción de Gemma Deza Guil]

martes, agosto 11, 2026

Después de Auschwitz, de Hilario J. Rodríguez

 

 

He disfrutado mucho con uno de los dos libros que inauguran la colección Sílex Portátil (el otro es un estudio de Pilar Pedraza sobre David Lynch), que coordina Hilario J. Rodríguez. El suyo es un librito (en dimensiones físicas, que no en profundidad) que, aunque apuesta por el cine, también incluye autobiografía, pinceladas sobre arte y literatura y también Historia: por ese motivo misceláneo en algunas librerías no saben muy bien en qué sección colocarlo. Pero pertenece a Cine. 

Hilario es un escritor-explorador que suele analizar al milímetro las relaciones entre la realidad, la imagen y la literatura: el uso o abuso que hacemos de las imágenes, el modo en que nos llegan y las procesamos y las entendemos, los diálogos que se establecen entre cultura e Historia. Para hacerlo se sirve de varios recursos propios: cine, viajes, lecturas, entrevistas, experiencias. En sus derivas en torno a Auschwitz encontramos alusiones a Sebald, Resnais, Lanzmann o Albertina Carri, a películas que nos aportan otros ángulos de la infamia (como El hijo de Saul), a falsos documentales rodados por los nazis... 

Uno de sus intereses, muy presente en la mayoría de sus obras y aquí resaltado por derecho propio, es el tema de las desapariciones: de aquellos que se pierden, de los que quedan pocos rastros, de los que el arte en general y las películas en particular ayudan a rescatar, para que no se extravíen del todo, al menos en la memoria colectiva. Mediante estas páginas Hilario nos confirma que las imágenes pueden mentir (de hecho, casi siempre mienten por cuanto desvirtúan la realidad y nos ofrecen la perspectiva individual de una mirada que acabamos haciendo nuestra, interpretándola a nuestro antojo), pero también pueden recuperar o consolidar ciertas verdades y extraerlas del limbo para que las atendamos y sepamos descifrarlas (en cierto modo, somos responsables de lo que vemos, de lo que consumimos).  

Como extras, por así decirlo, el autor incluye fragmentos de tres entrevistas que él mismo les hizo, antaño, a tres pesos pesados: Péter Forgács, Jorge Semprún y Claude Lanzmann. Un recorrido breve, intenso y formidable. 



[Sílex Ediciones]

Tres ensayos sobre Twin Peaks, de Pacôme Thiellement

 

La serie Twin Peaks comienza y termina con la imagen de un espejo. En la primera escena del piloto, es el espejo delante del cual se maquilla Josie Packard, la heredera de la serrería local (interpretada por la actriz Joan Chen), mientras su cuñado, Pete Martell (Jack Nance), se dispone a ir a pescar, lo que ocasiona el descubrimiento del cadáver de Laura y el inicio de la historia. Al f inal del último episodio, el espejo es el del cuarto de baño de la habitación de hotel, a través del cual el agente Cooper verifica que ha sido poseído por Bob. El agente Cooper se golpea la cabeza contra el espejo. Este se rompe
y él empieza a sangrar.
Fuego camina conmigo, por su parte, comienza con la imagen de un televisor roto.

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“No es la mirada la que capta las imágenes, son ellas las que captan la mirada. Las imágenes desbordan la conciencia” 
(Franz Kafka a su amigo Gustav Janouch, citado por Pacôme Thiellement).

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Las grandes películas son aquellas que han obligado al espectador a mirar en el interior de sí mismo, al espacio sin dimensión que separa el ojo del párpado, para mostrar los fantasmas de la melancolía y del sueño con los que desde siempre carga su mirada: esos espectros foliáceos que la película extrae de nuestros cuerpos desde su antepasado directo, el daguerrotipo, y que enseguida empieza a activar como títeres manejados por un sueño. Por ellos, el ojo de la cámara se convierte en el ojo de la pesadilla.

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Porque no se trata de ver. Jamás se trata solamente de ver. Tampoco se trata solamente de conocer. Se trata de ver para conocer. Y de conocer para seguir viendo. 




[Alpha Decay. Traducción de Javier Guerrero]


viernes, julio 31, 2026

Nido de pesadillas, de Lisa Tuttle

 

Relectura de este conjunto de relatos, que fluctúan por territorios terroríficos, domésticos e inquietantes (en una nueva edición con traducción revisada, aunque no incluye el prólogo de Jesús Palacios), escritos por Lisa Tuttle, de quien Muñeca Infinita publicó hace poco Mi muerte.

Son 13 historias, casi todas protagonizadas por mujeres de distintas edades, en las que algunos de los miedos clásicos se juntan con zonas en las que no se sabe con certeza si se habita una realidad extraña, una pesadilla en bucle o un mundo paralelo. Tomemos como ejemplo uno de los mejores (“Vuelo a Bizancio”), en el que una escritora acepta viajar a una pequeña localidad que ni le sonaba para dar una charla a sus fans y firmar ejemplares... y queda en manos de dos frikis que la involucran en varios errores accidentales o quizá voluntarios: y, entre otras cosas, pierde los papeles de la conferencia y siente pánico por tener que hablar en público sin esa ayuda escrita... pero también comprende que le va a costar escaparse de aquel sitio (la misma sensación sufrida por Sean Penn en Giro al infierno).

O ese otro donde una mujer se encuentra con una amiga de su infancia... y surge la cuestión: ¿fue una amiga real o imaginaria? O "Nido de bichos", en el que los insectos que dominan una casa vieja son sólo el preludio de algo más horrendo. O aquel en el que un padre le cuenta a su hija que algunos hombres comen carne de muñeca...

Releídos años después, estos relatos no han perdido ninguna vigencia. 



[Muñeca Infinita. Traducción de Marian Womack]

Monstruos en el archivo. Mi año de terror con Stephen King, de Caroline Bicks

 

 

Éste es un libro esencial para quienes somos fanáticos de Stephen King. Su autora obtuvo el permiso del escritor y de Tabitha para acceder al archivo de borradores y manuscritos y comparar las primeras versiones con las obras finalmente publicadas. 

Utilizó 5 libros emblemáticos, que curiosamente yo he leído un par de veces cada uno, en este orden: Cementerio de animales, El resplandor, El umbral de la noche, El misterio de Salem's Lot y Carrie. Las diferencias entre los borradores y lo que llegó a las librerías son notables, y demuestran la capacidad de trabajo de King y cómo hizo cambios que solían mejorar el resultado final, aunque a veces tuviera que suavizar ciertos detalles macabros, y también nos resultan familiares para quienes nos dedicamos a esto y vamos acumulando borradores iniciales en los que hemos cambiado nombres, suprimido párrafos o aumentado diálogos para pulirlos y solventar errores.

Por otro lado, también se lo recomendaría a quienes apenas han leído nada del autor de It: les serviría para conocer detalles de su vida, de su método de trabajo y de los tiempos duros que vivió antes de convertirse en una celebridad. Es necesario leer antes los libros que analiza porque, lógicamente, Caroline Bicks mete spoilers a mansalva. Una de las cosas que más me han gustado son las influencias que, finalmente, King eliminaría, pero cuya sombra quedó ahí, latente: citas y guiños a Shakespeare, por ejemplo. 



[Lunwerg Editores. Traducción de Julio Hermoso]

lunes, junio 29, 2026

El sheriff reticente, de Chris Offutt

 

“La ley de los cerros era una carga, un peso terrible, como un collar de cuero para una mula de trabajo. Él se mantenía leal a un modo de conducta que era irrelevante, que quizá siempre lo había sido. A los cerros les daba igual y a él le importaba demasiado. Quizá había llegado la hora de echar el freno”, escribe el narrador en esta novela, nueva entrega de la serie sobre el ex investigador de homicidios Mick Hardin, tras Los cerros de la muerte, Los hijos de Shifty y La ley de los cerros, todas leídas y recomendadas en este blog, con el mismo equipo de ases detrás: Chris Offutt (autor), Javier Lucini (traductor), Sajalín (editores), y la misma destreza para estructurar una historia que, además de seguir los patrones del género, nos habla sobre todo de la vida en esas regiones donde habitan tipos duros y mujeres de armas tomar, y del desarraigo con el que carga su protagonista, alguien en cuya vida todo “era provisional”, y que para mí sigue siendo lo mejor de la saga. Otro pelotazo de Al Margen. Un fragmento del segundo capítulo que describe la situación de Hardin en esta entrega:

Mick Hardin iba por la estrecha carretera asfaltada que atravesaba los cerros en el vehículo oficial del condado. Había aceptado el cargo de sheriff hasta que su hermana se recuperase del balazo sufrido en acto de servicio. Era el todoterreno de Linda y del retrovisor colgaba un ambientador con la silueta del Bigfoot. Reproducía la popular imagen de la criatura tomada de perfil en plano americano, a media zancada y con la cabeza vuelta hacia el fotógrafo por encima del hombro peludo. El cartón despedía olor
a pino, o a lo que el fabricante consideraba que olían los pinos, que era algo a lo que no olía ningún árbol que Mick conociese. Antes lo había olisqueado tentativamente para ver si subyacía algún otro aroma bajo la intensa tufarada química, quizá un vago efluvio de tierra añeja o musgo en descomposición. Pero nada, solo aquel olor artificial a desinfectante barato para inodoros.
Linda había decidido pasar la convalecencia bajo el techo de Shifty Kissick, y Mick se había mudado a casa de su hermana. Todo en su vida era provisional, incluido el rol de sheriff. Podía tomarse por una especie de metáfora de los cerros de la zona oriental de Kentucky, la transitoriedad permanente. Lo único inconmovible era la propia naturaleza: acérrima, hermosa, benévola y cruel.




[Sajalín Editores. Traducción de Javier Lucini]

Trilogía de Madrid, de Francisco Umbral

 

Éste es el único libro que tengo firmado por Francisco Umbral, una primera edición que compré en una caseta de la Feria del Libro de Madrid del año no-sé-cuántos, en la que yo era el único visitante (mientras las stars de turno que no son escritores congregaban colas interminables en otras casetas).

Fui aplazando su lectura porque es una de sus obras más voluminosas, pero por fin lo he desempolvado y lo he leído en estos días, por rememorar aquel encuentro de 2 minutos de la FLM. Son una especie de memorias, seguramente con bastante ficción... pero eso no le resta encanto ni talento. Es uno de sus libros más logrados y divertidos, donde pasa revista a poetas, folclóricas, cineastas, buscavidas, políticos, bohemios, periodistas y no sé cuánta gente más de los ambientes madrileños de los años 60, 70 y principios de los 80. 

Da gusto leer textos de alguien como Umbral, y no lo digo por lo evidente (su prosa feroz y pulida, su humor socarrón, su ráfaga de metáforas): esta vez lo digo porque reconforta leer a alguien sin autocensura, sin un lenguaje políticamente correcto, sin cortarse un pelo incluso aunque a veces pueda ofendernos. 



[Editorial Planeta]

lunes, junio 08, 2026

Nido, de Roisín O’Donnell

 

En determinado pasaje de esta novela, la familia observa a una corneja cuyo nido cayó al suelo. Sin ese cobijo le será difícil salir adelante. Esto se convierte en una de las metáforas principales del libro: la madre acaba de abandonar al padre junto a 2 de sus hijas y está embarazada de nuevo y sin un hogar y nos preguntamos cómo puede una criatura (sea un ave o un bebé) criarse y crecer sin la protección de un nido. La novela de esta autora irlandesa refleja lo difícil que lo tienen todas esas mujeres que deciden poner fin a la relación con un marido peligroso y se echan a la calle sin ayudas, sin medios económicos, sin un apoyo laboral y con unos ahorros que apenas alcanzarán para unos días. Y, mientras tratan de salir adelante como pueden, el marido acecha, miente, merodea, se viste de oveja, implica a sus padres, prepara el terreno con abogados, acorta la distancia con la mujer... Una pesadilla que se repite a diario en muchos domicilios. Es un libro duro y emotivo que describe con precisión el miedo y la incertidumbre, con esa sequedad que poseen los autores irlandeses para mostrarnos el lado áspero de algunas vidas actuales. Un fragmento:

Cualquier cosa que diga será un error. Las palabras no sirven. Tiene que dejar el lenguaje atrás y pasar a la acción. Coge un trapo de cocina.
–¿Qué hostias haces ahora?
–Limpiar el fregadero. –Le tiemblan las manos–. Siento haberte ofendido. No era mi intención.
–No me jodas. No lo sientes en absoluto. ¿Qué coño te pasa? ¿Estás loca o qué? No me extraña que no tengas amigas. No te aguanto más. 
–Ryan, por favor, ¿no podríamos…?
–He dicho que no te aguanto más.
Ryan se levanta, la silla chirría sobre las baldosas, la empuja tan fuerte que retumba al caer. Ciara se sobresalta.
Él la esquiva como si fuera una infección repugnante y lanza la taza al fregadero con tanta rabia que el asa se rompe y la espuma de jabón y las manos de Ciara se llenan de esquirlas de porcelana. Ryan sale de la cocina y da un portazo tan fuerte que la lámpara
se cae de la mesa. La bombilla revienta y la habitación se sume en la oscuridad.
Le tiemblan las manos, pero no suelta la bayeta. Fairy limón. El pulso le martillea en los oídos, ensordecedor. Ciara se ha convertido en la casa. En la silla volcada. En la bombilla hecha añicos. En el asa rota. Son sus huesos y su sangre.




[Sajalín Editores. Traducción de Maia Figueroa] 

viernes, mayo 29, 2026

El Trampero, de Vardis Fisher

 

 

Menudo novelón que se marcó aquí Vardis Fisher... Fue uno de los 2 textos que sirvieron de base para la película Las aventuras de Jeremiah Johnson. El trampero del título, Sam J. Minard, estaba a su vez inspirado en John Jeremiah Johnson, alias "Comehígados". Lo que se describe aquí, a lo largo de 400 densas páginas, no sólo es la venganza que emprende Minard después de que los indios Crow asesinen a su familia, sino también el modo de vida de aquel entonces en las montañas: la caza, la cocina, la supervivencia frente al invierno, el intercambio de pieles por productos como el arroz, el café y la harina, el encuentro con otras tribus nativas, las reuniones con otros tramperos (y la mayoría, si no todos, los que aparecen en el libro existieron de verdad: el más famoso de ellos, al que aluden a menudo, es Hugh Glass, el tipo que sobrevivió al ataque de un oso, como nos contaron en El renacido). La novela es, también, un homenaje a la vida en la naturaleza y a la libertad asociada a ese modelo. 



[Valdemar. Traducción de Gonzalo Quesada]


viernes, mayo 08, 2026

Hambre, de John Fante

 

 

Empecé la lectura de este libro de relatos en inglés, antaño, pensando que jamás lo iban a traducir. No avancé demasiado porque me cuesta manejarme en otro idioma. Cuando por fin lo publicó Anagrama lo pospuse porque es una manía personal: de mis autores predilectos procuro dejar siempre algo sin leer para más adelante (por eso no he leído todo lo de Bernhard, Kerouac, Sebald o Lorrie Moore). Fante es oro puro en cada obra: tenía una prosa tan llena de energía y de vitalidad que nadie ha conseguido igualarlo.

En estos 18 notables textos encontramos esbozos de lo que luego serían capítulos de su novelaza Espera a la primavera, Bandini, historias sueltas sobre inmigrantes filipinos, o sobre Arturo y su familia, o sobre otros personajes que nos recuerdan a Molise y Bandini. Y un prólogo entusiasta y maravilloso sobre Pregúntale al polvo (que ya no recuerdo si fue incluido en la primera edición de Paidós que cogí de la biblioteca cuando aún no lo habían rescatado en Anagrama; aquí podéis leer un fragmento largo). De John Fante hay que pillárselo todo, no lo dudéis. 



[Anagrama. Traducción de Antonio-Prometeo Moya] 

A ver qué se puede hacer, de Lorrie Moore

 

 

Por si queda alguien que no lo sepa, Lorrie Moore es una de las maestras del relato contemporáneo. Hace unos años publicaron algo diferente, de no ficción: este compendio de ensayos  reseñas y crónicas, que compré en su día pero lo he leído entre marzo y abril. Contiene textos sobre literatura, donde analiza obras y en algunos casos bibliografías de Nora Ephron, Matthew Klam, Eudora Welty, Peter Cameron, Clarice Lispector, John Cheever, Alice Munro, Charles Baxter... Se incluyen algunas críticas sobre series y películas, donde repasa algunas claves sobre Jane Campion, True Detective, Werner Herzog, The Wire, Titanic... Y unas cuantas pinceladas sobre temas musicales y políticos. Muy bueno. Eso sí: tiene 500 páginas y es conveniente alternarlo con otros libros.



[Eterna Cadencia. Traducción de Cecilia Pavón]

Un libro, de Fabrice Gaignault

 

Nueva colección en Muñeca: pequeño formato y pocas páginas, algo que me gusta mucho. Fabrice Gaignault, de quien ya había leído Diccionario de literatura para snobs, escribe un ensayo sobre cómo a Primo Levi le ayudó la lectura de una novela de Roger Vercel cuando estaba en el punto más bajo de su encierro en un campo de concentración nazi: enfermo, molido, sin esperanza y creyendo que pronto le darían pasaporte al otro barrio. Es un texto muy bello acerca de la necesidad de la lectura para construirse un refugio: la libertad interior. Un fragmento:

Habiendo hecho de la novela de Vercel su cielo, uno situado más allá de aquel que se cernía inmóvil sobre él y al que ya no miraba desde su llegada al campo, Levi se agarró a ella como a un clavo ardiendo durante la tarde y la noche siguientes, aquella noche en la que no sabía si sobreviviría. Se asió a ella como a un salvavidas para alejarse de los confines de este mundo, de los mares de las antípodas por los que navegaba Ulises cuando una ola gigantesca lo arrastró hacia los abismos. 


[Muñeca Infinita. Traducción de Vanesa García Cazorla]

viernes, abril 17, 2026

El invitado de Drácula y otros relatos, de Bram Stoker

 

Han tardado 13 años en sacar una 2a edición, pero por fin lo tengo. Y mereció la pena esperar porque esta vez incluye un relato de Bram Stoker descubierto en 2024 (sólo se había publicado en un periódico): "Gibbet Hill". Había leído algún cuento que otro en antologías. Los demás no los conocía. Tratan de vampiros, espectros, adivinos, niños crueles, casas siniestras, momias y muchas ratas...


No todos mantienen el mismo nivel, claro. Dejo aquí los títulos de mis favoritos: "El invitado de Drácula", que era un capítulo eliminado de su novela más famosa; "La casa del juez", en la que se aloja un joven que quiere estudiar en silencio y en soledad... sin saber que aquel lugar es rico en ratas y en apariciones; "La squaw", donde La Virgen de Hierro tiene un papel crucial en un museo de instrumentos de tortura; "La profecía gitana", que no requiere de mayores explicaciones; "El entierro de las ratas", donde un tipo se aventura en los basureros de las afueras de París; y "Los dualistas", uno de los cuentos breves más espeluznantes que he leído jamás.



[Valdemar. Traducciones de Marta Lila, Óscar Palmer y Francisco Torres Oliver]

viernes, abril 10, 2026

El despido, de Donald E. Westlake

 

No he visto No Other Choice porque primero quería leer el libro que la inspiró, por fin publicado en estos días por Muñeca Infinita. Me pregunto, una vez más, por qué una novela tan formidable como ésta no se había traducido hasta ahora (de lo que se encarga Ce Santiago). Quizá porque en España Donald E. Westlake no goza del respeto crítico que debería, y para encontrar sus obras, firmadas como Westlake o como Richard Stark, hay que recorrer las librerías de saldo. También Costa-Gavras adaptó la novela en 2005.

El despido es una historia compleja y profunda, de culpa y suspense y tono negro. Habla de la crueldad de esas empresas que imponen recortes y largan a un montón de trabajadores a la calle. Habla de personas tan identificadas con su curro que, al perderlo, su mundo se tambalea. Habla del sálvese quien pueda y de "el fin justifica los medios". Trata de un hombre de mediana edad a quien despiden de su puesto y, 2 años después, cuando aún no ha logrado otro empleo, y la falta de oportunidades ya afecta a su matrimonio, decide tender una trampa a los otros candidatos al mismo trabajo: y planea matarlos, uno a uno.

Aparte de que te comes el libro desde la primera línea, Westlake ha conseguido algo muy meritorio: uno sabe que los actos del narrador son despreciables, que elimina a inocentes, que se ha vuelto diabólico... pero en el fondo cae bien: y uno es capaz de comprender su sufrimiento, aunque no su conducta. Novelón.



[Muñeca Infinita. Traducción de Ce Santiago]


miércoles, marzo 25, 2026

Materia prima, de Jörg Fauser

 

 

Hay un pasaje de este admirable libro en el que el narrador cuenta que a algunos bebedores los atropellaba el tranvía al avanzar hacia determinado garito con los ojos fijos en el letrero amarillo de cerveza. Años después, a Jörg Fauser lo mató un camión cuando regresaba de festejar su cumpleaños n° 43, como si la fatalidad le estuviera esperando en una esquina para ajustarse a la literatura. 

Fauser fue un escritor alemán que, mientras desempeñaba trabajos temporales e iba dando tumbos de piso en piso y de ciudad en ciudad, trató de forjarse como escritor. Había leído mucho a los beat y a los novelistas del género negro y a Bukowski y a Burroughs (en un capítulo nos cuenta cómo conoce en persona al segundo) y aprendió de ellos pero para crear su propio estilo: Materia prima parece una de esas novelas norteamericanas que tanto nos gustan, pero dotada del toque europeo y del estilo alemán, que nunca es lastimero ni grandilocuente y sí templado y reflexivo.

El álter ego del narrador comienza como joven yonqui en Estambul y termina como escritor alcoholizado en Frankfurt. Entre medias: viajes, tabernas, novias, fracasos, contracultura, curros de mierda, revistas de vanguardia, agujas y botellas, rechazos editoriales, pensiones sórdidas, relaciones con lo más degradado y marginal de la calle... Su única meta es continuar escribiendo, convertirse en escritor pase lo que pase. Lo que a veces le sorprende de todas sus experiencias es seguir vivo. 

Fauser, un superviviente absoluto, dijo que la escritura no se puede dejar como la droga o el alcohol. “Como mucho, la escritura te puede dejar a ti”. Éste es uno de esos libros que, al llegar a la última página, ya quería releer. Espléndido. Unos fragmentos: 

Con la llegada del invierno, Ede y yo nos mudamos juntos al chamizo de la azotea. Cuando el viento de Rusia silbaba por las ranuras y la nieve se colaba por el tejado carente de revoco, sin duda era más práctico ser dos. Uno vertía aguardiente en el suelo de piedra y le prendía fuego, y mientras las llamas difundían un poco de calor, el otro intentaba encontrar una vena. Nos metíamos todo lo que pillábamos, principalmente opio puro, que hervíamos, Nembutal para aturdirnos y toda clase de anfetaminas para excitarnos. Cuando estábamos excitados, teníamos que conseguir más material y todo lo demás –vivíamos sobre todo a base de té y dulces–, y luego nos tumbábamos, bien envueltos en nuestras mantas, jugábamos con el gato y trabajábamos. Ede pintaba y yo escribía.

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Como antiguo yonqui y como futuro esposo era un inútil, pero tenía la sensación de que eso me ayudaría a progresar como escritor. El único problema era que le dedicaba muy poco tiempo a escribir, y entretanto la gente de mi edad publicaba cada año sus libros, sus novelas, sus poemas, sus ensayos, sus memorias, hace tres años se suponía que la literatura había muerto y ahora volvía a florecer, y yo florecía con ella, las malas hierbas también tenían derecho a florecer.

**

El Schmale Handtuch era el refugio que algunas personas necesitaban en medio de su patria, el puerto franco en el que podían traficar con sus sueños, una casa para la que no necesitaban una cuenta de ahorro-vivienda ni un contrato de alquiler, ni fianza, ni mobiliario, ni ropa de cama, ni mujercita, solo su infinita sed y la sensación de que su vecino, fuera quien fuese y tuviera el aspecto que tuviese, podía ser su amigo durante la velada con tan solo traer suficiente sed de casa. 



[Sajalín Editores. Traducción de Carlos Fortea]

jueves, marzo 05, 2026

Calma total, de Charles Williams

 

Llevaba bastante tiempo esperando esto. Antaño leí seguidos La tormenta y la calma, el libro de Hernán Migoya sobre Charles Williams, y la novela más famosa de éste: El arrecife del escorpión, y además en su día me gustó mucho la película que adapta Calma total (aunque eliminaron 2 personajes del libro).

Charles Williams es uno de esos autores hoy olvidados a los que Migoya (como traductor y prologuista) y Bunker (como editorial de riesgo) rescatan para nuestra felicidad. Calma total constituye una oportunidad única para cerciorarse del pulso de este escritor para el suspense, para la psicología de los personajes, para ponernos en un estado casi de ansiedad mientras leemos cómo un extraño se lleva el barco de John Ingram con Rae a bordo y él se queda en una embarcación que hace aguas. Una de las preguntas que atormentan al lector es: ¿cómo conseguirá la pareja acortar la distancia entre ambos? Miedo, soledad, claustrofobia, acrofobia marítima, supervivencia... Todo esto va surgiendo capítulo tras capítulo.  

Las novelas de Williams no distan mucho de la obra de la maestra Patricia Highsmith. Ambos conocían las diversas caras del mal y la manera de trasladarlas al lector y hacerle sufrir con los ardides de los seres humanos. No os la perdáis. Y os sugiero no saltaros el prólogo: el texto de Migoya es otra joyita. Un fragmento de la novela:

Se disponía a bajar para vestirse y hacer café, pero se detuvo con un pie en la escala de toldilla con la intención de echar un último vistazo al horizonte en busca de nubarrones. Podían formarse muy rápido en el cinturón de calma alrededor de la Línea, incluso por la mañana temprano. Por el momento no aparecían nubes sospechosas… Sus ojos se pararon de repente y regresaron a la zona situada en la amura de estribor. Había visto algo. ¿Seguro? Sí, allí estaba de nuevo, una mota diminuta casi en el borde del horizonte.
Desapareció y volvió a ponerse a la vista. Sin quitarle los ojos de encima, su mano buscó dentro de la escotilla y alzó los enormes binoculares de siete por cincuenta del estante tras el mamparo.
Era un barco.
A esa distancia, incluso con los prismáticos, no podía distinguir nada, más allá de que parecía tratarse de una embarcación de dos palos sin vela izada de momento. Retrocedió hasta la bitácora y comprobó el rumbo. Navegaban al 310 aproximadamente. Volvió a mirar al barco, pero era imposible determinar si había alguien o no en cubierta; de hecho, solo resultaba visible cuando se alzaba en la cresta de la oleada. Rae querrá verlo, pensó. Era el único signo de vida que habían avistado desde que abandonaran Panamá hacía casi tres semanas. Bueno, aún seguirá ahí después del desayuno; nadie iba a irse a ningún sitio a menos que soplara un poco de viento.




[Bunker Books. Traducción de Hernán Migoya]