jueves, marzo 22, 2012

Próximamente: Yoga para los que pasan del yoga


De Geoff Dyer. En Mondadori.

En breve, un nuevo libro de Dan Fante

Cartel de Lovely Molly

Trailer de Hit So Hard


miércoles, marzo 21, 2012

Una comedia canalla, de Iván Répila



Este es el sueño de cualquier empleado: llegar al trabajo un lunes, con la cabeza todavía recostada en el fin de semana, madrugado por los pelos a costa de unas ojeras gordas como ciruelas y unas legañas resecas que no pudieron arrancar ni la ducha ni el café, sentarte en la silla, lamentarte, y después esperar: esperar a que el jefe diga o haga algo que te moleste, una orden con el tono excesivamente imperativo, una petición que sobrecargue tus tareas, algo que te hinche las pelotas, y en ese momento levantarte, mandarle a la mierda pronunciando correctamente cada sílaba y salir por la puerta sin mirar atrás.

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Antes, en algunos pueblos pequeños del entorno de la gran ciudad, no había grúas: esas máquinas costaban un huevo. Así que cuando un coche se quedaba tieso en mitad de la calle, o cuando había que mover una cajonera de escombros municipales, llamaban al Porlan. Y el Porlan venía desde la ciudad con el coche patrulla, se quitaba la camisa y movía lo que hiciera falta. En aquella época, si uno nacía tocho, con pocas ganas de estudiar y un exceso clínico de testosterona, se metía a poli. Y el Porlan, que era una mala bestia en el sentido estrictamente académico y también en el otro, estuvo pegando hostias y moviendo coches hasta que llegaron la democracia y las grúas, y luego solamente pegando hostias.

Dark Shadows: nuevos carteles (y 3)



Próximamente: Testimonio en Chicago


De Allen Ginsberg. En Gallo Nero.

Dark Shadows: nuevos carteles (2)



VII Festival de la Palabra

Dark Shadows: nuevos carteles (1)



Trailer de Jesus Henry Christ


lunes, marzo 19, 2012

Mi pistola es veloz, de Mickey Spillane



Años atrás me cautivó Yo, el jurado, la novela de Mickey Spillane en la que nos presenta a su detective Mike Hammer. Quienes estén familiarizados con la película o la serie de televisión o las novelas, ya sabrán que los métodos de Hammer son expeditivos, que no duda en apostar por la violencia para despacharse a los fanfarrones y que siempre anda detrás de las mujeres como si estuviera en celo perpetuo. Las novelas de Spillane recuerdan un poco a las de Chandler, sólo que Hammer es un poco más pícaro y canalla que Marlowe, y en los libros de Spillane no faltan las dosis de sexo y violencia. En esta novela Hammer conoce una noche a una prostituta que, horas después, muere en misteriosas circunstancias. Y todo el empeño de Hammer consistirá en averiguar quién era ella y quién la asesinó. Varias de las notas que he tomado de este excelente libro:

No sé por qué, pero aquella mujer me cayó bien. Puede que fuera porque daba la impresión de que sus ojos, a pesar de la crudeza de su mirada, siempre podrían llorar un poco más. O porque me decía cosas bonitas. O porque estaba cansado y mi cueva era un lugar frío y vacío, mientras que aquí podía hablar con la pelirroja. Fuera por lo que fuera, me cayó bien y la mujer era consciente de ello; y estoy seguro de que me sonreía como hacía mucho tiempo que no sonreía a nadie. Como si fuéramos amigos.

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Resulta terrible que nadie sepa que has muerto.

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La muerte es como un dolor de muelas… da igual a qué se deba: termina en cuanto te la sacas. Eso es lo que pasa habitualmente con los muertos; una vez fallecidos, la gente puede hablar de ellos cuanto quiera, puede incluso hacer cosas por ellos que no haría por los vivos. La muerte es buena, limpia y antiséptica. Pone fin a todos los problemas. Alguien recoge tus pertenencias, dice algo bonito de ti y ya está.

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Solamente tengo una cosa descapotable. Y no es un coche.

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A la gente le resulta divertido ver a un personaje público revolcándose por el barro y le excita saber que forma parte de la jauría que le va a dar caza.


[Traducción de V. M. García de Isusi]

Cartel de Chernobyl Diaries

El soldado Theodore Irvine


Al principio solo parecía una herida cutánea de poca importancia, pero se resistía a curarse y al final la infección llegó hasta el hueso. De manera que me amputaron el pie, esperando frenar así la infección, y durante un tiempo creí haberlo conseguido. Poco después, todavía lleno de esperanza, el hueso volvió a pudrirse de nuevo e hizo falta una segunda operación. Y la situación siguió empeorando; nada era capaz de impedir que se pudriera el hueso. Al cabo de seis años, me habían cortado la pierna, loncha a loncha, hasta la rodilla. Dije: “¡Cuando me desarticulen los huesos de la rodilla, dejará de pudrirse!”. Pero la gangrena continuó subiendo por encima de la articulación hacia el muslo y los médicos siguieron serrando detrás de ella.
Durante diez años he vivido como un pedazo de ternera en el tajo de un carnicero. A estas alturas ya ni recuerdo cómo es la vida sin dolor. A todo el mundo le maravilla mi buena voluntad para soportar el martirio que sufro a todas horas. Mi madre y mi esposa ya no soportan ver cómo padezco. Ni siquiera los médicos son capaces de aguantarlo: van dejando sobredosis de morfina cerca de mi cama, una insinuación muda que me niego a captar.
Nunca me curaré, pero pienso vivir todo el tiempo que pueda. Con solo estar aquí tumbado, respirando, consciente de la vida que me rodea, tengo suficiente. Con solo ver cómo se mueven mis manos y contemplarlas, mientras pienso: “¿Lo ves? Estoy vivo. Muevo las manos”, tengo suficiente. Voy a vivir todo el tiempo que pueda y lucharé por el último suspiro que dé. ¡Mejor sufrir los dolores más extremos del infierno que conseguir la libertad en la nada!


William March, Compañía K

Trailer de 4:44 Last Day On Earth


Lo nuevo de Abel Ferrara. Trailer: aquí.

Próximamente: Madre, Hermano, Amante


De Jarvis Cocker. En Mondadori.

Trailers de Prometheus


Viggo Mortensen como William S. Burroughs

viernes, marzo 16, 2012

Te escribiré una novela: extractos



Te escribiré una novela, pensé. Como si ella estu­viese delante.

Me encontraba sentado a la mesa de una de mis ca­feterías favoritas, puliendo sueños sobre la madera de roble en la que terminaba un café. La superficie sufría de heridas y desconchones. Heridas y cicatrices como las que custodia­ban mi corazón.

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Ella nunca leía. Y yo me desgañitaba con una vie­ja pluma y un cartapacio de folios en escribir novelas que dejaba a medias, en procrear con la tinta y dar a luz los ver­sos más tristes o bellos, como los atardeceres de cementerio o los vuelos inquietos de las mariposas. Quería crear algo. Necesitaba forjar un universo de papel para ella. Al final, todos los esfuerzos se clausuraban en la papelera y, a mis veintinueve años, aún no había terminado un libro; pero sí muchos cuentos que ella apenas hojeaba. Por eso pensé: “Te escribiré una novela”.

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Estuvimos conversando un rato. Y era como si qui­siéramos sepultar el mundo y la fragilidad de las personas y sus miserias con muchos litros de café y prosas dispersas en cuadernos. Porque el mundo, estaba claro, no lo íbamos a arreglar ninguno de los dos. Y a mí la pala de enterrador me pesaba tras la tarde previa, cuando con un “Creo que ya no te quiero” se me deshizo el nudo de la felicidad, y las vísceras de la alegría se me desparramaron por el escroto y el ano, y me cayeron en los zapatos con un tonelaje de hierro que me jodió los dedos de los pies e hizo que al estómago le faltase algo, como si me lo hubieran vaciado de repente y por dentro sólo resonaran las escobillas giratorias que ve­mos en los desiertos y en los pueblos abandonados.

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Por la taberna comenzaron a cruzar tipos armados hasta los dientes de soledad y abandono. Todos ellos presen­taban caretos en los que el tiempo y la miseria moral había esculpido a su antojo, dejándome a la vista una legión de cadáveres llenos de encías medio podridas, bolsas enfermas de insomnio y de fealdad, narices como castillos ruinosos, orejas mugrientas en las que parecían haberse refugiado los murciélagos, pómulos y mejillas infartados por el susto de topar con un vampiro, bigotazos grandes como buques fú­nebres, tripas kilométricas y desmesuradas y por cuyas su­perficies ella y yo podríamos haber caminado con temor al cansancio, manos de cíclope y de ogro con un refuerzo de uñas embestidas por el acoso de la mugre y el cansancio de la vida cuando es dura y tiene visos de cuchillo.

Ese desfile ruinoso me deprimió un poco. Antes so­portaba esas visiones: ambos nos reíamos de ellos, de sus escombros y derrumbes faciales. Pero aquella noche, delan­te de la cuarta o quinta cerveza, pensé que podría terminar convertido en un fulano de esa prosapia. Y no me gustó.

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Dark Shadows: cartel y trailer


La nueva película de Tim Burton, que esperemos esté más centrado que en su versión de Alicia en el País de las Maravillas. El reparto, creo que ya lo anunciamos por aquí, es el siguiente: Johnny Depp, Michelle Pfeiffer, Helena Bonham Carter, Jackie Earle Haley, Johnny Lee Miller, Eva Green, Chloe Moretz, Bella Heathcote, Thomas McDonell y Gulliver McGrath. Trailer: aquí.