domingo, agosto 19, 2018

A la izquierda, donde el corazón, de Leonhard Frank


Estamos ante uno de los mejores libros de la temporada anterior: la autobiografía novelada de Leonhard Frank, que abarca tiempos y lugares primordiales en la historia del siglo XX: las 2 Guerras Mundiales, Berlín, París, Munich, Hollywood…

Michael Vierkant, álter ego del propio Frank, es un hombre que acabará encontrando su hueco en el mundo, tras tantear la pintura sin éxito, y que terminará convertido en escritor. Su periplo (por distintas ciudades del mundo, conociendo a celebridades, afrontando el período de entreguerras, buscando refugio en Hollywood como guionista…) resume, como hemos apuntado antes, gran parte de la historia del siglo XX. Conoce el éxito y el fracaso, el exilio y el amor y el regreso a una tierra en la que le han olvidado. Y todo ello escrito en tercera persona y con otro nombre, quizá para verse a sí mismo desde lejos, desde fuera, o para que sea más cómodo novelizar su propia vida. Espléndida novela, retrato de uno de esos hombres privilegiados porque, aunque también sufrieron lo suyo, fueron testigos de momentos históricos de Europa; aquí van unos fragmentos:

El escritor se puso en pie en el duro camino de la vida, dado que él seguía vivo.

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Tenía que sufrir lo que significa que la muerte sea irreparable. No se puede matar la pena, se tiene que sufrir, que penar, hasta el final, y se puede hacer porque la pena se alimenta constantemente, porque ella está muerta, ya no va a volver, nunca más, ella es cenizas, no es nada más, nunca más va a regresar. Michael debía experimentar que para él, el vivo, no existía nada sobre la tierra tan inabarcablemente terrible como lo irreparable de la muerte. Hay que soportarlo y es insoportable.
Michael caminaba como un inválido, arqueado, totalmente inclinado hacia delante, con la vida a la espalda, una vida de la que ya no participaba de ningún modo. No veía ni oía nada por las calles, no podía comer ni estar con otras personas, ya no era un hombre, nada quedaba de él en él. Era la cáscara disecada de un hombre. No dormía, y cuando alguna vez se quedaba dormido, se despertaba con el peso del mundo sobre el pecho.

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Se agarró al dicho: "El tiempo cura las heridas". Sólo el tiempo podría ayudarlo, sólo el tiempo. Pero el tiempo no pasaba, y Michael no podía hacer nada para que el tiempo pasase. El tiempo permanecía estanco. Un día era una eternidad, y el corazón late cuatro mil doscientas veces cada hora. Nada le ayudaba.

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Michael se quedó mirando un rato el escritorio vacío. Como siempre que acababa de terminar un libro, lo invadía una febril ansia de trabajar, estaba deseando comenzar de inmediato un nuevo proyecto. Si no lo hacía cuanto antes, por experiencia, sabía que poco a poco se iría apartando de aquel estado lívido, surgiría un vacío interior y, con ello, una pausa laboral cuya duración sería imprevisible.

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Al principio, los emigrantes creían que Hitler no aguantaría en el poder más de un par de meses. Al principio, sólo eran espectadores asombrados y a veces entusiasmados de una brutal historia burlesca que se estaba representando en Alemania y no podía tomarse en serio. No veían posible que un pueblo con la alta e imponente tradición cultural de los alemanes fuese a plegarse a los métodos nazis, que, pese a su monstruosidad, al principio sólo causaban risa en un mundo asombrado.

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A las masas hipnotizadas por la publicidad les chupan hasta el último céntimo del dinero que con tanta dificultad ganan, y que va de vuelta a los empresarios, cuyas cifras de ventas y beneficios vertiginosamente altos crecen año tras año. Como resultado, el hombre de a pie termina teniendo un frigorífico, una lavadora, una aspiradora, una radio, una televisión, media docena de aparatos para la cocina, un seguro de accidentes y uno de vida, una tumba y el derecho a un funeral: lo tiene todo, pero ya no tiene vida. Dado que ese hombre sencillo debe pagar a plazos su parque de máquinas, esto es, pagar tantos dólares a la semana por cada artículo según su valor, y en conjunto más de lo que es capaz de pagar por sí solo, la mujer se ve obligada también a ir a trabajar, de sumirse en la eterna batalla por el dólar. Y entonces, por las noches, hombre y mujer se sientan de nuevo en mitad de su exposición de máquinas, uno frente al otro, exhaustos de la jornada, y calculan cuánto les queda por pagar, mientras la voz de la radio ya está ofreciendo de un modo irresistiblemente sugerente un televisor más nuevo, con unas mejoras extraordinarias, con una pantalla enorme y ampliada, fácil de pagar a plazos por sólo un par de dólares a la semana. Las masas estadounidenses, permanentemente hipnotizadas por la publicidad, continúan siendo hasta la tumba esclavas de su alto nivel de vida a favor del empresario.


[Errata Naturae. Traducción de Esther Cruz Santaella]

Cartel de Crazy Rich Asians


Aretha Franklin (1942 - 2018)


The Seagull: 2 carteles



martes, agosto 14, 2018

De pronto, mi cuerpo, de Eve Ensler


Estuve en más de sesenta países. Escuché a mujeres que habían sido violentadas en sus camas, azotadas en sus burkas, quemadas con ácido en sus cocinas, dejadas por muertas en aparcamientos. Fui a Jalalabad, Sarajevo, Alabama, Puerto Príncipe, Peshawar, Pristina. Recorrí campos de refugiados, edificios quemados y patios traseros, habitaciones oscuras donde mujeres susurraban sus historias a la luz de una linterna. Las mujeres me enseñaron los latigazos en sus tobillos y sus caras derretidas, las cicatrices que habían dejado en sus cuerpos los cuchillos y los cigarrillos encendidos. Algunas ya no podían andar o practicar el sexo. Algunas se apagaban y desaparecían. Otras se convertían en máquinas aceleradas como yo.

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Etapa IVB, sobrevivir al cáncer, sobrevivir a la violación. Pero no soy una cifra y no quiero ser despachada y juzgada en categorías o grados. Dile a alguien que fuiste violada y se apartan. Dile a alguien que has perdido tu dinero y dejan de llamar. Dile a alguien que te has convertido en sin techo y te conviertes en invisible. Dile a alguien que tienes cáncer y están aterrorizados. No llaman. No saben qué decir.

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Me niego a aceptar o claudicar ante lo que algunos llamarían la realidad. No tolero las malas noticias. Lo admito. Lo odio. Detesto las decepciones. Soy débil; pues sí. Sé que, si abro la puerta, se ha acabado. Así es como he sobrevivido. Probablemente porque en el fondo soy una suicida. No voy a rendirme sin pelear. ¿De acuerdo?

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Si algo ha sostenido mi fe en los seres humanos, no son los grandes inventores, los poetas visionarios, los cirujanos del cerebro, o ni siquiera los Gandhis de este mundo. Son las Cindys, las serenas, invisibles Cindys, a menudo malpagadas o sin sueldo, que se levantan cada mañana y, tras alimentar a sus familias y cuidar a sus padres endebles, recorren el camino, sobre carreteras rurales nevadas o autopistas contaminadas hasta los hospitales, los asilos, los manicomios o los orfanatos. Con frecuencia no son reconocidas, cuidan a los pobres y a los privilegiados, los enfermos y los depravados. Tejen una red invisible de cariño a través de las mansiones solitarias de Beverly Hills, las salas de urgencias, las clínicas de mamografías y las Suites Infusión.

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Tener cáncer supuso que fuera tan lejos como podía ir, sin irme, y fue allí, colgada en ese filo, donde tuve que soltar todo lo que no era importante, librarme del pasado y reducirme a lo esencial. Allí descubrí mi segundo aliento. El segundo aliento llega cuando creemos estar acabados, cuando no podemos dar un paso más, ni respirar otra vez. Entonces lo hacemos.

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Transformemos nuestro dolor en poder, nuestro victimismo en fuego, nuestra autocompasión en acción, nuestra obsesión por nosotros mismos en servicio, en fuego, en viento. Viento. Viento. Sé tan transparente como el viento, sé tan posible, incansable y peligroso, sé lo que mueve las cosas hacia delante sin necesidad de dejar huella, sé parte de esa colección de moléculas que comienza en algún lugar desconocido y no puede dejar de elevarse. Elevarse. Elevarse. Elevarse.


[Capitán Swing Libros. Traducción de Ethel Odriozola] 

Cartel de Blaze


Próximamente: Sur y Oeste


De Joan Didion. En Random House.

Cartel de The Standoff at Sparrow Creek


V. S. Naipaul (1932 - 2018)


Bad Times at the El Royale: nuevo cartel


En Aleteia: First Reformed


Cartel de Lizzie


Cartel de Slaughterhouse Rulez


miércoles, agosto 08, 2018

Haneke por Haneke. Entrevistas con Michel Cieutat y Philippe Rouyer


Había leído pocas entrevistas con Michael Haneke, ya que no es muy dado a concederlas, y este extraordinario libro constituye una oportunidad para saber lo que piensa de sus trabajos, de sus propuestas radicales, de las imágenes con las que tanto nos ha perturbado, de sus filias y sus fobias. Dichas entrevistas incluyen su último (por el momento) filme, Happy End, que estrenaron hace poco y que aún no he tenido oportunidad de ver. Haneke me parece uno de los cineastas más rompedores e interesantes de las últimas décadas, si bien es cierto que a veces hay que reprocharle algunos excesos. Aquí nos ofrecen 400 páginas con declaraciones y numerosas fotografías de sus rodajes y de sus películas. A mí me ha parecido la bomba. Unos extractos:

Desde su primer telefilme utilizó el plano secuencia, al que recurrirá posteriormente a menudo en la gran pantalla.
Existen dos razones para hacer planos secuencia. En primer lugar, ayuda a los actores porque les da tiempo suficiente para desarrollar una emoción, un sentimiento. El juego del actor me parece primordial. Cuando ruedo con plano y contraplano, dejo a los actores empezar desde el principio, aunque la cámara no ruede hasta después. Tratándose de una escena emotiva, me parece tonto pedirle al actor que diga solo una frase. La segunda razón por la que se puede preferir un plano secuencia tiene que ver con la manipulación. El plano secuencia manipula menos porque no hace trampas con el tiempo, lo que permite hacer subir la tensión. El plano secuencia juega con la impaciencia del espectador para mantenerle en vilo.

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Antes ha dicho que en la segunda parte, los personajes masculinos no son maravillosos. Se nota, sobre todo en las escenas de comidas, cómo encuadra a las mujeres y cómo pone de relieve su soledad en el montaje. En este caso, todo depende de la puesta en escena.
Es algo instintivo. Sé que mi forma de filmar guiará al espectador hacia la simpatía o la antipatía que desprende el personaje. Cada plano implica un juicio en el desglose, pero no siempre es racional porque, lo reconozco, las mujeres me interesan más que los hombres. Incluso suelen decirme que soy un director de mujeres. Me interesan porque son más complejas que los hombres. Y también porque a menudo son víctimas. Y las víctimas siempre me han parecido más interesantes que los verdugos. Todo lo contrario de las convenciones del cine estadounidense, donde el protagonista debe ser el fuerte.

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La secuencia de la destrucción de los bienes domésticos contiene un plano provocador cuando el padre tira el dinero al váter…
Estaba convencido de que ofendería a la gente; incluso avisé al productor. Él pensaba que los planos de la agonía de los peces molestarían más –aprovecho para dejar claro que los salvamos a todos, excepto a uno–. Pero la primera proyección en Cannes me dio la razón: entre treinta y cuarenta personas salieron de la sala cuando se destruye el dinero. Era previsible porque sigue siendo uno de los últimos grandes tabúes, más que la agonía de los peces y la muerte de la niña. Se puede enseñar todo excepto eso. Es tan inadmisible como escupir en un crucifijo en la Edad Media.

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Pero en su película, Dios es usted. Pasa lo mismo en Caché (Escondido), ¡siempre tiene todas las respuestas!
Naturalmente. Pero algo más grande pasa a través de mí. Un libro, una película o un cuadro son la obra de su creador. Y si la obra es mala, no se debe a que su autor sea un idiota, sino a que tiene menos talento que otros para percibir lo que pasa a su alrededor en ese momento. El talento consiste en saber mirar y estar a la escucha del tiempo en el que se vive con el fin de articular la realidad a través del filtro de la sensibilidad de cada uno. La riqueza artística de una obra siempre dependerá más de la sensibilidad del autor que de su inteligencia.

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Caché (Escondido) es una película en torno a la mentira como medio de supervivencia.
Como ocurre muy a menudo en la vida. Cada uno guarda en secreto algunas cosas poco confesables del pasado e intenta olvidarlas lo antes posible.



[El Mono Libre Editorial. Traducción de Mathilde Grange] 

The Rider: 3 carteles




Cartel de Bel Canto


viernes, agosto 03, 2018

Allegro ma non troppo, de Carlo M. Cipolla


Este breve libro, muy popular, contiene 2 textos breves de Carlo Cipolla: "El papel de las especias (y de la pimienta en particular) en el desarrollo económico de la Edad Media" y "Las leyes fundamentales de la estupidez humana". Hubo un tiempo en que no se habían publicado en un libro y circularon en fotocopias clandestinas por ahí, como desvela el autor en la introducción.

"El papel de las especias…" es un ensayo irónico en el que se parodian esos libros de historia que se han tomado demasiado en serio ciertas circunstancias para explicarse el mundo y el devenir del hombre en el planeta. Es divertido y muy breve. Pero es el segundo texto el que es digno de subrayar.

"Las leyes fundamentales…" son 5, según Cipolla. Aquí el autor apuesta por el humorismo, como también indica en el introito. El humor no está al alcance de cualquiera, pero sí al de Cipolla porque su libro hace reír y además contiene bastantes verdades como puños. En la introducción habla sobre el humorismo:

Entendámonos: el humorismo chabacano, facilón, vulgar, prefabricado (=chiste) está al alcance de muchos, pero no se trata de auténtico humorismo. Es una deformación del humorismo. […] El humorismo es, claramente, la capacidad inteligente y sutil de poner de relieve y destacar el aspecto cómico de la realidad. Pero es también mucho más que eso.

Muchas de las citas corren por internet, las difunden los lectores por las redes sociales y probablemente conocéis algunas de ellas. Aquí copio unas cuantas:

Siempre e inevitablemente cada uno de nosotros subestima el número de individuos estúpidos que circulan por el mundo.

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Las tendencias culturales que prevalecen hoy en día en los países occidentales favorecen una visión igualitaria de la humanidad. […] Se trata de una opinión extendida que personalmente no comparto. Tengo la firme convicción, avalada por años de observación y experimentación, de que los hombres no son iguales, de que algunos son estúpidos y otros no lo son, y de que la diferencia no la determinan fuerzas o factores culturales sino los manejos biogenéticos de una inescrutable Madre Naturaleza. Uno es estúpido del mismo modo que otro tiene el cabello rubio; uno pertenece al grupo de los estúpidos como otro pertenece a un grupo sanguíneo. En definitiva, uno nace estúpido por designio inescrutable e irreprochable de la Divina Providencia.

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Una persona estúpida es una persona que causa un daño a otra persona o grupo de personas sin obtener, al mismo tiempo, un provecho para sí, o incluso obteniendo un perjuicio.

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Nuestra vida está salpicada de ocasiones en que sufrimos pérdidas de dinero, tiempo, energía, apetito, tranquilidad y buen humor por culpa de las dudosas acciones de alguna absurda criatura a la que, en los momentos más impensables e inconvenientes, se le ocurre causarnos daños, frustraciones y dificultades, sin que ella vaya a ganar absolutamente nada con sus acciones. Nadie sabe, entiende o puede explicar por qué esta absurda criatura hace lo que hace. En realidad, no existe explicación –o mejor dicho– sólo hay una explicación: la persona en cuestión es estúpida.

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Tal como está implícito en la Tercera Ley Fundamental, una criatura estúpida os perseguirá sin razón, sin un plan preciso, en los momentos y lugares más improbables y más impensables. No existe modo alguno racional de prever si, cuándo, cómo y por qué, una criatura estúpida llevará a cabo su ataque. Frente a un individuo estúpido, uno está completamente desarmado.

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El estúpido es más peligroso que el malvado.

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Las personas estúpidas ocasionan pérdidas a otras personas sin obtener ningún beneficio para ellas mismas. Por consiguiente, la sociedad entera se empobrece.


[Crítica/Booket. Traducción de Maria Pons]

Aquaman: 2º cartel


Cartel de Hunter Killer


Próximamente: Espacio para soñar


De David Lynch y Kristine McKeena. En Reservoir Books.

Todos lo saben: 5 carteles






Cartel de An Actor Prepares


Trailer de King of Thieves


Stan & Ollie: primer cartel


Próximamente: Una noche en el paraíso


De Lucia Berlin. En Alfaguara.

Black 47: 3 carteles




Cartel de I Think We're Alone Now


miércoles, julio 25, 2018

Conversaciones con Marcel Duchamp, de Pierre Cabanne



Éste es uno de los libros de cabecera de Enrique Vila-Matas y he aprovechado esta nueva edición (la antigua, de Anagrama, creo que es bastante difícil de localizar) para comprarlo y leerlo: aunque salió en 2012, no ha sido hasta ahora que yo lo he visto. Son conversaciones muy provechosas, llenas de hallazgos, de frases de Marcel Duchamp que le hacen a uno sonreír: tenía ese punto de andar por la vida como si nada ni nadie le pudiera despeinar, quitándole hierro e importancia a cuanto hacía y con una filosofía vital y una humildad que me parecen envidiables. A veces lo que dicen los artistas es igual o más grande que sus obras. Basta con unos ejemplos de esta maravilla (que incluye varios apéndices: tres prólogos de Pierre Cabanne, una introducción de Robert Motherwell y uno de esos textos extraños de Salvador Dalí), a la que me ha llevado Vila-Matas:

PIERRE CABANNE: Marcel Duchamp, estamos en 1966; dentro de pocos meses va usted a cumplir ochenta años. Se fue a los Estados Unidos en 1915, es decir, hace más de medio siglo. Cuando echa la mirada atrás, a su vida entera, ¿cuál es su principal motivo de satisfacción?
MARCEL DUCHAMP: Lo primero, la suerte que he tenido. Porque, en el fondo, nunca he trabajado para vivir. Soy de la opinión de que trabajar para vivir es, en cierto modo, una estupidez desde el punto de vista económico. Tengo la esperanza de que algún día se consiga vivir sin tener la obligación de trabajar. Gracias a la suerte que tuve, pude librarme. Llegó un momento en que caí en la cuenta de que no había que crearse en la vida estorbos que fueran una carga, ni demasiadas cosas que hacer, ni eso que se llama mujer, hijos, una casa en el campo, un coche. Y, afortunadamente, tardé muy poco en darme cuenta. Con lo cual pude llevar largo tiempo una vida de soltero mucho más fácil que si hubiese tenido que hacer frente a todas las dificultades habituales de la existencia. En el fondo, eso es lo principal. Así que me considero muy afortunado. Nunca me han sucedido desgracias de consideración, ni he pasado ni por penas ni por neurastenias. Tampoco he sabido lo que era el esfuerzo de producir, porque la pintura nunca fue para mí un escape, ni una necesidad imperiosa de expresarme. Nunca he sentido esa clase de necesidad de dibujar a todas horas, continuamente, ni de hacer esbozos, etc. No puedo decirle más. Nunca he notado remordimientos.

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CABANNE: ¿No volvió a tocar ni un pincel ni un lápiz?
DUCHAMP: No, no tiene interés alguno para mí. Es una carencia de atracción, una carencia de interés.
Creo que la pintura se muere, ¿sabe? El cuadro se muere al cabo de cuarenta o cincuenta años porque se le va la lozanía. También la escultura se muere. Es una manía mía que nadie acepta, pero me da igual. Creo que un cuadro al cabo de unos años se muere como el hombre que lo hizo; luego, se llama historia del arte. Hay una diferencia tremenda entre un Monet de ahora, que es de lo más negro, y un Monet de hace entre sesenta y ochenta años, que resplandecía cuando lo pintaron. Ahora ha entrado ya en la historia, es algo aceptado, y además eso está muy bien, no le cambia nada a nada. Los hombres son mortales, los cuadros también. La historia del arte es algo muy diferente de la estética. Para mí la historia del arte es lo que queda de una época en un museo, pero eso no quiere decir que sea forzosamente lo mejor de aquella época y, en el fondo, es probablemente, incluso, la expresión de la mediocridad de esa época, porque las cosas hermosas desaparecieron, el público no quiso conservarlas. Pero todo esto es filosofía…

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CABANNE: Cuando era joven, ¿no sintió deseos de tener una cultura artística?
DUCHAMP: Quizá, pero muy poco. Me habría gustado trabajar, pero había en mí un fondo de pereza tremendo. Me gusta más respirar que trabajar. No creo que el trabajo que he hecho pueda tener en el futuro ningún tipo de importancia desde el punto de vista social. Así que, por decirlo de algún modo, mi arte consistiría en vivir; todos y cada uno de los segundos, todas y cada una de las veces que respiramos son una obra que no está en ninguna parte, que no es ni visual ni cerebral. Es algo parecido a una euforia constante.
CABANNE: Eso decía Roché. Su mejor obra ha sido cómo usó usted el tiempo.
DUCHAMP: Es cierto. Me parece que es cierto, vamos.

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CABANNE: Hay unos cuantos acontecimientos en su vida en los que da la impresión de que se limita a responder a un requerimiento.
DUCHAMP: Me limito a eso por lo general. No soy eso que se conoce como un ambicioso que anda pidiendo cosas. No me gusta pedir; lo primero, porque resulta cansado; y lo segundo, porque no suele servir de nada. No espero nada. No necesito nada. Ahora bien, pedir es una de las formas de la necesidad, la consecuencia de una necesidad. En mí no se da porque, en el fondo, me encuentro estupendamente sin haber producido nada desde hace mucho. No le concedo al artista esa especie de papel social en que se cree obligado a hacer algo, en que se debe al público. Me horrorizan todas esas consideraciones.


[This Side Up. Traducción de María Teresa Gallego Urrutia]

Mid90s: primer cartel


Cartel de Wildlife


Próximamente: El visitante



De Stephen King. En Plaza & Janés.

Cartel de What They Had


Operation Finale: 2 carteles



domingo, julio 22, 2018

El expediente Archer, de Ross Macdonald


El expediente Archer, que es mi primera incursión en la obra de Ross Macdonald, contiene 2 partes: RELATOS, donde se agrupan 12 historias del detective Lew Archer, y NOTAS DE CASOS, donde han reunido 11 textos inacabados del autor, inicios de relatos que nunca terminó, esbozos, etc. Antes encontramos uno de esos prólogos entusiastas y muy documentados que tan bien se le dan a Rodrigo Fresán. Después, un perfil biográfico escrito por Tom Nolan.

A Lew Archer sólo lo conocía del cine, de las dos películas que protagonizó Paul Newman y en las que le cambió el apellido al personaje porque, decía, los tipos cuyos nombres empiezan con H le daban más suerte: Harper, investigador privado y Con el agua al cuello. Archer es un personaje enorme, magnífico, astuto e ingenioso, a la altura de los creados por Chandler o Hammett: un tipo socarrón que suelta unas réplicas inolvidables y cuyas observaciones sobre otros personajes nos empujan a reír. Pero además de ello, los diálogos escritos por Macdonald son de lo mejorcito del género que yo he leído jamás. Esta joya de relatos y esbozos me ha convertido en devoto absoluto del autor. Aquí va un fragmento:

-Yo soy el encargado –dijo, tan cerca de mí que podía oler el potingue con aroma a pino que se ponía en su pelo moreno y rizado–. Si tienes algo que preguntar sobre los miembros del personal, pregúntamelo a mí.
-¿Conseguiré alguna respuesta?
-Ponme a prueba, amigo.
-Me llamo Archer –dije–. Soy detective privado.
-¿Para quién trabajas?
-Eso no te interesa.
-Me interesa mucho. –La pistola saltó de nuevo sobre mi estómago como un sapo, con el peso de su hombro detrás–. ¿Para quién dices que trabajas?
Me tragué la ira y las náuseas, evaluando las posibilidades de apartar la pistola de un golpe y pillarlo con las manos vacías. Las posibilidades parecían muy escasas. Él era más corpulento que yo y sujetaba la automática como si le hubiera crecido del extremo del brazo. Has visto demasiadas películas, me dije.  


[Mondadori. Traducción de Ignacio Gómez Calvo]

Trailer de Elizabeth Harvest



Cartel de Boy Erased


BlacKkKlansman: nuevo cartel


Godzilla: King of the Monsters: 2 carteles



martes, julio 17, 2018

Proximamente: Invéntate algo. Relatos que no te podrás sacar de la cabeza


De Chuck Palahniuk. En Random House.