viernes, mayo 29, 2026
El Trampero, de Vardis Fisher
Menudo novelón que se marcó aquí Vardis Fisher... Fue uno de los 2 textos que sirvieron de base para la película Las aventuras de Jeremiah Johnson. El trampero del título, Sam J. Minard, estaba a su vez inspirado en John Jeremiah Johnson, alias "Comehígados". Lo que se describe aquí, a lo largo de 400 densas páginas, no sólo es la venganza que emprende Minard después de que los indios Crow asesinen a su familia, sino también el modo de vida de aquel entonces en las montañas: la caza, la cocina, la supervivencia frente al invierno, el intercambio de pieles por productos como el arroz, el café y la harina, el encuentro con otras tribus nativas, las reuniones con otros tramperos (y la mayoría, si no todos, los que aparecen en el libro existieron de verdad: el más famoso de ellos, al que aluden a menudo, es Hugh Glass, el tipo que sobrevivió al ataque de un oso, como nos contaron en El renacido). La novela es, también, un homenaje a la vida en la naturaleza y a la libertad asociada a ese modelo.
[Valdemar. Traducción de Gonzalo Quesada]
viernes, mayo 08, 2026
Hambre, de John Fante
Empecé la lectura de este libro de relatos en inglés, antaño, pensando que jamás lo iban a traducir. No avancé demasiado porque me cuesta manejarme en otro idioma. Cuando por fin lo publicó Anagrama lo pospuse porque es una manía personal: de mis autores predilectos procuro dejar siempre algo sin leer para más adelante (por eso no he leído todo lo de Bernhard, Kerouac, Sebald o Lorrie Moore). Fante es oro puro en cada obra: tenía una prosa tan llena de energía y de vitalidad que nadie ha conseguido igualarlo.
En estos 18 notables textos encontramos esbozos de lo que luego serían capítulos de su novelaza Espera a la primavera, Bandini, historias sueltas sobre inmigrantes filipinos, o sobre Arturo y su familia, o sobre otros personajes que nos recuerdan a Molise y Bandini. Y un prólogo entusiasta y maravilloso sobre Pregúntale al polvo (que ya no recuerdo si fue incluido en la primera edición de Paidós que cogí de la biblioteca cuando aún no lo habían rescatado en Anagrama; aquí podéis leer un fragmento largo). De John Fante hay que pillárselo todo, no lo dudéis.
[Anagrama. Traducción de Antonio-Prometeo Moya]
A ver qué se puede hacer, de Lorrie Moore
Por si queda alguien que no lo sepa, Lorrie Moore es una de las maestras del relato contemporáneo. Hace unos años publicaron algo diferente, de no ficción: este compendio de ensayos reseñas y crónicas, que compré en su día pero lo he leído entre marzo y abril. Contiene textos sobre literatura, donde analiza obras y en algunos casos bibliografías de Nora Ephron, Matthew Klam, Eudora Welty, Peter Cameron, Clarice Lispector, John Cheever, Alice Munro, Charles Baxter... Se incluyen algunas críticas sobre series y películas, donde repasa algunas claves sobre Jane Campion, True Detective, Werner Herzog, The Wire, Titanic... Y unas cuantas pinceladas sobre temas musicales y políticos. Muy bueno. Eso sí: tiene 500 páginas y es conveniente alternarlo con otros libros.
[Eterna Cadencia. Traducción de Cecilia Pavón]
Un libro, de Fabrice Gaignault
Nueva colección en Muñeca: pequeño formato y pocas páginas, algo que me gusta mucho. Fabrice Gaignault, de quien ya había leído Diccionario de literatura para snobs, escribe un ensayo sobre cómo a Primo Levi le ayudó la lectura de una novela de Roger Vercel cuando estaba en el punto más bajo de su encierro en un campo de concentración nazi: enfermo, molido, sin esperanza y creyendo que pronto le darían pasaporte al otro barrio. Es un texto muy bello acerca de la necesidad de la lectura para construirse un refugio: la libertad interior. Un fragmento:
Habiendo hecho de la novela de Vercel su cielo, uno situado más allá de aquel que se cernía inmóvil sobre él y al que ya no miraba desde su llegada al campo, Levi se agarró a ella como a un clavo ardiendo durante la tarde y la noche siguientes, aquella noche en la que no sabía si sobreviviría. Se asió a ella como a un salvavidas para alejarse de los confines de este mundo, de los mares de las antípodas por los que navegaba Ulises cuando una ola gigantesca lo arrastró hacia los abismos.
[Muñeca Infinita. Traducción de Vanesa García Cazorla]
viernes, abril 17, 2026
El invitado de Drácula y otros relatos, de Bram Stoker
Han tardado 13 años en sacar una 2a edición, pero por fin lo tengo. Y mereció la pena esperar porque esta vez incluye un relato de Bram Stoker descubierto en 2024 (sólo se había publicado en un periódico): "Gibbet Hill". Había leído algún cuento que otro en antologías. Los demás no los conocía. Tratan de vampiros, espectros, adivinos, niños crueles, casas siniestras, momias y muchas ratas...
No todos mantienen el mismo nivel, claro. Dejo aquí los títulos de mis favoritos: "El invitado de Drácula", que era un capítulo eliminado de su novela más famosa; "La casa del juez", en la que se aloja un joven que quiere estudiar en silencio y en soledad... sin saber que aquel lugar es rico en ratas y en apariciones; "La squaw", donde La Virgen de Hierro tiene un papel crucial en un museo de instrumentos de tortura; "La profecía gitana", que no requiere de mayores explicaciones; "El entierro de las ratas", donde un tipo se aventura en los basureros de las afueras de París; y "Los dualistas", uno de los cuentos breves más espeluznantes que he leído jamás.
[Valdemar. Traducciones de Marta Lila, Óscar Palmer y Francisco Torres Oliver]
viernes, abril 10, 2026
El despido, de Donald E. Westlake
El despido es una historia compleja y profunda, de culpa y suspense y tono negro. Habla de la crueldad de esas empresas que imponen recortes y largan a un montón de trabajadores a la calle. Habla de personas tan identificadas con su curro que, al perderlo, su mundo se tambalea. Habla del sálvese quien pueda y de "el fin justifica los medios". Trata de un hombre de mediana edad a quien despiden de su puesto y, 2 años después, cuando aún no ha logrado otro empleo, y la falta de oportunidades ya afecta a su matrimonio, decide tender una trampa a los otros candidatos al mismo trabajo: y planea matarlos, uno a uno.
Aparte de que te comes el libro desde la primera línea, Westlake ha conseguido algo muy meritorio: uno sabe que los actos del narrador son despreciables, que elimina a inocentes, que se ha vuelto diabólico... pero en el fondo cae bien: y uno es capaz de comprender su sufrimiento, aunque no su conducta. Novelón.
[Muñeca Infinita. Traducción de Ce Santiago]
sábado, marzo 28, 2026
miércoles, marzo 25, 2026
Materia prima, de Jörg Fauser
Hay un pasaje de este admirable libro en el que el narrador cuenta que a algunos bebedores los atropellaba el tranvía al avanzar hacia determinado garito con los ojos fijos en el letrero amarillo de cerveza. Años después, a Jörg Fauser lo mató un camión cuando regresaba de festejar su cumpleaños n° 43, como si la fatalidad le estuviera esperando en una esquina para ajustarse a la literatura.
Fauser fue un escritor alemán que, mientras desempeñaba trabajos temporales e iba dando tumbos de piso en piso y de ciudad en ciudad, trató de forjarse como escritor. Había leído mucho a los beat y a los novelistas del género negro y a Bukowski y a Burroughs (en un capítulo nos cuenta cómo conoce en persona al segundo) y aprendió de ellos pero para crear su propio estilo: Materia prima parece una de esas novelas norteamericanas que tanto nos gustan, pero dotada del toque europeo y del estilo alemán, que nunca es lastimero ni grandilocuente y sí templado y reflexivo.
El álter ego del narrador comienza como joven yonqui en Estambul y termina como escritor alcoholizado en Frankfurt. Entre medias: viajes, tabernas, novias, fracasos, contracultura, curros de mierda, revistas de vanguardia, agujas y botellas, rechazos editoriales, pensiones sórdidas, relaciones con lo más degradado y marginal de la calle... Su única meta es continuar escribiendo, convertirse en escritor pase lo que pase. Lo que a veces le sorprende de todas sus experiencias es seguir vivo.
Fauser, un superviviente absoluto, dijo que la escritura no se puede dejar como la droga o el alcohol. “Como mucho, la escritura te puede dejar a ti”. Éste es uno de esos libros que, al llegar a la última página, ya quería releer. Espléndido. Unos fragmentos:
Con la llegada del invierno, Ede y yo nos mudamos juntos al chamizo de la azotea. Cuando el viento de Rusia silbaba por las ranuras y la nieve se colaba por el tejado carente de revoco, sin duda era más práctico ser dos. Uno vertía aguardiente en el suelo de piedra y le prendía fuego, y mientras las llamas difundían un poco de calor, el otro intentaba encontrar una vena. Nos metíamos todo lo que pillábamos, principalmente opio puro, que hervíamos, Nembutal para aturdirnos y toda clase de anfetaminas para excitarnos. Cuando estábamos excitados, teníamos que conseguir más material y todo lo demás –vivíamos sobre todo a base de té y dulces–, y luego nos tumbábamos, bien envueltos en nuestras mantas, jugábamos con el gato y trabajábamos. Ede pintaba y yo escribía.
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Como antiguo yonqui y como futuro esposo era un inútil, pero tenía la sensación de que eso me ayudaría a progresar como escritor. El único problema era que le dedicaba muy poco tiempo a escribir, y entretanto la gente de mi edad publicaba cada año sus libros, sus novelas, sus poemas, sus ensayos, sus memorias, hace tres años se suponía que la literatura había muerto y ahora volvía a florecer, y yo florecía con ella, las malas hierbas también tenían derecho a florecer.
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El Schmale Handtuch era el refugio que algunas personas necesitaban en medio de su patria, el puerto franco en el que podían traficar con sus sueños, una casa para la que no necesitaban una cuenta de ahorro-vivienda ni un contrato de alquiler, ni fianza, ni mobiliario, ni ropa de cama, ni mujercita, solo su infinita sed y la sensación de que su vecino, fuera quien fuese y tuviera el aspecto que tuviese, podía ser su amigo durante la velada con tan solo traer suficiente sed de casa.
[Sajalín Editores. Traducción de Carlos Fortea]















































