miércoles, mayo 25, 2022

Dos buscadores. Correspondencia 1972 – 2011, de Sam Shepard y Johnny Dark

 

De una carta de Johnny Dark:

Y ahora nuestros padres están muertos y todos nuestros tíos y tías están muertos y el lugar donde crecí se me ha perdido para siempre y se me está acabando el tiempo. Pronto no podré ver cómo las palabras se deslizan bajo mi pluma. Todo esto se habrá perdido. ¿Cómo se supone que me comporte ante semejante cosa? El hecho es que simplemente no creo que seamos muy importantes. Ciertamente no somos tan importantes como creemos. Nuestros sentimientos incesantes, nuestros pensamientos implacables… a quién mierda le importa. No es importante para la galaxia.
Espera un segundo –¿¿no es importante?? ¿Quieres decir que a nadie le importa lo que pienso o lo que siento? ¿Quieres decir que estoy pasando por todo este sufrimiento solo y a nadie le importa una mierda?


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De una carta de Sam Shepard:

Me llama mi contador para decirme que no tengo dinero. “¿Qué vamos a hacer?”. El viejo Marty Licker, totalmente encorvado por una terrible artritis de columna. Como el tío Scrooge o algo así. No lo sé, Marty –no sé qué vamos a hacer. No hay películas. Ya nadie tiene dinero para hacer películas y las películas que sí terminan por hacerse no se parecen nada a las películas que yo solía hacer. No reconozco a ninguna de las estrellas, ninguno de los nombres. Son todos adolescentes. Yo ya soy pasado, Marty. Mi época se ha terminado. Soy un viejo pedorro sentado en mi cabaña de ladrillo de doscientos años en una granja de Kentucky, junto al fuego leyendo literatura poco conocida e inventando cuentos y obras. Las películas me han dejado atrás. Es algo que ya vino y se fue. Ahora solo quiero que me dejen en paz en mi pobreza.    



[Editores Argentinos. Traducción de María Inés Castagnino]

Trailer de Mission: Impossible - Dead Reckoning. Part One

 


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The Gray Man: 4 carteles

 






Cartel de Moonage Daydream

 


sábado, mayo 21, 2022

Crimes of the Future: otros 3 carteles

 




Trailer de Three Thousand Years of Longing

 

 

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Chete Lera (1949 - 2022)

 


Trailer de The Forgiven

 

 

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Vangelis (1943 - 2022​)

 


Decision to Leave: 3 carteles

 




Fred Ward (1942 - 2022)​

 


miércoles, mayo 18, 2022

La campana de cristal, de Sylvia Plath

 

 

Seguro que hay cosas que un baño caliente no cura, pero no conozco muchas. Siempre que estoy triste porque me voy a morir, o tan nerviosa que no puedo dormir o enamorada de alguien a quien no veré durante una semana, me hundo y me hundo hasta un punto en que digo: “Voy a darme un baño caliente”.
Yo medito en el baño. El agua tiene que estar muy caliente, tanto que apenas soportes meter el pie. Luego te sumerges, poco a poco, hasta que el agua te llega al cuello.

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Me quedé fría de la envidia. Nunca había ido a Yale, y Yale era el sitio que todas las chicas mayores de mi residencia preferían para ir de fin de semana. Decidí no esperar nada de Buddy Willard. Si no esperas nada de alguien, no te decepcionas.

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Empecé a entender por qué los hombres que odian a las mujeres consiguen que parezcan tan ridículas. Esos hombres eran como dioses: invulnerables y henchidos de poder. Descendían, y luego desaparecían. Nunca podías atrapar a uno.

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El aire acondicionado me hizo estremecer.
Seguía llevando la blusa blanca y la falda con peto de Betsy. Ahora habían perdido apresto, al no haberlas lavado en las tres semanas que llevaba en casa. El algodón sudado despedía un olor acre pero cálido.
No me había lavado el pelo en tres semanas, tampoco.
Llevaba siete noches sin dormir.
Mi madre me aseguró que tenía que haber dormido, era imposible no dormir en tanto tiempo, pero si dormía, era con los ojos abiertos de par en par, porque había seguido el curso verde luminoso de la manecilla de los segundos y la de los minutos y la de la hora en el reloj de la mesa de noche mientras trazaban sus círculos y semicírculos, cada noche durante siete noches, sin saltarme un segundo, ni un minuto, ni una hora.
No me había lavado la ropa ni el pelo porque me parecía absurdo.

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Sabía que debía estarle agradecida a la señora Guinea, solo que no era capaz de sentir nada. Si la señora Guinea me hubiese regalado un billete a Europa, o un crucero para dar la vuelta al mundo, me habría dado exactamente igual, porque en cualquier sitio –en la cubierta de un barco o en una cafetería en una calle de París o de Bangkok– estaría debajo de la misma campana de cristal, fermentándome en mi propio aire malsano.



[DeBolsillo. Traducción de Eugenia Vázquez Nacarino]

Cartel de Vesper

 


Próximamente: Dos veces en el mismo río

 

 

De Chris Offutt. En Malas Tierras.

Cartel de Spiderhead

 


Próximamente: Los hijos de Shifty

 

 

De Chris Offutt. En Sajalín Editores.

Elvis: 3 carteles

 




sábado, mayo 14, 2022

De cómo recibí mi herencia, de Dorothy Gallagher

 

 

Dorothy Gallagher cuenta la historia real de su familia ucraniana en Estados Unidos y nos ofrece un libro delicioso de algo menos de 170 páginas. Sus herramientas son el humor, el estilo desenfadado y preciso y el recurso a episodios que funcionan como relatos aislados pero que, juntos, conforman una especie de autobiografía literaria. No suele ahorrarse dardos llenos de ácido cuando menciona a sus familiares (y ésa es una de sus virtudes); veamos un ejemplo:

No fue fácil detectar el momento en que mi padre empezó a perder la chaveta, porque siempre había sido un hijoputa más terco que una mula, como él mismo decía de cualquiera que tuviese una opinión ligeramente distinta a la suya.

Contar las vicisitudes de sus parientes (“Nadie en mi familia ha muerto de amor”, “La autobiografía del primo Meyer”, “Los lazos de Lily”, etcétera) le sirve también para retratarse a sí misma, manteniendo un tono entre mordaz y cariñoso que se agradece mucho, igual que en esos episodios que giran sobre sí misma (“De cómo recibí mi herencia”, “No”, “De cómo me hice escritora”, etcétera). Mi colega Alexander Zárate lo ha definido perfectamente consignándolo como “un álbum de fotografías en el que se combina, y alternan, tiempos y figuras”.

La traducción de Regina López, muy fluida, como es habitual, y la edición de Muñeca Infinita, convierten a esta obra en una de las ineludibles de la temporada. Aquí va el inicio del relato “La última india”:

Sí, casi todos habían fallecido, y sin embargo yo los veía por todas partes. “Ahí va otro de mis muertos”, pensaba al ver a una ancianita subiendo con dificultad a uno de esos autobuses de suspensión neumática. Dejándose la piel calle abajo con las pesadas bolsas de la compra. En una silla de ruedas, empujada por una cuidadora.



[Muñeca Infinita. Traducción de Regina López Muñoz]

Nuevo cartel de Crimes of the Future

 


Cartel de Hustle

 


martes, mayo 10, 2022

Cartas de la época de Ibiza, de Walter Benjamin

 

 

¿Cómo debería actuar cuando las posibilidades de sobrevivir para un escritor de su actitud y formación están a punto de desvanecerse radicalmente en Alemania? Sólo la vida con una mujer o con un trabajo bien definido le podría proporcionar un estímulo suficiente para abordar estos apuros tan frecuentes. Lo que pasa es que le faltan ambas cosas. Por lo que respecta a lo segundo, piense lo que piense sobre el valor de su obra, la flexibilidad con la que él se ha adaptado, como periodista, a la coyuntura, es lo que le impide garantizar a su existencia cierta duración o posibilidades de crecimiento.

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Por lo que a mí respecta, no son todas estas circunstancias, más o menos previsibles desde hace tiempo, las que me han conducido, ciertamente sólo hace una semana, a la toma de decisión repentina de abandonar Alemania. Para ello, ha sido decisiva más bien la simultaneidad casi matemática con la que, desde todos los sitios donde tenía relaciones, me han devuelto manuscritos, se han roto tratos que estaban aún en marcha o ya cerrados o se han dejado peticiones mías sin contestar. El terror frente a toda conducta o forma de expresión que no se ajuste totalmente a la oficial ha llegado a límites casi insuperables. Bajo estas circunstancias, la máxima prudencia en cuestiones políticas, que siempre he practicado por buenas razones, puede proteger, cierto es, a los afectados por la persecución sistemática, pero no de la muerte por inanición. Y sólo recurriendo a unas operaciones algo complejas he conseguido cuando menos reunir cientos de marcos con los que podré vivir algunos meses en Ibiza, hacia donde pienso ir enseguida. Las cosas que me lleguen, no obstante, en el futuro pueden venirse abajo con la misma seguridad con la que ahora me van bien.




[Pre-Textos. Traducción de Germán Cano y Manuel Arranz]


Teaser de Avatar: The Way of Water


 

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domingo, mayo 08, 2022

Crimes of the Future: nuevo trailer


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Próximamente: Aniquilación

 

 

De Michel Houellebecq. En Anagrama.

En Aleteia: Petite Maman

 

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Cartel de Hallelujah: Leonard Cohen, a Journey, a Song

 


viernes, mayo 06, 2022

Próximamente: Hambre

 

 

De John Fante. En Anagrama.

En El Palomitrón: La tía Tula

 

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