Hace 5 horas
miércoles, enero 22, 2014
martes, enero 21, 2014
El lobo de Wall Street
Una vez dijo el clásico cineasta Michael Powell: “Desearía que tuviésemos una docena de Scorseses más, pero no es probable que eso suceda. Si tenemos uno por década, podremos considerarnos afortunados”.
Como muchos sabrán a estas alturas, al menos quienes me conocen bien, flipo con cada película de Martin Scorsese. Sus filmes, a veces excesivos, inmorales, alocados, frenéticos (Malas calles, Uno de los nuestros, Gangs of New York, Casino…), a veces finos, mesurados y líricos (Kundun, La edad de la inocencia, La invención de Hugo…), siempre me aseguran más de dos horas de disfrute, de entretenimiento y, sobre todo, de amor al cine. Reconozco que Hugo, su anterior obra, era magnífica. Pero el Scorsese que a mí me entusiasma es el que hemos vuelto a ver en El lobo de Wall Street, que me ha gustado mucho (aunque no tanto como, por ejemplo, Infiltrados), y voy a desarrollar las razones en las siguientes líneas.
El proyecto que escribí para el fin de carrera en la universidad se titulaba Obsesiones de Martin Scorsese a través de su cine. Fue un trabajo de exploración que me sirvió para revisar sus filmes, leer todos los libros sobre él que entonces se habían publicado, además de entrevistas, artículos y todo lo que estuvo a mi alcance. Algo de ese trabajo me quedó dentro, porque a veces rastreo esas obsesiones en sus nuevas películas: la culpa, la religión, la supervivencia, la redención, la soledad… entre otras.
Scorsese se ha reinventado en los últimos años. Ha sabido adaptarse al siglo XXI allá donde otros no han sido capaces: ¿cuántos directores que rodaron títulos míticos en los 70 y en los 80 y en los 90 han hecho basura (o, cuando menos, obras muy endebles) en esta última década? Prefiero no citarlos. No voy a recordar ahora todo lo que ha dirigido con Leonardo DiCaprio, ni tampoco sus documentales ni sus intervenciones en televisión. Quedémonos con lo de hoy, lo de ahora.
¿Qué es El lobo de Wall Street? Es, ni más ni menos, una reescritura de Casino adaptada al siglo XXI: se nos retrata, en medio de un frenesí de drogas, putas, alcohol y desmadres varios, la ascensión y caída de un hombre obsesionado con el poder que da el dinero. En Casino, y también en Uno de los nuestros, veíamos de qué son capaces los seres humanos por ganarse un dólar. Hasta qué extremos puede llegar una persona en su camino de ambición. El lobo de Wall Street es la misma película: en estructura, en anécdotas cargadas de inmoralidad y obscenidad, en desarrollo de personajes, en banda sonora, en montaje, e incluso en la narrativa (en dichos filmes suele haber varios narradores; en El lobo… sólo hay uno, pero a menudo escuchamos los pensamientos de otros personajes, lo que lo aproxima mucho a la novela postmoderna).
Si en Casino estaba Robert De Niro como eje de la función, y en Uno de los nuestros era Ray Liotta, aquí (desde hace años) el eje sobre el que se construye cada película es otro actor, Leonardo DiCaprio: un titán de la interpretación, algo que vuelve a demostrar en este largometraje construido alrededor de él. A Scorsese le faltaba por encontrar un nuevo Joe Pesci, y lo ha logrado: Jonah Hill es la mano derecha de DiCaprio y también el personaje entre bufonesco y bocazas que nos remite a esos papeles que hizo Pesci. Ya no se habla de mafiosos. Scorsese nos habla de algo que, ahora, nos preocupa más: cómo unos cuantos cabrones se enriquecieron estafándonos y cómo fueron en parte los culpables de que estemos en el agujero económico mundial en el que estamos. Por eso algunos espectadores se enfurecen con la película: porque durante tres horas nos muestra a una pandilla de tipos sin escrúpulos que gastan a manos llenas y roban a los desventurados y a los trabajadores mientras nosotros no levantamos cabeza (algo que encarna el personaje de Kyle Chandler, el agente del FBI que vuelve cada noche a casa en metro, "con los huevos sudados"). Y esa obscenidad, en pantalla, en estos tiempos de crisis, es inadmisible para algunos. Pero hay una diferencia, amigos: los personajes de El lobo… no matan, como mataban los de Casino y Uno de los nuestros. Es decir: ¿por qué escandaliza más un bróker que nos estafa que un mafioso que ordena asesinar a quienes suponen un tropiezo en su ascenso? No lo sé y tampoco lo entiendo. Porque los personajes de El lobo de Wall Street, con su obsesión por el dinero y su búsqueda continua del placer, encarnan en realidad nuestros deseos. ¿Quién coño no querría ser millonario, para regalarle a su mujer un yate con su nombre, o para viajar a donde se le antoje cuando se le antoje? Esto lo explica bien Jordan Belfort (DiCaprio) en el spot que rueda para contarle a la gente que se vive mejor siendo rico. Él, como dice en una escena, crea necesidad. En eso consiste vender: en crear la necesidad de adquirir algo.
Pero volvamos a sus obsesiones. Aquí, en esta nueva obra, han desaparecido muchos de esos conceptos que cité antes. Sobreviven, por ejemplo, la culpa y la redención. Aparecen al final, como siempre en Scorsese, a quien le interesa, más que el análisis de esa culpa, el camino que trazaron sus personajes para llegar a ella. En una película de Scorsese verás a hijoputas arrojando enanos a una diana, poniendo los cuernos a sus mujeres, torturando a pobres diablos, estafando a diestro y siniestro, traicionándose unos a otros… pero al final, aunque sólo sea en un leve apunte, esos personajes obtienen su castigo. Lo que ocurre es que al cineasta no le gusta ser moralista, a no ser que me equivoque no pondrá en pantalla a un tío sufriendo castigos en prisión, no se recreará en el sufrimiento de los malos. A Scorsese no le interesa cómo pagan sus deudas, sino por qué llegan al infierno. Y, especialmente, cómo llegan.
Algunas personas han dicho que El lobo de Wall Street son tres horas de putas y cocaína y que no hay nada más. Falso. Existe una película que agrupa más desbarres que ésta o que la saga de Resacón: y es Miedo y asco en Las Vegas. Lo digo porque sigo sin entender que, esta vez, se haya suscitado el escándalo. Falso, insisto. Y ahora llega el momento de ABRIR LOS SPOILERS, porque quiero indicar algunas de las escenas (las mejores, probablemente) en las que no hay orgías, que revelan la maestría de Scorsese para contar una situación en términos estrictamente cinematográficos: la charla entre DiCaprio y el personaje de Matthew McConaughey (otra lección interpretativa: en diez minutos nos vuelve a convencer que es uno de los más grandes actores de nuestro tiempo) en un restaurante; el momento en que Jonah Hill va a entregar un maletín cargado de dinero al machaca de Belfort; la primera vez que Belfort fuma crack, que apenas dura dos minutos y que DiCaprio domina con su habitual maestría; la larga secuencia en que toma pastillas caducadas y pierde el control de su cuerpo; el diálogo entre DiCaprio y el agente del FBI en el barco del primero; el momento en que su mujer (la bellísima Margot Robbie, ya vista en About Time en un papel secundario) le promete, como castigo a sus deslices, que no llevará bragas en casa durante un tiempo en que lo va a someter a abstinencia; las disputas matrimoniales con toques de violencia, siempre presentes en su filmografía; o ese plano en el que vemos al agente del FBI viajando en metro, tal como había contado antes. Son sólo algunas de las joyas de la película. Que algunas personas se quedan sólo con que es una peli de esnifar e ir de putas, es su problema. No lo es en absoluto. Y ahora toca CERRAR LOS SPOILERS.
Scorsese, además de reinventarse y de reescribir Casino y Uno de los nuestros, lo ha hecho esta vez mediante el humor. En sus películas más viscerales suele haber humor, casi siempre basado en las acciones o en los diálogos de los matones o de los descerebrados. Ahora, sin embargo, el humor domina la trama y predomina en la película. A menudo, es cierto, se nos congela la sonrisa al comprobar los excesos de los personajes. Pero Scorsese no está celebrando ni justificando su conducta: sólo la está mostrando. Cito a Tomás Fernández Valentí, que en su blog ha analizado el filme: “Scorsese sabe mantener un equilibrio magistral en la visualización de todo ese delirio, de manera que hace partícipe al espectador del caótico mundo donde se mueven los personajes, transmitiéndole la alegría y el desenfreno de esas fiestas orgiásticas sin que eso vaya en detrimento del carácter descriptivo y a la vez reflexivo de dichas secuencias”.
Otro de los temas que analicé en aquel proyecto era el de la supervivencia. Los personajes de El lobo de Wall Street también quieren sobrevivir. Primero tratan de sobrevivir: no hay más que ver la escena en la que Belfort habla de cómo una de sus primeras empleadas salió a flote gracias a un préstamo suyo, que le sirvió de base para prosperar y para llevar a un hospital a su hijo. Y luego, una vez han salido de la pobreza, se vuelven ambiciosos. Quieren más. Y lo quieren deprisa. Ya han sobrevivido, ya no son pobres ni tienen deudas: ahora necesitan vivir a todo tren, basándose en el principio del placer.
Scorsese ha vuelto a impartir otra lección de narrativa cinematográfica, aunque ya apunté que me parece más redonda Infiltrados (por citar uno de sus trabajos con DiCaprio). Una reescritura, insisto, en la que además ha contado con algunos actores que dan lo mejor de sí mismos: aparte de los citados DiCaprio, Hill, Chandler, Robbie y McConaughey, están Rob Reiner, Jean Dujardin, Joanna Lumley o Jon Favreau. Id a verla, y dejad los prejuicios en la entrada.
lunes, enero 20, 2014
Fuera de aquí. Conversaciones con André Gabastou, de Enrique Vila-Matas
Hablas mucho de los cines desaparecidos de tu barrio, el Metropol, el Texas, el Delicias. ¿Cuál es el papel del cine en tu infancia?
Los colegiales de Barcelona teníamos fiesta los jueves por la tarde. Una de las posibilidades era ir al cine, a las salas llamadas «de reestreno», donde pasaban dos películas en sesión continua a precios económicos. Yo iba al cine sobre todo para ver cómo era el mundo exterior, es decir, el mundo que se extendía más allá del Paseo de Sant Joan. Para eso, no me servían las películas infantiles. De modo que con otros compañeros del colegio quedábamos los jueves por la tarde para ir al Texas, al Delicias, al Lido, al Cervantes o al Nuria, donde daban películas prohibidas para los menores de catorce años y había una tolerancia en la entrada, que nos permitía acceder a la sala, algo que era imposible en el centro de la ciudad. O sea que nos interesaba lo prohibido y buscábamos conocer la vida o el mundo real a través del cine, a través de la ficción. Ahora que lo pienso: vaya paradoja. Me refiero a buscar en el cine la realidad.
Primeras páginas: aquí.
[Galaxia Gutenberg]
viernes, enero 17, 2014
Algunas películas que he visto últimamente
Ahora mismo estoy consiguiendo ver más películas a la semana que unos meses atrás. Como se me acumulan las recomendaciones de títulos, aquí dejo apenas un esbozo de algunas de las películas que, por tal o cual razón, me parecen interesantes. Unas pocas no se han estrenado en cines españoles, y quizá no se estrenen nunca (o las proyecten años después de su estreno, como sucedió con Blue Valentine); y éstas últimas las he visto porque me cansé de esperar a su distribución en salas comerciales. Las hay mejores y peores, pero cada una de ellas tiene algo, como digo, notable o al menos interesante: por lo general una interpretación. Entre ellas no está Nymphomaniac Vol. I: primero porque me decepcionó; y segundo porque estoy a la espera de ver Nymphomaniac Vol. II; si la segunda merece la pena, haré un post hablando de ambas.
THE ACT OF KILLING (Director’s Cut)
El documental de moda. Probablemente ganará el Oscar.
La que yo he visto es la versión extendida (159 minutos) que no se ha estrenado
en cines. Es una historia real, atroz, durísima, pero tenía que contarse. Lo
pasa uno bastante mal mientras los matones y los militares y algunos políticos cuentan cómo
torturaron, interrogaron y asesinaron a miles de comunistas en Indonesia. La escena más
desagradable, sin embargo, la protagoniza un tipo orondo y medio desnudo
mientras se lava los dientes. Un documental necesario, pero que no volveré a
ver.
MUCHO RUIDO Y POCAS NUECES
Joss Whedon, entre rodaje y rodaje de las películas de Los
Vengadores, se marcó esta adaptación contemporánea e independiente y barata y
en blanco y negro de la obra de Shakespeare. Está bastante bien, tiene ritmo y
destacan algunos actores y un par de planos para quitarse el sombrero. Pero me
quedo con la versión de Kenneth Branagh, más festiva y entusiasta.
FRUITVALE STATION
Parte de un hecho real: el altercado que un grupo de
negros tiene con la policía cuando salen de un tren del metro tras la fiesta
de Nochevieja. Uno de los detenidos es asesinado. La película reconstruye el
último día de la vida de ese hombre, alguien que sólo quería mejorar y seguir
avanzando tras sus antiguos tropiezos. Ryan Coogler, el director, ya ha
recogido algunos premios por esta película pequeña e impactante. No se ha
estrenado en cines españoles.
EL INCREÍBLE BURT WONDERSTONE
Aviso: ésta es una comedia fallida. Una comedia que no
hace mucha gracia, que es lo peor que le puede ocurrir a un filme de este género. La historia tiene alguna similitud con Muertos de risa. En
el reparto están, algo desaprovechados, Steve Carell, Steve Buscemi, Olivia
Wilde y James Gandolfini. Pero hay una razón para verla: Jim Carrey. Soy fan
absoluto de Carrey y aquí me arrancó unas cuantas carcajadas. Sale muy poco. Incluso si no
quieres ver la peli, busca sus pocas escenas en YouTube. En España sólo ha
salido en dvd.
LOLA VERSUS
Otra película floja, en mi opinión. Es una especie de
Frances Ha pero sin su fuerza, sin su poesía. Sin embargo recomiendo verla
porque también, como en Frances Ha, brilla la actriz Greta Gerwig (por cierto:
es injusto que no la hayan nominado por ésta última, pues le da varias vueltas a otras actrices más
célebres). Tampoco se ha estrenado en España.
CAMILLE CLAUDEL 1915
Una película difícil, con pocos diálogos, muchos silencios
y locos auténticos en el reparto. Algunas personas la odiarán y otras la
amarán. A mí me gustó, pero no me fascinó. Quizá sea demasiado seca, demasiado
áspera, demasiado incómoda. Lo dejo a tu elección. Juliette Binoche realiza aquí una de las mejores
interpretaciones de su vida.
UNA HISTORIA CASI DIVERTIDA
Me interesa lo que hagan Anna Boden y Ryan Fleck tras su
espléndida Half Nelson. Ésta es otra historia sobre locos, “en clave de comedia”
(como suele decirse). El protagonista es un muchacho que, tras un intento
fallido de suicidio, requiere ayuda en un centro psiquiátrico. El autor de la
novela en que se basa, por cierto, se suicidó el mes pasado. No se estrenó en
cines. No está mal, pero no es Half Nelson.
50/50
Buena, interesante película, que data de 2011 y que logra
hacer comedia con un tema tan crudo como el cáncer. Es la versión optimista de
la enfermedad, por así decirlo. Me gustan los intentos por parte de los
personajes de quitarle hierro al tema. Joseph-Gordon Levitt está muy bien e
incluso no está mal Seth Rogen, que no siempre me agrada. Tampoco se estrenó
aquí.
DRINKING BUDDIES
Esta cinta fue una de las favoritas de Tarantino del
año pasado. No, no se ha estrenado aquí (me parece que pronto saldrá en dvd con
el título de Colegas de copas). A mí me tocó un poco la fibra porque la pareja
protagonista (un hombre y una mujer que son colegas y compañeros de trabajo y
que tienen una tensión sexual siempre aplazada) me recordó a un par de amigos.
Están Anna Kendrick y Olivia Wilde, dos buenas razones para verla. Y dirige Joe
Swanberg, alguien que proviene del circuito independiente (ha hecho muchas
películas baratas, poco conocidas, y a veces participa como actor en pelis de
miedo, caso de Tú eres el siguiente). Merece la pena.
JACK REACHER
Había leído la novela de Lee Child pero, finalmente, me perdí la adaptación en su estreno. Yo veo todo lo que hace Tom Cruise, aunque no siempre sea bueno
(en algunas películas hace un papelón, en otras no…). Jack Reacher es fiel a la
novela. Un thriller sólido, con secundarios de lujo (Robert Duvall, Werner
Herzog y Richard Jenkins), y buen ritmo. Entretenida, un blockbuster correcto y
con nivel.
ESCAPE FROM TOMORROW
Un hombre pasa el día con su familia en Disneylandia. Le
acaban de notificar que le despiden. Sea por eso o porque está metido en un
matrimonio rutinario o porque el parque lo enloquece, empieza a cambiar de
conducta mientras se montan en las atracciones y pasean por aquí y por allá: se
obsesiona con dos chicas que andan por allí, a veces ve criaturas extrañas y no
sabe si lo que le ocurre es real o una pesadilla. La película podría tener
varias razones para explicar su conducta, pero para mí destaca una: el tipo
sólo quiere follar. Fue rodada en blanco y negro y en secreto en Disneylandia,
de extranjis, y contiene algunas resoluciones visuales muy impactantes. No se
ha estrenado aquí y es una pena, me hubiera encantado verla en el cine.
AIN’T THEM BODIES SAINTS
Sólido reparto, con Casey Affleck, Rooney Mara, Ben Foster
y Keith Carradine (yo beso el suelo que pisa Rooney Mara, por cierto). Ha obtenido algunos galardones y sigue sin
estrenarse. El director tiene un estilo próximo a Terrence Malick, de hecho
esta película podría ser una especie de variante de Malas tierras. Por ejemplo,
son frecuentes esos planos propios de Malick, en los que la cámara va detrás de
los actores mientras éstos caminan por el campo. Un buen filme, al que sin
embargo le falta un poco de emoción en el clímax; a mi entender es algo frío,
lo que no cuadra mucho con la historia que cuenta: la de un preso recién
evadido de la cárcel que trata de reencontrarse con su mujer y su hija.
BIENVENIDOS AL FIN DEL MUNDO
Cierre de la trilogía que comenzó con Shaun of the Dead
(aquí conocida con el horrendo título de Zombies Party), siguió con Hot Fuzz
(aquí conocida con el ridículo título de Arma fatal) y que ahora culmina The World’s
End (aquí conocida con el traicionero título de Bienvenidos al fin del mundo).
Si antes parodiaron el cine de zombies y de policías, esta vez tocan los
extraterrestres. La película funciona un poco a la manera de Abierto hasta el
amanecer: durante la primera parte del metraje hay una recreación de la
realidad, la de un grupo de amigos que se reúnen para tomar cerveza y llegar en
pie al último pub de su ruta de bebedores, el World’s End; en la segunda, empiezan
a aparecer los alienígenas y todo toma un carácter más alocado y travieso, con
efectos especiales y peleas a puñetazos. Digna “continuación” de sus
predecesoras, tiene un final plomizo y bastante malo que, por fortuna, remedia
el brillante epílogo.
AGOSTO
Basada en una obra de teatro, debe verse desde esa
perspectiva: por lo general, muchas obras teatrales cuentan un momento, un día,
apenas unas escenas; quiero decir que los argumentos suelen ser sencillos.
Agosto, pese a una realización plana aunque funcional, empieza muy bien,
con tensiones entre los familiares, cruces de acusaciones, bromas pesadas y secretos
inconfesables que saldrán a la luz, para concluir con una media hora donde lo
trenzado va convirtiéndose en un culebrón, y donde parte de culpa deben de tenerla los Weinstein, que metieron mano en el montaje (como es habitual). En
medio de ambas partes está el eje central de la peli: una cena familiar que
agrupa a todos los personajes y en la que la tensión va aumentando. Si vas a
ver Agosto, que sea por esa secuencia explosiva. En cuanto al reparto: destaca,
claro, Meryl Streep, quien, como decía un colega en Twitter, está desatada, y
reconozco que eso me encanta; en la parte de las mujeres, Margo Martindale y
Julianne Nicholson; en la de los hombres, Chris Cooper y Benedict Cumberbatch. Sí, Julia Roberts está bien, pero a mí me cansa Julia Roberts.
CAPITÁN PHILLIPS
Me daba pereza verla porque conocemos la historia, la
leímos en las noticias y asistimos a su inicio y a su desarrollo. Pero la
dirige Paul Greengrass, y eso es sinónimo de ritmo, de brío, de tensión, de un
montaje dinámico y de una puesta en escena que linda con el documental. Es su
sello de identidad y por eso el filme es otra cosa distinta de lo habitual en el género. Greengrass, con ayuda de
Tom Hanks en otro de sus grandes papeles, nos mete desde el principio en una
montaña rusa, pese a que sólo trata del secuestro de un barco. Sabemos cómo
acaba y da igual: nos comemos las uñas. Y encima tiene uno de los finales más
emotivos de la temporada pasada. Hay que verla.
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