miércoles, febrero 08, 2017

Cartel de Pirates of the Caribbean: Dead Men Tell No Tales


Richard Hatch (1945 - 2017)


It Comes at Night: primer cartel


Furores íntimos

Antes, o sea todos estos últimos años con mi marido, respondíamos al tonto cliché de que la mujer nunca tiene ganas y el hombre quiere siempre y en cualquier lugar. Pero una vez que se habían tocado los botones precisos, pensaba para mí: ¿por qué nunca se me ocurre la idea de hacerlo? ¿Por qué no lo seduzco, por qué tiene que ser siempre él quien me seduzca a mí? Para mi marido era bastante humillante llevarse calabazas constantemente y tener que ser siempre él el iniciador de nuestra actividad sexual. Discutíamos mucho. Yo mentiría si dijera que tenía ganas de sexo. Ni una sola vez las tuve. Sólo colaboraba para hacerle un favor y porque sabía que, de lo contrario, nuestra relación se iría al garete. Todos lo sabemos: si en la cama la cosa ya no funciona, el que todo se vaya al garete sólo es cuestión de tiempo. De eso estoy firmemente convencida. Pero en cuanto la parálisis inicial estaba superada, yo me ponía a cien. Y después siempre decía: "¿Por qué no me recuerdas cuánto me divierto? Si lo hicieras, no me haría tanto de rogar". 
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. Charlotte Roche, Furores íntimos

Tzvetan Tódorov (1939 - 2017)


Guardians of the Galaxy Vol. 2: nuevo cartel


sábado, febrero 04, 2017

En Playtime / El Plural: Clarence Cooper Jr.


La Escena: aquí.

T2: Trainspotting: otros 4 carteles





La Escena, de Clarence Cooper Jr.


Aquella noche, por primera vez, Rudy Black era dolorosamente consciente de la calle. Sus ritmos extraños, dislocados, cantaban a través del frío aire nocturno; lo envolvían desde el clac contra el asfalto de sus caros zapatos hasta el halo resplandeciente en torno al cabello en ondas de su cabeza.
Todos los elementos de la Escena –las luces, las putas, los clientes en sus coches, el alboroto del jazz de la tienda de discos en la esquina de la Setenta y siete con Maple– repelían a Rudy, el chulo y camello, hacían que se sintiera ajeno, falto de sueño firme y propósito, aunque no conocía otro ambiente que ese.
El tacto de la Escena era como de carne muerta. Recordaba haber tocado a una persona muerta, una anciana. Había muerto sola en el piso de arriba de donde él vivía con sus padres. Un día su madre subió a averiguar por qué la señora ya no pasaba a saludar, por qué ya nunca cacareaba un "buenas tardes" al volver del mercadillo. Su madre encontró a la anciana muerta en el baño, horriblemente hinchada.

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Volvía a aquel baño, un poco más grande que un armario, con un váter cuya cadena funcionaba a veces y un lavamanos de porcelana desportillado y agrietado que le goteó en los zapatos y se los empapó. Pero le daba igual. Ahora ponerse droga era lo más importante del mundo; era el mundo. Para él, llenar la cuchara, quemarse los dedos, absorber la mezcla con el cuentagotas, tenía más significado que cualquier otra cosa, incluso que la vida. Sin droga no podía vivir. Sin droga no quería vivir.

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-¿No es hora ya de salir de ronda?
-No, todavía tengo que decirte algo. No me gustas, Patterson.
-Me alegra decirle que a mí me ocurre lo mismo con usted, señor.
-Pero eso no es todo –dijo Davis, la furia crecía en su interior–. Si no creyera que tienes madera para ser un buen policía de estupefacientes, hace tiempo que te habría destruido. Me alegro de haber esperado. Me alegro de haber descubierto de qué pasta estás hecho. Eres un cabrón y un listillo, y nada de lo que veo en ti me gusta, ni tus trajes elegantes de profesional acreditado ni tu pelo al rape de negro. Eres demasiado correcto. Así que, hermano, toma tu condenado traslado y métetelo por donde te quepa mejor, ¡pero mientras estés conmigo te voy a hacer sudar la gota gorda!
-Lleva casi un mes haciéndome sombra –dijo Patterson–. ¡El traslado no puede alegrarle ni una décima parte de lo que me alegra a mí!
-¡Feliz Navidad! –dijo Davis poniéndose rojo.
-¡De acuerdo! –respondió Patterson.
-Ahora que nos hemos entendido –dijo Davis–, ¡vámonos de paseo de una puñetera vez!


[Sajalín Editores. Traducción de Guido Sender]

viernes, febrero 03, 2017

Próximamente: David Lynch. El hombre de otro lugar


De Dennis Lim. En Alpha Decay.

Trailer de T2: Trainspotting


jueves, febrero 02, 2017

En Playtime / El Plural: María Pérez Heredia


Starman: aquí

T2: Trainspotting: nuevo cartel


Cartel de Bokeh


Próximamente: Una temporada en Tinker Creek


De Annie Dillard. En Errata Naturae.

The Girl with All the Gifts: 2 carteles



Cartel de The Lost City of Z


miércoles, febrero 01, 2017

En Aleteia: Peaky Blinders


Hoy, en Madrid


Cartel de The Institute


martes, enero 31, 2017

Oona y Salinger, de Frédéric Beigbeder



Cuando le preguntaban a Diana Vreeland si sus recuerdos más extravagantes eran factuales o ficticios, ella respondía: "It's faction".
Éste es un libro de pura facción. Todo en él es rigurosamente exacto: los personajes son reales, los lugares existen (o han existido), los hechos son auténticos y las fechas son todas ellas verificables en biografías o manuales de historia. Lo demás es imaginario, y por este sacrilegio ruego a los hijos, nietos y bisnietos de mis protagonistas que disculpen mi intrusión.

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-Para escribir tendrás que encontrar un lugar tranquilo, fuera de la ciudad –continuó Oona–. Mi padre [Eugene O'Neill] escribe en una cabaña al fondo de su jardín.
-¿Ah, sí?
-Ya lo creo. Odia a los periodistas y no sale nunca. Un escritor no vive en el mundo, se encierra en una casita para trabajar, de lo contrario no es un escritor, es un bufón. La expresión "escritor neoyorquino" es una contradicción en sus términos.
Lo ponía a prueba a cada instante. Siempre hay un momento en el que un hombre enamorado se siente como un parado en una entrevista de trabajo. Jerry trataba de ganar puntos en cada frase. Cuando Oona sonreía, para él equivalía a un billete de lotería premiado.

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Enamorarse es tener un nuevo problema por resolver. ¿Tenía que llamarla o escribirle una carta? ¿Cómo volverla a ver sin quedar como un pelmazo? ¿Cómo despertar la admiración de una niña mimada y admirada a su vez por la flor y nata de Nueva York? Jerry había entrado en guerra mucho antes que su país.

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Eugene O'Neill pronuncia estas frases como si las leyera en un teleprompter invisible, con la dicción de un actor principiante, vocalizando demasiado y con los ojos clavados en la pared.
[…]
-¿Dónde vive usted?
-En Nueva York. ¿Por qué?
-Deje Nueva York por una casa tranquila, lejos del mundanal ruido. En su novela habla de una cabaña en el bosque; encuéntrela y escuche el consejo de un viejo chocho: debe apartarse de las intrigas de salón para construir su obra. Intuyo en usted una locura tan grande como la mía… Su "guardián entre el centeno" es usted durante la guerra, ¿verdad? ¿Vio morir a muchos de sus camaradas?

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En Corsier-sur-Vevey visité la casa de la familia Chaplin, que pronto se convertirá en museo. Quizá en un futuro próximo la mansión de Ban se rebautice y pase a llamarse "Chaplin's World". Por desgracia, la casa blanca todavía no está abierta al público. […] ¿Está encantada la propiedad deshabitada donde Oona vivió toda su vida? Sus hijos y nietos cuentan que, al morir Charlie, su madre y abuela se parapetó en el silencio. Oona Chaplin murió a los sesenta y seis años de un cáncer de páncreas, el 27 de septiembre de 1991, veinte años antes que Jerry Salinger. Una de sus últimas frases fue: "What the fuck did I do with my life!".

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Nuestras vidas no tienen importancia, se hunden en el fondo del tiempo, pero hemos existido y eso nada lo puede impedir: por muy líquidas que sean, nuestras alegrías no se evaporan nunca.


[Anagrama. Traducción de Francesc Rovira]

Cartel de In Dubious Battle


Emmanuelle Riva (1927 - 2017)


Tulip Fever: cartel alemán


sábado, enero 28, 2017

John Hurt (1940 - 2017)


viernes, enero 27, 2017

Cómo ser Bill Murray, de Gavin Edwards



Bill Murray ha sido visto en todo tipo de sitios: desde la línea de banda en una de las semifinales de la Liga Nacional de fútbol americano de 1986 (ocasión en la que lució una gorra de cuero pasada de moda), hasta la isla mediterránea de Yeronisos, donde colaboró como voluntario en las excavaciones arqueológicas que la Universidad de Nueva York llevó a cabo en 2006.
Cuando hablamos de Bill cualquier cosa es posible, hasta el punto de que ha generado un número de leyendas muy superior al habitual. Desde hace varios años, inventarse rumores sobre él ha sido uno de los pasatiempos preferidos de Internet. […] Pero una de las cosas maravillosas de Bill Murray es que le sobran anécdotas verídicas y sorprendentes para llenar un libro. Este, por ejemplo.

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Estás en una esquina de Nueva York, esperando a cruzar la calle. Ensimismado, no le prestas demasiada atención al mundo que te rodea. De pronto, alguien te tapa los ojos con las manos y dice:
-¿Quién soy?
Nadie te hacía ese juego desde que estabas en primaria. Normalmente, esta situación te alarmaría, pero la voz te resulta familiar. No acabas de saber quién habla, pero tienes la certeza de que se trata de un amigo.
Te das la vuelta y es Bill Murray. Sí, la estrella de cine internacional Bill Murray. Es más alto de lo que esperabas y lleva la camisa arrugada. Empiezas a tartamudear, te cuesta encontrar las palabras, tu cabeza no puede procesar lo increíble de la situación. Él esboza una sonrisa, se te acerca y añade en voz baja:
-Nadie te va a creer.

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[Harold] Ramis ha asegurado que Bill es "todos los hermanos Marx en una sola persona: tiene el ingenio de Groucho, la brillantez pantomímica y la lujuria de Harpo, incluso esa cualidad de hombre de la calle de Chico". Lo cual no quiere decir que fuese fácil colaborar con él, según añade. "Si no hay ningún drama, ya lo crea él. Le gusta vivir al límite, y eso significa que es ahí donde arrastra a todos los demás. Tiene dos estados: el sueño y la sobreexcitación".

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Sigourney Weaver describe así la técnica de Bill con las mujeres y los niños: "La forma de ganarse el corazón de una mujer es hacerla reír, y Bill lo logra cuando menos te lo esperas. Aborda a una desconocida, la agarra y, jadeando, le dice: "Quiero saber qué te hace vibrar, cariño". A ellas les sorprende tanto ver que alguien rompe las convenciones que acaban soltando una carcajada, porque lo hace sin ninguna malicia, solo por divertirse. Se comporta igual con los niños, incluso con los bebés. Se acerca a ellos y exclama: "¿Qué tal vas, colega?". Les habla como si fueran adultos. Al principio lo miran horrorizados; luego los desarma y se echan a reír".


[Blackie Books. Traducción de Ismael Attrache]

Banner de Personal Shopper


Logan: 3 carteles




jueves, enero 26, 2017

Harry Mathews (1930 - 2017)


Mi vida en rojo Kubrick, de Simon Roy


En cierto modo, el escritor, en pleno proceso creativo, se obsesiona con una idea fija. Se vuelve monomaníaco, socialmente intratable. Y eso en los días buenos.
Podemos considerar El resplandor como una fábula negra sobre el proceso creativo.

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He debido de ver El resplandor por lo menos cuarenta veces; primero parcialmente, cuando tenía más o menos diez años ("¿Te apetece un helado, Doc?"); después varias veces por pura curiosidad y posteriormente con regularidad, ya como profesor. Me gustaría creer –yo también tengo un poco de TOC– que he visto la película cuarenta y dos veces, pero sé que son muchas más. 

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[…] es como si la inmersión en el filme de Kubrick me permitiera integrar ciertos elementos turbios de mi historia personal, de mi genealogía macabra. Como si por los pasillos laberínticos del hotel Overlook me topara con las siluetas fantasmagóricas de mi pasado familiar.

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La soledad es peligrosa. En períodos prolongados, obliga al ser humano a enfrentarse a sí mismo y a meditar acerca de su suerte y su destino. Si el individuo tiene tendencias nihilistas, la soledad puede arrastrarlo a los abismos de las reflexiones desesperadas.

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A modo de preparación para mi clase de la semana que viene veo La culpa ajena, película muda realizada en 1919 por D. W. Griffith y protagonizada por Lillian Gish y Donald Crisp. La película cuenta la historia de una joven, Lucy, que sufre los repetidos abusos de un padre alcohólico y violento, Battling Burrows. En una escena que Kubrick imitó ostensiblemente, se ve a Battling Burrows destrozando a hachazos la puerta del guardarropa donde se esconde Lucy, aterrorizada.

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La mayor parte de los relatos de terror nos enseña una cosa: más que al psicópata, al asesino en serie o cualquier desecho de nuestra desequilibrada sociedad, a quien hay que temer es al vecino, al hombre o a la mujer que se sienta en la mesa de al lado en el bar del barrio, al escritor fracasado, al apacible médico del pueblo. A uno mismo. Ése es el triste balance de lo que ocultamos dentro de nosotros. Somos nosotros los lobos feroces de los cuentos que oíamos de pequeños.

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La despedida de una madre impregna la memoria de un hombre.


[Alpha Decay. Traducción de Regina López Muñoz]

Cartel de My Cousin Rachel


Próximamente: En el corazón del corazón del país


De William H. Gass. En La Navaja Suiza.

Cartel de Long Strange Trip


Ghost in the Shell: 2º cartel


miércoles, enero 25, 2017

The Time of My Life, de Hadley Freeman



Querido lector, no he escrito sobre Salvador. […] Pero cuando yo pienso en los ochenta, me viene a la cabeza el marshmallow gigante aplastando taxis en Nueva York. No digo que una cosa sea mejor que la otra, lo que digo es: ¿cuándo fue la última vez que te dieron ganas de ver Salvador? A las diez y nunca, seguramente. ¿Y cuándo fue la última vez que te dieron ganas de ver Cazafantasmas? Hace dos segundos, cuando he mencionado el marshmallow gigante, ¿a que sí? […] No hace falta decir que Salvador (o Blade Runner, o Alien, o El precio del poder, o La chaqueta metálica) son Buenas Películas de los Ochenta. Todo el mundo lo sabe. Quería escribir sobre por qué las Películas Divertidas de los Ochenta (como Jungla de cristal, Magnolias de acero, La chica de rosa y Aventuras en la gran ciudad) también son Buenas Películas de los Ochenta.

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Dirty Dancing es una película pensada totalmente para un público femenino y, sorpresa, sorpresa, los críticos varones le dieron muy malas críticas. […] La crítica de cine del Philly Inquirer Carrie Rickey escribió décadas después: "[El entonces crítico del New York Times] Vincent Canby coincidió conmigo en que, al igual que con Buscando a Susan desesperadamente, la resistencia de la crítica a Dirty Dancing pudo darse por tratarse de una película centrada en lo femenino". No es nada nuevo que los críticos varones tachen de frívola o banal a una película (o libro, o serie de televisión) para mujeres. Lo que resulta más sorprendente es que muchos de los aspectos de la película que ahora nos parecen extraordinarios se pasaran por alto entonces.

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En 2013, solo hubo un 10% de mujeres entre los guionistas que trabajaron en las 250 películas con mayor recaudación. Si el 90% restante de los guionistas son demasiado vagos para escribir una película desde la perspectiva de una mujer, el resultado es lo que vemos ahora: una absoluta escasez de películas sobre y para mujeres.

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A pesar de que todavía obtienen la gran mayoría de los papeles principales y de las líneas argumentales, los hombres no consiguen mucho más en la cultura pop actual. Un tropo especialmente popular para los padres en las series de televisión hoy en día, desde Los Simpson y Modern Family pasando por Peppa Pig, es describirlos como hombres-niño incompetentes que intentan con poca fortuna seguirles el ritmo a sus mujeres más maduras. […] En las comedias estadounidenses de ahora, los hombres no son bobos de una forma tierna ni buscan la atención femenina con ganas pero sin llegar al punto de la desesperación, como ocurría en los ochenta, sino que ahora se presentan como adolescentes crecidos que ven a las mujeres como zorras a las que humillar o como figuras maternales a las que venerar.

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La razón por la [John] Hughes era capaz de escribir sus guiones sobre adolescentes tan rápido era porque incluía mucho de él mismo en ellos, tanto emocionalmente como en los detalles. Resulta fácil burlarse de la homogeneidad del mundo que se presenta en estas películas, en el que todos los personajes son blancos y heterosexuales. Pero Hughes nunca pretendió que sus películas fueran universales, eran retratos tremendamente personales de su propia infancia y de su adolescencia en los barrios residenciales de Illinois (casi nadie hacía películas ambientadas en Chicago hasta que apareció Hughes). Pero las emociones que presentan universalizaron su cine y, con su narrativa sencilla, sus tropos conocidos y sus claras divisiones entre lo bueno y lo malo, las películas de adolescentes de Hughes se han convertido en un equivalente de finales del siglo XX de lo que fueron los westerns para la primera mitad del siglo: los estadounidenses que crecieron con ellas ven sus propias vidas y los no estadounidenses que crecieron con ellas ven Estados Unidos.

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El argumento más común en defensa de la escasa representación femenina en el cine actual es que los estudios no son sexistas, sino que solo piensan en la rentabilidad. Mientras que las mujeres van a ver una película con protagonistas masculinos o femeninos, los hombres solo quieren ver películas con hombres como protagonistas; en otras palabras, es el público el que es sexista.

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Regreso al futuro es extremadamente divertida y tierna, pero la gracia no está en los choques culturales entre 1955 y 1985, sino en la manera en que las mentiras que George y Lorraine soltaron en 1985 sobre su época de adolescentes quedan al descubierto cuando su hijo viaja en el tiempo hasta 1955.

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Es divertido hablar de series en las redes sociales con tus amigos y otros seguidores, o seguir a los críticos que tuitean en directo los capítulos. Pero no es lo mismo. Lo que hemos ganado con dramas de cincuenta horas en canales por cable de prestigio, lo hemos perdido en noventa minutos de puro placer en cines locales.


[Blackie Books. Traducción de Zulema Couso]

King Arthur: Legend of the Sword: 2 carteles



Próximamente: Estridente y dulce


De Adam Thirlwell. En Anagrama.

Trailer de You're Killing Me Susana


Cartel de Rosso Istanbul


martes, enero 24, 2017

Nominaciones a los Oscar: 2017




En Playtime / El Plural: Hadley Freeman, Simon Roy y Gavin Edwards



The Time of My Life, Mi vida en rojo Kubrick, Cómo ser Bill Murray: aquí.

Banner de Certain Women


Próximamente: Cáscara de nuez


De Ian McEwan. En Anagrama.