miércoles, marzo 28, 2012

Próximamente: Mi isla & Mi Nueva York


De Brendan Behan. En Marbot Ediciones.



De Brendan Behan. En Marbot Ediciones. 2ª edición.

Cartel de The Samaritan


Con Samuel L. Jackson.

martes, marzo 27, 2012

Habitación 804, de Marcus Versus



Antes de irme de viaje siempre pasaba por Fuentetaja a que ese dicharacharachero librero, que siempre vestía de negro, me recomendara algunos, siempre acertados, libros.

Me acababa de terminar uno de un crucero en el que el escritor pone en su sitio a todo aquel que decide embarcar en una ciudad móvil durante sus vacaciones. Me gustó. También me gustó que en las últimas páginas pusiera una lista con todos los libros a los que hacía referencia a lo largo de la lectura. Utilicé esa lista para completar mi compra. El librero me comentó que “el autor tiene la mirada más tierna del mundo”. Le miré con
admiración por tener la capacidad de mirar a los ojos de las personas y entender su idioma.

Me contó que estaba feliz, muy feliz, porque había conocido a Ana María Matute y se había tenido que reprimir las ganas de abrazarla muy fuerte para no desmontarla. Aunque estaba de acuerdo conmigo en que lo importante es la obra y no el obrador, para él la literatura era ELLA “por la forma que tiene de hacer música con las palabras, como si estuviera tocando el piano, siempre apretando la tecla/palabra exacta”.

Después de un rato de conversación, me fui con mucha poesía. Todo era poesía en mi vida esos días, demasiada poesía, se me había olvidado que la vida VIVIR era más importante que cualquier verso POESÍA.
Me recomendó uno con unas bragas en la portada del que me aseguraba que la autora “poseía una voz pequeñita pero gigante”. Me pareció un libro fascinante que me acariciaba y me arrancaba las tripas sin que me fuera dando cuenta.

Entre otros, también me llevé Fantasmas, del que había oído que el autor era un tipo raro y oscuro con mucho talento, aunque me insistía que ese libro no merecía la pena. Cuando salí de la librería pensaba que no quería que me lo llevara por las peleas literarias de las que siempre me mantuve alejada porque todas tienen el origen en el ego y la envidia; aunque poco después, buscando por internet, pude ver una foto del poeta y descubrí que era el mismo librero que nunca volví a ver en Fuentetaja, por eso dejé de ir.

Hoy, en Barcelona: Dan Fante

Intocable



Lo que han hecho los directores Olivier Nakache y Eric Toledano es casi una proeza: convertir una historia que a priori acumula tópicos (inmigrante negro y delincuente que ayuda a tetrapléjico blanco y millonario) en una notable película que, además, es muy divertida. Basada en una historia real, el eje de la misma es el reparto: ya conocíamos el talento del francés François Cluzet, pero Omar Sy es la gran revelación del filme, la llave para que todo funcione. 

Los directores llenan los diálogos de chistes políticamente incorrectos. Bromean con los tabúes: la parálisis, las sillas de ruedas, el arte como negocio, la ignorancia, la pobreza, la belleza física o la seguridad económica como métodos de conquista… Cada vez que Omar Sy toma el pelo a François Cluzet, por su inmovilidad, sus inseguridades, su elitismo cultural… respiramos aliviados porque el tema (un hombre inmóvil en silla de ruedas) siempre nos deja un nudo en la garganta (recordemos lo mal que uno lo pasa con Mar adentro o Mi pie izquierdo). Sy y Cluzet, así, devienen en una pareja cómica y singular que remite al humor y a la suma de contrarios de Don Quijote y Sancho Panza. 

Pero, además de esa vertiente cómica, hay espacio para promover las ganas de vivir y ofrecernos una entrañable historia de amistad. Intocable (o Intocables, en plural, en su versión original) tendrá admiradores y detractores, pero no se puede negar su capacidad de seducción gracias al humor que aporta este intérprete: Omar Sy, un crack. Se acusa a la película de fomentar “el buen rollo”; en fin, ¿y qué? ¿Qué hay de malo en ello? La vida ya nos jode bastante a diario como para estar siempre serios. 



Próximamente: Tatuajes de criminales y prostitutas


De Lacassagne, Le Blond & Lucas. En Errata Naturae.

Pierre Schoendoerffer (1928 - 2012)


Hace un par de semanas falleció este escritor y cineasta (pero yo me enteré anoche), de quien conservo una novela que, en su día, me gustó mucho: Adiós al rey, que luego adaptaron al cine con Nick Nolte como protagonista.

lunes, marzo 26, 2012

El caníbal, de John Hawkes



Hablábamos aquí, la semana pasada, de La pata del escarabajo. El caníbal fue la primera novela que John Hawkes escribió. Si aquella no lo era, tampoco ésta es una novela que siga las tradiciones. Para que el lector se haga una idea del argumento (que no es tal, pues en los libros de Hawkes suceden cosas, pero no hay una trama en sí), le emplazo a la contracubierta, que figura más abajo. El autor nos coloca en un territorio devastado tras la Segunda Guerra Mundial. Una ciudad ficticia de contornos apocalípticos, propios de una pesadilla, con un extraño motorista norteamericano que de vez en cuando cruza las calles (y que a mí me recuerda al misterioso tipo de la moto de Amarcord), con uno de los protagonistas que quiere asesinarlo y que, además, es el narrador de algunas de las partes de la novela. Estos son, sólo, algunos de los personajes que el autor baraja.

El porqué del título del libro y la identidad de ese caníbal no los sabremos hasta los últimos pasajes. John Hawkes te sorprende en cada página, y te desconcierta continuamente con saltos hacia atrás y hacia adelante en el tiempo, alternando 1914 y 1945, mezclando géneros e introduciendo al lector en una paranoia escrita con una prosa densa y poética y de gran calidad. Le da a uno la impresión, después de leer el libro, de que Hawkes, en realidad, está describiendo las sensaciones perturbadoras y subjetivas de lo que, en su mente, simboliza la guerra, y que las expresa mediante un puzle algo complicado para el lector, un puzle de estructura compleja y oraciones cargadas de músculo y poesía. Un libro muy difícil, pero muy recomendable; traducido, también, por Jon Bilbao, que ha he hecho un trabajo espléndido. Un extracto:    

El americano de la moto no sabía de nuestro país más que sus coroneles, los de las mangas adornadas con águilas, y los sargentos de uniforme verde. Recorría carreteras que se prolongaban más allá del límite de la guerra. Tomaba cerveza en cada parada. El jinete de las llanuras desconocía la desesperación. Esquivaba baches en carreteras que una vez fueron interminables, con las alforjas repletas de ininteligibles garabatos militares, columnas de números, informes personales. No, la desesperación no existía para aquel inconsciente viajero, cuya forma de comunicarse con los tristes lugareños se reducía al silencio, y con sus aburridos compañeros de armas, a un simple “Hola, Mac”. Desde los campos cubiertos de basura y las ramas de los árboles, desde la calcinada biblioteca de la ciudad y las lanchas neumáticas pinchadas que obstruían el canal, hasta las bocas famélicas, hasta los colores del enemigo, hasta las minas sin estallar, hasta los oficiales borrachos y la sífilis, persistía una desesperación no reconocida ni nombrada que nos daba ánimos, permitiéndonos olvidarnos de las prostitutas, de las noticias sobre el enemigo, de las casas en ruinas y de los puestos de vigilancia americanos. Nos infundía ánimo a nosotros, los centinelas emboscados, sobre quienes en el futuro escribirían los historiadores. Atacaríamos al enemigo, aunque solo se trataba de un acto desesperado y aislado.


[Traducción de Jon Bilbao]



Cartel de Apartment 143

Próximamente: Aquí todo es mejor


De Justin Taylor. En Alpha Decay.

Segundo cartel de The Iceman

domingo, marzo 25, 2012

viernes, marzo 23, 2012

Hoy, en Madrid



Presentación de los nuevos libros de
Adriana Bañares
David González
Pepe Pereza
Jorge Barco
Diego Ojeda
Antonio Huerta
Marwan
José Angel Barrueco

A las 20:00 horas.



Cartel y teaser de Cosmopolis


El arte de desgranar alubias, de Wiesław Myśliwski



Otra de las reseñas que escribí para El Cuaderno es la de esta novela. Aún espera su turno de publicación. Mientras tanto, os dejo con la cubierta y dos fragmentos del libro:

En la guerra se puede olvidar cómo se lee, cómo se escribe y mucho más. Se puede uno olvidar de sí mismo. Y hubo quien se olvidó. No sabían de dónde venían, cómo se llamaban, dónde habían nacido, cuándo. Un grupo muy dispar de alumnos de posguerra, ya le digo, sin casa, sin padres, sin madres y más de uno con la conciencia poco limpia. Encima éramos de edades distintas, más mayores, más jóvenes, algunos unos niños aún. Bueno, la verdad es que ya ninguno era un niño. No era posible ser niño, ni aunque alguno lo echara de menos.

**

A pesar de que ahora en otoño el día pueda parecer cada vez más y más corto, a mí me resulta cada vez más largo. A menudo, cuando me despierto por la mañana y pienso que tengo que vivir hasta la noche, tengo la sensación de que es como si fuera de nuevo desde el nacimiento hasta la muerte. No sé si usted ha sentido lo mismo en algún momento, es como si cada vez fuera más difícil sobrevivir hasta el final del día. No, no se trata de que sea largo. Cómo se lo diría. Mire, hoy por ejemplo. Un día como los demás, pero es toda una vida.


[Traducción de Francisco Javier Villaverde]

Tonino Guerra (1920 - 2012)


Anoche me enteré de la muerte de Tonino Guerra, exquisito poeta y magistral guionista de películas de Federico Fellini, Michelangelo Antonioni, los hermanos Taviani, Francesco Rosi, Vittorio De Sica y Theo Angelopoulos, entre otros. Supe de su faceta poética hace muchos años. Gracias a David González, primero, y luego a Ana Pérez Cañamares, que me descubrieron sus poemas, como cuento en la reseña que escribí sobre su Poesía completa. Casualmente, en aquel post puse un poema suyo sobre la muerte, y es que el que vuelvo a copiar aquí, como despedida al autor del poemario La miel:


LA MUERTE

Yo si pienso en la muerte
me muero de miedo
porque al morir se dejan demasiadas cosas
que después ya no vuelves a ver nunca más:
los amigos, los parientes, los árboles
del paseo que tienen ese olor
y toda la gente que has visto
aunque sea una sola vez.

Yo quisiera morirme en el invierno
mientras llueve
en uno de esos días que se hace de noche pronto
y por la calle los zapatos se te llenan de barro
y la gente se encierra en los cafés
alrededor de la estufa.

Tonino Guerra, Poesía completa

Próximamente: Reportajes


De Joe Sacco. En Mondadori.

Trailer de What to Expect When You're Expecting


jueves, marzo 22, 2012

La pata del escarabajo, de John Hawkes



A finales de los 80 y principios de los 90 Alfaguara, cuando entonces se arriesgaba, publicó algunos libros de John Hawkes, uno de los autores claves del postmodernismo. Hawkes, después de años de olvido editorial en España, regresa gracias a dos editoriales y a un mismo traductor: Meettok, Libros del Silencio y Jon Bilbao (con sendas traducciones precisas y magníficas).

Al parecer, Hawkes no era amigo de ciertas características de la novela tradicional como el argumento o la trama. Y por eso sus novelas resultan tan extrañas como hipnóticas, tan seductoras como atípicas. Desde luego, a un lector al uso, amante sólo de la presentación, el nudo y el desenlace, no le entusiasmarán.

La pata del escarabajo es un western. Pero un western moderno, con pueblos anclados en otros tiempos, con el clásico sheriff, con personajes polvorientos que van a caballo, pero también con bandas de motoristas (Los Diablos Rojos) que juraría que son un antecedente claro de las hordas de moteros de Mad Max, pues el autor escribió este texto en los años 50. Por el libro pululan personajes que aún siguen pendientes del pasado. Da igual lo que os cuente acerca de la casi inexistente trama, que describe acciones y personajes; lo que importa, en Hawkes, es que sus libros garantizan una prosa exquisita, muy trabajada, que a veces recuerda a algunas novelas de Cormac McCarthy (La pata del escarabajo, en algunas descripciones, me hizo evocar Meridiano de sangre, la obra maestra de McCarthy). Son novelas que se leen por puro placer, recreándose en los mundos que describe el autor: a medio camino entre la prosa poética y la pesadilla apocalíptica.

Hawkes toma los géneros clásicos y los pervierte, les da la vuelta, los convierte en otra cosa. Y los parodia. En este libro, la hipérbole es el método para ejercer la parodia. Véase la historia y descripción de la cazuela de Ma, que lleva años hirviendo, al fuego, sin que la mujer permita que se apague, y en cuyas paredes se han incrustado “estratos y estratos de grasa carbonizada, mineralizada”… Volviendo a los motoristas y a su conexión con las pandas de Mad Max y sus secuelas, baste esta descripción de una criatura de pesadilla, en este libro perturbador e inclasificable:

La criatura la miró. Estaba hecha de cuero. Correas, hebillas negras y algo parecido a un tubo de respiración cubrían un rostro desprovisto de pelo, enfundado en piel de aligator, tan pequeño como el de Lou. Poseía la misma estructura que una pelota de béisbol: capas sucesivas sobre un pequeño núcleo de goma. Las gafas de motorista habían sido reemplazadas por unos lentes ahumados que, junto con el atuendo de cuero, lo dotaban de una apariencia malévola y excesiva.


[Traducción de Jon Bilbao]