martes, febrero 01, 2022

Conversaciones sobre la escritura, de Ursula K. Le Guin (con David Naimon)

 

 

Esto de vivir tantos años como yo tiene sus ventajas y desventajas. Una de las ventajas es que no puedes evitar ver las cosas a largo plazo, has visto que las corrientes van y vienen. Cuando algo se anuncia como la única e infalible manera de escribir enseguida detectas que es una moda, una tendencia; la manera de escribir correcta en este momento si quieres venderle tu obra en este momento a una editorial que esté en activo en este momento. Pero hay que pensar más allá del presente. No hay nada que esté más muerto que la moda del año pasado.

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Durante seis o siete años estuve escribiendo relatos y novelas de manera metódica, intentaba vender los manuscritos y no iba a ninguna parte. Recibí muchísimas amables cartas de rechazo.
Pero lo cierto es que estaba comprometida con ser escritora, con mi escritura, creo que fue la confianza en mí misma o mi arrogancia lo que hicieron que saliese adelante. “Lo voy a conseguir y lo voy a conseguir a mi manera”. Me atenía a eso. Y pum, de repente lo conseguí.

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Cualquier obra de arte es más que pensamientos verbales que pueden parafrasearse verbalmente. En un libro se cuecen más elementos y eso es algo que tendría que incluirse en la crítica. No puedes reducir una novela o un poema a un único significado inteligible.

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Pero la centralidad es lo último que los canonizadores conceden a las mujeres. A las mujeres hay que dejarlas en los márgenes.
Incluso cuando se admite que una novelista es una pluma de primera línea, volvemos a ver las técnicas de exclusión en marcha. Se admira mucho a Jane Austen, pero a menudo no se la considera tanto una figura ejemplar como sí una rareza, única e inimitable. No la harán desaparecer, pero tampoco la incluyen del todo.
La denigración, la omisión y la excepción son mecanismos que se activan durante la vida de una escritora y que son preparativos para que desaparezca después de morir.


[Alpha Decay. Traducción de Núria Molines]  


Cartel de After Yang

 


Jacques Abeille (1942 - 2022)

 


El olor ya lánguido de los troncos del Brasil

EL OLOR YA LÁNGUIDO DE LOS TRONCOS DEL BRASIL.
Lo siento cuando voy a cerrar los porticones
de la galería. Han florecido con profusión,
y la han llenado de un perfume intenso,
como de jazmín. Pero se abrieron las flores
ya hace días, y es aún aroma que se percibe,
e intenso, pero también que muere, que se va.
Se va la tarde y el olor intenso y tropical
que inundaba la galería. Quedará un perfume
roto de flores imprevistas después de todo
lo que hemos sufrido, y aire libre
para que se pueda ir, y con él
la enfermedad y la muerte.

Santiago Montobbio,
De infinito amor vol. II (Cuaderno del encierro)

Cartel de Texas Chainsaw Massacre

 


domingo, enero 30, 2022

Ángel Guinda (1948 - 2022)

 


En Aleteia: Bienvenidos a la Tierra

 

 

Aquí

jueves, enero 27, 2022

Siempre medianoche, de Jerry Stahl

 

 

La cosa es que todos mis héroes eran yonquis. Lenny Bruce, Keith Richards, William J. Burroughs, Miles Davis, Hubert Selby Jr. Esos tíos molaban. Estaban comprometidos. No habrían hecho un episodio de ALF ni a punta de pistola.
Cómo acabé ocupando un puesto con un sueldo tan alto y un prestigio tan bajo es, en sí, la confirmación de una teoría personal por la que toda mi vida adulta es un error prolongado.

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Los bares solo me gustan por la mañana. Locales que abren a las seis para cuidar de las multitudes que desayunan un chupito de
whisky y una cerveza, y para sosegar a gente como yo. El conocimiento cálido y mullido de que, esparcidas a lo largo y ancho del nocivo paisaje, hay legiones de personas incapaces de sobrevivir al día sin alguna clase de bendito refrigerio que te pudra el alma.

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Este es el secretito de Hollywood. Esto no va de hacer películas. ¿Estáis de coña? Olvidaos de esa mierda de la Fábrica de Sueños. Esto va de fabricar frustraciones. De estrellas de cine emperifolladas que hacen que la población de Villabasura se sienta como la mierda. De gente en despachos que hace que las personas que no tienen uno ladren como perros. Todos generan su cuota diaria de desesperanza. Eso es lo que cuenta. Y las fábricas siempre funcionan a todo trapo.

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Yo no era del equipo. Yo era el más despreciable de los intrusos: el
freelance. Por cómo está montado el negocio de la televisión, en todas las series es obligatorio subcontratar dos episodios por temporada a gente de fuera. Un rollo del gremio de guionistas.

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La dinámica de la escritura de guiones televisivos está diseñada para mantener la creatividad al mínimo. Cuando ves una serie de televisión, los personajes suenan igual una semana tras otra. Por eso las ves. O por eso no. Cuando te contratan, los productores quieren asegurarse de que lo que escribas sea una continuidad sin fisuras de lo que se haya escrito antes de que llegaras. Una serie de verdadero éxito debería sonar como si una única alma se hubiese ocupado de escribir todas y cada una de las sílabas.

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Lo que pienso es esto: si tuviste el coraje para vivir lo que viviste, deberías tener el coraje para escribirlo.
A no ser que escribir sea más duro que la vida. Algo que, de ser así, hace la tarea aún más necesaria. Como tengo miedo, no debo parar.
La verdad es escalofriantemente simple. Estoy harto de la locura que me vuelve loco. Y, si voy a arder en el infierno, que así sea. Es un lugar en el que ya he estado.

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Quizás fue el mismo día. Quizás fue al día siguiente. Ni siquiera había llegado al catre. Me desplomé en una silla y desperté con los ojos abiertos. Cuando no eres nada, cuando no tienes obligación de ir a ninguna parte, puedes vivir así. Puedes dormirte y despertar sin saber si han pasado diez minutos o diez días. La piedra de jaco casi se me había acabado, pero eso no suponía ningún problema. Me lo tomaría con calma. Me daría un paseo hasta el 7-Eleven de Pico Boulevard, pillaría una barrita Tiger’s Milk. Agua. Se podía vivir solo con eso. En realidad, no te hacía falta comida si tenías droga.



[Malas Tierras. Traducción de Ce Santiago]

The Batman: nuevo cartel

 


Cartel de The Long Walk

 


Hardy Krüger (1928 - 2022)​

 


Cartel de Kimi

 


martes, enero 25, 2022

En Aleteia: La tragedia de Macbeth

 

 

Aquí

Cartel de Catch the Fair One

 


viernes, enero 21, 2022

miércoles, enero 19, 2022

Lulú en Hollywood, de Louise Brooks

 

Thomas Gray dijo: “La gente se cree todo lo que sea, con tal de que no tenga ninguna obligación de creerlo”.

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La tragedia de la historia del cine es que está fabricada y falsificada por la misma gente que hace la historia del cine. Es comprensible que en los primeros años de la producción cinematográfica, cuando nadie podía imaginar que iba a haber una historia del cine, la mayoría de la literatura sobre el cine ofreciera auténtica basura, encaminada sólo a realizar el deseo del público de compartir la existencia de cuento de hadas de sus ídolos cinematográficos. Pero hacia 1950 el cine se había establecido como arte y su historia se convirtió en un asunto serio. Sin embargo, los personajes famosos del cine siguen representándose a sí mismos como estereotipos –chicas buenas y malas, chicos buenos y malos– a quienes los cronistas adornan con una lluvia de anécdotas.

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Las películas de siempre ya no valían. Sólo las películas de ahora eran buenas. La calidad de un actor se medía por el éxito de su última película. Los productores habían creado estos tres mandamientos y dirigían el mundo del espectáculo de forma que resultaran ciertos. En cuanto al público, se le enseñó a despreciar las películas de siempre.

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No voy a escribir más. Es inútil contar la verdad a unos lectores embrutecidos por una publicidad alienante.


[Ultramar Editores. Traducción de Lola Luengo]  


martes, enero 18, 2022

Moonfall: 2 carteles

 



Jean-Jacques Beineix (1946 - 2022)