sábado, enero 28, 2012

Nuevo cartel de Shame

Trailer de The Hunter


Con Willem Dafoe, Sam Neil y Frances O'Connor: link.

Banner de Shadow Dancer


Con Clive Owen y Gillian Anderson.

Félix Romeo: reediciones en bolsillo


Trailer de 28 Hotel Rooms


viernes, enero 27, 2012

Esta noche, en Jerez de la Frontera

Vida de un idiota y otras confesiones, de Akutagawa Ryunosuke


Presten atención a Satori Ediciones y a su catálogo de títulos de autores y de temas japoneses. Con una esclarecedora introducción de Carlos Rubio, de casi 40 páginas, publicaron hace un par de meses uno de los mejores volúmenes de Ryunosuke Akutagawa (o viceversa), un libro que ya recomendaron mis colegas David González y Elías Gorostiaga, y que reúne siete relatos impecables, todos ellos marcadamente autobiográficos, y reveladores del estado mental y del agotamiento del autor, que se suicidó a los 35 años con una sobredosis de Veronal. Este libro es un paseo por los tormentos de Akutagawa; de muestra este botón:

Lo único que podía salvarme de aquel estado era dormir. No obstante, me di cuenta de que se me habían terminado todos los somníferos. Me resultaba absolutamente imposible soportar el sufrimiento sin dormir. Pero hice de tripas corazón, pedí un café y decidí ponerme a escribir con todas mis fuerzas. Dos páginas, cinco páginas, siete páginas, diez páginas…

El volumen empieza con “Las mandarinas”, uno de los relatos más breves y redondos. Reconstruye el día en que el autor toma un tren y lo ve todo gris y negro a su alrededor, ve la vida con un pesimismo profundo, hasta que el gesto de una adolescente lo ilumina por unos instantes. Poesía pura. Y prosigue con “Extractos de la agenda de Yasukichi” (sobre su experiencia como profesor de inglés), “Al borde del mar” (las conversaciones de dos amigos y sus visitas a la playa), “Registro de defunciones” (un repaso a los fallecimientos de sus padres y de una hermana a la que no llegó a conocer), “Engranajes” (escrito de forma fragmentaria, como si fueran varios esbozos dentro de un mismo relato, en estos textos Akutagawa acude a una boda y se aloja en un hotel, cuando ya sufría alucinaciones, episodios de angustia y padecimientos de cabeza y de estómago; durante esa estancia lee, deambula por cafés y escribe los relatos que enviará a las revistas), “Vida de un idiota” (esbozos cortos, numerados, en los que consigna algunos de los hechos más importantes de su vida, casi siempre sometidos a los trastornos y a las enfermedades) y culmina con “Nota enviada a un viejo amigo” (una de las escalofriantes notas que escribió justo antes de morir, y que se publicó póstumamente), de la que ofrezco un extracto: 

Lo primero que pensé fue cómo podría morir sin sufrimiento. El suicidio por ahorcamiento es el procedimiento más adecuado en este caso. Pero imaginarme la figura de mí mismo muriendo ahorcado me produjo una repugnancia estética. No me importa que me tachen de esteta. (Recuerdo que me desenamoré de repente de una mujer a la que había amado, y solo porque no tenía buena caligrafía.) Alcanzar mi objetivo a través de la muerte por ahogamiento, sabiendo yo nadar, me parece altamente improbable. Además, aunque por un casual lo consiguiera, el sufrimiento sería mucho mayor que el de morir ahorcado. Morir atropellado también, más que cualquier otro final, no podría evitar hacerme sentir una repugnancia estética. Con mis temblores de manos, morir haciendo uso de una pistola o de un cuchillo, implica una importante posibilidad de fracaso. Saltar desde un edificio, por razones obvias, es indudablemente también antiestético. Debido a estas circunstancias, decidí morir por sobredosis.


[Traducción de Yumika Matsumoto y Jordi Tordera]

Próximamente: Mejor que ficción


De Varios autores. Edición de Jorge Carrión. En Anagrama.

Cartel de The Last Elvis

Dos banners de Extremely Loud and Incredibly Close


Parker Posey: Price Check


jueves, enero 26, 2012

Hoy, en Madrid

Jim Jones. Prodigios y milagros de un predicador apocalíptico, de Varios Autores


Este pequeño libro, de primorosa edición, revisa los hechos reales acaecidos en los 70, cuando un predicador llamado Jim Jones logró fundar una secta a la que se sumaron cientos de personas. Jones prometía conducirlos a un paraíso en la selva, profetizaba el Apocalipsis y, mediante trucos y engaños, hizo creer a sus feligreses que era capaz de sanar a los enfermos: a los pacientes de cáncer, a los paralíticos, etcétera. A finales del 78 consiguió que unos 900 adeptos se inmolaran con él en un suicidio colectivo al que calificaba de “suicidio revolucionario”. La historia es para flipar, y se completa con numerosas fotografías y la transcripción de la cinta de los últimos momentos que vivieron Jones y sus acólitos, cuando discutían sobre la necesidad de palmar ingiriendo veneno.


[Traducción de Raquel Duato]

Nicol Williamson (1938 - 2012)

Christopher Hitchens: reediciones


4. El pensamiento mágico en la mitad de la novela

Hacia la mitad de una novela se produce una especie de pensamiento mágico. Aclaremos antes que la mitad de la novela puede no hallarse en el centro geográfico real de la novela. Al decir “la mitad de la novela”, me refiero a cuando vas por esa página en la que dejas de formar parte de la casa y la familia y la pareja y de dedicarte a tus hijos y la compra del supermercado y la comida del perro y la lectura del correo; o sea, cuando no hay nada en el mundo salvo tu libro. Aun cuando tu mujer te diga que está acostándose con tu hermano, su cara es un enorme punto y coma, sus brazos son paréntesis, y tú te preguntas si “hurgar” es un verbo mejor que “escarbar”. Ese punto en la mitad de la novela es un estado de ánimo. Ocurren cosas extrañas. El tiempo se viene abajo. Te sientas a escribir a las nueve de la mañana, y en un abrir y cerrar de ojos están emitiendo el telediario de la noche y hay escritas cuatro mil nuevas palabras, más de las que escribirías en tres largos meses un año antes. Algo ha cambiado. Y no sólo en casa. Si sales a la calle, todo –y digo absolutamente todo– entra en tu novela como si tal cosa. Alguien en el autobús hace un comentario: sus palabras surgen directamente de tu novela. Abres el periódico, y sus artículos guardan relación directa con tu novela, del primero al último. Si tienes la suerte de que alguien esté esperando para publicar tu novela, ése es el momento en que llamas por teléfono, presa del pánico, e intentas adelantar la fecha de publicación porque no das crédito a la gran armonía que existe ahora entre el mundo y la novela, y si no se publica el martes que viene, tal vez pase el momento y tengas que suicidarte.

Zadie Smith, Cambiar de idea

James Farentino (1938 - 2012)

The Raven: nuevo cartel

miércoles, enero 25, 2012

Biblioteca Nacional, de Mario Crespo


A veces me da la sensación de vivir en otra dimensión –añade Pablo–, en una realidad paralela que es como una repetición de una vida anterior; todo lo que me ocurre lo he vivido ya, o lo ha vivido otro yo, es como si fuese un constante déjà vu.

**

En realidad, todo empezó cuando unos amigos le pidieron que colaborara con sus textos en una publicación local sobre cultura underground y nuevas formas comunicativas. El fanzine se distribuía por toda la ciudad de Zamora y los lectores habituales le hicieron saber que esperaban un artículo semanal con ansia. Eso le dio alas para seguir escribiendo y para profundizar en el mundo de la literatura. Cuando llegó a Madrid aumentó y mejoró sus lecturas y entró en contacto con algunos escritores marginales. Internet hizo el resto.

**

El lugar se llama Bukowski Club. Es un pequeño bar sito en el madrileño barrio de Malasaña. Un local estrecho con la barra a un lado y el escenario al fondo. El público abarrota la oscura sala, pedir una cerveza resulta una tarea difícil. En el Bukowski se respira literatura en estado puro, literatura virgen, llena de entusiasmo y carente de modas y etiquetas. Los habituales del lugar son poetas y narradores del underground madrileño. Tras la barra se encuentra el escritor Carlos Salem. Pablo pensaba, antes de visitar el Bukowski por primera vez, que los escritores de cierto éxito, como Salem, no tenían necesidad de trabajar. “De la literatura viven cuatro”, le dijo Salem a Pablo cuando le preguntó qué hacía él sirviendo copas. Pablo intenta alcanzar las tablas del escenario para saludar a David González. Pero está rodeado de gente que le besa, le abraza y le adula. El recital sirve para presentar el último libro de González, una reedición de una de sus primeras obras, El demonio te coma las orejas

Theo Angelopoulos (1935 - 2012)


Creo que, de su filmografía, sólo vi una película (la magistral La mirada de Ulises, con Harvey Keitel). El director griego ha muerto, según cuentan en la prensa, en un accidente, "atropellado por la moto de un policía en Atenas".

Lista de nominaciones al Oscar


Próximamente: Blade Runner: Una película


De William S. Burroughs. En Escalera.

Cartel de The Imposter

Trailer de Brake


Citas. 134


Hay que luchar contra la desgracia con la misma rabia que ella hasta cansarla.
Louis-Ferdinand Céline, Cartas de la cárcel

Cartel francés de The Grey

martes, enero 24, 2012

Los descendientes


Fidelísima adaptación de la novela que recomendé aquí la semana pasada, Los descendientes, sin embargo, contiene las señas de identidad del cine de Alexander Payne: hay algunas frases de su cosecha y, en general, el tono de la película es un poco más crudo que el del libro. Payne es el cineasta que siempre enseña las taras y debilidades del ser humano: tanto físicas (en sus películas jamás oculta los granos, las arrugas, los michelines, las mollas… véase, a ese respecto, el cruel plano en el que Robert Forster, con chanclas y calcetines, mil arrugas y un cabello ya ralo, se acerca a la cámara tras la noticia que acaba de darle el personaje de George Clooney: pocas veces hemos visto un retrato tan duro de la vejez y del dolor) como morales (sus criaturas suelen sufrir desde el principio hasta el final de la película; véase al propio Clooney, aquí en una de sus mejores interpretaciones, dando vida a un tipo que está jodido durante todo el metraje). Para redondear el reparto, incluye a secundarios familiares para el público (Judy Greer, Beau Bridges, Matthew Lillard) y, sobre todo, a dos grandes descubrimientos: Shailene Woodley y Amara Miller, que interpretan a sus hijas.

Payne, apoyándose en la novela homónima, ha logrado una de sus películas más perfectas, un retrato desolador de la familia, de la pérdida, del perdón y la infidelidad, de las necesidades de cada hombre por perpetuarse para que el legado de su descendencia jamás se pierda. Ya lo advierto: aunque no falta el humor, uno sale tocado de esta gran película, triste y a la vez necesaria. 

Próximamente: El imperio de los sinsentidos


De Kathy Acker. En Escalera.

La muerte de Ivan Ilich, de Lev Tolstói


De este volumen doble me interesaba sólo La muerte de Ivan Ilich. La otra novela, Hadyi Murad, quizá la lea más adelante. En apenas 100 páginas Tolstói nos conduce con mano maestra por la vida y penurias de Ivan Ilich, un magistrado del Tribunal de Justicia que, en plena madurez, enferma de cáncer y muere. Las preguntas que Ivan se hace sobre el sufrimiento y la enfermedad, sobre el dolor y sobre si uno ha sabido vivir como anhelaba, son las mismas que todos nos hacemos, que se resumen en una: ¿por qué hemos de morir? Algunas anotaciones de esta maravillosa narración: 

¿Qué es lo que quieres? –fue el primer concepto claro que oyó, el primero capaz de traducirse en palabras–. ¿Qué es lo que quieres? ¿Qué es lo que quieres? –se repitió a sí mismo–. ¿Qué quiero? Quiero no sufrir. Vivir –se contestó.  

**

No puede ser. No puede ser que la vida sea tan absurda y mezquina. Porque si efectivamente es tan absurda y mezquina, ¿por qué habré de morir, y morir con tanto sufrimiento? Hay algo que no está bien.

**

En lugar de la muerte había luz.


[Traducción de Juan López-Morillas]

Una biografía de Samuel Beckett



La Uña Rota publicará pronto esta biografía de Anthony Cronin, Samuel Beckett: El último modernista. La esperamos con avidez.

Letras en vena


Una nueva revista digital, de la mano de Eduardo Boix. 
Cine, literatura, teatro, música, televisión... Pinchar aquí.

lunes, enero 23, 2012

El mapa y el territorio, de Michel Houellebecq


En Lunar Park Bret Easton Ellis, tras unas admirables páginas autobiográficas, daba un giro hacia la autoficción que desembocaba en una novela de fantasmas con toques de Stephen King, lo cual terminaba por restarle credibilidad, ofreciendo un producto final que, a mi juicio, era fallido. En Verano J. M. Coetzee se introduce a sí mismo como el hombre ya muerto del que hablan otros; pero su estructura narrativa y su destreza son tales que uno comulga con lo contado en ese libro, de algún modo entra en el juego que no pudo aceptar en el caso de Lunar Park. Operación parecida es la que ha emprendido Houellebecq en esta nueva y premiada novela, introduciéndose a sí mismo como uno de los personajes (pero no el protagonista), en medio de una trama sobre arte y mercado vista a través de un narrador en tercera persona. Y yo también he entrado en el juego, igual que entré en Verano. De algún modo ambos narradores te atrapan, te convencen, te crees sus hábiles ficciones y sus inverosímiles autoficciones.

Si bien El mapa y el territorio no es una de esas obras de Houellebecq en las que uno toma tantas notas, la trama, la descripción de los personajes y sus inquietudes acaban por convencer. El mapa es más interesante que el territorio es la frase del libro de la que surge todo, como si quisiera decirnos que la literatura es más sugerente que la realidad que retrata. En sus páginas encontramos los temas clave de su obra: el pesimismo, la decadencia, el declive de la humanidad, la sociedad de consumo, el capitalismo, la ansiedad por el regreso a la naturaleza, el sexo… Su visión siempre quema, o al menos suele herir. En El mapa y el territorio es fundamental la influencia de William Morris (citado a menudo en la novela) y su libro Noticias de ninguna parte (no citado en la novela), que pregonaba una utopía sobre la necesidad de volver al entorno rural y abandonar las máquinas y la sociedad que trabaja exclusivamente por dinero. Houellebecq llega a conclusiones parecidas. Extractos:

¿Qué es lo que define a un hombre? ¿Cuál es la primera pregunta que se le hace a un hombre cuando quieres informarte de su estado? En algunas sociedades le preguntan primero si está casado, si tiene hijos; en las nuestras, se le pregunta en primer lugar su profesión. Lo que define ante todo al hombre occidental es el puesto que ocupa en el proceso de producción, y no su estatuto de reproductor.

**

En literatura, en música, es totalmente imposible cambiar de rumbo, te lincharían, te lo aseguro. Por otro lado, si haces siempre lo mismo te acusan de repetirte y de estar en declive, pero si cambias te acusan de ser un entrometido incoherente.

**

Houellebecq le había dicho, al rememorar su carrera narrativa, que siempre se puede tomar notas, tratar de llenar renglones de frases, pero para emprender la escritura de una novela hay que esperar a que todo se vuelva compacto, irrefutable, hay que esperar a que aparezca un auténtico núcleo de necesidad. Había añadido que uno mismo nunca decide la escritura de un libro; un libro, según él, era como un bloque de hormigón que se decide a cuajar, y las posibilidades de acción del autor se limitaban al hecho de estar allí y esperar, en una inacción angustiosa, que el proceso arrancase por sí solo.


[Traducción de Jaime Zulaika]

Próximamente: Cabot Wright vuelve a las andadas


De James Purdy. En Escalera.

Nuevo cartel de Red Lights

domingo, enero 22, 2012

Mordiscos con lengua, de Susana Sk


DE CANTOS TÓXICOS Y LA DEBILIDAD DEL GUERRERO

Tú que resistes en cada uno de mis días,
que embalsamaste nuestros recuerdos despreciándolos bajo la
almohada y pliegue de mis ojos.
Tú no te me desprendes,
de mí.

Con la palma de las manos abiertas, abro los costados del espacio que
nos separa.
Y aturdida, reconozco la excepción en la herida de un baobab que
sangra despacio,
que somos tú y yo.

Mis ojos abiertos son un goteo a cámara lenta.
Te sonrío a ti.
Aun a ti.
O es lo que creo.

De piedra como una estatua recién llegada,
templada en tu invierno y mi verano.
Haciéndome la dormida, tenso mis músculos, la cara, los dientes, los
muslos, los puños…
porque no te me desprendes,
de mí.

Si has de estar aquí,
besa mi cerebro y siémbralo de helechos, de flores blancas diminutas.

Y si no has de estar aquí,
no me hagas sangrar más.

**

S/T

Me he hecho un vestido con papel de arroz,
tiene huellas doradas vistas al trasluz.

Recién duchada lo disfruto pegado a la piel: absorbe mis pecas como
tu lengua.


y después nos enroscamos.

Nuevo cartel de We Need to Talk About Kevin

Próximamente: Relatos del humo (y hachís)



De Pepe Pereza. En Origami.

Cartel de No Room for Rockstars

Trailer de Jeff Who Lives at Home


Con Jason Segel, Ed Helms, Judy Greer y Susan Sarandon: aquí.

viernes, enero 20, 2012

Los descendientes, de Kaui Hart Hemmings


En una entrevista con Alexander Payne, en el número de enero de Dirigido Por, éste habla del libro Los descendientes, cuya trama le motivó lo suficiente para rodar de nuevo: Yo espero que a la gente le interese leerlo a partir del éxito que pueda tener la película porque, a mi juicio, Kaui Hart Hemmings es una escritora brillante. Payne dedica algunas palabras más a la novela, y sus comentarios me motivaron a comprarla y leerla. Se trata de un director con buen gusto, del que uno puede fiarse, ya que tiene olfato para esas historias que mezclan comedia y drama, con unos toques de sarcasmo (véanse, por ejemplo, A propósito de Schmidt o Entre copas, que se inspiran en novelas). Y el libro de Hemmings me ha sorprendido gratamente. La autora, cuyo primer título fue una recopilación de relatos, ha colaborado en la revista Zoetrope (la de Coppola; lo cual, para mí, es una garantía) y sus cuentos han salido en varias de esas antologías sobre lo mejor del año.

Los descendientes cuenta una historia sencilla (cuando su mujer queda en coma, un hombre descubre que ella tenía un amante, y además debe encargarse de sus hijas, a las que hasta entonces no había dedicado demasiada atención) en un marco atípico (el Hawai cotidiano, que nada tiene que ver con el turístico). 

Lo que me sedujo en seguida de la novela es el talento de la autora. Primero porque se mete en la piel de un hombre, y en mi opinión refleja perfectamente las inquietudes de un tipo de mediana edad: la historia está narrada por Matt King en primera persona. 

Y, segundo, porque Hemmings ostenta esa habilidad especial de los escritores norteamericanos para contarnos la historia del ciudadano de a pie como si nos estuvieran relatando, no sé, la vida de un héroe griego (algunos ejemplos: Stoner, Los inquilinos de Moonbloom, Llenos de vida, los cuentos de Raymond Carver, Revolutionary Road, Casa de arena y niebla, Juegos de niños…); me refiero a que uno lee esas historias embrujado, y a veces detiene la lectura y se asombra de estar tan embebido en un relato cotidiano sobre hombres corrientes de vidas a menudo anodinas. La propia autora reconoce en una entrevista que algunos de sus escritores favoritos son Tobias Wolff y William Maxwell, narradores de esa estirpe. 

Pero luego hay un tercer factor: y es que Hemmings combina, con acierto, drama y humor, y habla de temas universales: la paternidad, el perdón, la proximidad de la muerte… El libro me ha hecho sonreír, me ha conmovido y, en algún pasaje, he estado al borde de las lágrimas: no olvidemos que la mujer del protagonista va a morir, y esto no es un spoiler porque lo sabemos casi al principio, y es el motor que mueve la trama. Hoy, por cierto, se estrena la película de Payne & Clooney. Fragmentos:  

No es fácil estar alicaído en el trópico. No me cabe duda de que en las grandes ciudades puedes ir por la calle con el entrecejo fruncido sin que nadie te pregunte qué te pasa o intente hacerte sonreír. Aquí, en cambio, todo el mundo mantiene la actitud de que somos afortunados por vivir en Hawai; el paraíso terrenal. Por mí el paraíso puede irse a tomar por el culo.

**

¿Cómo darle la noticia de que va a perder a su madre? Qué palabras tan extrañas: perder a una madre. Vamos a perder a una madre. Dentro de poco, mi esposa estará muerta.

**

-Ojalá mamá estuviera aquí.
Yo estaba pensando exactamente lo mismo. Supongo que es una forma de saber que uno quiere a alguien, si no puede presenciar algo sin desear que la otra persona estuviese allí para verlo también. Todos los días tomo buena nota de las anécdotas, los acontecimientos y los chismes, destaco las noticias más relevantes en mi cabeza e incluso ensayo mentalmente antes de contárselo todo a Joanie por la noche, en la cama.


[Traducción de Carlos Abreu Fetter]

Biblioteca Nacional: cubierta y contracubierta


En breve: Ocho escenas de Tokio


De Osamu Dazai. A la venta el 23 de enero.

Próximamente: Para ver, cierra los ojos


De Jan Švankmajer. En Pepitas de Calabaza.

Otro cartel de God Bless America

Johnny Depp en Dark Shadows (de Tim Burton)