Hace 15 horas
jueves, junio 14, 2012
miércoles, junio 13, 2012
Los excluidos, de Elfriede Jelinek
Aún recuerdo cuando le dieron el Premio Nobel de
Literatura a Elfriede Jelinek. Hubo mofa al respecto porque nadie la conocía.
Puede ser que yo también me burlara de lo mismo, en aquel entonces. Luego el
tiempo fue pasando y, mientras a Jelinek la editaban y la reeditaban, siempre
me dije que debería leer alguno de sus libros. Compré hace tiempo Los
excluidos, principalmente porque transcurre en Viena (una de mis ciudades predilectas). Lo he leído y, a partir
de ahora, debería leer más obras de Jelinek. Su mirada libre de prejuicios y su
prosa que incide en la crueldad del hombre recuerda, a veces, a otras mujeres
de pluma afilada, como Herta Müller o Agota Kristof.
Las andanzas de cuatro adolescentes que están ya dejando
de serlo (dos chicos y dos chicas) le sirve a la autora para hablarnos del
sistema de valores que imperaba en la Austria de finales de los años 50, cuando
aún quedan viejas heridas y los vencidos (léase: el padre de dos de los
muchachos, antiguo miembro de las SS) han inculcado a sus hijos la misma
violencia y el mismo desprecio que les motivó a ellos mismos. Los muchachos
deciden atacar y atracar a la gente porque sí. Están desorientados aunque ellos
crean que van por el camino correcto. Además de esa puesta en tela de juicio,
Jelinek nos ofrece historias de amor no correspondido: a Anna le gusta Hans; a
Hans le gusta Sophie; a Rainer también le gusta Sophie; y Sophie juega con
ellos. La convivencia de dos de ellos con el padre nazi es bastante dura:
palizas a la madre, vejaciones, etc, tal y como muestra uno de los párrafos de
abajo. Hasta que llegamos a un desenlace brutal, en la línea de American Psycho. Jelinek mezcla, en este
libro, la voz narrativa con las voces y los pensamientos de sus personajes:
El padre de Hans
murió poco después de haberse liberado por el trabajo. Muchos trabajan durante
toda su vida y nunca llegan a ser libres. Poco tiempo antes, el padre de Hans
se convirtió en padre de Hans pero no tuvo mucho tiempo para disfrutarlo. En
realidad, todos los hombres, ya sean pobres o ricos, conocen pocos momentos de
felicidad. Son escasos pero intensos. Después de fuertes sufrimientos, el padre
de Hans muere aplastado por una roca de genuina piedra austríaca.
**
¡Puta, so puta, me
doy media vuelta y te falta tiempo para meterte en la cama con otro hombre! Ese
hombre es el tendero de abajo, al que vigilo. Pero mi paciencia tiene un
límite. ¡No, Otto!, yo no me acuesto con ningún otro hombre, solo contigo y
estoy muy satisfecha. Tú solo te desvives para los momentos que pasas en
compañía de ese impotente. ¡No!, yo no me desvivo para esos momentos, solo para
mis hijos y para darles una educación. ¡Lo ves!, lo estás reconociendo. ¿Qué es
lo que estoy reconociendo, Otto? De todos modos, te voy a dar una paliza para
que aprendas y no vuelvas a hacerlo nunca más, y en caso de que no sea cierto
igualmente te la voy a dar para que ni siquiera se te ocurra la idea. Pero si
yo no he hecho nada, por favor, no me pegues, Otto, ¡ay! Este fue el ¡ay! que
escucharon los hermanos.
**
Llorar solo puedo
hacerlo quien no está completamente endurecido.
[Traducción de Carmen Vázquez de Castro]
Que la vida iba en serio
Fue lo único
que me enseñó
mi padre
–una tarde
de invierno,
allí, de pie,
junto a su féretro–;
no hubo tiempo
para más.
Karmelo C. Iribarren, Seguro que esta historia te suena. Poesía completa (1985 – 2012)
que me enseñó
mi padre
–una tarde
de invierno,
allí, de pie,
junto a su féretro–;
no hubo tiempo
para más.
Karmelo C. Iribarren, Seguro que esta historia te suena. Poesía completa (1985 – 2012)
martes, junio 12, 2012
Antifuente, de Fco. Javier Pérez
El día que mi hermano murió, la puerta de casa sólo se
abrió dos veces. La segunda, para dejar entrar a una pareja de señores
trajeados que decían ser inspectores de policía. Papá había vuelto a fumar
aquella misma mañana, por eso encendió un cigarrillo con la brasa del anterior
antes de decirle a los dos hombres que tomasen asiento en el tresillo que
ocupaba toda una de las paredes del cuarto de estar, sentarse él en su butacón
e indicarme con un gesto que me fuese a mi cuarto. O que subiese a ver si mi
madre todavía seguía tirada en la cama de mi hermano, con la vista fija en
ninguna parte, buscando fantasmas en el estucado, y a ratos llorando como si
bajo la piel toda ella fuese un folio que la muerte de su hijo mayor hubiese
rasgado por la mitad. Pero yo no quería marcharme. Necesitaba saber qué había
pasado y sospechaba que sólo lo lograría si me inmiscuía en las conversaciones
de los mayores, especialmente en la conversación de mi padre con aquellos dos
representantes de la ley; y es que por aquel entonces se nos inculcaba a los
más pequeños que siempre, siempre, indefectiblemente, sin excepciones, se debía
decir la verdad a los representantes de la ley.
[Del relato “El día que mi hermano murió”]
Próximamente: La contabilidad privada de Christie Malry
De B. S. Johnson. En Libros del Silencio.
[Nota: B. S. Johnson es el autor de Los desafortunados,
que recomendé aquí]
lunes, junio 11, 2012
J. D. Salinger: Una vida oculta, de Kenneth Slawenski
Para mí Salinger es un autor de referencia, así que es
fácil imaginarse lo mucho que he disfrutado con esta biografía (de la que se
echa en falta un álbum fotográfico, aunque tiene sentido que no lo incluyan,
dada la naturaleza huraña y huidiza de JDS). He releído toda su obra, en el
caso de El guardián entre el centeno,
varias veces (y he comprado tres ediciones distintas: la mejor de todas es la
edición revisada de 2006, en la que la jerga de Holden se actualiza y se adapta
a estos tiempos).
Leyendo este libro he llegado a comprender a Salinger.
Ésta era una de las razones por las que necesitaba leerlo. Uno llega a
comprender a Salinger, y a compartir algunas de sus decisiones (sólo algunas,
no todas: es cierto que se pasó de huraño y huidizo). Digámoslo claro: durante
años le tocaron tanto las pelotas (rechazando una y otra vez los relatos que
enviaba a la prensa; cambiando aspectos de cada edición de sus libros; exigiendo
ciertas cosas con las que pocos autores estarían de acuerdo; insistiendo en que
metiera fotos suyas y una biografía en las cubiertas, hasta que llegó a odiar
todo eso y decidió prohibirlo en cualquier edición de cualquier país; atacando
algunos de sus textos en las críticas; etcétera) que se comprende que se
volviera así. Un día dijo Basta, metafóricamente hablando. También fue culpable
la excesiva fama. De ser alguien apenas conocido pasó a ser una celebridad. Y
los escritores necesitan silencio, tranquilidad, anonimato… Ser una especie de
rock star cuando eres escritor tiene que ser un coñazo. Salinger escapó de todo
eso. Y al volverse esquivo, acrecentó su leyenda.
Esta biografía se lee como una novela, pese al clásico
inicio un poco plomizo en el que cuentan la historia de sus antepasados. Dejo
unos cuantos extractos reveladores:
Después de trabajar
en la novela durante un año, en otoño de 1950 Salinger terminó El guardián
entre el centeno. El logro constituyó una
catarsis para el autor. Había escrito una confesión, una expiación, una oración
y una iluminación, contenidas en una voz tan única que iba a alterar la cultura
estadounidense. Más que una colección de reminiscencias o un cuento de angst
adolescente, la novela significaba una renovación de la vida de Salinger.
Holden Caulfield y las páginas que contenían el personaje habían sido los
compañeros del autor durante casi toda su vida adulta. Esas páginas eran tan
preciosas para Salinger que las había llevado encima durante toda la guerra. En
1944, le confesó a Whit Burnett que necesitaba llevarlas consigo para que le
prestaran apoyo e inspiración. Las páginas de El guardián entre el centeno habían saltado a la playa de Normandía,
habían desfilado por las calles de París, habían estado presentes en la muerte
de incontables soldados en incontables lugares y habían recorrido los campos de
exterminio de la Alemania nazi.
**
Les recordó que las
palabras eran una cita equivocada de Robert Burns, y que su significado se
revelaba en el libro. Salinger hizo hincapié en el significado del error en la
cita de Holden; un error que, sin embargo, lectores y estudiosos suelen
ignorar. Al reemplazar “Si un cuerpo encuentra a otro cuerpo” por “Si un cuerpo
agarra a otro cuerpo”, Holden cambia el significado del poema. “Agarrar” a
niños que van a caer en los peligros de la edad adulta es intervenir mediante
el rescate, la prevención y la prohibición; pero “encontrar” es apoyar y
compartir, lo cual implica comunicación. En este sentido, todo el viaje de
Holden consiste en el descubrimiento del error que ha cometido al citar mal a
Burns. Su lucha sólo termina cuando reconoce la diferencia entre “agarrar” y
“encontrar”. Este reconocimiento constituye una epifanía.
**
A partir de 1970,
Salinger, con el apoyo incondicional de Dorothy Olding, se dedicó a destruir
cualquier atisbo de información personal pasada o presente. Pero la obsesión
del escritor por su privacidad tuvo el efecto contrario. En lugar de
desaparecer de la opinión pública, se hizo aún más famoso por su
distanciamiento. Fuera o no intencionado, cada acto que realizaba para
apartarse de la mirada pública sólo servía para aumentar su leyenda.
**
Hay una paz
maravillosa en no publicar -dijo-. Es tranquilo, sereno. Publicar es una
terrible invasión de mi intimidad. Me gusta escribir; amo la escritura. Pero
escribo sólo para mí y para mi propio placer.
**
Hay algo en la
naturaleza humana que nos empuja a derribar los ídolos que nosotros mismos
creamos. Nos empeñamos en ensalzar más allá de la realidad de sus virtudes a
aquellos a los que admiramos y después, como resentidos por las alturas a las
que los hemos empujado, creemos necesario echarlos abajo.
[Traducción de Jesús de Cos]
El futuro
El futuro es vuestro,
chavales,
decían,
como quien te dice
que te ha tocado algo.
¡El futuro!
……………Menudo
fraude:
………letras y letras
y más letras de Banco,
o la puta calle.
Karmelo C. Iribarren, Seguro que esta historia te suena. Poesía completa (1985 – 2012)
chavales,
decían,
como quien te dice
que te ha tocado algo.
¡El futuro!
……………Menudo
fraude:
………letras y letras
y más letras de Banco,
o la puta calle.
Karmelo C. Iribarren, Seguro que esta historia te suena. Poesía completa (1985 – 2012)
viernes, junio 08, 2012
Monólogo de un canalla: 10 años
Se cumplen ahora 10 años desde la aparición de uno
de mis primeros libros: Monólogo de un
canalla. Lo publicó una editorial de Barcelona y, desde el mismo proceso de
la aceptación del manuscrito, me topé con una serie de problemas y decepciones que
aprovecho para contar hoy.
La primera decepción la ocasionó el retraso en la
salida de la imprenta. Y sospecho que no fue culpa de los impresores, sino de
los editores. Recuerdo que, una vez fijaron una fecha en la que el libro
estaría disponible, organicé una presentación del mismo en el salón de actos de
la Biblioteca Pública de Zamora. Juan Manuel de Prada, con quien por aquel
entonces contactaba a menudo, iba a ser el presentador. Él ya vivía en Madrid y
lo tuvo difícil para encontrar una fecha libre para desplazarse a Zamora. Pero la
encontró. Se imprimieron unas cuantas tarjetas de invitación. Apenas unos días
antes del evento, uno de los editores me llamó para decirme que iban con
retraso y que la novela no saldría de imprenta a tiempo. Al final cancelamos la
presentación con Juan Manuel porque no le quedaban fechas libres y acordamos
que lo haríamos en Madrid.
La segunda decepción fue más grave. Más dolorosa. Me
llamaron para decir que, por algún error de imprenta, faltaban las tres
primeras páginas de mi libro en los ejemplares. Esto es: la dedicatoria, la definición
de “canalla” y las citas oportunas. Para subsanar por encima el error y
contentarme, hicieron algo efectivo pero cutre: en la mitad de los ejemplares (eso
dijeron ellos…) pegaron una página que contenía las palabras perdidas (citas,
dedicatoria, definición). Sí, has leído bien: pegaron la página de algún modo.
Siempre pensé en la cantidad de lectores que comprarían el libro sin esa
página. El libro amputado. O el libro (mal) reconstruido.
La siguiente decepción la conocen ya un montón de
escritores de este país: estaba mal distribuido. Para quienes vivían fuera de
Zamora (o de Barcelona, cuna de la editorial), era casi imposible encontrar
ejemplares.
La cuarta decepción. El editor trataba de organizar
una presentación en Madrid (la de Zamora la hice, finalmente, en la Feria del
Libro de mi ciudad, sin ayuda de los editores, y con Rufi Velázquez, directora
de la Biblioteca Municipal como maestra de ceremonias). Tras varios días de
marear la perdiz, y con alguna excusa que no recuerdo, me dejaron colgado. A
última hora, y gracias a Nacho Fernández, de Literaturas.com, organizamos una
presentación apresurada en la que contamos con Juan Manuel de Prada. Fue en un
garito próximo a la Calle de la Madera.
La quinta decepción ya la habrás adivinado. Como no
había ejemplares por Madrid y los editores no enviaron una caja a dicha ciudad,
tuve que depositar unos cuantos en una mochila (me los cedió Luis González, de
la Librería Semuret) y cargar con ella desde Zamora: el viaje de ida y vuelta
en autobús, los paseos por Madrid, etcétera. Por supuesto, a mi cargo quedaron
todos los gastos.
La sexta decepción. Aunque al acto acudieron
bastantes amigos y conocidos, creo que sólo vendí un par de ejemplares. Y me
tocó volver como había venido: cargado de libros.
Y la séptima (aunque igual se me olvida alguna)
decepción: las erratas de imprenta y los consabidos duendecillos. También, lo
reconozco, hubo algunos errores de mi cosecha en el texto.
Pero Monólogo
de un canalla también me deparó algunas alegrías: en Zamora se vendió muy
bien, lo que significa que tuvo bastantes lectores; el libro solía prestarse
entre amigos, y eso, aunque reste ventas, siempre es motivo de satisfacción;
algunas personas me dijeron que era mi mejor obra, y otras lo mantienen hasta
la fecha (aunque no estoy de acuerdo); algunos lectores me recuerdan aún por
esa novela; hubo unas cuantas recensiones en prensa y en revistas digitales, de
las que me quedo con la que escribió Alejandro Pérez Prat, de Literaturas.
Diez años después los editores de Nowtilus han querido
reeditarlo en digital (ebook y todo eso), con opción a impresión en papel bajo
demanda., dentro de su nuevo sello, Tombooktu. Aparte de esa segunda opción,
decidieron imprimir 100 ejemplares para tenerlos en la Feria del Libro de
Madrid. Dado que parece ser un libro maldito, al salir de imprenta los editores
no estuvieron conformes: el cuerpo de letra del texto es muy pequeño y apenas
tiene márgenes. Esa edición será descartada en beneficio de otra que saldrá en
breve y que contará con otra maquetación, con la letra más grande y márgenes en
condiciones. Yo os aconsejo que lo pilléis en digital, si no lo habéis leído. Sobre
todo por el precio: en torno a 3 euros.
Monólogo
de un canalla, así, se adapta a los nuevos tiempos.
Al soporte digital. Y en una edición en la que, por fin, aparecen las tres
páginas que amputaron, limpia de erratas y de errores. Es la oportunidad para
hacerse con un libro que sufrí mucho escribiendo (no es un tópico: meterse en
la mente de un psicópata y narrar desde ahí acaba fatigando; es más: hubo un
punto en el que odié la novela porque odiaba al protagonista). Desde aquí
agradezco a los editores de Nowtilus la idea y el esfuerzo: con ellos todo ha ido como la seda. Abajo, algunos
enlaces y la cubierta original:
Nadar en agua helada, de Recaredo Varedas
Visita a los muertos
más antiguos y queridos. Háblales con sosiego, sin desvelar los hechos. Tramita
una despedida breve, aunque cordial, que permita la esperanza del regreso.
**
Nunca distinguimos
el rostro de los adversarios. Sabemos que embozan sus mejillas con telas negras
y elaboran estrategias incruentas, modificadas por el hastío. Los diarios
explican la extrañeza de su dieta y los principios de su lenguaje. Recitan
salmodias vertebradas en una sola palabra, repetida hasta la consumación de los
signos. No han vencido pero marcarán el trazo de las nuevas avenidas.
**
Bajo las tablas he
hallado una camisa de cuello duro, un reloj blanco con manillas de alambre,
pequeñas lámparas y retratos de hombres ausentes. Los días de lluvia me escondo
en los almacenes. Junto a las balizas, en un cuenco de arcilla, bebo caldo de
huesos. Las manillas del reloj bajo su esfera manchada. Pronto soñaré con
tierras baldías.
Benidorm, hotel
A las tres de la madrugada,
fumando y recordando a una mujer
con la que he intercambiado
–hace sólo unas horas–
una mirada no tan rápida en el ascensor,
suficiente para saber
lo que pensábamos los dos,
suficiente también para dejarlo pasar.
Ahora ella duerme a tres puertas
de aquí, mañana dejaré
de verla para siempre, pero sé
que cualquier noche de invierno
volverá. Sí, no sería la primera vez
que me sucede. Vuelven
y me dicen que me equivoqué.
Karmelo C. Iribarren, Seguro que esta historia te suena. Poesía completa (1985 – 2012)
fumando y recordando a una mujer
con la que he intercambiado
–hace sólo unas horas–
una mirada no tan rápida en el ascensor,
suficiente para saber
lo que pensábamos los dos,
suficiente también para dejarlo pasar.
Ahora ella duerme a tres puertas
de aquí, mañana dejaré
de verla para siempre, pero sé
que cualquier noche de invierno
volverá. Sí, no sería la primera vez
que me sucede. Vuelven
y me dicen que me equivoqué.
Karmelo C. Iribarren, Seguro que esta historia te suena. Poesía completa (1985 – 2012)
jueves, junio 07, 2012
Cómo llegué a conocer a los peces, de Ota Pavel
Tan interesantes como los libros del catálogo de Sajalín
son las vidas de sus autores. Por ejemplo la del checo Ota Pavel, nacido en
Praga en 1930, al que yo no conocía. Fue un auténtico amante de la pesca,
alguien que sería separado de los suyos (excepto de su madre) cuando comenzó la
Segunda Guerra Mundial. Sus hermanos fueron a parar a los campos de
concentración, aunque sobrevivieron. Con el tiempo, Pavel se hizo periodista
deportivo, como en la novela de Richard Ford. Pero su pasión fueron las aguas,
la actividad de la pesca, como apunta en uno de los relatos del libro:
Cuando estoy de
pesca no soporto a nadie. Quiero estar a solas con el río. Me irrita una simple
pisada, me indigna el habla humana. Es como si no tuvieran cabida en la
naturaleza. La gente, estando en plena naturaleza, a menudo cotorrea acerca de
minucias y estupideces, mientras que la naturaleza te habla, con su lenguaje
directo y claro, tan solo de la belleza, del amor, del odio, del sustento, de
la muerte. Es como si se hubiera descartado de la naturaleza todo lo superfluo.
Un día algo se le quebró en la cabeza. No fue un día
cualquiera: estaba cubriendo los Juegos Olímpicos de Innsbruck. Le
diagnosticaron un trastorno bipolar. Después de aquello, en períodos estables,
alumbró este libro que ahora edita Sajalín: una serie de relatos
autobiográficos en los que demuestra su sentido del humor, su pasión por la
pesca y, especialmente, un lirismo acentuado en la descripción de paisajes,
estados de ánimo y fragmentos de memoria. Sus páginas me han hecho evocar esa
gran novela (también de corte autobiográfico) titulada El río de la vida, que he leído un par de veces. Sólo que aquí
predominan el humor checo y esa rara visión de las cosas que tienen los
habitantes de Praga.
El epílogo estremece. Tras las páginas llenas de belleza
que conforman los relatos, Pavel admite lo siguiente:
Lo peor llega
cuando, con ayuda de los medicamentos, te conducen al estado en el que eres
consciente de estar loco. Los ojos se te inundan de tristeza y ya sabes que no
eres Cristo, sino un pobre diablo que ha perdido el juicio, que es lo que hace
hombre al hombre. Te ponen entre unas rejas algo mejoradas, a pesar de no haber
asesinado ni herido a nadie. No se te ha sometido a juicio y, sin embargo, has
sido sentenciado. La gente, afuera, continúa con su vida y tú comienzas a
envidiarlos.
Pero también concluye con una palabra que simboliza todos
sus esfuerzos: libertad. Y escribe:
La pesca es, antes
que nada, libertad. Caminar kilómetros y kilómetros en busca de truchas, beber
agua de las fuentes, estar a solas y libre al menos durante una hora, unos
días, o hasta semanas y meses. Liberado de la televisión, de los periódicos, de
la radio y la civilización.
[Traducción de Patricia Gonzalo de Jesús]
Primer cartel de Flight
Robert Zemeckis se olvida, al menos temporalmente, de la animación y vuelve a dirigir una película como las que consolidaron su carrera. Protagoniza Denzel Washington.
miércoles, junio 06, 2012
No guardo sentimientos de nostalgia. 45 cartas de kamikazes, de Varios Autores. Edición de Íñigo Guzmán Gárate
No sabía nada de esta editorial ni he encontrado rastros
en internet: su web está en construcción. Pero vi este libro en La Central y,
con ese título, tenía que comprarlo. Como su título indica, estamos ante la
traducción de las cartas de 45 hombres, de 45 soldados kamikazes que
combatieron (y murieron) en la Segunda Guerra Mundial. Lo que más me ha gustado
es comprobar la lucidez con la que muchachos de apenas 20 años se preparaban
para enfrentarse a su deceso. Lo que más me ha sorprendido es que la mayoría
admite que va a morir porque “le obligan” a ello. Siempre pensé que los
kamikazes japos estaban locos y estas misivas lo desmienten: los reclutaron,
les pusieron el uniforme y les dijeron que servir a su país incluía inmolarse.
Algunos sólo cuentan historias de los barracones. Otros añoran a los seres
queridos. Pero unos cuantos, como digo, se plantean su lugar en la guerra, lo
funesto de su destino y la proximidad de la muerte. Unos ejemplos:
Hiroo Kikuyama:
¿Por qué diablos me
alzo en armas al servicio del Emperador? ¿Lo hago por razones ideológicas
enraizadas en la tierra patria, o esclavo del incondicional amor que siento
hacia mis padres? ¿O acaso por la belleza, pura y natural, de las montañas y
ríos del Japón que siempre han sido mi furusato (tierra natal)? ¿Estoy dispuesto a luchar por todas estas cosas, o
sólo por algunas de ellas? En cualquier caso, no he conseguido, al menos de
momento, responder a la pregunta de por qué debería arriesgar mi vida.
**
Takenori Nakao:
La muerte, no
obstante, no sólo existe en el campo de batalla. Cada hora y cada segundo son
muerte. Si vemos las cosas de esta forma, entonces no hace falta ninguna
determinación extraordinaria para enfrentarse a la muerte.
**
Akio Otsuka:
Te digo abiertamente
que no voy al encuentro de la muerte porque quiera. No moriré despreocupado, ni
con un corazón sosegado, ajeno a las tribulaciones que me acechan. Estoy muy
inquieto por el futuro de la nación. Más me preocupa, sin embargo, lo que pueda
ocurrirles a mi padre, a mi madre, a ti y a nuestras hijas. Padezco tanta
ansiedad que apenas puedo soportarla. Si la noticia de mi muerte quiebra
vuestra paz interior y alguno de vosotros tomara un rumbo equivocado, ¿de qué
habría servido mi sacrificio?
[…]
Todo lo que hoy haga
lo estaré haciendo por última vez en mi vida.
**
Kiyoshi Sekiguchi:
Cuanto más dolorosa
es mi existencia, mayor es mi deseo de vivir. A medida que la fortuna me es más
y más adversa, mi necesidad por aferrarme a la vida se acrecienta.
**
Hisao Kimura:
Queridos padre y
madre, por favor, no lloréis tampoco vosotros. Tan sólo pensad que he sido lo
bastante afortunado como para vivir lo suficiente. Esto es también lo que yo
deseo pensar y cómo quiero afrontar la muerte.
[Traducción de Íñigo Guzmán Gárate]
Cartel y trailer de The Girl from the Naked Eye
Tiene pinta de ser una película malísima.
Pero sale Sasha Grey, y es la excusa para colgar el afiche y el link al trailer.
martes, junio 05, 2012
Dura la lluvia que cae, de Don Carpenter
Había cosas peores
que estar sin blanca, pero en ese momento a Jack Levitt no se le ocurría
ninguna. Estaba plantado en la Cuarta Avenida, en el centro de Portland,
mirando el escaparate de una tienda de objetos de broma, con las manos en los
bolsillos y sus poderosos hombros inclinados hacia delante. Le llamaron la
atención dos cosas. La primera era un charco de vómito de plástico, no muy
convincente, de color amarillo bilis y con restos de comida saliendo de la
superficie; la segunda era una mierda de perro de lo más realista hecha,
probablemente, de yeso pintado de color marrón. Alguien hacía esas cosas con la
intención de venderlas. En algún lugar había una fábrica cuyos trabajadores
cobraban por su labor. Ojalá a Jack se le ocurriera algo así con lo que poder
ganar dinero. Pero era consciente de que no tenía ni la imaginación ni la
energía necesarias para un trabajo basado en el ingenio. Se sonrió ante la
evidencia. Cuando estás sin blanca, te vienen a la cabeza las ideas más
desquiciadas para ganar dinero.
Así comienza esta novela, un título de culto en Estados
Unidos, y que por fin se traduce en España (el libro fue escrito en los años
60), y que incorpora un prólogo de George Pelecanos, y que retrata el mundo del
crimen de baja estofa, de los billares americanos y de las prisiones con
indudable maestría, a través de la historia de dos amigos, un blanco y un negro
que llegan a hacerse amantes en la cárcel por pura necesidad de satisfacer sus
apetitos. A Jonathan Lethem le apasiona este libro y se nota porque su
magnífica novela La Fortaleza de la
Soledad no difiere mucho de la obra de Carpenter. Es cierto que, en algunos
pasajes, recuerda a las novelas de Walter Tevis (El buscavidas y El color del
dinero). Y que está narrada (como ya hemos dicho varias veces en este blog)
con ese pulso propio de los narradores norteamericanos: contar una vida vulgar
como si fuese la épica historia de un héroe griego. Con esa naturalidad.
[Traducción de Ramón de España]
Trailer de Collaborator
Con Martin Donovan, David Morse y Olivia Williams. Dirige Martin Donovan, uno de los actores fetiche de Hal Hartley. Aquí.
lunes, junio 04, 2012
Todos te quieren cuando estás muerto, de Neil Strauss
Este es un libro de entrevistas para disfrutar de
principio a fin. Es como beberse un refresco con burbujas en un día de calor.
Neil Strauss recopila sus entrevistas breves, muy breves, pero lo suficiente
amplias para que, en pocas líneas, sea evidente la identidad (la auténtica
identidad, no su rostro ante la galería) del retratado. Además, y para que todo
sea más ameno y más acorde con estos tiempos de fragmentación, las entrevistas
van cortadas y dispersas por el libro a modo de “escenas”. Es como si las
hubiera troceado y luego las hubiera barajado, casi en plan cut-up. No sólo es
interesante lo que dicen los entrevistados, también te ríes mucho con la
mordacidad de Strauss (quien ayudó a Jenna Jameson a escribir ese libro que no
me canso de recomendar: Cómo hacer el
amor igual que una estrella del porno). Unos ejemplos:
Sobre Kenny G:
Como ellos, toca lo
que siente. Y quizá si todo el mundo fuera tan amable, simpático y humilde como
Jenny G, el mundo sería un lugar mejor. Aunque la radio sería una mierda.
**
En una nota al pie:
Ozzy Osburne sobre
su dependencia del alcohol, de una conferencia de prensa en su casa: “Te diré
qué problema tengo con la bebida: que solo tengo una boca”.
**
Sobre Pink:
He aquí una simple
ley de la física del pop: una entrevista con Pink es tan buena como el número
de botellas de Corona light que beba.
La nómina es asombrosa, y copio unas palabras de la
editorial para hacerse una idea: Más de
100 famosos entrevistados en el libro, destacan: Madonna, Johnny Cash, Britney
Spears, Ben Stiller, Bruce Springsteen, Lady Gaga, Christina Aguilera, PJ
Harvey, Led Zeppelin, Jerry Lee Lewis, Brian Wilson, The Who, Oasis, Ringo Starr,
Paul McCartney, Eric Clapton, Pink Floyd, Marilyn Manson, Patti Smith, Courtney
Love, Orlando Bloom, Mike Tyson, Tom Cruise, Hugh Hefner, Prince, Jackie Chan,
Cher, Justin Timberlake, Neil Young, Radiohead, R.E.M., Paris Hilton, U2,
Leonard Cohen y un larguísimo etc.
Por cierto: la entrevista que le hizo a Paris Hilton es ya
mítica. A la pregunta de si trabaja, ella responde que está pensando en hacer
un posado para Playboy. Y copio dos respuestas de Lionel Richie, quien pasó por
un período bastante amargo de pérdidas:
¿Has pensado en plasmar esas experiencias en
un libro?
RICHIE: Lo que sí he decidido es escribir sobre lo que experimenté durante la
ascensión a la cumbre y lo que me encontré cuando llegué a ella. ¿Sabes qué me
encontré?
No. No lo sé.
RICHIE: Nada. Nada de nada. Lo que había en la cumbre eran todas las experiencias
vividas hasta llegar a ella.
[Traducción de Mercedes Vaquero y Simon Saito]
domingo, junio 03, 2012
Erasmus, Orgasmus y otros problemas, de Carlo Padial
No se puede negar, sin embargo, que el universitario
español sabe divertirse. Menudas carcajadas. Lo mejor del estudiante español es
sin duda su simpatía y desparpajo. La cerveza brota de cualquier parte en esta
facultad, incluso de entre las juntas de bloques de hormigón que componen el
campus y las diferentes facultades. ¡Y qué buenas cervecerías lo entierran a
uno! En el entorno universitario contemporáneo, las afinidades
electivas se reducen a tres: Moritz, Heineken o
Estrella-Damm. Luego, sexo y chocolate.
viernes, junio 01, 2012
Sábado, 2 de junio. Feria del Libro de Madrid
Este sábado, de 12:00 a 14:00 horas, estaré en la caseta 286 de la Feria del Libro de Madrid. Por si alguien quiere que le firme ejemplares de Vivir y morir en Lavapiés, publicada por Ediciones Escalera, que ocupa media caseta. Porque la otra media le corresponde a Baile del Sol, quien me publicó Recuerdos de un cine de barrio, que aún está disponible, como pude ver ayer mismo en un paseo que me di por el Retiro.
¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? [Nueva traducción], de Philip K. Dick
Cojamos el inicio de la antigua traducción de esta novela,
que hasta ahora era la única que conocíamos:
Una alegre y suave
oleada eléctrica silbada por el despertador automático del órgano de ánimos que
tenía junto a la cama despertó a Rick Deckard. Sorprendido –siempre le
sorprendía encontrarse despierto sin aviso previo– emergió de la cama, se puso
en pie con su pijama multicolor, y se desperezó. En el lecho, su esposa Iran
abrió sus ojos grises nada alegres, parpadeó, gimió y volvió a cerrarlos.
Ahora copiemos el inicio de la nueva traducción que, por
fin, ofrece Edhasa:
Una deliciosa y
sutil descarga eléctrica, activada por la alarma automática del climatizador
del ánimo, situado junto a la cama, despertó a Rick Deckard. Sorprendido,
porque nunca dejaba de sorprenderle eso de despertarse sin previo aviso, se
levantó de la cama y se desperezó, vestido con el pijama de colores. En la
cama, su esposa Iran abrió los ojos grises, apagados; al pestañeo siguió un
gruñido, y cerró de nuevo los párpados.
No es necesario señalar cuál de las dos tiene más fluidez.
Una nueva traducción era necesaria porque la anterior se había quedado obsoleta
y era demasiado rígida. Leí hace muchos años este libro, en una edición
rudimentaria de kiosco, con esa traducción, y no me entusiasmó. Luego leí en
foros que la traducción no estaba a la altura, y después la reeditaron. Así que
es una relectura. Y el libro me ha gustado mucho más en esta ocasión, aun
admitiendo que se trata de una de las novelas más extrañas de su autor, y que
prefiero la película que inspiró. El fanático de Blade Runner puede sentirse decepcionado porque casi son más las
diferencias que las similitudes entre el libro y la película. Pero la base está
ahí: los nombres de algunos personajes (Deckard, Batty, Pris…), el oficio de
retirar o jubilar o asesinar androides (o replicantes o andys), el test de
Voigt-Kampff… También desaparecen las dudas: en el libro es evidente que Rachel
no es humana. Y ambos, libro y película, comparten el mismo dolor sobre el destino
de los androides o replicantes: una vida breve y condenada desde el principio,
como metáfora del hombre y su destino de mortal, el hombre que siempre querrá
preguntarle a su creador por qué. Por qué es finito. Os recomiendo releerla si
ya la conocíais. O leerla por primera vez si nunca os ha dado por abrirla.
[Traducción de Miguel Antón]
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