Hace 18 horas
domingo, noviembre 13, 2016
viernes, noviembre 11, 2016
Leonard Cohen (1934 - 2016)
leonard cohen es tu hombre
ignorábamos que
ya estabas enferma
aquella noche gloriosa
en la que leonard cohen
arrancó con dance me to
the end of love
en el palacio de deportes
de Madrid
uno de nosotros
debía subir a las gradas
y tú elegiste la soledad
ese papel propio de quienes
protegen a sus cachorros
y te sentaste allá arriba
sola e intuyendo lo que
nosotros aún no sabíamos:
que algo
te devoraba
las entrañas
y cada verso
de aquel galán
con sombrero
te hacía llorar
mientras él
(el hombre de tu vida)
cantaba the partisan y
ain’t no cure for love
tú llorabas, mártir
de suplicios
y de silencios
y ahora siempre hay lágrimas
cuando escucho sus canciones
y hay lágrimas cuando
te recuerdo allí sentada
sola y sin revelar que
ya entonces
te acosaba
la carcoma.
José Ángel Barrueco, El amor en los sanatorios
Las sillitas rojas, de Edna O'Brien
Eran gente nocturna, a un paso de los fantasmas, y desconocidas entre sí. Algunas estaban casadas, según adivinó por las alianzas, y muchas tenían hijos que, contraviniendo las normas, llamaban en mitad de la noche para dar parte de alguna crisis. Las madres, sabiendo que las llamadas estaban prohibidas, remoloneaban por las esquinas para atender el teléfono. Muchas habían huido del horror, de países a los que jamás regresarían, mientras otras aún añoraban su tierra. Todas atesoraban los recuerdos y la esencia de su primer lugar en el mundo, que no compartían con nadie.
**
No conocemos a los demás. Son un enigma. No podemos conocerlos, y menos aún a los más íntimos, porque las costumbres nos confunden y la esperanza nos ciega ante la verdad.
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Resulta increíble la cantidad de palabras que existen para decir "hogar", y la música brutal que pueden llegar a desencadenar.
[Errata Naturae. Traducción de Regina López Muñoz]
martes, noviembre 08, 2016
sábado, noviembre 05, 2016
Gas. Antología poética personal 1999-2016, de Vicente Muñoz Álvarez
OFICIO
piénsatelo bien
antes de escoger
este oficio
llegado a cierto punto
no habrá ya
marcha atrás
pasarás todas
las fases
de una adicción
embriaguez
resaca
mono
penuria
y pagarás
a cambio de la escritura
un alto precio
doy fe
ahora
sigue
el camino
**
INFANCIA
lo que te contaron
no era verdad
lo que soñaste tampoco
de lo que te prometieron
ni hablar
esas
son las piezas
derribar
para construir
destruir
para edificar
**
UNFORGIVEN
ser
tú mismo
el mayor
de los crímenes
no
te lo perdonarán
**
OASIS
esa clarividencia
a veces
esos días
en los que todo pasa por encima de ti
como si nada realmente importara
en los que vives pero no juzgas
sientes pero no sufres
observas pero no piensas
en los que literalmente
todo te resbala
esa filosofía
[Ediciones Lupercalia]
jueves, noviembre 03, 2016
Éxodo, de Lars Iyer
Un hombre debe caminar si ha de pensar, dice W. Hemos de estar receptivos a los pensamientos, abiertos a ellos; en cualquier momento podría venirnos una idea, y ello sólo cabe cuando nos relajamos, cuando dejamos que la mente se desentumezca. ¿Cuántas veces ha salido W. a caminar a solas, con la esperanza de que le acudiera una idea a la mente?
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No debemos tanto buscar ideas, dice W., como dejar que las ideas nos encuentren. No es cuestión de esfuerzo mental, sino de aflojamiento mental, dice. Las ideas necesitan tiempo para surgir; tiempo inmensurable. Las ideas desprecian el reloj. Desprecian hasta los cuadernos.
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Le conté a W. que el mundo que me rodeaba era irreal. El almacén era irreal. Los suburbios en los que había crecido, y en los que había sido construido el almacén, eran igualmente irreales. La desesperación revela la verdad del mundo: ¿no es eso lo que comprendía a través de Kafka? El sufrimiento revela la nulidad de las cosas.
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La locura nos había enjaulado en los suburbios como a ratas de laboratorio…
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"¿Crees que tendrán nuestros libros aquí?", pregunta W., sabiendo la respuesta. "¡Por supuesto que no!" Su libro quedó descatalogado nada más publicarse. ¡Antes de publicarse! Su editor quebró. Y mis libros –mis supuestos libros– aparecieron en las ediciones más oscuras, a cargo de la editorial más oscura, a un precio sólo asequible por las bibliotecas más prósperas. ¡Nuestros libros no tendrán efecto alguno! ¡No tendrán lectores!
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El criterio para que un libro merezca la pena es si te hace pensar más, dice W.
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A veces, W. desearía que hubiese una gran explosión en el cielo. Que una estrella cercana estallara en el firmamento. Que la cabeza de un cometa se dirigiese en llamas hacia nosotros. Ah, ¿por qué será más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo?
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Hay que dejar de escribir para tener una idea, dice W. Hay que hacer una pausa y esperar. El pensamiento ha de acudir a ti, no tú a él. No se puede forzar el pensamiento escribiendo.
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El sistema académico se ha desplomado. Mi libro –y los demás millones de libros, pues ahora se publican más libros que nunca– se encontró con un perfecto silencio, una perfecta indiferencia. La universidad está acabada, y nosotros estamos en el espacio exterior, dando tumbos de cabeza en la oscuridad.
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No tenemos miedo a ser juzgados, dice W. No tenemos miedo a responder por nuestros pecados. Pero estos nuevos ejecutores nos asesinarán por la noche. Nos matarán en la ignorancia, sin comprender por qué hemos de morir, por qué lo merecemos. Caeremos, pero no en nombre de nada en particular.
Por eso tenemos que mantenernos firmes, dice W. Para salvar, no lo que somos, sino lo que podríamos haber sido, aquellos cuyos hogares ocupamos. Para honrar, no lo que nosotros podríamos haber conseguido, sino lo que ellos podrían haber conseguido, de haber sido todo distinto.
[Pálido Fuego. Traducción de José Luis Amores]
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