martes, agosto 25, 2020

lunes, agosto 24, 2020

The Batman: primer trailer






Ensayo sobre el día logrado, de Peter Handke



Caía una fina lluvia, en forma de husos, como si ella misma se alegrara del acontecimiento. Y luego, en plena tarde, justo aquel viaje en tren, en torno a París, fuera de la ciudad, por encima de ella, primero hacia el este, luego, trazando un arco, hacia el norte, y otra vez el arco hacia el este –de modo que en un solo día dio casi la vuelta entera a la gran urbe–, donde volvió de nuevo la idea del día logrado, de una idea-de-vida que era se transformó en una idea-de-escritura.

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¿Has vivido ya un día logrado?

Todo el mundo que conozco ha vivido uno, por regla general incluso muchos. A uno le bastó sólo con que el día no se le hiciera demasiado largo. El otro decía, por ejemplo: “Estar en el puente, con el cielo sobre mi cabeza. Haberse reído por la mañana con los niños, mirar. Nada especial. Mirar da felicidad”. Y para el tercero la calle, a las afueras de la ciudad, por la cual él acababa de pasar, con las gotas de lluvia que, fuera, colgaban de la enorme llave de la cerrajería, con el hervor del bambú en la entrada de un jardín, con la tríada de las pieles de mandarinas, uvas, patatas peladas, fuera, en la repisa de una cocina, con el taxi, que estaba aparcado otra vez delante de la casa del chófer: todo esto significaba ya este “día logrado”.  


[Alianza Editorial. Traducción de Eustaquio Barjau]

Falling: 2 carteles



Cartel y trailer de On the Rocks


Linda Manz (1961 - 2020)


I'm Thinking of Ending Things: primer cartel


Ben Cross (1947 - 2020)


Cartel de The Devil All the Time


viernes, agosto 07, 2020

Ya a la venta: FANTIANA (Escritos sobre John Fante seleccionados por Eduardo Margaretto)



Colaboro en este libro en torno a John Fante. Aquí va la nota de prensa:

El nacimiento de este libro se enmarca en esas hermosas coincidencias relacionadas con libros que nos llevan a conocer a personas distintas a nosotros, por edad, origen geográfico o social que, gracias a la literatura, se convierten inmediatamente en nuestros amigos. Y eso pasó en diciembre de 2015 cuando conocimos a Eduardo Margaretto. Desde que presentamos su libro John Fante, vidas y obra (Alrevés, 2015) en nuestra librería de Valencia, han surgido una serie de sinergias muy potentes entre los fanáticos de John Fante que, desde ese día hasta hoy, primavera de 2020, nos ha llevado a conocer a fantianos de todo el mundo. Al final de cada encuentro con Eduardo nos despedíamos citándonos para la siguiente “Fantiana”, y así seguimos hasta que logró reunir esta espléndida colección de textos sobre Fante, que incluye a escritores, periodistas, libreros, profesores y simples lectores a los que este escritor, de alguna manera, les cambió la vida, como sólo la gran literatura sabe hacer. Este libro nació del deseo de celebrar a John Fante, que nos enseñó que no importa si eres italiano, filipino, americano, un viejo verde, un quinceañero, un desesperado sin un centavo o un ricachón con una mansión en Malibú. Lo importante es seguir vivos: es tener una California para soñar y una Torricella Peligna para llevar dentro de sí. Siempre.

Los escritos sobre John Fante han sido seleccionados y traducidos al castellano por Eduardo Margaretto. Este primer volumen incluye los textos de: José Ángel Barrueco, Moisés Stanckowich, Isern Jesús M. Tibau, Francesco Spinoglio, Rosa Capoluongo, Ivan Pozzoni, Vito Sabato, Gloria Guerinoni, Jesús Mir Orea, Desirée D'Anniballe, Olga Jornet, David Vivancos Allepuz, Iván Rojo, Dawn Westlake, Adrián Estévez Iglesias, D.B. Paulksen.





Ubik, de Philip K. Dick



-Podemos arreglárnoslas perfectamente sin gente como usted –dijo el altavoz.
-El día menos pensado, la gente como yo se rebelará –le contestó, airado, Joe–, y habrá llegado el fin de la tiranía de la máquina homeostática. Habrá llegado el día de los valores humanos, de la piedad y del calor afectivo; ese día, cualquiera que como yo las haya pasado moradas y necesite un café para tenerse en pie y seguir funcionando mientras deba funcionar, podrá tomar su café caliente tanto si tiene un contacred a mano como si no. –Levantó la miniatura de jarra de leche y la posó inmediatamente en el mostrador–. Además, esta leche o crema, o lo que sea, está agria.
El altavoz permaneció callado.
-¿Es que no piensa hacer nada? Para reclamar el contacred no le faltaban palabras.

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Von Vogelsang buscó malhumoradamente en el interior de su toga de tweed y sacó un billetero de falsa piel de cocodrilo en el que metió los dedos.
-Vivimos en un mundo cruel en el que la única ley es la de la competencia despiadada –dijo Joe cogiendo el dinero.

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-¿Está usted cansado de tanta insipidez? ¿Se ha apoderado la col hervida de su universo gastronómico? –dijo Runciter con su voz áspera de siempre–. ¿No consigue librarse de ese viejo olor apagado y rancio de lunes por la mañana, por más centavos que introduzca en la cocina? Ubik pondrá fin a su problema: Ubik resucita el sabor de la comida, devolviéndole la frescura y restituyendo a cada plato su delicioso aroma de siempre. –Una lata de espray de vivos colores reemplazó a Glen Runciter en la pantalla–. Una pulverización invisible de Ubik, producto de precio por demás económico, ahuyentará todos sus temores obsesivos de que el mundo esté convirtiéndose en leche agria, magnetófonos gastados y ascensores antiguos, amén de otras manifestaciones de degeneración no vislumbradas todavía. […]

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Estaba regido por una alquimia funesta que culminaría en la tumba.


[Minotauro. Traducción de Manuel Espín]   

Cartel de Halloween Kills


Trailer de The Pale Door


jueves, agosto 06, 2020

La noche del cazador, de Davis Grubb



Ben calla. El Predicador se levanta y durante un rato contempla absorto la ventana de la celda con sus largas y flacas manos cruzadas a la espalda. Ben mira esas manos y se estremece. ¿Qué clase de hombre llevaría semejante tatuaje en los dedos?, piensa. En los dedos de su mano derecha, con letras azules bajo la piel gris, de aspecto ominoso, lleva tatuada la palabra A-M-O-R. Y lo mismo ocurre con los dedos de la mano izquierda, sólo que las letras forman la palabra O-D-I-O. ¿Qué clase de hombre?, ¿qué clase de predicador?, piensa Ben, desconcertado, y recuerda la hoja presta a saltar de la navaja de muelles que el Predicador oculta en la sucia manta de su cama. Pero el Predicador nunca utilizaría esa navaja contra Ben, porque quiere algo de él. Ansía saber qué ha sido de aquel dinero, y no se puede utilizar una navaja para conseguir algo así, especialmente con un tipo fornido como Ben. El Predicador da media vuelta y se acerca a la litera de Ben.

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John no se movió; ni siquiera cuando la punta de la navaja le pinchó debajo de la oreja y la otra mano del Predicador rodeó su nuca.
¡El Señor me habla con toda claridad, John! ¿No puedes oírle?
No.
¡Pues yo sí! Está diciendo: ¡La mentira es una abominación ante mis ojos! ¡Pero el Señor es un Dios misericordioso, muchacho! Está diciendo: Dale otra oportunidad al hermano Ananías. Así que habla, muchacho. ¡Habla! ¿Dónde está escondido el dinero? ¡Habla antes de que te corte el cuello y deje que te desangres como un puerco colgado en una carnicería!
Pearl comenzó a sollozar de miedo y el Predicador se concentró en ella, sonriendo.
Puedes salvarlo, pajarita. Puedes salvar a John si lo cuentas.
¡John! ¡John!
¡Pearl, cállate! ¡Lo juraste, Pearl!
¡Calla, hijo de puta, déjala hablar! ¿Dónde está escondido, Pearl? ¡Dónde!

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Nos hemos dejado a papá, dijo Pearl.
Sí. Sí, Pearl, murmuró, demasiado cansado para dar explicaciones; de pronto, sintió que un escalofrío le recorría todo el cuerpo, igual que si tuviera malaria o alguna pavorosa fiebre fluvial, al pensar en cómo se las había arreglado y en que nunca, en lo que le quedara de vida, podría estar seguro de haberse librado definitivamente del Predicador, que estaba de pie, metido hasta el muslo en las aguas someras bajo los sauces, a unos diez metros por encima de la hilera de chabolas flotantes, y profirió un sostenido y rítmico alarido casi animal, de ofensa y derrota. Y la gente de las chabolas flotantes dejó de dormir, de hacer el amor, de cantar viejas y melodiosas tonadas y se puso a escuchar, pues aquello era tan antiguo y misterioso como las cosas que yacían en el lecho del río, tan antiguo como el propio mal, un alarido vibrante, desigual, que les llegaba por encima del agua y cuyo ritmo ponía los pelos de punta.


[Anagrama. Traducción de Juan Antonio Molina Foix]

Wilford Brimley​ (1934 - 2020)​


Around the Sun: 2 carteles



miércoles, agosto 05, 2020

Pablo Aranda Ruiz (1968 - 2020)​


Ensayo sobre el Lugar Silencioso, de Peter Handke


Un día, a última hora de la tarde, muy lejos de mí, del rincón en el que yo estaba, en el televisor, después de las noticias, de las cuales apenas se podía oír nada, con el continuo ruido y estrépito que había en la sala, insólitamente, de un modo totalmente extraño y noble, apareció el rostro de William Faulkner, y no sé por qué a mí, en aquel rincón, se me hizo claro que el escritor que durante todos aquellos años había sido para mí, su lector, una especie de padre aquel día había muerto. Un gran silencio, a la vez doloroso y suave, se expandió dentro de mí y en torno a mí, y, además, me estuvo acompañando hasta más tarde, cuando –¿debió de ser en julio de 1962?–, por la noche, me dirigía en bicicleta al lugar en el que me albergaba, en las afueras de la ciudad, un silencio que se expandía por toda la ciudad.

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Ahora es el momento de aclararlo: los lugares que, de este o aquel modo, son silenciosos no me han servido únicamente de refugio, de asilo, de escondite, de protección, de cueva de eremita. Es verdad que en parte lo fueron siempre. Pero, también desde siempre, fueron al mismo tiempo algo completamente distinto. Precisamente esta diferencia radical, este mucho más es lo que me ha llevado a escribir este ensayo que, por medio de la escritura, intenta arrojar algo de claridad sobre este asunto, una claridad que por naturaleza es fragmentaria.


[Alianza Editorial. Traducción de Eustaquio Barjau]

Alan Parker (1944 - 2020)​


Cartel de Get Duked!