viernes, abril 24, 2015

Zen y el arte del mantenimiento de la motocicleta, de Robert M. Pirsig


Llevaba unos 5 años posponiendo la lectura de este libro y no sé por qué. A veces ocurre y uno no se da cuenta, mira para otro lado, se dice que ya llegará el momento de leerlo y entonces pasan los años. Tal vez éste haya sido el momento adecuado porque Sexto Piso lo reedita (es la 4ª edición), con la misma traducción pero con otra cubierta (mejor que las anteriores) y la corrección de algunos errores y detalles menores del texto.

En Estados Unidos este libro hizo furor. Convirtió a Pirsig en una celebridad, después de haber ofrecido el manuscrito a un montón de editoriales que lo rechazaron. Se convirtió en un inesperado best-seller. El propio autor lo menciona al final, en su introducción para la edición que conmemoraba los 25 años de existencia del libro: […] entusiastas reseñas, millones de ejemplares vendidos en veintitrés idiomas, una descripción en la prensa como "el libro de filosofía más ampliamente leído de todos los tiempos".

Zen y el arte… es una de esas obras que tanto me apasionan por su mezcla de géneros. En este libro caben el diario (porque el narrador nos va relatando cada paso que él y su hijo dan, desde el desayuno hasta las paradas para refrescarse o descansar), la guía de viajes (así empieza el recorrido: con un hombre y su hijo adolescente subidos a una motocicleta y viajando por Estados Unidos junto a otra pareja de moteros), el relato de iniciación (pues todo viaje implica una búsqueda y un crecimiento de la identidad), las memorias (poco a poco iremos conociendo el pasado del autor, un hombre que enloqueció y fue sometido a curas y a electroshocks) y el manual de filosofía (Pirsig utiliza el mantenimiento diario y la limpieza de su moto como metáfora para avanzar en la vida, resolver problemas y lograr el equilibrio interior). También, con todos esos géneros, podríamos considerarla una novela. Pero ya digo que no es una novela al uso.

Aunque en los primeros capítulos sólo parece un libro de viajes, con descripciones de paisajes y diálogos marcados por las tensiones del camino y la diversidad de opiniones, poco a poco Pirsig va introduciendo su filosofía, y hablándonos de su pasado (en el que ve a su antiguo "yo" como a otra persona, alguien del que se ha alejado), y ofreciendo datos reveladores sobre su vida… hasta llegar al epílogo y a la introducción, escritos años después, en los que Pirsig ofrece al lector nuevas revelaciones que incluso le harán replantearse de nuevo todo lo que ha leído. Un texto que marcó una época, y que debe ser leído con devoción. Extractos:

Los mejores caminos siempre conectan ninguna parte con ninguna parte y siempre tienen una alternativa que te lleva allí más rápido.

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Vamos con tanta prisa la mayor parte del tiempo que nunca tenemos muchas oportunidades de charlar. El resultado es una especie de interminable superficialidad cotidiana, una monotonía que deja a la persona preguntándose, años más tarde, adónde se fue el tiempo y lamentando que se haya ido. Ahora que tenemos algo de tiempo, y lo sabemos, me agradaría ocuparlo conversando con cierta profundidad sobre temas que parecen importantes.

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Las montañas deben escalarse haciendo el menor esfuerzo posible y sin ansias. La realidad de tu naturaleza debe determinar la velocidad. Si te sientes inquieto, date prisa. Si te falta el aliento, ve más despacio. Tienes que subir en un claro equilibrio entre inquietud y cansancio. Entonces, cuando dejas de anticiparte con el pensamiento, cada paso no es sólo un medio para conseguir un fin sino un evento único en sí mismo. Esta hoja tiene bordes dentados. Esta roca parece estar suelta. Desde este lugar la nieve es menos visible aunque está más cercana. Éstas son las cosas que en todo caso deberías observar. Vivir sólo teniendo una meta futura es superficial. Son las faldas de la montaña las que sostienen la vida, no la cumbre. Aquí es donde las cosas crecen.

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La reflexión mental es mucho más interesante que la televisión. Es una pena que no haya más gente que la sintonice. Probablemente piensan que lo que oyen allí carece de importancia, pero jamás es así.

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Así que lo que hay que hacer cuando se trabaja en la motocicleta, como en cualquier otra tarea, es cultivar la paz mental que no aparta nuestro yo de nuestro entorno. Cuando eso se hace con éxito, todo lo demás sigue un curso natural. La paz de la mente produce valores correctos, los valores correctos producen pensamientos correctos. Los pensamientos correctos producen acciones correctas y las acciones correctas producen una obra que será el reflejo material para que los demás vean la serenidad que está en el centro de todo. Eso es lo que había en aquel muro en Corea. Era el reflejo material de una realidad espiritual.


[Sexto Piso. Traducción de Renato Valenzuela Molina]


Próximamente: Ventanas y otros relatos


De Stephen Dixon. En Eterna Cadencia.

Hoy, en Madrid


Trailer de Black Mass


Ted 2: primeros carteles



jueves, abril 23, 2015

Cosas raras que se oyen en las librerías, de Jen Campbell


Jen Campbell trabaja en una librería de viejo y también es escritora y ensayista: ha publicado relatos y ensayos y poemas y trabaja ya en una novela. Su libro, una recopilación de conversaciones suyas y de otras personas, me ha recordado a algunas de las anécdotas que, en Twitter, cuentan de vez en cuando mis amigos libreros. Porque en las librerías ocurren situaciones rocambolescas y diálogos absurdos, de una manera que, por ejemplo, creo yo que no se da en las carnicerías o en la tienda de la esquina. El problema principal es que hay demasiada gente inculta, desinformada, que ni siquiera está segura de lo que es una librería o para qué sirve (no es coña, existen ejemplos al respecto), que cree que en el mundo habrá unos 20 libros y por eso piensan que el librero siempre encontrará lo que piden: basta (creen ellos) con decir que el libro que buscan tiene una cubierta de tal color y un título de tres palabras. Así de mustio es el panorama. Terrible, ¿verdad?

Como digo, Jen Campbell ha recopilado esos diálogos absurdos, esas peticiones dignas de una peli de Monty Python (de hecho, trabajó en una librería cuyo nombre homenajeaba a un sketch del grupo cómico), y ha incorporado chismes de otros libreros, y además los editores de Malpaso nos ofrecen, como regalo y apéndice, un muestrario de "Cosas raras que se oyen en las librerías españolas", en el que han colaborado varios libreros de este país. Me alegra comprobar que la gente suelta magníficos despropósitos en las librerías de todo el mundo, sostiene Campbell en la nota de Agradecimientos.

Cosas raras que se oyen en las librerías es, pues, un compendio divertidísimo, en sintonía con volúmenes como Los libros en The New Yorker (que ya recomendé aquí): un manual de disparates para soltar la carcajada cada poco, pero al mismo tiempo me parece un libro de terror, pues revela la podredumbre mental y la ignorancia general de nuestra sociedad. Revela que, si mucha gente no sabe qué venden exactamente los libreros, el problema obedece a una educación incompleta: padres que nunca leen, que no han llevado jamás a sus hijos a una librería o a una biblioteca, que no han sido capaces de crearles hábitos relacionados con la cultura...

Y ahora vamos con algunas anécdotas (y aquí puedes leer las primeras páginas):

CLIENTE: Leí un libro en los años sesenta. No recuerdo el autor ni el título, pero la cubierta era verde y me reí mucho. ¿Lo tenéis?

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LIBRERO: ¿Puedo ayudarlo en algo?
CLIENTE: Sí, ¿dónde están los libros de ficción?
LIBRERO: Ah, en la pared del fondo. ¿Busca alguno en particular?
CLIENTE: Cualquiera de Stefan Browning.
LIBRERO: No lo conozco, ¿qué tipo de libros escribe?
CLIENTE: Ni siquiera sé si ha escrito… Verá, yo me llamo Stefan Browning y me gusta entrar en las librerías para ver si alguien con mi nombre ha escrito un libro.
LIBRERO: Ya…
CLIENTE: Porque así lo puedo comprar, llevarlo encima y decirle a la gente que tengo una novela publicada. Todo el mundo pensará que soy la hostia, ¿no le parece?

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CLIENTE: Puede que esto suene un poco estrambótico, pero ¿vendéis leche?
CLIENTE: ¿Vendéis billetes de lotería?
CLIENTE: ¿Vendéis destornilladores?

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CLIENTE: Estoy buscando un libro para mi hijo. Sólo tiene siete años, pero está muy avanzado: tiene un cerebro de como veinte años. ¿Qué le recomendáis?

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CLIENTE: ¿Qué tipo de librería es ésta?
LIBRERO: Bueno, somos una librería de viejo.
CLIENTE: ¿De qué?
LIBRERO: Somos como… como anticuarios de libros.
CLIENTE: ¡Ah! Así que vendéis libros sobre peces…

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CLIENTE: Hola, mi mejor amiga vino la semana pasada y compró un libro que le gustó mucho. ¿Tenéis otro ejemplar?
LIBRERO: ¿Cómo se titula?
CLIENTE: ¡Mira tú por dónde se me olvidó preguntárselo!

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CLIENTE: ¿Tienen libros sobre el Siglo de las Luces?
LIBRERO: Bastantes.
CLIENTE: Estupendo. Mi hijo está a punto de estudiarlo en el colegio. Si mal no recuerdo, comienza con la invención de la bombilla…

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CLIENTE (mostrando a su amiga un ejemplar de El señor de los anillos): Mira, tiene un mapa al principio.
AMIGA: ¿Ah, sí? ¿Un mapa de qué?
CLIENTE: De Mor… Mordor.
AMIGA: ¿Y eso por dónde queda?

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CLIENTE: ¿Qué libros puedo comprar para que la gente los vea y diga "¡joder, qué tío más listo!"?


[Malpaso Ediciones. Traducción de Bernardo Domínguez Reyes]

Próximamente: Personae


De Sergio de la Pava. En Random House.

Southpaw: primer cartel


Hoy, en Gijón


The Visit: 2 carteles



Cartel de The Young Kieslowski


The Overnight: primer cartel


martes, abril 21, 2015

Las llanuras, de Gerald Murnane


No conocíamos en España al escritor australiano Gerald Murnane, alabado por J. M. Coetzee, y Minúscula nos trae este libro misterioso, escrito por alguien con un gran poder de seducción, que nos va hechizando con su extraña mezcla de narrativa, filosofía y laberintos de la memoria.

Cuenta la historia de un cineasta que se traslada al territorio de las llanuras australianas, decidido a filmar un proyecto titulado El interior, que se ocupará de representar esos parajes como nadie hasta ahora lo había hecho. Pero, como luego también ocurrirá en esa gran película de Charlie Kaufman (Synecdoche, New York), el proyecto es demasiado grande y complejo, que no acaba nunca, que va cambiando, que va ocupando la vida del narrador, de ese cineasta que, además, se enamorará de la mujer que deambula por la mansión donde se hospeda. Y nosotros iremos descubriendo que las llanuras no son sólo un paisaje, sino también (y sobre todo) una forma de vivir, un reflejo del comportamiento, "una fuente de metáforas", algo que es imposible representar y aprehender en su totalidad, donde "la gente de estas regiones concibe la vida como un tipo de llanura más". A mi entender, el narrador acaba convirtiéndose en una especie de fantasma en vida, alguien que observa a la mujer y que se refugia en la biblioteca de su patrono y que nunca concluye su tarea.

Para saber más sobre Murnane visto por Coetzee, os emplazo a este texto que tradujeron en Hermano Cerdo. Y unos fragmentos:

Entonces me volví hacia el séptimo de los grandes terratenientes y declaré que, de todas las formas de arte, solo el cine podía mostrar los horizontes remotos de los sueños como un paisaje habitable y, al mismo tiempo, convertir paisajes familiares en un escenario indeterminado, apto solo para los sueños.

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¿Y qué importaba más que la búsqueda de paisajes? ¿Qué distinguía a un hombre, al fin y al cabo, sino el paisaje donde finalmente se hallaba a sí mismo?

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A pesar de su obsesión por la infancia y la juventud, los llaneros nunca han tenido en cuenta, más que como la demostración de una falsedad patente, la teoría según la cual los defectos de un hombre son el resultado de algún accidente anterior, o sus corolarios: que la vida de un hombre es un proceso de decadencia a partir de un estado de satisfacción original, y que nuestras alegrías y placeres son una solución intermedia entre nuestros deseos y nuestras circunstancias.

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Sin embargo, la probabilidad de que nunca llegara a leer mis palabras no me preocupó durante demasiado tiempo. Si todo lo que sucedía entre nosotros no era más que una serie de posibilidades, mi objetivo debería haber sido ampliar el ámbito de sus especulaciones en lo tocante a mí: que recibiera información tal vez no específica, pero sí la necesaria para reconocerme. En otras palabras, no hacía falta que leyera ni una de mis palabras, tan solo que supiera que había escrito algo que ella podría haber leído.

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Como ninguno de esos hombres ha explicado nunca, ni de palabra ni por escrito, el porqué de su preferencia por vivir discretamente y al margen de toda ambición en un anexo modestamente amueblado de sus sencillas casas, solo puedo decir que percibo en ellos una devoción callada, obstinada, por demostrar que las llanuras no son lo que muchos llaneros creen. Que no son, por así decirlo, un vasto teatro que dota de mayor significado los acontecimientos que en él se representan; tampoco son un campo inmenso para exploradores de todo tipo. Son simplemente una práctica fuente de metáforas para quienes saben que los hombres inventan sus propios significados.


[Editorial Minúscula. Traducción de Carles Andreu]

Cartel de Me and Earl and the Dying Girl


Trailers de Jurassic World


Cartel de Aloha


lunes, abril 20, 2015

Batman v Superman: Dawn of Justice: teaser




The Walk: 2º cartel


Próximamente: Yo te quise más


De Tom Spanbauer. En Random House.

Tomorrowland: otros 2 carteles