martes, septiembre 05, 2006
Libro: Vieja escuela, de Tobias Wolff
Vieja escuela (La Opinión)
lunes, septiembre 04, 2006
Hablando de poesía (La Opinión)
domingo, septiembre 03, 2006
Salinger en Hermano Cerdo
En el nuevo número aparecen dos relatos traducidos (e inéditos) de J. D. Salinger. Son Ya aprenderé y Apuntes de un soldado de infantería. Ambos ambientados en el ejército; el primero recurda ligeramente a Bartleby y su frase repetida hasta la saciedad. Podéis leerlos aquí o aquí.
Es difícil encontrar los cuentos inéditos de Salinger. Yo me los bajé de internet hace tiempo, pero están en inglés y me da pereza leerlos, de momento. Pero poco a poco, y gracias a este tipo de iniciativas, van traduciéndose sus cuentos en las revistas: tengo por ahí algunos traducidos por Javier Marías y otros por Juan Bonilla.
Cosas sencillas. Placeres mundanos (La Opinión)
sábado, septiembre 02, 2006
Dos textos de Tomás

En el blog Club Leteo aparecen dos textos breves de Tomás Sánchez Santiago. Aconsejo leerlos. Aquí.
Si alguien, por cierto, no ha leído su libro ¿Para qué sirven los charcos?, no sé a qué espera.
Libro: 84, Charing Cross Road, de Helene Hanff

Me habían recomendado un par de veces este libro y este verano me lo regaló una de mis tías. Tiene pocas páginas y está escrito bajo la forma epistolar, pero resulta genial la manera en que, a través de un puñado de cartas, nos cuentan tantas cosas: la pasión por los libros, el hambre después de la guerra, la soledad, el racionamiento de productos básicos, la familia, el contrapunto entre la cultura inglesa y la americana, el paso del tiempo y sus huellas, etcétera. En los ochenta vi la película basada en esta obra (la protagonizaban Anthony Hopkins y Anne Bancroft), La carta final, pero apenas la recuerdo. La novela se lee de una sentada y constituye una delicia para los lectores compulsivos.
Orgullo de Buscarini (La Opinión)
viernes, septiembre 01, 2006
Libro: Incendios, de David Means

Los cuentos de David Means son, ciertamente, un poco extraños. En la mitad de ellos siempre hay alguien que muere, o alguien que recuerda a un muerto que no puede quitarse de la cabeza. Y justo entonces, hacia la mitad del libro, el narrador dice: No quiero que en mis cuentos muera nadie más. Y los restantes textos me gustan menos, o se me antojan aún más extraños. Me quedo, pues, con los primeros: Incidente en la vía férrea, agosto de 1995, con la imagen de un hombre que camina descalzo y de noche junto a la vía, para encontrar el destino fatídico que tal vez andaba buscando; Coito, con un tipo que no puede olvidar a su hermano muerto mientras hace el amor con una mujer; Lo que hicieron, con la tragedia que causa el afán de urbanizarlo todo; Lamento en el Oso Dormido, en la que un tipo rememora a un perdedor de su infancia, ya fallecido; La reacción, la de un individuo atrapado entre dos vagones de un tren en marcha; La interrupción, que cuenta cómo un mendigo se cuela en un banquete de boda para pillar algo de comida; o El cazador de gestos, que comienza así: Me interesa cómo se desenvuelve la gente en su vida cotidiana.
Desconectar (La Opinión)
jueves, agosto 31, 2006
Edición bilingüe de la poesía de Carver

Ya lo anunciamos aquí hace tiempo: la próxima publicación de una antología de poesía de Raymond Carver, titulada Todos nosotros. En la Casa del Libro dicen que estará a la venta el 11 de septiembre. Ese mismo día iré a buscarla. Copio y pego la información que aparece en la web de la CDL, para ir haciendo boca:
Andar sin sobresaltos (La Opinión)
miércoles, agosto 30, 2006
Libro: Poemas de la última noche de la tierra, de Charles Bukowski

Charles Bukowski nunca falla. Ninguno de sus libros, si eres lector habitual de su obra, decepciona. En Poemas de la última noche de la tierra, en estupenda edición de Eduardo Moga, no encontramos su debilidad por el vino y las peleas y las mujeres (aunque tales temas sí aparecen), sino una honda preocupación por la muerte, la pureza de la escritura, el nihilismo, la infancia dominada por un padre violento y vulgar, etcétera. Son poemas muy narrativos, casi todos cuentan una historia autobiográfica o una manía del autor. Y, por encima de todo, estos poemas ásperos, salvajes y duros nos hablan de la vida y los infiernos que en ella hallamos.


