martes, octubre 20, 2026

El arte de viajar sin moverse del sitio, de Hilario J. Rodríguez

 

En una de las numerosas citas del nuevo libro de Hilario J. Rodríguez, El arte de viajar sin moverse del sitio (con el subtítulo Atlas de viajes reales e imaginarios), encontramos ésta de Edgardo Cozarinsky: En su búsqueda, el detective siempre termina por descubrir algo sobre sí mismo. Es una frase totalmente acorde con Hilario y sus intenciones como lector/viajero/escritor, a las que podríamos añadir la de espectador: mientras mapea territorios, recorre el mundo y lee sin descanso, no sólo acaba encontrando respuestas sobre la vida, sino también sobre su identidad, sobre quién es y qué quiere, y en qué puntos confluyen sus trayectos y su escritura.

Tirando de fuentes diversas y de escritores y cineastas formidables (Borges, Herzog, Sebald, Solnit, Resnais, Valeria Mata, Elias Canetti...), en cada texto va entremezclando sitios con lecturas, películas con anécdotas, experiencias con retazos históricos... de una manera que revela otra vez su destreza para fusionarlos en un todo que nunca se debilita. Así comienza:

Jan Mayen es una isla a 550 kilómetros al norte de Islandia y a 450 kilómetros al este de Groenlandia. Envuelta en la niebla durante casi todo el año, fue descubierta y olvidada un par de veces antes de ser cartografiada e incluida en los mapas trazados a partir del siglo xvi. Se hacía referencia a ella, con otros nombres, en algunos manuscritos de viajeros nórdicos e irlandeses. El monje Brendan de Clonfert, a quien se conocía como Brendan el Navegante, pudo ser su descubridor en el siglo vi. En sus escritos describe una isla negra que escupía fuego y emitía un ruido ensordecedor, más o menos donde se encuentra Jan Mayen. Pudo haber sido el primer ser humano conocido que pusiese sus pies allí, pero prefirió no hacerlo porque creyó estar ante las puertas del infierno; quizás la isla tenía actividad volcánica en aquel momento.



[Barlin Libros]