martes, mayo 21, 2019

viernes, mayo 17, 2019

Próximamente: Joyride


De Jack Ketchum. En La Biblioteca de Carfax.

El don de las piedras, de Jim Crace



El don de las piedras, que acaba de publicar Hoja de Lata, fue la segunda novela de Jim Crace, un autor inglés muy premiado y aún vivo que a mí me gusta mucho (ya hablamos antaño de dos de sus libros: Y amanece la muerte y Cosecha), tras su debut con las historias interconectadas de Continente. Aunque esta novela no es, a mi juicio, tan buena como las dos primeras que he citado, quizá porque el argumento me interesa menos, ya contiene las bases de lo que será la obra de Crace, sus señas de identidad y sus preocupaciones, su inquietud por el lenguaje y por los entornos naturales donde a veces el hombre encuentra acomodo y supervivencia y, otras, encuentra la muerte y la corrupción correspondiente de la carne.

La novela se ambienta en el momento en que el hombre va a pasar de la edad de la piedra a la del bronce utilizando a dos personajes: un hombre que perdió un brazo cuando era niño (miembro amputado por una herramienta fabricada con piedra) y su hija, quien es la primera narradora del libro, pero que en muchos pasajes cede la palabra a su padre, un virtuoso en el arte de narrar:

Así como el abusón se hace soldado y el mezquino se mete a comerciante, el mentiroso se convierte en bardo. ¿A quién le puede sorprender? Mi padre lo veía de este modo: una buena historia salida de sus labios le permitió de la noche a la mañana pasar en este pueblo, de ser poco menos que una planta silvestre, sin mucha utilidad, a convertirse en su cuentista.

Aunque en la cubierta figure "el don de las piedras", en realidad esta referencia sólo escenifica el marco en el que se ambienta la historia, pues el centro de gravedad del libro es "el don de las palabras", y cómo las usamos para convencer, engatusar, entretener y trasladar entre generaciones las historias que se alimentan de rumores, leyendas e incluso mentiras. Lo dice la narradora:

La paradoja es esta: amamos las mentiras. La verdad es fea y plomiza, mientras que las mentiras son ágiles, briosas y llenas de vida. La mentira es un arte.

En manos del lector queda dirimir qué partes de la novela son una invención del segundo narrador y qué partes son reales dentro de la trama. Aunque en realidad da lo mismo: como a los miembros de la aldea a los que les cuenta historias, a nosotros nos interesa que esas palabras nos engatusen, sean el sustento de anécdotas falsas o verdaderas. Así comienza la novela:

El brazo derecho de mi padre no terminaba en la mano sino en el codo, con una protuberancia huesuda. Pensad en la silueta de un árbol desmochado. Ese era el muñón de mi padre. La piel estaba tirante alrededor del hueso y se arrugaba hacia el interior del orificio resultante de la desaparecida articulación inferior. La cicatriz recordaba a las marcas que los chiquillos hacen con piedras en el hielo –una pequeña incisión irregular, húmeda de pus salobre–. El brazo raras veces estaba seco o dejaba de dolerle. A medida que fue envejeciendo daba la impresión (eso decía) de que su malgastada e inoportuna simiente había encontrado salidas menos provechosas de lo que a él le habría gustado.



[Hoja de Lata. Traducción de Pablo Gonzáletz-Nuevo]

Trailer de All Is True



Cartel de Killers Anonymous


Black 47: 6 carteles







martes, mayo 14, 2019

Helter Skelter, de Vincent Bugliosi con Curt Gentry


Creo que fue en los 70 cuando se publicó en España esta crónica, aunque con otro título, otra traducción y menos páginas. Por eso esta reedición con nueva traducción y numerosas imágenes, además de un entusiasta prólogo de Kiko Amat, era necesaria: muchos no conocíamos el libro, y se trata de una de las obras más vendidas del género denominado "true crime". La edición que acaba de publicar Contra es un lujo: unas 800 páginas en un volumen de tamaño grande, con una cubierta hipnótica, con un censo de personajes reales, con esas fotos que mencionaba antes…

Pero lo más fascinante es el contenido del libro porque su lectura resulta adictiva. Vincent Bugliosi (el autor, en colaboración con Curt Gentry) fue el fiscal del caso, así que era, probablemente, la persona que más documentos se tragó, y más entrevistas hizo y leyó (mientras cada acusado de los crímenes tenía un abogado, Bugliosi era el fiscal que representaba al Pueblo). Él fue el tipo que ganó el caso, logrando que el jurado emitiera el veredicto de culpabilidad en el juicio de Charles Manson y sus súbditos o acólitos. A través de esas 800 páginas conocemos los asesinatos en detalle, sabemos multitud de datos de los asesinos y los cómplices, las búsquedas de los móviles que actuaron de motor de los crímenes, las investigaciones pertinentes, los juicios que entonces fueron los más largos de la historia de Estados Unidos, las consecuencias de las condenas y las represalias de La Familia Manson.

Aunque cometieron muchos más asesinatos, y otros de los que no se sabrá nunca, se les juzgó por las muertes de Sharon Tate y sus amigos y de la familia LaBianca, al día siguiente de la primera masacre. Quizá quede por ahí alguien que no sepa que, entonces, Tate era la mujer del cineasta Roman Polanski, y que estaba embarazada de 8 meses cuando la mataron. Aquellas carnicerías, que incluyeron pintadas en los muebles y en las paredes con la sangre de las víctimas, se convirtieron en uno de los episodios más brutales y perturbadores de la historia del crimen en USA. Y Manson se transformó en el asesino más célebre, junto a Jack el Destripador. Uno de los aspectos más increíbles fue que él no acudió a la casa donde vivía Sharon Tate, siendo el conspirador que no se mancha las manos, y que sus deseos o sus órdenes fueron cumplidas por personas que rondaban los 20 años, con mayoría de mujeres, gente joven con la mente dominada por Manson, las drogas y el sexo sin límites y sin compromisos. 

Todo lo que cuentan en el libro, desde las horas previas hasta la masacre, desde las detenciones y la investigación, desde el juicio hasta la condena, es apasionante, sórdido y terrorífico. Aquí va un largo fragmento que resume bien el contenido de los crímenes:

El caso Manson fue y sigue siendo único. Si, como aseguró Sandra Good, la Familia ha cometido hasta hoy de treinta y cinco a cuarenta asesinatos, la cifra puede acercarse al record de Estados Unidos. No obstante, el número de víctimas no es lo intrigante del caso y lo que continúa fascinando, sino una serie de elementos que seguramente en conjunto no tienen parangón en los anales de la historia del crimen estadounidense: la relevancia de las víctimas, los meses de especulación, conjeturas y puro miedo antes de la identificación de los asesinos, el móvil tan sumamente extraño (prender la mecha del Armagedón de los negros contra los blancos), el nexo inspirador entre la letra de una canción del grupo de rock más famoso de todos los tiempos, los Beatles, y los crímenes y, detrás de todo ello, moviendo los hilos, un gurú mefistofélico con un poder único para convencer a otros de que mataran por él, sobre todo a chicas jóvenes que cogieron y asesinaron brutalmente a sus órdenes a completos desconocidos, con fruición y entusiasmo, y sin muestras aparentes de culpa o remordimiento. Todas estas cosas se conjugan para que Manson sea probablemente el asesino en serie más aterrador, y los asesinatos probablemente los más estrambóticos, de la historia de Estados Unidos.


[Contra Ediciones. Traducción de Gabriel Cereceda. Traducción del posfacio de David Paradela López]

Doris Day (1922 - 2019)


Cartel de NOS4A2


Alvin Sargent (1927 - 2019)


Cartel de The Souvenir


Peggy Lipton (1946 - 2019)


sábado, mayo 11, 2019

Distraídos venceremos, de Andrea Valdés


Con el subtítulo de "Usos y derivas en la escritura autobiográfica", este segundo título de la Colección Fontanela de Jekyll & Jill Editores ha supuesto todo un descubrimiento. Primero, porque analiza y comenta libros poco conocidos (salvo un par de excepciones). Segundo, porque esos libros se salen de los márgenes y escapan a las etiquetas. Y tercero, porque la prosa de Andrea Valdés logra lo más difícil en esta clase de ensayos: ser a la vez rigurosa y amena, entretenida y profunda.

Decía antes que se trata de autores poco conocidos en España, al menos para mí, que sólo me sonaban los nombres de Rosa Chacel, Mario Levrero y Jorge Baron Biza. Y no nos resultan familiares porque Andrea Valdés se ha centrado en la literatura de Sudamérica, y ha buscado nuevas voces, títulos no tan sonados. Ella explica en la introducción: He sido librera durante más de diez años y me consta que hay obras que no llegan a nuestros estantes. Parece como si el mercado nos escondiera a veces ciertos títulos porque no venden (o porque sus gestores creen que no venderán lo suficiente), o quizá, como apunta Valdés, porque reúnen todo lo que espanta al mercado.

Andrea Valdés compone, así, un sorprendente catálogo de rarezas, de anomalías, como felices monstruos literarios que los degustadores de marginalidades nos apresuraremos a buscar en las librerías. Pero no será tarea fácil: algunas de las obras brasileñas no se han traducido en España, otras están descatalogadas o ya son difíciles de encontrar porque se publicaron en editoriales pequeñas o con poca distribución. Es el caso del autor que más me ha interesado (con permiso de Baron Biza, del que tengo su libro El desierto y su semilla… aún pendiente de lectura): me refiero a Osvaldo Baigorria, que escribió una especie de semblanza, con tintes autobiográficos, sobre un escritor en Sobre Sánchez, que aquí publicó Varasek y que sólo encontré en una librería de Madrid tras varias pesquisas.

A los citados nombres hay que añadir los de Maura Lopes Cançado, Carlos Sussekind, Audre Lorde, Severo Sarduy, Gloria Anzaldúa, Héctor Viel Temperley, Gelen Jeleton, Lucio V. Mansilla, Aurora Levins, Héctor Libertella, Conceição Evaristo, Carlos Correas, Paulo Leminski o la más célebre y también esquiva María Moreno (publicada por Mondadori). Creo que, de los citados en las biografías del final, no se me olvida ninguno. Con ellos, y con algunas de sus obras, traza Andrea Valdés un curioso mapa de lo biográfico y testimonial que atraviesa las poéticas del encierro, el injerto y la creencia, que pasa por el artificio de quien se retrata, y que desemboca en esos terrenos literarios en que se han marginado ciertas voces, o estuvieron en desventaja (mujeres de otras razas, o que crecieron en entornos periféricos: islas, favelas, fronteras…). Sugiere la autora que podríamos leer este mapa de escrituras autobiográficas como una especie de "vidas imaginarias" (como el libro de Marcel Schwob). Y yo aún diría más: su libro también es, en el fondo, una autobiografía anómala si nos ceñimos a uno de los textos que cita en la tercera parte: "La bibliografía como autorretrato". Porque una persona es, también, lo que lee.       


[Jekyll & Jill]

The Dead Don't Die: 4 carteles





Cartel de Where'd You Go, Bernadette


viernes, mayo 10, 2019

jueves, mayo 09, 2019

El nenúfar y la araña, de Claire Legendre



Los novelistas tenemos una particularidad: escribimos historias a partir de las nuestras, y al hacerlo dotamos de sentido a estas últimas, que no lo tienen. Cada gesto, cada palabra adquiere sentido. Como en Hitchcock, un plano inserto del arma del crimen nos la señala como tal. De ese modo, contemplamos nuestra vida en el momento de vivirla con el apetito retrospectivo y anticipado de infundir sentido en aquello que por el momento carece de él. Intentamos adivinar la continuación. Es un orgullo irrazonable: jugamos a ser Dios.

**

La muerte prematura tiene algo de inconcebible. Es imposible pensar esto: hace diez días me decían que estaba enfermo y ahora ya no existe. Hace diez días le daban tres meses y me parecía poco.

**

El miedo procede de la culpabilidad. Me da miedo que me golpeen porque me he portado mal, o porque considero, en mi fuero interno, que así ha sido. Me imagino que, en el lugar del otro, podrían darme ganas de golpear. Así que me protejo el rostro a pesar de que el otro no ha amagado siquiera el gesto de levantar la mano. Esto supone un esfuerzo de identificación, una empatía.

**

Lo peor de la ficción es que no sirve de nada para protegerse. Ni siquiera es una crisálida; por poco que se crea en ella, hace el mismo daño que la realidad.

**

Seguro que hay que sentirse de veras en peligro para que el miedo a morir supere al miedo a vivir. El alivio de enfrentarse a un dolor que por fin sobrepasa mis miedos.

**

El cirujano lo confirma: tengo suerte. Nada de cáncer. Esta vez no. Las cicatrices ya no rezuman. "Para tu noche de bodas ni se verá", dice sonriente. Se me hará un escáner de control dentro de seis meses para mirar el nódulo y la cicatrización. Y otro el año que viene. No vas a salirte de rositas. Te van a tener cagada de miedo una vez al año hasta que te mueras. Mientras tanto, apáñatelas con tus miedos. Tus miedos falsos, peores que los verdaderos.

**

Tras todo conflicto que se evita subyace el miedo a los golpes.

**

Pertenecemos a una civilización serena, a la que no amenazan ni la guerra ni el hambre, y cultivamos en nuestro interior los monstruos que nos devoran. Una generación ocupada en medir su velocidad de autodestrucción.


[Tránsito Editorial. Traducción de Laura Salas Rodríguez]

Cartel de Chernobyl


Cartel de Rim of the World


Midsommar: 2º cartel


martes, mayo 07, 2019

Kentucky seco, de Chris Offutt



No conocíamos en España la obra de Chris Offutt, escritor norteamericano nacido en el 58, y este año tendremos disponibles dos traducciones: ésta que nos ocupa, Kentucky seco (un libro de relatos que acaba de publicar Sajalín con traducción de Javier Lucini, escritor, traductor, editor y prescriptor literario de primer orden) y Mi padre, el pornógrafo (memorias que pronto editarán en Malas Tierras, con traducción de otro grande: Ce Santiago). Vaya por delante que ésta es una de las grandes sorpresas y alegrías del año, porque Kentucky seco es un pelotazo. Y supuso el debut de Offutt: nueve relatos ásperos, protagonizados por la gente que vive entre las montañas de Kentucky, gente sin suerte y acostumbrada a los bocados agrios y a las penurias diarias.

El propio Offutt dice en el epílogo que su libro nació de la desesperación y de la esperanza, que quiso escribir unos relatos donde su gente pudiera reconocerse, donde se reflejara la dureza de la vida en las montañas. Sus historias están en la línea de las de otro grande, Larry Brown, aunque juraría que Offutt despliega algunas imágenes más crudas: en uno de los relatos, una madre encuentra al padre del narrador ahorcado en un árbol, y debajo ve al perro de la familia, aún vivo, al que ese hombre le ha roto todas las patas porque no le podía reparar la primera fractura; este pequeño pasaje nos forma una imagen en la cabeza que ya no se nos olvida y que actúa de espejo de una mente desequilibrada, la del tipo enfermo que, no pudiendo arreglar algo, lo destroza. En otro de los cuentos, a otro padre le apestan los pies porque nunca se descalzaba, ni siquiera cuando estuvo en prisión, ni siquiera en las duchas de aquella cárcel. También hay personas a las que atacan los osos, tipos que fallan un tiro y acaban hiriendo a sus colegas, viejos huraños que viven solos en los bosques…

Chris Offutt es un hombre que ha conocido el dolor y las ganas de emigrar de un agujero, la falta de empleo y la convivencia con gente analfabeta y sin oportunidades. Su modelo para estas historias, narrativamente hablando, fueron los escritores que provienen de las minorías: quiso aprender el enfoque para representar una realidad que los medios suelen distorsionar. Quiso huir de la imagen cómica de los habitantes de Los Montes Apalaches, pintados como paletos y descerebrados, para devolverles su lugar en el mundo y su honor, porque todos ellos (como señala el autor) son "gente que se esfuerza en sacar adelante a su familia". Ejemplar me parece el primero de los relatos, "Serrín", donde el narrador se prepara para el examen de educación secundaria, lo que provoca las mofas y la hilaridad de muchos de sus vecinos, que empiezan a llamarle "letrado"; con ello sólo quiere demostrar a los demás que no tiene serrín en la cabeza. Este personaje asume que vive en un lugar al que nadie viene y del que la gente sólo quiere marcharse, y Offutt lo retrata, concediéndole la palabra, como alguien a quien se le debe respeto, alguien que, a pesar de todo, camina con el orgullo en la mirada.

Kentucky seco es un compendio de cuentos extraordinarios, pulidos hasta la obsesión, dotados de esa amargura que caracteriza a los lunes por la mañana en que nos toca hacer algo que no queremos hacer, y también es como un trago de whisky sin aderezos (sin hielo ni agua ni refrescos que lo suavicen): un sorbo seco y amargo que quizá nos obligue a toser, pero que luego nos deja un regusto fantástico en la lengua.   


[Sajalín Editores. Traducción de Javier Lucini]

Cartel de Ophelia


Cartel de The Lodge


En Aleteia: Vengadores: Endgame


domingo, mayo 05, 2019

Chuck Kinder (1946 - 2019)


Rocketman: 2 carteles



sábado, mayo 04, 2019

Peter Mayhew (1944 - 2019)


miércoles, mayo 01, 2019

El club de los mentirosos, de Mary Karr



Llevaba bastante tiempo posponiendo la lectura de estas memorias (que Stephen King cita y elogia al inicio de Mientras escribo), y, aprovechando que salía otro de los tomos de recuerdos de la autora (Iluminada, también publicado en colaboración por Periférica y Errata Naturae), por fin lo leí hace poco.

El club de los mentirosos nos enseña cómo extraer humor y optimismo de una vida cruda y difícil, la de Mary Karr, en la que hubo abusos sexuales, depresiones, intentos de suicidio, un padre que la llevaba consigo mientras bebía y jugaba y mentía con los amigotes, una madre con tendencia a tirar de revólver o de cuchillo si la cosa se ponía fea, escaramuzas varias, desastres de la naturaleza, episodios de alcoholismo y un montón de personajes raros y singulares, bien porque son colegas del padre o porque son novios ocasionales de la madre.

Tal vez lo mejor del libro, aparte de esa manera de contar las vicisitudes y las anomalías domésticas de una familia disfuncional, sea el retrato que elabora Karr tanto de su padre como de su madre: ninguno de ellos es un demonio y tampoco un santo, la autora no duda en señalar tanto sus errores como sus virtudes, a veces va del elogio a la crítica sin despeinarse y eso la convierte en una escritora doblemente admirable. Unas memorias fabulosas, ejemplares, con pasajes duros y una familia inolvidable; la traducción, por cierto, es de Regina López Muñoz, y creo que ya he dicho alguna vez que eso constituye para mí una garantía de calidad. Aquí va el inicio del prólogo de la propia Karr:  

Poco antes de que muriera mi madre, el tipo que le estaba reformando la cocina sacó de la pared un azulejo con un agujerito redondo bastante sospechoso. Se sentó de rodillas y levantó el azulejo de manera que el sol filtrado por las cortinas amarillas y añosas pareció perforar el agujero igual que un láser. Nos guiñó un ojo a Lecia y a mí y a continuación se volvió hacia mi canosa madre, concentrada en su volumen de Marco Aurelio y en un cuenco de chiles picantísimos.
-Señora Karr, ¡esto parece un agujero de bala!
Lecia, que no dejaba pasar una, intervino:
-¿Eso no es de cuando le disparaste a papá?
Y mamá entornó los ojos, bajó un poco las gafas por su nariz patricia y dijo con displicencia:
-No, eso es de cuando Larry –se giró y señaló otra pared–. A tu padre le disparé allí.
Sirva esta anécdota para explicar por qué me decidí a escribir El club de los mentirosos como unas memorias y no como novela: cuando el destino te pone en bandeja unos personajes así, ¿para qué inventar nada?


[Periférica & Errata Naturae. Traducción de Regina López Muñoz]

Cartel de Rolling Thunder Revue: A Bob Dylan Story by Martin Scorsese


Cartel de The Professor


En Aleteia: The Highwaymen (Emboscada final)


Próximamente: Corazón giratorio


De Donal Ryan. En Sajalín Editores.

Starfish: 3 carteles




John Singleton (1968 - 2019)


Cartel de Woodstock: Three Days That Defined a Generation


Child's Play (2019): 2 carteles