viernes, octubre 05, 2012

Cuando un libro abandona...

Cuando un libro abandona la mesa del autor, cambia. Incluso antes de que nadie lo lea, antes de que se posen en una sola frase los ojos de alguien que no es el creador, el libro queda alterado irremediablemente. Se ha convertido en un libro que puede leerse, que ya no pertenece a su hacedor. Ha adquirido, en cierto sentido, libre albedrío. Realizará su viaje por el mundo y el autor ya no puede hacer nada al respecto. Incluso él, al ver sus frases, las lee de manera distinta ahora que pueden ser leídas por otros. Le parecen frases distintas. El libro ha salido al mundo y el mundo lo ha rehecho.


Salman Rushdie, Joseph Anton

Primer cartel de Jack Reacher


28 Hotel Rooms: segundo trailer




Cartel de Parker


Trailer de Broken City



Con Mark Wahlberg, Russell Crowe y Catherine Zeta-Jones: aquí.

The Paperboy: cuatro carteles





jueves, octubre 04, 2012

A Roma con amor


A un hombre que trabaja tanto en el cine (un rodaje y un guión nuevo y un montaje cada año) se le puede perdonar todo, principalmente si alterna maravillas (Midnight in Paris, El sueño de Casandra, Match Point…) con películas menores (Conocerás al hombre de tus sueños, Scoop…). A Roma con amor es, sin duda, una de sus obras más flojas. Intentemos entender por qué.

Woody Allen, en esta nueva etapa de rodajes por otros países, se adapta a cada ciudad como un camaleón. Su mirada es la del turista, cierto; pero es un turista capaz de atrapar la esencia de esas ciudades, de captar su magia y devolvernos instantes gloriosos de cine. En su nueva película, por tanto, se ha inspirado en la comedia italiana de los años 50 y 60 (basta con escuchar la BSO), donde tienen cabida las situaciones más inverosímiles, y el surrealismo de algunas obras de Fellini. Lo hace con la estructura de capítulos: episodios independientes, con personajes que no llegan a cruzarse, a la manera de esos filmes italianos de capítulos rodados por varios directores.

Todas las situaciones planteadas bordean lo imposible o lo rocambolesco o lo inverosímil: Roberto Benigni, un funcionario gris, se despierta un día convertido en un famoso, sin que él entienda las razones (del mismo modo que Robin Williams empezaba a desenfocarse en la magnífica Desmontando a Harry); Jesse Eisenberg se tropieza con un arquitecto famoso que se convierte en su conciencia, apareciendo allá donde menos se le espera, como una especie de fantasma vivo, y el primero tiene que afrontar una dura prueba: resistirse a los encantos de una amiga de su novia; Woody Allen trata por todos los medios de convertir en una estrella de la ópera a un funerario que canta muy bien en la ducha; una pareja se separa durante unas horas y él acaba con una puta y ella con una celebridad. Las historias, por cierto, no coinciden en el tiempo: algunas duran días; otras, apenas unas horas.

La película plantea dos problemas. El primero es que nosotros, los espectadores, ya no estamos acostumbrados a la comedia italiana de aquella época; nos desencajan algunas de las situaciones planteadas en el filme. El segundo es que el gran guionista que es Allen no brilla tanto como, por ejemplo, en su obra precedente.

Sin embargo hay que verla. No faltan algunos momentos geniales (no los voy a desvelar). Y están Alec Baldwin y Jesse Eisenberg, que juntos logran esa química del maestro y su alumno. Y están Ellen Page y Penélope Cruz, dos formas de la belleza totalmente opuestas. Y circulan por ahí, a modo de cameos-homenaje, algunas antiguas e irreconocibles estrellas: Ornella Muti, Giuliano Gemma, Maria Rosaria Omaggio, Carol Alt… Y, sobre todo, está Roma, cuya magia Woody Allen ha sabido capturar con precisión en estos cuentos urbanos.  

Cartel de Not Fade Away


Dirige David Chase, creador de Los Soprano.

Próximamente: Narrativa breve completa


De Carlos Casares. En Libros del Silencio.

Flight: dos carteles



Trailer de The Lone Ranger


Con Johnny Depp, Armie Hammer, Tom Wilkinson, William Fichtner, Barry Pepper, James Badge Dale, Ruth Wilson y Helena Bonham Carter. Aquí.

Cartel de Broken City


miércoles, octubre 03, 2012

Autorretrato con radiador, de Christian Bobin



Yo no conocía la obra de Christian Bobin. Ni siquiera había oído hablar de él. Y fue Isabel Bono, amiga y poeta obsesionada con aquellos que escriben a media voz, con tantos silencios en la página como palabras (Samuel Beckett, Peter Stamm, Sam Shepard, E. M. Cioran), quien me lo recomendó. Empiezo con este breve y maravilloso libro, en el que el autor escribe un diario durante un año de su vida. Un diario en el que siempre planea la sombra de la amada muerta, de la que sólo nos va contando algunos esbozos que configuran su identidad. No se trata de un diario al uso porque Bobin nos habla de las cosas pequeñas, de lo que aún le confiere vida a pesar de haber probado la ausencia: las flores que se marchitan pronto, los árboles a la orilla del camino, los paseos hasta el cementerio, la irrupción de la luz en los cuartos, la nieve sobre los tejados, las palabras inocentes de los niños… Pero también hay muchas reflexiones sobre la poesía, la literatura, la vida y la muerte y el pasado. Os dejo con unos cuantos apuntes:

Domingo 14 de abril

Dios mío, por qué habéis inventado la muerte, por qué habéis permitido que venga una cosa semejante, es tan agradable la vida en la tierra, vuestro paraíso tendrá que ser deslumbrante para que la ausencia de esta vida terrenal no se haga sentir en él, necesitaréis ingenio para darme una alegría tan pura como la del aire fresco de una mañana de abril, sí, necesitaréis mucho talento y por consiguiente amor para que no llegue a vuestro paraíso, ninguna nostalgia de esta vida, herida, pequeña, muda.

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Me pregunto dónde estás. El cementerio, la tierra, el ataúd, eso no me basta como respuesta.

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Atravesaste esta vida sin que nada ni nadie te parase, y continuaste con tu impulso: no estás en tu muerte. No descansas en ella. La atraviesas y sigues yendo en la oscuridad con los ojos abiertos de par en par.

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Los niños de corta edad acaparan todas las fuerzas de los que se ocupan de ellos y, en una milésima de segundo, por la gracia de una palabra o de una sonrisa, dan infinitamente más que todo lo que habían acaparado.

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Y un día, para conocer un libro nos bastará con posar nuestro índice sobre su portada, y toda la luz de las palabras nos penetrará, sin que quede nada, y ese día sabremos que estamos muertos –pues mientras estamos vivos, estábamos condenados a lo laborioso, a palabra por palabra y a lo indescifrable.

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Viernes 30 de agosto

Lo que mantengo no es un diario, es un fuego que alumbro en la oscuridad. No es un fuego que alumbro en la oscuridad, es un animal que alimento. No es un animal que alimento, es la sangre que escucho en mis sienes, latiendo –como un postigo atravesado contra la pared de una casita.

Los muertos, como los vivos, al igual que los vivos, trabajan para separarse de la muerte.

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Me invitáis a que hable de mis libros. Es una petición, por supuesto, bienintencionada. Pero aprendí a mi pesar –lo que constituye la manera más fresca de aprender– que algunas formas de que nos quieran sólo saben hacernos daño. Así es cómo yo os oigo: “Venga a debilitar sus libros hablando con nosotros”. Y esto es lo que yo os respondo: el cerezo ofrece sus frutos a la hierba espesa y a los gorriones golosos. Sus cerezas a veces viajan y bailan en los mercados, pero él se obstina en su soledad ventosa. Bajo su gorra de flores blancas, piensa en las rojeces venideras y no se imagina por los caminos, dando cuenta de su trabajo. 

**

El mundo está terrible en estos tiempos. Muchos tan sólo encuentran en él lo justo para sobrevivir y un día los poderosos tendrán que pagar por lo que hacen a los débiles. ¿Una venganza? No, sobre todo nada de venganzas. Más bien la dicha convaleciente de una vida en la que nadie sea considerado más en función de su lugar en la sociedad. Mirada ante mirada. Palabra ante palabra. Y eso es todo. Y nada más. Y como los poderosos no soltarán nunca nada, será preciso cogérselo. ¿Cogerles qué, su dinero? No, el dinero sella su enfermedad, el dinero es su enfermedad. Habrá que arrancarles aquello por lo que sienten más avaricia: una mirada libre de todo desprecio. Una mirada humana, simplemente.


[Traducción de José Areán]

Frankenweenie: 6 carteles







Cuando el sol caía sobre el agua

Cuando el sol caía sobre el agua
de la pileta de lona,
en la casa de mi tía
en Puente Alsina.
Yo aprovechaba y me metía con mis primos a jugar.

El piso de Porlan quemaba mis pies.

Mi tío Raúl,
parado en la puerta
con su cerveza en la mano
nos miraba.

Mi tía siempre con un cigarro encendido
y un trapo viejo, blanco y rojo
sobre el hombro:
tenía la cara flaca,
el pelo largo y negro,
con un flequillo cortado a mordiscones.

Mi tía murió de cáncer de pulmón.
Fumaba demasiado.


Me hubiera gustado decirle que
se parecía a Patty Smith.




Daniel Loza, Resaca

Cartel de Codebreaker


Próximamente: La clave está en Turgueniev


De Marina Sanmartín Pla. En Eutelequia.

The Lone Ranger: primer cartel


También circulan por ahí fotos de la película, con Johnny Depp y Armie Hammer. Para quien no lo sepa, cuenta la historia del Llanero Solitario y Tonto. En breve podremos ver el trailer.

lunes, octubre 01, 2012

La mirada americana. Cincuenta años de Film Comment, de Varios Autores. Edición y selección de Manu Yáñez Murillo



Otra de las joyas que leí este verano. Manu Yáñez Murillo se ha metido a fondo en los archivos de la prestigiosa revista norteamericana Film Comment para ofrecernos una selección de textos: de críticas, reportajes y análisis que volverán locos de placer a los cinéfilos. Obsérvense algunas de las películas de las que se habla: El hombre que mató a Liberty Valance, Tiempos modernos, Taxi Driver, Minority Report, Inland Empire, Kill Bill, Playtime, Zodiac, Asesinos natos

También hay artículos consagrados a hablar de un cineasta en cuestión y de su obra en general, caso de Nicholas Ray, Wes Anderson, Monte Hellman, R. W. Fassbinder, Werner Herzog, Kenji Mizoguchi… Y se habla de la comedia, del cine asiático contemporáneo, de los guionistas, del formato digital, de la televisión actual, de las películas malas, etcétera, etcétera.

Entre los autores, gente de gran reputación como Andrew Sarris, Jonathan Rosenbaum, David Bordwell, Robin Wood, David Thomson o Phillip Lopate. Unos cuantos fragmentos:

Geoffrey O’Brien sobre Kill Bill:
Kill Bill (2003 – 2004), de Quentin Tarantino, es una película concebida con este lenguaje. Si la soberbia Jackie Brown (1997) parecía moverse en dirección a espacios ya trillados y a sentimientos elegíacos, Kill Bill: Vol. 1 (2003) marca el regreso, acompañado de una venganza literal, del Tarantino anterior: el demoníaco empleado de videoclub, enamorado de epifanías irrecuperables y granuladas en los drive-in, en los cines de Chinatown y en los festivales gore nocturnos. Es un poema de amor, pero la clase de poema de amor que hace que te preguntes si querrías salir con la persona que lo escribió, o que al menos hace que te cuestiones si respondiendo a él no llegarías a convertirte en cómplice de una relación que te dejaría profundas cicatrices.

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Amy Taubin sobre Inland Empire:
¿Cuánto tiempo perdiste la última vez que decidiste mirar una única cosa en Google? Y entonces una cosa condujo a la otra… Eso es Inland Empire. […] Así, el sostén visual de Inland Empire parece abocado a la descomposición, como si en cualquier momento sus imágenes fueran a desaparecer en un vacío; la iluminación extrema acentúa dicho efecto. La inestabilidad de la imagen alimenta la sensación de ansiedad y también refuerza la impresión de que el filme no acontece en el mundo real. Por otra parte, el sonido –ese ruido chirriante, pulsante e industrial al que Lynch es adicto– se manifiesta como una abrumadora presencia física.

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Larry Gross sobre I’m Not There:
I’m Not There se suma a Inland Empire (David Lynch, 2006), Zodiac (David Fincher, 2007), Syndromes and a Century (Sang sattawat, Apichatpong Weerasethakul, 2006) y I Don’t Want To Sleep Alone (Hei yan quan, Tsai Ming-liang, 2006) como parte de un reciente y muy convergente grupo de trabajos que revisan, cuestionan y a veces incluso descartan la estructura narrativa de ficción a la luz de nuestra creciente, transnacional y colectiva cultura digital.
¿Qué será ese algo que tienen en común estas películas y que I’m Not There quizá persigue con mayor rigor y una ambición conscientemente elaborada? Críticas de la representación de la identidad y el yo con su correspondiente sentido de la identidad sexual mutable (ninguna de estas películas es estrictamente queer pero aun así ninguna de ellas deja de ser queer); narrativas de ficción incesantemente invadidas por códigos documentales; cine hecho con una conciencia post-Internet completamente nueva y muy consciente de la permeabilidad y fragilidad de todas las estructuras narrativas; películas que de formas distintas escanean información, bajo la forma de sampleados y remezclas. Todas ellas presagian una cultura digital totalmente inédita, todavía imposible de prever.  

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Dave Kehr sobre la comedia:
Las comedias nunca se hicieron para los críticos, pero lo que creo que ha cambiado es que el nuevo estilo cómico presenta una hostilidad activa hacia los valores críticos tradicionales. En la actualidad, las comedias alardean de su organización arbitraria, de sus personajes sin trasfondo y de su falta de contenido –casi como si intentaran espantar a los intelectuales–. Cuando un crítico va a ver una comedia hoy, no puede equivocarse: la película no está hecha para él.

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Phillip Lopate sobre cambiar de opinión:
Filme Comment publica ocasionalmente una columna llamada Guilty Pleasures (Placeres culpables) que invita a destacados cineastas o actores a listar las películas infumables que adoran. El problema de esta idea es que, para el verdadero fanático del cine, no existen los verdaderos placeres culpables, dado que la cinefilia se caracteriza por la avaricia del coleccionista y, como tal, siente tanta atracción por los deleites marginales como por las obras de arte incuestionables.  


[Traducción de José Manuel López, Beatriz Martínez, Israel Paredes, Carlos Reviriego y Manu Yáñez Murillo]

Trailer de Wuthering Heights


Próximamente: Las desventuras del príncipe Sternenhoch



De Ladislav Klíma. En Libros del Silencio.

Trailer de Led Zeppelin: Celebration Day