martes, junio 24, 2014

Hector and the Search for Happiness: cartel alemán


[Sin título]


todos los partos eran iguales, la piel se separaba del hueso
no era lepra, sin embargo sí una enfermedad antigua. la herida siempre al descubierto; gusanos, moscas y los consejeros delegados del terror adecuaban sus larvas en la parte más acogedora del fluido, que como pequeños embalses conservaban los orificios causados por las balas.
tú todavía preguntabas por qué, y olvidas que es incomprensible, pero por qué el instinto de la lágrima



Gsús Bonilla, Comida para perros

Magic in the Moonlight: 2º cartel


lunes, junio 23, 2014

En la ciudad del mañana, de Brigitte Reimann y Hermann Henselmann


Libros que se nos van acumulando en la pila de lecturas pendientes. Por ejemplo, éste: lo tengo en casa desde hace un año exacto, y el post de Manuel Rico sobre literatura alemana me ha empujado a buscarlo en mi biblioteca (hablaba Rico de la antología Al otro lado del muro, también publicada por Errata Naturae, y que también he comprado junto a Confluencias, editada por Alpha Decay, y el ensayo Incisiones, editado por Galaxia Gutenberg; todos ellos giran en torno a la literatura alemana).

Me he ventilado en un día En la ciudad del mañana, que es la correspondencia entre la escritora Brigitte Reimann y el arquitecto Hermann Henselmann. De Reimann leí hace años una gran novela que publicó Pepo Paz en Bartleby y que yo creo que pasó un poco desapercibida: Los hermanos. Reimann falleció de cáncer a los 39 años y su muerte truncó una carrera que era más que prometedora. Este intercambio epistolar supone, además de brindarnos una gran historia de amistad y devoción mutua, un recorrido por la RDA en los años 60. Veamos un pasaje en el que Reimann describe la frontera: 

Pero el viernes tuve un agobio terrible, crucé directamente a Berlín Oeste, mi hermano vino en avión desde Hamburgo. Todo ese día me afectó hasta tal punto que, por vez primera en mucho tiempo, busqué consuelo barato en el vodka. Esa frontera… no, es horroroso, y no puede una acostumbrarse, y toda razón y comprensión de las necesidades se desvanece a la vista de los puestos de control, de las cajas desiertas, de las salas, desnudas y radiantes, de los quioscos Intershop con artículos RDA a la americana para clientes con divisas, del aterrizaje en un mundo que se ha vuelto extraño.

En las últimas cartas hay también algunas alusiones a la enfermedad (el libro, además, termina con una nota final de la mujer del arquitecto, donde aclara algunos puntos que no aparecían en la correspondencia); con el tema del cáncer concluyo el post (y en este link se puede acceder a las primeras páginas):

Empiezo otra vez: este mal cáncer tiene efectos muy distintos a los anunciados, para los que, al fin y al cabo, estaba preparada. A lo que no estaba preparada: los sueños espantosos cada noche, la angustia mortal que ya no me abandona, la sensación de vida provisional, la falta de ganas, de capacidad, para hacer planes más allá de pasado mañana o, como mucho, la semana próxima. Algo ha cambiado de raíz. El defecto físico… bien, no diré que me resulta divertido, pero me he acostumbrado ya a la cicatriz (y a Hans no le molesta en absoluto, y nuestro amor florece como nunca), y he aprendido a disimular bien el defecto –para atenerme a esa palabra–, no se nota nada: el porte prusiano, adquirido en la juventud, me viene ahora de perlas, y nadie me tendría por deteriorada o enferma.


[Errata Naturae. Traducción de Ibor Zubiaur]

Bestia

Voy a contarte algo sobre el reino animal:

¿sabes?
en condiciones de supervivencia límite,
cuando la sombra de algún tipo de extinción
se proyecta sobre una manada,

los animales llegan a devorar a sus crías.
Sí.
Se los comen.
Se alimentan de la carne de sus propios hijos.
Puedes creerlo.
Es su ley,
tú no lo entiendes
eres humano,
escribes las normas,
las aprendes desde pequeño,
temes las represalias de un poder abstracto,
vives con miedo,
eres un cautivo.

Hace mucho que quiero decirte algo sobre mí:
algo que no sabes,
ni siquiera lo intuyes.

Verás:

si me haces daño,
si me veo acorralado,
mírame a los ojos
fijamente
y piensa en esto:

yo no tengo hijos.
Pero sí soy un animal.

Un animal.

Y no dudaré
ni un momento
en comerme a los tuyos.

Álex Portero, La próxima tormenta

Cartel de Affluenza


domingo, junio 22, 2014

Breve repaso a algunas películas


Cada vez me es más difícil encontrar huecos para ir al cine, tras tantos actos, eventos, firmas y presentaciones (sean de mis libros o de libros de amigos y conocidos). Y ya no digamos sacar tiempo para comentar en profundidad lo poco que veo. Por eso se me han ido pasando muchas de las recomendaciones de estos últimos meses. Si a alguien le sirviera de algo mi opinión (aunque a la hora de ver una película o de leer un libro es mejor que confíes sólo en tu propio criterio, sin contaminar por juicios ajenos), aquí la dejo:


DALLAS BUYER CLUB

Filme construido sobre el inmenso talento de Matthew McConaughey. Es lo que yo llamo películas-personaje, como las ya citadas aquí Bronson o Dom Hemingway. Películas a las que, si les quitas al actor sobre el que recae toda la responsabilidad, probablemente se caigan, valgan poco. Esto no se puede aplicar, por ejemplo, a obras como El padrino o Pulp Fiction: si quitas a uno de los protagonistas, el filme aún valdrá oro. ¿Qué más podemos decir? El trabajo de McCounaghey está soberbio, pero también le podrían haber dado el Oscar por cualquier otro de los papeles de los últimos años, donde no deja de sorprendernos. Y Jared Leto estaba muy bien, sí, aunque sigo pensando que ese Oscar lo merecía Michael Fassbender.

 
 


GODZILLA

Me negué a ver la versión anterior de Godzilla porque, por lo general, Emmerich se me atraganta. Pero Gareth Edwards es otra cosa. Esta nueva versión no está mal. Hay algunas personas que le han dado palos… ¿y qué esperaban de una película de monstruos que destrozan ciudades: diálogos de Shakespeare? Yo me lo pasé en grande, especialmente en la segunda mitad, que es cuando empiezan las hostias. Edwards logra planos bellísimos de las luchas entre las criaturas o de las apariciones apocalípticas de Godzilla entre los edificios. Sin olvidar ese momento en el que los paracaidistas se lanzan sobre la ciudad. Es un blockbuster que depara sorpresas atípicas, como que el protagonismo pase de un actor a otro, y que algunas de las estrellas palmen antes de llegar a la mitad de la peli. La pena es que Aaron Johnson (que suele gustarme) está tan flojo que he tenido que comprobar quién era el héroe porque lo había olvidado. 





LABOR DAY (UNA VIDA EN TRES DÍAS)

Entretenido giro hacia el drama de Jason Reitman (considero que sus anteriores películas eran comedias, pese a todo lo que pasa en Up in the Air), del que me entusiasmó la pareja protagonista (Josh Brolin y Kate Winslet siempre molan, y aquí logran química) y del que detesté esa formulación del hombre perfecto (se nota que el personaje de Brolin es una idealización de la autora del libro en el que se basa, lo cual resta cierta credibilidad al resultado final).



X-MEN: DÍAS DEL FUTURO PASADO

Quizá sea el segundo mejor título o episodio de esta saga. Porque, para mí, la más lograda sigue siendo la anterior, la que rodó Matthew Vaughn. Tenemos un ritmo envidiable, algunas escenas memorables y un reparto para quitarse el sombrero, en el que destaca Michael Fassbender, que brilla por encima del resto. Y además sale Peter Dinklage, ¿qué más queremos? Sin embargo, ciertos momentos no están tan bien aprovechados como en la entrega previa; tal vez sea porque salen más actores que en las películas de catástrofes de los 70, y eso es difícil de controlar. A pesar de ello, insisto: está bastante bien; a mí X-Men me gusta más desde que incorporan a McAvoy y a Fassbender.





LA MUJER INVISIBLE

Ralph Fiennes, al que vi hace años en un teatro de Madrid con la obra Julio César, es para mí algo así como un dios. Ésta es su segundo filme como director, tras Coriolanus, y en ella ha captado la esencia de Charles Dickens (y su interpretación es ejemplar) al milímetro. Técnicamente es impecable, una de esas películas refinadas al máximo, con un montón de pistas y de alusiones a muchas de sus grandes obras. Sin embargo, creo que le falta un poco de corazón. Está más próxima al tedio que a la emoción, y la historia (pese a que es desgarradora y muy interesante) no logra sacudirnos al final. ¿Quizá por culpa de la actriz?


[Dejo para otro día Sólo los amantes sobreviven, a la que quiero dedicar un post entero]

Cartel de The Good Lie


The Drop: nuevo cartel


viernes, junio 20, 2014

Comida para perros, de Gsús Bonilla


ya habíamos vivido en las entrañas y aquello era un abismo la abundancia, siempre la abundancia; y entretanto, el frío inequívoco, sin distinción de sexo, secta, raza o condición. visualizábamos mujeres en una fila aparte; ancianos, niños y otros animales marcados en un hombro con el fuego, de ellos surgió esta luminaria, por ellos el silencio
las libertades, asunto menor, en boca de los látigos

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8.

nunca tuve miedo al agua. es hoy, cuando aún queda sangre sobre las aceras, que me paralizan estos charcos. llueve. anoche hubo una batalla; un sinnúmero de caníbales nos masticaba a conciencia el corazón, insaciables como perros pobres. poco antes, en el noticiero de las nueve, la humanidad veía cómo lo apaleaban. yo lo vi también, hasta frustrarme. entonces, aparta eufemismos, enternécete después, un miércoles. llórales, el tercer día

**

9.

siendo esto así, mi estado anímico se manifiesta en ira, arrebato, pero sin llegar a montar en cólera y me pacifico pronto, consigo entender que mi cuerpo se prepara para la defensa de una causa justa; es emocionante que una parte de mi pueblo sigue preparada y planta cara a esta bestia capital que nos clava, día a día, sus uñas

**

12.

sigo abriendo las orejas de par en par, este grito tranquilo ha sembrado el miedo sobre los halcones, y ese miedo ha vuelto a generar violencia y el deseo singular de apropiarse, poco a poco, de la voz y el lenguaje de los ciudadanos, del pueblo


[Baile del Sol]

Frank: 2º cartel


21 de junio, Madrid


I Festival de Microedición y Lucha Libre ¡El Increíble H.U.L.!

Cartel de The Judge


jueves, junio 19, 2014

El arte de no decir la verdad, de Adam Soboczynski


Algunos de los libros que recomiendo estos días los leí hace meses; si me descuido, pronto hará un año de algunas de esas lecturas. Se van acumulando en otra pila, la destinada a los libros que ya he leído y de los que quiero tomar algunas notas. Éste es uno de ellos. El polaco Adam Soboczynski, mediante varias historias y ejemplos supongo que tomados de la vida real (pero da igual si son inventados), nos muestra cómo deberíamos comportarnos en la sociedad actual. Así, construye un libro ameno y muy ocurrente, con capítulos del estilo de "Fingir", "Nunca parecer perfecto", "De quién debemos protegernos", "Saber encajar la derrota", "Utilizar el humor" o "Poner furiosos a los demás". Destaco unos ejemplos de este catálogo de comportamientos, del que he vuelto a releer algunos pasajes y que me sigue pareciendo muy ilustrativo:

Los arrebatos incontrolados, ya sean de alegría o de cólera, deben evitarse casi siempre. Exponen nuestras intenciones y nuestras debilidades al oponente. El carácter exaltado es propenso a cometer errores; el pensamiento frío es la base de la inteligencia.
A menudo, el destinatario de un correo electrónico impertinente se enfada con razón. El impulso de responder inmediatamente con un correo todavía más impertinente es enorme. En este caso, lo primero que hay que hacer, en lugar de precipitarse sobre el teclado hecho un basilisco, es tranquilizarse.

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Nuestros competidores nos quieren hundir, pero su envidia, gracias a la civilizada represión de los instintos, a menudo nos llega camuflada. No pretenden estrangularnos. Pero eso sencillamente hace menos visibles sus intenciones. Sus alabanzas son infinitamente más peligrosas que su odio indisimulado. Debemos mostrarnos enormemente desconfiados cuando nos topamos con una gentileza apabullante.
Existen personas con las que debemos andarnos con especial cuidado si entramos en competencia con ellas. Particularmente hábiles en el arte del fingimiento, y por ello siempre muy peligrosos, son los arribistas que con paciencia pertinaz se abren camino hacia arriba y, contra toda probabilidad, se convierten en presidentes de Francia o en cancilleres de Alemania. Tienen una enorme ventaja: contemplan siempre con mirada ajena la clase social que acaban de conquistar pero en la que no han crecido con ceguera. Penetran los matices del comportamiento humano mucho mejor que aquellos que nunca han vivido de otro modo.
El sociólogo Georg Simmel bautizó al que mejor comprende una sociedad "el extraño que permanece". El extraño que permanece puede ser el advenedizo, el arribista, el ofendido por su propio cuerpo, el objeto de burlas pasadas. Debido a una imperfección –un defecto del habla o una cojera– o debido a su origen, se ha mantenido siempre a distancia, pero gracias a la observación de su entorno ha aprendido las artes más pérfidas.

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Esta característica nos sigue definiendo hoy en día: no tenemos que temer a las zarpas que pueden desgarrarnos, sino a las persuasivas mentiras difundidas por los supuestamente inferiores.

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Baltasar Gracián también identificó un grupo de personas frente al que debemos protegernos. Suyo es el consejo: "Nunca pelees con quien nada tiene que perder". El que nada tiene que perder puede descuidar toda precaución y atacarnos mediante la fuerza bruta. Le da igual sufrir algún daño. Quien no tiene nada que perder está fuera de la civilización. Afortunado el que no se topa jamás con él.

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A partir de cierto momento, prácticamente todas las parejas entran en la fase del perdón. La fase del perdón consiste en acaloradas y reiteradas discusiones seguidas de su correspondiente reconciliación. […] Tres días más tarde, como mucho, hay una nueva discusión, y de nuevo se produce una reconciliación acompañada de una orgía del perdón. Y así durante un tiempo, hasta que, cuando se hartan de pelear, ya es demasiado tarde para ninguna reconciliación. Pues una vez ha empezado la fase del perdón, el antaño maravilloso barco del amor, reluciente a la luz del sol, se ve envuelto por densos nubarrones de tormenta que difícilmente se disipan. De ahí la primera regla referida al perdón: evitar las situaciones que en el futuro puedan exigirle a uno pedir disculpas, administrar la cólera con cuentagotas y jamás hablar irreflexivamente.

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Las réplicas confusas y los arrebatos desmesurados siempre resultan terriblemente desagradables. Cuando a uno no se le ocurre nada inteligente, lo mejor es hacer notar a los presentes la inoportunidad del ataque con un leve movimiento de los ojos y permanecer en silencio.

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Todas las personas tienen un punto débil en el que es fácil atacarlas; averiguar ese punto débil es propio del inteligente. Hay que ir a buscar a las personas ahí donde quieren ser buscadas: en su punto flaco, que, en sus más diversas manifestaciones, es su infinita vanidad, su eterno afán de protagonismo.

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El artista del fingimiento pone todo el esmero en que sus flechas envenenadas parezcan una réplica justa y hasta casi amable a una verdadera infamia.


[Anagrama. Traducción de Francesc Rovira]