Presentación del libro La película de mi vida, coordinado por Manolo D. Abad, en el que tengo el honor de colaborar.
"En lo que me concierne, no soy un escritor, soy alguien que escribe…" (Thomas Bernhard)
Presentación del libro La película de mi vida, coordinado por Manolo D. Abad, en el que tengo el honor de colaborar.
He disfrutado con estas memorias (parciales) por varias razones. Para empezar Stallone no cuenta toda su vida y milagros: al contrario, no se centra en los éxitos sino en los fracasos, en las múltiples hostias y decepciones que se llevó en la juventud. Empieza la narración cuando tiene unos 23 años y una adivina, en España, predice que se hará famoso. Y termina cuando Rocky recibe algunos premios en la ceremonia de los Oscar.
Es decir, lo que nos narra es el esfuerzo, las penurias, el hambre, las burlas y los rechazos que afrontó durante años hasta llegar a la cima. Años centrados en escribir guiones porque Stallone, en ese tiempo, le dio más a la tecla que a la actuación. Tras muchos borradores e ideas descartadas, dio con la solución: al público le interesaría la historia de alguien que se niega a rendirse porque en el fondo es lo que nos mantiene en pie: El objetivo no siempre es 'ganar', sino llegar hasta el final, probarse a uno mismo que es posible soportar todo lo que la vida depara. Se trata tan solo de no tirar la toalla cuando las cosas se ponen difíciles.
Rocky fue una película, pues, sobre la superación, que los productores se negaban a que protagonizara porque no era famoso. Y el libro está bien escrito. El título Los escalones, además, funciona de varias maneras: obviamente son los escalones que sube Balboa en Filadelfia pero también es una metáfora de cómo ascender en la vida y despojarse del fracaso subiendo peldaños y, a la vez, es un reflejo de las horas que le echó al teclado en aquellos años infructuosos: […] cada palabra que escribes es un 'escalón' para avanzar. Así es como yo lo veo. Un escalón tras otro. Stallone, sobre todo con sus primeras películas (pienso en Rocky, Cobra, Acorralado, Evasión o victoria, Halcones de la noche…), fue uno de mis ídolos en la infancia y la adolescencia.
[Plaza & Janés. Traducción de Jesús de la Torre Olid y Santiago del Rey Farrés]
Esta novela obtuvo hace unos años el Premio Miguel Donoso Pareja, y para España la rescata el editor de Bunker (que también es uno de mis editores: ahí está Los violentos). Es un libro con garra, de un escritor con oficio. El propio Eduardo Varas explica en el epílogo que se inspira en una historia real que impactó en Ecuador: pero él sabe que a veces la mejor manera de explicar la realidad consiste en contarla mediante la ficción. Y construyó tres versiones sobre el suceso: un chaval que asesinó a varios taxistas antes de que a él le dieran pasaporte, al que acabaron apodando El Niño del Terror. Se nota que Varas ha leído a los grandes latinoamericanos y aplica con precisión lo aprendido: hay violencia, dominio del lenguaje, asuntos turbios, encrucijadas en las que se decide el destino de manera brutal, varios narradores y varias perspectivas. Primeras páginas: aquí.
[Bunker Books]
Acaba de salir de imprenta este volumen colectivo en el que Manolo D. Abad me invitó a participar. La propuesta consistía en elegir una película que, por diversos motivos, nos hubiera marcado, que fuera más allá de lo estrictamente cinematográfico. Es decir, no estábamos ante la elección del que uno considere el mejor filme de la historia sino el que de algún modo se involucró en su vida. Por ejemplo: la primera peli que viste con tu novia, o la que te hizo amar el cine, o la que te condujo a asistir a clases de piano o lo que sea.
Yo elegí Regreso al futuro. Como cuento al inicio de mi texto podría haber elegido Arma letal o Blade Runner (mis obsesiones con la primera me depararon la prohibición materna de verla por décima vez)... pero la de Zemeckis me afectó de una manera que no se ha vuelto a repetir. He visto el índice en pdf, aunque todavía no tengo mi ejemplar, para comprobar el buen gusto de los participantes: Revenge, la citada Blade Runner, Paris, Texas, Freaks, Cromosoma 3... Publica la editorial asturiana Más Madera.
En una de las numerosas citas del nuevo libro de Hilario J. Rodríguez, El arte de viajar sin moverse del sitio (con el subtítulo Atlas de viajes reales e imaginarios), encontramos ésta de Edgardo Cozarinsky: En su búsqueda, el detective siempre termina por descubrir algo sobre sí mismo. Es una frase totalmente acorde con Hilario y sus intenciones como lector/viajero/escritor, a las que podríamos añadir la de espectador: mientras mapea territorios, recorre el mundo y lee sin descanso, no sólo acaba encontrando respuestas sobre la vida, sino también sobre su identidad, sobre quién es y qué quiere, y en qué puntos confluyen sus trayectos y su escritura.
Tirando de fuentes diversas y de escritores y cineastas formidables (Borges, Herzog, Sebald, Solnit, Resnais, Valeria Mata, Elias Canetti...), en cada texto va entremezclando sitios con lecturas, películas con anécdotas, experiencias con retazos históricos... de una manera que revela otra vez su destreza para fusionarlos en un todo que nunca se debilita. Así comienza:
Jan Mayen es una isla a 550 kilómetros al norte de Islandia y a 450 kilómetros al este de Groenlandia. Envuelta en la niebla durante casi todo el año, fue descubierta y olvidada un par de veces antes de ser cartografiada e incluida en los mapas trazados a partir del siglo xvi. Se hacía referencia a ella, con otros nombres, en algunos manuscritos de viajeros nórdicos e irlandeses. El monje Brendan de Clonfert, a quien se conocía como Brendan el Navegante, pudo ser su descubridor en el siglo vi. En sus escritos describe una isla negra que escupía fuego y emitía un ruido ensordecedor, más o menos donde se encuentra Jan Mayen. Pudo haber sido el primer ser humano conocido que pusiese sus pies allí, pero prefirió no hacerlo porque creyó estar ante las puertas del infierno; quizás la isla tenía actividad volcánica en aquel momento.
[Barlin Libros]
Si habéis leído la explosiva trilogía marsellesa de novela negra de Jean-Claude Izzo (Total Kheops, Chourmo y Soleá), entonces ya estáis al tanto del talento de este autor francés. Del que me parece insólito que el librazo que Sajalín publica ahora no se hubiera traducido antes.
Es la historia de un hombre que se queda sin trabajo, sin familia y sin techo y acaba en la calle. La novela comienza en el momento en que un amigo suyo (otro vagabundo) muere en París, y Rico, el protagonista, decide que está harto y emprende el viaje a Marsella. Durante ese periplo otro narrador, que en realidad no "aparece" en persona hasta la segunda parte (hasta entonces sólo era una voz narrativa), nos desvela por qué Rico llegó a esa situación: el desamor, el alcohol, la mala suerte...
Todo fue sumando hasta que se vio en la calle: y suele ser así. Detrás de cada persona que vive a la intemperie hubo alguien que lo intentó, que fue parte de la sociedad, hasta que vinieron mal dadas y no logró evitar el despido, las adiciones, el desahucio... Es una historia antigua y cotidiana. Algo que pone los pelos de punta porque cualquiera de nosotros podría acabar en ese pozo. Así comienza:
El invierno Tití lo llevaba dentro. En aquel momento le pareció incluso que el frío era más punzante en su cuerpo que en la calle. Quizá por eso había dejado de temblar, pensó. Porque no era más que un témpano de hielo, como el agua de las alcantarillas.
Un letrero luminoso sobre la entrada de una farmacia indicaba la temperatura, -8 ºC, y la hora, 20:01. Cobijado a duras penas bajo el soportal de un edificio, había visto desfilar los minutos desde las 19:30. Luego el aire glacial le nubló la vista. Comprendió entonces que la camioneta blanca de Restaurants du Cœur no iba a pasar, que era inútil seguir esperando. Cualquier pedigüeño se sabía su itinerario de memoria: Place de la Nation, Place de la République, Place des Invalides, Porte d’Orléans. ¡Nunca, jamás de los jamases pasaba por la Place de l’Hôtel de Ville la puta camioneta! Y allí había ido a esperarla, justamente, a la Place de l’Hôtel de Ville.
[Sajalín Editores. Traducción de Álex Gibert]
Aunque ya los tengo todos, continúo comprando (y releyendo) las nuevas ediciones de las obras de Raúl Núñez a cargo de Efe Eme. El caso de La chica del K. O. y otros relatos es totalmente distinto: que yo sepa, ningún libro había recogido sus cuentos dispersos, que por lo general publicó en revistas. Son siempre historias urbanas en torno a perdedores, donde el fracaso convive a la vez con el instinto de supervivencia pero también con cierto sentido de la autodestrucción.
Ya de paso releí A solas con Betty Boop (que, en el manuscrito original, se titulaba Solo con Betty Boop, como nos explican en el apéndice de esta edición), el último libro que publicó en vida: una historia, como era habitual en él, poblada por 3 personajes marginales: dos hombres y una mujer que merodean por bares infames y suelen andar mal de dinero. Y, por cierto, pronto habrá nueva edición del que es mi libro favorito de Raúl Núñez: El aullido del mudo.
[Ediciones Efe Eme]