Hace 8 horas
viernes, enero 20, 2012
jueves, enero 19, 2012
Retrato de la madre de joven, de Friedrich Christian Delius
F. C. Delius, de quien Sajalín Editores publicara el magnífico libro El paseo de Rostock a Siracusa, realiza en 100 páginas el retrato de una mujer alemana, probablemente su madre, embarazada de 8 meses, mientras pasea por la Roma de 1943 (ciudad y año en los que nació el autor). En la narración se unifican sus preocupaciones (la guerra, el estado de la ciudad, la emigración, el alejamiento de su marido enviado a luchar en África…) con la descripción de su vida y de su pasado (y también de esa Roma encantadora, llena de plazas y fuentes que recorre de camino a la iglesia). La técnica utilizada por Delius logra que uno se lea la novela de una sentada: no hay puntos, pero la narración está separada en párrafos cortos, logrando un ritmo rápido y fluido.
[Traducción de Lidia Álvarez Grifoll]
Vuelve Borraska
El mítico fanzine digital de Patxi Irurzun vuelve a la red con un especial titulado La vida A. G. (Antes de Google), con un montón de colaboradores, entre los que me cuento. Pincha en Borraska.
Cartel de The Big Wedding
Con Robert De Niro, Susan Sarandon, Diane Keaton, Katherine Heigl, Amanda Seyfried, Robin Williams, Ben Barnes y Topher Grace.
miércoles, enero 18, 2012
Tiempo de vida, de Marcos Giralt Torrente
[…] recuerdo la primera vez que no se levanta hasta el mediodía; recuerdo una mañana en la que, al bajar del piso en el que mi mujer y yo dormimos, lo encuentro tirado en el suelo del baño; incapaz de incorporarse; recuerdo su mirada de mudo acuerdo cuando le digo que a partir de entonces dormiré en el mismo piso que él, en un colchón sobre el suelo; recuerdo las noches en las que, si necesita ir al baño, toca para alertarme una campana y le asisto en su frágil caminar; recuerdo su atención extrema cada vez que le digo algo relacionado con su estado […]
**
Se necesitan muchos días sin oír al teléfono la voz de una persona para acostumbrarnos a su ausencia; se necesitan muchos días reprimiendo el impulso de llamarla para acostumbrarnos a que ya no contestará, se necesitan muchos días guardándonos comentarios que sólo a ella haríamos para acostumbrarnos a que en adelante será así, se necesitan muchos días preguntándonos qué diría de algo sobre lo que, sabemos, tendría una opinión más certera que la nuestra para acostumbrarnos a que a partir de ahora deberá bastarnos con nuestro criterio, se necesitan muchos días mirando sus fotos para acostumbrarnos a que son las fotos de un muerto, se necesitan muchos días contemplando lo que nos legó para acostumbrarnos a que ya no es suyo sino nuestro, se necesitan muchos días haciendo recuento de vivencias comunes para acostumbrarnos a que jamás se repetirán, a que sólo nos queda la memoria. Una memoria, además, que no permanece inalterada.
martes, enero 17, 2012
The Girl with the Dragon Tattoo (Los hombres que no amaban a las mujeres)
Ya he dicho por ahí que el cine de David Fincher me entusiasma, incluso aunque se trate de películas menores (La habitación del pánico) o denostadas por todo el mundo (Alien 3, por la que siento una especial debilidad: y siempre he sostenido que le da cien vueltas a la de James Cameron). La historia de Stieg Larsson no me interesaba lo más mínimo, hasta que le encargaron el proyecto a Fincher. Sí me interesó La voz y la furia, el libro de Larsson donde se recogen sus artículos y reportajes, casi todos de denuncia, y, por lo que veo, sus pesquisas periodísticas formaron el nudo de sus obsesiones, canalizado mediante la ficción en la trilogía Millenium: el maltrato a las mujeres, las violaciones, el resurgir del nazismo, las viejas huellas nacionasocialistas…
Con The Girl with the Dragon Tattoo (me parece ridículo el título español: Los hombres que no amaban a las mujeres...) ha construido una sólida película de seres "atrapados por su pasado" en la que todo funciona con la perfección del mecanismo de un reloj: el guión, la música, la fotografía, la planificación, el montaje… Pero, sobre todo, las interpretaciones. A un más que correcto y eficaz Daniel Craig se suma el gran hallazgo de Fincher (que, sí, ya aparecía en La red social, pero en un papel menos jugoso y secundario): Rooney Mara. La Lisbeth Salander que ella recrea se convertirá en un icono del cine como lo fue el Tyler Durden de Brad Pitt. Mara logra que comulguemos con un personaje en continua contradicción consigo mismo: una hacker agresiva y vulnerable, tierna y peligrosa, inteligente y retorcida… Fincher vuelve a demostrar por enésima vez su talento para reflejar ambientes turbios, malsanos, plenos de tensión: véanse las escenas que transcurren con el tipo que sustituye a su tutor o las secuencias en las que los personajes son “cazados”. Sólo un tipo como Fincher puede rodar de ese modo la última escena, esos planos que embargan de desolación al espectador. En su película se unifican las investigaciones a la antigua usanza (es decir, el pasado: las búsquedas del periodista) con las investigaciones propias de estos tiempos (Salander y sus rastreos por la red y su uso de las nuevas tecnologías). Lo dice Héctor G. Barnés en su magnífico análisis para Dirigido Por: Pocos directores en activo son capaces de hacer que sus películas latan al ritmo que imponen los cambios sociales como el autor de The Game.
Sólo cabría reprocharle que, sin embargo, el resultado final no sea tan redondo como en Zodiac, que considero superior, y una de sus obras maestras (las otras serían Seven y El club de la lucha; y, un peldaño más abajo, La red social, The Game y El curioso caso de Benjamin Button). Tal vez porque, en Zodiac, el enemigo, el asesino, siempre era invisible, por así decirlo, y la obsesión consumía a sus personajes hasta un punto enfermizo. Pese a ello, ya estoy deseando que salga en dvd para comprármela.
Con The Girl with the Dragon Tattoo (me parece ridículo el título español: Los hombres que no amaban a las mujeres...) ha construido una sólida película de seres "atrapados por su pasado" en la que todo funciona con la perfección del mecanismo de un reloj: el guión, la música, la fotografía, la planificación, el montaje… Pero, sobre todo, las interpretaciones. A un más que correcto y eficaz Daniel Craig se suma el gran hallazgo de Fincher (que, sí, ya aparecía en La red social, pero en un papel menos jugoso y secundario): Rooney Mara. La Lisbeth Salander que ella recrea se convertirá en un icono del cine como lo fue el Tyler Durden de Brad Pitt. Mara logra que comulguemos con un personaje en continua contradicción consigo mismo: una hacker agresiva y vulnerable, tierna y peligrosa, inteligente y retorcida… Fincher vuelve a demostrar por enésima vez su talento para reflejar ambientes turbios, malsanos, plenos de tensión: véanse las escenas que transcurren con el tipo que sustituye a su tutor o las secuencias en las que los personajes son “cazados”. Sólo un tipo como Fincher puede rodar de ese modo la última escena, esos planos que embargan de desolación al espectador. En su película se unifican las investigaciones a la antigua usanza (es decir, el pasado: las búsquedas del periodista) con las investigaciones propias de estos tiempos (Salander y sus rastreos por la red y su uso de las nuevas tecnologías). Lo dice Héctor G. Barnés en su magnífico análisis para Dirigido Por: Pocos directores en activo son capaces de hacer que sus películas latan al ritmo que imponen los cambios sociales como el autor de The Game.
Sólo cabría reprocharle que, sin embargo, el resultado final no sea tan redondo como en Zodiac, que considero superior, y una de sus obras maestras (las otras serían Seven y El club de la lucha; y, un peldaño más abajo, La red social, The Game y El curioso caso de Benjamin Button). Tal vez porque, en Zodiac, el enemigo, el asesino, siempre era invisible, por así decirlo, y la obsesión consumía a sus personajes hasta un punto enfermizo. Pese a ello, ya estoy deseando que salga en dvd para comprármela.
Sajalín Editores y sus nuevos títulos
Frótense las manos. Porque en Sajalín editarán más obras de Ed Bunker, Dan Fante, Osamu Dazai y Kenneth Cook, a quienes ya habían publicado en su catálogo. Y títulos de autores que yo no conocía y tienen una pinta estupenda: Malcolm Braly, Ota Pavel... Pinchar en la foto para ampliar.
Paseador de perros, de Sergio Galarza
El placer del paseador de perros: husmear en pisos y casas extrañas, establecer el perfil del dueño mirando su estantería de libros y discos si la hay, los platos sucios en la cocina que siempre los hay y los medicamentos y los envases del baño. Las ventajas: esos paseos impagables por el parque Retiro en una tarde fresca, las horas de lectura en compañía de un perro exhausto por la caminata, el disfraz de dueño que el paseador aprovecha para admirar a las chicas guapas que se acercan a acariciar a la mascota adoptiva. La comida: bocatas de calamares, de chorizo ibérico de bellota y agua. La música: cualquier grupo con reminiscencias folk o country. La fantasía: tirarse a una dueña. La calamidad: observar a las parejas sudando amor tirados bajo los árboles y a esas familias en bicicleta o paseando como un ejército victorioso. La realidad, ya lo dije, eres el empleado de un perro.
lunes, enero 16, 2012
Globos de Oro 2012
Martin Scorsese por Hugo, George Clooney por Los descendientes, Woody Allen por Midnight in Paris, Jean Dujardin por The Artist, Meryl Streep por La dama de hierro... son algunos de los premiados. En la categoría de Mejor Drama ha ganado Los descendientes; en Mejor Comedia o Musical, The Artist. Pocas sorpresas. La lista completa: aquí.
Ghost World. Edición especial, de Daniel Clowes
Aunque admiro los cómics de Daniel Clowes, de Ghost World sólo había visto la película de Terry Zwigoff, pero no leído la obra original. He aprovechado esta estupenda edición especial para asomarme a ese mundo de luz azul fantasmal creado por Clowes. Junto a la novela gráfica original, se incluye el guión de la película (escrito por Clowes y Zwigoff), en el que introducen un personaje nuevo, Seymour, al que prestó sus siniestros rasgos el gran Steve Buscemi; se incluyen también notas acerca del guión, el rodaje y la postproducción; se incluyen bocetos, ilustraciones, carteles, cubiertas, una introducción de Clowes, notas y un montón de extras que hacen especialmente recomendable la compra de este volumen. Para quien no haya leído el cómic ni visto la película, sólo comentar que Clowes hizo una de las radiografías más certeras sobre las adolescentes que he leído y/o visto nunca. Esas manías, esas locuras, ese encanto, esas obsesiones, ese lenguaje entre lo obsceno y lo infantil: todo eso lo vi y lo escuché en otras chicas cuando yo mismo era un adolescente, en amigas, en novias, en conocidas, en familiares. Y, como digo, Daniel Clowes clava esa mezcla de entusiasmo y desencanto.
Trailer de Detachment
Con Adrien Brody, Marcia Gay Harden, Christina Hendricks, William Petersen, Bryan Cranston, Tim Blake Nelson, Betty Kaye, Sami Gayle, Lucy Liu, Blythe Danner y James Caan. Aquí.
viernes, enero 13, 2012
Hitch-22, de Christopher Hitchens
Me recomendaron este libro antes de la muerte de Christopher Hitchens. Aplacé su lectura y, poco después de aquella recomendación, el autor murió. Las memorias de Hitchens no son usuales. En vez de hablar de sus intimidades, o sacar los trapos sucios domésticos, dedica gran número de páginas a hablar de sus amistades literarias (Salman Rushdie, James Fenton, Ian McEwan, Martin Amis, David Rieff), de su activismo revolucionario, de sus reportajes e investigaciones políticas, de sus polémicas con Edward Said, Gore Vidal o Noam Chomsky, de sus viajes o de sus orígenes judíos. Hitchens siempre guarda una daga en la manga y la muestra cuando la ocasión lo merece, y además es sutil y certero en sus ataques. Era uno de esos tipos que no podían callarse. Sus memorias se devoran porque sabe poner el dedo en la llaga y porque también fue uno de los grandes de aquel grupo de amigos (Rushdie, Fenton, McEwan, Amis, Rieff), aunque no se dedicara a la ficción, lo que, quizá, haya retrasado su ingreso en ese olimpo. Espero que pronto traduzcan Arguably, su último libro de ensayos y artículos. De entre todas las anécdotas, quiero destacar ésta, en la que habla con Thomas Pynchon:
Una tarde estaba sentado a la mesa del New Statestman cuando sonó el teléfono y una voz desconocida preguntó por mí. Después de confirmar que yo era yo, la voz dijo: “Al habla Thomas Pynchon”. Me alegra no haber dicho lo primero que se me ocurrió, porque pronto pudo demostrar que era él, y que un amigo mutuo (quiero decir un amigo común) llamado Ian McEwan le había propuesto llamar. El libro de otro amigo, el esfuerzo ultrahomosexual de Larry Kramer Faggots, había sido secuestrado por el servicio de aduanas británico y todas las copias incautadas corrían el riesgo de ser destruidas. El señor Pynchon se hallaba en algún lugar de Inglaterra y estaba consternado. ¿Qué se podía hacer? ¿Podía yo provocar un escándalo, como había dicho Ian? Le dije que uno podía protestar roncamente y mucho tiempo, pero Gran Bretaña no tenía una ley que protegiera la libertad de expresión o prohibiera la censura estatal. Charlamos un poco más, ofrecí toscamente volver a llamarlo, rechazó entre risas ese intento transparente y se desvaneció de nuevo en el mundo en el que solo McEwan podía encontrarlo. (Ian parecía capaz de hacerlo sin presumir de ello: también entabló amistad con el casi ilocalizable Milan Kundera.)
[Traducción de Daniel Rodríguez Gascón]
Una tarde estaba sentado a la mesa del New Statestman cuando sonó el teléfono y una voz desconocida preguntó por mí. Después de confirmar que yo era yo, la voz dijo: “Al habla Thomas Pynchon”. Me alegra no haber dicho lo primero que se me ocurrió, porque pronto pudo demostrar que era él, y que un amigo mutuo (quiero decir un amigo común) llamado Ian McEwan le había propuesto llamar. El libro de otro amigo, el esfuerzo ultrahomosexual de Larry Kramer Faggots, había sido secuestrado por el servicio de aduanas británico y todas las copias incautadas corrían el riesgo de ser destruidas. El señor Pynchon se hallaba en algún lugar de Inglaterra y estaba consternado. ¿Qué se podía hacer? ¿Podía yo provocar un escándalo, como había dicho Ian? Le dije que uno podía protestar roncamente y mucho tiempo, pero Gran Bretaña no tenía una ley que protegiera la libertad de expresión o prohibiera la censura estatal. Charlamos un poco más, ofrecí toscamente volver a llamarlo, rechazó entre risas ese intento transparente y se desvaneció de nuevo en el mundo en el que solo McEwan podía encontrarlo. (Ian parecía capaz de hacerlo sin presumir de ello: también entabló amistad con el casi ilocalizable Milan Kundera.)
[Traducción de Daniel Rodríguez Gascón]
Trailer de Moonrise Kingdom
La nueva película del grandioso Wes Anderson, con dos niños en los papeles protagonistas. Entre los secundarios: Bruce Willis, Edward Norton, Bill Murray, Frances McDormand, Tilda Swinton y Jason Schwartzman. Aquí.
Cartel y trailer de The Broken Tower
James Franco vuelve a interpretar a otro poeta. Esta vez se trata de Hart Crane. También dirige la película y le acompañan, en el reparto, Michael Shannon y Stacey Miller. El trailer, en este enlace.
Kill Your Darlings: otra película sobre los beat
Variety y Coming Soon informan del rodaje inminente de Kill Your Darlings, basada en el asesinato de David Kammerer a manos de Lucien Carr, que también salpicó a Jack Kerouac, Allen Ginsberg y William S. Burroughs, algo que dos de ellos relataron, por ejemplo, en la novela Y los hipopótamos se cocieron en sus tanques. Arriba, los actores que interpretarán a varios de los beat (abajo).
Trailer de Friends With Kids
Con Adam Scott, Jennifer Westfeldt, Jon Hamm, Kristen Wiig, Maya Rudolph, Chris O'Dowd, Megan Fox y Edward Burns. Aquí.
jueves, enero 12, 2012
La nota rota, de Francisco Javier Irazoki
LEONARD COHEN
[…]
En la última década del siglo XX, Cohen se adhiere a una comunidad zen afincada en Mont Baldy, en las cercanías de Los Ángeles, y dirigida por el monje octogenario Sasaki. Se levanta a las dos de la mañana; medita; friega una pila de tazones, cucharas y palillos; prepara el desayuno de los compañeros.
**
JACO PASTORIUS
[…]
Jaco Pastorius muere sin haber cumplido los treinta y seis años. Quiere colarse de rondón en un bar de Miami y es retenido por los vigilantes del local. Le propinan una paliza y lo dejan inconsciente sobre el pavimento. Se apaga muy despacio en el hospital. La muerte es lenta, pesada en el movimiento, ante su vida tan ligera.
**
MI GUITARRISTA
Desconozco su nombre; tampoco sé en qué lugar ni fecha nació. Le calculo unos treinta años debajo de su belleza rajada.
Junto al revoltijo de bolsas de plástico, pequeñas valijas melladas, periódicos y restos de comida, la guitarra viaja en el carro de la compra. En los costados del vehículo, un conjunto de láminas y lienzos pintados sin gracia artística. La mujer acarrea todo su mundo sobre cuatro ruedas que chirrían.
Vive en el mismo barrio que yo. ¿Quién puede imaginar en qué escondrijos pasa las noches?
[…]
[…]
En la última década del siglo XX, Cohen se adhiere a una comunidad zen afincada en Mont Baldy, en las cercanías de Los Ángeles, y dirigida por el monje octogenario Sasaki. Se levanta a las dos de la mañana; medita; friega una pila de tazones, cucharas y palillos; prepara el desayuno de los compañeros.
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JACO PASTORIUS
[…]
Jaco Pastorius muere sin haber cumplido los treinta y seis años. Quiere colarse de rondón en un bar de Miami y es retenido por los vigilantes del local. Le propinan una paliza y lo dejan inconsciente sobre el pavimento. Se apaga muy despacio en el hospital. La muerte es lenta, pesada en el movimiento, ante su vida tan ligera.
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MI GUITARRISTA
Desconozco su nombre; tampoco sé en qué lugar ni fecha nació. Le calculo unos treinta años debajo de su belleza rajada.
Junto al revoltijo de bolsas de plástico, pequeñas valijas melladas, periódicos y restos de comida, la guitarra viaja en el carro de la compra. En los costados del vehículo, un conjunto de láminas y lienzos pintados sin gracia artística. La mujer acarrea todo su mundo sobre cuatro ruedas que chirrían.
Vive en el mismo barrio que yo. ¿Quién puede imaginar en qué escondrijos pasa las noches?
[…]
[Nota: Este libro de Francisco Javier Irazoki compendia una serie de biografías sobre músicos, de los que el autor nos ofrece jugosos textos a medio camino entre la semblanza y la artesanía literaria]
Cartel de The Words
Bradley Cooper vuelve a interpretar a un escritor en apuros, tras Sin límites. Cuenta la historia de un hombre que roba el trabajo de otro y debe atenerse a las consecuencias. El resto del reparto lo forman Zoe Saldana, Jeremy Irons, Dennis Quaid, Olivia Wilde, Ben Barnes, John Hannah y J.K. Simmons.
Infantas mecánicas: las muñecas de Hans Bellmer
Arquitecto, pintor y dibujante alemán, discípulo de George Grosz, del que heredó la consigna “Ataca, insulta y maltrata a la sociedad”, y marido de la poeta Unica Zürn, con quien compartió un mundo más vinculado al exceso que a la mutilación, Hans Bellmer es conocido, ante todo, por sus muñecas descuajeringadas.
Su obra, que podría englobarse bajo el único título de Die Puppe: Los crímenes del amor o Petite anatomie de l’inconscient, forma parte, desde siempre, del panteón surrealista.
Una noche de 1933, tras haber sido acusado de artista “degenerado” por el Tercer Reich, salió de Berlín con un maniquí de escaparate, técnicamente muy mejorado. Durante los cuarenta y dos años que siguieron, la muñeca no lo dejó jamás. Él, por su parte, no cesó de exacerbar, con la fe de un obsesivo, su propio amor fou. De ese idilio maquínico, que fue también un largo y metódico juego, subsisten hoy infinitas pruebas. La infatigable lucha contra la forma –para obligarla, quizá, a revelar un inconsciente corporal– se vuelve, en él, un estilo: la firma oscura de un artista del miedo.
“He tratado, tan sólo, de recomponer los elementos sexuales de un cuerpo de niña como si fuera una suerte de anagrama plástico”, dijo en una entrevista. Dijo bien: en su obra, todo apunta al tabú, al simulacro, al fetiche. La muñeca se vuelve objeto mágico, herida sin cuerpo, espectro ontológico que fomenta la angustia. En otras palabras, la muñeca se acerca temerariamente al “monstruo”, entendido éste como cuerpo in extremis, como despojo librado a su intemperie más cruda, una vez que el terror, que siempre es interior, se apodera de la escena.
Bellmer ilustró El Teatro de las Marionetas, de Kleist, y también los catorce poemas de Paul Éluard, titulados Jeux Vagues-La Poupée. Los artistas contemporáneos Cindy Sherman, Ellen Phelan, Michel Nedjar, Mike Kelley o Annette Messager retoman la fascinación con la muñeca allí donde Bellmer la dejó.
María Negroni, Pequeño mundo ilustrado
Su obra, que podría englobarse bajo el único título de Die Puppe: Los crímenes del amor o Petite anatomie de l’inconscient, forma parte, desde siempre, del panteón surrealista.
Una noche de 1933, tras haber sido acusado de artista “degenerado” por el Tercer Reich, salió de Berlín con un maniquí de escaparate, técnicamente muy mejorado. Durante los cuarenta y dos años que siguieron, la muñeca no lo dejó jamás. Él, por su parte, no cesó de exacerbar, con la fe de un obsesivo, su propio amor fou. De ese idilio maquínico, que fue también un largo y metódico juego, subsisten hoy infinitas pruebas. La infatigable lucha contra la forma –para obligarla, quizá, a revelar un inconsciente corporal– se vuelve, en él, un estilo: la firma oscura de un artista del miedo.
“He tratado, tan sólo, de recomponer los elementos sexuales de un cuerpo de niña como si fuera una suerte de anagrama plástico”, dijo en una entrevista. Dijo bien: en su obra, todo apunta al tabú, al simulacro, al fetiche. La muñeca se vuelve objeto mágico, herida sin cuerpo, espectro ontológico que fomenta la angustia. En otras palabras, la muñeca se acerca temerariamente al “monstruo”, entendido éste como cuerpo in extremis, como despojo librado a su intemperie más cruda, una vez que el terror, que siempre es interior, se apodera de la escena.
Bellmer ilustró El Teatro de las Marionetas, de Kleist, y también los catorce poemas de Paul Éluard, titulados Jeux Vagues-La Poupée. Los artistas contemporáneos Cindy Sherman, Ellen Phelan, Michel Nedjar, Mike Kelley o Annette Messager retoman la fascinación con la muñeca allí donde Bellmer la dejó.
María Negroni, Pequeño mundo ilustrado
miércoles, enero 11, 2012
Fragmentos de un cuaderno manchado de vino, de Charles Bukowski
Otra de mis lecturas pendientes: esta miscelánea de textos, con el subtítulo de Relatos y ensayos inéditos (1944 – 1990), que he aprovechado a leer un poco antes de la publicación de otro volumen de rarezas que en breve editará Anagrama: Ausencia del héroe. Se trata de un libro sabroso, sobre todo para quienes somos lectores habituales de Bukowski, ya que aquí se encuentran algunas de sus influencias (John Fante en el texto “Conozco al maestro”), de sus amigos menos conocidos (William Wantling, autor inexplicablemente inédito en España, tras cuya pista me puso David González), de sus verdaderas relaciones con las drogas (en sus ficciones Chinaski detesta la droga, si no recuerdo mal; en estos artículos y ensayos reconoce los tiros que se ha metido o los porros que ha fumado), incluso podemos leer su primer relato (“Consecuencias de una larga nota de rechazo”, ya publicado por Nórdica) y varias de sus colaboraciones tituladas “Escritos de un viejo indecente”. Aunque en algunos textos se repite, por ejemplo en los que vuelve una y otra vez a contar sus orígenes y lo cabrón que era su padre, me atrevería a decir que este libro es lectura obligada para el bukowskiano. Es un autor al que ahora se critica mucho; pero yo siempre encuentro satisfacción en su obra. Siempre me golpea y me aporta algo. La traducción es magnífica, como es habitual en el trabajo de Eduardo Iriarte.
Nosotros, que escribimos la poesía de la Vida, muchos de nosotros estamos muy cansados, tristes y hartos y casi derrotados (aunque no del todo). Sin embargo, aún sabemos que no nos hace falta que Dios sea Divino, que no necesitamos versos de jardín para ser Salvados, que no necesitamos la Guerra para ser Libres, que no necesitamos ningún Creelys que admirar, que no necesitamos Ginsbergs que se desmoronan para convertirse en monstruos vociferantes, pero quizás sí necesitamos lagrimillas por todas las chicas encantadoras que envejecieron, la cerveza derramada, las peleas en el patio delantero por nada salvo la ebriedad de nuestro triste amor. Defiendo en verdad nuestra poesía, nosotros los vivos de la Generación Amontonada, en verdad defiendo nuestra poesía y nuestro derecho a escribirla. Sin traje. Sin una revista objeto de una redada policial por “obscena”. Sin perder un empleo pusilánime. Haced el favor de entender que no defiendo que nada de lo que escribo sea inmortal; no reclamo un preciosismo especial; sin embargo, todo es bastante precioso: cuando me pongo los zapatos sólo veo 2 pies ahí abajo.
[Traducción de Eduardo Iriarte]
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