Hace 41 minutos
viernes, abril 17, 2015
jueves, abril 16, 2015
Volver
A una casa vacía e inhóspita donde ya no viven tus padres. Donde las puertas chirrían y no cierran los postigos de las ventanas. Donde los objetos agotaron su utilidad. Donde es mejor dejarlo todo a la deriva, pasto del escombro. Volver. Y querer marchar cuanto antes. Y no sentir nostalgia alguna. Ni desearlo.
Pablo García Casado, García
miércoles, abril 15, 2015
Big Time: la gran vida de Perico Vidal, de Marcos Ordóñez
Pedro Vidal, más conocido por Perico, Toto o mister V, murió mientras dormía, víctima de un cáncer, el domingo 5 de diciembre de 2010, en Madrid, a los 84 años. Al día siguiente fue incinerado en el cementerio de Pozuelo de Alarcón.
Yo le había conocido siete años antes, cuando preparaba las entrevistas para el libro Beberse la vida. Ava Gardner en España, que publicó Aguilar en 2005.
Todo el mundo me hablaba de él.
"Deberías hablar con Perico Vidal."
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¿Quién era, qué había hecho Perico Vidal?
"Apunta", me dijo Enrique Herreros.
"Es el ayudante de dirección más importante que ha habido en España. Debutó con Welles en Mr. Arkadin, y trabajó con Mankiewicz en De repente el último verano, y con David Lean en Lawrence de Arabia, Doctor Zhivago y La hija de Ryan, para citarte solo algunas. Yo te cuento lo básico, el resto lo averiguas tú. En Zhivago se convirtió en uno de los imprescindibles de Lean. Perico era el único que conseguía hacer entrar en razón a Mitchum cuando rodaban La hija de Ryan en Irlanda. Cuando murió Lean, su viuda sentó a Perico a su lado durante el funeral, en la catedral de San Pablo."
"Apunta también: amigo de Sinatra. Esto es importante, porque le presentaba diciendo: "My friend Pedro, the man who saved my life in Spain". Sinatra en Hollywood y Christian Marquand en París fueron sus amigos del alma. Con lo que te puede contar Perico llenas dos libros."
[Libros del Asteroide]
martes, abril 14, 2015
Bar
Llegan con los hombros curtidos. Empiezan temprano, la mano fuerte que aprieta, la palmada en la espalda. Cómo estás campeón, ponme una copa. Todos tienen una historia que contar, todos tocaron la gloria con la punta de los dedos. Pero luego los hijos, la mala suerte y esa gente que no tiene palabra. Aquí se detienen a tomar fuerzas para subir a casa. Los más jóvenes aún confían en las oportunidades, el resto sobrelleva como puede los minutos de la basura.
Pablo García Casado, Fuera de campo
lunes, abril 13, 2015
Errores infalibles para (y por) el arte, de Neil Gaiman
Antes de colgar mi reseña de este libro en Playtime, os dejo con algunos extractos del texto de Neil Gaiman:
Cuando comienzas tienes que lidiar con los problemas del fracaso. Necesitas entereza, presencia de ánimo, para aprender que no todos los proyectos sobreviven. La vida freelance, la vida en el arte, es a veces la del náufrago que arroja al mar mensajes embotellados con la esperanza de que alguien encuentre uno, lo lea y meta en la botella algo que navegue hasta la orilla de su isla desierta: comprensión, un encargo, dinero o amor. Y deberás resignarte a la molestia de que quizás mandes cien mensajes antes de que te llegue la respuesta.
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Aún tenía la máquina de escribir y suficiente dinero para pagar dos meses de alquiler. Decidí que, a partir de entonces, haría cuanto estuviese en mi mano para no escribir sólo por dinero. Si el trabajo es una chapuza y el dinero nunca llega, te quedas sin nada; si el trabajo es satisfactorio, al menos te queda esa obra aunque no llegue el dinero.
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Observaba a mis colegas, a mis amigos, a la gente mayor que yo, y veía lo infelices que eran algunos. Me contaban que ya era imposible concebir un mundo donde pudiesen hacer lo que realmente deseaban porque debían ganar una cierta cantidad cada mes sólo para conservar lo que ya habían conseguido. No podían hacer las cosas que les importaban y que de verdad querían: esto me parece una tragedia tan lamentable como el fracaso.
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Recordad que, al margen de la disciplina elegida (ya seáis músicos, fotógrafos, pintores, dibujantes, escritores, bailarines o diseñadores), hagáis lo que hagáis, todos poseéis algo único: la capacidad para crear arte. Y, tanto en mi caso como en el de muchas personas que conozco, esto ha sido un salvavidas. El salvavidas por excelencia que te saca de las duras y te lleva a las maduras.
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Cuando sintáis (no es imposible) que camináis desnudos por la calle; que mostráis demasiado de vuestro corazón, de vuestra mente, de vuestro interior; que exponéis demasiado, ése es el momento en que seguramente habéis dado en el clavo.
[Malpaso Ediciones. Traducción de Bernardo Domínguez Reyes]
viernes, abril 10, 2015
Campanas de Etiopía. Los que viven conmigo. Cuaderno 1, de David González
En su infancia y primera juventud, Yuma había sido el mejor amigo del Hombre de la Cicatriz en el Ojo. En R., la empinada aldea en que ambos escucharon por vez primera los mugidos complacientes del ganado en la cuadra y los ladridos rabiosos de perros con aspecto lobuno atados, en corto, con cadenas, a las ruedas de las carretas, a la casería del Hombre de la Cicatriz en el Ojo se la conocía por el sobrenombre de Casa el Cuadrado y a la de Yuma por el de Casa Modesta. El Cuadrado se encontraba al final de la cuesta, donde, por fin, se rendía la caleya, y Modesta al principio, abajo del todo, cruzando una huerta. Todavía soltero, Yuma cruzó esa huerta, cruzó la carretera, cruzó la mar y empezó una nueva vida, que imaginaba próspera, más allá, mucho más allá, de donde soplan los vientos del Norte:
Yuma emigró a Cuba.
Casóse allí con una cubana de armas tomar, rememora mi madre: Una trigueña muy celosa que lu traía a mal traer, continúa la excelente memoria de mi madre: Como aquí, en la tierrina, había sido chófer en una lechería de V. y como en su tierra de adopción contaba con un tío suyo que tenía camiones, le compró uno, y ya iba camín del segundo, me explica, cuando entró Fidel, y Fidel, suspira mi madre, Fidel lo acaparó todo... O como dice la canción: Llegó el Comandante y mandó parar, o algo así.
[Del relato "Campanas de Etiopía"]
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Política
si en una familia de cuatro
no nos ponemos de acuerdo:
cómo confiar entonces
en que lo haga el mundo:
vuestra constitución es el código penal:
varlam shalámov:
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Ayer, 29 de septiembre de 2014, un puto lunes, fue mi cumpleaños. Medio siglo. Manuela, mi mujer, se fue temprano a un juicio en el que ella era la única acusada y en el que, y tendrás que disculparme, no voy a entrar ahora: sería muy largo de explicar y además me pone de muy pero que de muy mala hostia. Manuela, ya te digo, se fue temprano a un juicio en el que ella era la única acusada y ya, hasta aquí: no necesitas saber nada más. Después, las musas, digo yo que serían ellas, me dictaron al oído un poema jodidamente bueno, que yo solo tuve que escribir tal cuál. Entonces, las felicitaciones de los cojones: comentarios en mi cuaderno de bitácora, correos electrónicos, llamadas telefónicas, mensajes de texto, notas de audio, clips de vídeo, whatsapp... Hasta una tarjeta electrónica con una vela encendida, a la que solo pedí realidades menos amargas al soplar la llama y apagarla a la primera. Sin embargo,
ninguna noticia de la gente del suroeste. Esta falta de consideración y obediencia no estoy dispuesto a consentirla ni a perdonarla. ¿En qué hostias están pensando? ¿Cuál es su puto problema? ¿Cómo tienen esos huevos? No presentar sus respetos al Jefe de la Familia. No presentarme sus respetos les traerá consecuencias y represalias sobre las que he de pensar con calma. Ese capullo que nombré capitán gana mucho dinero para nosotros, pero con el tiempo, en un futuro, podría convertirse en un problema. En una molesta mosca cojonera. Qué hacer entonces, en ese caso, con sus alas…
[Del relato "Los soprano"]
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Lo que importa 3
no importa
la clase de vida
que tengas:
buena o mala
mejor o peor:
importa esto:
que la tengas:
la felicidad consiste en poder decir: mañana:
maurice dekobra:
[Editorial Origami]
Hoy, en Madrid
Presentación del libro Jim Jarmusch, de Carlos Tejeda e Hilario J. Rodríguez.
Programa:
20:00 horas: proyección de Dead Man (Jim Jarmusch).
22:30 horas: presentación del libro de Carlos Tejada, con coloquio y cervezas.
22:30 horas: presentación del libro de Carlos Tejada, con coloquio y cervezas.
Lugar: La Tirana Malas Artes (C/ Santa Lucía, 10 - Madrid).
miércoles, abril 08, 2015
Campanas de Etiopía: en León y en Valladolid
David González presentará su nuevo libro en León (jueves, 9 de abril)
y en Valladolid (viernes, 10 de abril).
Fuera de campo, de Pablo García Casado
CÓDIGO DE BARRA
solos o en compañía todos los príncipes se fueron
quedamos los de siempre los de otras veces los que ya
nos conocemos voy a ser breve te propongo
un lugar apartado mirar las últimas estrellas
tomar juntos el primer café con leche del domingo
nada más puedo ofrecerte sólo tengo lo que soy
además de un erre cinco con asientos abatibles
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PUZZLE
yo tengo una tristeza se llama desempleo
destruye corazones vacía los depósitos
despunta las flechas de ese arquero que corre por los bosques
y cierra las oficinas postales
yo tengo una tristeza de fábricas en ruina
……………………………………una tristeza
inútil como un puzzle como un mapa sin norte
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INTERIORES
La soledad de los programas nocturnos. Horas de azul parpadeando, hombres con cuchillos afilados, mujeres con dentadura postiza. El desorden del descanso fortuito, zapatillas perdidas, batas que guardan pequeñas monedas. Tazas, envases vacíos en la oscuridad, objetos huérfanos de nosotros. Huérfanos de ti, que te has acostado sin hablar del asunto. Hay que esperar, hoy tampoco han dicho nada.
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ALPINE
Apagas el motor, sales del coche, todo está oscuro. Un miedo antiguo te retiene en el arcén, junto a la luz que llega del interior del vehículo. Todo lo que importa está ahí dentro: la mujer que se protege del frío con tu abrigo, como queriendo retener el calor acumulado con los años. Esa mujer que ahora despierta y pregunta dónde estamos.
[Visor Libros]
lunes, abril 06, 2015
miércoles, abril 01, 2015
Una infancia, de Harry Crews
La próxima semana saldrá en Playtime mi reseña sobre estas memorias, que llevan por subtítulo Biografía de un lugar. Como es habitual, os adelanto unos fragmentos del libro:
Nos sentamos en un pequeño porche junto a un hombre que ya debía ser viejo cuando murió mi padre. Tenía los ojos fijos y enturbiados y la piel tan arrugada y plegada que daba la impresión de haber sido confeccionada para un hombre dos veces más grande que él. No tenía dientes y su boca estaba negra de tanto darle a la tableta de tabaco que mascaba mientras nos hablaba de pollos con una sola ala o una sola pata que merodeaban cojeando de un lado a otro por la granja que obtuvo mi padre con su primer contrato de aparcería.
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Entre un hombre y un animal que trabajan juntos desde el amanecer hasta la noche, un día sí y otro también, ha de existir amor. De lo contrario, ¿cómo podrían soportarlo?
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No mucha gente será capaz de entenderlo o de aceptarlo. Corrían tiempos duros en aquella parte del país y muchos hombres hicieron cosas de las que luego seguramente se avergonzarían y les causarían sufrimiento hasta el fin de sus días. Pero las hicieron a causa del hambre y la enfermedad, y por no poder soportar el lamentable espectáculo de ver morir a sus hijos por falta de un médico o de ver envejecer a sus mujeres antes de cumplir los treinta.
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Había sido jornalero toda su vida pero era formal hasta el punto de resultar incluso fino. Ni siquiera recuerdo su nombre de pila; todo el mundo le llamaba señor Willis. Era un hombre con un horario tan regular como el tictac de un reloj. Lo primero que hacía por la mañana era descolgar su sombrero del cabezal de la cama y encasquetárselo en la cabeza; lo último que hacía por la noche era quitárselo y volverlo a colgar en el cabezal. Si querías verle sin el sombrero puesto tenías que pillarle dormido. Algo que jamás nadie había logrado porque se despertaba con las gallinas.
Dormía con un pedacito de tabaco de mascar en la boca, más o menos del tamaño de la goma de un lápiz, pues afirmaba con total convicción que tal método libraba al estómago de la aparición de gusanos. Cuando se encasquetaba el sombrero escupía el tabaco con el que había estado durmiendo y lo reemplazaba con la mitad de una mascada de tabaco de la marca Day's Work que permanecía en su boca el resto del día, salvo en las comidas. Aunque había ocasiones en las que supuestamente se le olvidaba y comía con todo aquel tabaco abultándole como un tumor en la parte derecha de la boca.
[Acuarela & A. Machado. Traducción de Javier Lucini]
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