
martes, febrero 23, 2010
lunes, febrero 22, 2010
Bienvenido al mundo (Enciclopedia Universal Clismón), de Miguel Brieva

GENEROSIDAD, desprendimiento de lo propio a favor de lo ajeno.
Menos da una piedra, suele decirse comúnmente, y con tal desatino, por cierto, que resulta increíble que una expresión tan errada e injusta pueda gozar de un uso tan extendido. Porque, pensemos en ello, nadie tendrá inconveniente en admitir que pocas cosas hay en este mundo más generosas que una piedra. La piedra, sencillamente, se nos entrega ella misma, permanece inerte en nuestras manos y tolera sin queja alguna que la lancemos por el aire en una parábola oblicua que la haga rebotar sobre la superficie del lago tres o cuatro veces antes de hundirse bajo las aguas para, quién sabe, permanecer en ese nuevo emplazamiento, tal vez contra su voluntad, los próximos 2.000 millones de años. ¿Alguien escuchó acaso alguna vez a una piedra polemizar por el trato recibido, emitir una vocecilla desde su interior y decir: Disculpe, señor, pero ¿podría volver y depositarme exactamente allí donde me encontró? Por supuesto que no. El secreto de la piedra, su más admirable don, es su habilidad para no hacer nunca nada, para no aspirar a nada, y es por ello fuente inagotable de disponibilidad y tolerancia. Menos da una piedra… no, amigos; las piedras tal vez no den mucho, pero dan todo lo que tienen y lo que son. A ver quién supera eso.
La guerra de las galaxias

domingo, febrero 21, 2010
Las noches pasan
Y conozco el desgaste de las mañanas sin esperanza
El cuerpo que se fatiga, los amigos que se distancian.
Y la vida que recoge una a una sus cartas.
Caeré un día, y por mi propia mano:
Se cansó de luchar, dirán los médicos.
Michel Houellebecq, Renacimiento
sábado, febrero 20, 2010
Un hombre soltero

Hoy, en Madrid
viernes, febrero 19, 2010
Esta noche, en Madrid

Los últimos días de Pompeya

Youkioske

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jueves, febrero 18, 2010
Recuerdos de un cine de barrio: Apéndices
1. Cuando publiqué esta novela, diez años atrás, Carlos, un conocido de mi ciudad, leyó el libro y, dado que le entusiasma el cine, hizo una lista con las películas que yo citaba en el texto y me la regaló. Supuse que algún día el documento iba a servirme de algo y lo guardé.
2. Dada mi pasión por los carteles de cine (evidente si uno se atiene a mis actualizaciones diarias en este blog), he querido que esa vieja lista me sirva para completar visualmente la novela en esta bitácora, aprovechando la reedición que hizo Baile del Sol el año pasado. A partir de mañana iré colgando, varias veces a la semana, los carteles de las películas que cito en Recuerdos de un cine de barrio. En la nueva versión añadí algunos títulos y tampoco faltarán aquí. Digamos que servirá de apéndice al libro.
3. No ha sido tarea fácil recopilar las reproducciones de los afiches. Todos los carteles y guías de las películas citadas (y de muchas otras: cientos; era una colección única) quedaron atrás, en el pasado, en casa de mi padre. Así que no puedo escanearlas. Mi propósito inicial era colgar los modelos de carteles que vi en los cines de mi infancia, siempre atravesados con chinchetas. Esos mismos pósters que decoraron las paredes de mis cuartos en la infancia, en la adolescencia y en los primeros años de la juventud.
Las Muertes de Katriuska

Podéis haceros con un ejemplar en el Biribay Jazz Club (C/ Fundición nº 4) y en la librería Tragaluz (San Juan, 27). Hablamos de Logroño. Hablamos de 2 euros.
Pero sobre todo hablamos de porno decadente, auto-destructivo y suicida.
Os amo.
Cartel y trailer de When You’re Strange

miércoles, febrero 17, 2010
El libro de Jack. Una biografía oral de Jack Kerouac, de Barry Gifford y Lawrence Lee

Cuando bebía disfrutaba mucho, pero sabía que se estaba matando y que era malo para él, y que lo hacía porque era muy tímido y porque el alcohol mataba su timidez y aliviaba su dolor. Paradójicamente, el dolor y las presiones provenían de licenciados en literatura inglesa frustrados, ofendidos por su estilo de vida no literario.
Esos tipos se acercaban y lo acosaban. Recuerdo a uno de ellos en la plaza Sheridan de Greenwich Village, después de la publicación de On the Road. Llevaba un gran mostacho al estilo del coronel Blimp. Rondaba la cincuentena y llevaba un gran emblema de la Liga Ivy, un abrigo de tweed soberbio, pantalones Oxford grises, mocasines recién abrillantados con borlas y los calcetines le habían costado, probablemente, más de veinticinco dólares. Muy distinguido, parecía como el ejecutivo modelo de la revista Esquire. Y decía: “¿Dónde está ese jodido Jack Kerouac? Quiero conocer a ese bastardo. No sabe escribir. Esa mierda no es literatura. Cualquier estudiante de instituto… Mierda, no utiliza puntos ni comas. ¡Puto bastardo! ¡Quiero saber dónde se esconde ese retrasado mental!” Gritaba como un lunático, esperando que alguno de los habituales de la plaza Sheridan le presentara a Jack Kerouac para mantener con él un fantástico duelo literario durante tres días al estilo de Ernest Hemingway. Y lo paradójico es que Jack era una persona muy leída. Sabía mucho de Céline, Rimbaud, todo tipo de poetas, historia de Francia, música… Estaba al tanto de todo. Era increíblemente intelectual, literario y espiritual, pero no creía que ser una persona ilustrada significara tener que actuar como si poseyera el secreto de la bomba atómica literaria, o fuera a borrar a todo el mundo de la faz de la tierra si se le acercaban demasiado para tratar de saber lo que él sabía.
Próximamente: Mutaciones del cine contemporáneo

Cartel y trailer de Suicide Girls Must Die!

martes, febrero 16, 2010
Wanted Lovers. Las cartas de amor de Bonnie & Clyde. Edición de Ana S. Pareja

[Traducción de Albert Fuentes]
Entrevista con Richard Price

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Pequeño Libro de Notas

lunes, febrero 15, 2010
Renacimiento, de Michel Houellebecq

En algún lugar de Grecia
La noche había caído
Esto parece romántico
Un poco exagerado,
Y sin embargo es cierto.
Y había olas,
Siempre las olas
Su ruido era muy suave,
Mi destino era impreciso.
La mañana anterior había nadado hacia una isla
Que me parecía próxima
Nunca alcancé la isla
Había una corriente,
Alguna cosa de esas
Me costó mucho volver
Y de verdad creí morir
Me sentía muy triste
Ante la idea de ahogarme,
Consideraba la vida larga
Y muy luminosa
Sólo tenía diecisiete años,
Morir sin hacer el amor
Me parecía muy triste.
¿Es necesario acariciar la muerte
Para encontrar la vida?
Todos nosotros tenemos cuerpos
Frágiles, insatisfechos.
[Traducción de Abel H. Pozuelo y Altair Díez]
[Nota: Houellebecq tiene la costumbre de comenzar cada verso en mayúscula, aunque no sea necesario. En la editorial respetaron esa voluntad y yo hago lo mismo, aunque deteste abrir versos con mayúsculas]
Goya 2010

Próximamente: El Libro del Voyeur

domingo, febrero 14, 2010
Antonio Muñoz Molina escribe sobre Point Omega

La última novela de Don DeLillo se lleva en el bolsillo como un libro de poemas y para ingresar de verdad en ella hace falta una actitud más propia de la lectura de poesía que de la prosa.
(...)
Yo empecé a leer Point Omega, la última novela de Don DeLillo, y como no lo hice con el recogimiento que exigía al principio me sentí aturdido y desconcertado por ella. Point Omega trata, entre otras cosas, de la necesidad de la atención, y de lo raramente que se ejerce. Vuelvo ahora a sus páginas y me doy cuenta de la conveniencia de leer en voz alta: hace falta mucha atención para ver lo que está sucediendo delante de ti. Se requiere un trabajo, un esfuerzo piadoso, para ver aquello que uno está mirando. No es sólo una observación general: es una sugerencia sobre la única manera posible de entender el libro que tenemos entre las manos, delante de los ojos demasiado acostumbrados a la distracción: la profundidad de las cosas que pasa por alto el hábito superficial de ver.
(...)
[Seguir leyendo: "Puro misterio"]
Cartel de Waking Sleeping Beauty
sábado, febrero 13, 2010
David Sánchez


Mañana, en Barcelona
Trailer de Centurion

Creatura nº 48


viernes, febrero 12, 2010
Primer cartel de The Killer Inside Me























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