Hace 18 horas
lunes, noviembre 06, 2017
viernes, noviembre 03, 2017
Gracias por no ir al cine, de Hilario J. Rodríguez
Gracias por no ir al cine, uno de los nuevos libros de Hilario J. Rodríguez (el otro, Un astronauta perfecto, sale a la venta en estos días), constituye otro repaso riguroso a nuestra responsabilidad como creadores y/o espectadores ante la imagen. Intercalando películas clásicas y antiguas pero desconocidas con cintas contemporáneas tanto de éxito como apenas conocidas por el público, y sin olvidar múltiples referencias a la literatura, a la fotografía y a la pintura, principalmente, este ensayo no sólo nos ayuda a educar nuestra mirada: también sirve de guía, como todo buen texto sobre cine, en nuestras ansias cinéfilas de encontrar películas que no hayamos visto, y seguir la pista de cineastas de los que tal vez no habíamos oído hablar, y ver ciertas obras con connotaciones distintas, pues cada espectador y cada mirada son diferentes, e incluso cada visionado o revisión nos empuja a ver cosas que se nos habían escapado.
Este libro, por si fuera poco, está montado o estructurado en varias líneas ensayísticas (o incluso narrativas, me atrevería a decir):
En primer lugar están los textos centrales del ensayo, que nos hablan de cine y de las conexiones de algunos títulos con su época o con la Historia, dado que siempre es conveniente situar un filme en su marco temporal e histórico.
En segundo lugar, las abundantes imágenes en blanco y negro que se integran en el texto. Contra todo pronóstico, estas fotografías no guardan relación directa (pero sí indirecta) con las películas mencionadas, de tal manera que, si Hilario está tratando el tema de un largometraje del cineasta chino Jia Zhang-ke, la imagen correspondiente nos mostrará planos de una película del cineasta chino Wong Kar-Wai.
En tercer lugar, las citas dispersas aquí y allá, y sobre todo al inicio de cada texto. Muchas pertenecen a otros escritores, a directores de cine, etcétera. Otras, en cambio, no contienen la referencia, por lo que suponemos que son del propio Hilario.
En cuarto lugar, los pies de foto, que tampoco son una aclaración de lo que muestra la imagen (al contrario de lo que vemos en la prensa diaria), sino pistas, indicios, pasajes alternativos en los que poner en correspondencia esa foto con una frase que no se corresponde pero que acaba por centralizar la imagen. Estos pies de foto nos conducen al último apartado o la última línea narrativa (o ensayística).
En quinto lugar, las notas al pie que suelen partir de los pies de foto o de las citas iniciales, y en las que Hilario tampoco habla de las películas que está tratando en el texto central, sino de otras en las que ha encontrado conexiones, puntos en común, posibles correspondencias y filiaciones.
Que no se asuste el lector: esto no articula una obra difícil o incomprensible, sino todo lo opuesto: la lectura se acaba convirtiendo en un juego, o en un rompecabezas de obras, y la mirada va subiendo y bajando y moviéndose por la página, en busca de esos rastros que el autor conecta entre sí. Este nuevo ensayo es apasionante: Hilario J. Rodríguez posee uno de esos cerebros que, como el de Eloy Fernández Porta, son capaces de estructurar sin artificio un montón de cómics, libros, películas y pasajes históricos.
[Editorial Innisfree]
martes, octubre 31, 2017
Sylvia, de Leonard Michaels
En algunas ocasiones (al menos a mí me sucede), la noticia de que tal o cual traductor se encargue de un texto ya es un indicio de una lectura de calidad. Me refiero no sólo a que un buen traductor siempre haga un gran trabajo, sino a que muchos de mis traductores favoritos tienen un gusto especial: los encargos que aceptan provienen también de sus filias, de sus gustos e intereses. En suma: nos suelen entusiasmar los mismos libros. Cuando vi que la traducción de Sylvia era de Carlos Manzano supe que no debía perderme esta novela.
No había leído a Leonard Michaels, si exceptuamos uno o dos de esos relatos que entran en las antologías, y Sylvia me gustó tanto que en la misma semana de la lectura me compré sus cuentos completos (en Lumen). Es una novela corta, de apenas 130 páginas, autobiográfica, sencilla y a la vez profunda, deliciosa y emotiva. Cuenta la relación conflictiva del autor con una mujer desequilibrada, una de esas relaciones en las que abundan las peleas, los celos, los desplantes, el sufrimiento. Está escrita de esa manera precisa que sólo encontramos ya en algunos narradores norteamericanos de hace unos años. Tanto me gustó que, apenas unos días después de su lectura, y aprovechando que es un libro breve, la releí. Aquí van unos extractos:
La verdad es que yo no sabía exactamente lo que estaba haciendo ni por qué estaba en Cambridge. Sylvia quería que estuviera allí y yo no tenía motivo práctico e inmediato alguno para estar en otro sitio: ni un empleo ni nada que hacer. Mi deseo de escribir relatos nada tenía que ver. No daba dinero. No era un trabajo. Cuando miraba la cara de Sylvia, me gustaba lo que veía, pero seguía sin saber por qué estaba en Cambridge. De pocas cosas estaba seguro. Durante la semana en que había estado fuera de Nueva York, la había echado de menos, pero mis sentimientos eran simplemente tan intensos como inciertos. Estando con ella en Cambridge, no sentía la necesidad de estar en otro lugar. Iba a ser un verano estupendo, florido, fragante. Yo tenía una novia y ninguna obligación. Bastaba con estar.
**
Yo escribía y escribía, rompía todas las páginas y escribía algo más. Al cabo de un rato, no sabía por qué estaba escribiendo. Mi deseo original, ya bastante complicado, se volvió una compulsión agotadora, en parte a pesar de Sylvia. Trabajaba denodadamente en el cuarto frío, más de lo necesario, con la esperanza de que estuviera, así, justificado.
**
Me veía demasiado embrollado con las palabras, la extraña relación de los sonidos, como si hubiera una música detrás de las palabras, como el extraño canto de un demiurgo del que procedían imágenes, realidades virtuales, calles, árboles y personas.
**
A veces, mientras escribía en el cuarto frío, me sentía eufórico, como si hubiera trascendido todas las dificultades y hubiese hecho algo bueno. El relato se había escrito solo. No conservaba residuo alguno de mí. Estaba limpio. Un día después, al leerlo con espíritu más crítico, me sumía en los pensamientos más negros sobre mi destino. Deseaba tan poco: tan solo un relato que no me hiciese sentirme avergonzado de mí mismo la semana siguiente o cinco años después. Era desear demasiado. El relato que había escrito no era bueno, lo que me rompía el corazón. Yo no valía.
-¿Ya te vas a tu agujero?
Tenía la sensación de estar cavándolo.
**
Estoy sin trabajo, sin trabajo, sin trabajo. No he publicado nada. No tengo nada que decir. Estoy casado con una loca.
**
Era difícil, de momento en momento –al caminar, hablar, reír, escribir, cagar– no decir o hacer algo que hiriera a Sylvia.
**
A veces, después de una pelea, íbamos al cine. Era como ir a la iglesia. Entrábamos entre la gente, encontrábamos nuestras butacas, mirábamos hacia la luz y sucumbíamos a la vasta imaginación común. Al salir, nos sentíamos cariñosos y buenos, con las heridas curadas. En la sesión continua de la calle Cuarenta y dos, nos sentábamos en el gallinero, con los muy fumadores y los que comían palomitas tanteando con los dedos y rechinando con la boca. Otros chupaban chocolate, lamían helados y hacían sonar los envoltorios de caramelos. Había borrachos y bobos que hablaban a la pantalla. Los vagabundos escupían en el suelo. Era un cine como Dios manda, lugar para los insomnes de Manhattan, como un zoo, pero, con su anonimato en masa, daba sensación de intimidad. Podíamos ir al cine juntos aunque veinte minutos antes hubiéramos estado gritando como si fuésemos a matarnos. En la silenciosa desolación que seguía a una pelea, yo podía decir: "¿Quieres ir al cine?".
[Libros del Asteroide. Traducción de Carlos Manzano]
viernes, octubre 27, 2017
Donde la ebriedad, de David Refoyo
CHARLES SIMIC EN LA GASOLINERA
Aquel hombre podía haber sido yo mismo// Nos miramos
/ alguien capaz de dejar atrás su antigua vida/ para no
interpretarse a sí mismo una y otra vez// Quedar reducido
a un personaje/ tal vez Jorge o José María o Enrique/ he
ahí la única hazaña auténtica del hombre de hoy/ huir del
no y buscar un nuevo hogar en las semillas/ en el agua/ en
el amor// No hablamos/ no cruzamos un triste monosílabo//
Yo llegaba cuando el mundo parecía marcharse/ me
resultó reconfortante/ creí en mis posibilidades/ recité a
Simic de memoria/ no al Simic de los libros sino al que
suele acompañarme al dentista o en el bus interurbano//
Vislumbré los proyectos/ el sonido acompasado de
los electrogramas// Volví al coche/ Emprendimos viaje/
Este verano los calendarios nos sonríen –dijiste/ pensé en
el Madrid o el Barça y sus cómodos partidos de fin de
temporada/ sonreímos/ aceleraste como quien toma el
volante por vez primera/ intermitente/ Atrás aquel tipo
que se parecía a otros tipos como nosotros/ atrás Simic y
Luis Cernuda/ atrás el litro de gasoil a 1,18 €// Delante las
bestias/ los cámpines/ los cuadernos vacíos que esperan
pacientes/ versos derramados/ metáforas cautivas/ esbozos
de una chica semidesnuda sobre la arena/ delante el
viento/ 90 kilómetros por hora/ la ausencia//
de prisa/
de frío/
de temperatura/
/ ¿Quieres escribir esta página en blanco conmigo?/ pensaste/
pensé/
/ sí/
/ya no hay otra posibilidad/
/
**
DE AQUELLAS ESCUCHABA A LOS RODRÍGUEZ
…...............................Quizá mis lentos ojos no verán más el sur
...............................................................................Luis Cernuda
Quise volar y no pude.
Quise ser el dios de la noria,
el chico malo de los coches de choque
y mascar chicle junto a las pijas adoctrinadas
del instituto.
Y no pude.
Me detuve al borde de la fiebre
y supe que todo esto tendría fin.
No te preocupes por los agradecimientos: ya no podré escucharlos.
Cuida la selección musical. Es mi única petición.
De nada servirán los libros ni aquellos polvos de madrugada
o los viajes al Sur y las series sobre la mansa épica del sofá.
No quedarán kalimotxo ni discos de vinilo
pero el 'rock' no, eso no podemos perderlo –dijiste.
Me enterrarán en Père-Lachaise y colgaremos el vídeo en YouTube.
Divisions 6 será un buen título.
Es el mejor de los títulos,
definitivamente.
[La Bella Varsovia]
martes, octubre 24, 2017
Hollywood gótico, de David J. Skal
Quien no haya leído a David J. Skal, debería ir corriendo a buscar su "biblia" titulada Monster Show (aunque puede que esté agotada), que, junto a Danza macabra (de Stephen King: ambos libros en Valdemar), son probablemente los dos mejores volúmenes en torno al género de terror que yo he leído jamás. Si no encuentras ese ensayo de Skal, puedes adentrarte en otra maravilla: Hollywood gótico, es decir, La enmarañada historia de Drácula. Y, si te gusta, también puedes encontrar este mismo mes en las librerías su voluminosa biografía sobre Bram Stoker: Algo en la sangre (ambos libros en Es Pop Ediciones, que publica pocos títulos al año, pero sus ediciones son para enmarcar).
Hollywood gótico es un recorrido exhaustivo por todo lo relacionado con Drácula: la novela, los orígenes, las inspiraciones, las obras de teatro, las numerosas películas que adaptaron o traicionaron o homenajearon o burlaron el original, el merchandising con el rostro de Bela Lugosi, los rumores y las leyendas y las maldiciones que el nombre ha acarreado… Incluso anécdotas e historias interesantísimas como las que atañen al rodaje nocturno del Drácula español (película que rodaban por la noche, aprovechando los decorados del rodaje de día del filme de Tod Browning) y las acusaciones de su viuda a los cineastas que utilizaron la historia sin mencionar el libro ni adquirir los derechos. Documentado hasta la extenuación, bien traducido por Óscar Palmer y repleto de fotografías e ilustraciones. Unos fragmentos:
Aunque desconozcamos por completo los orígenes del mito, la mayoría de nosotros somos capaces de recitar sin que nadie nos las sople las características más destacadas del vampiro: que duerme durante el día para alzarse de su lecho-ataúd con la llegada del crepúsculo y nutrirse con la sangre de los vivos; su facultad de asumir la forma del murciélago, el lobo o la niebla; que puede ser destruido atravesándole el corazón con una estaca y rechazado eficazmente mediante el uso del ajo, el acónito, el crucifijo o el poder de la Eucaristía. Hemos recibido la información, no mediante la experiencia directa sino a través de una curiosa transfusión cultural... y sin embargo, a determinado nivel psicológico, debe de reflejar alguna especie de conocimiento universal, por muy velado o recóndito que sea.
Siempre maleable, Drácula ha sido pesadilla sexual victoriana en lo literario, presencia habitual en el teatro, icono cinematográfico, marca registrada, peluche, helado y hasta cereales para el desayuno. Complejo, contradictorio y desconcertante, Drácula nos presenta incitante el mismo interrogante planteado por Hamlet al fantasma: "Seas espíritu del bien o trasgo condenado".
**
Éste no es el primer libro que se escribe acerca de Drácula y tampoco será el último, pero hasta la fecha la mayoría de los enfoques han ignorado en gran medida la fascinante historia –que en la actualidad abarca más de un siglo– de los hombres y mujeres cuyas vidas acabaron entrelazadas con el peculiar poder del mito.
Drácula ha ejercido una atracción irresistible y, en ocasiones, faustiana sobre numerosos individuos que se han servido de la cada vez más poderosa maquinaria de la edición, la dramaturgia y la cinematografía para explotar el poder de la historia y extender su influencia.
[Es Pop Ediciones. Traducción de Óscar Palmer Yáñez]
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