
viernes, agosto 20, 2010
Citas. 115

Phillip Morris ¡Te quiero!

Biopic sobre Steven Russell, un estafador que aún hoy continúa en la cárcel. Los directores son los guionistas de Bad Santa, por lo que la mala leche estaba asegurada en los diálogos. La película es algo así como Atrápame si puedes en versión cómica. Lo mejor, además del ritmo de la narración y las mentiras y elipsis del protagonista, es un Jim Carrey totalmente desvergonzado y dueño, una vez más, de múltiples caras y registros. Lo peor es que Ewan McGregor, el Phillip Morris del que se enamora Russell en prisión, tiene a su cargo un papel de comparsa, tan secundario, que parece la chica florero de la peli. Por lo demás, muchas risas con el gran Jim Carrey.
jueves, agosto 19, 2010
Un lento aprendizaje, de Thomas Pynchon

Una de mis asignaturas pendientes es la lectura de las obras de Thomas Pynchon. Admito que siempre me ha dado pereza. Tengo que subsanar esa falta y lo haré poco a poco. De momento, he leído su libro de relatos Un lento aprendizaje, que encontré en alguna librería de viejo. Son cinco cuentos entre los que destacaría la frescura del primero, Lluvia ligera, con soldados chistosos que me recuerdan a los de la película 1941, y la perfección del último, La integración secreta. Aunque sé que no es su mejor libro, por lo que dicen otros y asegura el propio autor, me agrada el humor de Pynchon, me divierten sus diálogos y sus estrafalarios personajes y sus intentos de cultivar los géneros (véase el cuento Bajo la rosa, de espionaje). No me olvido de la extensa introducción en la que Pynchon destripa los errores de estos relatos, sus fallos como escritor novel y su manía juvenil de documentarse más con lecturas que con experiencias. Y por supuesto me gusta que reconozca su deuda con los beat: considera En el camino, de Jack Kerouac, “una de las grandes novelas norteamericanas”, lo cual me hace muy feliz dada mi pasión por ese libro. De ese introito dejo aquí un pedazo:
No sé de dónde había sacado la idea de que la vida personal del escritor no tiene nada que ver con su ficción, cuando lo cierto, como todo el mundo sabe, es casi todo lo contrario. Además, tenía a mi alrededor abundantes pruebas de esa verdad, aunque prefería ignorarlas, pues, de hecho, la ficción tanto publicada como inédita que me conmovía y satisfacía entonces y ahora era, precisamente, la que resultaba luminosa y sin ninguna duda auténtica porque había sido hallada y elevada, siempre pagando un coste, desde unos niveles más profundos y más compartidos de la vida real que todos vivimos. Detesto pensar que no lo comprendí así, aun cuando fuese de una manera imperfecta. Tal vez el precio del alquiler era demasiado alto.
[Traducción de Jordi Fibla]
Tres días después de la muerte de Kurt Cobain
¿Qué más da? ¿Qué sé yo de ti, ni de nadie? ¿Qué sé de los hermosos agujeros que hacen las balas?
Hace frío en la calle y no debería, y sinceramente no tengo nada que decir de tu sangre en la moqueta.
Nada mío va a ayudarte y nada tuyo puede acabar conmigo.
Lo negaremos siempre, pero creo que en todas las guerras uno se alegra secretamente de la muerte del otro.
Ray Loriga, Días extraños
Cosmopoética: nuevos títulos


Gracias al blog de José María Cumbreño (no perderse su libro Límites y progresiones, en Baile del Sol) me entero de la publicación de estos títulos de poesía, en ediciones bilingües: La familia americana. Antología de nueva poesía de Estados Unidos, Un silencio radiante. Ocho poetas búlgaros contemporáneos, Poemas de los Himalayas, Otros mesopotámicos raros, etcétera. Se pueden ver en esta web. Al verlos me he acordado de David González porque él suele ser un cazador de este tipo de antologías. Ahora espero que los distribuyan en Madrid y pueda hacerme con ellos.
Emanuelle negra

miércoles, agosto 18, 2010
Mi refugio

Esta película gira alrededor de una barriga. Del vientre de una embarazada (Isabelle Carré, la protagonista, lo estuvo de verdad durante el rodaje y aceptó el reto que le propuso el director). La cámara se recrea en su redondez, en su atractivo, en su perfección. La historia orbita alrededor de ese eje junto al que se mueven los personajes desde el momento en que, de una pareja yonqui, sobrevive la chica y fallece el novio tras inyectarse heroína adulterada. Ella recibe tres noticias en el hospital: ha sobrevivido a pesar de meterse lo mismo en vena, su pareja ha muerto y está encinta. Y de ese nexo (el bebé en camino) nace el calor de los personajes, lo que creemos que piensan y sienten y cómo se relacionan entre sí.
Ozon nos habla de una mujer sola y embarazada, necesitada de sexo y de cariño. Una mujer a la que visita el hermano homosexual de su novio muerto en una casa a las afueras de un pueblo del país vasco francés, lo que ella considera como “mi refugio”. Pero para el espectador, o al menos para mí, ese refugio también es el hijo que aún no ha nacido, el refugio donde se gestan las huellas del padre, del hombre que murió, el bebé en el que se perpetuarán los rasgos de sus progenitores.
El director plantea su película mediante un control casi férreo de las emociones de los personajes y mediante una serie de elipsis que, en vez de robarle sustancia al filme, lo hacen más misterioso. Isabelle Carré hace un gran papel y vuelve a demostrar la belleza de las mujeres encintas, su carnalidad y ese rostro luminoso que se les pone. El resultado final no es tan redondo como cabía esperar, pero merece la pena verla. Me apunté la frase que dicen al principio, durante el funeral del novio: “De ti quedará lo que sembraste”.
Sueños, de Franz Kafka

Errata Naturae ha recopilado los sueños que Kafka describió en sus cartas y en sus diarios y casi todos contienen el germen de su literatura: donde se dan la mano el absurdo y la paranoia. Inception ha reavivado mi interés por lo onírico. De estos sueños kafkianos dejo aquí tres muestras:
El cansancio no me ha dejado escribir, he estado tumbado en el canapé con la habitación alternativamente fría y caliente, me dolían las piernas y he tenido unos sueños repugnantes. Había un perro tumbado sobre mi cuerpo, una de sus patas junto a mi cara, eso me ha despertado, pero durante unos instantes he sentido un miedo horrible de abrir los ojos y ver al perro.
***
Esta mañana he vuelto a soñar contigo. Estábamos sentados el uno al lado del otro y tú me apartabas sin brusquedad, amable. Yo me sentía muy desgraciado. No porque me hubieras apartado, sino por mí mismo, porque te trataba como si fueras una mujer cualquiera, una mujer silenciosa, sin percibir la voz que hablaba en ti, una voz que me hablaba precisamente a mí. O quizás no es que no lo percibiera, sino que no podía contestar. Me marchaba aún más infeliz que en el otro sueño.
***
Anoche asesiné por ti: un sueño absurdo, una noche pésima, pésima. No recuerdo prácticamente nada… Durante una conversación que ya no recuerdo, pero que implícitamente apuntaba a que cierta persona era incapaz de llevar a cabo cierta gestión, alguien, un pariente, decía con ironía: “Bueno, entonces tal vez Milena”. En ese momento yo lo mataba, aunque no sé cómo. Regresaba a casa muy alterado, mi madre me perseguía corriendo de un lado a otro, también entonces teníamos una conversación parecida: finalmente, yo gritaba encolerizado: “Si alguien habla mal de Milena, aunque sea mi padre, lo mataré o me mataré”. Luego me despertaba, aunque lo cierto es que aquello no había sido lo que se entiende por dormir ni lo que se entiende por despertar.
[Traducción de Iván de los Ríos]
Trailer y cartel de Black Swan

Jeff Bridges en True Grit

Emmanuelle
martes, agosto 17, 2010
País de sombras, de Peter Matthiessen

La semana pasada estuve entretenido con la lectura de esta novela de gran tonelaje y de grandes ambiciones (1.132 páginas, 30 años de escritura y reescritura, National Book Award), por cuya impecable y esforzada traducción Javier Calvo se merece varios premios. Mientras la leía, colgué aquí algunas reseñas guardadas para la ocasión. Peter Matthiessen escribió una trilogía que, con los años, ha convertido en un único volumen: Shadow Country o País de sombras, que narra la historia real de Edgar J. Watson, uno de esos pioneros que se instalaron en el Golfo de México para cultivar tierras, expandir horizontes y asesinar a quienes le impidieran desarrollar sus planes. Watson existió de verdad y se cree que mató a la célebre forajida Belle Starr, entre otros muchos crímenes sin resolver. El libro arranca con la muerte de Watson: de ello se encargan sus vecinos, pero no queda claro si fue en defensa propia o fue un asesinato masivo. La estrategia empleada por Matthiessen consiste en ofrecernos todas las aristas posibles del personaje y de las causas que desembocaron en esa muerte, a la manera de Kurosawa en Rashomon, como veremos en este desglose de las tres partes:
En “País de sombras”, la primera parte, a lo largo de varios monólogos breves, numerosos personajes cuentan su versión de los hechos. La narración engancha en seguida y recuerda mucho a Mientras agonizo, de William Faulkner, quizá el autor con el que más deuda tiene Matthiessen; dicho recurso lo utilizó hace poco Chuck Palahniuk en Rant. Aquí se desvela el prisma con el que cada cual veía a Watson: unos lo calificaban de tipo siniestro, despiadado y sanguinario; otros, de alguien que prestaba ayuda y no creaba problemas si no le buscaban las cosquillas.
En “El Río Lost Man”, uno de los hijos de Watson (entre los muchos que tuvo, legítimos y bastardos) quiere escribir una biografía sobre el padre y entrevistarse con quienes lo conocieron y rebuscar entre los juzgados y en las comisarías y en las cartas a la búsqueda de datos que atestigüen que su padre no era tan cruel como lo pintaban. En esta segunda parte el autor, narrando la historia en tercera persona del singular, nos ofrece un retrato más amable de E. J. y nuevas versiones de los hechos y de sus posibles crímenes. El hijo recorre Florida una y otra vez en busca de la verdad. Los ambientes y las situaciones recuerdan bastante a las novelas de Faulkner y de Cormac McCarthy (pero jamás alcanzan la violencia extrema de Meridiano de sangre) y a westerns oscuros como La propuesta y El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford.
En la última y más extensa, “Hueso a hueso”, es E. J. Watson quien cuenta en primera persona su historia: desde la niñez hasta la muerte. En la narración aparecen directa o indirectamente varios personajes históricos como Billy el Niño, El Juez de la Horca o los hermanos Younger y James (cuya historia narró Walter Hill en la película Forajidos de leyenda).
Matthiesen se ha consagrado definitivamente con este libro, ya una referencia para autores del calibre de Saul Bellow, Richard Ford, Don DeLillo, Joyce Carol Oates o Joseph Heller, que no han dudado en aplaudirlo y recomendarlo. La prosa es extraordinaria, y las descripciones y los diálogos son propios de un narrador de raza. La leyenda erigida en torno a esta figura siniestra le sirve para hablarnos de la historia de su país entre finales del siglo XIX y principios del XX, y de cómo los EE.UU. son lo que son por culpa del racismo, la explotación de los recursos, las injusticias cometidas contra los pobres (y contra indios y negros) y la obsesión por la propiedad.
La parte más entretenida es la primera, y quizá la segunda sea la mejor o la que más me ha gustado. Sin embargo, la lectura de la tercera me ha costado bastante. Ha sido una ardua tarea, me dejó molido. Quizá se deba a que, para entonces, uno lleva leídas 620 páginas y empieza a fatigarse. O puede que sea porque, al comenzar la tercera, al fin y al cabo es la misma historia contada desde otra perspectiva y nos intriga menos porque conocemos las conclusiones, aunque los hechos sean diferentes. Estoy de acuerdo con Francisco Solano cuando, en su crítica para Babelia, afirma que esta lectura es una maratón y que el lector acaba exhausto. Pese a que País de sombras augura pasajes inolvidables y horas de placer literario, requiere de un lector con paciencia y aguante. Se me ocurre que no sería mala idea leer cada parte por separado: por ejemplo, una al mes. Aquí dejo un fragmento de la segunda, la entrada en Gator Hook, uno de los capítulos más memorables:
Sobre una cadena de colinas cubiertas de pinos junto a aquella carretera se encontraba Gator Hook, un poblado de cabañas donde los cobertizos abandonados y las moradas decrépitas de los trabajadores que construyeron la carretera habían sido usurpados por fugitivos y vagabundos, además de desolladores de caimanes, destiladores de aguardiente y putas retiradas, formando una sociedad de bribones que a menudo ya estaba borracha de su propio aguardiente antes del mediodía. Apartado del resto del condado de Monroe por cientos de kilómetros cuadrados de Glades vacíos de carreteras, el Hook estaba más allá de toda administración cuerda, a juzgar por el hecho de que el sheriff del condado de Monroe jamás había puesto una bota en aquella avanzada de su jurisdicción aislada y dejada de la mano de Dios.
[Traducción de Javier Calvo]
A veces tu padre
Richard Price, La vida fácil
Origen: El trabajo Cobol

La hija de Ryan
lunes, agosto 16, 2010
El arte de tener razón, de Arthur Schopenhauer

Estratagema 8
Suscitar la cólera del adversario, ya que, encolerizado, no está en condiciones de juzgar de forma correcta y percibir su ventaja. Se le encoleriza no haciéndole justicia, enredándole abiertamente y, en general, mostrándose insolente.
***
Estratagema 18
Si observamos que el adversario ha recurrido a una argumentación con la que nos derrotará, no debemos permitir que la lleve hasta el final, sino que oportunamente le interrumpiremos, haremos divagar o desviaremos el curso de la discusión y la llevaremos a otras cuestiones: en suma, procuraremos una mutatio controversiae.
***
Estratagema 27
Si ante un argumento el adversario se enfada, se le debe acosar insistentemente con ese argumento: no sólo le ha encolerizado porque es bueno, sino porque hay que suponer que ha tocado el punto débil de su razonamiento y es probable que en ese punto se le pueda atacar más de lo que uno mismo ve de momento.
[Traducción de Jesús Alborés Rey]
The Expendables (Los mercenarios)

Por fin vi la película más kitsch y macarra del año y puede que de la década, con el permiso de Machete. No es fácil juzgarla porque, aunque la primera impresión es que es simplemente mala, Stallone sabe lo que hace, desde luego es consciente de no haber reunido a actores del método y de ahí que su último filme sea autorreferencial y autoparódico. De hecho, sigue los patrones de Rambo: ir a la zona peligrosa, pegar miles de tiros, cumplir la misión y volver a casa. No tiene más pretensiones. Los guiños y las bromas son continuos e incluso insinúa que los tiempos han cambiado: el héroe ya no gana todas las peleas y quizá sólo sea tan rápido como cualquier otro. Lo que ocurre es que esa línea entre la parodia y la falta de calidad no está siempre clara: estuve hora y media riendo en el cine y a veces era por ese humor consciente de Stallone, pero otras veces era debido a lo absurdo de los diálogos, a las fantasmadas, al montaje caótico y a las situaciones imposibles. En Facebook la definí el otro día como una película mala de acción cómica o una película cómica de acción mala. Lo importante es que volví a los 80 y me lo pasé muy bien por unas u otras razones. Mala, pero divertidísima.
Trailer de The Next Three Days

Mario Crespo (Biografía apócrifa)
A día de hoy vive en la periferia de Madrid y se dedica a leer, comer, fumar y otros vicios. Le gusta hacer rutas por la montaña, trompos con el coche y turismo rural. Su estilo literario ha sufrido muchas variaciones a lo largo de los siglos. Ahora escribe poemas de verso libre sobre coches de época, una de sus grandes pasiones. En los últimos tiempos ha sido reclutado por la tripulación de Vinalia para desbarrar en su última publicación, Plan 9 del espacio exterior, donde se puede encontrar su relato "La verdad está ahí fuera", título que fue cambiado a última hora por otro que ahora mismo tampoco recuerda.
Mario Crespo, del blog Vinalia Trippers: Plan 9 del Espacio Exterior
Amarcord
viernes, agosto 13, 2010
Inception (Origen)

Christopher Nolan: Origen es un gran edificio gótico, imaginario, gaudiniano, una pesadilla de edificios, ciudades y estructuras movibles, manipuladas por la mente. (Fotogramas, agosto de 2010).

Toda la obra de Christopher Nolan analiza las conexiones entre la realidad y la memoria, el insomnio, la ilusión, los sueños, la locura y la identidad, sin que sepamos dónde quedan exactamente los límites entre sus fronteras. Inception supone otro paso grandioso en su carrera, como ya lo fueran sus anteriores películas. Mediante una trama propia del cine de ladrones de bancos o de museos (donde los cerebros, los conductores o los expertos en desvalijar cerraduras son sustituidos por arquitectos, químicos y falsificadores), Nolan nos propone un mundo en el que los humanos se conectan en sueños y en el que ha surgido la figura del Extractor, el hombre capaz de robar las ideas de otros cuando éstos están soñando. El mejor es Cobb (Leonardo DiCaprio), a quien su última víctima le propone un último golpe: no robar una idea, sino insertarla en un cerebro para que germine y haga cambiar el rumbo a un empresario. Ese implante es lo que denominan Origen o Inception.

Si, en Insomnio, Al Pacino llegaba a confundir la realidad tras varias noches sin dormir y ahogado por la culpa, en Inception a menudo los propios soñadores ignoran si están despiertos o dormidos. Ese equilibrio es el que suele interesarle en sus películas y en esta última obra es fascinante su exploración del mundo onírico: primero por el guión y las sentencias que profieren los protagonistas, y segundo por esos sueños en los que la mente crea el sueño y transforma edificios y ciudades a su antojo.
Christopher Nolan: ¿Pistas? Las más evidentes están en mis cintas: el que sigue y es seguido en Following (1998); la memoria oculta y mutante de Memento (2000); el sueño unido al crimen y a la culpa de Insomnio (2002); la ciudad como una bestia casi de la imaginación de Batman Begins (2005); la manipulación de la credibilidad en El Truco Final: El Prestigio; y la locura de El Caballero Oscuro (2008). (Fotogramas, agosto de 2010).
En Inception uno cree ver múltiples referencias, algunas de ellas apuntadas por el propio director y guionista: Borges, Matrix, Dark City, El cazador de sueños de Stephen King, Blade Runner, Kubrick, Heat, eXistenZ, Scanners, Viaje alucinante al fondo de la mente, El manantial de Ayn Rand… Es curioso que, en su primera película (Following: 70 minutos en blanco y negro), ya algunos matices preludiaran su obra posterior: las fotos de El resplandor de Kubrick en el cuarto del protagonista, el nombre del ladrón (Cobb: igual que DiCaprio en Origen), el símbolo de Batman en la puerta de un piso, el desorden cronológico.
Pero, a mi juicio, la referencia más notable es William S. Burroughs, aunque no sé si la referencia es consciente o casual. En varias escenas de Inception los protagonistas hablan de las ideas (y de implantar ideas en el cerebro) como de un virus, un parásito muy resistente, algo que arraiga y es “casi imposible de erradicar”. Las ideas, además, se contagian. Burroughs decía que la palabra era un virus y que se contagiaba entre los hombres, y nosotros transmitimos las ideas mediante palabras. “Una simple idea es capaz de cambiarlo todo”, asegura Cobb.
Absorbente, compleja y perturbadora, Inception se te mete en el cerebro y no sale de allí, como suele ocurrir con las grandes películas: se acuesta uno pensando en ella, sueña con sus escenas y se despierta pensando en las paranoias del argumento. Gracias al final abierto,y al laberinto de sueños dentro de sueños y a todas las teorías oníricas y al abigarrado guión, Christopher Nolan ha creado otra pieza maestra. Y es que, como diría el escritor Delmore Schwartz: “En los sueños empiezan las responsabilidades”.
Collige Virgo Rosas
Aunque ahora te parezca todo muy lejano.
La chispa de alcohol y el brillo en los ojos,
Jugando a la gata sobre El tejado de zinc caliente
Con los pies desnudos y el escote distraído,
Mientras ellos sueñan con meterte en la cama.
¿Eres menos ingenua de lo que intentas aparentar?
Todavía la ortodoncia en los dientes
Con toque de nínfula de Nabokob crecidita.
Haces citas en francés, mientras te llenan la copa
Y ellos te vacían de tules y gasas.
Veinte años no son eternos,
Aunque ahora el mundo haya puesto
una alfombra roja a tus pies.
Te encorsetas en tu piel de mujer-pantera
Que no sabe cazar, pero puede ser cazada.
Ten cuidado y sé buena- ya te lo dijo mamá.
Eres menos ingenua de lo que intentas aparentar:
Un beso arrancado que sabe a bayeta sucia
Y el cuerpo de un desgraciado que te quiere manosear.
Eres una niña que llora sola en el patio del colegio.
No te encierres en el baño del pub a autoflagelarte y
Dale una bofetada a ese hijo de puta, pero no lo harás.
Veinte años no son eternos.
Despertarás con las tetas caídas
De indígena del National Geographic.
Con restos de maquillaje y olor a ginebra
Con la boca reseca y la lengua de cartón.
Ya lo dijo Gardel: “¡Qué veinte años no es nada!”
Collige Virgo Rosas...
Lucía Fraga, de su blog Nostalgia del acero
Cartel y trailer de El ilusionista

Bebí...
Me puse a escribir otro relato.
Larry Brown, Amor malo y feroz
jueves, agosto 12, 2010
Lugar común. El motel americano, de Bruce Bégout

Destinados originalmente a los primeros turistas motorizados, los moteles se convertirán muy pronto en parajes animados por intenciones menos honorables: lugar de encuentros clandestinos para los amores ilícitos, guarida para criminales locales o a la fuga, escondite para los productos prohibidos, etc. Construidos fuera de la ciudad, en lugares tranquilos y aislados, se encuentran al abrigo de las miradas y de las habladurías, lejos de la centralidad normativa. Más allá de la zona de jurisdicción de la policía municipal, representan el espacio ideal para los encuentros al margen de la norma. El anonimato del lugar permite a quienes lo deseen fundirse con el decorado. De una discreción casi absoluta, el gerente no formula preguntas ni sobre la autenticidad del nombre que se le procura ni sobre las razones profundas de la estancia. Por un puñado de dólares alquila sin prestar demasiada atención una habitación a cualquiera.
*
Entre la población heteróclita de los moteles, hallamos de todo, pero las más de las veces gentes en trámites: de divorcio, de un nuevo trabajo, de un nuevo encuentro. Seres a punto de, pero que no han alcanzado aún su objetivo ni decidido su meta. Seres que no languidecen en vanas lamentaciones sobre los fracasos pasados ni en especulaciones ociosas acerca de un mañana plácido. Entidades inestables e irresolubles que avanzan sin saber muy bien hacia qué ni por qué. Viajantes comerciales, obreros sin empleo, temporeros, solteros, divorciados, seres dispuestos a partir y que desean todos ellos, más o menos, volver a empezar de cero. Y ese cero está aquí. Sólo la austeridad absoluta permite estimar nuestras reservas. Tocar fondo es coincidir con nuestra esencia.
[Traducción de Albert Galvany]
Regreso al futuro: 25 aniversario

Cartel de The Tempest

La creación de Facebook
Ben Mezrich, Multimillonarios por accidente
Cristal Oscuro

miércoles, agosto 11, 2010
Próximamente: Zombi - Guía de supervivencia. Ataques registrados

Cartel de Due Date
Cabeza de turco, de Günter Wallraff

Aún no he llegado a saber cómo asimila un extranjero las humillaciones cotidianas, los actos de hostilidad y odio, pero sí sé ya lo que tiene que soportar y hasta qué extremos puede llegar en este país el desprecio humano. Entre nosotros, en nuestra democracia, se da una parcela de apartheid. Mis vivencias han superado, en un sentido negativo, todas mis expectativas. En plena República Federal he vivido situaciones que, de hecho, sólo se hallan descritas, por lo general, en los libros de historia del siglo XIX.
Cuanto más asqueroso y agotador era el trabajo, cuanto más exigía la puesta en juego de mis últimas reservas, tanto mayor fue el desprecio y la humillación que sentí: es algo que no sólo me ha hecho daño sino que, incluso psíquicamente, me ha conformado de modo distinto.
[Traducción de Pablo Sorozábal]






















