viernes, septiembre 06, 2024

Gena Rowlands (1930 - 2024)

 


Cartel de Megalopolis

 


jueves, septiembre 05, 2024

Palabras efímeras, de Paul Léautaud

 

Gustan todas las mujeres que tienen un rostro parecido al de la mujer amada. Son antipáticas todas las mujeres que tienen el rostro de la mujer con la que se han sufrido chascos.

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Se ama menos cuando uno se siente amado, igual que se ama más cuando uno descubre que le aman menos de lo que se imaginaba.

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Fácilmente podríamos enamorarnos de todas las mujeres que se parecen a la mujer que amamos.

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Nada como la lectura de los malos escritores para aprender a escribir bien.

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Hace ya tiempo que tengo esta opinión, desde la juventud, y no sé si la he anotado en alguna ocasión: un escritor no debe tener diccionario. Cualquier búsqueda de una palabra, incluso en caso de que sea necesaria, es un atentado contra lo natural. Debe escribirse con las palabras que uno conoce, que uno tiene en la cabeza, que acuden de manera natural.

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Desconfíen de un escritor que ha hecho su carrera sin pedirle nada a nadie y que, con más de cincuenta años, aún no ha sido condecorado. Seguramente no es más que una mente perversa, y peligrosa.



[Ediciones Versal. Traducción de Joan Riambau Möller]


The End: primer cartel

 


Cartel de 2073

 


Edna O'Brien (1930 - 2024)​

 


Nightbitch: 2º cartel

 


En Aleteia: Horizon, capítulo 1

 

Aquí

John Mayall (1933 - 2024)

 


Joker: Folie à Deux: varios carteles

 





viernes, julio 19, 2024

Los violentos: puntos de venta

 

Aquí. 

La novela también está disponible en otros puntos como 

Fnac Callao o Bajo el Volcán, que no aparecen en Todos Tus Libros.



lunes, julio 15, 2024

Shelley Duvall (1949 - 2024)

 


¿Hay alguien ahí?, de Peter Orner

 

Estoy solo en el garaje con un montón de libros. No hay un solo lugar en las baldas. No me queda otra opción que apilarlos. En realidad, se supone que vivo en el apartamento de arriba, pero la mayor parte de mi tiempo estoy aquí abajo en lo que llamo, sin tanta ironía, mi oficina. Nuestros exvecinos solían grabar pornografía amateur en este espacio. Cuando se mudaron, dejaron unos focos tan potentes que si llegara a olvidarlos encendidos de noche, la casa se prendería fuego. Yo me siento aquí, bañado por la luz, a mirar estas pilas de libros que me van a sepultar vivo cuando llegue el gran terremoto que tanto anuncian y pienso: terremoto o no, voy a estar muerto antes de que pueda leer un cuarto de los libros guardados aquí abajo. De esto no hay dudas. Quizá si lo digo en voz alta podré creerlo. Voy a estar muerto antes de que pueda leer una cuarta parte de los libros guardados aquí abajo. Eso deja al menos a tres cuartas partes de los libros sin leer. Me suena lógico medir la vida en libros que uno no ha leído. Todas esas experiencias que no tendremos, los lugares a los que no iremos, las personas que nunca vamos a conocer. Sin embargo, por si acaso, le he pedido a mi familia que me entierre con una buena biblioteca.



[Chai Editora. Traducción de Damián Tullio]

Trailer de The Substance

 

Aquí

En Aleteia: El reino animal

 

Aquí

Cartel de Lee

 


Trailer de Gladiator II

 

Aquí

viernes, julio 05, 2024

Los violentos: prólogo y primeras páginas

 


Mi novela Los violentos. Una historia de Lavapiés (Bunker Books) ya está disponible en papel y en ebook: aquí. Y el prólogo de Mario Crespo y las primeras páginas, en este enlace.

Cartel de Faye

 


Cuchillo, de Salman Rushdie

 

Hay cosas que se pierden en el pasado, donde terminamos todos, la mayoría de nosotros olvidados.

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El lenguaje también era un cuchillo. Podía cortar el mundo en dos mitades y revelar su significado, su funcionamiento interno, sus secretos, sus verdades. Podía cortarlo para pasar de una realidad a otra. Podía destapar tonterías, abrir los ojos a la gente, crear belleza. El lenguaje era mi cuchillo. Si a mí me hubieran pillado inesperadamente en una pelea con armas blancas, puede que este hubiese sido el cuchillo que podría haber usado para defenderme y atacar. Podría ser la herramienta que utilizaría para rehacer y recuperar mi mundo, para reconstruir el marco en el que mi imagen del mundo volvería a estar colgada de la pared, para así hacerme cargo de lo que me había pasado, hacerlo mío.

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Recordé que en su momento me pareció que la fetua podía acabar conmigo, en cuanto escritor, de dos maneras diferentes: si empezaba a escribir libros “atemorizados”, o si empezaba a escribir libros “vengativos”. Ambas opciones destruirían mi independencia y mi individualidad y me convertirían en un títere. Yo ya no sería yo, sino la víctima de la fetua. Así pues, el único camino, la única manera de sobrevivir como artista, era entender el sendero literario en el que yo estaba, aceptar el viaje que yo había elegido y continuar por ese camino. Eso supuso un gran esfuerzo de voluntad. Y ahora me hacían otra vez la misma pregunta. ¿Quién era yo? ¿Y podía seguir siendo el de antes?



[Random House. Traducción de Luis Murillo Fort]